–Así que…

            –Hm…

            –Qué inesperado…

            –Pero interesante, na…

 

            Atobe Keigo, Shishido Ryou (véase: estaba ahí cuando sucedió todo) y Oshitari Yuushi (véase: COLADO) estaban rodeando un pequeño papel apoyado sobre una mesa. ¿Qué podría tener un pequeño papel apoyado sobre una mesa? Bueno…

            –¡Este Choutarou, cómo exagera! –se quejó Shishido, por alguna razón del mundo, enfadado–. Podría usar esto para tu cumpleaños, o, no sé, para San Valentín. Pero usarlo así, como primera medida…

            –Segunda –corrigió –, si no contamos las veces que salimos sin estar juntos. Ahora, mi pregunta era puntulamente para Atobe-kun –y con esto, el aludido la miró–. ¿Qué se tiene que usar durante un concierto de música clásica?

 

un pequeño malentendido (nuevamente)

~ la cita emperifollada ~

 

            –A ver… –Atobe frunció el ceño, pensativo–. ¿Qué clase de ropa se pone Ore-sama durante un concierto de música clásica? De seguro iría formal, pero… tampoco es para saco y corbata…

            –Tenemos una reserva en un restaurante después –agregó , para ver si eso cambiaba algo.

            –Oh –soltó Keigo–, entonces…

            –Es oficial –decidió Shishido–. Choutarou se fue a la mier…

            –Cuida tu boca –lo regañó Oshitari, chistándolo con un golpecito en la nuca–. Estás en frente de una dama.

            le alzó una ceja –Bueno, no es que me moleste… en fin, volviendo al tema. Mañana voy a ir de compras con Nanako, así que tan sólo necesito una idea básica de qué ponerme…

            –No, no, no –frenó Atobe dramáticamente–. Olvídalo. Puedes ir con tu amiga si quieres, pero eso es poco recomendable. ¿Qué podría saber ella de moda?

            frunció el entrecejo –¿Lo mismo que una chica de catorce años sabría de moda? –adivinó, encogiéndose de hombros.

            –Por eso –demostró Keigo–: poco.

            –Atobe-kun –comenzó , intentando dejar en claro que estaba harta–. Que no tenga tu idea sobre la moda no significa que no sepa de la moda.

            Siendo esta la contestación más voraz que había largado en su vida, los tres ahogaron un grito.

            –Bien, bien –Keigo replicó con resentimiento, habiendo tomado ofensa de las palabras de la joven–. Como quieras. Cuando llames la atención en el concierto por estar vestida como un payaso, ahí te darás cuenta que deberías de haber confiado en Ore-sama.

            asintió con ironía –De seguro lo haré, Atobe-kun. Hasta luego, chicos –volteó y se fue.

 

            –… ¿vas a dejarla ir, tan fácil? –inquirió Oshitari, preocupado por el cambio de actitud en su capitán.

            –¿Qué? Claro que no –aseguró Atobe, como si fuera lo más obvio del mundo–. La seguiré mañana. Napporo o no, ella no puede competir con MI sentido de la moda.

            Shishido se acercó al oído de Yuushi –Deberíamos seguirlo, por si acaso.

            –Sí –Oshitari sonrió apenas, de esas sonrisas que ocultan algo detrás–. Deberíamos.

 

***

 

            –Hola, Nana-chan.

            –Holitas, -chan~

            –Hola, Napporo, .

            Reconociendo que esta no era la voz de Sakai, ambas voltearon. Jeans apenas gastados que en una pequeña placa dorada cerca del bolsillo proclamaban “D&G” (“¿Dátil y Garbanzo?” [1], intentó decifrar Nanako), el cinturón también llevando las mismas iniciales, y una remera suelta pero apretada en los lugares indicados, gris, abotonada, con un par de botones sueltos.

            Nanako abrió sus ojos de par en par –¿¡Atobe-kun!?

