Di un profundo suspiro. Eran las siete de la mañana, y ahi estaba yo, limpiando uno de los cuartos de los chicos del grupo de la profesora Sumire. Ann, y yo nos habíamos dividido la cantidad de habitaciones para que no fuera tan tedioso el trabajo.
"Bueno," me había dicho a mí misma "No puede ser *muy* desastroso, ¿o sí?"
-S-sumimasen.. ¿-senpai?- sentí que me jalaban de la remera. Miré hacia atrás, divisando al alumno de séptimo grado de Seigaku que reconocí como Kachiro.
-¿Hai?- inquirí suavemente.
-N-necesitamos ayuda en la cocina...- miró hacia el suelo, algo avergonzado -¿Puedes venir un segundo?
-Iré en seguida- no estaba seguro de qué tenía yo que lo intimidaba al pobre, o si era que el chico era demasiado respetuoso, pero lo seguí.
Entramos a la cocina, y una sóla palabra se me vino a la mente: descontrol. ¿Q-qué hacía la olla de comida tirada en el suelo, la sopa esparcida por todo el piso? Empecemos por ahí.
, no pierdas la paciencia, tranquila -¿Qué *diablos* pasó aquí?
-Horio-kun- llamó Kachiro. Otro de los tres mocosos de Seigaku apareció de por ahí, y este era particularmente el que yo menos soportaba -Pregunto lo mismo.
-¿O sea que esto no estaba así antes?- fruncí el ceño.
-No, en realidad...- Katsuo, otro de los chicos que rondaba el lugar, fue interrumpido.
-¡E-es horrible, -senpai!- chilló Horio -La atrapé abajo de la olla, pero...
-¿Que es horrible qué?- me dispuse a levantar la cacerola de comida para ver de qué rayos hablaban. ¿Qué podía ser? Si era una rata o una rana, y por eso organizaron semejante desorden, creo que mato a alguien.
Cuando levanté la olla, no pude ni ahogar un grito, sino que chille con todas mis fuerzas.
Era negro. Era peludo. Era horrible. Era...
~Ni~ ~Ootori~ ~Desorden 2~
-¡CUCARACHA!- fóbica como siempre solía serlo, salí corriendo de la zona mientras veía que el puntito negro iba correteando por el lugar.
-¿-senpai?- Kachiro parecía asombrado de mi reacción. ¿Qué se piensa? ¿Que le voy a solucionar el problema y matar la cucaracha, si ni siquiera puedo acercarme a ella, del susto nada más?
Los cinco titulares de tennis de Hyoutei, probablemente habiendo sido conducidos a la cocina por mis gritos histéricos, llegaron pronto. Se unieron a ellos el profesor Sakaki y , poco después.
A pesar de hacerse los muy superados por la situación, ninguno reaccionó sino hasta cinco minutos después. Oshitari y Shishido, por su parte, empalidecieron al ver la temible cucaracha. ahogó un gritito, señalándola.
-Kabaji- ordenó Atobe, chasqueando sus dedos.
-Usu- obedeció el chico de segundo año, divisando a la cucaracha y aplastándola con un pie. Instintivamente me tapé los oídos al escuchar el leve "crack" que hizo al reventar.
-Honestamente, - comenzó Sakaki-sensei, como sin poder creerlo -Pensé que te había pasado algo grave, con esos gritos que largaste. Y con esto me encuentro: todo por una cucaracha.
No sé si sonaba molesto o avergonzado de que una estudiante de su escuela hubiera causado tal sublevación. Me bajé del mostrador al que me había subido e hice una reverencia -Lo siento mucho, señor, s-soy fóbica.
Sakaki se fue, sin dejar de negar con su cabeza en señal de desaprovación.
-Dentro de todo...- Ootori se animó a hablar -¿Estás bien, -senpai?
-Eso, -chan- Yuushi frunció un poco su ceño -Nos preocupamos mucho.
Suspiré, intentando calmarme. Ya me había hiperventilado, más o menos -Me bajó un poco la presión, pero sí.
--senpai, lo sentimos- se disculpó Katsuo -N-no sabíamos que tenías miedo, de veras...
-No hay problema- intenté sonreir.
-Ay, , - medio rió -Justo a tí te tiene que pasar esto.
-Yo no lo puedo creer- Shishido se dio media vuelta y salió. Con él se fue Oshitari.
-Más les vale que cocinen, Ichinen- ordenó Atobe -Falta una hora para la comida y a Ore-sama no le gustaría esperar. -san, ven a ayudarme con algunos asuntos, ¿quieres?
-Sí, ahi voy- lo siguió mientras Keigo hacía su salida, precedido por Kabaji.
Los tres chicos de séptimo de la Seigaku se pusieron a limpiar.
--senpai- llamó Choutarou -Sigues pálida. ¿Hay algo que pueda hacer por tí...?
***
-Un brownie, por favor- le pidió Ootori a las chicas de Seigaku, las cuales recorrían todo el lugar vendiendo dulces.
-Aquí tienes- Tomoka le dio lo aludido -Serán ochenta yenes.
Ootori pagó y me entregó la masa de chocolate -Ten.
