Justo lo que ella había temido. Encerrada en su cuarto con la revista en
su mano (su padre se la había lanzado en la cara unos segundos antes de mandarla
a su habitación), no pudo evitar gemir en disgusto cuando pasaba sus ojos por la
noticia.
“ se
descontrola en una fiesta. ¿¡Amor desconocido, o efectos de la bebida!?”
Rozando las estrellas
2 –
“Las verdaderas estrellas”
“Amor desconocido. Por Dios, qué les importa”, pensó con el ceño
fruncido, “Soy una chica de dieciséis años. ¿Qué es todo este escándalo por
haberme emborrachado?”
El teléfono sonó de repente. dudó en atenderlo, pero se figuró que
su castigo no iba tan lejos como para no dejarla ni mirar el número en el
identificador de llamadas. Reconoció a su manager, y decidió levantar el tubo
para ella misma mandarlo al diablo.
–¿-chan?
–Hola, Iori –saludó la chica fríamente–. Antes de que preguntes, cancela
toda entrevista que me hayas arreglado sin mi permiso. No quiero hablar con
nadie.
El hombre del otro lado del tubo no estaba para nada impresionado –Me lo
imaginé, por eso no te metí en ninguna entrevista. Estaba preguntándome, de
hecho, qué tal andaba tu resaca.
arrugó los ojos –¿No vas a regañarme por haberme hecho una mala
reputación?
–Amor, si Lindsay Lohan puede tener esa reputación, tú también. Además,
de repente comenzaste a ser la noticia del momento. Y sabes que eso no es del
todo malo, no si…
–…sabemos utilizarlo en nuestro beneficio –completó , habiéndose
aprendido la frase de memoria–. Bueno, no sé
cómo usar esto a mi beneficio. De la
forma en la que lo veas, esto apesta. Me recuperaré, pero apesta igual.
Iori se rió suavemente –Ese es el espíritu. Por cierto, , ¿quién era
ese chico al que le dedicaste una canción, hmm?
–Por favor no te metas en mi vida personal.
Y cortó de golpe, en un súbito ataque de furia.
***
Shishido Ryou frenó sobre sus pasos, y volvió hacia atrás. Curiosamente
se acercó al quiosco, donde un par de revistas estaban a la venta. Una tenía su
portada adornada con el rostro de (pero, como siempre, luciendo casi
irreconocible y demasiado etérea), otra, lo mismo, sólo que era una imagen de la
fiesta, en donde parecía una persona.
“Pobre chica”, Ryou le tomó lástima, “Debe ser difícil balancear entre
ambas personalidades.”
Segundos después se encontró insultándose a sí mismo por haberle tenido
lástima aunque sea por un instante. lucía como el tipo de personas que no
se rinden, y no había por qué soltar un “pobrecita” y gimotear sobre que no
lograría sobrevivir esto. Después de todo, Shishido remarcó, probablemente no
era la peor historia que escribían sobre ella.
“A ver”, Ryou levantó la revista sensacionalista, la abrió y comenzó a
ojearla inquisitivamente, como casi esperando aparecer en ella. Obviamente, sus
no-muy-deseados deseos se hicieron realidad: aunque no había fotos suyas, sí
mencionaba específicamente que le había dedicado una canción a un
“desconocido chico de su escuela, de cabello castaño oscuro y estatura media”
(por lo que Shishido refunfuñó: ¿¡media!?). El joven entonces lanzó la revista
de vuelta en su lugar, cansado de forzarse a leerla. Luego levantó la de al
lado, que parecía ser un catálogo de vestidos para fiesta con ella en la
portada.
“Es irreal.”
Se la debe de haber quedado mirando muy intensamente, porque hasta el
quiosquero se le acercó.
–¿Es linda, verdad? –comentó el tipo, en sus sesenta y largos y con un
bigote adornado su labio superior, haciendo que Shishido salte un poco en su
lugar a causa del sobresalto–. es la ídola de mi nieta. Tiene su cuarto
emperifollado en pósters de ella –y lo miró a Ryou–. ¿Te gusta a ti también,
jovencito?
