-Jirou-kun...- fruncí el ceño, mirando hacia el suelo -No me burles así.
-¡Pero,
-chan!- se sonrió -¡Es obvio! Jamás te vi tratando así a un chico.
-¿A qué te refieres con "así"?- inquirí curiosamente. El de cabellos anaranjados pronunció su sonrisa.
-Eres de las que sabe lo que quiere y no tiene miedo de conseguirlo. Con Atobe, te muestras más insegura- se explicó, con su dedo índice elevado en el aire -Y eso no es común en ti.
-¡No es inseguridad, Jirou-kun! ¡Yo soy capaz de coquetear con él si quiero!- era imposible hacer que mi amigo comprendiera las cosas -¿No entiendes que es el chico más popular de la escuela entera?
-Pero tú lo conoces. Tú hablaste con él. Tú *saliste* conmigo, con él y con los otros titulares- enumeró estas cosas con sus dedos -¡Debes tener más oportunidad que otras chicas! Por lo menos no eres como las locas del club de fans, ¿eh?
Me reí levemente -Está bien, tienes un punto, lo admito. Pero sigue sin justificar que me "declare", así como tú me dices.
-¿Pero no es lo que tendrías que hacer?¡
-chan! ¡Me extraña de tí!- ocultó una risita -¡Asustada por un chico!
-Que no es así- quería molestarme, pero no podía. Tenía toda la razón: quizás si estaba un poco asustada de que, por su "popularidad", pensara que yo era una más del montón.
-No puede decirte nada si le dices que te gusta- se encogió de hombros.
-Te aseguro que se lo dicen todos los días- devolví con cierto sarcasmo -Se levanta a la mañana y la criada que le sirve el té le debe decir "Como me gusta, Amo Atobe."
Jirou se rió a carcajadas -Ay,
-chan...
-¡Lo dije mitad en serio, no te rías!- lo peor de todo es que me había contagiado la risa.
-Con calma- me palmeó el hombro, cesando su risa -Yo sé que tú puedes.
-Me alegra que confíes en mí- repuse, pero sabiendo por dentro que quizás estaba más asustada de enfrentarme a Atobe de lo que creía.
Bostezó -Bueno, me voy para mi casa porque me voy a terminar durmiendo en la plaza...
-Ah, sí, cierto- me levanté del banco en el que estábamos sentados -Nos vemos, Jirou-kun.
Me copió y se fue hacia la parada del colectivo -Hablamos mañana,
-chan.
Di un suspiro. Definitivamente tendría que meditar esta situación un poco más.
Trabajo Práctico
-Bueno clase, el trabajo es el siguiente- el profesor comenzó a anotar cosas en el pizarrón -Deberán juntarse en grupos de a dos, por favor.
Fue como el disparador para que unas diez chicas fueran a preguntarle a Atobe si deseaba estar con ellas, ante lo cual el muchacho ni se inmutó, un tanto desinteresado.
-¡¡Clase, por favor!!- vociferó el maestro. Todos nos quedamos callados -Los grupos los eligiré yo.
Las alumnas largaron un quejidito y se fueron de nuevo a sentar.
-Pero primero les explicaré de que se trata- tosió para aclararse la garganta -Deberán hacer un informe de algún conflicto social sucedido en el pasado, el que ustedes elijan. Quiero un informe de por lo menos *diez hojas*, explicando hechos, causas, consecuencias...- y al escuchar esa lista interminable de consignas, todos fuimos anotándolas para no olvidarnos.
-Jirou-kun- lo sacudí disimuladamente -Oye, están dando las consignas para el trabajo práctico...
-¿Ah...?- largó un ronquido -¿Las copiarías por mí, -chan?
Suspiré, negando con la cabeza en señal de desaprovación. El chico no tiene remedio.
Al terminar de dictar, se escuchaban los murmullos maldiciendo al profesor.
-¡Clase, atención!- aplaudió para captivar la aludida. Luego, se quedó unos segundos callado -¡Akutagawa, despiértate!
Con esto, Jirou se levantó de golpe. Hubo una carcajada general.
-¡Silencio!- pidió -¡Anunciaré los grupos!- el profesor de educación cívica se había enervado -Bien, los pondré al azar así no habra discusión.
-Miyazaki y Sohma- las aludidas se miraron y se sonrieron -Fujiwara y Mitsukoshi...
