encontró extraño el que su madre volviera de atender la
puerta con un regalo en sus manos. No cualquier presente: un ramo de flores
blancas y rojas, acompañadas por un osito de peluche de unos treinta
centímetros.
–Estás grande para tener un admirador secreto, kaasan –bromeó ,
chistecito que provocó varias carcajadas por parte de toda la familia.
–No, –negó su madre, sonriéndose–. Es para ti.
La joven quedó unos segundos en silencio –¿Para mí?
–“Para -senpai” –la Sra. leyó de la pequeña
tarjetita que sostenía el oso–. No dice quién te la envía.
Después de ponerse visiblemente roja, tomó el osito de felpa y las
flores y salió corriendo a su habitación, pretendiendo pasar el resto de las
navidades allí.
– Un pequeño malentendido
Capítulo quince –
Veinticinco de diciembre. Tres de la tarde. Y a la despertó
una llamada.
–… ¿hola?
Una sonora caracajada retumbó del otro lado del tono –Ja, ja, ¿viste que
feo es que te levanten así, ?
La muchacha frunció el ceño, refunfuñando mientras se rascaba el estómago
–¿Ryou-kun?
–El mismo –replicó el morocho alegremente–. ¿Cómo estás? ¿Estuviste con
fiesta hasta tarde?
–Sí, pero no de las divertidas. Todos familiares – ahogó un bostezo–.
¿Qué hora es?
–Son las tres y cinco –dijo Ryou, y se dio una trompada mental
por permitirse dormir tanto–. Pero, de todas formas, no te llamaba para vengarme
y despertarte. Lo que quería era invitarte al baile.
estaba impresionada por esta actitud –¿No son las chicas las que…
–pausó para bostezar de nuevo–… invitan…?
–Sí, pero, verás, Choutarou me hizo prometer que yo te invitaría. Como él
no puede bailar contigo porque va a estar en la orquesta, se supone que yo soy
el encargado de “cuidarte” y prevenir que alguien más te saque a bailar.
largó una risita –¿Y no se le ocurrió que yo puedo decir que no?
Choutarou-kun es realmente celoso, ¿ne?
–Sí. Bastante –admitió Shishido–. Más de lo que cualquiera supondría que
es. Bien… ¿qué dices?
–Si eso es lo que quiere Choutarou-kun, por mí está bien –dijo ella,
girándose sobre sí misma para quedar boca abajo. Puso el teléfono en altavoz,
con tal de no tener que sostenerlo cerca de su oído–. Pero déjame dormir.
–Te dejo –Ryou largó una risita–. Duerme bien.
–Gracias. Hasta mañana.
–Antes de que te vayas –Shishido empezó súbitamente–. Pensé que deberías
saber: Choutarou va a dejar de tocar en la orquesta una hora antes de que
termine el baile para hablar contigo.
Los ojos de parecían dos platos voladores.
–¿¡QUÉ!?
Ni bien cortó –o sea, como una hora después–, dejó caer el teléfono
y se dispuso a intentar dormir un par de horas más, pero no pudo. Los nervios le
ganaron al sueño.
***
Napporo Nanako terminó de alisarle el cabello a la muchacha.
–… no me gusta –soltó de pronto–. Creo que… tomaré la buclera y me
haré un par de bucles en las puntas…
–¡ ! Eres insoportable –suspiró su amiga, quien había pasado
de hacerle rulos a alisarle el cabello a hacerle rulos en las puntas a volver a
alisárselas–. Agarra la buclera y arréglatelas, baka. Yo también me tengo que
peinar.
–Lo que me recuerda que realmente deberíamos de haber ido a una
peluquería –suspiró –. Ne, Nana-chan, ¿qué tienes que peinar tú? ¡Tu cabello
es tan corto, casi pareces un chico!
Napporo infló los cachetes –¿Qué quieres decir con eso?
