Napporo Nanako miró su reloj, impaciente –¿Hace cuánto que está ahí adentro?

            –Veinte minutos con cinco segundos –informó Sakai, sentado en el suelo con la espalda a la pared de una casa–. Bueno, Nana-chan… creo que es mejor que dejemos esto aquí…

            –¿La habrán raptado? –se preocupó Nanako, con el ceño ligeramente fruncido y comenzando a morderse las uñas.

            –No –Mitsukoshi palmeó el hombro de su amiga para que esta volviera a la Tierra–. Mejor no la interrumpamos. Ven. Vámonos ya.

            Nanako quedó por unos segundos pensativa, hasta que se le escapó una sonrisa y se decidió a seguir a Sakai. Fuera lo que fuere, de seguro le contaría todo luego.

– Un pequeño malentendido

Capítulo ocho –

 

            Choutarou por fin volvió de la cocina –Neesan ya viene con los cafés. Y yo… voy a ver dónde diablos quedó la película…

            –¿Vendrá Ryou-kun también?

            Aunque supiera que la idea de que hubiese tenido algo con Shishido en algún momento era una locura, a Ohtori no dejaba de molestarle el término “Ryou-kun”, –No. Me acabo de acordar que tenía unos trabajos que terminar.

            “¡Qué inventiva! Últimamente me estoy impresionando a mí mismo…”

            –Ah… pero ya empiezan las vacaciones de invierno… [1] qué pena que siga con trabajos –suspiró , apenada.

            –Ajá –adhirió Choutarou, comenzando a subir las escaleras–. Espera aquí, por favor.

            Subió rápidamente y se instaló en el teléfono de su cuarto.

            –¿Hola…?

            –¿Shishido-san?

            –¿Choutarou?

            –Sí, el mismo –asintió el peliplateado–. Escucha, um… para que conste, no más… -senpai está en casa. Está abajo.

            –¿¡…CO… CÓMO!?

            Ohtori se sonrió –Así es. Es más, iba a invitarte, pero, ¿sábes qué? Me controlé.

            “Me controló mi neesan. Blah. Como sea.”

            –¿¡Qué… qué haces hablando conmigo!? ¡Te exijo que vayas abajo y estés con ella!

            –Eso voy a hacer –Choutarou soltó una risita–. Sólo vine a avisarte.

            –Me… me parece bien –repuso Shishido con rapidez–. Pero… ve… ve. Rápido. No dejes a una dama esperando, Choutarou, por favor. ¿Qué no me escuchas? ¡Córtame y ve!

            Eso hizo el kouhai, pero antes susurrando un “hasta luego, después te cuento todo”. Al parecer, Ryou estaba el doble de emocionado que él.

 

            “Bueno… sé por certeza que le gusto, pero…”, Choutarou se dijo a sí mismo mientras intentaba recordar dónde se suponía que había dejado la película, “Diablos. Esto es más difícil de lo que pensé. Me pregunto cómo serían las cosas si… si nosotros…”

            “Déjate de sentimentalismos, blah blah blah, gekidasa da ze”, diría su senpai, y Ohtori debía concordar. Suspiró y se concentró sólo en la búsqueda de la película, sólo para encontrarla poco después en el lugar que había creído revisar veinte veces. ¿Qué acaso no pasa siempre eso…?

            A Choutarou se le fue el color del rostro al levantar la película –¿”Sha… Shakespeare Apasionado”? [2] Estoy al horno con papas fritas si veo esto con ella.

            –¿Ohtori-kun? ¿Necesitas ayuda?

            El peliplateado entonces recordó que no estaba solo.

            –¡No, ya está, ya la encontré, senpai!

 

            Bajó las escaleras apresuradamente y corrió hasta el televisor, colocando la película dentro del DVD. Los dos tés yacían en una mesita frente al sofá: Chikaze se había molestado en recordar la época del año y utilizar tacitas rojas con siluetas de arbolitos blancos.

            –¿Qué vamos a ver?