El morocho vaciló, mirando la revista, sonriendo y decidiendo hacer una
buena acción, aunque además completamente ignorando la pregunta –¿Le gustaría
que le consiga un autógrafo para su hija?
El quiosquero alzó sus cejas –¿Cómo podrías…?
–Ella, , va a mi escuela. Si usted está aquí todos los días,
podría pedirle que me de un autógrafo y se lo traigo –ofreció Shishido.
–¿De veras harías eso? ¡Ah, mi nietita se pondrá tan contenta! –el hombre
sonrió, su rostro lleno de ilusión–. ¡No puedo creer la suerte que tienes! ¿Cómo
es ella? Necesito contarle a Kao-chan…
–¿Kao-chan?
–Kaoru, mi nieta.
–Ah, pues, Kaoru-chan puede pasar por el colegio cuando quiera.
Generalmente está rodeada de guardaespaldas a la salida, pero siempre la vi
frenar para autógrafos. De todas formas, ella es… –Shishido se percató de que su
tono se volvía algo ilusionado–… es increíble. Es muy sencilla, y siempre se la
ve sonriendo –y anotó un “Gekidasa da ze” ahí por sonar como un completo
enamorado.
El almacenero contrajo su rostro en una sonrisa una vez más –Kao-chan se
volverá loca cuando escuche eso. Fue difícil consolarla cuando vio las noticias
sobre ella y ehm… la fiesta, tú sabes…
–Eso fue un descuido. No le volverá a pasar –aseguró Shishido–. De
cualquier forma, me llevo esta revista. ¿Cuánto cuesta?
–Para ti, gratis. En serio, llévatela –insitió el viejo al ver que Ryou
tenía toda intención de acotar–. Si yo no estoy aquí, el autógrafo puedes
alcanzárselo a mi hijo.
Shishido asintió, sonriente –Muy bien. Gracias, ojiisan –se abrazó a la
revista–. Que tenga buenas tardes.
Debía de estar afectado por algo en ese día: pese a todo, Ryou se sentía
de muy buen humor, lo cual de alguna forma explicaba el favor que le iba a hacer
a la nieta del viejo.
“Un momento. ¿Qué acabo de hacer? ¿¡Qué dirá mi hermano cuando entre con
una revista de vestidos de quince!?”, Shishido tuvo una trompada de realidad,
“Va a pensar que: o que me excita ver chicas completamente
vestidas, o que estoy pensando en
hacerme travesti…”
Buscó un tacho de basura, y cuando estuvo a punto de lanzar por ahí la
revista, lo reconsidero.
“Está bien… sólo me quedo con la tapa”, y ahí Shishido prosiguió a
romper, como pudo, la imagen de de la portada, botando el resto de la
revista. Hizo a la de papel un bollo y la metió en el bolsillo de su
pantalón, pensando con un anormal sonrojo después que eso tenía un significado
pervertido, y poniéndola en el bolsillo de su campera (ahí estaba mejor).
“No puedo creer que estoy haciendo esto… y con diecisiete años. ¡Soy
patético! ¡¡Patético!!”, Shishido se frotó la nuca, desesperado, “Esto no
tendría que ser así. Jamás me afectó cuando la veía por televisión, o pasando
por ahí con Choutarou en el colegio… pero ahora…”
Shishido notó algo en su camino a casa, y no era la nena de ocho años que
intentando deslizarse por un tobogán salió volando y dio la cabeza contra la
arena (por lo menos era arena y no asfalto, había que agradecer). Era una figura
colgando de las barras en donde los chicos se suben y que a Ryou, de pequeño,
siempre le había dado miedo subir, y su hermano siempre subía con él para
después bajarse de las barras y dejar a Chibi!Ryou suspendido en el aire,
llorando porque tenía miedo de bajar y quebrarse un pie.
Alzó una ceja. Bueno. Qué más daba.