–Nada – se encogió de hombros, y comenzó a "buclearse" el cabello–.
Sabes, Nana-chan… estoy muy nerviosa.
–Sí, y muy pálida, también –asintió Nanako–. Deberías ponerte un poco de
rubor.
medio-rió –Cuando lo vea, el rubor será natural, créeme.
Napporo largó una risita y abrazó a su amiga –No creo que tengas nada de
preocuparte. Mírate al espejo –le pinchó los cachetes a , prácticamente
obligándola a devolverle la mirada a su reflejo–. Y cuando termine de
maquillarte, pasarás de princesa a reina. Créeme.
–Te creo, pero, por favor, no me digas princesa –insistió , pero
admitidamente impresionada de que hacía mucho que no escuchaba ese apodo–. Y
menos reina.
–Tus deseos son órdenes, ohime-sama~
le echó una mirada enfadada, y continuó con sus intentos de bucles.
Nanako suspiró, le arrebató la buclera, y le echó el cabello hacia atrás
–Primero te maquillo, luego nos ocupamos de tus bucles –a lo cual dio una
sonrisita esperanzada–. Sí, lo sé, soy la mejor amiga del mundo. Eso y falta una
hora y me estoy poniendo nerviosa yo también.
***
Ohtori Choutarou afinó las cuerdas del violín.
“Si tuviera las agallas necesarias, juro que le arruinaría la pieza a ese
Makoto”, pensó él, frustrado, “Pero no puedo. Argh… esto es insoportable.”
Metió al Stradivarius (cortesía de Atobe [1], quien simplemente proclamó
que no lo quería más. Cuando Oshitari se quejó porque quería uno, Keigo prometió
que haría que le envíen otro cuando termine el día. Lo más peculiar de todo:
prometió, y cumplió) en su estuche. Raramente lo sacaba, porque un violín tan
exclusivo y raro llamaba la atención, pero la situación lo requería – más si
tenía pensado tocar para la chica después. No se podía comparar el sonido de su
patética copia con el del original que le había obsequiado Atobe, de todas
formas.
Ajustó su corbata frente a un espejo, y luego se maldijo a sí mismo
porque tendría que volver a desajustarla: después de todo, había dejado a su
collar en el baño cuando se lo quitó para ducharse, y hoy lo necesitaría más que
nunca. Dicho esto, volvió sobre sus pasos y recuperó la cruz, ajustándola
alrededor de su cuello y metiéndola dentro de su camisa. “Esto es difícil”,
pensó con un suspiro, y prosiguió a volver a intentar ponerse la corbata,
“Siento que el corazón se me va a salir de la caja torácica en cualquier
momento. Hm… aunque ‘caja torácica’ suena algo… bruto. Sí, y poco romántico.
Reformulo, entonces: el corazón se me va a salir del cuerpo en cualquier
momento”, iba a tirarse sobre su cama, pero recordó dos cosas: uno – había
dejado el Stradivarius sobre ella; dos – arruinaría su traje fácilmente, y a su
hermana no le haría gracia planchárselo de nuevo.
“Ojalá no la haya incomodado mi regalo”, Choutarou se lamentó, “Debí de
haber sido más discreto. Probablemente un miembro de su familia lo vio antes, y
esto le debe de haber causado molestias”, se sentó sobre el borde de la cama,
“Por Dios, soy un idiota.”
Escuchó los maullidos de Johann.
–Perdón –Ohtori sonrió lastimeramente–. No te puedo alzar. No quedaría
bien que me llene el traje de pelo de gato.
Johann Sebastian largó un seseo ofendido, “¿Cómo que no? ¿¡Me discriminas
por ser un minino!? ¡Humano de…!”
Pero Choutarou lo atajó en el aire antes de que pudiera clavarle las uñas
–Johann, te lo digo en serio. Te quiero mucho, pero no es momento para jugar –y
le dio un besito en la nariz–. Te lo recompensaré cuando vuelva.