            “… por qué, por qué esa pregunta…”

            –“Shakespeare Apasionado” –dijo Choutarou con rapidez–. Fue mi neesan. Lo juro.

            –Te creo –despreocupó con una sonrisa, entretenida por el rostro avergonzado del muchacho. Se veía tan lindo…–, te creo.

            Ohtori se acomodó en el sillón después de poner “play”, ni muy lejos ni muy cerca de la joven.

            Y que comience la maratón de miradas-de-reojo-poco-disimuladas…

 

***

 

            Riiing, riiing.

            –Joven Amo Keigo, ¿le voy a buscar el teléfono?

            Atobe no cesó de deslizar sus dedos por el piano, internamente deseando que la llamada lo salvara y le diera algo que hacer. El morocho de lunar estaba muy, muy aburrido.

            –Sí. Ve.

            El mayordomo salió corriendo y le alcanzó a su amo el tubo. Éste interrumpió una parte del Otoño de Antonio Vivaldi para atender.

            –¿Buenas tardes? Mansión Atobe, ¿quién ––

            –¿Ho-hola, A-Atobe? ¿Cómo estás?

            Hm… esa voz sonaba familiar. Quién será, quién será…

            Mejor no intentar adivinar.

            –¿Quién habla?

            –Shishido.

            Ah, ¡claro!, Shish—

            ¿¡SHISHIDO!? Okay. Eso acababa de alegrarle el día a Atobe. O… quizá no. Estaba a punto de averigüarlo.

            ¿Shishido Ryou?

            –¿Qué otro te va a estar llamando, a ver?

            Atobe frunció sus elegantes cejas –¿Qué… ––

            –Al diablo con introducciones. Atobe, ¡¡CHOUTAROU TIENE A SENTADA EN EL SILLÓN DE SU CASA!!

            Keigo se alejó rápidamente del teléfono al escuchar tal estruendo y llamó a su mayordomo para que se lo sostuviera. Siguió con el suave, gris “Adagio” del Otoño –¿Quién es ? ¿Tiene alguna relación importante con Mi Magnificencia?

            es la chica que le gusta a Choutarou, sopenco. Pensé que querrías saber, pero, si decides ignorarme…

            –Ah, no, no es Ore-sama quien te ignora –negó Keigo, concentrado en su pieza de piano–. Es Vivaldi. Él no deja a Ore-sama prestar atención a lo que tú tienes que decir ––

            Sintió el ruido del tono.

            –Creo que entendió el mensaje –Atobe suspiró, pero en realidad bastante aliviado. Le entregó el tubo a su mayordomo–. Guarda el teléfono, y saca una entrada para un crucero en la semana entrante. Puede que sea invierno, pero quizás Okinawa esté lindo aún en esta época del año…

 

***

 

            “Okay… Atobe no dio resultado. ¡Idiota! ¿Cómo se te ocurrió que el querría escucharte?”, se regañó Shishido a sí mismo, “Gakuto… hm… Gakuto le dirá a toda la escuela… ¡ah!... ya sé a quién le gustan los chusmeríos baratos… M… N… O, la O…”

            Encontró, marcó, esperó.

            –¿Hola? Oshitari Yuushi desu. ¿Quién habla?

            Shishido se sonrió –¿Oshitari? Habla Shishido. No tienes idea de lo que está pasando en este momento…

 

***

 

            –¡Ai, qué liiiiiindooo! –suspiró , con los ojos estrellados.          

            “Seh”, concordó Choutarou interiormente, “Si le quitamos las escenas incómodas para ver, perfecta, una hermosa película… tenías esto planeado, no, neesan…”

            –¿Te gustó, -senpai? –Ohtori le echó una miradita a la muchacha, quien se secaba un par de lágrimas.

            –Hermosa. Encima, viste como le dice él a una cortesana en la primera parte, “Quiero que seas mi musa”… qué… qué lindo que te digan eso – opinó, medio-pensando en voz alta–. ¡Ah, perdón! Estoy hablando sola.

