Abrió los ojos, enfadada consigo misma tras horas de intentar dormir con una firme decisión: se perdería. Sí, sencillamente, en vez de doblar a la derecha lo haría a la izquierda y se perdería. Y si sospechaba alguno, inventaría alguna excusa creíble y los haría correr 10 vueltas a las canchas. Sí, todo parecía menos negro después de eso, y finalmente pudo conciliar un sueño tranquilo.

“I DO BELIEVE IN ALIENS. I DO, I DO”

Take what you take

A la mañana siguiente, seguía decidida a perderse. Bajó a desayunar decidida, desayunó decidida, se bañó decidida (en su cuarto, obvio, no en el comedor) y se vistió decidida. Y cuando volvió a bajar, seguía decidida.

-Gané.- fue el saludo con el que la recibió Osamu, con una sonrisa triunfal que ella no podía entender la razón.

-¿Qué…?- comenzó, pero Shiraishi, con el entrecejo fruncido, le explicó.

-La apuesta de Kintaroh. Se perdió acá en Tokyo, con Kenya y Chitose.- masculló enfadado. sonrió, antes de notar a un muchacho alto, con la cabeza rapada al cero, hablando con Zaizen.

-Hola, Gin. ¿Es cierto eso?- preguntó la rubia interesada.

-Sí. Fui a sellar los boletos, y cuando volví, no estaban ninguno de los cuatro.- se excusó el chico, sonriéndole a modo de saludo.

-Era lógico que se iban a perder, es Kintaroh. Eventualmente van a llegar, de todos modos. Ustedes vayan yendo y yo me quedo a esperarlos así no…- sonrió, encantada de encontrar una excusa real, pero Yuuji lo interrumpió.

-¿Cuatro?- exclamó.

-¿Quiénes cuatro?- continuó Koharu, y ambos lo miraron con expresiones demasiado parecidas a las de una parodia de Sherlock Holmes que casi lograron que el más alto se riera a carcajadas. Casi.

-Kenya, Chitose, Kintaroh y Nika.- enumeró Gin Ishida.

-¿Nika?- chilló sorprendida. Nika Oshitari, la hermana menor de Kenya, se había ido el mes anterior a un intercambio en Francia, y no se suponía que regresara hasta, al menos, la final del Torneo Nacional. Nika era su mejor amiga, alguien en quien siempre podía confiar y con quien siempre podía contar, por lo que, si no fuera porque su cerebro actuaba a mayor velocidad que sus impulsos, hubiera empezado a saltar y chillar de alegría.

-Sí. Llegó ayer e insistió en venir con nosotros.

-Bien, otra loca más…- masculló Shiraishi. Nadie le prestó demasiada atención, de todos modos, y él los miró a uno por uno con el entrecejo fruncido; eso de ignorarlo se estaba volviendo costumbre, una costumbre realmente odiosa.- , quedate acá a esperarlos, y después llevalos hasta el estadio.-

-¡Hey! No podés darme órdenes… Aunque por esta vez, estás perdonado. Igual quería quedarme, porque… ¡No! ¡No puedo quedarme! Iba a perderm… Digo…- chilló todo eso sin aparente solución de continuidad, ganándose la mirada escéptica de todos los presentes.- Sí, me quedo, los espero y los llevo. Ahora, váyanse. Ya, es una orden. Adiós, adiós, adiós.-

los empujó fuera del hotel aprovechándole asombro por su extraña exclamación, y sólo cuando los vio desaparecer al doblar en la esquina pudo suspirar aliviada. Bien, sólo le quedaba esperar y encontrar una forma de evitar ir a las canchas del torneo; confiaba en ella, iba a lograrlo. Sí, y todo terminaría bien…Ni ella misma pudo convencerse de eso.  Gracias al Olimpo, el sonido de su celular (Koharu y Hitouji cantando “Estoy saliendo con un chabón”) la quitó de esos pensamientos pesimistas.

-¡¡¡!!!- chilló una voz femenina del otro lado de la línea. tuvo la gran idea de alejar el teléfono de su oído ni bien comprendió quién era, y esperó pacientemente mientras la otra chica seguía chillando por sobre otras voces que decían cosas del tipo “¿quién es, quién es?”, “¡dejá de chillar!” o “creo que es por allá…”., y tuvo que contener su risa.