El gatito guardó sus garras “Pfft, seguro que me lo compensarás. No si
estás ocupado con esa tal , humano.”
Choutarou lo apoyó en el suelo.
–Y Chikaze dice que los animales no entienden a los humanos –rió el
peliplateado–. Tú pareces entenderme lo más bien.
Johann maulló juguetonamente “Bueno, el escepticismo de tu hermana humana
se debe en parte a que yo sólo demuestro que te entiendo cuando estoy contigo.
Pero no tienes por qué saber eso, y no tengo forma de decírtelo. Miau~”
***
–Hermosa –admiró Nanako, haciéndola dar varias vueltas sobre sí misma–.
Casi ni parece que te maquillé yo.
–¿Estamos a tiempo? –preguntó , buscando con la vista el reloj más
próximo.
–Los chicos tendrían que estar llegando, a juzgar porque me mandaron un
mensaje hace cinco minutos –replicó la morocha–. De todas formas vamos a llegar
a tiempo. No te preocupes por cosas triviales: concéntrate en intentar de dejar
de lucir constipada.
–¿Realmente luzco así? – ahora se miraba al espejo.
–Estás tensa… y fría –contestó Napporo–. Quizá no exactamente
constipada, pero no encontré otra
palabra que lo describiera.
frunció el ceño e inclinó la cabeza –¿Cuando uno se constipa se pone
tenso y frío?
–¡-chan, no hables groserías! –regañó su amiga.
–Pero tú sacaste el tema…
– se encogió sobre sí misma, pero no tuvieron tiempo de seguir
discutiendo: el timbre sonó.
–Ay, Dios –se lamentó , entrando en una crisis.
–Cálmate de una vez –exigió Nana, ya algo harta de los dramas–. Son tan
sólo Shishido-kun y Kai. No sufras si todavía no te vas a enfrentar a nada.
La joven se limitó a suspirar incómodamente.
Al salir, se encontraron (para sorpresa de ambas) con una limusina negra
y dos chicos apoyados contra ella. Sakai sonreía amablemente, Shishido miraba
hacia otro lado. Sin embargo, cuando la vio a , el rostro de Ryou se iluminó
(aunque sea un poco).
–Hola,
. Hola, Napporo.
–¡Nana-chan, -chan, están preciosas! –cumplimentó el castaño con una
sonrisa–. ¿Y? ¿Qué tal estamos nosotros? ¿No nos van a decir nada?
–Cálmate, Kai-kun, ni nos dejas hablar – se rió suavemente–. Ustedes
están…
–Casi irreconocibles –dijo Nanako con sinceridad–. Pero bien. Todos unos
bishounen.
Sakai se sonrió. Shishido, por su parte, no cambió mucho su expresión.
–Agradézcanme –comenzó el morocho de gorra, aunque no la estaba
utilizando en este momento, y había que admitir que se veía mucho mejor así–,
porque si hubiera sido por su amigo, tendrían una limusina
rosa.
–¡Sí,
porque rosa es el color favorito de Nanako! –chilló Sakai en su defensa–. ¿Ves?
¡Tiene puesto un vestido rosa!
–¿Y por qué tengo que sufrir yo también si es
su color favorito? –respondió
Shishido de mala gana–. ¡Una limusina rosa no ayudaría a mi reputación en
nada!
–Ah – largó una carcajada–. Cierto que dicen que eres el “uke”.
El silencio reinó por unos segundos.
–Metete en la limusina antes
que me den ganas de hacerte algo horrible –ordenó Shishido, pero de todas formas
haciendo un gesto caballero y abriéndole la puerta. , a estas alturas, no
podía parar de reírse. Era mejor así: tenía algo en lo cual pensar más que en
Choutarou.
***
Y hablando de Choutarou…
–¡Por Dios, estás
HERMOSO! –su hermana admiró,
emitiendo chillidos que eran demasiado agudos como para que el oído humano
pudiera soportarlos–. ¡KYAAAA~!