            “Demasiado tiempo sin novio, supongo…”, largó un suspiro.

            Ohtori largó una risita, mentalmente tomando nota de que eso de “hacerla su musa” podría venirle bien en el futuro.

            –Ven, vamos a devolverla antes de que cierre el local, ne –Ohtori guardó la película en su respectiva cajita y quitó las llaves de la cerradura de la puerta como para disponerse a abrirla–. ¡Neesan! ¡Voy a salir!

            Sorprendentemente, su hermana había mantenido su auto-promesa de “no los voy a molestar para nada”. Sin embargo, había estado en el borde de la escalera espiándolos de vez en cuando. Bajó apresuradamente las escaleras –Oki doki, ‘Tarou~. Ne, -chan, ¿ven a visitarnos más seguido, sí? Fue un placer tenerte aquí.

            –Gracias a usted por recibirme, Chikaze-san –replicó educadamente, y lo último que Chikaze supo es que su hermanito se alejaba con una chica a su lado.

            “Diablos. Me haces sentir vieja, Taroupon… Un momento. ¿¡Qué digo!? ¡Si no soy vieja!”

 

            “Si estás con ella, varias personas te harían la vida imposible. Piensa en tu club de fans, no; piensa en el club de fans de ToriShishi… ¿cómo reaccionarías si la lastimaran, Choutarou? No puedes ni soportar que tu mejor amigo hable con ella, ¿qué harías si le ponen una mano encima?”

            “No, no, no, no”, Choutarou maldijo a su conciencia, “No es el momento para pensar esto…”

            –Oye, ¿tienes idea sobre si Atobe-san organizará una fiesta este año? –preguntó de la nada.

            “Le gustas a esta chica. Suena completamente increíble, pero…”

            –Cre… creo que no. Bah, no sé. Mejor no invento cosas –Ohtori dio una pequeña sonrisa, que como era mínima, ni te dabas cuenta de los conflictos internos que ésta ocultaba–. Ojalá la escuela haga un baile de navidad, como el ante-año pasado. Me había gustado esa idea.

            –A mí también, a excepción de que prácticamente no conseguí pareja…

            “Ah, qué mal…

            ….

            Espera. ¿¡Qué!?”

            –¿Cómo que no conseguiste pareja? –Ohtori frunció el ceño. Nah. No puede ser.

            –Creo que ahí fue cuando ingresé al colegio. Sí… ingresé en primer año – se sonrió, pero algo lastimeramente, como recordando horribles recuerdos–. Fue difícil hacer amigos acá. No estaba realmente acostumbrada a este ambiente tan…

            –Competitivo. Lo comprendo –soltó Choutarou–. Es… difícil adaptarse.

            –Pero una vez que lo haces, qué se yo… aprendes a sobrevivir –Ohtori encontraba específicamente complicado el tener que resistirse a abrazar a la joven cuando lucía así–. Igual, creo que cada día aparecen más obstáculos nuevos… ya no sé qué esperar de esta escuela.

            Por fin llegaron al videoclub, y Choutarou tuvo que tocar suavemente el hombro de la chica para que esta no siguiera caminando. Ignoró lo que había hecho (no quería pensar en -senpai-como-novia ahora, iba a distraerlo), y metió la película por la ranurita de devolución –No, yo tampoco. Igual, me interesaría saber qué… qué te pasó a ti personalmente, senpai.

            Qué rara. A pesar de todo, no actuaba como actuaría una persona que está enamorada de uno. no le estaba dando señales claras a Chouta - bueno, por lo menos no señales que un chico capta fácilmente. Y como todas sabemos, los chicos tienen la capacidad innata de ignorar las cosas que les pones en frente de sus narices. Es como pedirle a un ciego que vea. O a los olmos que den peras. O a la nube de lluvia que vaya a llover a otro lado. En fin.