***
–Y… –el morocho la miró, pies colgando de las barras–. ¿Qué haces aquí?
–¿Cómo que “qué hago”? –respondió , gradualmente poniéndose más y
más roja, y no era de la vergüenza–. Me escapo de mi castigo. ¿No ves?
Shishido frunció el ceño, pensando que si no cambiaba su posición, la
sangre en su cabeza le iba a causar un desmayo seguro –¿Así de simple…? ¿Pero
nadie te reconoció cuando viniste hasta acá?
–Nop, claro que no – señaló sus grandes y opacos anteojos
negros–, estoy de incógnito.
Ryou largó una risita acompañada con un revoleo de ojos –Ah, claro, ja,
de incógnito. Como Robin: con unos antifaces puestos, creída que nadie te
reconoce.
–Además de eso formé un complot con todos mis mayordomos y criadas.
Créeme, mis papás no se van a enterar de esto –, con un esfuerzo de su
abdomen, volvió a sentarse, quedando enfrentada y en posición diagonal al
morocho–. Y si los paparazzis se enteran, bueno, ¿podría haber sucedido
cualquier día, no? No necesariamente el día en el que estaba castigada.
–No necesariamente… –repitió Shishido, su voz esfumándose de a poco–.
¿Estás segura de que no te afecta en nada que te vean conmigo?
–A ti te afecta, en todo caso –ella lo señaló–. Pero no es que puedan
decir mucho. Nada más me van a sacar un par de fotos y hacer un collage con
fotos de mi exnovio enojado y poner, “¿¡YUUKI TIENE COMPETENCIA!?”
Shishido alzó sus cejas, entretenido –¿Tu ex se llamaba Yuuki?
–Sí.
–Qué nombre de nena.
–Era una diva, por eso lo dejé
–explicó con simpleza–. Pero ni siquiera fue mi “novio” oficialmente
hablando. Lo besé una sola vez. Una sola vez –enfatizó la muchacha–. Bastó para que la prensa armara
un escándalo, y él aprovechó y empezó a decir que
yo daba indicios de gustar de alguien más.
Shishido soltó una risita –¿La hablaste de Choutarou?
–No. Mejor dicho, conoció a Chouta, porque el idiota siempre insiste en
saber con quién salgo… y se espantó por completo. Ahí vi a otro Yuuki – se
sonrió–. Era idiota y… patético.
Ryou la miró con curiosidad.
La muchacha se achicó en su lugar –¿Qué?
–Dijiste “patético”…
arrugó los ojos –¿Y? –pero sin sonar malhumorada.
–No, nada, olvídalo –Shishido intentó dejar ir el tema–. Larga historia.
comprendió y lo dejó ir –Oh, está bien. Aunque, ahora que lo
pienso… “patético” me lo pegó Chouta–y comenzó a entretenerse con ver como sus
pies se mecían de atrás hacia adelante–. Y a él se le pegó de alguien más.
–Sí –Shishido sonrió: para él ese “alguien más” era más que obvio–. De
mí. Yo se lo pegué.
–¿Qué te pasa, senpai? ¿Tus expectativas son muy altas, que consideras
todo patético? –inquirió la joven juguetonamente.
–Por supuesto, Ore-sama es superior –Shishido siguió el juego.
–¡Aaaay, a ese no lo soporto! – dijo de repente, captando la
atención del morocho–. Es… es insufrible. Así como muy insufrible. Entiendo que
tenga dinero, pero tiene cero consideración por quien no lo tiene…
–Perdona, pero eso no es verdad.
lo miró curiosamente –¿Quieres explicarme eso, senpai?
