La castaña miel frenó la película.
–Claro que hay más escenas, y fotos, pero no tenemos tiempo de eso ahora
–dijo Fukumori Akina, su club dándose vuelta a mirarla–. Saquen sus propias
conclusiones. ¿Qué deberíamos hacer? No lo sé. Yo no soy como Yume-senpai. Yo
les daré libertad de elección: ¿Qué
quieren hacer?
Las sugerencias comenzaron a fluir. Fukumori simplemente se sonrió con
malicia.
–Las aliento a que salgan allí y experimenten. Algún método frenará a
-senpai de entrometerse entre la relación de Shishido-senpai y Ohtori-san.
– Un pequeño malentendido
Capítulo nueve –
Ohtori le alzó una ceja a la “pared de noticias” (colocada en el cuarto
de ensayos de la orquesta escolar para informar sobre todo lo que estaba
sucediendo. Básicamente, una tabla de corchos dispuesta por Sakaki-sensei para
no tener que hablar).
–“Concurso estudiantil”, –leyó Choutarou en voz alta– “Los estudiantes
serán incentivados a componer una pieza para que sea tocada en el baile de
navidad”. ¿Baile de navidad…?
–Así es, Ohtori –Makoto, uno de los cellistas, replicó–. ¿No lo leíste en
la pared de noticias principal?
–No. Ni la miré. Había mucha gente –el peliplateado siguió leyendo,
ignorando todas las indicaciones sobre cómo debía ser la canción–. “El ganador,
electo por nuestro cuerpo de jueces…” –“¿Qué cuerpo de jueces…? ¿No era más
fácil poner Sakaki-sensei?” –“… tendrá a su pieza interpretada por la orquesta
escolar durante el baile de navidad.”
Choutarou quedó unos segundos frente a las noticias antes de que lo
quitaran del medio. Con su altura y espalda, tapaba todo.
“Necesito ir al panel de noticias principal. Si hay un baile de navidad…
-senpai…”
Al llegar a la noticia sobre dicho baile, Ohtori se acordó de un punto
muy importante: él no iba a poder bailar. No si la orquesta iba a tocar durante
todo el baile.
Ah, genial, simplemente genial…
***
Cuando abrió su locker, miles de millones de gorras, cruces y remeras de
“I♥ ToriShishi” cayeron como cascadas del interior.
–Qué… diablos… – no se había esperado eso. Después de todo, hacía unos
días que no oía del club, y esto era una novedad.
Bueno, no realmente. Pero no pensó que se repetiría.
Sakai levantó una gorra y se la colocó –¿Puedo quedármela?
–Claro –asintió distraídamente–. Ahora, cómo no pensé eso.
Nanako la miró –¿En qué, -chan?
–La cruz que me encontré el otro día… ¿viste que te dije que no era de
Ohtori-kun? Bueno, ¡pues obvio que no era! Debía de ser de alguna de las del
club de fans.
Napporo musitó un “aaah”.
–Tiene sentido –repuso Sakai, admirando su nueva gorra–. De todas formas,
no tires todo esto. Es merchandising del bueno.
–Por mí, agarra todas las gorras que quieras, Kai-kun.
El chico estaba como bebé con juguete nuevo –¡Gracias, -chan!
se ajustó una cruz al cuello –Ya que estamos…
–Ja, ¿no se darán cuenta esas estúpidas que te están regalando mucho
dinero en ropa? No sé que tipo de estrategia de convicción es esta –Nanako
también se hizo dueña de un collar.
“Me pregunto si seguirán molestándome…”, dio un suspiro, y, con el
timbre del recreo, se dirigió a clases.
***
Fuyumi Yumeko entró por última vez al aula donde se hacían las reuniones
del club. Se sonrió al ver los Ohtori y Shishido en chibi que yacían dibujados
desprolijamente en el pizarrón. Ah, qué cosas…
Abrió su locker para sacar un par de carpetas y otras idioteces suyas que
había dejado guardadas. Suspiró, y sus ojos captaron la imagen de unas letras
rojas y llamativas en el pizarrón. En la penumbra apenas se leía, así que Yumeko
tuvo que arrugar los ojos.
“Lista negra”.
Y había unos nombres tachados. De todas esas iniciales Fuyumi se
acordaba, pero intentaba olvidarse fervorosamente. Las chicas anotadas habían
sido amenazadas, algunas, hasta golpeadas. “Esto nunca fue un club”, pensó
Yumeko, “Es un grupo de psicóticas sueltas”.
Luego, vio algo que la aterró un poco.
“”.
Fuyumi frunció el ceño. Ella sabía bien que las iniciales las ponían de
forma occidental, y esas iniciales…
–¿ …?
No estaba tachada, pero si estaba en lo último de la lista… y el club
trabajaba rápido. De seguro iban a atacarla hoy…
Fuyumi recogió sus cosas y salió corriendo del aula vacía. Tenía algo que
hacer.