            –Bueno… Fuyumi-san… la presidenta del club de shounen-ai, ¿la ubicas? –“Cómo no…”–. El otro día casi me abofetea. Lo cual encuentro particularmente curioso, porque… bueno… – largó una risita–. ¡Yo no le hice nada!

            –¿¡In… intentó abofetearte!? –los ojos del peliplateado se abrieron de par en par–. Por Kami-sama…

            –Sí, lo sé. Yo nunca me metí en peleas con nadie ni hablé mal de nadie, así que me supera por qué querría pegarme… pero, en fin… ella… –“Es momento de decírselo”, decidió –. Ella quería que deje de juntarme contigo y con Ryou-kun. Lo cual es ridículo, porque no puede decirme qué hacer y qué no…

            –Pero… ella no es más la presidenta del club.

            frunció apenas el ceño –¿De veras? ¿De dónde escuchaste eso? Con razón…

            –Atobe-buchou lo comentó hoy en el almuerzo –repuso el de ojos almendreados–. Parece que Fukumori Akina la ha estado suplantando. ¿Con razón…?

            –Hoy Fuyumi-san se veía realmente deprimida. Nos cruzamos, pero no me omitió palabra. Me pregunto…sí, debe de tener algo que ver –resolvió –. No estoy segura de qué decir sobre Fukumori-san, sin embargo. No luce tan peligrosa…

            –Ese club puede llegar a ser violento –advirtió Choutarou–. Ten cuidado, por favor, senpai.

            “¿Ves? Ahí lo tienes. No puedes estar con ella. ¿Quieres que la maten?”

            –No te preocupes. Igual, saldré con ustedes todo lo que quiera – repuso testarudamente–. Que sigan soñando si me quieren decir qué hacer. No tengo por qué aceptar órdenes de nadie…

            –Y menos de una kouhai, ahora que Fukumori se ve al mando de todo esto –agregó Ohtori.

            –No.

            El joven le echó una miradita confundida a –¿No?

            –No –repuso ésta–. No me parece que por ser kouhai tenga que respetarme tanto. Nació un año más tarde que yo. No es razón para discriminar o inferiorizar –opinó sabiamente–. Somos todos personas.

            –… pero es una costumbre japonesa el tenerle respeto a los mayores, -senpai…

            –Sí, a ancianos y a adultos sí. ¿Pero, a personas de tu misma edad? El mínimo de respeto siempre es necesario, pero, tratarlos de superiores…

            “Dirías lo mismo si estuvieras enamorado de una kouhai”, suspiró , “Aunque supongo que en tu caso sería distinto. En fin.”

            –Te admiro –soltó Ohtori sin querer, pero luego completó su frase–. Me… me gusta la forma en la que piensas, senpai.

            –Yo lo digo, pero no lo exteriorizo – sonrió, como diciendo “No es gran cosa” –. En realidad, te admiro a ti. Porque eres… poco egoísta, y muy dedicado.

            –Pienso que en eso somos iguales.

            Intercambiaron sonrisas.

            –Ja ja, no… no creo ser como tú –negó , meneando la cabeza, mitad avergonzada, mitad sonriente–. No haría lo que hiciste por Ryou-kun. No… ni me pasaría por la cabeza.

            “Te han pasado cosas similares por la cabeza. Me enamoré de ti por… por tu forma de ser. Porque tratabas a todos por igual. Te vi educadamente explicándole a un grupito de primer año cómo ubicarse por la escuela, y si eso no es ser amable, no sé que es, entonces…”

            Ohtori se mordió la lengua –No. No lo creo así.

            se encogió de hombros con una sonrisita en sus labios –Supongo que no puedo hacerte cambiar de opinión.

            “¿Bromeas? Podrías lograr que haga cualquier cosa”, y Choutarou se guardó lo que tenía que decir de nuevo.

            La joven maldijo internamente al ver lo cerca que estaban de su casa. Ya… dentro de poco… ¡ah, qué tanto drama! Lo vería mañana en el colegio, en todo caso.

