Shishido la siguió con sus ojos hasta que la joven no estaba más a la vista.

            “Me…”, Ryou sonrió, odiándose a sí mismo, “Me olvidé de pedirle un autógrafo para Kaoru-chan.”

Rozando las estrellas

3 – “Cerca del firmamento” 

            “Hoy. Hoy es el día. ¡Hoy termina mi castigo!”, se levantó el sábado de la semana siguiente con esto en mente, y correteó por su cuarto hasta que halló su celular por ahí, “Papá y mamá no me van a dejar salir sin guardaespaldas, pero lo lograré de alguna forma. ¡Como sea, necesito ver a Choutarou!”

            Antes de marcar, frenó sobre sus pasos y buscó en su computadora PALM qué tenía que hacer hoy. Genial: la sesión de fotos para el segundo CD era mañana. O sea que hoy, nada, zip, cero, nothing at all!

            Esto se sentía bien. Sus días de borracha ya habían sido olvidados, y en una entrevista el día anterior (recién el viernes se había amigado con los reporteros, aunque siempre había tenido esa relación amor-odio con ellos) había hablado sobre la adolescencia, y que admitía que había estado mal eso aunque algún día iba a experimentarlo. La persona que entrevistaba era una chica joven muy simpática, así que comprendió de pronto, sin presionarla ni hacerle preguntas incómodas, lo cual era bueno.

            Comenzó a escribir en su celular, y terminó arrancándose (aunque luego arrepentidamente volviéndose a poner) las uñas postizas en una súbita furia que era algo como “¡MALDITAS PORQUERÍAS NO ME DEJAN ESCRIBIIIIR!”. Luego de un rato decidió que lo mejor era vestirse e ir hasta la casa de su amigo. No quedaba muy cerca, pero no era nada que sus choferes no pudieran solucionar.

            Sintió un golpecito en la puerta, y una criada entró después de obtener permiso. Llevaba una bandeja con unas rosquillas, té y saquitos de edulcorante.

            –Haruhi –sonrió al instante–. Porfas, ¿me llevarías eso abajo? Y dile a Natsuko que me consiga ropa linda. Voy a salir con mis amigos.

            La criada no cesaba de impresionarse ante la energía de su ama a estas horas de la mañana –Por supuesto, señorita .

            –No, dame eso – le arrebató la bandeja de comida–. Yo puedo sola, tú ve y busca a Natsuko.

            Haruhi no podía acotar, así que se retiró con una reverencia.

 

            salió corriendo por las escaleras y decidió comer sentada frente al televisor mirando las noticias del día de hoy, entre otras, el clima. Estaría soleado pero con viento fresco y no demasiado calor, lo cual sonaba perfecto. ¡Sería el mejor día!

 

***

 

            Shishido Ryou frenó el motor de a poco. Sabía que no lo recibirían bien en tal mansión con esa motocicleta suya, pero la morada de la chica quedaba tan lejos que hubiera sido mala idea ir caminando. Llegó, llamó al portero eléctrico, y, ¡oh sorpresa!, lo atendió una voz que no sonaba como la de .

           

            Después de media hora de convencer a la voz de que era Ohtori Choutarou, el mejor amigo de la chica, Shishido realmente deseó y rezó que la criada que lo estaba por recibir no conociera a Ohtori lo suficiente como para darse cuenta que no era él.

            Por suerte, la chica, joven e inexperta, apenas tenía idea. Lo recibió y lo dejó que entrara su motocicleta, pero sin dejar de mirarlo con claras sospechas sobre su identidad. “¡Choutarou es de mi edad, y es un chico muy amable, pese a cómo pueda llegar a lucir!”, había instruccionado su ama, pero la criada no tenía idea que se refería a que podía lucir intimidante por su altura, no por su motocicleta, “¡No le negarán jamás la entrada! ¿Entendido, gente?”

            La joven sirvienta volteó incómodamente, observando como el chico se quitaba su casco e intentaba peinarse sus morochos cabellos. Era un muchacho apuesto, si la criada tenía permitido siquiera pensar en algo asi. Y si no, que su ama la perdonara.

 

***

 

            –Señorita –interrumpió Haruhi en un tono educado mientras la chica intentaba ver qué tan grande era su boca, utilizando waffles como métrica–. El señor Ohtori está en la puerta principal, requiriendo su presencia.