La lista siguió, y siguió.
- y Atobe- escuché mi nombre por fin. Así que mi compañero será...
....
¿¡ATOBE!? O sea, ¿Atobe Keigo?
No, es mentira. Debe serlo. No puedo tener tanta suerte...
Automáticamente dirigí mi vista hacia el muchacho, quien hizo lo mismo.
Le sonreí. Sin devolverme el gesto, prácticamente me ignoró y comenzó a hablarle a Oshitari (quien ocupaba el banco de atras), mirándose las uñas soberbiamente mientras lo hacía.
Sentí que alguien me codeaba -Qué buen comienzo, eh.
Para mi sorpresa, había sido Gakuto y no Jirou.
Un momento... ¿a cuántas personas le había dicho Jirou mi secreto? ¡¡Este idiota...!!
-Déjate de molestar- atiné a ignorarlo. Después le mencionaría esto a Jirou-kun, y eso se los puedo jurar.
Sonó el timbre.
-Bien, clase- el profesor se levantó de su asiento -Lo entregarán la semana que viene. Suerte, buen fin de semana.
Se fue. Siendo la última hora de aquel viernes, alcé los brazos en el aire con intención de estirarme.
-Ay, que cansacio- se quejó Jirou.
-Sí. Suerte que ya terminó la semana- di un suspiro. Viendo a mi amigo tan cansado, no quise hablarle sobre si le había contado lo que le dije a alguien en ese momento. Y menos teniendo a los otros titulares a metros, guardando sus cosas.
-¿ -san?- llamó una voz grave que reconocí muy bien.
-Hay que organizar un día para hacer el trabajo, Atobe-san- repuse yo, volteando para verlo -Yo tengo sólo los miércoles y el fin de semana completamente libres...
-De hecho, estuve pensando- comenzó a decir -Mañana podrías venir a mi casa. Es sábado, ¿no? Así ambos nos lo sacamos de encima a este trabajo.
"¡Me invitó a su casa!" chilló mi fanática de Atobe interior, pero logré calmarla. Era para hacer esta porquería de trabajo, después de todo.
-Me parece bien- asentí con la cabeza -¿A qué hora?
-Dos de la tarde- replicó. Qué rápido para organizar horarios... debía de estar acostumbrado -Nunca viniste, así que no sabes dónde queda, ¿ah~n?
-No, no sé- negué con obviedad.
-Bien- me entregó una tarjeta -Ahí tienes teléfono, celular y dirección. Ore-sama te estará esperando- con esto y una sonrisa altanera, se fue, presumo que a la práctica de tennis.
"¡Ore-sama me va a estar esperando!" mi fanática interior parecía estar bastante emocionada ese día.
Jirou me saludó -Nos vemos el lunes, -chan- luego levantó sus pulgares -Bien hecho.
Me sonreí, sintiéndome en las nubes y pensando que era la chica más afortunada del mundo -Gracias, nos vemos.
***
Uno de los mayordomos me escortó por todo el patio delantero de la mansión Atobe hasta la puerta.
Suspiré antes de que se me indicara pasar. Era algo así como un castillo medieval, por Dios.
Me acomodé la pollera, pensando que había sido completamente ridículo venir vestida con ella en primer lugar. Pero bueno, todo por Atobe. Y todo por esta oportunidad, que debe ser una por siglo...
Volví a dar un suspiro, sintiendo que pocas veces en mi vida había estado así de nerviosa y presionada a comportarme lo más madura posible, y hacer que se veía verosímil y como mi verdadera forma de ser al mismo tiempo.
Sentí unos pasos en la escalera principal. Largué el aire que tenía acumulado por última vez -Buen día, Atobe-san.
-Hola, -san- me detuve a observar que estaba con una camisa blanca y pantalones negros de vestir: simple, clásico, pero de cualquier forma lindo. Después me di cuenta de lo estúpida que estaba siendo en notar este tipo de cosas -Mi habitación está arriba.
Lo seguí mientras subíamos por la lujosa escalera.
Sé que si Atobe quiere algo, lo obtiene. Y si no se molestó en ni siquiera coquetear conmigo aún, les puedo asegurar que a mi no me quiere.
-¿Pensaste en algún tema para el trabajo práctico?- preguntó, mirándome de reojo.
-Traje una lista de conflictos que podríamos considerar- contesté -¿Tú pensaste alguno, Atobe-san?