-Nika-chan, tu hermano está por enloquecer, dejen de gritar.- rió la rubia.

-Está bien. – Y al instante, tras escuchar un ruido que sonaba demasiado parecido a un golpe en la cabeza de alguien, las voces del otro lado de la línea se silenciaron.- Listo, ahora Nya-chan no tiene excusas.-

-¿Dónde están?- inquirió , pero el sonido demasiado parecido a la interferencia (a.k.a. un caramelo siendo desenvuelto) la llevó a deducir la verdad: Nika Oshitari estaba tan preocupada por estar perdida como Kintaroh… Quizás menos.- Pasame a tu hermano, Nika-chan.-

-Ooook… ¡NYA-CHAN! Para vos.- escuchó la pelirroja, y segundos después, una voz masculina respondía del otro lado.

-¿? Estamos cerca de la comiquería a la que quería ir mi hermana… No puedo ver la dirección, gracias al adefesio rubio.- sentenció el chico

-¡“Adefesio rubio las pelotas!”- chilló de otro lado Nika.

-Ya me ubiqué. Quédense por ahí, voy a buscarlos, ok?- suspiró agarrando su abrigo y poniéndoselo.

-Listo. Te esperamos en el bar que está al lado de la comiquería.- Y cortó.

*-*-*-*-*

Una hora más tarde, la muchacha rubia, habiendo pasado por el “abrazoso” (por parte de Nika, se entiende) momento de reencuentro con su amiga, se encontraba parada en el medio del baño del bar intentando explicarle a Nika las razones por las que no pensaba ir al estadio del torneo hasta por lo menos cinco horas más cuando sólo quedaran los chicos de Shitenhouji buscando desesperadamente a Kintaroh.

-¿Es sólo porque no querés ver a Kite?- preguntó Nika, aunque sonó más como si estuviera asegurando un hecho. asintió.- Ok, como prefieras.-

-¿Vas a aceptar así nomás?- se asombró la rubia.

-Sí. Necesito alejarme un poco de Nya-chan, desde que volví no se separa de mí; ¡es una lapa!- se quejó la muchacha de sedoso cabello colorado, aunque estaba segura de que había extrañado a Kenya tanto como él a ella.-Y, además, necesito renovar mi guardarropas.-

Así que era eso…

-De compras por París…- suspiró sonriendo mientras salía del baño con la pelirroja detrás.

-¡Exacto!- rió Nika acercándose a la mesa de su hermano contoneándose.- Nos vamos.- anunció.- De compras. Nos vemos a la tarde en el completo. Nya-chan, don’t worry, estoy con ; llevate mis valijas con vos. Bye!-

Nika agarró a de la mano y se la llevó a la rastra sin darle posibilidad de despedirse en absoluto. En pocos segundos, que a la rubia le parecieron milagrosos porque estaban en la otra punta de Shibuya, llegaron a Takeshita[]1 y se internaron en la primera tienda que vieron.

En palabras de , cuando uno estaba de compras con Nika Anhai Oshitari el tiempo volaba entre sedas chinas y brocados como si fuera un cuento de hadas. Claro que, si le preguntaran a su hermano, diría que, además de ser una tortura, ir de compras con “la enana” era lo mismo que ver a un chimpancé de compras, gastando fortunas a diestra y siniestra sin saber en qué.

-¿Sabés?- comenzó la pelirroja (mucho) tiempo después.- Me encantaría que hubiera un negocio donde se le pudiera pagar a un tipo para que te lleve las bolsas todo el tiempo.- suspiró molesta, mirando de reojo a su amiga esperando alguna reacción. Como no la consiguió, continuó.- Este es el momento en el que como mucho gusto me sentaría en uno de los sillones del hotel a que me traigan Casablancas[2].- Pero nada.