            –¡¡No me digas!! – se levantó de golpe y corrió hasta la puerta, sin siquiera reparar en arreglarse: si se trataba de Choutarou, esto era serio–. ¡Ya voy, espérame, espérame, Chouta!

 

***

 

            –Señor Ohtori –llamó la tímida criada de repente, sonrojándose cuando Shishido volteó para verla–. Um… no… no debería pararse tan cerca de la puer ––

            La cual se abrió de golpe, dándole un seco golpe al morocho en su nariz.

            –¡CHOUTAAAAROU~! – canturreó, pero se encontró con su titubeante y joven criada–. ¿Aki?

            –¡-sama! –la denominada “Akiyo” temblaba como una hoja–. ¡U-u-u-usted acaba de, de…!

            puso un pie afuera y se encontró con Ryou, noqueado en el suelo, sus fosas nasales expulsando sangre.

            –¡POR DIOS, SHISHIDO-SENPAI! –chilló , horrorizada, arodillándose junto a él y zarandeándolo mientras lo sujetaba por los hombros a ver si daba reacciones de vida–. ¿¡Estás bien!? ¿Hola, hola?

            –¿Shishido…? –Aki parpadeó, también con horror–. ¿¡E-e-ese no es O-Ohtori-sama?

            –Claro que no –repuso con obviedad, pero luego volvió al drama–. ¡Aguanta un poco, senpai!

            –Tonta… –manejó insultar éste, frotándose el tabique–. Más vale que mi nariz esté en una sola pieza…

            –¡¡Llama a un médico!! –le indicó a su sirvienta.

            –¡¡HAI!!

            –No, no, está bien –despreocupó Shishido, aunque aún sangraba, intentando cubrir el lugar que no paraba de gotear–. No me duele mucho, así que probablemente no sea nada serio. Pero… ¿podemos por lo menos ir a buscar un pañuelo, por favor?

 

***

 

            –El señor estará bien –decidió Fuyue, otra de las tantas criadas, aunque ésta era la especializada en la salud de sus amos–. Se le reventó una venita, por eso la pérdida de sangre, pero por lo menos sabemos que su tabique está perfecto.

            A la vez que añoraba irse a vivir sola y dejar de depender en unas cuantas siriventas para su bienestar, ella también anotaba en letras pequeñas lo mucho que las extrañaría –Qué suerte… –le tendió un tissue a Shishido–. Perdón. No te vi.

            Ryou se limitó a hacer un gesto sarcástico con los ojos mientras colocaba su gorra en su lugar y tomaba el pañuelo de las manos de la chica –No me digas.

            –Lo siento, señorita –se disculpó Akiyo, reverenciando una y otra vez–. ¡Lo siento, lo siento! No me di cuenta que él no era el señor Ohtori…

            –Está bien. Después de todo, tú eres casi nueva aquí, no lo conoces –la sonrisa de indicaba que no era gran cosa–. Debí haberlo descripto mejor…

            –Bueno, por lo menos, gracias a que no lo describiste al detalle, pude entrar –Shishido estaba con un par de pañuelos hechos un bollito y metidos bien dentro de sus fosas nasales, así que su voz sonaba algo congestionada.

            –¿¡Te hiciste pasar por Chouta para poder entrar!? – se enfureció de una, amenazando con golpear al chico en la cabeza, pero él la esquivó–. ¡Cómo te atreves! ¡Tienes que decir tu nombre!

            –¡Ninguna de tu criadas me conoce - no dejarían pasar a quien no conocen! –exclamó Shishido con obviedad.

            perdió la discusión –Oh. Bueno… Haruhi, Natsuko, Akiyo, Fuyue: él es Shishido Ryou-senpai. Tienen permiso para dejarlo pasar.

            –Entendido –corearon las cuatro al mismo tiempo.

            Shishido, entonces, se preguntó si los nombres de las chicas y el orden en el que habían sido dichos eran accidentales o intencionales mientras lanzaba los bollos de papel por ahí. [1]

            –Ahora sí – miró al morocho con ojos curiosos–. ¿Qué quieres?

            –Vine hasta acá para conseguir tu autógrafo.

            Acto seguido, comenzó a tener un ataque de risa, el cual, probablemente, se debía a que Shishido no se había expresado nada bien.

            Estuvo así, riéndose sola por más o menos un minuto entero, sus criadas ya comenzando a mirarla torcido.