–Neesan, por favor, lo último que necesito es más fanáticas –Choutarou
intentó zafarse del abrazo que ahora lo sofocaba–. No… puedo… respirar…
–Ah, perdón –Chikaze sonrió arrepentidamente–. No debería estar actuando
así a mi edad.
–No, no deberías –concordó el peliplateado con un sonrojo sobre sus
mejillas–. Pero…
–¡NO PUEDO! –chilló Chikaze, besando los cachetes de su hermanito–. ¡Eres
tan lindo! ¿A quién saliste así de adorable?
–A ti –replicó el joven casi automáticamente: su hermana se había
encargado de entrenarlo a responder esto desde pequeño [2].
–¡Ese es mi Tarou Tarou! –canturreó Chikaze–. Bueno, cosita linda, creo
que debes irte ahora. Tienes que estar ahí muy temprano, ¿verdad?
–Si quiero conservar mi vida, sí –asintió Choutarou.
–Ah. ¿Sakaki-sensei, ne? Me pregunto cómo andará ese viejo –los ojos de
la rubia se nublaron, como recordando tiempos pasados–. Oki~ no te voy a demorar
más. Vamos. Yo te llevo.
–Chikaze… pero, mamá…
–Mamá te dijo que consigas un taxi, sí, pero yo te estoy diciendo que te
llevo –la muchacha sonrió–. ¿O es que te da vergüenza andar en mi auto cero
kilómetro?
–Diría que todo lo contrario –el chico devolvió el gesto con una sonrisa
dulce–. Gracias, Chikaze.
–De nada, Choutarou. ¿Para qué sirven las hermanas mayores, sino?
El muchacho abrió la puerta, dejándola pasar a su neesan, la cual se lo
quedó mirando antes de seguir con la marcha y proseguir a sacar el auto del
garage, preguntándose desde cuándo su hermanito lucía tan adulto. Debía ser el
traje, se dijo a sí misma, sin querer aceptar que ya se estaba poniendo vieja.
***
–¡UWAA! – admiró al unísono con Nanako. Shishido pensó, para sus
adentros, que este tipo de reacción le era familiar. Un tal anaranjadito
dormilón solía tenerla todo el tiempo.
–Qué casa –soltó Sakai, maravillado ante el tamaño de la mansión de
Atobe. Ryou, por su parte, ya se había maravillado las veces suficientes, y
estaba algo acostumbrado. Lo que sí quedaba lindo era ver a la enorme sala
principal adornada de rojo y verde; un gigantesco árbol de navidad (seguramente
un pino de verdad, conociéndolo a Atobe), con los adornos más faroleros (véase:
emperifollados, llamativos) que Shishido había visto jamás en su vida). Un
escenario ocupaba la mayor parte del lugar, y aún así, este se veía muy
espacioso.
–Linda ambientación –el morocho apreció, y luego miró a su alrededor.
Estaba poblado de gente y de puestos de comida con mozos que los atendían. En
los blancos delantales de los sirvientes se distinguían bordes de seda rojos y
verdes – algunos de un color, otros de otro.
–A Atobe-kun no se le pasa un detalle – comentó con una sonrisa, sin
saber qué mirar–. Es realmente increíble…
–Así que te gusta mi mansión, ¿na, ? –esa voz soberbia era
inconfundible.
–¡Atobe-kun! –el rostro de se iluminó, como si hubiera visto a un
amigo de toda su vida. Nanako y Sakai quedaron extrañados por esto; Shishido, no
tanto–. Sí, es hermosa.
–Si esto te parece lindo, recuérdale a Ore-sama que te invite a ti y a
tus amigos a su casa de campo alguna vez. No es tan grande, pero creo que los
alrededores son los que le dan el encanto, no la casa en sí –repuso Keigo–. Es
mi favorita.