–Me ayudó una vez. No fue tanto lo que hizo, en sí, pero… –Ryou largó el
aire– creo que para mí, hizo mucho. No sería el de ahora si Atobe no me hubiera
ayudado. Sin duda es completamente insufrible, pero… no es mala persona. Te lo
aseguro.
pareció perder la capacidad del habla por unos segundos, como
pensando qué diría –Debes… de tener tus razones. Te creo. Sólo que… no sé,
siempre me dio miedo convertirme en lo que es Atobe. En una fanfarrona –su vista
se perdió por ahí–. Y hay veces que siento que sí soy así…
–Claro que lo eres. Todos lo somos –repuso Shishido con simpleza–. Pero
si lo que tienes lo conseguiste por esfuerzo, no deberías de sentir que estás
fanfarroneando. Estás emocionada por haber llegado a tanto y quieres poder
compartirlo. Eso es normal… aunque no bien visto, por supuesto…
sonrió apenas –Sí, coincido con eso. Por eso ya últimamente me
abstengo. “¿Cómo te fue en los premios, -chan?”, “Bien”, “¿Ganaste algo,
ne?”, “Sí, estoy muy agradecida”. Y nada más. No puedo ponerme a gritar sobre
que lo que gané es un disco de platino.
–¿Quieres gritarlo ahora? –Ryou ofreció.
–Me encantaría, pero estoy de incógnito, ¿recuerdas? –la chica señaló sus
anteojos.
–Ohhh –Shishido puso sus ojos en blanco–. Claro.
–Igual, no te preocupes. Creo que torturé con eso a Chouta por dos horas
reloj de teléfono, si mal no recuerdo. No necesito torturarte a ti también
– replicó–. Apenas me conoces, pensarías barbaridades de mí.
–¿Aún a esta altura… –Ryou comenzó, más por curiosidad que por querer
saber si su opinión importaba para la chica– … te importa lo que piensen de ti?
–Depende quienes. Los sensacionalistas, pfft, no, son unos exagerados, al
igual que la mayoría de los periodistas. Sólo le presto atención a los
reporteros amables, que me dan una sensación de seguridad – empezó a
enumerar con los dedos–, a mis padres, a mi abuela, a Chouta, y… bueno, por lo
de recién, veo que a ti también. Por ser el mejor amigo de Chouta.
Shishido parpadeó –Claro. Bueno, me siento honrado.
–Mentira –acusó la joven.
–Está bien, sí, mentira. Es estúpido que siendo nada en tu vida realmente te
importe lo que yo tenga para decir –el
morocho admitió–. No soy nadie.
–Pero a Choutarou realmente le importa lo que tú tienes que decir. Y si a
él le importa, ¡a mí también! – se puso una mano en el pecho
dramáticamente.
–Gekidasa da ze –insultó Ryou.
–¡Esa es la frase! –el rostro de se iluminó de repente–. Eso es
lo que dice Chouta de vez en cuando.
“¿Cuántas veces es esta chica capaz de mencionar el nombre de Choutarou
en una misma conversación?”, refunfuñó Shishido para sus adentros, aunque sin
querer admitir que quizás estaba un
poquito celoso de este hecho. ¿Ella, le hablaría a su amigo sobre él
también? No… pensar eso sería estúpido…
–Sí, esa es mi frase –recalcó Ryou–. Qué bueno que te guste, estuve mucho tiempo
pensándola –agregó con sarcasmo.
se sumergió en un silencio, haciendo que el de cabellos oscuros
cayera en lo mismo.
–Había algo que me interesaba escuchar ––
–Ay, no, me da vergüenza cantar para una sola persona…
Ryou la miró. Ella lo miró. Se miraron, y Shishido lanzó una carcajada.
–¡No quiero escucharte cantar! ¡Para eso me compro tu CD, tonta! –repuso
el morocho, riéndose–. Quería saber qué te había llevado a querer ser cantante.
sonrió –Perdón, perdón, me hice la película yo solita. Si quieres
saber, el E! True Hollywood Story mío tendría que estar algún día de estos en la
tele.
Shishido la miró torcido –¿Qué eres, graciosa?
, para sorpresa del chico, rió aún más fuerte –¡No! Es en serio. Y
tienes mi palabra que un noventa y cinco por ciento de ese documental es verdad:
un número bastante impresionante para una cosa hecha por reporteros.