            –¿¡Cómo puede ser que un chico rudo como tú quiera mi autógrafo!? – lo señaló, riéndose, asombrada, y Shishido le devolvió la mirada con una expresión exactamente opuesta a la suya–. ¡Pensé que te las ingeniarías para pedirmelo de otra forma! [2] ¡Pero… vaya, no dejas de impresionarme!

            Ryou decidió que era mejor explicarle –Ehm, el autógrafo no es para mí, sabes. No sé cómo, pero llegué a prometerle al viejo de un quiosco que se lo conseguiría para su nieta.

            –¿Le prometiste a un viejecillo que obtendrías mi autógrafo? – no dejaba de mirarlo como uno miraría a un mono de cuatro cabezas–. ¡Otra cosa que no imaginaba! Pensé que estarías más en esas cosas de pandillero…

            –¿¡Qué tipo de persona crees que soy!? –Ryou se puso colorado del enojo.

            largó otra risita –¡Es tu forma de vestir y tu apariencia! Con un meiiku-oova[3], quedarías precioso.

            –No quiero quedar precioso –Shishido devolvió, casi violentamente–. Pero tampoco soy un delincuente juvenil.

            –Es ese cabello que no te peinas – apuntó con su dedo a la siempre-presente gorra del chico, sólo que esta vez era negra–. Y la cara, y tus rodillas, llenas de rasguñones. Que siempre estes con cara de ogro no ayuda, tampoco.

            Ryou, en el momento, intentó asimilar qué hacía esta chica insultándolo y él, ahí, dejándola vivir. Luego de un rato se percató de que eso, precisamente, no tenía nada de lógica, y pensarlo iba a dar jaquecas, no respuestas.

            –¿No te hice enojar?

            Shishido volvió a levantar sus ojos de golpe para lograr mirarla –La verdad que no. Me gusta quién soy, y no creo ser un delincuente, así que no me interesa que me digas lo contrario, .

            La chica sonrió. ¿¡Qué acaso no tenía otras reacciones!? Esto era enervante… –Bien. ¿Autógrafo para nieta? Iré a entregarlo en persona.

            –¡Señorita! –las sirvientas gimotearon, asustadas.

            –No pasará nada – despreocupó con un gestito de su mano, como diciéndole adiós a la mala suerte–. Iré de incógnito.

            Shishido mofó audiblemente.

            –¿Qué? –inquirió , a la defensiva, mientras una de sus sirvientas (presumiblemente Natsuko) le entregaba los grandes y gruesos anteojos negros.

            –Nada –Shishido se quitó su gorra, y la agregó al disfraz de –. Creo que ahí estarás mejor. Pasarías de “completamente reconocible” a “algo disimulada”.

            La joven hizo un pucherito –Eres muy malo.

            –Y tú, demasiado inmadura y despreocupada –Shishido reprochó, intentando hacer algo de sus cabellos, pero no hubo caso, así que se los dejó así.

            –Delincuente –acusó , y al verlo acercarse a la puerta, se extrañó–. ¿A dónde vas?

            –¿Qué, tenías pensado ir de incógnito y con una limusina? –inquirió Ryou, echándole una miradita de reojo–. Vamos en mi motocicleta. Además, yo sé dónde está el viejo, no tú.

            –Ah – comprendió, y corrió hacia él, pese a que sus criadas se veían horrorizadas–. Chicas, pueden tomarse el resto del día libre hasta la cena, viendo que no estará en casa y que mis padres llegarán a la noche. ¡Disfrútenlo~! ¿Sí?

            Las sirvientas se miraron entre sí, algo incómodas, pero terminaron asintiendo.

            –Qué emoción~, nunca me subí a una moto antes –la cantante se regocijó–. ¿Es tuya?

            –De mi hermano, pero ocasionalmente me la presta, y hoy estaba castigado, así que… –Shishido se encogió de hombros–. Oye, . ¿Estás segura de que las motocicletas son para ti? No me gustaría tener que ir a pie porque te da miedo la velocidad, sabes…

            lo miró en una mezcla de ofensa y flirteo –¿Qué tipo de persona crees que soy? ¿Es por mis uñas? –se las miró–. ¿Plástico, ves? Así que no tendremos que frenar si se me rompe una.

            Shishido medio-sonrió, admitiendo que esa no se la esperaba –Me alegra escuchar eso. Quizá no seas tan fifí como pensé, entonces.

            –Oye, si no eres un delincuente, entonces yo puedo llegar a ser cualquier cosa – guiñó un ojo.

