Mientras la observaba hacerse pequeña y perderse entre la multitud,
Ohtori recibió un mensaje en su celular.
taroupon, soy tu oneechan desde el
cel de mi novio~
podrias ir a dmir a lo d uno d tus amigos?
mi novio se qda a dmir y no qiero hacert dormir en el living…
“Claro. Qué considerada, neesan, siempre lo fuiste…”, pensó Choutarou con
sarcasmo, “Pero mejor que dormir en el sillón del living, cualquier cosa…”
Para cuando se dio cuenta, Oshitari y Gakuto se habían ido: Ohtori sin
siquiera percatarse de que lo habían saludado y todo. El peliplateado quedó,
entonces, en un aprieto.
“Shishido-san. Con lo mucho que te odio ahora y todo…”, Choutarou le echó
una miradita, maldiciendo para sus adentros, “Parece que no tengo opción…”
–A ver, ¿qué es eso? –el morocho le hizo el favor de arrebatarle el
celular al menor–. Ah… bueno, no querrás estar ahí. ¿Cuántos tiene tu hermana,
ya?
–Diecinueve.
–Ah, de verdad no querrás estar ahí –medio rió Shishido–. ¿Quieres quedarte
en casa, Choutarou?
“La verdad que no. Te odio. No quiero ni ver tu rostro…”
–Claro, senpai.
Síp. Enfrentarlo sería difícil…
– Un pequeño malentendido
Capítulo seis –
–Así es. Me dio vuelta el rostro y me dejó hablando sola.
El grupito de chicas escuchó con ojos llorosos las dramáticas palabras de
su líder.
–Fuyumi-sama…
–¿Así te trató, Fuyumi-sama?
–Sí. Pasó exactamente como se los cuento –un poco más o un poco menos
exagerado, en fin, no hace diferencia…–. –chan es una malagradecida.
Pensar que le dimos la oportunidad de unirse a nuestro club… imagínense lo que
sería tener a esa inútil aquí…
–Hubiera sido imperdonable –dijo la segunda-en-cargo–. Suerte que no se
unió, Yume-senpai.
–Pero tendremos que hacerle algo, ne, Akina-chan –Yumeko se llevo un dedo
a la barbilla–. Bien, está decidido –de pronto se le iluminaron los ojos.
–¿Qué cosa, Yume-senpai?
La morocha sacó unos anteojos (más bien, se le materializaron en la mano.
Síganme el juego, ¿quieren? Los necesita para ver bien, pero nunca los usa) de
su bolsillo y se los colocó, éstos reflejando un brillo maléfico –Ella no sabe
que tenemos un acosador profesional de nuestro lado…
Fukumori Akina, la vicepresidenta, miró a su senpai torcido –¿A quién?
–Después de todo, Sadaharu sigue siendo mi primo, ¿ne…? Fu fu fu… ¡Nfu fu
fu fu fu~!
Todas tragaron saliva.
***
–¿Alguna razón por tu cara, Choutarou?
El peliplateado no cambiaba su expresión ofendida desde ya hace rato –No,
Shishido-san.
Su senpai frunció el ceño, sin tragarse esa mentira –Me irrita
profundamente cuando no me dices la verdad, Choutarou.
Ohtori miró hacia otro lado, aún indignado –Por favor, no me molestes.
Ryou se levantó de la silla enfretada a la computadora. Sin que éste se
lo esperara, golpeó con su puño el rostro de su kouhai.
–¿¡Shi…Shishido-san!?
–Esto es ridículo. Si estás enojado por algo, DÍMELO, inútil –no había
sido intención del morocho ser tan brusco, pero no había otra forma de sacar a
Ohtori de su capricho–. ¿¡Qué te pasa!?
Choutarou sostuvo su mejilla herida, ahogando un par de lágrimas –A
ti qué te pasa. ¿No tienes idea de lo
que estás logrando, verdad, Shishido-san? ¡Y después soy yo quien te miente!
