acarició el borde de su corta falda escolar, observando, a falta de tener otra cosa mejor que observar, los pliegues de sus arrugadas polainas blancas. Intentó quitar con una mano el cabello de su rostro, pero este intento fue frustrado por otra mano que tomaba la suya prisionera, y unos labios que presionaban un beso contra los dedos.
–O-Oshitari-senpai…
–Está bien, no es que espere una respuesta ahora, na –el peliazul soltó la mano de la joven, la cual entonces la escondió con hastío–. Pero piénsalo, -chan.
Ella se animó a alzar la vista.
–Ha… hai… lo pensaré, yo ––
Pero él estaba demasiado lejos y sumido en sus pensamientos como para escuchar la respuesta.
【 As seen on TV 】
Oshitari Yuushi encendió con el toque de un dedo el televisor y dejó que su espalda cayera contra el sillón. Quitándose los lentes, cuidadosamente los apoyó en la mesita de vidrio en frente suyo, y aguardó.
El theme song llenó el living rápidamente (también, el volumen estaba bastante alto).
–Previamente en Go! Go! Yukiko-chan…
Oshitari arrugó los ojos, y, sin mover su vista ni por un segundo de la TV, tomó un caramelo de un plato sobre la pequeña mesa y lo empujó en su boca.
–Pero, Yukiko-chan…
–¡A-ah! ¡S-senpai! Y-yo… yo debo irme, lo siento…
Por primera vez, Oshitari no veía la novela con tanta diversión como siempre solía verla. Ahora estaba serio. Analítico. Intentando recordar todo y cada uno de los movimientos del protagonista. Y ella se sonrojó y él se apartó un poco para no agobiarla y…
Quizás era una idea ridícula, pero, si llegaba a servir, Oshitari merecía un premio a la “geniedad” (no, no importaba que tan mal dicho estuviera eso).
Más concentrado en los hechos que tomaban lugar en la televisión que en auto controlarse, Oshitari acabó comiéndose todos los caramelitos del plato.
*-*
“Perdón por asustarte ayer.
Ojalá esto sirva para que puedas aceptar mis disculpas =)
Con discreción,
Tu Oshitari-senpai”
“Tu”, repitió en su cabeza, poniéndose colorada como luz de semáforo (y probablemente despidiendo el mismo tipo de brillo, también), “Mío…”
Y dentro del lóquer se hallaban unas rosas del rojo más profundo. Casi, si no hubiera sido porque eran un par de tonos más oscuras, le hubieran hecho juego con la cara.
–La típica –soltó una compañera de atrás suyo, ocultando una sonrisa–. Pero, sabes, Oshitari-senpai es muy romántico, -chan.
–Lo es… –asintió con la cabeza y un hilo de voz–, lo es…
*-*
–Yu… Yukiko-chan –largó Yoshikazu, en un podría-haber-sido-susurro–. ¿Te gustaron las flores?
Las mejillas de la joven se tiñeron de un rosa pálido, imitando al de su elegante vestido. Asintió una vez, moviendo la cabeza de arriba hacia abajo.
–¿Usagiko-kun también lo piensa así?
A Yukiko casi se le afloja el apretón alrededor de su peluche conejo –Ha… hai.
–Me alegro que te guste –Yoshikazu sonrió muy apenitas, y los anteojos se le deslizaron por la nariz para caer al suelo. Automáticamente, ambos se zambulleron para alcanzarlos.
La mano del castaño sin querer rozó la de la lolita de rulos chocolate.
–A-ah…
Después de disfrutar un poco más de la sensación de los delicados dedos de la joven damita contra los suyos, Yoshikazu se recolocó sus anteojos y le palmeó la cabeza a Yukiko, moviendo a la bincha de seda y encaje de su lugar. Sin más palabras, se ve la figura del castaño que se aleja, y los cerezos se sacuden y sueltan sus pétalos rosas por doquier, dándole un toque mágico a la escena.
A esta altura pusieron los créditos, y Oshitari gruñó porque debe esperar a que terminen para ver los avances.
“Es una situación difícil de imitar, pero…”, Yuushi comenzó a perderse en sus pensamientos de nuevo, sentado con las piernas cruzadas frente al televisor “Yukiko-chan se veía tan feliz… que quizá… si -chan es el mismo tipo de persona… sí, debe ser, las rosas que la regalé la tuvieron con una sonrisita todo el día… pero es demasiado tímida como para admitírmelo, na…”
No dolía intentar: la última vez le había ido bien, con lo de las rosas en el lóquer. Las habría puesto en la puerta de su casa como en el capítulo anterior, pero no tenía ni idea de dónde vivía la kouhai.
