Él se dispuso a patear, sus ojos enfocados con decisión en la pelota. Era su momento para hacer el gol. Arrugó las cejas y corrió, dándole una patada…
…al aire. Para después caer de trasero al piso.
–¿Alguien quiere a Sae-chan para su equipo?– salió a preguntar Kurobane Harukaze después de esto: la habilidad para el fútbol de Saeki Koujirou era escasa. Inexistente, digamos. El chico era sin lugar a dudas muy atlético, siempre en forma, bueno en volley, pero… el fútbol no era su fuerte.
Distracción
–Diablos– maldijo el chico por lo bajo –¡Bueno, ya! ¡Va una vez más!
–No te darás por vencido, ¿eh?– Kurobane rió, mirando como el rubio intentaba picar la pelota con el pie hacia arriba varias veces y fallaba.
–Qué terco– comentó Kisarazu Ryou, rompiendo su usual silencio.
–Sae-chan es el mejor en volley pero no tanto en fútbol, eh~– acotó Kentarou Aoi, también riéndose.
–¿Y por qué Koujirou no sabe jugar bien?– inquirió Itsuki curiosamente –¿No practicó de niño?
–Yo sí sé jugar, It-chan– devolvió Saeki, algo ofendido –¡Miren!
Esta vez si le pegó a la pelota, haciéndola volar por los aires y caer en medio de un grupito de chicos que hacían picnic en el parque. Koujiro ahogó un pequeño gritito, arrepentido.
–La bola voló– exclamó Davide, como si hubiera tendio una idea brillante, para luego reírse suavemente para sí –Pfft…
Harukaze le dio un buen golpe en la nuca antes de dirigirse hacia los adolescentes a los cuales les habían pegado –Ven, Sae-chan, vamos a disculparnos.
–Sí, vamos– asintió Saeki, caminando algo avergonzado. Era la primer pelota que tenía rumbo alguno, ¡y justo a ese rumbo debía ir! Vaya suerte la suya.
***
pegó un chillidito cuando vio a una pelota de fútbol aterrizar sobre el mantel que había colocado con Oshitari minutos antes.
Genial. Vaya manera de empezar el picnic para el grupito de Hyoutei, compuesto por los titulares y por , una buena amiga de ellos.
se puso de pie, dispuesta a matar al grupo de mocosos que habían logrado esto. Pero, cuando volteó, se percató de que en vez de ser niños de diez años, eran… dos adolescentes. Un morocho de cabello pinchudo y un peliblanco con pinta de estar bastante abochornado, para ser más específicos.
–¿Fueron ustedes?– Shishido levantó la pelota, sacudiéndola un poco: había caído justo en una ensalada y estaba llena de lechuga y vinagre –Qué par de idiotas…
–Lo sentimos mucho– se disculpó Saeki rápidamente.
–Arruinaron la ensalada que preparó un chef internacional especialmente para Ore-sama, pero no hay problema– Atobe se cruzó de brazos –Tomen su pelota y largo.
–Ah– Oshitari arrugó los ojos –¿Ustedes no son Saeki-han y Kurobane-han, de la Rokkaku?
–Sí– asintió Harukaze –¿Oshitari Yuushi? Davide me contó--
–¿¡Eres amigo del pelinaranja!?– el tensai de Osaka parecía horrorizado –¿E-esta por ahí? ¿No, no? Recuerdo que decía unas bromas insoportables…
–Está allá, si quieres que lo traiga– Koujirou señaló hacia el lugar donde Rokkaku estaba jugando al fútbol en un tonito de broma.
–Te agradecería que no– repuso Yuushi, intentando mantenerse diplomático.
Una espontánea conversación surgió entre los estudiantes de ambas escuelas. , por su parte, miró la pelota con cariño y se la robó a Shishido de las manos con un "Dame eso".
Colocándose en posición, pateó, mandando la pelota justo adentro del arco que Rokkaku había establecido en su picnic a unos veinte metros, compuesto por dos buzos.
Todos se la quedaron mirando.