            –Claro –asintió Ryou desinteresadamente–. Tan sólo asegúrate de agarrarte fuerte.

 

***

 

            Casco, gorra (el casco ya estaba puesto para cuando se dio cuenta de que podría habersela sacado) y lentes: era oficialmente irreconocible. Aún así, el chico que estaba al volante cerca suyo sabía bien quién era ella, y parecía recordarse esto a sí mismo una y otra vez. Sabía que si tan sólo reparaba un segundo en pensar lo bien que se sentían sus manos abrazadas a su torso para mantener el balance arriba del vehículo, terminaría haciéndolos parar a ambos en un accidente de tránsito.

            –Oye –ella lo llamó, y Shishido insultó audiblemente (en su cabeza, por lo menos) al casco por permitir escucharla cerca, pero no poder sentir su aliento rozándole las orejas–. ¿Qué tan lejos estamos?

            –No mucho –aseguró Ryou, dirigiendo su concentración al tránsito y nada más que eso, pero era bastante imposible.

            –¿Cuánto es “no mucho”?

            –¡, déjame manejar, quieres!

            –B-bueno… –pero la joven no estaba intimidada ni triste de que el chico la hubiera tratado de tal forma. Se sonreía apenas. “” no sonaba tan mal, pronunciado en aquel tonito de delicuente juvenil. Casi nada sonaba mal, en realidad…

            “No quise tratarte así,” Shishido se abofeteó mentalmente “Pero deberías saber el tipo de distracción que eres… imposible de ignorar.”

 

***

 

            –Oiga, viejo.

            El aludido levantó la vista, viendo como una figura conocida y otra no tanto pero sí bastante sospechosa (con esa gorra, esos lentes y todo el pelo en la cara). Se sonrió, las arrugas marcándosele apenas.

            –Pero si eres el jovencito del otro día –replicó el tipo–. ¿Qué tal?

            gesticuló silencio con un dedo sobre sus labios y se bajó apenas los anteojos.

            –¡Kami-sama me libre!

            –¡¡Shh!! –Ryou se apresuró a callarlo, haciendo gestos apresurados con las manos–. ¿Viejo, quiere que nos maten?

            El hombre, pese a que se veía al borde de un ataque de taquicardia, asintió fervorosamente y los metió hacia el interior del negocio, que por una puertita resultaba también ser una pequeña casucha.

            Y ahora sí, resumiendo con lo anterior, ya que nadie los veía:

            –¡No puede ser! –el quiosquero palmeó las mejillas de , quien simplemente sonreía–. Jovencito –lo miró a Ryou–, ¡no pensé que serías actualmente capaz de…!

            –Yo me ofrecí a venir –repuso con sinceridad–. Señor, Shishido-senpai me dijo que su nieta quería mi autógrafo. ¿A dónde está ella? Me gustaría dárselo en persona.

            Una pizca de alegría abrillantó las gastadas facciones del viejo –Es verdad, todo lo que tu superior dijo de ti.

            Shishido miró poco disimuladamente hacia otro lado. A todo esto, la mirada en los ojos de se tornó inquisitiva –¿Hmm? ¿Qué dijo senpai de mí?

            –Que eras muy sencilla, amable, y que siempre sonreías –repitió el viejo, agregando un “amable” ahí, cosa que Shishido jamás había dicho. El mencionado, por su parte, estaba mirando la situación, impresionado, sin poder creer que esto estuviera aconteciendo frente a sus narices.

            –¡Eso es bastante tierno, viniendo de un chico tan rudo! –la joven volteó para verlo, y le dedicó una sonrisa, la cual Shishido ni se molestó en devolver, pensando para sus adentros que podría haberse ahorrado el problema y simplemente haberle pedido el autógrafo el lunes, cuando se vieran en la escuela. Aún así, era demasiado tarde como para retractarse.

            –Ya te dije: no sé cómo me fichaste, pero no soy lo que crees que soy –respondió Ryou, ofendido y frunciendo el ceño.

            Otra vez esa risita. Shishido comenzó a pensar en métodos alternativos para callarla, pero llegó a uno solo, que no quiso profundizar por miedo a sonrojarse y lucir como un tarado.

            El viejo rió apenas –¿Quieres pasar, -san? Mi nieta debería estar en su cuarto ahora.

