Cuando reconoció el número de Shishido Ryo en el identificador de llamadas, comenzó a temblar. Sabía que debía atender y superar su miedo, pero al mismo tiempo, no lograba hacerlo. De cualquier forma, tarde o temprano, tendría que enfrentársele, así que…
Levantó el tubo suavemente, y cerró los ojos –¿…Moshi moshi?
– Un pequeño malentendido
Capítulo cuatro –
–Me cuesta seguirte la corriente, .
La muchacha enrojeció del enfado –¡¡Te expliqué la situación, Shishido-kun!! No tenía idea que al abrir mi locker me… ¡me encontraría con todo eso!
Del otro lado del tubo, Shishido comenzó a dar vueltas por su cuarto –¿No podías ni imaginártelo?
–¡Que iba a saber yo! Pensé que le había dejado claro a Fuyumi-san que no quería saber nada… –resopló , entristecida–. ¿Cómo reaccionó Ohtori-kun?
Ryo mintió monstruosamente –No lo sé.
–Debe odiarme. Yo sé que me odia, lo sé – se lanzó sobre la cama–. Ya está. Mejor me dedico a otra cosa. No sirvo para esto.
–, recuerda que… que él te defendió ayer –repuso Shishido, intentando hacerla sentir mejor. No podía: sí, la detestaba por hacerlo sentir así a su mejor amigo, pero no podía no consolarla si estaba tan triste–. Dijo que te creía. Eso es un buen avance.
“Idiota, si tan sólo supieras lo que él siente por ti…”, refunfuñó el morocho para sus adentros, “Lo peor es que no puedo decírtelo, tengo que hacer que te des cuenta sola.”
–¿Te preguntó algo sobre… sobre todo lo que me dijiste ayer?
Esto interrumpió los pensamientos de Shishido –No. Es demasiado respetuoso; sabe que si él tuviera que saber, yo ya le habría dicho… y si yo no le digo nada, jamás preguntará.
–Qué dulce –admiró .
–Sí, muy.
Hubo un silencio.
–Por favor no divulgues que admití que Choutarou era dulce indirectamente.
–Mis labios están sellados, Shishido-kun.
–Por cierto… –comenzó Ryo, frenando su recorrido por toda la casa (su hermano se había hartado de que gire en círculos por la habitación y lo había echado) en la cocina para buscar algo en la heladera–. ¿Por qué te empezó a gustar Choutarou?
–Porque… – se sonrojó apenas–. No lo sé. Creo que una vez entré al aula de música cuando él estaba ensayando con los de la orquesta, y me quedó esta imagen suya tocando el violín.
–Ah, ¿viste? No sabe tocar –repuso irónicamente Shishido.
–No, para qué – siguió el tono irónico–. Bueno… te decía… ah, sí, ahí estuve por toda la escuela preguntando “¿Quién es el chico peliplateado que toca el violín?”. En ese entonces no era titular, así que no muchos lo conocían.
–Hasta que te dijeron “ese es Ohtori Choutarou”, y te enamoraste de él… ¿eh?
–Bueno… a decir verdad, sí, algo así –replicó , sonriéndose–. Él me inspiró muchísimo. Yo voy a clases de piano, pero antes no era muy buena, porque nunca practicaba. Cuando lo vi a él tocar… comencé a querer ser igual de prodigiosa, y me puse a practicar como loca.
–¿Él tiene esa habilidad, lo has notado? –repuso Ryo–. Puede hacer que cualquier persona cambie de parecer, o mejore sus actitudes erróneas. Pregúntamelo a mí.
–Ah, eso. Después de que escuché lo que había hecho por ti, me enamoré perdidamente. Sonaba como un chico tan poco egoísta…
–Y lo es –Shishido sonrió apenas, para sí, sirviéndose un vaso de agua gasificada–. A veces logra ponerme nervioso.
se rió –Me imagino.
–De cualquier forma, escucha… –dijo Ryo–. Es porque es tan poco egoísta que jamás le negaría una cita a una chica. Así que, si lo ves de esa forma, no tienes nada que perder.
–Lo siento, Shishido-kun, pero no quiero que acepte mi cita sólo por compromiso o lástima. Saldré con él sólo cuando esté segura de que aceptará porque él también siente lo mismo.
Ryo hizo una mueca ante esta contestación. Serían una pareja difícil de juntar…
–Pero quizá… si le pides de salir, él comenzará a conocerte y… ¿terminarán en algo bueno?
–¿Por qué es que estás tan empeñado en juntarnos, Shishido-kun?
El morocho tragó saliva, pero manejó una respuesta adulta, pese a todo –Porque quiero ver a Choutarou feliz, y creo que tú podrías lograrlo.
se sonrojó –¿T-tú crees, Shishido-kun?