Ryou quedó en silencio por unos segundos.
–¿Qué…? Choutarou, ¿qué diablos
te hice?
–¡Está bien! ¡Adelante, ve y empieza a salir con -senpai! Total,
¿¡yo soy el estúpido sumiso, cierto!? –nota: Ohtori podía llegar a ser
muy celoso, y contrario a lo que los
demás piensan, puede enojarse–. ¡Y
encima yo recibo el golpe por… por nada! ¡Quién te entiende!
A Shishido le dio un vuelco el estómago. ¿De qué se trataba todo esto?
–Tendremos que estar toda una noche juntos, Choutarou, así que te sugiero
que te tomes las cosas con calma –Ryou decidió que hablando lo resolverían
mejor–. ¿De dónde escuchaste eso?
–¡Tengo trece años, no nací ayer! ¡Puedo resolver esas cosas solo! –medio
lloriqueó el peliplateado, cegado por la ira y los celos, todo junto,
mezclándose en un brebaje en su estómago. Si no lo vomitaba, no podría volver a
sentirse bien–. ¿Cómo te atreves? Después de darme tanto apoyo, empezar a salir
con ella…
–¿¡QUÉ!? –Ryou estaba confundido como nunca antes–. ¡Entendiste todo mal!
Yo… yo quería… –Shishido no podía decirle la verdad, asi que la dijo, pero a
medias–. Quería saber más de ella para pasarte información, para convencerla de
que salga contigo.
Ohtori frunció el ceño, tan enojado que ni quería creerlo
–¿E… en serio?
–Sí –Shishido sonrió lastimeramente–. Tonto. ¿Por eso estabas enojado?
Choutarou se lanzó sobre la cama, boca abajo, y decidió murmurar un “Vete
al diablo”, aunque en un tono un tanto más juguetón. De todas formas, seguía sin
sentirse bien.
–Ay, vamos…
–No me hables. No voy a hablar con alguien que me golpeó cuando yo soy la
víctima.
–Te felicito, rey del drama. Eres muy maduro.
–Gracias. Me alegro de que pienses eso de mí, Shishido-san…
–Choutarou…
–…
–Basta ya, por favor.
Era como
un niño de cinco años al cual le habían sacado su paleta para después
devolvérsela: seguiría quejándose por el dulce y lloriqueando, aunque lo tuviese
en sus manos.
–Perdóname. Quieres… ¿quieres pegarme y descargarte?
Ohtori levantó la cabeza para mirarlo a Shishido por unos instantes –Yo
no soy tan barbárico.
No, no tenía caso.
***
Paso rápido, mentón en alto, celular al oído. ni se
imaginaba lo que en estos momentos estaba sucediendo entre Ohtori y Shishido.
Ella, por su parte, estaba demasiado empeñada en contactar a Nanako.
–¿Moshi moshi?
Por fin.
–¿Nana-chan? Te habla -chan –repuso , feliz de escuchar la voz
de su amiga. Era como un tranquilizante para su alma–. ¿Tienes tiempo para
hablar?
–Claro. Sabes que siempre tengo tiempo para ti.
–Primero, te estuve llamando al celular unas veinte veces, tonta
–mentira, habían sido como dos o tres, pero no viene mal exagerar…-. ¿Dónde
estabas?
–Me había olvidado el celular en lo de Sakai, y el tarado no te quiso
contestar –dijo Nanako–. No preguntes por qué.
–Ah –entonces, a le cayó la ficha: – ¿Estuviste en casa de
Kai-kun? ¿Sola?
–Baka, no pienses mal –Napporo medio rió–. Fui con un par de amigos más.
Te llamamos, pero tu mamá nos comunicó que no estabas.
–Precisamente a eso voy. Nanako, salí con las dos parejas de dobles del
equipo de tenis de Hyoutei.
Del otro lado, Napporo dejó de peinar sus cortos cabellos negros para
casi gritar en el teléfono: –¿¡QUE TÚ QUÉ!?