“Yuushi, si habrás tenido una idea estúpida…”, se rió para sí el susodicho, “Pero mientras no lo hagas demasiado obvio, eres tan suave que hasta podría resultar…”
Oshitari se habría normalmente reprimido por haber sonado como una especie de Atobe-in-training, pero en vez de eso, se sonrió (aunque el término más correcto es smirk o una sonrisa a-la-gato-de-Alicia) y apagó la televisión cuando no se dignaron en poner avances.
*-*
Faltaban las sakuras, pero era obvio que en el medio del otoño, no se podía pedir más. se abrazó a su maletín escolar, con la vista fija en el suelo, sintiéndose inútil como nunca antes, y luchando internamente por vencer su miedo y decir… algo.
–¡Oshitari-senpai! –lo llamó, como siempre poniéndose roja (hasta decir ella el nombre la hacía ponerse toda nerviosita), y de repente no supo bien por qué. El peliazul sonrió amplia, casi triunfalmente–. Yo… usted me… ¡lo pensé, y saldré con usted!
Eso no estaba en el guión de Go! Go! Yukiko-chan, pero sonaba bien de todas formas.
Acto seguido, Oshitari la envolvió en un sincero abrazo (el cual, aunque suene cursi, sabe que jamás, jamás, jamás se va a olvidar) y se ofreció de acompañarla hasta su casa, dónde, en la puerta, la despidió con su primer beso.
Yuushi no tenía ninguna real necesidad de seguir pidiéndole consejos a un programa de televisión ahora, pero era una de sus novelas favoritas, y seguiría viéndola. De todos modos, siempre servía para sacar ideas, aprovechando que casi jamás veía novelas.
Unos meses después…
–Y me dijo que ––
–Shh, shh, shh –Oshitari colocó un delicado dedo sobre los labios de la chica y dedicó su atención a la canción de inicio de la novela. torció la boca. Sí, amaba a su novio, pero había ciertas cosas que después de un tiempo se ponían… tediosas, por decirlo de alguna manera.
Obediente como era, la joven se reacomodó sobre el sillón, pero mantuvo su vista fija en Yuushi, quien con ojos como platos y luciendo como niño en un pelotero apretaba los puños en el regazo, impaciente por el comienzo del programa. se sonrió. Kawaii!
–Sí, una cita –una sonrisita marcó los labios de Yoshikazu, el protagonista–. ¿Está mal que te lleve a pasear de vez en cuando?
–N-no –Yukiko negó desesperada con su cabeza, y volvió a desviar sus ojos hacia Oshitari, quién estaba… ¿pálido?
–A… un lugar –Yoshikazu comenzó a reírse, casi avergonzadamente, mientras palmeaba la cabeza de la chica, se le acercaba y decía: –No me preguntes dónde, ¿sí? No te voy a llevar a ningún lugar raro, pero… no te sé explicar.
El sonrojo sobre los pómulos de Yukiko tan sólo se profundizó, y a le vino una extraña sensación de dêja-vu, y Oshitari recordó que debería haber esperado a que pasaran las recapitulaciones del episodio anterior antes de poner la novela.
Un corte de escena, y de pronto estaban en un puente de… vaya a saber dónde, estas novelas no usan espacios físicos de la realidad cuando de “aquél sitio mágico” se trata, así que supongamos que era sólo un puente que daba a la ciudad.
–Qué raro, parece a dónde me llevaste la otra vez –acotó con toda inocencia. Oshitari se hizo el que no la escuchaba, y de repente tuvo otra de sus ideas llenas de “genialidad” (corroboró con Atobe que era “genialidad” y no “geniedad”).
–N-no es necesario que la veamos, perdón, sé que te molesta un poco que tu novio no te preste atención por una hora porque está como zombie viendo una novela –Oshitari dijo esto tan rápido que no le sonó ni un poquito verdadero. Además, ¿por qué tenía justo él, ahora, que tartamudear? ¡Oshitari Yuushi nunca tartamudeaba!