–¡Por supuesto, ! Ten confianza.
Reinó el silencio por unos segundos.
–Bueno… eh, , creo que tendría que dejar el teléfono –repuso Shishido–. Suerte, eh. No te rindas.
se sonrió. Nunca se habría esperado escuchar palabras tan reconfortantes de parte del muchacho –Gracias, Shishido-kun. De veras te lo agradezco.
*Beep*
***
[Ii data – las DNs son un 90% más oportunas que la realidad. Dicho esto, decidiré que y Ohtori Choutarou quieran –por casualidad– ir a las mismas canchas de tenis el mismo día. Gracias. Continuamos con nuestra programación habitual del día de hoy.]
acomodó su pollera nerviosamente, y se dirigió hacia el frontón, abrazada a su raqueta como si ésta fuera un bebé recién nacido. Abrió su mochila con un movimiento rápido de su mano y sacó un par de pelotas, con las que se dispuso a practicar.
Ahora que Shishido había reanudado el estar-de-su-lado, podía respirar muchísimo más tranquila. Por lo menos tenía la seguridad de que tenía el completo apoyo del mejor amigo de su kouhai, y eso significaba tener el apoyo de quien más lo conocía: una buena jugada a tu favor.
–¿Ne, viste esto? –una muchacha de unos doce años le comentaba a otra, lo cual cautivó la atención de .
–¿Que si vi qué?
–¡El chico que está de ese lado del frontón! No sólo es muy lindo, sino que… esa técnica…
–¡Ah, tienes razón! ¿Es muy habilidoso, ne?
–Creo que si fuera a darle con su saque a alguien, le sacaría un ojo… como mínimo…
alzó una ceja. Sí, ella conocía a cierto peliplateado con un saque de doscientos (y algo) kilómetros por hora. A eso había que tenerle miedo.
Se sintió un fuerte “tac” de una pelota, y, acto seguido, una bolita verdeamarilla cayó estrepitosamente… encima de su cabeza.
se tambaleó y golpeó con sus rodillas el suelo, sus ojos transformados en dos grandes arrobas (véase emoticón “@.@” para referencia) y dándole vueltas.
–¡Ahh, discúlpeme, está usted… –el responsable frenó súbitamente, percatándose de quién se trataba– …bien? ¡-senpai!
recuperó por fin el “conocimiento” (o sea: sus ojos volvieron a lucir como óvalos normales de nuevo) y tomó la pelota que había quedado en el suelo, dispuesta a tirársela por la cabeza al culpable de esto –¿¡QUIÉN DIA––
frenó su ira. Tranquila… tranquila… ya. Y ahí se dispuso a contestar:
–¿Ohtori-kun?
[Y si no lo presentían, juro que voy hasta sus casas y los abofeteo. Em… ¿en qué estábamos?]
–No pensé que saldría volando de tal forma, lo siento –se disculpó el muchacho, riéndose apenas–. Menuda suerte, senpai…
–Sí, menudísima suerte –repuso la chica, levantándose–. Ten. Supongo que esto es tuyo.
–Sí, así es –Ohtori recibió la pelota de las manos de la joven–. Pero, dime, senpai. ¿Tú también practicas tenis?
–…ocasionalmente. Sí –admitió con un rastro de sonrojo en sus mejillas, intentando hacer lo posible para no ponerse más roja: lo cual significaba ignorarlo y comenzar a practicar.
–De abajo hacia arriba, senpai –instruccionó Ohtori con una sonrisita, al ver que la joven le daba como quería a la pelota. No era que no supiera jugar, ¡eran nervios, maldición!
–A-ah, hai –repuso , comportándose como una completa Mary-sue. [1] ¿¡Por qué!? Esa no era ella–. Oye, Ohtori-kun… –frenó la pelota con una mano–. Quería disculparme… por las molestias que les ocasioné a ti y a Shishido-kun.
Choutarou alzó sus cejas –¿Eh? Bueno, disculpa aceptada, pero… realmente no sé de que discutían, así que a mí no me causaste molestias –largó una risita.
“Justo como lo dijo Shishido-kun. Ohtori-kun no se metería en asuntos ajenos ni por accidente, ne…”
–Lo lamento… no… no fue de buena educación hablar de cosas que no te incumbían en tu cara – quiso remediar un poco la situación con una sonrisa, la cual Ohtori se encargó de devolver.
–No es problema –aseguró el peliplateado serenamente–. -senpai, ¿te molesta si… –meditó sus palabras con sumo cuidado– … si practico contigo?
–Claro que no me molesta –despreocupó la joven. Lo menos que podía hacer ese chico era molestar, más cuando era tan lindo y tan perfecto y tan… tan tan–. Pero, ¿practicas siempre solo?