***
finalizó su clase de música unos minutos antes que Nanako y Sakai
(quienes habían optado por tener artes plásticas en vez de musicales), así que
tuvo que ir al locker sola esta vez. Dejó sus cosas, y se dispuso a esperar.
De pronto, escuchó unos pasos apresurados, y levantó la vista, pero lo
próximo que entendió fue que alguien la había metido a uno de los tantos cuartos
de servicio.
Prendieron la luz. Aparte de escobas y trapos sucios, una bucleada de
cabello negro estaba con ella.
–¿¡QUÉ DIA––
–Shh –Fuyumi le pidió silencio–. Espera un segundo. Es por tu bien.
quedó en completa confusión, pero se calló de todas formas.
Se escucharon unos estruendos que sonaban como personas golpeando lockers
con… algo. Quién sabe qué. Después, por la translúcida puerta, vieron como dos
figuras pasaban y seguían de largo.
–Sayu-chan, Misa-chan… reconocería sus siluetas en cualquier lado
–Yumeko, luego de largar un suspiro, tomó a del brazo y se dispuso a abrir
la puerta y salir corriendo a toda velocidad.
Para cuando se había dado cuenta, ya estaba saliendo por el jardín
trasero de la escuela, aún arrastrada por la morocha. No le había pedido que
explique nada, porque supuso que tendría sus razones.
–Listo. No se esperarán que salgas por aquí –Yumeko se apoyó contra una
pared y suspiró–. Eso estuvo cerca, ne…
–¡Fuyumi-san! ¿Qué diablos significa todo esto? – no podía estar más
tiempo sin saber qué diablos pasaba.
La de bucles se sonrió, entretenida –¿Qué les hiciste ahora…? Te tienen
anotada en la lista negra con letras dobles y de color verde.
–No sé de qué hablas –admitió –, pero yo no creo haberle hecho nada a
nadie. Por lo menos nada como para ir a parar a una lista negra…
–Entiendo que no puedas evitarlo y que no sea justo, pero… te elegiste
los amigos equivocados. -chan, –Yumeko la miró– ¿de qué crees que estoy
hablando?
–Intuyo que tendrá algo que ver con el club de ToriShishi…
Fuyumi dio una sonrisa –Muy bien. Te explicaré… fui a recuperar un par de
cosas que había dejado dentro del aula donde se hacen las reuniones, y te vi
anotada. Como soy expresidenta y sé qué tan caníbales son, tenía que salvarte de
tu muerte segura.
–Pues no les tengo miedo –repuso –. Son personas, como yo. No podrían
posiblemente…
–-chan, sé lo que vi en tus ojos cuando intenté abofetearte.
Estabas aterrada. Y si yo puedo ser así, las chicas son peores –replicó Yumeko,
sonriendo lastimeramente–. Por favor no sigas con esto. Entiendo que
Shishido-kun y Ohtori-kun sean tus amigos, pero te estás suicidando.
Nuestra protagonista se quedó mirando a la morocha por unos segundos –¿Y
exactamente por qué no eres más presidenta? ¿Qué es este cambio de actitud?
Fuyumi se puso de pie de un saltito –No es ningún cambio de actitud. Esta
soy yo. Fuyumi Yumeko, mucho gusto. Es agradable poder hablarte sin insultarte,
-chan –la sonrisa sobre los labios de la bucleada era sincera–. ¿Te
molesta si te acompaño hasta tu casa hoy? Quisiera que charlaramos un poco.
–No… no me molesta –contestó , aunque desconfiada–. ¿Qué te pasó?
Fuyumi comenzó a caminar, por lo que la siguió –Eso quiero
contarte. Por cierto, ¿hacia dónde? Es tu casa, no la mía.
–Hacia allá vamos bien. Demos una vuelta al colegio, y luego te guío
– proclamó el liderazgo de la marcha–. Te escucho, Fuyumi-san.
–Yo nunca fui fanática del yaoi.
frunció el ceño –¿¡Qué!?
–No me gusta el yaoi. Sí las insinuaciones y todo, pero… no puedo decir
que admiro la relación de Shishido-kun y Ohtori-kun –admitió Yumeko–. Pero un
día tuve una idea estúpida… uhm… pero antes que siga, ¿puedo confiar en ti,
verdad?
–Su… supongo que sí… –repuso , algo insegura.
–Pensé que al formar un club que tuviera algo que ver con él,
Shishido-kun comenzaría a prestarme atención. Siempre estuve enamorada de él,
verás –Fuyumi largó un suspiro de ensoñación–. Pero como él ya tenía un club de
fans, yo tuve que pensar ideas para crear otro. Alguno del que fuera la
presidenta, que pudiera controlar todo.
–Ajá…
–Entonces vi como Ohtori-kun se ofrecía a ayudar a Shishido-kun con su
entrenamiento, y eso me inspiró… decidí hacer un club sobre ellos –Yumeko se
sonrió–. Y así, tendría un arsenal de fanáticas que querrían mantenerlos juntos.
Nadie soñaría con acercarse a Shishido-kun: no a menos que estuviera dispuesto a
vérselas con nosotras.
