Cosa que cualquier estudiante de Hyoutei debería saber: las fiestas de Atobe son para emborracharse. Aquellas que no son avisadas oficialmente en el panel de noticias escolar, claro, no.

            Y siempre son divertidas si te gustan las fiestas: era el caso de . Nombre “artístico”: . Chica popular en Hyoutei, pero una ídola juvenil en el resto del mundo. Así es: , con sus escasos dieciséis años, estaba viviendo un sueño hecho realidad – completo con cámaras, mansiones y contratos multimillonarios.

            Otra cosa que cualquier estudiante de Hyoutei debería saber, pero que muchos no saben: no es buena idea darle alcohol a . Por lo menos no mucho. Retiro lo dicho: mejor ni darle.

            Ohtori Choutarou, véase amigo de la infancia de la chica, estaba tapándose la cara, sintiendo vergüenza ajena mientras proclamaba el escenario.

            –Y ezzta siguiente canzzión –la joven apenas podía pararse, pero ahí estaba, aferrada al micrófono (mejor dicho, utilizándolo para mantener el equilibrio) –. Se la dedico… hm… hehhh… ¿a quién zze la dedico…? Ah, al amigo morochito de mi mejor amigo… ¿cómo se llama, el amigo? Hum… ¡Shishi-algo! ¡Azzi que, Shishi-algo! –señaló hacia donde estaba Choutarou tapándose la cara y, cerca de él, también avergonzado, el infame morocho conocido como “Shishido Ryou” –. ¡Música, maestro! ¡Uwaa!

            Y comenzó a sonar “Like a Virgin”. Sí, esa canción de Madonna.

            –Choutarou –Shishido comenzó, con un visible sonrojo–, es esa tu… ¿mejor amiga? ¿Tu compañera de clases, la cantante?

            El peliplateado asintió lentamente. Acto seguido, dejó de sentir bochorno ajeno y comenzó a destartalarse de risa, cosa que frenó sólo cuando se dio cuenta que él sería quien la alcance a casa, después de todo. 

Rozando las estrellas

1 – “La sierra de al lado”

 

            –En zzeriooo, amigo – despreocupó, mejillas rosadas de tanta bebida–, puedo caminar sola…

            –Si te viera tu manager… –Choutarou suspiró, pero sonriendo, mientras subía un poco a la chica–. Aunque sea agárrate de mi cuello, te estás resbalando.

            Sí, hay que ser demasiado buen amigo como para cargar a tu amiga borracha en tu espalda hasta su casa.

            –¿Crees que le gustó? ¿Ezza canción que le dediqué? –inquirió , teniendo un golpe de sinceridad–. Ojalá le haya gustado, porque es muy bonito, ese mejor amigo tuyyyo…

            –¿Te gusta? –preguntó Ohtori, divertido, viendo cuanto le podía sacar.

            –Sí, pero… usa muchas gorras. No me gustan las gorras. Y… quiero vomitar.

            Choutarou la bajó al instante, suspirando mientras veía como la chica se precipitaba al suelo, sin poder siquiera quedarse sentada en el lugar.

            –Te espero.

            –Gracias, Chouta, eres el mejor. El mejor, mejor de los amigos ––

            –Vomita y ya –pidió Ohtori, medio impaciente, medio intentando sonar comprensivo.

            El muchacho intentó, entonces, bloquear de su cabeza los ruidos que hacía su amiga. Cuando terminó, ella se volvió a parar, Choutarou teniendo que atajarla en el aire.

            –Por favor no intentes caminar sola –pidió Ohtori, preocupado–. Casi te vas de cabeza al asfalto.

            –¿Me puedo volver a subir a tu espalda? Es divertido subirme a tu espalda – manejó dar una sonrisa sincera pese a su deplorable estado–. Veo el mundo desde ahí arriba. Es más, súbeme, súbeme, me dieron ganas de decir algo…

            Choutarou largó una risita, haciendo lo pedido, sabiendo que no era lo mejor discutir con alguien borracho.

            estiró sus brazos y le gritó al viento:

            –¡¡Soy la reina de los lagartos!!

 

***

 

            –Chouta…

            El muchacho le dedicó una sonrisa, pensando para sus adentros que no lucía como una chica que, tan sólo un día antes de eso, había estado vomitando y sin poder caminar por su cuenta –¿Hai?

