–Kirihara…

            Akaya no pudo suprimir un sonrojo, pero de todas formas se animó a mirar al pelirrojo –¿Qué, Marui-senpai?

            Bunta suspiró.

            –¿Sabes en qué te estás metiendo, no?

            La muchacha ya estaba demasiado lejos como para escuchar de qué hablaban, así que no había peligro.

            –Bueno…

            –Kirihara. No puedes. Es como un tabú, idiota. ¡Es…

... la hermana de Yukimura[-buchou]!    

            –¿Y qué? –inquirió el de cabellos enmarañados negros, encogiéndose de hombros–. Es mi mejor amiga… ¡sabes lo raro que es que yo tenga una amiga!

            –Sí, tienes razón. Eres un antisocial completo. Tener una amiga fue como… un logro –Marui recapacitó la situación mientras Kirihara largaba un “¡Hey!” ofendido. Los engranes del pelirrojo-casi-rosa [Bunta: ¿¡ROSA!? O.ó], mientras tanto, tardaban en enganchar. Eran todos de formas diferentes. Que Marui encontrara una solución era equivalentemente proporcional a que alguien lograra hacer que un cuadrado ruede (según Yanagi. En otras palabras: completamente imposible).

            –Ah, no sé. Me sale humo.

            –Sí, lo noté –Kirihara sopló apenas la cabeza de su senpai–. De todas formas, supongo que no tendré problemas… mientras que le pida permiso a Yukimura-buchou…

            –Primero, asegúrate que ella quiere algo contigo, ¿quieres? –sugirió/ordenó Bunta.

            –Marui-senpai… yo ya sé lo que ella siente por mí –repuso el morocho naturalmente–. Y me puso la misma excusa. Su hermano…

            –¡Escucha, amigo, por favor, piénsalo! –suplicó Bunta, de pronto cambiando su humor y sobresaltando al kouhai al ponerse de rodillas–. Es Yukimura-buchou. Tú sabes como es Yukimura-buchou cuando se enoja.

            A Akaya lo recorrió un escalosfrío al visualizarlo –Ajá…

            La fantasía de Kirihara sobre su buchou incluía a Yukimura con piel roja, tres ojos, cuatro patas, varios tentáculos, y un fondo animado de llamas.

            –… Yukimura-buchou no tiene tres ojos –se quejó Bunta, cruzándose de brazos.

            Kirihara modificó la imagen mental: le quitó un ojo.

            –¿Mejor ahí? –preguntó Akaya, irritado.

            –Sí. Mucho –asintió el pelirrojo/rosa [Bunta: ¡Que no tengo pelo rosa!], ahora complacido.

 

***

 

            –Akaya-kun…

            ¿No se imaginan a Kirihara Akaya enamorado? Déjenme describirlo en dos palabras: muy OOC. En realidad, eso fue una palabra y una abreviatura que contiene tres palabras, pero, a nadie le importa, ¿verdad?

            [Chibi!A o: OOC significa “Out of Character” o “fuera de personaje” =3 Pero FDP suena… impronunciable. “C.U.N.A.”, diría Miyu-chan, que se especializa en inventar siglas: Caracterización Usualmente Normal Ausente]
            Un Kirihara enamorado sonreía suavemente al horizonte, permitiendo que Yukimura peine sus enrulados cabellos con los dedos (¿¡es eso posible!? [Yanagi: Si utilizamos una crema para peinar, los porcentajes de posibilidad llegan al 60%]).

            –Akaya-kun, ¿me escuchas? –inquirió de nuevo, frunciendo el ceño, y haciendo tanta fuerza para peinar los rebeldes cabellos de Kirihara que a éste ya le comenzaba a tirar.

            – ¡Ouch! –el morocho volvió a la vida después de que casi le arrancan un mechón de pelo del cuero cabelludo–. ¿Qué, qué sucede?

            Cuando se inclinó a mirarlo, Akaya ahogó una risita: con la cabeza en su regazo, la veia al revés, y la imagen era chistosa. Los cabellos rosados de la chica, además, se le venían a la cara.

            –Deberías de decirle a oniisan que estamos saliendo, sabes… –la menor de los Yukimura comentó, con una expresión seria–. O por lo menos, dame permiso a mí para decirlo.