–Yuushi-senpai… no tengo problema, en serio – aseguró con una sonrisa–. Suena raro, pero estoy casi agradecida de que quieras compartir una novela conmigo –“Aunque me dejes con mitad de la explicación sobre por qué mi tía internó a su gato…”
–Pero es ridículo, va - vas a pensar que soy… argh, no sé –Oshitari se cubrió la cara. Ohhhm. Respira. Tú puedes salvarte de esta–. El punto es que no quiero que te sometas a esto nada más porque eres mi novia y deberías –le sonrió, y ahora sí se le notaban los nervios. Se le habrían notado menos si tuviera veinte carteles neón apuntándole al rostro: “NERVIOSO”.
–Ya te dije, me gusta – se le abrazó a la cintura y le apartó el control de la mano cuando Yuushi atinó a cambiar de canal.
Ahora sí que estaba en una posición… difícil.
–Lo siento, no quise… –Yoshikazu apartó su mano y con ella se tapó el rostro–. Lo siento, Yukiko.
Oshitari estaba, para ese entonces, casi tan rojo como la protagonista del drama japonés. Sí. Sonrojado. De todas las cosas, estaba sonrojado, cosa que no le pasa nunca en la vida, pero le tenía que pasar justo en frente de su novia.
Disimuladamente se trajo a aún más cerca y le rezó a todos los dioses que ella NO. LEVANTARA. LA VISTA. Era lo único que pedía. ¿Era realmente mucho pedir?
–Es que… Yukiko, sé que… ¡el punto es que no quiero ponerte incómoda! Siempre eres tan tímida, y quizá como yo no soy así te obligo a actuar distinto, y no quiero eso.
abrió más los ojos. No fue con esas palabras, pero fue eso. Eso mismo. “No te quiero incomodar”.
–Ah… – estiró la mano, señalando el televisor, y Yuushi se levantó, rojo como cartel de “PARE”, y se dispuso a salir de allí lo antes posible–. ¿Qué te pasa? –la mirada de la joven lo siguió, preocupada, hasta que desapareció por la cocina–. ¡Senpai!
–¡No vengas! –ordenó Oshitari justo cuando se estaba poniendo de pie, y se quedó ahí, estática en el lugar.
–Ven acá, senpai, vamos –lo animó su novia, pero nada en este mundo, ni la mismísima Ioji Haruko (actriz que interpretaba a Yukiko-chan, cabe acotar) podría haberlo traído de vuelta al living–. ¡Yuushi-senpai!
–¡No! –respondió el otro simplemente. Primero calmaría el sonrojo, luego enfrentaría a : en ese orden y ese orden solamente.
esbozó una sonrisa. Y luego sonrió. Y luego echó a reír a carcajadas. Era tanta la ridiculez que encarnaba Oshitari Yuushi en ese momento para ella que no podía hacer otra cosa. O sea, o sea, COPIÓ SITUACIONES DE UNA NOVELA.
–Quiero aclarar –Yuushi por fin se mostró, convencido de que estaba más presentable, pero seguía algo rosadito–, que no es que no sepa diferenciar realidad de ficción ni nada. No… ¡oye, no te rías!
Imposible eso, así que simplemente juntó seriedad para mirarlo y no echarle una carcajada en el rostro, pero esa fue otra cosa que no logró.
–Se me ocurrió que, como eras tímida… ¡te lo digo en serio, basta, te estoy tratando de explicar! –Oshitari sabía que él también se estaría riendo, así que la dejó pasar y volvió con el tema–. Sí, soy un otaku de las novelas. Acúsame de eso. No tengo problema.
–Eres… –“increíble, un completo idiota, etcétera”– Kawaii.
Yuushi pasó de un sonrojo completamente abochornado que variaba entre “me quiero matar” y “tierra trágame” a un sonrojo del estilo “la chica que me gusta dijo algo lindo de mí”. Sí, era un inmaduro por dentro, pero hey, tenía todo el derecho de serlo –¿Eh?
–¡Que eres un tonto, pero eso es muy tierno! –expresó con una abierta sonrisa–. ¡Y no te habría querido de ninguna otra forma!
Oshitari quedó en modo de espera. Se le resbalaron los anteojos de la nariz, y estos cayeron al suelo. Ambos se zambulleron para buscarlos, sus manos encontrándose al tantearlos.
Yuushi la miró a los ojos –Esto queda entre nosotros. Si alguien pregunta…
–Le diré que mi novio me hace vivir situaciones “de novela” – presionó un beso contra los labios del peliazul y, acto seguido, le colocó los lentes en su lugar, sonriéndose, enternecida–. Después de todo, ¿quién verá el otro significado de la frase?
~ Aori