–La favorita… –repitió Sakai, en voz baja, y se le acercó a Shishido–.
¿Tiene más?
–No te imaginas. Y si no son casas, son hoteles. O bares de karaoke. O
qué se yo qué más… –a esto, Mitsukoshi quedó con los ojos como platos–. Pero no
te preocupes, hoteles tiene sólo uno…
creo. Y es dueño de la mitad. Bueno, no él, el padre. Él es dueño de otras
cosas.
–Shishido, ¿no te enseñaron que no debes secretear en reunión? –inquirió
Atobe, ofendido, por lo cual el morocho cerró la boca–. De cualquier forma, creo
que soy necesitado para entretener al resto de las visitas. Ustedes, diviértanse
–deseó Keigo–. Y prueben la comida, así deciden si perdí el dinero en contratar
esta empresa de catering o no.
Se escuchó a uno de los mozos de por ahí tragar saliva audiblemente,
sabiendo que Atobe hablaba cien por ciento en serio.
***
–Esperen mi señal –indicó Sakaki–. Saldremos como fue practicado. En
cuanto Atobe les indique que todos los huespedes están en el salón, podrán
comenzar a tocar. Ahora, sí. ¿Ensayamos todo una vez más?
Ohtori se calzó el violín al hombro.
“-senpai… espera, por favor.”
***
–Bien, requeriré que dirijan su atención hacia aquí, por favor –Atobe
habló en el micrófono, cautivando el interés de todos–. Primero que todo, ¿cómo
pasaron sus navidades?
Hubo una excitación general.
–Ore-sama se alegra –Keigo sonrió apenas–. Como ya sabrán, hoy tendremos
a nuestra maravillosa orquesta escolar acompañándonos por el resto de la noche
–se escucharon aplausos–. Y ellos son…
Comenzó a nombrar cada miembro de la orquesta. Choutarou esperó a oir su
nombre y, ni bien lo hizo, caminó con su violín hasta su lugar, maldiciendo por
debajo de su aliento.
–Y ahora, tocarán la pieza ganadora del concurso estudiantil –anunció
Atobe–, “Recortes de una Infancia en A menor”, de Mori Makoto.
Con esto, la orquesta comenzó a sonar, alcanzando un esplendor
envidiable. , por su parte, cuchicheaba con Napporo Nanako.
–¿Lo viste? Allá, a la izquierda –la morocha apuntó con su dedo–. Ahí
está Ohtori-kun.
–Nana-chan, es de mala educación señalar – le dio un golpecito en
la mano a su amiga–. Pero sí, lo vi. Ay, como le queda ese traje~
Sakai y Shishido alzaron sus cejas.
–¿Son así todo el tiempo? –inquirió Ryou, semi-preocupado.
–Casi siempre. Sólo basta con dejarlas solas un segundo –replicó
Mitsukoshi en voz baja–. En fin, creo que voy a sacarla a bailar…
¿es una fiesta después de todo, no?
Shishido decidió hacer lo mismo, y pronto, ambas parejas estaban bailando
al compás de la música.
–Siento como si fuese a tener un ataque de pánico –confesó ,
tensamente incrementando el apretón de sus manos sobre los hombros del
morocho-que-ahora-no-tiene-gorra.
–Qué tierna –Shishido medio-rió.
–¿¡Realmente estás disfrutando esto, eh, Ryou-kun!? –exclamó la joven,
pero sorprendentemente manteniendo su volumen de voz nivelado–. Yo no puedo
disfrutar. No sé cuánto tiempo falta para que hable con él, pero…
–¿Qué podría pasar ahora? –Shishido dijo, como para animarla–. No es que
vas a enfrentarte a lo desconocido. Sabes lo que él siente por ti, y tú misma
tienes claro lo que sientes por él.
–Sí… pero… pero sería mi primer novio – se sonrojó visiblemente–. Y
ni se te ocurra decirle a nadie que yo te dije eso.