Nika infló sus mejillas enfadada por decimonovena vez en los últimos cuatro minutos, pero la rubia o bien no la registró o bien decidió ignorarla. Llevaba cerca de tres horas recorriendo las calles fashionistas de Harajuku y la pelirroja cargaba con infinidad de bolsas (NA: Parecía la mina de la propaganda de no sé cuál banco) que cada vez se le hacían más pesadas. Y viendo que las indirectas no servían para absolutamente nada, decidió tomar una decisión drástica.

-Basta, .- chilló de pronto.- Si no volvemos YA al hotel, más te vale que dejes el windowshoppeo de abuela obsesiva y compres algo caro.-

-¿No te bastan tus compras?- le espetó la rubia sin detenerse.- Además, yo voy a usar la mitad de lo que compraste, y sabés que no veo el sentido de gastar doscientos mil dólares en un par de botas de Channel… Si fueran Baby The Stars Shine Bright, lo pensaría.-

-, te lo expliqué mil veces. Nosotras las afortunadas económicamente tenemos el deber… no, la obligación de vestir bien para que los menos afortunados tengan algo a lo que aspirar. Somos como las estrellas para la tarada de Wendy y sus hermanos (NA: Peter Pan).- explicó Nika sonriendo.

-Tenés una pecera vacía en lugar de cabeza.- sentenció , y su amiga sonrió maliciosa.

-Ya deben haber terminado los partidos.- comentó calculadamente.

-¿Y a mí qué?- soltó la rubia a la defensiva.-¿… Es necesario volver?-

-Sí, deberíamos. Después yo me lo tengo que aguantar a Nyanya en sus ataques de hermano celoso… El único problema es que… no sabemos dónde está el complejo del torneo.

-Sí que sabemos.

-¿Ah, sí?

-Sí, sí. Para allá.

se detuvo y señaló, convencidísima, hacia delante, hacia una callecita de cafés que se abría a la izquierda.

-Ehm… Yo creo que… más bien es para el otro lado.

Y Nika indicó con un gesto de la cabeza hacia una calle llena de sub locales de las grandes marcas.

-No, no. Es para allá.- insistió .

-, vos tenés menos orientación de ciudad que una brújula en el medio de una mina de plomo.

La aludida abrió la boca para replicar algo sagazmente inteligente, pero no pudo formular ninguna réplica lo adecuadamente maliciosa.

-Ok. Ok. Pero si terminamos en la casa de campo de Shira en Sapporo, es TU culpa.

Cerca de una hora después, las dos chicas seguían perdidas. La única diferencia era que ya no estaban en Takeshita, sino en una favela materializada de la nada sólo para que ellas se perdieran (a.k.a. un lugar que no reconocían ni por fotos de los lugares más peligrosos de Tokyo). Hartas de caminar, ni bien se toparon con un parque, casi vacío, se apresuraron a sentarse en uno de los bancos de piedra, parloteando sobre el torneo una y sobre el Manchester United la otra (Se entiende cuál cada una, ¿no?) sin cansarse.

-Nika-chan…- comenzó dudando.- ¿Y si llamamos a…?-

-No. ¡A Kenya no! Antes, ¡me pierdo en la Atlántida!- chilló la pelirroja.- Prefiero estar perdida. A Kenya no.-

-¿Kenya? ¿Cómo es Kenya Oshitari, da-ne?- interrumpió una voz masculina detrás. Las dos se voltearon bruscamente (freakeando con un stalker violador), para encontrarse con un muchacho de cabello negro rizado de apariencia analítica (NA: ¿quién será, quién será?) secundado por otros tres chicos. reconoció al instante el uniforme de Saint Rudolph, pero al ver la expresión de odio en el rostro de su amiga, la tranquilidad de encontrar tenistas medianamente cuerdos se esfumó.

-Mizuki Hajime.

Nika pronunció el nombre con ira fría, y el chico de cabello negro (que no era el que había hablado, eh) sonrió.

-Nika, tanto tiempo sin verte.- sonrió el aludido. miró a uno y a otro sin comprender nada en absoluto, y por las expresiones de los otros tres chicos, ellos tampoco.

-Mejor hubiera sido otro tanto más.- soltó Nika.

-¿Por qué tan… distante? ¿No me extrañaste?