-Ore-sama no tuvo tiempo- se justificó -Pero luego dame tu lista y eligiré uno de ella.
Le alcancé dicha lista -Aquí está.
-Ah, ¿la tenías ahí? Bien- la tomó y comenzó a mirarla.
-Hagamos el holocausto- finalizó después de unos segundos.
-Está bien- me limité a asentir.
Abrió la puerta de su cuarto. Olía a alguna especie de colonia para hombres riquísima.
-Conque diez hojas...- musitó -Cada día exije más ese tipo, ¿ah~n?
-Sí- me quejé, cerrando la puerta con cuidado -Como si no estuvieramos llenos de tareas ya.
Mofó -Eso es lo de menos. Todo lo que nos dan es fácil para ore-sama- hizo un gesto arrogante con la mano -Pero es tedioso, a la vez.
-Sí, es verdad- asentí, examinando con la vista la habitación. La cama ocupaba un interesante lugar en ella, y se notaba que las sábanas eran de seda roja. Típico de Atobe: se conformaba sólo con lo mejor.
-Siéntate por ahí. Todavía se está prendiendo la computadora- me invitó a ponerme cómoda.
Es raro. Ahora que lo tengo tan de cerca, a pesar de no dejar de tener ese aire de superioridad, Atobe dejó de parecer un Dios sobre la tierra. Se comportaba un poco más como un chico normal que cuando caminaba por la escuela, portando una sonrisa que sabía mataba a mitad de la población femenina de Hyoutei.
Seguí admirando su cuarto, con la vista perdida en una pintura que colgaba en una pared -Tu habitación es hermosa, Atobe-san. Me encanta el color de las paredes... además, es enorme...- no estoy segura por qué me salieron estas palabras de la boca.
-Por supuesto que es hermosa. Ore-sama la decoró él mismo- golpeó sus finos dedos contra el escritorio con los ojos fijos en la computadora. Era obvio que diría algo así: qué ingenua había sido yo, que había esperado escuchar un "gracias" salir de la boca de Atobe.
Inesperadamente, aplaudió dos veces. Me lo quedé mirando, analizando qué rayos se suponía que hacía.
Un par de segundos después, unas criadas entraron al cuarto -¿Qué desea, Joven Keigo?
-Vayan a buscar la otra computadora al cuarto de mi padre- ordenó -Y preparenle a Ore-sama un té verde con dos cucharadas de azúcar- luego, desvió su vista hacia mí -¿Tú deseas algo, -san?
-No, gracias- negué con la cabeza educadamente.
Terminó chasqueando sus dedos. Las criadas salieron corriendo a hacer lo pedido.
Apoyó un codo sobre el escritorio, sosteniendo su mentón con su pulgar -Holocausto, ¿no?
-Sí, holocausto- afirmé, tirando mi campera sobre su cama, caminando hasta donde estaba él y quedándome parada a su lado.
Volvió a aplaudir. Ahora sí, ¿qué más quería?
-¿Se le ofrece algo, Joven Keigo?- vino otra criada diferente.
-Trae una silla para -san por favor- me sorprendí ante este pedido -Y que sea dorada.
-En seguida.
-Gracias- le sonreí.
-Ore-sama no podría dejar a una dama así- me devolvió el gesto por primera vez -Por favor no me lo agradezcas.
Pronto las criadas vinieron con el té y la silla. Me senté: parecía mucho más incómoda a la vista de lo que en realidad era. Estaba forrada de dorado, como había pedido Atobe.
Una de las mucamas me colocó una laptop en mi regazo, ya prendida. Me puse también a buscar información.
Debía hacer el esfuerzo para no mirarlo. Debía... pero admito que no podía.
Al mismo tiempo que quería sacarme todo este tema del trabajo práctico de encima, tampoco quería irme de la mansión de Atobe. Era lo más cerca que probablemente jamás estaría de él, y el sueño de muchas chicas.
Pero yo no era una mocosa molesta de su club de fans. Yo si lo conocía, aunque poco, y, como había planteado Jirou, conocía también a todos los titulares. Era buena amiga de varios... pero, ¿por qué no era tan amiga de Atobe?
Había como un nudo en mi garganta cada vez que hablaba con él - como si toda la confianza que tenía en mi misma la suprimiera al mirarlo.
-Encontré algo- aplaudí felizmente.
