Once upon a december
La nieve no había parado de caer lentamente desde el lunes a la mañana, cuando ella tenía que acercarse al colegio como podía para rendir los últimos exámenes antes de las vacaciones de navidad. Sin embargo, no llegó a hacerlo porque todos los colegios de la zona habían cerrado y ella no se había enterado. Y para colmo de males, Ryoma Echizen, su novio, estaba demasiado ocupado con los entrenamientos para los nacionales como para prestarle atención a ella.
Estaba de muy mal humor ese sábado, habían cancelado la última semana de clases por la nieve, lo que significaba que los exámenes los debería dar luego de navidad. Y todavía no había visto a Ryoma, así que eso aumentaba el sentimiento de injusticia con el mundo que la embargaba.
Hasta que sonó el teléfono, y una voz masculina que conocía le aseguró “voy para allá”. Ella se preocupó, era obvio que él no tenía auto y sabía que vendría en bicicleta. “Voy a ir para allá y vamos a hacer este día memorable”, insistió él. Y lo único que pudo hacer ella fue ordenarle que se cuidara, ya que sabía que cuando a él se le metía una idea en la cabeza no paraba hasta concretarla. Cuando cortó, se encerró en su cuarto agradeciendo que su madre había salido, y se arregló y se puso un poco de maquillaje.
El timbre sonó dos veces, como siempre hacía él, no mucho después de cortar, y ella se apresuró hacia la puerta para abrirla sin siquiera preguntar quién era. Sólo podía ser él.
-¡Ryoma!- exclamó ella en lo que esperaba fuera un tono de voz dulce y travieso, mientras pasaba sus brazos por el cuello de él y lo besaba.
-¡Hey, -chan!- exclamó él a su vez de la sorpresa, pero le sonrió dulcemente a la chica. Tenía nieve en su cabello y en sus hombros, y tenía las mejillas coloradas y heladas por el frío y el esfuerzo; olía al exterior, a nieve y a sándalo. Ella sonrió aún más, y puso sus manos cálidas en cada mejilla de él, inclinándolo para besarlo otra vez.
-Saa…- comenzó ella cuando se separaron.- Cómo vamos a hacer este día memorable,
¿eh?- Ella se sorprendió de cuán satisfactoriamente coqueto y juguetón había salido eso.
Él, por su parte, sonrió maliciosamente y le ordenó cerrar los ojos, cosa que ella hizo sin rechistar, contiendo una risita. Ryoma tomó aire, la levantó del suelo cargándola bridal-style, y la llevó afuera baja la cascada de copos de nieve.
-¡¡Ryoma!!- chilló ella divertida, fingiendo molestarse mientras disfrutaba que la llevase a través del jardín congelado. Apretó su rostro contra el pecho de él, sintiendo la camiseta negra de manga larga y el abrigo de cuero marrón oscuro manteniéndolo cálido.- ¡Ryoma!- continuó repitiendo, divertida.
Y él accidentalmente/a propósito se dejó caer sentado sobre la nieve. Riendo, ella se giró para quedar sentada a su lado. – Saa, ahora estoy afuera sin mi saco, señor Echizen.- bromeó ella.- ¿Qué hay después?-
Él se quedó callado por un rato, dibujando cosas en la nieve con su dedo desnudo. Se veía tan adorable con los copos en su cabello… sólo pensando y dibujando. De pronto, una sonrisa infantilmente diabólica se formó en sus labios, y agarró nieve con su mano y se lo tiró a ella al costado de su cabeza.
Ella se sorprendió tanto que estuvo unos segundos sólo sentada allí con la boca abierta de la sorpresa mientras él se levantaba y corría algunos pasos lejos de ella.
-¡RYOMA ECHIZEN!- chilló, al tiempo que agarraba un puñado de nieve del suelo y se lo arrojó con puntería mortífera a la cabeza de él.
Ryoma se rió, y su guerra comenzó. Se persiguieron el uno al otro, y arrojaron, aplastaron y esquivaron bola de nieve tras bola de nieve. Él se cayó agotado unos metros alejado del arce japonés, y se estiró para agarrarla del tobillo mientras ella corría cerca. se tropezó, y cayó entonces sobre él; los dos reían tanto que apenas podían respirar. Ella lo miró a los ojos, y cuando sus miradas se encontraron, sus risas se detuvieron al instante.
Él se quedó quieto y ella se acurrucó más sobre el cuerpo de él. Entrelazaron sus dedos mientras se besaban suavemente; podía jurar que la nieve se derretía alrededor de ambos.
“Te amo, Ryoma” pensó para ella misma, besándolo nuevamente.
~ Izzy