            –¿Por qué todos me miran y me señalan? – preguntó, obviamente incómoda, dando saltitos infantiles en el lugar–. Es decir, siempre miran y señalan, pero hoy es peor…

            Ohtori sonrió mecánicamente y se mantuvo así, sin saber qué decirle a su amiga.

            –¿Chouta?

            –Hum… e-eto… no es exactamente fácil de decir –comenzó el chico, como si esto fuera a aliviar lo que vendría–. Pero, -chan… ¿no te preguntaste por qué no recuerdas haber ido a la fiesta?

            alzó las cejas –Pero yo no fui a la fiesta.

            –…

            –…

            –¿¡ME DEJASTE TOMAR DE MÁS!?

            Ohtori se encogió en el lugar –¡¡No!! ¡Yo te avisé que te estabas pasando de la raya, pero te escondiste de mí y te bajaste unas tres botellas de vaya a saber qué!

            –Eso hice, ¿eh…? –a se le fue borrando la sonrisa–. No lo puedo creer… maa… ¿no hice nada terriblemente malo al estar borracha, o sí, Chouta?

            Su amigo volvió a sonreír –Ehm… depende a qué nos referimos con “malo”, claro…

            –Está bien. Capté el mensaje. No quiero saber más – agitó su cabeza, como espantando ideas horribles–. Tomaré esto como una entrevista controversial: lo ignoraré. De seguro todos se olvidarán de esto tarde o temprano… hmpf… como si nadie se emborrachara alguna vez en su vida…

            -chan –llamó Ohtori en una voz pequeñita–, creo que hiciste algo bastante controversial mientras borracha. ¿Algo así como dedicarle una canción medio sugestiva a alguien que conozco…?

            La joven alzó las cejas –¿A quién?

            Ohtori casi susurró –A Ryou-kun.

            Y casi automáticamente, frunció el ceño –¿Quién?

            Choutarou le echó una mirada escéptica –No actúes como que no sabes.

            dejó caer sus hombros –¿Hice algo más aparte de eso…?

            –Me admitiste que te gustaba.

            abrió sus ojos en una mezcla de vergüenza, confusión y enfado –¡¡Pero estaba borracha!!

            –Encontré que eres particularmente honesta cuando tienes unos tragos de más encima –recalcó Ohtori con una sonrisita.

            –Bien. ¿Qué más?

            –No mucho. Comenzaste a delirar sobre que no te gustaba que usara gorras, y luego vomitaste y terminaste diciéndome que eras la reina de los lagartos. Jamás entendí eso.

            se rió sonoramente al escuchar esto. De pronto, se puso seria –¿Qué canción le dediqué a Shishido-kun?

            –“Like a Virgin” –replicó Ohtori con rapidez en su voz.

            –… – pareció recibir la información como se recibe una nalgada en el trasero–. ¿Canté lindo, por lo menos?

            –Si no contamos que arrastrabas las eses, sí –Choutarou sonrió.

            –Ah, pero tú dirías que estuve excelente de todas formas.

            –Eso también.

            Se miraron por unos segundos.

            –Chouta…

            –¿Hm?

            –¿Estamos aquí esperando a tu amigo, verdad?

            –Hai.

            –Entonces yo me voy –repuso rápidamente–. Gracias por haberme alcanzado a casa borracha. Matta ne.

            , no seas infantil –regañó Choutarou, frenándola con una mano sobre su cabeza–. Lo más maduro es quedarse aquí y disculparse. Como ya dijiste, cualquiera se emborracha en alguna altura de su vida…

            se retorció para librarse de su amigo –Pero nadie se ve más patético que yo al hacerlo. ¡Ya! ¡Déjame ir!

            Choutarou hizo lo pedido –Está bien, pero no es lo más sensato. En cuanto más lo dejes estar, el asunto… ––

            –Gracias, pero no quiero un sermón.

            Ohtori frunció el ceño –Bien. Vete. Nos vemos mañana. Por cierto, deberías abstenerte de decirle Shishido-kun –comentó el peliplateado, como pensando en voz alta–. Es tu senpai, y ni lo conoces.

            se cruzó de brazos –Soy la mejor amiga de su mejor amigo. Tengo derecho. Además, tú le dices Ryou-kun.

            Ohtori sonrió –Pero no en su cara.

            –¿No le agrada?

            –Ah, qué sé yo, no me preguntes.

            –Quizá lo que no le agrada es que seas tan respetuoso si lo conoces tanto – comenzó a alejarse, ya sin mirar a Choutarou–. ¿No pensaste eso?