–Así es – tuvo que apartar el teléfono del oído, pero se sonrió pese
a lo aturdida que estaba por el chillido de su amiga–. Anteayer, Ryou-kun––
–¿Ryou-kun?
se puso a la defensiva –¿Qué tiene de malo?
–Nada. No importa. Continúa.
–Bien. ¿En qué estaba, en qué estaba? – pensó–. Ah, sí. Ryou-kun me
invitó al cine con Ohtori-kun, Oshitari-kun y Mukahi-kun cuando el viernes me
los encontré en las canchas.
–… ajá…
–Y entonces fui, y quise llamarte, de veras, y no te encontré. Así que
básicamente fui sola –suspiró –. Pero… podría haber sido peor.
–Cállate –Nanako rió–. ¿Cómo puede ser mala una salida con tantos
bishounen?
–Buen punto…
–¡Baka, baka! Quiero verte ya –admitió Napporo–. ¿Estás muy ocupada?
–Ahora iba a recuperar una clase de piano –mientras decía esto,
llamó un colectivo–. Pero luego estaré libre…
–¡Ah, sólo tú haces esas cosas! ¡Clases, un domingo!
largó una risita, subiéndose al ómnibus –El que quiere celeste,
que le cueste…
–“Celeste”… “cueste…” –tras ella, un muchacho sombrío la había estado
siguiendo y murmurando cosas bajo su aliento–. Ii data…
***
La risita maliciosa de la líder (“nfu fu fu, fu fu fu~”, ¿recuerdan?)
atrajo la atención de las chicas del grupo.
–¿Yume-senpai? –inquirió Fukumori Akina [: *les recuerda*
vice-presidenta], algo preocupada ante el hecho de que la chica ya se reía
sola–. ¿Qué…?
–Es perfecto, perfecto, Akina-chan –se sonrió Yumeko, sus bucles negros
rebotando mientras caminaba por los corredores de la escuela–. Sadaharu me dijo
cosas bastante interesantes con las cuales atacar a -chan.
Fukumori, mejor conocida como la líder intelectual del grupo (Fuyumi
siendo la carismática), se ajustó los anteojos y se acomodó una cascada de
cabello color miel detrás de la oreja –Podrías haberme dicho antes, senpai…
–¡Te diré lo que quiera, segunda-en-cargo!
Ante esta fría réplica, Akina tembló en el lugar y se encogió sobre sí
misma, cerrando los ojos.
–¿Quedó claro?
–Cla… clarísimo, señora.
–Ahora sí –Fuyumi frenó a su grupo–. -chan salió este sábado con
Shishido-kun, Ohtori-kun, Oshitari-kun y Mukahi-kun.
Ante esto, todas ahogaron gritos de diversas magnitudes.
–¡Esto es imperdonable! ¡Hay que hacer algo! –Yumeko miró a las
integrantes de su grupo con firmeza–. ¡Por eso iremos y Akina-chan confrontará a
-chan!
La castaña abrió más los ojos –¿Per… perdona, senpai?
–Bueno, está bien, cobarde –Fuyumi agitó su cabellera dramáticamente–. Lo
haré yo.
Fukumori suspiró “Ni siquiera dije que no…”
La morocha dirigió a su grupo hacia donde estaba , inocentemente
viniendo hacia ellas, acompañada por su amiga de cabello corto y negro (alias:
Napporo Nanako. Por el momento no presenta amenaza) y su amigo de cabello color
nuez (alias: Mitsukoshi Sakai. Posible amenaza si decide defender a ).
“Fu, fu, como la pagará…”
–¡-chan! ♪
ahogó un grito, se puso pálida, tomó a sus dos amigos de la mano y
giró los talones para salir corriendo cuanto antes.
Imposible. El club de fans de Shounen Ai, división 82 - ToriShishi los
tenían rodeados.
