Shiraishi, que estaba a su lado, pudo sentir como la rubia se tensaba al oír el comentario al detenerse, y como apretaba los labios y los puños con fuerza. Segundos después, el chico que había hablado, de brillante melena rubia, seguido por un grupo de chicos, aparecieron en su campo de visión.
“I DO BELIEVE IN ALIENS. I DO, I DO”
Littlest things
-¡De verdad!- insistió el muchacho rubio, sin que ninguno diera especial importancia a y Shiraishi. Ella agarró instintivamente el brazo de su amigo antes de darse cuenta de lo que hacía, y luego, se dio vuelta e intentó salir corriendo de allí.
Intentó, porque, al olvidarse de que tenía a Shiraishi agarrado de la mano y como a él no se le había ocurrido la posibilidad de que ella escapara así de esa situación, trastabilló ante la resistencia que opuso el cuerpo del muchacho a ser arrastrado, y terminó sentada sobre su tobillo en una pose no muy decorosa. En ese momento, el chico rubio que predicaba a los gritos la inminente llegada de los aliens (que había sido abandonado por sus compañeros para que no los relacionaran con él) se fijó en ella y una chispa de reconocimiento brilló en sus ojos.
-¿?- dudó, acercándose a la joven rubia que apretó con más fuerza aún la mano de Shiraishi en un acto inconciente. Tras evaluar mentalmente todas las vías de escape y declarar oficialmente la nulidad de las mismas, suspiró resignada y se incorporó.
-Rin-kun, hola.- sonrió. Por dentro, estaba chillando pataleando y armando un berrinche que hasta el príncipe más consentido envidiaría. Y por fuera, estaba feliz de volver a verlo.
-Ne, -chan, que fría.- se quejó el rubio sonriendo ampliamente.-Si los aliens están por armar una explosión impre…-
-Disculpe las molestias, señorita.- Un muchacho de cabello oscuro y anteojos apareció detrás de Rin Hirakoba, agarrándolo a éste del cuello de la camisa. Shiraishi, que ya se sentía en medio de una especie de telenovela, miró a la muchacha de desordenada colita tensarse màs que antes y evitar la mirada del joven de anteojos; al darse cuenta que la chica no pensaba hablar, Shiraishi se le adelantó.
-No molesta.- sentenció con altivez. El muchacho de anteojos los miró a los dos alternativamente, causando en un sobresalto.
--san. Ohayo.- dijo el chico, pero ella no respondió. Rin se quedó mirando a los dos algo sorprendido y con expresión analítica antes de gritar.
-¡Ya sé! ¡Ahora entiendo, son dos aliens!- y los señaló a ambos. lo miró con una gotita en la cabeza, y luego estalló en carcajadas.
-Rin, por Merlín. Seguís igual. A veces creo que no fue una buena idea dejarte ver ET…- rió la rubia, evitando el lugar que ocupaba la anatomía del chico de anteojos en su campo visual.
-Bueno, tenemos que irnos. Necesitamos encontrar un hotel, adiós.- se despidió Shiraishi, arrastrando a consigo. Se maravilló de lo altruista que había sido su acto, y, felicitándose por ello, se dispensó de hacer buenas obras en un futuro cercano, como… dejarle el asiento a la vieja acomplejada que corría el colectivo con tacones altos y cuando subía se hacía la inválida. Sí, eso era justo.
-¡Hey. -chan!- llamó Rin, y la aludida lo miró inquisitiva.- ¿Vamos a volver a vernos?- preguntó, con un brillo extraño en sus ojos que hizo sonreír a .
Ella lo pensó un momento, sabiendo de antemano que ver a Rin implicaba ver a Kite, y a los demás del equipo, y finalmente sonrió.- Claro, Rin-kun. Nos vemos.- se despidió, y corrió para alcanzar a Shiraishi.
suspiró, pensando en lo surreal del momento recién vivido. Kite Eishirou seguía tan frío como siempre, como si hubiera algo entre los dos que ella no conociera. Cada vez que el chico la había mirado, había sentido que le ocultaba algo… Y sí, no valía la pena negarlo ni aunque fueran imaginaciones suyas, también había sentido que seguía queriéndola. Volvió a suspirar, cuando otro suceso llamó su atención.