            Ohtori no cambió su expresión enfadada por un buen rato, algo frustrado porque su amiga le había ganado en la discusión.

 

***

 

            Shishido estaba anormalmente incomodado ese día. Por un buen rato, lo único que hacía era mirar a su mejor amigo de reojo, como lo haría una protagonista de manga shoujo con su interés romántico, sólo que las razones de Shishido para mirarlo eran muy contrarias. Había estado queriendo preguntarle sobre su amiga, sobre la chica borracha del otro día, pero no había conseguido decir absolutamente nada al respecto.

            –Choutarou…

            El aludido lo miró – .

            Shishido parpadeó un par de veces –¿Eh?

            . La chica de la otra noche –replicó Ohtori en una voz sabia–. No preguntes por qué, pero pensé que estabas preguntándote cómo se llamaba. Bueno… no muchas cosas te tendrían así de callado, de todas formas.

            Ryou se encogió sobre sí mismo –Podrías adivinar el futuro de la gente si tienes esta habilidad con todo el mundo.

            –Lamentablemente no la tengo con todo el mundo –Choutarou dio una breve sonrisita.

            Shishido se quedó pensando por unos segundos –Aa. Claro que no. Así que, … sí, yo sólo la conocía por . Ya sabes, su nombre artístico, o, lo que sea.

            –Sí, es su nombre artístico –asintió Ohtori–. Lo sabría, porque yo se lo elegí.

            Ryou intentó ser cuidadoso con el tema –¿Te gusta esa chica, Choutarou?

            –¿Hm? No –negó el peliplateado, lo más tranquilo–. Es como mi hermana.

            –Envidiable.

            Ohtori alzó sus cejas –¿Hm?

            –Que es… envidiable –repuso Shishido rápidamente, como avergonzado– que puedas tener tal nivel de amistad con una chica. Qué sé yo.

            Choutarou intentó ocultar una sonrisa –¿A ti te gusta, Shishido-san?

            –“Gustar” es un verbo digno de secundaria media –contestó Ryou con algo de frialdad, pero luego se ablandó–. Es… muy bonita.

            –Es hermosa –concordó Ohtori con una pequeña sonrisa.

            –¿Por qué exactamente iría a fijarse en mí? Es decir, no se fijó en mí exactamente, pero me dedicó una canción si razón alguna. Estaba borracha, pero… –Shishido frunció el entrecejo al ver que su amigo le devolvía la mirada curiosamente–. ¿Qué? ¿Soy el único que encontró esto raro?

            Ohtori negó con su cabeza –No. Pero… –sonrió–. Bueno. ¿Tendrás que averigüar qué significó, ne?

            Shishido suspiró –¿Tomo eso como un “no voy a ayudarte”?

            –A -chan no le agradaría que me meta. Hoy quise persuadirla para que se disculpara contigo, pero… está demasiado mortificada por lo que hizo anoche –Choutarou calzó su raquetero al hombro, cansado de llevarlo colgando por ahí–. Bien, nos vemos, Shishido-san.

            Ryou no quedó del todo satisfecho, y bien notó que Ohtori estaba doblando una cuadra antes de dónde siempre solía doblar –Nos vemos.

            “No tiene por qué significar nada. Estaba borracha, ¿no?”, Shishido quedó pensativo, sus ojos clavados en el infinito, “¿Pero por qué es que no puedo dejar de pensar en lo que hizo, de todas formas…?”

            Esto no era secundaria media. Shishido Ryou tenía diecisiete años: edad suficiente como para decidir resolver esto cuanto antes, sin sonrojos, sin vacilar. Para esto había tenido su infancia… pero… había algo especial en la chica. Algo en su forma de caminar, como si estuviera esperando que la siguieran unas veinte mil cámaras. Algo en su cabello, siempre perfecto, o en sus uñas, nunca desgastadas. Algo casi etéreo sobre ella que decía, “Aunque me consideres linda, soy una estrella. Estoy fuera de tu liga, lo siento.”

            O quizá esa era tan sólo la impresión que tenía Shishido, de todas maneras.

 

***

 

            Sus cuerpos hicieron un pequeño “pum” al chocar hombro con hombro.

            –Ay, perdóname, no te vi.

            –No, está bien.

            Se miraron, analizándose entre sí.