-¿Hm, qué es?- giró su torso para acercarse a leer las letras en la pantalla de la laptop.
Pronto me di cuenta que podía sentirlo respirar. Que si desviaba los ojos sólo un poco más, me encontraría con los suyos...
-Ay, no, espera- me mordí el labio inferior -El profesor había dicho que no podemos sacar información de buscadores online.
Frunció su ceño -Es verdad. Debo admitir que Ore-sama se había olvidado de ese detalle también- suspiró -Vamos a la biblioteca, en ese caso.
-Ah, bien, iré por mi abrigo- anuncié levantándome.
-Nada de eso, -san- me tocó el hombro para frenarme, haciéndome estremecer un poco -La biblioteca de la que hablo queda en el subsuelo.
-¿En tu propia casa?- alcé las cejas.
-A Ore-sama le encanta leer. Es simplemente natural que desee tener una biblioteca propia y pueda tenerla- dijo, como si fuera obvio.
-Ahh- asentí. ¿Cuánto egocentrismo podía existir en una misma persona?
Tomó la laptop y nos encaminamos hasta tal biblioteca.
Lo seguí por la mansión, mirando hacia todos lados mientras lo hacía, maravillándome ante la belleza en la que actualmente estaba dentro. Y, claro, la belleza que tenía parada adelante mío.
-¿Tus padres trabajan mucho, -san?- preguntó casualmente.
Dejé mi ceño se encurvara un poco, sorprendida ante la pregunta -Mi padre trabaja bastante, pero siempre tiene tiempo para pasar con el resto de la familia, gracias a Dios- repliqué -¿Por qué lo preguntas, Atobe-san?
-Para saber. Curiosidad, si te gusta llamarlo así- vi que su figura se encogía de hombros -Ore-sama no tiene el placer de hablar con sus padres a menudo. Generalmente están trabajando.
-Ya veo- asentí, sin que me quedara claro por qué me decía esto aún.
-Es que Ore-sama jamás vio a tus padres venirte a buscar a las prácticas, entonces me preguntaba si estabas en la misma que yo- repuso, con su volumen de voz un poco más bajo -No es que le moleste a Ore-sama, mis sirvientes suelen atenderme bien.
Sí, eso seguro. Pero me pregunto si alguna vez se sentirá solo...
Llegamos a su biblioteca por fin: un lugar tan extenso y con tantos libros que tranquilamente humillaría a las bibliotecas más prestigiosas del mundo, completo con la típica escalera que uno ve en las películas
Llamó a sus criadas rápidamente -Busquen todos los libros que encuentren sobre el holocausto y pónganlos sobre la mesa, por favor.
En cinco minutos había unos diez libros bastante extensos sobre la mesa principal, ubicada en el centro de la biblioteca.
-Mejor empecemos a resumir- suspiró, alcanzándome una pila de libros y sentándose -Tenemos trabajo por hacer.
Me froté los ojos, intentando concentrarme en lo primero que me decía el libro que tenía en mis manos -Aquí da algo así como una introducción.
-Déjame ver- pidió. Corrí un poco el libro de lugar así Atobe podía llegar a leerlo -Esto nos sirve como introducción- señaló un párrafo -Pero esto no. El tema que habla ahí se va por las ramas y dudo que interese.
No era sorprendente que pudiera juzgar tan rápido que servía y que no. Atobe era uno de los mejores alumnos en la escuela, otra de sus muchas bondades era tener excelentes calificaciones.
Y diablos, otra vez no puedo dejar de mirarlo.
-Iré anotando el nombre de los libros- comenzó a tipear en la laptop -Nos había pedido bibliografía, ¿no?
-Sí, nos pidió bibliografía- asentí -¿Puedo subrayar el libro?
-Por supuesto- afirmó -Mitsuko, ¿le alcanzarías un lápiz a -san?
-Aquí tiene señor- no me pregunten cómo fue que la vieja criada que nos había acompañado hasta la biblioteca consiguió tal objeto tan rápido.
-Ah, como siempre, me soprendes, Mitsuko. Lo tenías previsto, ¿ah~n?- Atobe le sonrió. Parecía llevarse bien con la viejita, probablemente había cuidado de él desde pequeño. Eso lo explicaría.
-¿Los dejo solos, Joven Keigo?- la criada preguntó tímidamente, como queriendo insinuar algo.