–Tú… –Ryou la señaló, sospechoso, pero sonriendo–. Tienes que tener algún
lado tuyo que no me estás mostrando. ¿Cómo puedes ser así de despreocupada,
y tener que afrontar todo lo que dicen
de ti, las malas opiniones, la envidia…?
–Al principio pensé que no iba a poder afrontar nada. Cuando salió mi
primer video, digo –contó –. Pero… después encajó todo en su lugar. Me
replanteé varias cosas, como la importancia de lo que me decían las personas.
Siempre quise estar bien con todo el mundo –la chica sonrió lastimeramente–,
creo que… ese es un deseo común de cualquier persona. Pero cuando eres , no
puedes realmente llegar a eso. Así que ignoras al que te quiera tirar abajo. Tú
eres tú. La gente tendría que poder apreciar eso. Pueden odiar tus ideales, pero
no destruirte.
Shishido quedó boquiabierto, e impresionado –Me veo venir un libro,
“Confesiones de una cantante de J-Pop”.
–No quiero ser como Paris Hilton –devolvió , ofendida–.
“Confesiones de una heredera”… ¡hmpf! ¿Qué confesiones? ¡Esa toda su vida tuvo
todo servido en una bandeja llena de diamantes!
El morocho rió suave, débilmente –¿Sí, no?
dejó caer sus codos en sus rodillas y sostuvo su rostro con ambas
manos –Definitivamente.
–Oneesan…
Al sentir que jalaban sus jeans, miró hacia abajo. Una niña
pequeña, de unos seis años, más o menos, en un vestidito celeste y con dos
trenzas adornando su cabello le devolvía la mirada, aunque algo tímidamente.
–Hola –soltó al caer de pie sobre la arena, arrodillarse y
acercarse a la chica–. ¿Cómo estás?
–Oneesan –la nena le entregó un papelito y una lapicera–. ¿Me podrías
firmar esto, -oneesan?
–Claro – sonrió, se bajó los anteojos un poco, y pidió silencio
con un dedo–. Pero, shh. Nadie tiene que saber que estoy aquí, así este
autógrafo es exclusivo para ti, ¿está bien?
–U-un –la jovencita asintió, encantada por la idea de ser la única que
obtuviera algo firmado por su ídola–. ¡Será nuestro secreto!
Shishido se quedó mirando, aún subido a las barras, algo abobado.
–Ajá. Sólo nuestro –reafirmó –. ¿Cómo te llamas?
–Natsumi…
–“Para Natsumi-chan, amor, ” –leyó la joven estrella en voz alta, y
terminó de firmar el papelito que le habían dado instantes atrás–. Aquí tienes.
–¡Muchas gracias! –la pequeña dio una brillante sonrisa, la cual
devolvió.
–¡Espera! Dame un abrazo de despedida –con esta sugerencia de su ídola,
Natsumi volteó al instante y la envolvió en un fuerte estrujón–. ¡Ahí está
mejor! Suerte, Natsu-chan.
–¡Eres la mejor, ! –profesó la nena, y, acto seguido, salió
corriendo a buscar a su madre.
–Qué raro que te haya reconocido, con tu ingenioso disfraz puesto y todo
–comentó Shishido en un tonito irónico.
le jaló de la pierna a modo de tirarlo, pero el muchacho estaba
aferrado fuerte al tubo metálico (ya tenía experiencia por su hermano). Viendo
que no podía hacerlo caer, simplemente volvió al comienzo del
puentecito y se reincorporó en el lugar.
–Te recuerdo –dijo Shishido de pronto–: jamás contestaste mi pregunta.
–Lo sé, señor impaciente – replicó con una sonrisita–. ¿Pero,
realmente estás interesado en escuchar esto?
–¡Claro que lo estoy! –aseguró Ryou.
–Viniendo de un hombre, eso no suena muy creíble que digamos –regañó
–. Pero si realmente estás seguro de querer escuchar…
–¿Podrías dejar de alargarla?