            –¡Oh, tú! – intentó sonar lo más natural posible, como si hubiera estado planeando en disculparse desde el principio–. Eres el chico al que Chouta proclama que le dediqué una canción. Debe de haber sido horrible para ti, mil perdones –sonrió su sonrisa-para-paparazzi, esperando que con esto estuviera todo bien.

            Shishido quedó deslumbrado –Um… sí, Choutarou te informó bien, ja, ja –“Diablos. Esa risa sonó poco casual” –. Soy, ehm… Shishido Ryou –ofreció su mano–. ¿No creo que nos hayamos presentado formalmente antes?

            –No, nunca nos presentamos – dio otra pequeña sonrisita–. Soy , pero creo que irá lo más bien. De cualquier forma, me disculpo de nuevo.

            –No es problema. De hecho, lo tomé como un halago –Shishido medio-bromeó.

            –Jeje, qué bien – agregó sinceramente–. Bueno… hum, nos vemos, ¿ne?

            –Nos vemos, definitivamente –decidió Ryou–. Adiós.

            –Hasta luego.

            –Bye…

            –…¡bye bye!

 

            Dos minutos después de haber dado vuelta la escuela en búsqueda de su amigo en común, ambos volvieron al mismo punto.

            Shishido la saludó con un gestito de su mano, el cual ella devolvió, y pensó que eso sería suficiente como para decir “Sé que estás ahí. Hola”.

            Pasaron unos segundos de silencio hasta que se dieron cuenta que ambos estaban ampoyados contra la misma pared, a centímetros de distancia.

            –No me digas –comenzó Ryou, pensando que esto era demasiada coincidencia– que tú también estás esperando a Choutarou.

            –Mm-mm –murmuró , asintiendo una vez con la cabeza–. Así es.

            –¿A dónde fue? Debería de haber salido de clases ya –Shishido comentó.

            –Sí, yo salí con él –replicó con serenidad–. Lo perdí de vista de repente.

            Ryou se animó a mirarla. Así vestida, parecía muchísimo más normal que en los videos, donde, llena de maquillaje y ropa espectacular, apenas lucía como una chica de dieciseis años.

            –Habrá que esperarlo –el morocho se encogió de hombros, su vista volviendo a sus pies–. Más vale que no se tarde. Tenemos práctica dentro de poco.

            –Sí, yo accedí a ir a verlo – mantuvo sus ojos en el cielo–. Hoy es uno de mis pocos días libres, así que quería pasarlo con él.

            A Shishido le daba miedo preguntar, pero cualquier cosa sería mejor que un silencio incómodo (para él, por lo menos). –¿Es difícil?

            Ella lo miró, sus ojos amables –¿Hm?

            –La industria de la música. Se… ¿Se te debe complicar de vez en cuando, verdad? –al muchacho se le notó a la legua que no sabía bien como formular la pregunta.

            –¿Shishido-senpai me está subestimando…?

            –¿Qué? No, no, no quise sonar así –Ryou sacudió su cabeza fervorosamente, casi pareciendo como que tenía catorce años de nuevo–. Era una pregunta, nada más. Por Dios…

            La chica no dejaba de ojearlo curiosamente. Se sonrió y largó una risita burlona –Estaba bromeando. Sabía que no me subestimabas. Hm… contestando tu duda, sí… puede llegar a ser difícil. En la cima de la montaña más alta puedes apreciar una hermosa vista… pero estás solo.

            Shishido se encogió en el lugar, preguntándose si había sido buena idea sacar ese tema. Decidió levantar el humor con una bromita –Para la soledad siempre está la bebida.

            largó una sonora carcajada –¡Me gusta tu sentido del humor! Pensé que me odiarías cuando me enteré que te dediqué una canción mientras borracha. Y, por cierto, siento mucho eso.

            “Una persona como ella… no puede ser que suene sinceramente preocupada por el pensamiento de que yo pudiera llegar a odiarla. Es tan sencilla… o, por lo menos, me da esa sensación…”, Shishido musitó para sus adentros.

            –No estoy sola en la “cima”, sin embargo –comenzó de repente, haciendo que Ryou se concentrara en ella al instante–. Ni siquiera estoy ahí, estoy en una sierrita de al lado –bromeó entonces–. Igual… no estaré sola mientras esté con Chouta.

            Shishido frunció el ceño, sintiendo como el peligro amenazaba –¿Te gusta?

