The last train

-Disculpe. Sólo tengo que…

-Oh, sí. Disculpe.

Agarré mi mochila y me bajé del tren junto a otros pasajeros a los que antes bloqueaba la puerta de salida. Era un día particularmente abarrotado de gente por ninguna razón en particular, aunque no importaba demasiado. Sí, lógicamente era incómodo y odioso, pero mi viaje sólo duraba quince minutos. Me había acostumbrado.

Miré hacia arriba aburrida mientras los pasajeros desembarcaban, esperando y admirando el cielo ennegrecido por las nubes cargadas que proyectaban una luz mortecina sobre nosotros. No podía ser augurio de nada, pero cuando, al darme vuelta para volver a subir, vi las caras sorprendidas y divertidas de mis amigos detrás del cristal de las puertas cerradas mientras el tren arrancaba de nuevo y aceleraba, me di cuenta de que sí lo era. Augurio de mala suerte.

Observé al tren mientras se alejaba cada vez más rápido con una extraña sensación de apatía. El cartel luminoso sobre mi cabeza indicaba que el próximo tren llegaría allí sino hasta los próximos veinte minutos.

Suspirando, mascullé:- Típico.-

Lo que no esperaba es que alguien se riera suavemente de mi comentario detrás de mí. –Perdiste la fe en el transporte público, ¿eh?-

Apoyé mi mochila en el suelo para la larga espera que se me presentaba delante, mirando de reojo al chico que acababa de hablar mientras lo hacía, y lo reconocí como uno de los pasajeros habituales del tren. Era alto, muy alto, de cabello plateado, y llevaba puesto el uniforme de Hyoutei sin la corbata ni el blazer. Tenía una sonrisa entre inocente y traviesa que me cautivó por completo, y a la que no pude evitar corresponder.

-Sí. La esperanza también, ahora que lo pienso.

Él pareció exageradamente horrorizado. –¡No!- exclamó, llevándose una mano al corazón.- ¿Cómo podés perder la esperanza?-

Arqueé una ceja, decidida a darle una respuesta directa y franca, sólo para ver cuánto podía dramatizarla. –Es el siglo XXI, ¿qué hay para sentir esperanza?_

Él bajó sus manos. –Bueno, yo siempre esperé que el cinismo sólo afectase a las personas mayores de 40, pero…- Me dirigió una mirada de costado a la que yo respondí encogiéndome de hombros.

-Lamento romper tu burbuja.

Él me sonrió. –Así que, ¿qué te hizo perder la esperanza?

Me encogí de hombros nuevamente, mirando hacia delante. -Sólo pequeñas cosas aquí y allá, nada traumático, si es lo que te estás preguntando.-

Parecía un chico agradable, de esos que se preocupan por todo el mundo que conocen.

-Eso se da para los dos lados. Hay también pequeñas cosas aquí y allá que muestran esperanza.-

-¿Esperanza que encuentra respuesta?- inquirí con curiosidad.

-Todo el tiempo.

Su confianza me enervó, así que me encontré cruzándome de brazos retadoramente.- Entonces probalo. Usá ejemplos acá y ahora.-

-Está bien.- aceptó él, copiando mi postura y escrutando la plataforma con sus ojos claros. Detuvo su mirada a medio camino. -¿Ves esa señora de verde? Ella está esperando dos cosas. La primera, que el próximo tren no esté tan lleno como el que pasó, y la segunda, que el día se vuelva más cálido para no sentirse tan tonta usando un vestido.- Y como si Miyavi y Kami estuvieran de su lado, el sol eligió ese momento para brillar entre las nubes. Su sonrisa se acentuó más.- Y los dos sabemos que el próximo tren es un expreso espacioso.-

Yo me burlé, negándome a aceptar mi derrota.- Dije ejemplos. Ése es uno solo.- Como toda respuesta, él se rió.