–La~ paciencia es virtud~ –canturreó al ritmo de una melodía
desconocida, meciendo sus pies–. Que tú~ pareces carecer~
–Quizá~ la carezco –Shishido siguió el canto–. Pero tú~ no ayudas en
nada, ne~
–Qué fea rima.
Ryou puso su cara de pocos amigos –No estuvo mal para una improvisación,
admite eso.
–No lo admitiré. No me gustó – le sacó la lengua–. Ni siquiera
fue una rima.
–Me voy a aviolentar si no dejas de evitar el tema.
–¡Ah, pues, aviolentate! – se tomaba todo a risa, pese a que
Shishido lo decía bastante en serio–. ¿Eres de los que golpean a sus esposas?
–No –respondió Ryou con seriedad, con miedo de que lo tomaran a mal.
Miedo infundado, porque todos sabemos que la conversación iba bastante en broma
–Ah. Bueno, eh, no golpees a las mujeres. Me vas a obligar a formar una
fundación mundial para eso también
– revoleó los ojos, y lo próximo que supo Shishido fue que estaba colgando
boca debajo de nuevo–. ¿Qué quieres saber?
–¡Ya te lo dije! –Shishido perdió su paciencia de una, causando que
comenzara a retorcerse de risa.
–¡Eres demasiado serio, no tiene caso! –comentó ella, sus manos tan
ocupadas en hacer que su blusa no se levantase a causa de la fuerza gravedad que
perdió sus anteojos en el camino–. ¡NO, MI DISFRAZ!
–Por Dios –Shishido refunfuñó, aterrizó sobre el suelo, y los levantó
–Aquí tienes –los puso al revés y se los colocó, viendo que si la chica
intentaba dejar de aferrarse a su remera, comenzaría a
realmente llamar la atención.
–Gracias –agradeció, y Ryou escondió un sonrojo al voltearse para volver
a subir al puente. No había sido realmente su intención actuar así de inmaduro,
pero tuvo que cruzársele por la cabeza
que ella se veía linda aún en jeans, anteojos oscuros, una blusa barata y estando al revés.
volvió a sentarse, sus cabellos aún intentando acostumbrarse a las
fuerzas gravitacionales y luciendo algo desprolijos –Como te debes estar
imaginando, esto comienza con un “siempre me gustó cantar”.
–Claro –asintió Shishido algo sarcásticamente, reacomodándose en el
lugar–. Sí, eso es obvio, . ¿Pero como hiciste para…?
–¿Tengo que darte la charla sobre la paciencia de nuevo? –amenazó
con una expresión pseudo-enfadada.
–No, no tienes qué –Shishido se encogió en su lugar, algo avergonzado y
mirando hacia otro lado.
–Así me gusta –la chica sonrió complacida, y Ryou se preguntó qué lo
había impulsado a darle la satisfacción de callarse la boca cuando ella se lo
pidió–. Mi mamá solía tenerme cantando a los gritos por los centros comerciales,
esperando que las clases de canto a las que me había mandado desde que tengo
memoria atrajeran a algún caza-talentos, o me sirvieran de algo.
–¿Y eso sirvió? –Shishido frunció su ceño.
–Claro que no – desechó la idea al instante–. Mi sensei de canto
fue el que terminó haciéndome el favor. Me apuntó dónde debía ir, y semanas
después, mi mamá me llevó a cada uno de esos lugares. Competencias muy poco
serias, en su gran mayoría… pero así como suena, jamás había sufrido tanto en mi
vida –levantó su vista al cielo–. No me gustaba competir, y sin embargo, ahí
estaba yo. Para una chica de mi edad, competir significaba compararse. Y cuando
sabía que había alguien mejor que yo -y siempre lo había-, me ponía muy mal.