A media cuadra delante suyo estaban los demás chicos del equipo de tenis, pero eso no era lo importante. Una muchedumbre los rodeaba parcialmente, y desparramados por la vereda había unos cajones de frutas y las mismas frutas. resistió la tentación de golpearse la cabeza, eso de ser “manager” se parecía demasiado a ser la niñera del hijo de sus vecinos (cabe aclarar que el vecinito tenía unos tiernos 4 añitos y era un terremoto) y encima no le pagaban.
-¿Qué hicieron esta vez?- exclamó Shiraishi con voz amenazante, mientras se acercaba a ellos. Zaizen estaba apartado, mirando el desastre entre la muchedumbre, y Osamu, que había encontrado un macetero bajo la sombra en el que sentarse, observaba la escena divertido.
-… ¿Osamu-kantoku, qué es lo que pasó?- quiso saber , ignorando a los demás y sentándose en el borde opuesto del macetero.
-Estábamos buscando un hotel. En algún momento, esos dos se las ingeniaron para tirar el mostrador del vendedor de frambuesas [1] y demás. Se las van a arreglar solos, no te preocupes, -chan, son más autosuficientes de lo que creés.- explicó Osamu, tendiéndole una lata de gaseosa.
-Si lo fueran, no armarían escándalo en cada lugar que pisan…- suspiró ella aceptando la gaseosa.
*-*-*
nunca pudo reconstruir cómo se las habían manejado para encontrar cuatro habitaciones en un hotel decente, pequeño y encantador, con desayuno americano incluído, aunque suponía que el hecho de que la recepcionista fuera una chica algo tímida y que Osamu y Shiraishi usaran todos sus encantos en la pobre chica tenía mucho que ver (y es que, ¿quién puede negarse a esos dos juntos?). Ella se había agarrado la mejor, y, siendo la manager que era, los organizó sin casi ningún esfuerzo, ubicándolos al azar para ocupar al menos una cama en cada habitación. Y luego de eso pudo suspirar tranquila, y dirigirse al comedor con los demás.
Shiraishi, como no pudo evitar notar, la miraba cada tanto con un brillo inquisitivo en sus ojos, y , suponiendo cuál sería el tema que quería plantear, empezó a evadirlo. Para las nueve de la noche, sentados en la salita que se encontraba en frente a los cuartos, se sentía agotada, desanimada y algo apenada. Shiraishi estaba contando algo sobre alguno de sus millares de affaires, pero ella no le prestaba mucha atención, inmersa en sus pensamientos.
-¡Ya sé que puede animar a -chan!- exclamó de pronto Yuushi, incorporándose de un salto al mismo tiempo que Koharu. Shiraishi los miró renuente por haberlo interrumpido, pero con curiosidad, y Osamu y los miraron sorprendidos.
-Chicos, no necesito que me animen…- reprochó la rubia, pero antes de que pudiera continuar, Koharu, con una peluca corta rubia y una estola de plumas sacados de no-sé-dónde[2], agarró su cepillo a guisa de micrófono, y esperó una pausa dramática.
-“Estoy saliendo con un chavón.”- empezó a entonar.- “Ya más de un año van casi doos.” [3]-
Cuando y Shiraishi (porque Osamu se había ido a hacer noni aunque en realidad fue de incógnito a ver a la chica que conoció en el primer capítulo) comprendieron qué era lo que estaba cantando, estallaron en sonoras carcajadas mientras Koharu continuaba con su interpretación contoneándose y coqueteando con Yuushi, que pronto se sumó al juego interpretando su papel.
-¡Ya, párenle! ¡Me duelen las costillas!- rió , agarrándose los costados y hamacándose sobre el sillón. Shiraishi, por su parte, estaba revolcándose en el suelo de la risa.