Atobe alzó una ceja -Sólo si consideras que queremos estar solos.
La vieja se rió con levedad, sus arrugas marcándose -Pues entonces volveré después para retirar su té- se fue.
-Ignórala- hizo un gestito con su mano, como desvalidando lo que había dicho la criada -Le debe haber parecido raro que tenga a una chica en mi casa.
¿Raro? Pensé que, viniendo de él, sería lo más común del mundo.
Quería preguntar. Pero... no podía...
-¿No sales con nadie, Atobe-san?- mi impulso por saber más sobre él terminó ganándole al uso de la razón.
-¿Por qué preguntas?- volvió a curvar una ceja.
-Para saber. Curiosidad, si te gusta llamarlo así- me encogí de hombros, imitándolo.
Se rio, aunque muy levemente -No hay nadie que me interese o que me quiera por algo más que no sea popularidad. Supongo que es esa la razón.
-¿Crees que todas son así?- fruncí mi ceño.
-No. Todas no- chasqueó sus labios -Pero la gran mayoría.
Me miró. Lo miré.
Nos miramos por unos breves instantes.
-No vamos a terminar el trabajo si no hacemos más que quedarnos así- aclaró luego de unos segundos.
-Tú me miraste primero- había tomado un poco más de confianza.
-Pero tú me devolviste la mirada- sonrió, soberbio.
-Y tú te quedaste mirando- devolví, medio en broma.
-Supongo que es la primera discusión que le ganan a Ore-sama, -san- seguía con una sonrisita juguetona en los labios.
-Fuera de chiste, no vamos a terminarlo más- me vi obligada a desistir y volver a meter la nariz en el libro.
Sorprendentemente, sólo mantuvo su vista fija en mi, con su mano sosteniendo su rostro contra la mesa -Dime cuando hayas terminado de resumir.
-¿Por qué no resumes tú también?- propuse.
-Mis fragiles dedos me duelen. Y los necesito para jugar tennis- repuso, sonándose los aludidos.
Suspiré, sin poder evitar sonreírme -Le diré al profesor que su preciado Atobe-san es un vago.
-¿Vago, Ore-sama?- por alguna razón ya no existía la tensión de hace veinte minutos -No sabes lo que dices.
-¿De qué te duelen los dedos, Atobe-san? ¿De tanto chasquearlos?- me reí.
Dio una sonrisa -Es un ejercicio bastante complicado, sabes, -chan.
Mofé sarcásticamente -Ponte a resumir- le aventé un libro en la cara.
-Ore-sama no está a punto de dejar que ninguna chica le diga que hacer- lo apartó con la mano -Tú resume, yo tipeo. Es justo, ¿no?
Chasqueé mis dedos -A resumir.
Me miró con aire de superioridad -Los inferiores no dan órdenes.
Ahogué un grito -Qué cosas horribles que me dices, Atobe-kun.
Se empezó a reir -Está bien. Ore-sama decidió complacerte por esta vez y subrayar.
-Así me gusta- me sonreí, satisfecha.
-Que quede entre nosotros- se llevó un dedo a la boca en señal de "Mantén silencio" -Es la primera vez que desisto tan rápido y me dejo ganar en una discusión.
-Y una de las primeras veces que no se te escucha decir "Ore-sama"- comenzaba a recobrar las esperanzas de las que me había hablado Jirou poco a poco.
-Es... verdad- parecía sorprendido de sí mismo -Hay una primera vez para todo, ¿ah~n?
-Ciertamente- concordé, intentando ocultar una sonrisa.
El trabajo seguía siendo tedioso, sí. Pero con broma que va y broma que viene, todo se hacía un poco más divertido - y más si se está con Atobe.
-¡Terminado!- levanté los brazos el señal de victoria, olvidándome por completo que debía actuar como una persona normal delante del Emperador de Hyoutei.
Se escuchó su suave risa -Sí, por fin.
Me senté de golpe -Ahora sólo falta imprimirlo.
-Que mis criadas se encarguen de eso luego- él también se desperezó, haciendo sonar su cuello con un movimiento de su cabeza -Ahora sí que los dedos de Ore-sama no dan para más.
Dejé mis brazos caer sobre la mesa, mi cabeza apoyada sobre ellos -Qué horror de trabajo práctico.