            –Ya te lo dije, –contestó Kirihara, igual de serio que la chica–. No puedo arriesgar mi vida así. No sé si a Yukimura-buchou le caigo bien, probablemente tenga la impresión errada de mí…

            –¡Baka! –el rostro de la muchacha adquirió un cierto aire enojado, pero no completamente. Una porción del enfado era broma–. ¿Cómo quieres que obtenga una buena impresión si antes te la pasabas lastimando personas por la vida?

            Kirihara frunció el ceño –No es que haya podido evitarlo.

            –No tienes caso, Akaya-kun –suspiró su novia–. Ven. Vamos a buscar a oniisan a la salida, y…

            –¡NO, NO, NO! –el morocho se apartó de ella, repentinamente adquiriendo la habilidad de moverse a la velocidad de la luz, y, unos diez metros alejado de , prosiguió: –¡OLVÍDATE, NO QUIERO!

            Yukimura caminó tranquilamente hasta donde estaba su novio, lo agarró del lóbulo de la oreja y lo arrastró hacia quién-sabe-dónde.

 

***

 

            Sanada alzó las cejas en un gesto muy-poco-Sanada en cuanto vio como se acercaba arrastrando a Kirihara del oído. Sus ojos se abrieron de par en par.

            Seiichi, de frente a Genichirou pero de espaldas a su hermanita y a su novio (quiénes cada vez estaban más cerca), frunció el ceño, en la reacción contraria al vice-capitán –¿Qué te sucede, Sanada?

            –… nada, Yukimura –aseguró el morocho, tomando al peliazul del brazo–. Debemos irnos. Tu salud… te veo pálido, deberíamos preguntarle a la enfermera si te sientes bien.

            Seiichi se resistió –Sanada, me siento perfectamente bien –aseguró, su voz desconfiada–. Me preocuparía más por ti. Te ves… extrañamente… ¿perturbado?

            le aseguró a Genichirou, mediante señas, que esto era decisión propia y que no tenía nada de qué preocuparse. No, yo tampoco sé cómo hace para comunicar algo tan complejo en señas, pero resulta que Sanada le entendió.

            –A…ah… no, yo estoy bien, Yukimura –aseguró el normalmente-estoico vicecapitán. Seiichi notó que su vista se había fijado justo por encima del hombro del peliazul, y volteó.

            terminó de arrastrar a su novio hasta tirarlo cerca de los pies de su hermano. Una posición irónicamente conveniente, sí.

            –Niisan –llamó decididamente.

            –¿Qué sucede? –la voz de Seiichi era dulce, pese a su evidente no-sé-qué-diablos-pasa.

            –Akaya-kun… tiene algo para decirte.

            Los ojos del capitán se volvieron al morocho casi automáticamente.

            –¿¡Yo!? ¡No! –chilló Kirihara, más asustado que ofendido–. N-n-n-no tengo nada para decirte, Yukimura-buchou…

            Seiichi inclinó su cabeza hacia un lado, por poco luciendo inocente –¿No tienes nada para decirme…? –miró a su hermanita–. , ¿qué…?

            –¡Akayan! –la joven miró a su novio con un puchero entristeciendo sus facciones–. Esto no es justo… ¡se lo digo yo!

            Kirihara miró al capitán, y luego a la muchacha –¡¡No!!

            Se miraron entre sí. De fondo, Sanada comenzó a alejarse lentamente, pero fue detenido por un muy-entretenido Marui Bunta que lo arrastraba para acompañarlo a observar la situación.

 

            Nadie realmente notó la presencia de los otros dos chicos: era como un círculo cerrado entre Yukimura mayor, Yukimura menor, y Kirihara colado.

            –Y-Y-Yukimura-buchou –Akaya jamás pensó que sería actualmente capaz de trabarse con una letra “y” tantas veces. Al decir verdad, yo tampoco–. Yo… ¡¡OH POR DIOS QUÉ ES ESO!!

            –¿QUÉ? –Seiichi volteó dramáticamente, pero pronto se tranquilizó y entró en modo “…”. Miró a su hermanita nuevamente, notando la ausencia de su as juvenil–. ¿?

            –¡MIRA ALLÁ, HERMANO!

            Y el peliazul sin querer se la tragó otra vez, encontrándose con que había desaparecido en cuanto volteó en obvio reconocimiento de “No hay absolutamente nada allá, Seiichi”.

 

***

 

            –Plan ciento veintitres coma cuatro –anunció Niou, apuntando al pizarrón–. O “cómo hacer que Yukimura-buchou se de cuenta que Kirihara anda con ”.