–¿Pensaste que te librarías así de fácil de mí, hmm? –Fuyumi dio un paso
hacia adelante, haciendo que Sakai se interpusiera sobreprotectoramente entre
ella y . A esto, la presidenta alzo una ceja.
–Por favor, Escuadrón de Fuerza, quítenlo del medio –ante esta orden de
Akina, un par de chicas de metro ochenta (mínimo) y que lucían como que
ocultaban caños de fierro ensangrentados bajo sus polleras se acercaron al lugar
y retiraron (no muy suavemente) a Sakai de allí. Nanako, aunque no había orden
de, también fue removida.
–Ahora sí. -chan, tú y yo, solas, hablemos –Yumeko dio una
sonrisa torcida–. Veo que estás convencida de que puedes salir con el
silver pair cuando quieres. Bueno, te
aclaramos por las buenas que teníamos reglas sobre ello, pero no quisiste
escuchar…
–Está demente –escupió , irritada–. Te crees que puedes dominar
Hyoutei, pero eres una persona más, y no vas a decirme que hacer.
–¡No te atrevas a contestarme! ¡Estoy hablando, diablos! –Fuyumi chilló,
para luego murmurarse: –Estas nuevas protagonistas… ya no las hacen sumisas como
antes…
–¿Eh?
Fuyumi tosió con disimulo –No, nada. Volviendo a lo nuestro… –comenzó a
dar vueltas por alrededor de –. Tienes agallas, mocosa. Creo que necesitas
que te recuerde tu lugar en el mundo.
Cuando Yumeko levantó la mano para abofetear a (¿saben? Abofetear
siempre es mejor que golpear. ¿Por qué? Porque pese a que duele y que es un
gesto de extremo/a desacuerdo/superioridad sobre alguien, no inflige daños
serios), una voz resonó.
–¿¡Qué diablos es todo este despliegue!?
Las fanáticas abrieron paso para Shishido Ryou (al cual , desde ese
momento, bautizó como su milagroso salvador), y Yumeko ocultó su mano,
haciéndose la inocente.
–¿Ah? Shishido-kun…
–No me vengas con eso, Fuyumi –el muchacho lucía bastante peligroso–.
¿Qué se supone que haces?
–Y-yo…
–La chica salió conmigo, sí, yo la invité –declaró Shishido, enfadado–.
¿Tienes problemas? Puedes decírmelos, aquí estoy.
–… pero… pero, Shishido-kun…
–Tu obsesión conmigo y con Choutarou no justifica nada de lo que estás
haciendo. Y si sigues así –Ryou amenazó– juro que me iré del colegio y no
volveré a jugar dobles nunca más.
–¡NO, SHISHIDO-SAMA, NO LLEGUES A ESE EXTREMO! –lloriquearon las
fanáticas, y Yumeko se vio obligada a adherir.
–Shishido-kun… por… por favor… –suplicó la presidenta–. No digas esas
cosas…
–Lo digo en serio –y eso parecía–. ¿Me ves cara de estar bromeando,
Fuyumi?
Ella agitó sus bucles negros desesperadamente.
–Bien. Quiero, ahora, que tú y tu grupito vuelen de aquí.
Yumeko se mordió el labio inferior. Con un gesto de su mano, condujo al
club de fanáticas de ToriShishi lejos.
lucía como que estaba a punto de llorar. Demasiadas emociones
juntas. Estaba aterrada por su vida, se sentía impotente porque intentaran
controlarla, y a la vez… estaba agradecida con Shishido. Y seguía enamorada, sí.
– –no, esto no era ningún tipo de error. El mayor de los integrantes
de los Dobles 1 la estaba llamando por su nombre–. ¿Estás bien? –se sintió un
poco inseguro de tocarla, así que ni siquiera se atrevió a palmearle la espalda.
Sin embargo, cuando la muchacha se aferró a la pared para mantener el
equilibrio, él tuvo que sostenerla.