–¿Qué?– exclamó al ver los ojos posados en ella –¿Nunca vieron a una chica jugar al fútbol?
–Ella podría enseñarte a patear, ves, Sae-chan– medio bromeó Harukaze a su amigo, en voz baja.
–Ah– las miradas de Koujirou y la muchacha se cruzaron –¿Tú fuiste quien la pateó hasta aquí?
–…sí– admitió Saeki, pero hinchando el pecho –¿Viste que fuerza tengo?
–Sí, mucha fuerza, pero nada de dirección– declaró la chica, aunque más hablando sola que hablándole al joven –En fin, ¿puedo ir a jugar al fútbol con ustedes?
–Claro que sí-- Saeki fue interrumpido.
–¡!– Gakuto la incitó para que se quedara –Recién te sientas con nosotros. ¡Ah! ¿Es que prefieres a unos extraños antes que a tus amigos?
–Prefiero jugar al fútbol– devolvió , sin saber por qué le prohibían esto.
–Me parece perfecto– estableció Atobe, chasqueando sus dedos –Kabaji, ve y cuídala.
–Usu.
–¿¡Eh!?– protestó , ofendida –¿Para qué mandas a Munehiro-kun para que me acompañe, Keigo-kun?
–Porque vas a estar con una escuela desconocida y así lo decidió Ore-sama– se justificó el capitán –Ve.
resopló, molesta –Como quieras, Ore-sama– ladró con sarcasmo –¿No hay problema que mi amigo venga también, verdad?
–C-claro que no– Kurobane se rascó la nuca, sin saber qué decir –Está bienvenido.
entonces sonrió y se alejó con los dos chicos de Rokkaku y su… gigantezco amigo… guardaespaldas… o… lo que fuera.
***
–¡Aquí, aquí!– Saeki hizo señas, y recibió la pelota con el pecho. Cuando intentó patearla hacia el arco, la pisó y se fue de bruces al suelo.
(quien ahora estaba sentada tomando un descanso) lanzó una carcajada, acompañada por el resto de los chicos de Rokkaku.
Koujirou, por su parte, no entendía. Él, que era tan bueno en observar el movimiento, leer el oponente y demás, ¿no podía pegarle a una simple pelota? Esto era ridículo.
–Saeki-san– llamó , cesando de reír –¿Seguro que no quieres que te reemplace?
–No, no hay necesidad– negó el muchacho tercamente –Vas a ver que yo puedo. Soy Saeki Koujirou. Yo puedo…– empezó a hablar solo.
–Aah, Sae-chan no está siendo él mismo hoy– Aoi negó con la cabeza, apenado –Parece que el tema del fútbol realmente lo traumó, eh…
–Si quieres– se puso de pie de repente –Yo podría enseñarte como pegarle a la pelota.
Saeki lo meditó. No necesitaba que una mujer se pusiera a mostrarle como se hacía, pero, al mismo tiempo, era una bonita muchacha. Por qué no sacarle un poco de provecho a la situación…
–No– negó Kabaji violentamente.
–¿Eh?– lo miró, preocupada –Munehiro-kun, ¿qué…?
–No– repitió el "guardaespaldas".
se sonrió levemente. Sus amigos siempre velaban tanto por ella… –Tranquilo, no voy a lastimarme. Además, de seguro Keigo-kun estaría de acuerdo.
Kabaji, después de hacer una mueca disconforme, desistió, pero se la quedó mirando de cerca.
–Primero que nada, Saeki-san– se le acercó y tomó la pelota –No se pisa el balón.
–Ah, yo todavía no te di permiso para que me corrijas– repuso Koujirou, sonriendo y guiñándole un ojo a la muchacha –No te creas que por ser bonita te lo permitiré…
sabía que él no podría sin sus consejos, así que lo dejó ser –Está bien, Saeki-san, no te corregiré. Adelante, sigue jugando por tu cuenta.
Así, Saeki Koujirou terminó metiendo un gol en contra. Era oficial: él servía para cualquier cosa, pero no para esto.