            –Si fuera por mí, eliminaría todos los sufijos. Que todos llamen a todos por sus apodos, que haya un poco menos de frialdad en el mundo. Haría que nos saludemos como los latinos, ¡con un beso!

            Ohtori comenzó a reir –Bueno, sin duda sería un mundo muy liberal, ne. -senpai presidente… yo te votaría.

            –¡Sí, nada más porque las chicas podrían besarte todo el tiempo! ¡Hen~tai! [3]– le golpeó el brazo. Choutarou jamás lo admitiría, pero le dolió.

            –Algo es algo –Ohtori dio una sonrisita de “qué le vamos a hacer”.

            –Podría, de hecho, postularme para presidente del consejo estudiantil, pero creo que será prácticamente imposible sacarle el puesto a Atobe-san – dio un suspiro–. Pero con tu voto, me siento mejor. No sé si pueda ganar las elecciones con uno solo, pero… haré mi mejor esfuerzo…

            –¡-senpai, ganbatte kudasai! [4] –Choutarou le siguió el juego, aún riéndose.

            –Quizás les de tanta lástima que me den la presidencia por piedad – comenzó a imaginarse la situación.

            –Bueno, si prometes hacer que todas las chicas nos saluden con besos, creo que conseguirías bastantes votos –Ohtori repuso–. Y no es por incluirme, de veras, pero…

            –Está bien, sin miedo, dilo. Te encantaría que todas te llenen de besos. ¿A quién no? La verdad, aceleraría un par de trámites este método –[sino, , venite a vivir a Argentina. Acá implementamos eso, y nos va bien =3]–. Aunque no sé de qué te quejas. ¿Tu cumpleaños no cae el día de San Valentín?

            –¿Y eso es bueno? –inquirió Choutarou, extrañado–. Senpai, ¡es una pesadilla! Y el año que viene no sabré dónde meterme. Ahora que soy parte de los titulares, va a ser… –a Ohtori le daba escalofríos el sólo pensarlo–. Ah, bueno. Peor es nada.

            Sí, hace unos cinco minutos que se habían quedado en la puerta de lo de , sin darse cuenta, o mejor dicho ignorando, que ya habían llegado.

            –Ajá, definitivamente, peor es nada –se rió , ésta risa pronto transformándose en una un tanto incómoda–. Bueno, Ohtori-kun, gracias por tu tiempo. La pasé bien. Tu hermana, un encanto, mándale saludos.

            –Te daría un beso, pero el mundo no es suficientemente liberal todavía. Cuando lo sea, veremos –Ohtori la saludó con un gestito de su mano–. Hasta luego, senpai, cuídate.

 

            Al estar a una cuadra de ella, él quiso matarse.

            “¿¡Qué rayos!? ‘Te daría un beso…’ ¿¿Choutarou, qué, qué te está pasando, qué fue eso??”, el peliplateado entró en una grave depresión. No, no a un agujero en el piso. A una depresión/confusión/mejunje emocional terrible, “Claro. Claro. Bueno, piensa en Shishido-san, él estaría orgulloso…”

           

            quedó con la vista perdida en el horizonte.

            “Qué. Diantres. Fue. Eso.”

~ Aori

Todavía no son las 12, así que... 14/12/06

[1] – La novela está hecha en tiempo actual, así que, cuando dice vacaciones de invierno, se refiere a las vacaciones antes de navidad.

[2] – Sé que utilizar la última película que vi acá es poco original. No me lo recuerden. ¿Tienen problemas? Apúntenselos a Shishi.
S: oO ¿¡Qué soy, tu asistente personal ahora!? ¡Che! ¡Gekidasa da ze!

[3] – “¡Pervertidooo!”

[4] – “Por favor, ¡esfuérzate!”. Una típica forma de dar aliento.

Me disculpo por la OOCness de Ohtori al final de este capítulo. Le salió del alma. No, eso no le quita lo dork.

 

<<Volver al capítulo siete | Seguir al capítulo nueve >>