Sakai y Nanako se acercaron corriendo, esta última abrazando a y
lloriqueando su nombre, como si hubiera vuelto de la guerra.
–Lo siento –se disculpó Shishido, pero ni él sabía bien por qué–. No
tenemos control sobre lo que hacen esas locas. Nadie lo tiene.
–Está bien. Sabemos que no es tu culpa, Shishido-kun –Nanako intentó
dedicarle una sonrisa, pero no pudo–. Nosotros la contendremos. Gracias por lo
que hiciste.
–Lo siento mucho, –se disculpó Ryou antes de decidir irse–. Odio que
te veas afectada así. ¿Quieres que frenemos esto…?
“¿Qué? ¿Y rendirme? ¡No, no hasta obtener una respuesta de Choutarou!”,
fue la conclusión más lógica a la que la chica podía llegar en ese estado.
–No. Absolutamente no –negó –.
Todo lo que hiciste no quedará en la nada. Sobre Fuyumi-san, bueno… ya
encontraremos que hacer, ya se dejará de molestar…
“Temo que eso es lo último que tiene pensado hacer en su vida”, pensó
para sí Shishido, pero un acontecimiento lo hizo no poder exteriorizarlo.
***
Ohtori Choutarou se sentía la persona más estúpida en el planeta.
Gritarle a su senpai así, por nada… sí que se había buscado ese golpe. Bueno,
no exactamente, ahí Shishido-san se
había excedido, pero, de todas formas…
Por suerte, la noche entre los chicos había terminado bien. Shishido no
paraba de disculparse sobre la trompada, y Ohtori no paraba de decirle que no se
molestara en hacerlo. Un buen final, por suerte, pensó Choutarou con una
sonrisa.
Caminó sobriamente por los corredores de la escuela. Por más bien que
ahora estuvieran, la pelea con su senpai le había sacudido el estómago.
Choutarou sí intentaba, pero no podía dejar de sentirse culpable, cansado…
horrible.
El peliplateado fue cruzado por una ráfaga de cabellos negros y bucleados.
“¿Fuyumi-senpai?”, pensó él, observando mientras ella se iba con su
grupito, “Qué raro que no se detuvo a chillar sobre idioteces…”
Algo habría pasado, pero Ohtori no estaba a punto de ponerse a
averigüarlo.
–, ¿estás bien?
Era su voz. Ja… una sola pelea con él, y ya oye su voz en la cabeza…
Al levantar la vista, notó desde su lugar que no era solo una voz.
Shishido-san estaba allí… sosteniendo a -senpai en brazos.
“¿Qué… mierda…?”, Choutarou se escondió por ahí para escuchar la
conversación.
–Odio que te veas afectada así. ¿Quieres que frenemos esto…?
A Ohtori se le debilitaron las rodillas, “No… Shishido-san, dime que no…”
–Absolutamente no. Todo lo que hiciste no quedará en la nada…
Demasiado. Demasiado como para soportarlo. Ese dolor… sí, Choutarou ya
era familiar a esa espada de hielo clavándose en su estómago.
De pronto, Shishido y Ohtori cruzaron miradas. La del morocho se veía
asustada, preocupada, y, acto seguido, completamente aterrorizada y culpable.
Choutarou no quiso ver más: cerró los ojos.
“Al diablo contigo, Shishido. Al diablo con , al diablo con
todo”, decidió el peliplateado. Él no sería el tercero en discordia. No volvería
a ser el estúpido inocente que se traga todas.
Giró sobre sus talones y comenzó a correr, tanto, que Ryou no halló
rastro de él cuando quiso encontrarlo. Lo terrible, ahora, sería la práctica de
tenis.
***
Ohtori lanzó su raqueta al suelo –¡No puedo, NO PUEDO!
Shishido le echó una miradita –No estás tratando.
Choutarou, entonces, le devolvió una de las miradas más frías que jamás
le echaría a alguien –A ti nadie te hablo. Cierra la boca.