–Admito mi derrota– suspiró el peliblanco, echándole una miradita a la muchacha que hasta hace rato observaba divertida como él intentaba darle a la pelota –Ahora sí me vendría como anillo al dedo que cierta bonita me enseñara cómo hacer.
–Los halagos no son necesarios, Saeki-san– repuso con una sonrisa. "Y además de todo, lo están poniendo nervioso a Munehiro-kun", pensó ella para sus adentros –Primero que nada– tomó la pelota, balanceándola en un pie –Quiero que me quites el balón.
–¿Sólo eso?– Saeki, pese a todo, seguía teniéndose bastante confianza –Ah, qué fácil.
se limitó a sonreír. ¿Fácil? Ahora él comprobaría si era tan fácil como pensaba.
–Sólo intenta.
Koujirou se abalanzó sobre ella corriendo, mirando la pelota fijo. Si notaba un cambio en el movimiento… sí, seguro que él, el analista de Rokkaku, podría fácilmente darse cuenta…
La muchacha lo ganó en velocidad, y salió disparada, el joven tras ella.
–Es…– A Amane se le iluminó el rostro –La saeta Saeki. ¡PFFT!
De más está acotar que por esto obtuvo una patada de Kurobane en la cabeza.
–¡Ese fue un mal chiste, Davide!– gritó Koujirou, jadeando pero sonriendo, aunque no quiso quitarle la vista al balón por mucho tiempo. estaba inmóvil en frente suyo. Perfecto. Momento para atacar.
Ella amagó hacia un lado, él ingenuamente la siguió. Vaya sorpresa se dio cuando vio que arrancaba hacia el otro lado.
Saeki la tomó por la cintura, admitidamente aprovechándose un poco de la situación.
–¡Suéltame!– a pesar de que él la tenía bien agarrada, aún luchaba con sus pies por la pelota –¡Árbitro! ¡Es falta!
Kisarazu Ryou dio un chiflido.
–Fin del juego– anunció –Si no puedes quitarme la pelota sin hacer trampa, perdiste.
Saeki frunció el ceño –No es justo– entonces sonrió –Vamos, una vez más.
dio un suspiro, cediendo –Bueno, una vez más.
Antes de que Ryou pudiera silbar de nuevo, la "saeta" Saeki se había disparado a toda velocidad hacia , la cual lo evadió con facilidad.
Koujirou entonces se olvidó por completo de que estaban jugando fútbol y no rugby y se lanzó sobre la chica, en actitud de touch-down. , siendo aplastada por él, se quedó inmóvil, mirándolo.
La pelota rodó, quedando a un lado de ellos –Por lo menos te quité el balón– repuso Saeki, sonriendo bobamente, sin salirse de encima de la chica.
Kabaji se encargó de sacarlo, de hecho. Y lucía bastante enojado.
–Ah, no te enojes, amigo– Saeki le palmeó el hombro al gigante, siendo lo despreocupado que era siempre –Me caí, es todo.
–¿Te caíste?– alzó una escéptica ceja –Te olvidaste de que no estábamos jugando fútbol americano, digo yo.
–Pero te quité la pelota– Saeki sacó la lengua juguetonamente –Yo gano.
–¿Ah, sí?– no comprendía al chico, pero no dudaba que esto le estaba empezando a gustar –Como quieras. Si es que no te da vergüenza ganar por trampa…
–Apuesto a que tú no puedas sacarme la pelota a mí– desafió Koujirou, tomando el balón y comenzando a patearlo –¡Vamos, inténtalo!
no dudó en hacerlo, implementando una técnica similar a la del muchacho: abrazándolo por detrás para impedirle movimiento.
–¡Ah, eso no vale, -chan!– rió el peliblanco, sin poder soltarse de ella –¡Juegas sucio!
–¡Mira quien habla, Sae-chan!
Koujirou frenó, alzando sus cejas, impresionado –¿Oh? ¿Con que ahora soy Sae-chan?
–Si yo soy "-chan", tengo el mismo derecho, ¿no crees?– devolvió astutamente, soltándolo y quitándole la pelota, para alejarse corriendo –¡Ahí tienes! ¡Por distraído!