            –¡Señor, -san suena tan serio! –replicó , preocupada–. ¡Los mayores no deberían llamar a niñas como yo por -san! Creo que -chan estará bien, si no le molesta.

            Una sonrisa, y la condujo hacia los cuartos de arriba. Shishido se limitó a quedarse mirando el living y taparse las orejas cuando sintió los chillidos de la tal Kaoru al ver a su ídola.

 

***

 

            –¿Cansada? –Shishido la miró de reojo mientras se ponía el casco.

            se sonrió, escaneando con la vista el cielo –Todavía es temprano, ne. Me aburirría sola por unas horas en mi casa.

            Ryou entendió la indirecta perfectamente –Sube, entonces. Vayamos a algún lado.

            –¿Cómo a dónde?

            –¿A dónde te gustaría ir?

            meditó su respuesta, antes de soltar: –El cielo está despejado. Quiero, entonces, ir a dónde mejor se vean las estrellas.

            Shishido se la quedó mirando –¿Y eso queda en…?

            A lo cual la chica sólo sonrió –Estoy probando tu creatividad. ¿Dónde se te ocurre?

            “A un descampado, claro, pero ni lo sueñes”, Ryou pensó la respuesta varias veces, “Aunque creo que se me ocurre un lugar…”

            –Ya está, ya sé dónde –Shishido se sonrió, complacido–. Sube y cúbrete los ojos. Será sorpresa.

            arrugó los ojos, desconfiada –¿Vas a raptarme, Shishido Ryou?

            Y obtuvo su acalorada respuesta –¡Quién querría raptarte a ti!

            Una encogida de hombros –¿Por lo visto, tú?

            –Si alguna vez te rapto, recuérdame que te deje en un lugar donde nadie pueda encontrarte –Shishido replicó cuando ella se subía a la motocicleta–. Quizá le haría un favor al mundo.

            Recibió un golpe a cambio –¡Ogro!

            Y Shishido sabía exactamente lo que significaba cuando comenzaba a tratar “mal” a una mujer, por lo cual simplemente cerró la boca y se concentró en manejar.

 

***

 

            “Es normal, pero pensé que ya había erradicado ese hábito”, pensó Ryou mientras tapaba los ojos de la chica, teniendo cuidado de no tirar la gorra al suelo en el proceso, “No puedo actuar como un niño, pero siempre tengo un par de retrocesos cuando estoy con alguien que me gusta. Aunque… ¿debería dejar de hacer eso? De alguna forma, presiento que le agrada cuando actúo así.”

            Echándole un último vistazo antes que dejar que sus ojos se pierdan por ahí, Shishido largó un suspiro.

            –¿Y?

            –Ya casi –replicó Ryou, viendo que estaban cerca, y ahora realmente arrepintiéndose de esto y deseando haber elegido el descampado, aunque no hubiera quedado bien para una “primera cita” –, ya casi.

            Poco después, Shishido se retractó. Este era él, y esto era lo más romántico que él se pondría. Si quería aceptarlo así, bien. Sino, él tendría que soportarlo.

            La ayudó por los escalones, y cuando se sentaron, Shishido siguió tapándole los ojos hasta que el juego arrancara.

            –¿En dónde estamos? – curioseó, algo sobresaltada porque la superficie se movía y a ella no se le ocurría qué podría causar esto.

            –¿Tiene gracia si te lo digo? –Shishido esperó a que la cosa subiera a su punto más alto.

            –No, pero…

            Y estaban cerca de lo más arriba que se podía llegar subido a la “silla” de la vuelta al mundo/rueda de la fortuna, así que decidió dejar de taparle los ojos a la chica.

            –¡Ah! –exclamó ésta, mirando a su alrededor, y parándose, cosa que no estaba permitida pero no le importó–. Pero aquí tan sólo se ve la ciudad…

            –Mira hacia arriba –Shishido indicó.

            Y eso hizo ella. El cielo semi-nocturno era tan transparente, que las primeras estrellas estaban comenzando a tintinear, y se veían con inmensa claridad pese a las fuertes luces del parque de diversiones.

            –Qué creativo –cumplimentó , sonriéndose–. De hecho, yo ya tenía mis sospechas sobre que era un bote.

            –¿Un bote? –Ryou soltó, asqueado–. , no soy de ese tipo de chicos, tampoco.

            frunció el ceño, visiblemente desilusionada ante este comentario. A veces, musitó Shishido, era interesante ver como sus emociones eran tan reconocibles, y siempre tan sinceras.

