[
· N
o t h i n g c a n
b e e x p l a i n e d
· ]
Las sombras tomaban formas extrañas bajo el
cielo nocturno y la luna rojo sangre, formas mudas, tangibles, testigos. El
calor distorsionaba el horizonte, doblándolo sobre sí mismo en un grito de dolor
pacífico. La arena rozaba a cada paso entre la piel de los dedos de los pies, ya
irritada y ardiente. Shishido se apoyó del hombro de , los labios resecos, los ojos entrecerrados. lo tomó de la mano, impulsándolo a seguir la marcha continua. Ryou
se quedó quieto un momento, tal vez indeciso o simplemente buscando fuerzas y
negó con la cabeza.
abrió los ojos con miedo, Shishido señaló el suelo y se sentó. “Esperemos”, rogó
sin voz. miró a su alrededor, arena, arena, arena bajo la luz profundamente
roja. Negó intensamente, pero Ryou no parecía verla. A la lejanía divisó un río,
se lo señaló a Ryou sin recibir siquiera un gesto de entendimiento. Por la cara
de él corrían lágrimas repentinas, la boca contorsionada en un gesto de tristeza
y dolor; lo tomó del brazo, señalándole el río, pero no hubo cambio: no
importaba cuánto lo empujara, Ryou no se movía ni un milímetro, nada,
absolutamente nada. Decidiendo llegar ella hasta el agua y llevársela a Shishido,
comenzó a caminar ignorando los gemidos contenidos de su novio. La arena se
llevó la piel entre sus dedos y toda su energía estaba puesta en no olvidar
respirar y caminar, respirar y caminar, respirar y caminar, aunque fuese solo
una pequeña bocanada de aire caliente y seco, aunque solo se tratase de
arrastrar los pies doloridos, respirar y caminar, respirar y caminar, respirar y
caminar…
Caminar…
Caminar…
Caminar…
El río se acercaba, no
era una ilusión, era un río, agua, tenía agua, caminar, respirar y caminar…
Caminar…
Caminar…
Caminar…
Un hombre en una
pequeña embarcación parecía esperarla. “No tengo una moneda de oro”, pensó
, y el hombre le dio la espalda. Intentó tomar el agua que corría, pero
sus manos no parecían poder tocarla. Rendida absolutamente emprendió el camino
de vuelta…
Caminar…
Caminar…
Caminar…
Arena, arena, arena…
¿se habría perdido? Arena…
Arena…
La arena le besaba los
labios y sentía la luz roja sobre la espalda quemando su piel...
“Frío… quiero frío…
Shishido…”
Suavemente una brisa
fresca alejaba la arena y la luz.
La cama del hospital
era suave, mullida y fría, hermosamente fría. se refregó los ojos,
Shishido dormía sobre el sillón. No sabía por qué estaba allí, tampoco le
importaba demasiado; lavó la sequedad de sus labios con el vaso de agua que le
habían dejado sobre la mesa. Tiritó ligeramente ante el viento helado que se
colaba por la ventana, dudó un segundo y se levantó despacio, muy despacio a
cerrarla.
Las sombras tomaban
formas extrañas bajo el cielo diurno, un sol como el hielo un paisaje onírico de
un delirio enfermizo.
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PS: ad infinitum = hacia lo eterno; ad nihil = hacia la nada (y esa es la única utilidad de estudiar latín en el colegio).