            –… Atobe-kun –repitió , pero en un tono completamente distinto: como ya esperándose esto–. No lo puedo creer…

            –Créelo –repuso Keigo, mitad-ofendido–. ¿Qué es esa reacción, , aahhn? ¿Acaso no soy bienvenido?

            –En realidad –Nanako se metió–, me gustaría saber que diablos haces aquí en primer lugar.

            –Esa no es forma de hablarle a Ore-sama, Napporo –dijo éste con voracidad en su voz–. De hecho, no vengo a hacer nada malo. Sólo vengo a… “supervisar” sus compras del día de hoy. No me gustaría que termines vistiendo a para su cita en el… colorinche que tienes puesto.

            Nanako se miró a sí misma, pensando qué podría tener de malo. La camperita de algodón rosa (adornada con un eslogan en rojo que cruzaba su pecho y proclamaba, “SUPER LOVERS” [2]) dejaba ver apenas, por sobre el cierre, un top celeste. El cabello negro de la joven estaba adornado con una vincha en ambos colores. Después, shorts no muy pequeños pero si rasgados: debajo de eso, calzas con rayas de… bueno, todos sabemos qué colores (celestito y rosa). Las zapatillas tenían una importante plataforma y también eran rosadas.

            –No es un colorinche –se defendió Napporo, inflando sus mejillas. Acto seguido, se puso en pose–. En un despliegue de japanese street fashion. Los shorts los tuve que romper y hacer yo, verás, pero la remera y la camperita son de SUPER LOVERS. Las calzas las conseguí por ahí en oferta, y las zapatillas son de ––

            –¿Ore-sama te preguntó? –devolvió Atobe, impaciente.

            –¿¡Necesito que me preguntes?

 

            tuvo un mal presentimiento sobre todo esto.

            –Cálmense, los dos –pidió –. ¿Vamos a empezar el año con estas peleas?

            No la escucharon.

            –Ore-sama no tiene nada en contra del street fashion –aclaró Atobe–. Pero si vas a hacer que use eso, eres una muy mala amiga.

            –Estoy vestida así porque, después de todo, estamos en Harajuku –las respuestas de la morocha se hacían cada vez más voraces y enfadadas–. ¿Qué haces tú, con esos Dátiles y Garbanzos, de todas formas?

            –¿Dátiles y Garbanzos? –Atobe se miró a sí mismo, como buscando una mancha en su ropa. Cuando comprendió a que se refería Nanako, ahogó un grito–. ¡Es Dolce y Gabbana, incivilizada!

            –¿Dulce Banana?

            –¡DOLCE Y GABBANA!

            –Tranquilo –Nanako se encogió sobre sí misma al ver que Atobe alzaba la voz–. lo que es Dolce y Gabbana. Era una broma.

             “No, no sabías, Nana-chan”, ahogó un suspiro, “¿Tan difícil es admitir que mitad de tu estadía en Hyoutei te la paga una beca? Aunque, no saber qué significa D&G, eso es patético…”

            –Ah, ¡chicos!, mira, Oshitari, qué… coincidencia –Shishido Ryou se metió en la escena, provocando miradas por parte de los tres ya presentes. Intentaba tan fervorosamente sonar casual que era casi entretenido ver cómo fallaba en ello.

            –Una coincidencia peculiar –adhirió Yuushi–. Mokkarimakka.

            –Bocchi bocchi denna –contestó Nanako mecánicamente–. ¡Y no importa lo que digas, estoy segura de que preferirá ir de compras conmigo! –finalizó, sin apartar su mirada de la de Atobe en ningún momento.

            –¿Eres de Osaka? –inquirió Oshitari: el hecho de que Nanako supiera la respuesta al típico saludo de su región le había llamado la atención.

            –Viví dos años allá –replicó Napporo sin mirarlo–. ¿Tienes algo para decir, Atobe-kun?