            –Prefiero “ciento veintitres coma cuatro” –opinó Marui, pensativo sobre cómo podría abreviarse el otro título. Como no pudo llegar a nada, decidió que llamarlo por el número era mejor.

            –¿Y cómo llegó a ser “coma cuatro”, Niou? –inquirió Yanagi curiosamente; algo no le daba en sus cálculos. El plan anterior –ciento veintitres coma cero– no podía, simplemente, haberse convertido en coma cuatro sin explicación.

            –No lo sé. Quedaba original. Puri~ –el peliplateado se encogió de hombros–. En fin, chicos. ¿Tienen todos sus posiciones en claro?

            Para sorpresa de todos, Sanada levantó la mano, algo avergonzado de ser el único que aún no sabía bien que hacer.

            Masaharu le echó una miradita –¿Sanada-fukubuchou?

            –Me estaba preguntando exactamente cómo haremos que justo esté haciendo algo comprometedor con Kirihara cuando llevemos a Yukimura a la escena del crimen. Es más fácil esperar a verlos juntos y excusar a Yukimura de clases, o llevarlo de alguna forma hasta allí, y hacer que los vea.

            –… –Niou reconsideró cuidadosamente la sugerencia de Genichirou–. Bueno. Plan ciento veintitres coma seis.

            –¿Y el cinco?

            –Ni te molestes, Yanagi-kun –le dijo Yagyuu sabiamente–. Niou-kun no sigue ningún tipo de coherencia. No la tuvo nunca, y yo que tú no contaría con que la adquiriera mágicamente ahora.

 

***

 

            –¿Van a comer eso?

            y Akaya estaban demasiado ocupados besuqueándose bajo un árbol como para prestar algún tipo de atención a lo que el pelirrojo tenía que decir.

            –No –manejó decir la menor de los Yukimuras, separándose forzosamente de Kirihara, quien no quería alejarse de ella–. Pero ya que estás ahí, si ves a mi hermanito, avisa.

            –Sí –prometió Marui, pero sabiendo que no podría cumplir eso. Tomó la bandejita de comida y se alejó unos metros, como fingiendo que tenía que buscar un lugar donde sentarse. Sacó el celular casualmente–. Tensai a gentleman. ¿Me copias? Cambio.

            –Sí, copio –asintió una voz–. ¿Qué sucede? Cambio.

            –Cabeza de viruta y Chibi-Yuki están en el árbol más grande de sakuras, en campus escolar. ¿Sería posible de traer al Líder aquí? Cambio.

            Yagyuu, del otro lado, ahogó una suave y discreta risita, sin cesar de estar asombrado ante la originalidad de Niou y Bunta al elegir nombres –Señor Pared estará en eso. Cambio y fuera.

           

            Sanada alzó una ceja –¿Señor Pared?

            –Ese eres tú, fukubuchou –Niou le palmeó la espalda–. Pensé que sería… hum… adecuado.

            La mirada que le echó el vicecapitán espantó casi automáticamente al peliplateado.

            –Bien. Voy por Yukimura –y Sanada se largó en su búsqueda, preguntándose por qué diablos tenía que ser él y no alguien más.

 

***

            –Todos están actuando muy raro últimamente –notó Yukimura, como queriéndolo hacer hablar al estoico chico–. Me han estado evadiendo, Kirihara no quiere ni mirarme a los ojos, y… Sanada, ¿por qué vas tan rápido?

            –Es que… deberías verlo… em… –“¡Piensa piensa piensa piensa, Genichirou!” –. El cerezo más grande está… en…

            –¿Plena floración? –adivinó Seiichi con una sonrisa–. Ay, y te acordaste que a mí me encantan las plantas y flores. Qué considerado, Sanada.

            Genichirou se veía tan tenso que casi parecía incómodo y avergonzado.

 

            Mientras tanto, suspiraba en los brazos de Kirihara. Deseó que su hermano pudiera enterarse de esto por las buenas: además de todo, ya iba a ser imposible ocultarlo. Sabía que Seiichi solía ser algo sobreprotector, pero siempre le daba su espacio. Entonces, ¿por qué era que el morocho estaba tan asustado…?

            Es decir, era tan sólo su hermano mayor, capitán del club de tenis de Rikkai Dai. No podía ser tan intimidante… [¿¡cómo que no!?]