-Sí. Ore-sama debe concordar contigo- dio un suspiro -Pero si Ore-sama lo hizo, sería sólo natural que sea un trabajo de calificación perfecta.
-Hey, que yo también lo hice- simulé ofenderme.
-Cierto- asintió con la cabeza -Entonces no estará tan perfecto.
-¡Oye!
-Sabes que bromeo, -san- me despreocupó.
Sí. De -san a -chan a -san, todo en un día.
-¿Sabes de qué me di cuenta?- me miró de repente, haciendo que volviera a enderezarme.
-¿De... qué?- fruncí el ceño.
-Te estaba buscando- apuntó.
-¿Ah?- giré mi cabeza hacia un costado.
-Estaba buscando a una persona que se comportara normal conmigo- me quedé helada, fallando en comprender a qué exactamente quería llegar -Que no se pusiera tensa sólo porque hablaba con "el gran Atobe". Y, más que nada, que me hiciera reir.
-Okay, Keigo-san, mucha emoción- lo burlé.
-No, es en serio- aseguró, completamente convencido de lo que decía.
No se escuchaba más en aquel silencio de la biblioteca.
-Jirou nos presentó por algo- dio una sonrisa -Te encontré.
Abrí más los ojos.
-Encontré a la persona digna para Ore-sama- era difícil decir que tan cerca estaba su rostro del mío ya.
Diganme que Jirou no me contagió su hábito y estoy soñando.
Atinó a aproximarse más, pero frenó. Luego, volvió a portar su típica sonrisa de superado y siguió acercándose,
Colocó su mano sobre la mía. Quizás ahora comprendía absolutamente todo, pero seguía sin poder creerlo.
Instintivamente apreté mis ojos para que se cierren. Se rió, lo cual hizo que volviera a abrirlos.
-¿Qué se supone que pensabas que iba a hacer?- me miró con incredulidad.
-¿De qué hablas?- fruncí el ceño -¿Qué no es obvio?
-Por supuesto que lo es- volvió a sonreir -Estaba probando si estabas segura, es todo. No quiero a una cobarde para Ore-sama.
Negué con la cabeza en señal de desaprovación, mitad en broma -Qué arrogante.
-¿Acaso no te encanta, ?- sin pensarlo más ni dignándose a dejarme contestar, comprometió mis labios con los suyos.
Estaba tan impresionada que me quedé quieta.
-¿Sólo eso tienes para ofrecerme?- me provocó.
Lo miré devolviendome la mirada, desafiante, con esa expresión que uno no sabe si amarlo o defigurarle la cara.
Decidí tomarlo por el cuello de la camisa y dedicarme a demostrarle exactamente qué tengo para ofrecerle. No dejó que yo tomara control de la situación, claro, ya que tomó mis brazos y los colocó a su antojo sobre su pecho. A pesar de estar en sillas distintas, logró acercarme con un brazo sobre mi cintura.
Con un empujón, profundizó el beso, su lengua provocando la mía, sus manos correteando por mi espalda. No me privé de sentir su musculoso pecho, tampoco, aunque fue con aquella camisa de por medio, pero no podía quejarme.
-Ahí sí te veo más digna para Ore-sama- se separó de mi, sonriente -Y de hecho, reorganizaré mis horarios. Que no te soprenda si mañana o pasado me aparezco por tu casa y te llevo a pasear. Digo, si te gustaría...
-Claro que me gustaría- aseguré con una sonrisa.
Sentí la vibración y sonido de mi celular.
Me separé de Keigo por unos breves instantes, mirándo mi teléfono.
-Papá me dice que le avise cuando hayamos terminado el trabajo- me quedé pensativa -¿Qué dices? ¿Lo terminamos o todavía nos faltan dos puntos?
-Por hoy lo terminamos, preciosa- sonrió burlonamente -No, en serio- cambió su expresión por una seria -Justo hoy viene mi madre a cenar, lo siento.
-No hay problema- nos levantamos mientras que yo le comunicaba a papá que me dirigía a casa.
-¿Nos vemos mañana?- llegamos a la puerta.
Le di un pequeño besito en los labios -Nos vemos mañana, Ore-sama.
Simulé no enterarme jamás que Jirou le había dicho a todo el club de tennis que me gustaba Atobe, eso ya no me importaba. Y por lo que acababa de pasar, había pasado a deberle la vida al anaranjadito dormilón.
~Aori-chan (regalito para Yuzuki =3)