            –Que Kami-sama ampare a tu amiga –Keigo no recordaba haber estado tan exasperado antes en su vida–, porque tú vas a arruinarle la poca cordura que le queda.

            –¿¡EEEHH!?

 

            –¿Poca cordura…? – se señaló a sí misma, mitad ofendida, mitad triste.

            –Ah, no lo dice en serio –Shishido despreocupó.

            lo miró sospechosamente –¿Y qué hacen ustedes dos aquí?

            En ese momento, se formaron dos conversaciones: los griteríos de Atobe y Napporo, y esta.

            –¿Qué? –inquirió Ryou, a la defensiva–. ¿No es normal que un chico ande por Harajuku?

            le echó otra mirada fulminante, esta vez, escéptica –Sí, es normal, pero no .

            –¿Yo no soy normal?

            –No es normal que vengas aquí.

            –¿Y quién lo decide eso?

            –Ryou-kun…

            –Está bien –desistió el morocho–. Te seguimos.

            –Sabíamos que Atobe iba a volverte loca –se metió Yuushi.

            –¿Y decidieron ayudar? –completó , pasando su vista de morocho a peliazul sucesivamente–. Esto no es divertido…

            –Tu comentario tampoco lo fue –Shishido la despeinó, visiblemente enfadado–. ¡Actúa un poco más agradecida con tu celestino!

            –¡Es que me estresan! – se salió de sus casillas, reaccionando ante la “caricia” de Ryou como lo haría un gato indispuesto–. ¿Se piensan que no los vi el otro día, en los arbustos mientras Choutarou y yo esperábamos por el colectivo?

            Shishido y Oshitari se miraron entre sí, asustados.

            –¡Nosotros no…!

            –¡Sí, ustedes sí! –los acusó , apuntándolos con un muy enfadado dedo índice–. De todas formas, ya está. Lo pasado pisado. Quiero saber que me voy a poner hoy.

            Atobe giró la cabeza y, dejándola a Nanako gritando sola, se acercó a .

            –Perfecto, comencemos, entonces –decidió Keigo con un pequeño aplauso–. Vayamos primero a Donna Karan...

            –¿¡DONNA KARAN!? –gritó , sus ojos en la nuca de Atobe y su mandíbula por el suelo.

            –¿¡DONNA KARAN!? –reiteró Nanako, horrorizada–. ¿¡QUIERES QUE MI AMIGA SE QUEDE EN LA CALLE POR COMPRARLE UN VESTIDO!?

            Atobe alzó una ceja, con ambas manos en sus caderas –Qué poco presupuesto tienen. A ver. ¿A dónde habrías ido tú, Napporo?

            –A buscar la tienda más barata. Siempre es mejor comprar barato, y en cantidad. Veinte zapatos baratos, tan sólo uno caro. ¿Ves la diferencia? –Nanako lo trató como si fuera un nene de cinco años.

            –La veo bien –Atobe se ofendió de una–. Pero si seguimos por Omotesando[3], estaremos cerca de las buenas tiendas. Podríamos conseguirle un vestido en Dior, unos zapatos y cartera en Louis Vuitton…

            –Estás loco –resolvió Nana con un suspiro.

            –¿Loco? ¡No! Este es el mejor momento para comprar –Keigo volvió a sumergirse en la discusión–. Están todas las liquidaciones de navidad.

            –¡Qué liquidación! –exclamó Nanako con ironía, alzando sus brazos al cielo–. Un vestido de ochenta y tres mil yenes, te lo dejamos a setenta mil… [4]

            , Shishido y Oshitari se miraron entre sí, encogiéndose de hombros.

            –¡Es muy barato!

            –Un vestido de setenta mil yenes que vas a usar una sola vez en tu vida… ¿¡es eso barato!?

            Inadvertidamente, Nanako lo iba guiando, al discutir, a las tienduchas más baratas de Harajuku. Atobe ni se percató de esto.