 

            Una vez llegaron al lugar, Sanada apuntó hacia el árbol donde los tórtolos seguían abrazados. El rostro de Marui se iluminó al ver que el fukubuchou había cumplido con su parte.

            –Ah, Sanada, no –Seiichi negó con la cabeza, riéndose suavemente–. El árbol no está en plena floración, aunque sin duda se ve hermoso. Verás, los cerezos alcanzan su máximo esplendor durante…

            Y cuando volvió a mirar al árbol, notó lo obvio. Quedó boquiabierto, olvidándose sobre sus explicaciones de botánica.

            –Esa… ¿es esa , Sanada? –Yukimura soltó una risita nerviosa–. No… no veo bien.

            Genichirou arrugó los ojos –Parece serlo, sí.

            Y se mordió el labio inferior cuando el capitán salió disparado hacia donde estaba la pareja.

            Lo próximo que notó cuando abrió los ojos, rompiendo el beso, fue que un peliazul se iba acercando cada vez más. Lo sacudió a Kirihara, preocupada.

            –¿Qué? –su novio respiraba suave y tranquilamente contra la piel de su cuello, sin imaginarse el peligro que lo aguardaba.

            –Akaya-kun… salte de encima. Ya –el tono alarmado de la joven alarmó también al morocho, quien se separó de ella y se volteó casi al instante.

            Yukimura Seiichi y Kirihara Akaya se miraron entre sí.

            –…

            –…

            El as del equipo lucía positiva, total, completamente aterrado. Y el capitán, bueno…

            –Kirihara –Yukimura utilizó una voz perturbadoramente dulce–. No, .

            Y su hermanita se congeló en el lugar.

            –¿Desde cuándo están en… esto? –Seiichi estaba, más que nada, enojado consigo mismo por no haber podido darse cuenta. ¡Por eso las visitas de Akaya a su casa habían aumentado tanto en estas últimas dos semanas!

            –No mucho… d-dos semanas, oniisan –titubeó –. Um… teníamos intenciones de decirte, pero…

            –¡Lo siento mucho, buchou! –se disculpó Kirihara profundamente, reverenciándose de rodillas ante el peliazul–. Yo… estaba… no quería decirte porque sé que no te agrado…

            –Es molesto que mandes a alguien al hospital cada dos por tres, sí –admitió Yukimura–, pero, de hecho, no te creas. Si realmente  hubiera desaprovado de ti, hubiera desvanecido tu presencia de mi casa.

            Kirihara frunció el ceño –Ah.

            –Te dije –se metió .

            –De todas formas… no estoy enojado –Seiichi sonrió ampliamente–. Estoy feliz. Sí, muy feliz –aseguró, y sonaba sincero–. Siempre me había preguntando por qué , siendo lo hermosa que es, no tenía novio… pero, claro… soy su hermano, no me sale hablar objetivamente sobre ella…

            De fondo, Marui y Sanada sonreían. Bueno, Marui, por lo menos. Sanada miraba la situación, quién sabe si triste, quién sabe si feliz.

            Primera y única prioridad de los titulares ahora: prevenir que Yukimura se entere que todo esto fue un complot. Subrayemos eso con color: prevenir que Yukimura se entere que todo esto fue un complot.

            -chan, ¿y si vamos al arcade con Kirihara? –propuso Marui, invitándose solo a la conversación.

            –Pero trae una cita, Bunta-senpai –repuso la joven–. ¡No tiene gracia si te hacemos sentir como el tercero en discordia!

            –¿Qué cosa? ¿O sea que no era Kirihara el tercero de esta relación? –Marui se puso a cargosear a la muchacha, pero con cuidado, claro: su hermano estaba presente.

            Cuando el pelirrojo/rosa y se alejaron un poco, Yukimura palmeó la espalda de Akaya, accidental/intencionalmente fuerte (ustedes eligen).

            –Cuidala bien, ¿sí, Kirihara? –pidió Seiichi en una vocecita dulce y nivelada–. Por favor.

            El morocho asintió, más por susto que por respeto. Yukimura fue a frenarle el carro a Marui, lo cual lo dejó solo unos segundos para recapacitar.

            “Esto lo veo mal. Tan, tan, pero tan mal…”

             La mano de Yukimura Seiichi aún ardía en la espalda del as de Rikkai Dai.

~ Ao

27/12/06
AAJAAJAJAJAJA. CABEZA DE VIRUTA XD *eso la tentó de risa*