–Él está en la misma. Ahora, ¿cómo es eso que no fue tu primer beso pero
si será tu primer noviazgo? –Shishido frunció las cejas, confundido y
sospechando algo.
–Mi primer beso fue una prenda –explicó la muchacha con ligereza en su
voz–. Pero no hablemos más del tema. No quiero estar sonrojada de más para
cuando hable con él.
Shishido no había estado prestando atención: se quedó mirando la figura
de una esbelta pero solitaria chica. Lucía tan perdido en sus pensamientos que
tuvo que golpearle apenas en los cachetes para que reaccionara.
–¿Eh, qué?
–¿Qué mirabas? –inquirió curiosamente.
–Es… Fuyumi Yumeko. Está allá, y está sola –Shishido se mordió el labio
inferior–. Me siento algo culpable… sabes, ella me pidió de acompañarla, pero…
bueno, no podía decir que sí.
–No te sientas mal. No creo que el problema haya sido que no pudo
conseguir pareja –explicó –. Es que no quiso.
–¿Tú crees, ?
–Sí, seguro –asintió la joven–. De todas formas, algún día tendré que
dejar de bailar contigo, así que, en ese momento…
–Sí, eso mismo le dije a ella. Se lo prometí, y se la debo. Estará
obsesionada conmigo, y sé que bailar con ella no aliviaría nada, pero… ignorarla
tampoco lo hará –decidió Shishido.
–Ryou-kun… – se rió apenas–. No te imaginaba tan considerado. No das
esa primera impresión.
Shishido normalmente se hubiera ofendido, pero en vez de eso, sonrió, y
siguió guiándola por el resto del salón, ocasionalmente, pese a todo,
intercambiando miradas furtivas pero amigables con Choutarou.
***
–Nuestra orquesta se tomará un pequeño descanso ahora. Estarán de vuelta
en unos minutos, mientras tanto, por favor, disfruten de la comida –y Atobe se
apartó del micrófono.
intentó utilizar los centímetros extra que le daban sus zapatos para
poder ver a Ohtori, y lo visualizó al instante.
–Choutarou no tocará más después de esto –informó Shishido, también
siguiendo con la vista a su amigo hasta que se fue del salón–. El cuarto de
música de Atobe está en el segundo piso, ve para la izquierda y llega hasta el
final del pasillo.
le echó un último vistazo agradecido a Shishido –Ryou-kun…
muchísimas gra ––
–No gastes tiempo en sentimentalismos –el morocho le sonrió–. Ve.
Sakai y Nanako habían desaparecido, así que a le pareció gastar
tiempo en avisarles: luego se enterarían.
La muchacha corrió por la sala principal hasta llegar a las escaleras,
donde un mayordomo esperaba.
–Disculpe, señorita, este lugar esta fuera de los lí ––
–Déjala pasar.
volteó, ojos muy abiertos, mirando a Atobe.
–¿Joven Amo Keigo?
–Fue una orden bastante clara –el soberbio capitán replicó con
impaciencia–. Jya, . Ore-sama te desea suerte.
sonrió y asintió con la cabeza antes de correr por las escaleras.
Segundo piso, izquierda, final del corredor. Al aproximarse, un suave y discreto
violín podía ser escuchado en la distancia.
Le dieron ganas de voltear y volver al baile. Su corazón estaba
completamente enloquecido – casi la avergonzaba la posibilidad de que los
latidos de éste pudieran ser escuchados por Ohtori. Comprendió, entonces, que
eso era prácticamente imposible, y que debía dejar de delirar.
Abrió la puerta del cuarto de música, y ni bien lo hizo, el violín frenó
abruptamente. La figura del joven se veía, aún en la oscuridad.
prendió la luz, ya que las penumbras la ponían algo incómoda.
–Hola, senpai.
se había estado esperando eso, pero su estómago dio un vuelco al
escucharlo de todas maneras –Hola, Choutarou-kun.