–O sea que has tenido competencia y envidia desde pequeña –comprendió
Shishido–. Por eso a esta altura ya no te afecta…
–Sí me afecta –replicó al instante–. Sólo que no la competencia,
ni la envidia… sino el hecho de tener cero de vida privada. Aún ahora, estando
en un parque, tengo que pedirle a un chofer que dé vueltas por los alrededores
por las dudas de que tenga que salir corriendo –miró al chico de reojo–. ¿En
serio no quieres ver la E! True…?
–Si te incomoda contarme esto, la veré, pero prefiero escucharlo salir de
tu boca –repuso Shishido.
–Hmpf, qué testarudo eres –comentó la joven, como pensando en voz alta–.
No sé si tenga mucho más que quiera realmente contar. ¿Viste todos los clichés,
todo eso sobre que en realidad el estrellato no es tan bueno? Son verdad. Sí
entras gratis a todos lados, todos te conocen, todo bien… pero cuando eres como
yo, una nueva estrella en aumento, te siguen a todos lados. Cuando ya estás más
viejo pierden su interés por ti y te dejan en paz - o eso dice mi manager. Pero
ahora, es bastante cansador. No lo re-escribiría ni volvería a empezar de vuelta
jamás, sin embargo. Pese a todo, amo a mi vida.
–Sí, puedo comprender eso –Shishido le echó una miradita torcida.
–No era en ese sentido. Esa es
la vida de . Yo, , prefiero referirme a
otras cosas cuando digo que amo mi
vida. A mis amigos, mi escuela, mi familia, los gatitos de mis tíos, etcétera
etcétera –su vista volvió al firmamento, el cual gradualmente se ponía cada vez
más oscuro–. ¿Te gustaría escuchar un poquito de mi filosofía? Pero no te rías,
es la primera vez que le digo esto a alguien.
–Adelante –animó Ryou, curioso.
alzó su mano al cielo –Una vez, aburrida, inventé una frase,
aunque supongo que alguien ya la habrá inventado y puesto su nombre en ella
antes que yo. Las celebridades somos llamadas “estrellas” por una razón, ¿no?
Todos piensan que somos inalcanzables, y que brillamos, y blah, blah. Pero no
creo que tengamos derecho de ser llamados estrellas. Las verdaderas estrellas,
las de allá arriba, pueden lucir como más cercanas cuando estamos en la cima de
esa montaña de la que te hablaba el otro día. Pero cuando intentamos alcanzarlas
–la joven apretó el puño, como queriendo encerrar una estrella en la palma de su
mano–, nos damos cuenta de que somos seres humanos, y que no tenemos ese poder.
El que alguna vez llegó realmente cerca a esas estrellas, se quemó vivo.
Shishido quedó boquiabierto, mitad extrañado por completo, mitad aún
curioso –¿Y esto explicaría el caso de…?
–Muchos. Muchos que las fama los cegó tanto, que dejaron de ver que
también existían como personas. Es la venganza de las estrellas por querernos
parecernos a ellas. No somos nada parecido… nada igual de majestuoso, y mucho
menos igual de perfecto.
–, las estrellas son esferas de calor –Ryou recordó, como
refiriéndose a que no eran gran cosa.
–Qué ganas de reventar mi burbuja – lo miró, puchereando–. Eres un
ogro.
–Perdón, perdón –Shishido se vio obligado a disculparse–. Así que, ¿las
estrellas, eh? ¿Lo que quisiste decirme fue que ellas te recuerdan que eres
humana como todos y te hacen sentir más tranquila, no es así?
–Algo así. Bien. Mereces un aplauso por seguir mi tren de pensamiento con
tanta facilidad –cumplimentó , impresionada–. Pero no me refería a solo
eso. La metáfora que dije recién fue para explicar de alguna forma lo que pasa
cuando la fama se te mete en el cerebro, cosa que yo quiero evitar a toda costa.
Ya tengo suficiente dinero como para retirarme de por vida, ¿por qué querría
más?
–¿No sé? –Shishido se encogió de hombros.