–Estaba esperando que llegue Shishido-san, justamente –repuso Choutarou, tomando su raqueta y disponiéndose a resumir su tarea. se lo quedó mirando, atónita por completo, sin darse cuenta de que no quedaba muy bien mirarlo por tanto tiempo con cara de retrasada.
Ella tenía varios retrocesos al estar con él, sin lugar a dudas. Se transformaba en una estúpida que titubeaba, tenía más actos fallidos que poros en la piel, y se sonrojaba de nada y… ¡ARGH!
“¡ME ODIO ME ODIO ME ODIO!”
Ocupada en su auto-desprecio, no pudo darse cuenta de que cierto senpai morocho se acercaba al frontón. Ohtori, en cambio, sí se percató de esto, y comenzó a desesperarse.
Shishido frenó sobre sus pasos, viéndolos juntos. “¿Ya están saliendo, así de fácil? Ah… pensé que sería más divertido juntarlos…”
Sí, antes se estaba quejando porque eran demasiado complicados-de-juntar, y ahora estaba desilusionado por lo fácil que había sido. Esto no es un error de escritura: Shishido es así de contradictorio.
De todas formas, el chico de gorra decidió visitarlos a ver qué tal estaban. Quizás molestarlos y hacerlos sonrojar un rato~
Por Dios, ya estaba siendo sádico…
–Hola, par de tórtolos.
(Sí. Malo Shishido. Muy malo. [A/N: ¡Te portaste mal, andá a mi cuarto! >D]).
Los aludidos lo miraron, ambos con caras muy yo-no-fuísticas.
–Shishido-san… hola.
–¿Q-qué tal, Shishido-kun?
Ryo siguió con su cargoseo –Choutarou, si prefieres practicar con una chica antes que conmigo, sólo debes decírmelo, sabes…
–No es así, Shi-Shishido-san…
“Con más razón piensan cualquier cosa sobre ellos”, notó mentalmente, “Admitidamente, cualquiera lo haría.”
El mayor siguió molestándolo a su kouhai, diciendo cosas que fácilmente lo hacían sonrojar. La joven, por su parte, observó la situación, sin darse cuenta de que había ido a practicar y terminó haciendo todo menos eso.
“Hace tres capítulos…”, frunció el ceño ante sus pensamientos, “¿Tres capítulos? No sé porque dije eso… en fin, hace días pensaba que era terminantemente homosexual. Ahora, no sé, lo estoy dudando… además, siento como si hubiera señales obvias que no estuviera viendo…”
“¿Como el hecho de que Shishido te haya querido ayudar cuando, prácticamente, nunca ayuda a nadie?”
le frunció el ceño a su conciencia, “Cualquiera querría ver a su mejor amigo saliendo con alguien. Quiere lo mejor para él, aunque esto a veces no sea lo mejor para ambos.”
“¿Por qué Ohtori se sonroja tanto con los comentarios de Shishido, entonces?”
“…”
“Te gané.”
“No, no me ganaste. La respuesta es simple: porque se gustan, es fácil de ver.”
“Estas volviendo a lo que pensabas hace tres capítulos atrás. Y yo que pensaba que habías hecho un progreso…”, se quejó la voz interior.
“¡Todos insisten con lo de los capítulos! ¡Hace días, días atrás, no capítulos!”
–¿Y tú, qué tienes para decir sobre todo esto, ?
La aludida se sobresaltó –¿Eh? Bueno… nos encontramos. Fue casualidad.
–No, no hablábamos de eso –repuso Ohtori, medio riéndose, medio frunciendo el ceño–. Estábamos discutiendo sobre los nacionales.
“…”
“Te cacharon.”
“Lo sé, lo sé”, calló a su conciencia, “Basta. Déjame pensar tranquila.”
–Ah… que… ¿qué cosa sobre los nacionales?
–En Babia. Qué raro –Shishido se sonrió, entretenido–. Nada. No importa. Charla de tenistas.
curvó sus labios en una sonrisa, pero no dijo nada. Quedose mirando al joven de ojos almendrados, frunciendo apenas el entrecejo. “Diablos… si él supiera… ¿se reiría de mí? ¿Cómo reaccionaría?”
“Te diría ‘No, disculpa, tengo novio’. Nótese el novio.”
“¡No eres graciosa, voz interior-san!”
–¿Está divertida la discusión con tu conciencia, ?
jamás quiso preguntarse si eso fue una simple adivinanza o si Shishido era alguna especie de vidente o algo así –Ah… perdonen, estoy algo distraída hoy…
–¿Hay algo que ocupe tu mente, senpai? –inquirió Ohtori, haciendo que a la susodicha se le encogiera el estómago.
–La verdad, no… pero… gracias por preguntar, Chout –su distracción casi hace desastres. ¿O sea, quería ser acribillada por el club de Shounen Ai, llamándolo de esa forma?– Ohtori-kun.