Ryou podía entender que estuviera enojado y no, no había tenido tiempo de
explicarle todo, pero… ¡pero esto era ridículo! Choutarou sí que tenía un
talento especial para comportarse como un inmaduro egoísta (dos cosas que él no
era) cuando de celos se trataba…
–Cómo dices, idiota…
–Sakaki-sensei, quiero cambiar de compañero.
El aludido, desde la banca del entrenador, apenas alzó una ceja, aunque
en realidad estaba bastante impresionado –Eso no será posible, Ohtori. Si tienes
problemas con Shishido, supéralos.
El peliplateado se mordió el labio inferior.
–Entonces quiero irme de la práctica.
–Esto bajará tu concepto, Ohtori –advirtió el entrenador.
–No me interesa, Kantouku.
Sakaki Tarou dio un suspiro. No podía discutir las decisiones del chico
–Bien. ¡Itte yoshi!
Y con esto, Choutarou se fue hacia las duchas (un baño antes de ir a casa
le haría bien), dando pisotones.
–Yo también me voy, sensei –Shishido lanzó su raqueta por ahí y siguió a
la figura desvaneciente de su compañero, sin siquiera esperar por una orden de
Sakaki.
“Estos dos…”, se lamentó el entrenador, “Exactamente en qué estarán
pensando ahora…”
***
El agua escurrió por su rostro, cayendo por su cuello suavemente hacia su
quijada, haciendo surcos en los marcados abdominales. Apoyó la frente contra la
pared de la ducha. Las lágrimas eran casi indistinguibles entre el agua que
caía.
“Shishido-san… bastardo…”, pensó Choutarou, apretando los ojos, pero eso
no frenaba las cascadas de lágrimas, “Odio que me mientas… sé que no quieres
lastimarme, pero…”
No importaba gastarse toda la reserva de agua de Hyoutei Gakuen (aunque
Sakaki-sensei no estaría muy feliz de esto) – Ohtori tenía pensado pararse bajo
la ducha hasta que se le fueran los nervios. Estaba demasiado tenso, tanto que
casi temblaba.
“No recuerdo haber llorado tanto antes”, mientras pensaba esto, Choutarou
medio se reía, teniéndose lástima a sí mismo, “Tienen razón en lo que piensan de
mí. Soy… débil… y… no merezco a -senpai… ¿verdad? ¿Es por esto que me
estás dando la espalda, Dios? ¿Debo darme cuenta solo?”
Ohtori se aferró a su cruz, aún sonriendo –Hablo con Dios, como si fuera
a escucharme… qué mal que estoy últimamente, ja, ja…
Sintió el ruido de una puerta abriéndose y cerrándose, y abrió los ojos
de golpe. Por la traslúcida puerta vio una silueta que jamás confundiría pasar y
colocarse en la ducha de al lado. El agua comenzó a estrepitar.
–Hola, Shishido-san –Ohtori miró de reojo, por sobre el panel que dividía
las duchas y no era lo suficientemente grande como para tapar la vista del
peliplateado de metro ochenta y cinco–. ¿Cómo estás?
Su voz sonaba más amarga que de costumbre.
–Bien, Choutarou –Ryou decidió seguirle el juego–. ¿Y tú?
–No tengo ganas de hablarte –declaró Ohtori, reclinándose sobre una
pared–. Haz de cuenta que no me conoces. Dúchate y vete.
–Si no nos separara este panel, juro que te golpearía, ¿sabes? –Shishido
dio una agria risita.
–Ven y hazlo. No me molesta. Vestidos o no, somos los dos hombres, qué
más da –Ohtori se encogió de hombros–. No es que vaya a ver algo de lo que me
pueda asustar.
–Odio tu actitud.
–Yo directamente te odio a ti.
Shishido suspiró –¿Por qué es que tu inmadurez ya no me sorprende?
Ohtori se fregó la cara con agua y decidió ignorar la pregunta.