-“Decile si él no quiere bailar conmigo, decile que no sufra por nuestro amor…”- cantaron Yuushi y Koharu al unísono
A cada verso que cantaban, desafinaban cada vez más y chillaban más fuerte, y hubieran seguido cantando con un repertorio similar sino hubiera sido por una señora del piso de arriba que bajó con un batón y las chinelas en las manos para obligarlos a callar, lo que provocó un nuevo ataque de risa en los cuatro. Shiraishi se acercó a la señora para intentar calmarla mientras los demás aprovechaban para escabullirse.
-Gracias, chicos.- sonrió , mirando a Yuushi y a Koharu antes de cerrar la puerta de su habitación.
Cuando se encontró sola, se cambió al pijama, programó el despertador del celular y, después, se tiró a la cama sin molestarse en correr el acolchado. Había sido un día demasiado extraño para sus nervios; nunca, bajo ninguna circunstancia, hubiera podido imaginarse que Higa Chuu, bajo el mando de Saotome Harumi, podría llegar a las semifinales del Nacional. No porque no confiaba en las habilidades del equipo, sino porque no apoyaba las técnicas del entrenador, más bien las censuraba, era demasiado agresivo y se valía de un juego sucio que le disgustaba… De pronto, algo en su cabecita se encendió obligándola a incorporarse bruscamente.
Si Higa Chuu estaba en las semifinales, eso quería decir que Kite estaba en las semifinales. Y si ella iba a ver las semifinales con Shitenhouji, eso quería decir que vería a Higa en las semifinales, lo que quería decir… ¡vería a Kite al día siguiente! Y recién se daba cuenta, maldita sea.
Después de su súbita revelación, no pudo dormir en paz. Se removía molesta en la cama y mascullaba improperios contra lo primero que se le cruzara por la cabeza. Lo sabía, no estaba lista para una confrontación cara a cara con Kite, al menos no ahora, porque, pese al tiempo que había pasado, todavía le dolía.
Abrió los ojos enfadada consigo mismo tras horas de intentar dormir con una firme decisión: se perdería. Sí, sencillamente, en vez de doblar a la derecha lo haría a la izquierda y se perdería. Y si sospechaba alguno, inventaría alguna excusa creíble y los haría correr 10 vueltas a las canchas. Sí, todo parecía menos negro después de eso, y finalmente pudo conciliar un sueño tranquilo.
ACLARACIONES.
[1] Izzy: El vendedor de frambuesas existe de verdad. Es un pibe que está bárbaro que se parece a Choutarou, y que me regaló un cuarto de frambuesas de onda. Un aplauso para el vendedor de frambuesas!
[2]
Izzy:
Sí, existe ese lugar. Es el mismo en donde está el cerebro de mi hermano y el
bueno gusto de los pibes de la Facu.
[3] Izzy, intentado contener las carcajadas para explicarse: Es una canción de Los Sultanes que estuvo muy de moda hace un par de años en Argentina. Sólo imagínense a Koharu así… Por Merlín, es demasiado gracioso. Esta es la letra:
Estoy saliendo con un
chavón
ya más de un año van casi dos
estoy enamorado y saben qué...
me gustaría darle un varón
El desgraciado me hizo operar,
nadie sabía de esa traición.
Me fue engañando, me pareció
él puso trampas a mi corazón
Coro
Decile si el no quiere bailar conmigo
decile que no sufra por nuestro amor
a vos que te hace caso, que sos su amigo
yo no voy a vengarme por su traición
Decile que lo quiero y baile conmigo
decile que yo sufro por nuestro amor
a vos que te hace caso, que sos su amigo
ya no voy a vengarme de su traición
En la farmacia me lo encontré
un gran escándalo allí se armó
le hice una escena que ¡no sabés!
un policía nos separó
Hoy me llamó a mi celular,
se disculpó y me invitó a cenar
paseamos juntos por Santa Fe
pero yo sé, él me va a engañar