-¡En absoluto! Si pudiera tirarte al Mar Negro, sería inmensamente feliz.

Mizuki sonrió divertido, pero no estaba dispuesto ni a dejarse manipular por los desplantes de ella ni a desanimarse por la chica, por lo que persistió e intentó otro acercamiento. Quizás si lograba picarla, iba a conseguir una reacción más positiva.

-Que extraño que la pcesa camine fuera de su castillo sin sus guardaespaldas. ¿No se contamina con la vulgaridad de los de abajo?- quiso saber, deslizando su mirada lentamente por el cuerpo de la chica, sonriendo con sadismo.

-La “pcesa” puede patearte hasta la inconciencia. Vamos, .

Nika se levantó y agarró como puso sus bolsas lo más rápido que pudo, dispuesta a marcharse lo antes posible. Entre la nula ubicación y posible perdimiento total, y la reencarnación del padre de Leatherface, prefería la Nada, como la de Fantasía.

dudó, sin poder reaccionar por la sorpresa, pero el morocho le ahorro el disgusto. Mizuki se acercó más a la pelirroja, decidido a agarrarla del brazo para que no se marchara si fuera necesario.

-Saa, como cambian las cosas. La orgullosa pcesa prefiere romperse una uña a pedir ayuda. Nfu.- comentó él, ubicándose junto a esta vez.

-Si eso te sorprende, entonces no me conocías lo suficiente.- exclamó Nika con odio.

-Te conozco y lo sabés. En detalle e íntimamente.

La pelirroja se sonrojó violentamente ante ese comentario.

Los tres varones que acompañaban a Mizuki guardaron el mismo silencio que antes, pero se acercaron más a los beligerantes, no fuera a ser que a su manager se le diera por devolver un golpe de la furibunda chica.

-Está bien, basta.- soltó de pronto el más alto, al ver a Nika crispar sus puños amenazadoramente. Bronceado, cabello castaño amarrado en una colita, sólo podía ser el capitán de SeiRu, Akazawa Yoshirou.-Mizuki, deja de atosigarla. Nika-san, dejame ayudarte con eso, ¿sí?-

-¡No!- chilló la aludida.- ¡No necesito ayuda! Déjenme en paz!-

-Yanagisawa Shinya, da-ne.- se presentó el chico que había hablado primero sentándose junto a . La rubia, que no se había dado cuenta de cuándo se había acercado tanto, le sonrió divertida.

- .- respondió.

-¡La manager de Shitenhouji, da-ne!- exclamó Shinya.

Detrás de ellos, completamente ‘no-enterados’ de lo demás, Nika, Mizuki y Akazawa discutían a los gritos.

-Dicen que sos excelente, que llevaste a tu equipo a otra semifinal vos sola, da-ne.- continuó Shinya.

-Gracias.- sonrió ligeramente sonrojada.

-¡Eh, eh, Yuuta! Ella es , da-ne.- llamó el castaño al chico que se había mantenido apartado de todo. Yunta suspiró, le dedicó un inclinamiento de cabeza a como reconocimiento y se acercó a ellos, agarrando las bolsas que Nika había dejado olvidadas en el suelo.

-¿Iban para el complejo del torneo, verdad?- le preguntó a la rubia, y cuando ella asintió, comenzó a caminar tranquilamente.

-¿Ey, Ni?- se rió la rubia.- Se llevó tus bolsas.- comentó.

-¿Eh?

Al ver a Yunta relativamente lejos con SUS cosas, volvió a chillar. Pero esta vez no lo que y Shinya esperaban.- Al menos, ¡Yuuta-kun sí es un caballero!- y luego corrió detrás del chico.

-Saa… Me dejó…- suspiró .- Ohayo, , manager de Shitenhouji.- sonrió.

-Ellos son Akazawa y Mizuki, da-ne.- presentó Shinya, pero el segundo nombrado, en lugar de saludarla, se dio vuelta y se alejó caminando rápido, mascullando cosas ininteligibles.

-Encantado.- sonrió Akazawa.

~ Izzy

1– Calle peatonal más popular de Harajuku.

2– Es un trago que quedó de la película, y es EXQUISITO.