–Nunca fuiste así, Choutarou.
–Hay una primera vez para todo, senpai.
El morocho resistió la tentación de ir y molerlo a golpes –No tienes que
escucharme, realmente, pero te contaré mi versión de la historia. Si me oyes o
no, lo decides tú.
Ohtori suspiró audiblemente, y decidió seguir con lo que había comenzado
y hacer oídos sordos.
–No tengo forma de explicarte lo que escuchaste sin contarte algo que
me hizo jurar no decir –comenzó Shishido. Ohtori podría estar intentando
bloquear su voz, pero la tentación de escucharlo, la esperanza de que su senpai
no lo hubiera traicionado… eran irresistibles–. Pero no fue lo que tú crees.
–Claro. Hablan de algo que no pueden decirme, y encima debo creerte –Ohtori
cerró el grifo, sacudiendo su cabeza para secarse el cabello un poco–. De verdad
quiero, pero no puedo.
–Choutarou…
El aludido rodeó su cintura con una toalla, y salió de la ducha, buscando
su uniforme escolar. Sin dejar de sostener el pedazo de tela que lo cubría, se
colocó sus bóxers: recién ahí dejó caer la toalla, tirándola por allí.
Shishido salió poco después, Ohtori aún presente en el baño – debía de
ser muy masoquista al esperarlo.
El morocho ató una toalla a la cintura y se secó el cabello con otra –¿Te
quedaste para que hablemos?
Choutarou negó con la cabeza –No. ¿Dijiste que querías golpearme, no?
Hazlo. Por favor.
Eso iba a hacer, pero cuando Ohtori volteó, Ryou se encontró con que
tenía el rostro empapado en lágrimas, y dejó caer su puño. No podía golpearlo
por estar confundido.
–Tienes que creerme. Yo jamás… no se me ocurriría hacerte eso, Choutarou.
¿Por qué actúas como si no nos conocieramos? –Shishido frunció el ceño. Él, a
cambio de Ohtori, tenía demasiado orgullo como para largarse a llorar.
El peliplateado ajustó el cierre de sus pantalones y buscó su camisa –Yo
ya no te conozco, Shishido-san. No después de lo que hiciste.
–¡Déjate de sentimentalismos! –la voz de Ryou flaqueó, y esto llamó la
atención de su compañero de dobles–. Yo…
–Lo siento. No me explicaste bien tu conversación con -senpai,
así que no sé que pensar –Choutarou estaba firme y estoico pese a que las
lágrimas no cesaban de caer.
–Ya te dije. No tengo forma de explicártelo. Estoy ayudando a con
algo, y…
–¿Y Fuyumi-senpai está enojada por ayudarla con una simple idiotez? Lo
dudo –cortó la voz de Ohtori peligrosamente–. No la estuviste ayudando.
Estuviste saliendo con ella.
–…
Shishido terminó de vestirse al mismo tiempo que Ohtori.
–Desquítate.
El menor alzó sus cejas. Estaba dispuesto a irse, pero esto lo frenó
–¿Qué?
–Pégame. ¿No tienes ganas de eso? Muéleme a golpes. Y luego te diré qué
sucedía de verdad con , y verás que estuviste equivocado todo este tiempo.
Ohtori no lo pensó dos veces, y comenzó a descargar sus frustraciones en
su senpai. Un golpe, dos, y luego lo sostuvo contra la pared, mirándolo directo
a los ojos. Shishido tuvo un escalofrío: en su vida había visto al muchacho con
tanto odio en su mirada.
– gusta de alguien, y me está pidiendo consejos.
Ohtori lanzó al morocho al suelo –Claro. Sí, eso es perfectamente creíble
–dijo irónicamente–. Bastardo…
Iba a seguir con su maltrato, pero…
–Choutarou, ese alguien eres tú.
Tú le gustas a .
~Aori
11/12/06
Esto se transformó en una telenovela. Perdonen. u_u *sigh*