El muchacho se animó a mirarla, peleando contra un sonrojo con una
sonrisa –¿Podrías, um… sentarte por ahí? Te llamé para que escuches algo.
hizo lo pedido.
–¿Recuerdas la pieza que toqué la otra vez? Bueno, yo… era para el
concurso estudiantil, pero, como verás, no ganó –Choutarou dio un profundo
suspiro–. Así que como no tuve oportunidad de tocarla en la apertura del baile,
pensé que te la mostraría ahora.
tembló en el lugar, pero asintió con un movimiento de cabeza y
una sonrisita.
–Como la otra vez, realmente me interesa saber que sientas después de
escuchar esto ––
–No te conviene que te diga cómo me siento – se rió–. Créeme, aunque
fuera la pieza menos conmovedora que haya escuchado en mi vida, me largaría a
llorar igual.
Ohtori rió al unísono con ella antes de calzarse el violín al oído. Un
movimiento de su mano, y la melodía comenzó a fluir, llenando las paredes.
cerró los ojos, intentando concentrarse en la pieza y no en sus descontrolados
sentimientos.
Unos cinco minutos después, la música frenó en un final redondo y
satisfactorio. suspiró, aliviada: no habría podido seguir aguantando sus
lágrimas si esto seguía. No era su culpa: este tipo de cosas siempre la habían
puesto sensible.
–Lo que quise transmitir en esa pieza, que por eso era tan importante tu
opinión… es lo que… lo que siento cuando te tengo cerca –repuso Choutarou con
rapidez y escaso volumen de voz, pero escuchó bien–. No creo haberlo
logrado, pero supongo que no fue un mal intento… es difícil realmente decirlo:
más cuando estamos hablando de algo imposible de describir.
lo miró, y ni bien pudo tomar el valor suficiente, volvió su
vista al suelo.
–Está bien: si alguna vez fui obviamente obvio, esto no es nada
comparando con ahora. Creo que sería innecesario decirte qué siento –Ohtori rió,
pero sonando, también, algo incómodo–. Senpai, ¿puedes venir hasta aquí?
se paró con inseguridad y caminó hasta donde estaba el chico.
–Listo. Te quería ver el rostro mejor, nada más –Choutarou dio una
sonrisa–. Dios. Ver cómo luces acaba
de hacer todo esto más difícil.
La joven se sonrojó, decidiéndose a decir algo –Perdón. Yo te la estoy
complicando. No mencioné ni una sola palabra a partir del “hola”, no es justo
que te quedes hablando solo, ¿ne? – sonrió, poco a poco recuperando
confianza–. No sé por qué estoy tan nerviosa. Eres una persona con la cual es
cómodo estar; aún ahora…
Pedía a gritos ser besada. Pero Choutarou no podía estar seguro…
–¿Puedo? –Ohtori acarició el rostro de su senpai, su dedo gordo
suavemente rozándole los labios.
–Claro que sí –aseguró ella, sonriente–. No me tienes que preguntar,
Choutarou.
Al peliplateado se le iluminó el rostro –¡Hai! Recordaré eso.
cerró sus ojos, recordando, ahora, que había dejado sus zapatos de
taco abandonados en su mesa y que debía ponerse de puntas de pie. Choutarou ni
pareció percatarse que la chica había ganado tres centímetros de pronto.
Los labios del joven se presionaron, algo tensos, contra los de .
Pronto ambos se relajaron un poco; Choutarou llevando sus manos hacia la cintura
de la chica, pero sin dejarlas descansar – luego recorriendo su espalda,
paulatinamente enredándose en su cabello. La trajo más cerca a él, algo
posesivamente, profundizando el beso (a todo esto, nuestra protagonista había
quedado, helada, presionada contra el cuerpo del chico. Su descontrol de
sentimientos era tan que el resto de su cuerpo sufría una total y completa
parálisis).