–Pero… ¿cómo te le acercarías tú? –inquirió , ahora preocupada y muy
metida en el relato de la chica.
–No, me malinterpretas. Creo… creo que me expresé mal –la morocha se rió
tristemente–. Estoy enamorada de él, pero… pero jamás sería su novia. No lo
merezco. Pero estoy convencida que nadie lo merece, así que… estando al mando,
podría asustar a cualquier chica que quisiera acercársele…
La brisa atrapó un par de lágrimas de Yumeko, quien se las limpió con
rapidez.
–¿Fuyumi-san, estás bien…?
–¿Yo? Je, je, sí, claro –la expresidenta dio una muy convincente
sonrisa–. Sólo que no me creo a mí misma cuando me escucho hablar de esto. No
puedo creer que tomé el papel de mala sólo por querer que Shishido-kun se
mantuviera como “´mío”, entre grandes comillas, siempre. No puedo creer que
fingí ser fanática de algo, tampoco. Sí me creo –Yumeko le echó una miradita a
– que haya intentando abofetearte. Pensé que quien te interesaba era
Shishido.
le devolvió la mirada, asustada. “Mierda. Sabe algo.”
–Fuyumi-san…
–No te preocupes. No diré nada. Y si lo digo, tú puedes hacer público lo
que te estoy contando ahora. Tienes bastante con qué chantajearme, ¿ne?
“Está loca”, se dijo firmemente, “Pero… siento un poco de
lástima por ella…”
–Suerte con Ohtori-kun. Y… de todas formas… llegué a una conclusión en la
vida –Yumeko largó el aire–. Abandoné el club para no entrometerme más en la
vida de Shishido-kun. Lo único que puedo hacer es desear que, cuando tenga
novia, elija una buena, aunque… confío en el juicio de Shishido-kun. El problema
es que… no puedo realmente frenar el club… creé un monstruo.
tuvo que asentir –Pero… ¿Fukumori no es más tranquila?
–No lo sé –contestó la morocha–. Nunca… nunca terminé de conocerla. Pero
es algo rara… yo tendría cuidado. Después de todo, hoy mandó a Sayu-chan y a
Misa-chan a matarte…
frunció el ceño –¿Esas eran las que me buscaban hoy?
–Son las del Escuadrón de Fuerza. O sea, las que golpean. Una mide un
metro ochenta, la otra un metro setenta y cinco; una es boxeadora y otra
cinturón negro sexto dan –ante esto, quedó boquiabierta [véase OoO?!] –. Son
peligrosas. Créeme.
–O… o sea que prácticamente me salvaste la vida… –resolvió ,
repentinamente deprimiéndose–. Qué haré… van a matarme…
–Nah. Tienes el arma más poderosa en tus manos~
alzó una ceja –¿La cuál es…?
–Amenázalas con que te entrometerás en la relación de Shishido-kun y
Ohtori-kun. No… amenaza con robar el primer beso de Ohtori-kun antes que
Shishido-kun –nada de esto convencía mucho a –. Y ahí observa como tiemblan
y dejan de molestarte. Claro, quizá duden que seas capaz, pero… si les
demuestras que lo eres, no besándolo, sino yéndolo a buscar para besarlo… listo.
No podrán hacerte nada.
La expresión en el rostro de sólo podía ser explicada con “-___-|||”
–No estás hablando en serio.
–Soy una buena actriz y todo, pero… digo muchas cosas en serio, -chan♪
Caminaron unos minutos en silencio.
–Fue agradable nuestra plática. Ojalá podamos tenerla de nuevo alguno de
estos días –Fuyumi hizo un gestito de despedida con su mano–. Hasta luego,
-chan.
–Hasta luego –saludó , disfrutando su último día en la Tierra. Sabía
que no podría reaccionar cuando las tales “Sayu-chan” y “Misa-chan” vinieran con
palos a la puerta de su casa.
***
–Johann, esto es terrible –suspiró Ohtori–. Estoy hace media hora sentado
en frente de esta hoja de papel y todavía no puedo resolver cómo transmitir lo
que me transmite estar cerca de -senpai.
El gatito gris bostezó, dando por evidente que le importaba tres pepinos
lo que le pasara a su dueño.
¿La pieza? Titulada, “”. Él realmente había querido hacerla su musa
como en la película, pero pronto descubrió que ella no era la mejor musa
existente…
–Al diablo con esto –Ohtori hizo trizas la hoja en blanco–. Volvamos.
¿Cómo se supone que haré que todos sientan mariposas en el estómago al escuchar
mi pieza?
Johann simplemente maulló, aburrido.
Su dueño le dio una patadita en el estómago, causando un seseo muy
amenazador por parte del gato, y se calzó el violín al hombro –Si no me vas a
ayudar, vete, gato gordo. Necesito estar solo.
“Humano abusador…”, Johann salió del cuarto con pesadez, “Te voy a
reportar a defensa de animales… una vez que entienda cómo hablar tu idioma, ya
verás…”
~ Aori
Lo terminé de escribir 11 y algo, por lo tanto: 15/12/06