            –¿Pero te gusta esto? –comentó Shishido mientras bajaban para volver a dar la vuelta, su vista fija en el cielo–. ¿O quizá me equivoqué?

            La joven negó suavemente con su cabeza –La ciudad no es el mejor lugar para ver las estrellas. Pero –repuso antes de que Ryou pudiera poner mala cara–, a pesar de todo, no está mal. No es que hubiera querido mirar las estrellas, sólo quería ver qué se te ocurría.

            –Si no es lo suficientemente romántico –respondió Shishido, la palabra “romántico” accidentalmente rodando por sus labios–, puedo ganar un peluchito por ti cuando estemos abajo.

            recostó mitad de su torso sobre la barra que prevenía que se bajaran –No. Está bien. Te hubiera dicho que quería algo más si lo hubiera querido. Si esta era tu idea, pues, me encantó tu idea.

            Lo que fuera que hubiera querido decir con eso, Shishido simplemente sonrió.

            –¿Pasé la prueba?

            –Te di unos puntos extra por la motocicleta –replicó juguetonamente–, pero sí.

            –Qué suerte –comentó Ryou en voz bajita.

            –¿Me alcanzarás hasta casa?

            –Claro.

            La chica se rió brevemente –Sankyuu. [4] Eso te acaba de ganar un par de puntos más, por cierto.

 

***

 

            Shishido Ryou bajó de su motocicleta y la tiró, junto con el casco, por ahí, teniendo pensado, por lo menos, acompañar a la chica hasta la puerta como lo haría cualquier caballero. A esta altura, lo que él sentía era innegable. Ignorable, quién dice que no, pero definitivamente imposible de negar. De la forma en que Shishido lo mirara, no podía entender su tremenda negación al sentirse irrevocablemente atraído por ella. No era algo que tenía solución fácil.

            Todo había pasado espeluznantemente rápido. La fiesta, ese día que se chocaron, ese día que se quedaron hablando, su forma de “estar en incógnito”, ese día escolar que ella abrillantó con su sonrisa, el movimiento de sus caderas al caminar, el golpazo contra la puerta, el sentir como sus manos apretaban tu pecho y te dejaban sin respirar… Shishido se había creído más fuerte que eso, diablos. ¿Por qué un simple gesto hacía que todas su barreras se derrumbaran?

            –Oye, –su nombre le sonaba tan bien, que ya no tenía ganas de retractarse de llamarla así ahora.

            –¿Hmm?

            –Esto… lo que acabamos de hacer, es decir, ir a la feria juntos –Shishido buscó una forma casual de formular su pregunta, pero terminó sin hallarla–. ¿No te traerá problemas, verdad? ¿No pasaría nada si me ven contigo?

            –Ya te dije. Podrían hacer collages e inventar historias, pero… no es problema si sabes lo que es cierto y lo que no –replicó , sus ojos fijos en él, como siempre solían estarlo si es que no miraban al cielo. Para una muchacha, de seguro no era de aquellas que mantenían su vista en el piso deseando no estar ahí: sus curiosos ojos siempre mirándote, invitándote a sentirte cómodo con ella. O algo así, supuso Shishido, sin poder realmente encontrar lo que la describiera por completo–. ¿Estás preocupado?

            –¿Soné así? –inquirió Ryou, haciendo evidente que no había sido su intención.

            –Más o menos –un vistazo más a sus ojos, y la mirada de ya estaba en el cielo de nuevo. Silencio que no hiere; casi parecía que pedía a gritos ser mantenido. Que todo quede así. Que no es prudente estar con ella, Ryou. Que quién sabe si vas a arrepentirte…

            –Bueno, la verdad que no quise sonar “preocupado”, no lo estoy –repuso Shishido–. Sólo me preguntaba si eso te modificaba en algo. No quiero traerte problemas.

            le sonrió apenas –Quédate tranquilo. Soy experta en buscármelos sola.

            Pero su jardín no era eterno o siempre-continuo, y Ryou, no puedes retractarte tan fácil de esta. No era posible revocarse al estar tan metido en algo. Y tampoco al verla así, dudando al abrir la puerta.

            –Las estrellas se vieron muy bonitas hoy –y siempre con esa naturalidad: era difícil creer que esta chica pudiera ser capaz de mentir–. Espero verte pronto.

            –Sí –asintió Ryou distraídamente, y luego hizo un aterrizaje forzoso en la Tierra y agregó: –Yo también.