Shishido alzó sus cejas. Estos dos y esas ideas cursis de coqueteo…
–Iie, si se puede, me gustaría… acostumbrarme a que me digas Choutarou –sonrió el peliplateado–. Después de todo, calmaría un poco a las de cierto club, ¿no, Shishido-san?
Ryo hizo una mueca –Sí y no. Si velamos por la seguridad de , la mejor idea es que no te llame por tu nombre en público. Aunque quizás no les vendría mal que alguien te llame como yo, para aligerar sospechas, pero… no, no, demasiado riesgoso.
–Está bien, no… no fue mi intención llamarlo así –despreocupó , ligeramente sonrosada–. Fue un acto fallido.
“¡Pfft, sí, seguro!”
“¡URUSAI YO!”
–Oi, … vamos a las canchas, ahora, a tener un partido. Si nos esperas, podemos acompañarte hasta tu casa –dijo Shishido–. ¿Qué te parece?
reconsideró las opciones. Sería… la primera vez que Ohtori-kun la acompañe hasta su hogar. Con Shishido, obvio, no, pero algo era algo…
–Yo…
“Tú tienes clases de piano en, más o menos, diez minutos, baka.”
, a su conciencia, la maldijo y bendijo al mismo tiempo.
–Yo debo irme.
Ohtori cambió su expresión feliz por una apenada –¿De veras? Ah, qué mal, -senpai…
–¿A dónde? –Shishido alzó una ceja.
–Tengo clases de piano –dijo .
A Ryo esto le pareció una excusa coherente –Está bien, ve. Luego te diremos como resultó el partido, aunque de seguro yo ganaré…
–¡Eso quisieras, Shishido-san! –se rió Choutarou.
hizo una reverencia –Ganbatte, Ohtori-kun, Shishido-kun. Los veo mañana.
–Pasado, pasado mañana –corrigió el morocho–. Mañana es sábado, ¿recuerdas, despistada?
–Pues que nos vea mañana, cuando vayamos al cine con Oshitari-senpai y Mukahi-senpai –sugirió el peliplateado–. No nos dirán nada si invitamos a alguien, ¿o sí?
Shishido pensó la propuesta, mirando a de reojo –Está bien. , trae una amiga si quieres.
Ella no acreditaba lo que escuchaban sus oídos. ¿Esto no era un error? Es decir… ¿Era Ohtori-kun quien la estaba invitando a salir, con ellos, con los demás titulares?
–Muy bien, iré… y… de seguro Nana-chan estará encantada de ir también –“A una amiga no se la deja sola”, penso , “Y más vale que Nanako no me deje sola en esta”– ¿A… qué hora?
–No tenemos nada arreglado… todavía, pero creo que a eso de las dos empezaba la película –repuso Shishido–. Son unos cines que quedan a la vuelta de mi edificio, luego te paso la dirección.
–Cualquier cosa…
–Tengo tu teléfono, sí –sonrió el morocho.
Ohtori sacó su celular –¿Podrías dármelo a mí también, senpai? Tú sabes, por si… por si las dudas, ¿ne?
“¡Ahí tienes! ¡Y luego dices que yo invento cosas!” saltó la conciencia como leche hervida.
–Claro – tomó el celular del peliplateado y anotó su número–. Ahí tienes. Bueno, los… los veo luego.
Y se alejó a paso rápido, todavía en acalorados debates con su conciencia.
***
medio-observaba las casas, edificios y árboles pasar, medio-soñaba despierta. En un capítulo –eh, perdón, día– su suerte había cambiado de golpe. El destino le sonreía, por fin.
Bueno… le sonrió hasta que vio a una cierta pelilarga morocha subirse al colectivo. Ahí fue cuando comenzó a desesperar. Al verla acercarse con una sonrisa malévola, hizo lo posible para frenar el colectivo, lo cual significaba tocar varias veces el botón para parar en el próximo destino. Y seguía acercándose… trabajando su camino por la gente, empujando, y…
Y bajó del medio de transporte por fin, apresurada, y unas cuantas paradas lejos de su casa. Cuando observó como la puerta se cerraba sobre Fuyumi Yumeko y esta comenzaba a gritar cual película muda (sus chillidos eran opacados por la puerta del colectivo), decidió que caminar esta vez no sería tan malo. Y que, por sobre todas las cosas, lo bueno es que su día de hoy terminaría bien. Habría que esperar hasta el próximo capítulo día.
~ Aori
5/12/06
[1] Básicamente, una "protagonista perfecta", que hace que todos se caigan a sus pies, es prudente pero lucha por si misma, tiene linda voz, etc, etc. Favor de buscar en google, Ao no sabe explicar.