 

***

 

            dio un par de vueltas en su vestido. Era de un color rosa pero no muy chillón, apretado alrededor de la cintura y suelto (muy suelto) por la cadera.

            –Quedaría hermoso con unos zapatos que tengo en casa –Nanako pensó en voz alta.

            –Hm… –Shishido se quedó mirando el vestido por un rato–. No está mal…

            –Y a ella le queda bien –agregó Yuushi.

            –Tiene una mancha de algo raro en la falda –señaló Atobe con asco–. ¿En serio estás considerando ponerte esa cosa, ?

            estaba a punto de contestar, pero Nanako le ganó –Se lava. Además, es un poquito de tierra, niño rico. No muerde.

            La elegante ceja de Atobe tembló.

            , vístete y vámonos de aquí.

            Nanako le echó una mirada comprometedora justo en ese instante –¿¡-chan!?

            –No me gusta comprar ropa ya sucia. Pero no está mal – sonrió–. Estoy segura que podremos conseguir alguna otra cosilla barata, Nana-chan, pero recorrimos todo y nada me gustó. Lo justo es…

            –Darme una oportunidad –completó Atobe, sonriente, sabiendo que había ganado–. Me encanta cuando me haces caso. Qué buena chica.

            –Por favor, Atobe-kun –suspiró , algo roja–. Acabas de sonar como un personaje de un doujinshi lolicon [5].

            Oshitari comenzó a destartalarse de risa, pero frenó ni bien consiguió una mirada terminantemente asesina por parte de su capitán.

 

***

 

            salió del vestidor, y a la primera que miró fue a Nanako.

            –¿Qué crees? –inquirió nuestra protagonista, preocupada–. No es un poco, ehm… ¿quizá algo revelador arriba…? –y su vista se dirigió sin querer a sus pechos, como también la de todos los chicos presentes al decir esto.

            –No había notado que tienes un buen tamaño de copa –admiró Oshitari.

            ahogó un grito, y atinó a sacarse un zapato para tirárselo, pero la maldita cosa no se le desprendía del pie y era mejor no forzarla, así que dejó de intentar –¡¡Qué pervertido!!

            –Fue sun comentario –repuso el peliazul en su defensa–. De todas formas, eso te queda muy lindo.

            –Te hace más pequeña –Shishido asintió.

            –Y está de oferta –Atobe se quedó pensándolo, con la mano en su mentón–. Bueno, cincuenta mil yenes sigue siendo “caro” para tus estándares: pero ten en cuenta que es un Louis Vuitton original. Aunque es de la tienda de fábrica, peor es nada. Y sí te sienta muy bien. Si te da pena gastar tanto, puedes luego usarlo para algún casamiento. No hay forma de que te puedas equivocar luciendo eso.

            se miró nuevamente –Bien… mis padres van a matarme si se enteran que gasté tanto, pero puedo comprar unos zapatos y accesorios baratos y decir que parte del dinero lo gasté en eso…

            –No. Tengo una mejor idea –y Atobe eligió un par de accesorios de por ahí–. Tú compra el vestido. Ore-sama comprará los zapatos, cartera, y etcétera haciendo juego. Luego de que los uses, se los daré a mi primita para que juegue a disfrazarse. Tómalo como si te estuviera prestando los accesorios. Así no arruinarás el vestido con porquerías baratas, y te ahorraras unos cuarenta mil yenes.

            –¡Pero ni me conoces! –soltó , horrorizada ante la idea de recibir un regalo del narciso chico así como así–. ¿Por qué irías a regalarme ––

            –¿Qué no te dije? Todo es para mi prima. Tú tan sólo lo usarás una vez.
            Y era imposible discutir, porque Atobe Keigo ya estaba haciendo que le lleven todo a la caja y pagando con su tarjeta de crédito. Hecho esto, , luego de cambiarse, tomó el vestido y se aferró a él, concluyendo decidida que no dejaría que Atobe pague por eso jamás. La hacía sentir como si la estuvieran tratando de pobretona, y eso no le gustaba.