            Listo. Ese había sido el, “amé salir contigo”, “sí, a mí también me gustó salir contigo”. ¿El beso? ¿Dónde estaba ese beso? ¿Vendría solo, habría que llamarlo…?

            Shishido no quiso. No quiso hacerlo, pero volteó. Se estaba yendo. ¿Yendo? No, de seguro habría algún error…

            Sí, el error estaba en Ryou mismo, y él, pronto, lo repararía. Pero tuvo que, el muy imbécil, darle esa sensación a , esa horrible cosa en el estómago de “se va”. Se va y me sigue queriendo como amiga.

            ¿Amiga? ¿Cómo y cuándo se vio en la historia que dos personas se comprendieran tan bien, tan rápido?

 

            Shishido no pudo soportarlo más. Giró sobre sus talones para volver a despedirse de ella –como si una vez hubiera sido poco–, y la encerró contra la puerta de entrada de su mansión. Manos y brazos contra la pared, cuerpos cerca, ojos mirándola. Aún así, Ryou no apresuró ni violentó el beso. Lo último que hubiera querido en su vida sería lastimarla, o asustarla, o vaya a saber qué más se le podría hacer a una chica completamente enamorada de ti para hacer que cambie su opinión.

            Por lo menos, durante ese momento, dejó de ser . Dejó de ser la niña multi-millonaria, ídola de todos. Dejó de sentir que no podría encontrar quien la amara. Podía hasta sentir un suave palpitar del corazón de alguno de los dos (porque era imposible percibir el de quien, pese a que era solo un beso) que le indicaba que por lo menos alguien quería besarla por alguna otra razón que no fuera “fama y nada más”. Y ese alguien era Shishido, y la joven sabría que le sería bastante difícil querer olvidarse, y más ahora, de la suavidad de los labios del muchacho.

            Él se separó, aunque no demasiado abruptamente, mirándola con algo que se parecía a un sonrojo pero que no podría posiblemente haber sido uno. No estaba permitido en chicos de diecisiete años (eso, y Shishido había quedado con un par de traumas por haber sido llamado “uke” durante su temprana adolescencia).

            sonrió muy débilmente, pero su sonrisa fue sincera y amable de todas maneras –Gracias.

            No era algo que se acostumbraba decir en momentos así, pero sintió que debía agradecerle por algo, y eso hizo: no era del tipo de personas que escondían las cosas.

            –A ti –replicó Shishido, separándose un poco más, y ahora temiendo que la luz proveniente de adentro de la mansión dejara ver el pálido rosa en sus mejillas–. Nos… vemos luego, .

            Era una promesa…

            –Claro, senpai.

            …y la joven la selló con una sonrisa.

~Ao-chan

8/1/06

 

[1] – Explico esto: HARUhi, NATSUko, AKIyo, FUYUe – todos esos nombres se refieren a una estación del año. Haruhi significa, más o menos, “día primaveral” (lo correcto es “Haru no hi”, pero en los nombres se combinan ambas para hacer una); Natsuko es “Hija del verano”; Akiyo, usando una lógica rara, es una mezcla de “Aki” (otoño) y “yo” (noche); Fuyue es simplemente “invierno” con una e agregada al final, lo cual suele ser una terminación típica para un nombre femenino. Los nombres sí fueron intencionales, pero el orden en el que las fui introduciendo, no oO… debe de haber sido subconsciente.

[2] – no puedo realmente explicarlo porque no sé casi nada de japonés, pero sí sé que Shishido tiene modismos bien masculinos, así que la protagonista se estaba refiriendo a un cambio en la forma de hablar de Shishido que lo hiciera ver un poco más amable.

[3] – Make-over. Es el acento japonés, vio x)

[4] – “Thank you”. Obviamente seguimos con el acento japonés.

 

Second-thoughts

            Eso es lo más fluffy y romántico que escribí hasta ahora. Wa o_o. Me siento… orgullosa de mí misma *is a dork*. ¿Seguramente este capítulo les habrá gustado? Bueno, cómo no gustarles. ES DECIR, ESTAMOS HABLANDO DE SHISHIDO, GENTEE *W* Ehm. En fin. Creo que se nota mucho que la última parte no la escribí en conjunto con el resto. Lo cual me recuerda a recordarles que me recuerden que debería tenerme miedo cuando los planetas se alinean y me inspiro así.