Saeki lanzó una carcajada y se apresuró tras ella.
Kabaji se quedó en silencio, intentando analizar la situación con su simple cerebro.
Los chicos de Rokkaku intercambiaron miradas cómplices entre sí.
***
–¿¡Qué!? ¿Están todos locos?
–No– negó Amane Hikaru –Pero a la chica le gustará que seas elocoente. ¡PFFT!
Patada de Bane. Acto seguido, el pelinaranja calló.
–Cada día más barato tu dajare– se lamentó Harukaze, sin saber si estar apenado por Davide o dejarlo ser.
–¡Pero, si eres bueno con las chicas, Sae-chan!– saltó Aoi, el joven capitán –¿Qué sucede?
–Sí, soy bueno con las chicas, ¿y?– a Koujirou no le parecía ninguna excusa –¿Cómo van a tomar mi celular y mandarle un mensaje a -chan?
–Lo dicho, hecho está- repuso Ryou, encogiéndose en sí mismo –Te encontrarás con ella en el parque hoy.
–…
–Vamos, Sae-chan– animó Itsuki, intentando hacerlo sentirse mejor. Pero Saeki no se sentía mal, ni nervioso… es que…
…no sabía como se sentía.
–Iré, diablos– Koujirou quería que entendiesen que él no iba a dejarla plantada a . Era otro el problema –Pero ni siquiera sabían si me gustaba, chicos…
–Sae-chan– Harukaze lo miró con seriedad.
–¿Bane-san?– Saeki se encogió de hombros, algo perdido.
–Saeki. Vimos como la mirabas.
–Ya– sí, Koujirou había sido descubierto –Me doy.
Los de Rokkaku volvieron a intercambiar miradas cómplices. Esto iba a la perfección.
***
Después de recibir aquel mensaje, sentía que estaba más perdida que un avión en el triángulo de las Bermudas. No sabía ni dónde estaba parada: lo que sí sabía era que le había llegado esa invitación de ese chico que tanto le gustaba. Y no estamos siendo irónicos: sí le gustaba.
Caminando hacia el parque, las cuadras restantes se iban achicando, pero los terremotos en su estómago y cabeza aumentaban.
***
Saeki Koujirou nunca había presentado problemas con las muchachas, pero si había algo que no le gustaba, ese algo era que otras personas arreglaran cosas por él. Eso y que sus compañeros en la Rokkaku lo conocieran tanto.
Después de comprar un ramo de flores (rosas, claro - lo clásico nunca falla), se dirigió camino a aquel parque.
***
Otra de las cosas que no sabía era si había sido algo desubicada en traer la pelota de fútbol bajo su brazo. Es que, la otra vez se habían reído tanto, por qué no volver a repetirlo, y sin Kabajis que te miraran de cerca…
Oh, por Dios, estaba a tres cuadras del parque.
***
El horario que sus preciados amigos habían arreglado había sido tan ajustado que ni tiempo de cambiarse había tenido Saeki, así que estaba ahí, vestido con el uniforme escolar, ajustándose la corbata nerviosamente.
Estaba decidido: no tenía idea como, pero iba a besarla. Definitivamente iba a besarla.
***
Saeki Koujirou tenía su encanto. Era bueno, simpático, y…
…y estaba allí, parado.
***
Al acercársele, Koujirou hizo una reverencia y le entregó las flores –Para tí.
dejó caer la pelota –G-gracias…– olió su suave perfume.
–De nada– Saeki dio su mejor sonrisa –-chan.
–Ahora sí– la muchacha intentó ganar confianza y dejar la tensión de lado –Quiero ver cuánto has mejorado. Quítame la pelota.
Koujirou volvió a sonreírse, esta vez dulcemente –Si no te molesta que primero te quite un beso…
Como vio que nada lo detenía, eso hizo.
Saeki, entonces, pateó la pelota y corrió tras ella –¡Por distraída!– le gritó desde lejos.
Antes de ir hacia él, no pudo evitar dar una sonrisita –Tramposo…
~Aori
Pedido para Aiosami-san ^w^~