 

***

 

            –Ahora –Nanako se abrazó firmemente al brazo de su amiga, llevándola por las calles de Harajuku–. Me gustaría ir a un último lugar.

            –¿Cómo a cual? – luchó contra las muchas bolsas con las que ahora tenía que cargar, más el hecho de que Nana la estaba zarandeando por doquier.

            –¡Emily Temple Cute~! –se sonrió Napporo, yendo hacia el lugar indicado–. ¡El fin de semana que viene me vestiré como una lolita-chan cuando vuelva a Harajuku!

            largó un sonoro suspiro, mientras que la imaginación de los otros tres chicos se encargó de figurarse cómo luciría la morocha con un vestido tipo victoriano. En la mente de Oshitari, lucía bastante bien. Shishido deshizo sus pensamientos antes de que pudieramos ver en qué pensaba. Y Atobe simplemente se imaginó a un monstruo de tres ojos vestido como muñeca.

 

***

 

            –Emily Temple Cute –Chikaze leyó en voz alta, con los ojos como platos mirando la vidriera–. ¿Acá?

            –Sí, acá –Choutarou asintió con la cabeza, y se dispuso a entrar–. Tienen vestiditos hermosos. Créeme, neesan, si le compramos uno a Kari-chan, no hay forma de que podamos quedar mal.

            –Hm… pero estos vestidos lucen algo… caros –comentó la rubia, siguiendo a su hermano tras la puerta.

            –El señor y la señorita Yakimoto han sido amigos de nuestros padres por mucho tiempo. No veo por qué no debamos de regalarle algo lindo para su cumpleaños –replicó Choutarou, tomando unas perchas y poniéndose a revisar–. Aunque sea caro.

            Después de cortésmente decirle a la empleada que no necesitaban ayuda, que nada más estaban mirando, el peliplateado notó la presencia de cuatro figuras familiares. Una de ellas –una chica de unos catorce años– estaba en un corto vestidito azul con tiras cruzadas en la espalda y botones que las sostenían al frente, con medias puramente blancas, una polera bajo el vestido haciendo juego, y unos zapatitos del mismo color azul mar. Parecía estar animando (aunque a los gritos) a una amiga para que saliera de los vestidores. Una figura elegante, vestida con ropa cara y cruzándose de brazos aguardaba impacientemente, su pie haciendo un suave “tac, tac, tac” continuo sobre el piso de madera. Luego estaba un peliazul de anteojos, quien se los ajustaba mientras sonreía para sí, apoyado contra una pared. La última persona, por su parte, ya estaba tocando la puerta del vestidor a los golpazos, exigiendo que la chica que se estaba cambiando saliera ya si no quería que la dejaran sola.

            Y entonces, la presionada joven salió. Sus mejillas estaban coloradas de vergüenza, Choutarou notó, y parecía bastante incómoda de estar en esa posición. Sus rodillas se juntaban en un punto, y también sus manos, frente su pomponosa falda roja. Su vestido se sostenía por medio de finas tiras, las cuales se veían adornadas con un pequeño moño azul y rojo. Bajo el vestido, una camisa del blanco más pálido.

            Ohtori sintió una sensación de mareo y casi desmayo. , enfrentada a él, sintió más o menos lo mismo: tanto, que ni siquiera pudo saludar a su novio como correspondía.

            –Ah, Choutarou, Chikaze-san…

            –Vaya, vaya. ¿Qué tenemos aquí?

            –Ohtori. Ore-sama no esperaba encontrarte en un lugar así.

            –¡Ohtori-kun, hola!