-Eso es trampa, y lo sabés. Pero voy a ser generoso.- Él paseó su mirada sobre el puente para cruzar de andén a andén, y luego a la plataforma frente a nosotros, y sonrió una sonrisa torcida que encontré endiabladamente sexy. Quizás por el hecho de parecer tan angelical.- La chica con el celular casi justo en frente de nosotros está esperando que su novio se apure y llegué de una vez para que ella pueda dejar de fingir que está ocupadamente hablando con su inexistente amiga en el teléfono.-

Fruncí el ceño cuando terminó de hablar.- ¿Cómo…?-

-Esperá. Mirá. Tres… Dos…Uno.

Un chico de pelo corto oscuro oculto bajo una gorra apareció corriendo en la plataforma de enfrente, acercándose a toda velocidad hacia la chica. Ella lo vio inmediatamente, cerrando su teléfono a media frase; puso sus manos en sus caderas, y esperó expectante hasta que él se detuvo frente a ella jadeando y sin aire.

-Saa, eso es terrorífico. ¿Qué sos, psíquico?

-Quizás lo sea. O quizás espe-

-¡Hey!- Los dos giramos la cabeza hacia la persona que lo había interrumpido automáticamente. El chico que acababa de llegar nos saludó desde el otro lado de la plataforma. –¿Cómo estás? No esperaba encontrarte por acá.-

Mi confusión se volvió incredulidad mientras el chico Esperanza respondía con un –Muy bien. Pero quizás tengas que empezar a recordar llamar a Hikaruoka-san cuando vayas a llegar tarde.- La chica del teléfono nos saludó con la mano, y luego se volteó a su novio, borrándole la sonrisa traviesa del rostro con un par de palabras escogidas que no pude escuchar.

-¿Qué?- dijo Él, notando mi mirada enfadada.- Sólo porque los conozca a ellos y a sus patrones de conducta no significa que no cuente.-

-Tramposo.- Me di vuelta para darle la espalda, así él no podría ver la sonrisa divertida en mis labios. No podía negar que tenía un gran sentido del humor.

-Está bien, está bien. ¿Qué te parece esta?- Él se detuvo y yo asumí que estaba buscando en la plataforma una vez más.- Está este chico que se despertó una mañana-.-

Yo lo corté, incapaz de resistirme. –Buen intento. Pero los ejemplos tienen que --

Y él me interrumpió a mí, poniendo uno de sus suaves y largos dedos sobre mis labios.- ¡Sólo escuchame!-

Quité su mano de mi rostro suavemente y asentí, quizás sólo porque estaba demasiado sorprendida por el súbito contacto como para hacer otra cosa.

-Entonces este chico, él se levanta una mañana y piensa ‘Quiero este día que sea diferente’. Porque recién tuvo un sueño, ¿no? Un sueño sobre esta chica. Una chica que él ve todos los días desde hace un tiempo, pero sólo cuando se siente con suerte. Él no está seguro de por qué esta chica llamó su atención, es sólo que cada vez que la ve sonreír, o la escucha reír con sus amigos, o, ya sabés, la ve sólo parada ahí con esta mirada soñadora en sus ojos, él tiene que recordarle a su corazón que siga latiendo.

“Y en su sueño, él estaba parado ahí, y ella caminó hacia él. Pero cuanto más se acercaba, él se dio cuenta de que ella iba a pasar frente a él sin notarlo si él no hace nada. Pero no lo hace. No lo hace porque no está seguro y está asustado de tomar un riesgo así cuando ella está involucrada. Quiere que todo sea perfecto. Así que en su sueño, ella sólo sigue caminando, como si él nunca hubiera estado allí. Así que el chico se despierta sabiendo que si él no hace algo pronto, entonces él para ella, no sólo en sus sueños sino también en la vida real, va a ser como si no existiera.

“Entonces esta mañana, mientras él espera en la estación de tren, y ve el tren venis, él dice <<Espero como un demonio… poder decirle ‘hola’ hoy>>

Encontré sus ojos con los míos, y hablé, sin aliento. –Y lo hizo?-

Él aguardó un momento larquísimo para responder, mirando el reloj digital sobre nosotros y observando al tren acercarse.

-No.- dijo finalmente.- Tuvo su oportunidad, pero no le dijo ‘hola’-

El tren se detuvo lentamente, pero ninguno de los dos quiso moverse.

-En cambio, él terminó teniendo una conversación de veinte minutos con ella sobre la esperanza.

 

~ Izzy