-Muchas gracias, Choutarou- di una sonrisa, abrí el envoltorio y comencé a comer como un monstruo.
La comida se había demorado un poco, así que mejor no pasar hambre. Además, me había bajado la presión -aunque sea un poco, sí- y necesitaba comer algo dulce.
-Te está comenzando a volver el color a la cara- notó, señalándome. Luego, Ootori se sonrió -Qué bueno.
-Sí- asentí con la cabeza -No sé qué me habrán visto de valiente esos mocosos, pero espero no haber quedado como una estúpida.
"Bueno, eso era inevitable, ¿no crees?" me dijo mi cabeza. Tuve que concordar.
--senpai, -senpai- sentí una voz. Una mano se posó en mi hombro: era "Diganme Momo" (sí, me reía sola al llamarlo de esta forma) -¿Me das un pedacito por favor? Me muero de hambre~...
Lo dudé unos segundos, pero terminé convidándole de mi brownie -Aquí tienes.
-¿Sabes que pasó con la comida? ¡No pueden tenernos más tiempo así, no pueden! - Momo se exasperó.
-Hubo un pequeño accidente- Choutarou le explicó -Se les cayó la olla de comida y, bueno, tuvieron que hacer todo de nuevo.
-Ahh, ya veo- repuso, apenado, y comenzó a irse -¡Nos vemos en la cena, entonces! Voy a buscar a Echizen, vaya a saber dónde se metió...- con eso, desapareció del campo de vista.
-Dio un mordisco bastante interesante- reconoció Ootori -¿Quieres que te compre otro?
-¡No, no, por favor!- pedir otro brownie ya hubiera sido abuso -Estoy bien con uno. Además, voy a engordar si como dos.
-Como quieras- se encogió de hombros -Ah, ¿me darías el pedacito que queda, por favor? Me muero de hambre.
-Por supuesto. Lo compraste tú, después de todo- se lo di.
-Me hiciste bajar la presión a mi también- reconoció, medio riéndose -Salí corriendo en cuanto te escuché gritar así. Pensé que te había pasado algo grave, -senpai- me miró reprochantemente -No vuelvas a asustarme de esa forma.
-Lo siento, lo siento- incliné un poco mi cabeza en señal de disculpa -Realmente me asquean las cucarachas. No fue sino hasta poco después que me di cuenta que mi grito había sido un tanto exagerado.
Se quedó callado unos segundos, mirándome -¡Ah!- exclamó de repente, señalándo mi cuello -Lo tenías tú, -senpai, qué suerte. Lo estuve buscando todo el día, pensé que lo había perdido.
Hasta que mi sentido común logró intervenir, me lo quedé mirando en un confundido silencio. Pero, claro, estaba hablando de su collar, ¿qué más?
-Ah, sí- me lo quité -Cuando estaba ordenando tu cuarto vi que te lo habías olvidado y me lo puse para después acordarme de dártelo... pero... no me acordé- sonreí levemente -Bien, aquí tienes.
Lo recibió, sonriente -Gracias. Qué considerada.
Intenté evitar ponerme de color rosita, sintiéndome estúpida por sentir ganas de sonrojarme, en primer lugar -De nada.
Comenzó a intentar ponérselo, pero fallando miserablemente.
Me lo quedé mirando, callada.
-Ah, diablos- maldijo por lo bajo -No puedo. Maldito collar...
Mis ojos siguieron fijos en él, y no precisamente por el hecho de que había dicho muchos insultos seguidos.
Junté valor para hacerle una estúpida pregunta -¿Te ayudo?
Su expresión se suavizó rápidamente -Por favor.
-Inclínate un poco- indiqué, aunque teniendo que ponerme en puntas de pie para que mis manos llegaran a su cuello. Hizo lo pedido. De más está decir que prácticamente parecía que lo estaba abrazando cuando me tuve que acercar para ver cómo lograba poner el collarcito.
-¿Ya está?- sentí su voz, peligrosamente cerca de mi oído. Y también sentía su respiración, ahora que lo menciono...
-No, todavía no- intenté apartar todo pensamiento de ese estilo de mi cabeza y concentrarme en la cadena del collar. Lo logré enganchar por fin, y me separé -Listo.
-Gracias- sonrió, pero de repente se quedó callado, analizándome -Tienes algo, quédate quieta...- su mano se posó sobre mi mejilla -Sí, tienes una migaja de brownie- me la quitó -No sé ni cómo llego eso ahí.
-Como al mejor estilo animal, así llegó eso ahí- repliqué, medio en broma.
Un leve sonrojo se esparció sobre sus mejillas mientras sonreía.
--chan- una voz conocida hizo que me terminara de separar de Ootori -¿Vienes a ayudar a la cocina?
-Ya voy, Ann-chan- repliqué, aunque gran parte de mí quería quedarse en el lugar -¿Nos vemos después, sí, Choutarou?
-Hai- asintió. Lo último que vi de él fue que perseguía a Tomoka de nuevo, evidentemente antojado de algún dulce.
Me sonreí y seguí a Ann hasta la cocina.~ Aocchi