Se separaron, y Ohtori quedó mirándola a los ojos. Se escuchaba la
orquesta escolar sonando a lo lejos.
Choutarou frunció el ceño –¿Estás en puntas de pie, verdad?
–No se dice eso – hizo un pucherito–. Se dice, “¿creciste unos
centímetros, tesoro?”
–Definitivamente, recordaré que la altura es un tema sensible.
–¡Pero no lo es! –rió ella, dándole un golpecito en el hombro, y
ganándose un breve besito a cambio.
–Deberíamos ver qué tal está la situación abajo –sugirió Choutarou,
tomando la mano de la joven y entrelazando los dedos con los suyos–. Además,
quiero bailar un poco –admitió él.
–Yo me cansé de bailar –repuso , por lo cual Ohtori se vio
increíblemente desilusionado (¡y kawaii!) –… pero supongo que todos podemos
hacer un esfuerzo.
Dejaron el cuarto a oscuras y se dirigieron al salón principal. La
orquesta estaba tocando el mismo tipo de vals con el cual habían comenzado.
Shishido había cumplido su promesa, y bailaba con una muy energética e
hiperactiva Fuyumi quien no paraba de hablarle, reírse y sonrojarse. El morocho,
pese a lo algo incomodado, no lograba poner mala cara a esto. Sakai y Nanako…
Sakai y Nanako…
se comenzó a reír a carcajadas sola –Esos dos… qué predecible, ne.
–¿Eh? –el peliplateado se acercó más hacia dónde estaba la boca de la
chica (o sea, a unos quince centímetros o más) para escuchar bien qué decía.
–No, nada – decidió no interrumpirlos–. Hablaba sola.
Choutarou miró hacia donde la joven, captando la imagen de Sakai y Nanako…
¿besándose?
–O es el clima –bromeó Ohtori–, o será que Mitsukoshi-senpai y
Napporo-senpai…
–Ellos ya venían con eso desde hace mucho – sonrió–. Choutarou,
¿bailamos?
–Iba a decir eso –el peliplateado repuso, recibiendo una mirada escéptica
por parte de su senpai/novia–. ¡Lo juro!
–Te creo – aseguró–. Pero déjame conseguir mis zapatos, por favor. No
quiero que la diferencia sea tan obvia.
Choutarou no llegó a ahogar la risotada para cuando la exteriorizó. Esto
era extraño, pero a la vez, extrañamente cómodo. Ahí estaba ella: la chica que
vino a preguntarle si era gay.
Y ahí estaba él: el chico con el cual arruinó su reputación preguntándole
si era gay. Pero… ¿vaya manera de arruinarse la reputación, eh?
~ Aori
31/12/06
Feliz casi año nuevo.
[1]
– siempre tuve esta idea de Atobe siendo así de generoso. Después de todo,
gente, a Kabaji, por el cumpleaños, le organizó un maldito
festival. Díganme si eso no es
generosidad, o qué.
[2]
– pregúntenle a mi tía. Desde chiquita siempre me dijo, “Sos linda como tu tía,
linda como tu tía”… entonces, ahora, cuando mi abuela o mamá o
insertar-miembro-de-la-familia-acá me pregunta a quién salí, replico, casi
mecánicamente, “linda como mi tía”. Hay que darle un premio a mi tía por
grabarme esto en la cabeza.
Afterword
No puedo creer que después de quince capítulos y unas *hace la cuenta*
ehm… no-sé-cuántas hojas, acá lo tienen.
Sí, voy a seguir escribiendo de esto. Porque, después de todo, la
historia de Choutarou con no termina: ahora son novios. ¿Entonces…? Ja, ja,
bueno, ya verán, cuando la inspiración me diga que debo escribir.
Gracias por seguir esta serie, y me alegra muchísimo haber obtenido
respuestas tan positivas. Arigatou gozaimashita! *reverencia*