            –Claro que no –repuso ella, con tanta naturalidad y honestidad que asustaba–. Es como si fuera mi hermano mayor. Lo adoro, pero no puedo verlo como nada más.

            Ryou quedó impresionado –… eso mismo dijo él de ti.

            –Sí, lo imaginé. ¿Crees que no llegamos a esa etapa alguna vez? Las confusiones y todo… pero, no, es que… lo quiero demasiado se sonrió–. Ah, supongo que no tiene sentido nada de lo que digo.

            –No. Creo que… lo entiendo –repuso Shishido con sinceridad–. No sé si lo viví, pero lo entiendo.

            “Es tan transparente… ¿cómo puede una chica así haber sobrevivido en la industria?”, las piezas no encajaban para Ryou.

            –¡Lo siento, se me hizo tarde!

            Ambos giraron la cabeza.

            –¡Choutarou!

            –¡Chouta! ¿Dónde estabas? –preguntó la muchacha, corriendo hacia él, semi-preocupada.

            –Tuve que perseguir a un sensei por toda la escuela porque sabía mis notas y se estaba por ir y nadie sabía dónde estaba –repuso Ohtori, jadeando–. Lo encontré, por suerte. Aprobé inglés.

            –¡Chouta, me alegro tanto por ti! –exclamó , sonriente y entusiasmada. Shishido deseó tener la habilidad de transmitir sus sentimientos así.

            –Gracias –el peliplateado sonrió apenas, y se sobresaltó al escuchar un sonidito–. -chan, ¿es ese tu teléfono?

            –¿Hm? Sí –asintió ella, abriéndolo.

            Quedó un par de minutos en silencio, su mandíbula contrayéndose.

            –¿-chan?

            –¿? –Shishido se preocupó de pronto–. ¿Sucede algo?

            –… se enteraron –la joven suspiró, mirando el piso–. Me acaban de mandar un mensaje de texto diciéndome que vuelva ya a casa.

            Choutarou entendió de repente –¿Tus padres, -chan?

            –Aa –asintió ella, sonriendo lastimeramente–. Bueno. Supongo que eso me prohibirá salir contigo hoy. Lo… lo siento.

            Shishido no sabía cómo meterse. Si tan sólo pudiera decir algo para ayudarla…

            –Me siento mal – admitió–. Yo… si esto fue una noticia en alguna revista, los padres sabrán que en la fiesta de Atobe podías conseguir alcohol. Más de uno se molestará conmigo…

            –Ryou dijo, causando que los otros dos lo miraran–. ¿No puedes… no puedes simplemente negarlo? –su voz sonaba llena de preocupación.

            se encogió de hombros –¿Para qué? Si los tabloides tienen fotos, una imagen vale más que mil palabras –a pesar de verse deprimida, mantenía una sonrisa sobre sus labios–. Supongo… si me disculpo públicamente, no sucederá nada.

            Choutarou la miró, como padre miraría a su hija –Bueno, este es uno de esos momentos en los que debes ser fuerte. No hiciste algo demasiado malo. Algo malo hubiera sido robar. Tú sólo… tomaste de más. Tienes dieciséis. Permítete eso, aunque nadie más quiera permitírtelo.

            –Diablos, Chouta. ¿Por qué no pudiste ser mi hermano mayor? –puchereó , medio en broma–. Maa… supongo que tendré que ir yendo. No quiero hacer que el sermón de mis padres espere –agregó. “Aunque eso no es lo que más me preocupa”.

            Lo que más la preocupaba eran los tabloides. “ … ¿¡fuera de control!?”. Ya casi podía verlos. Visualizarlos en su mente…

            –No sé que decir –admitió Shishido de golpe–. Pero… um…

            –No tienes que decir nada, senpai –contestó con simpleza–. No tienes que preocuparte por mí. Preocúpate por aparecer en las noticias como el chico a quien le dediqué una canción borracha –sonrió–. Aunque con suerte obviaran eso.

            “Con suerte nada más a mí me gastarán el cuero. Es mejor así”, pensó mientras se despedía con un gesto de su mano de los dos chicos, “Yo ya me acostumbré.”

~Ao-chan

3/1/06
Hum... esto empezó como un pedido para Aio, pero terminó como un sueño recurrente. Blah. Era de esperar, aunque este tendrá tan sólo dos o tres capítulos largos. Mientras tanto, ehm, Aio... ¿ojalá consideres esto como tu pedido cumplido? Perdón por terminar extendiéndolo xD