            Ambos grupos se miraron entre sí, y Chikaze sonrió e hizo un gestito de saludo con su mano, el cual todos devolvieron –Aah, Kansai-kun y Dolce&Gabbana-kun no me conocen, ¿no? Soy Chikaze, la hermana mayor de Choutarou –les sonrió al peliazul y al morocho de lunar. Oshitari dio una sonrisa interesada. Atobe, por su parte, se presentó elegantemente y lo obligó a Yuushi (mediante una miradita fulminante) a hacer lo mismo.

            Pero aún había un abrumador silencio entre (véase: vestida de lolita) y Choutarou (véase: persona que va a tener serios problemas para sacarse la imagen de su novia en un vestidito kawaii de la cabeza).

            –Hola… senpai.

            –Tarou-kun… ¿cómo estás?

            Ohtori la analizó de pies a cabeza antes de contestar –Bien. Qué raro verte aquí.

            –No soy una lolita, sabes, es que Nana-chan me obligó…

            –Uhm. Sí.

            –¡Yo me llevo esto! –Nanako, por suerte, invadió su burbujita de incomodidad saltando encima de , abrazándola–. ¿Qué dices, -chan? ¡Tal vez podrías acompañarme el fin de semana que viene! Anda, ven~

            –No… esto no es para mí ––

            –Cómpratelo, te queda lindo.

            levantó su vista hacia los ojos de Choutarou, quien le sonreía.

            –… está bien, te acompañaré el fin de semana que viene –accedió la joven, pensando en que le hubiera encantado que la firmeza se compre en los quioscos para así no ser tan fácilmente influenciada por una sola opinión cuando juró que jamás en su vida se pondría un vestido pomponoso–. Espera. Voy a cambiarme.

            Nanako le sonrió y la siguió con la vista hasta que se metió en el vestidor. Luego, se volvió hacía Choutarou –Comenzaré a requerir más seguido. -chan sí que respeta tu opinión: por lo cual me servirá que de vez en cuando me ayudes a convencerla de ciertas cosas.

            –Yo… no sé si me sentiría cómodo haciendo eso, Napporo-senpai –Ohtori sonrió apenas, con una suave reverencia de su cabeza–. Lo siento. ¿Qué hacen en Harajuku, de todas formas?

            Nanako miró a Shishido, quien miró a Oshitari, quien miró a Atobe, quien se preguntó si realmente debería decirle que ayudaron a a elegirse ropa para su primera cita.

            , oportunamente, salió de su vestidor en ese mismo instante, y le tendió el vestido a Nanako –Te doy el dinero, pero págalo.

            La morocha se rió, pero sin molestarse a cargosearla como siempre lo haría, fue hasta la caja. Choutarou se quedó con su pregunta colgando de un hilo, el cual Atobe cortó en el momento en el que propuso, “Vayamos a comer por ahí. Ore-sama invita”. Y aunque Ohtori bien hubiera querido privacidad, no se quejó. Ahora sólo faltaba hacer lo posible para conseguir aunque sea una foto de en un vestido lolitesco.

 

~ Aori

 

*-*-*-*-*-*-*

 

Waa, parece que hay muchas aclaraciones para este capitulito xD
[1] – Fue lo que comí el día en el que escribí esa frase. Una ensalada de mandarina, naranja, dátiles y otras cosillas y puré de garbanzos x) Aguante la comida árabe.
[2] – SUPER LOVERS es una marca japonesa en serio. De hecho, todo lo que ven acá –Harajuku, las tiendas mencionadas–, todo es real. Sí, las tiendas que menciono por ahí están en Harajuku =3

[3] – una avenida/calle/algo así de Harajuku.
[4] – ochenta y tres mil yenes equivalen a 695 dólares. Setenta mil, a 586 dólares. Sí, es mucha plata para un vestidito xD
[5] – “complejo lolita”, una forma japonesa de designar la pedofilia. No creo tener que explicar que es doujinshi, pero si es necesario, díganme xDD

Ah - http://blog.emilytemplecute-nagoya.com/ . Emily Temple Cute también existe.