–Yo no soy la que quiere más –contestó con obviedad–. Mi manager
quiere más. Papá quiere más, mamá quiere más. Todos esperan algo de uno. Pero ya
no lo hago por ninguno de ellos –la muchacha se sonrió–. Lo hago por chicas como
la pequeñita que vimos hace un rato. Si puedo ser un ejemplo a seguir para
ellas, estoy conforme, y seguiré en el negocio.
–Eres la persona más sencilla que conozco –Shishido soltó, casi sin
querer, pero para cuando se dio cuenta, no era momento de atragantarse con sus
palabras–. Perdón. Es que no entiendo qué haces matándote con las demás víboras
que hay en tu mundo.
–Hasta ahora no me maté con ninguna de ellas. Y jamás lo haré, pese a que
me han provocado – se quedó mirando al chico–. Tú, me preocupaste por un
buen rato. Pensé que habría arruinado tu vida cuando me enteré de… bueno, de lo
de la fiesta. Era ridículo, porque estaba más preocupada en haberte metido en
esto que en haber sido un mal ejemplo para millones de nenas.
Ryou alzó las cejas –Me hubieras hecho un favor al hacerme famoso.
–¡Como lo pensé, tú no entenderías eso! – resopló–. Todos piensan
que les encantaría ser famosos. Yo, por mi parte, creo que lo último que habría
hecho habría sido hacerte un favor.
–Perdona. No debí haber hablado sin saber –Shishido se arrepintió
fácilmente de sus palabras.
–No es que tengas la culpa –respondió ella con serenidad, sin lucir
enojada.
Pasaron unos minutos en silencio.
–Tienes razón – se quitó los lentes negros–. Esto no ayuda en nada,
es estúpido tenerlos puestos. Además, estoy comenzando a no ver nada.
Shishido sonrió: por fin podía verle los ojos como la gente –Sí, por algo
son anteojos de sol. No sirven tanto cuando anochecen.
A se le escapó una sonrisita –¿Qué eres, listillo? –a lo cual
Shishido no replicó.
El silencio reinó de nuevo.
–Debería irme.
La propuesta/deber olvidado quedó flotando en el aire mientras Shishido
la miraba.
–¿Supongo que no podré acompañarte hasta tu casa como una chica normal,
no?
–Así es. Mi casa queda lejos, y mi chofer está cerca. Pero puedo
alcanzarte a ti –ofreció .
–Puedo caminar, gracias –Ryou estaba, en realidad, algo poco complacido
por el hecho de que ella fuera la que ofrecía llevarlo hasta su casa y no él–.
Cuando consiga mi licencia de conducir, podría distribuirte por ahí, así dejas a
tu chofer en paz. ¿Qué tal te suena eso?
“No deberías realmente meterte en mi vida”, pensó la joven cantante,
apenada, pero lo único que exteriorizó fue una sonrisa –Me encantaría.
–Bien, entonces, ve –Shishido replicó–. Yo me quedaré aquí un rato más.
–Gracias por la charla –ella sonrió con toda la sinceridad de su corazón,
y deseó poder acercarse y darle un abrazo por la compañía, pero se retractó
fácilmente y lo saludó con un movimiento de su mano–. Nos vemos.
–Nos vemos –Shishido pasó por lo mismo que ella, pero no quería realmente
asustarla con demasiado contacto físico. Después de todo, apenas realmente se
conocían a fondo, aunque ambos sentían algo extraño, como si hubieran sido
amigos de toda la vida.
Pero debía volver a su mansión a auto-aislarse, y Ryou no podía
acompañarla.
~Ao-chan
5/1/06
Es raro, porque jamás había escrito una pareja que me gustara tanto. Y eso que
la piba es así como... todo lo contrario al tipo de chicas que se supone que le
gustan a Shishido. Según un fanbook, le gustan las astutas y algo varoniles a
las que le quedan bien las colitas, lo cual realmente es ridículo, porque me re
veo a Shishi con una persona muy contraria a él que le haga ver las cosas de
otro modo y saque su lado dulce a relucir. En fin.