–¿Sigues con esa idea en la cabeza?

            miró a Napporo Nanako con una ceja levantada y algo de inocencia –¿Idea?

            –Sobre la sexualidad de Ohtori-kun.

            –Ah, sobre eso…

            Hubo un silencio en el que golpeó un dedo índice contra el otro.

            –… el otro día terminé saliendo con él.

            –¿¡QUÉ!?

– Un pequeño malentendido

Capítulo tres –

            –N-no me grites, Nana-chan… –pidió -no, perdón- suplicó tapándose los oídos–. Es en serio…

            –Pero, ¿¡cómo!? –Napporo estaba feliz y asombrada al mismo tiempo–. ¡¡!! ¡Lo primero que tienes que hacer en esos casos es mandarle un mensaje a tu amiga!

            –Es… que… ¡Nana-chan, no podía pensar bien! Además, fue una extraña coincidencia… – replicó, ni la mitad de emocionada–. A ambos nos llamó Shishido-san dejándonos un mensaje por parte del otro diciendo que vayamos allí.

            –… –Sakai, escuchando atentamente, frunció el ceño–. Los quiso juntar. Y no creo que haya sido por ti, -chan.

            –Bueno, yo le pedí que me ayude – se encogió de hombros.

            –¿Y él aceptó? ¿Shishido, aceptó? Debe de haber una razón oculta, -chan –declaró Mitsukoshi, una leve sospecha presenta en su voz–. O le gustas a Ohtori también o debe ser que Shishido estaba de buenas. La última no la creo ni borracho.

            –Puede ser un chico muy bueno cuando se quiere, sabes, Kai-kun… –devolvió , cruzada de brazos.

            –Estoy con Kai-kun en esta, -chan –Nanako opinó–. Sabes que Shishido-kun es algo… antipático a veces. No lo veo haciendo cosas tan buenas por alguien.

            –Quizá él también está preocupado por la sexualidad de su amigo y quiere hacerlo cambiar, exponiéndolo a estímulos femeninos - o sea, yo, porque no tiene otra…

            Napporo y Mitsukoshi se miraron entre sí. De fondo se escuchaba a seguir… y seguir… y seguir… y seguir con sus teorías “lógicas”.

            –¿Le dices tú o le digo yo, Kai-kun?

            –Dejemos que se de cuenta sola, ne…

***

            cerró su locker de un golpe, y giró sobre sus talones, dispuesta a volver a casa. Se llevó una horrible sorpresa al levantar la vista.

            Allí estaban: remeras que proclamaban “I ♥ Shounen Ai”, todas luciendo una gorra azul colocada hacia atrás y una cruz como collar. alzó sus cejas, y quedó atónita, aguardando que su cerebro procesara la información.

            – -chan, ¿me equivoco? –dijo la que parecía ser la cabecilla del grupo, una muchacha de largo cabello negro.

            Nuestra protagonista quedó callada por unos segundos más, hasta que decidió simplemente ignorarlas y emprender su retirada.

            –¡Chotto matte yo! [1] ¿A dónde vas?

            seguía ignorándola, pese a que la fanática la perseguía –A casa.

            –¿O a espiar a Shishido-kun y Ohtori-kun de nuevo?

            Ahí fue cuando frenó sobre sus pasos.

            –¿Qué sucede? ¿Di en el clavo?

            frunció el entrecejo, mirándola, algo hostil –Me parece excelente que idolatren la relación platónica entre los dos, pero, realmente, yo no hice nada que estuviera prohibido por la ley. Ahora, si me disculpan…

            –Por tu ley no, ¡por la nuestra sí! –declaró la morocha, enfurecida–. ¿¡Que acaso no sabes como son las cosas en Hyoutei, ya!? ¡Deberías de saberlo, hace tiempo que asistes a esta escuela!

            se la quedó mirando, medio interesada en las idioteces que la cabeza-de-aire tenía que decir.

            “Ja, ja, cabeza-de-aire, eso es gracioso”, rió para sus adentros, “¿O quizá quedaría mejor ‘cabeza-de-shounen-ai’?”

            –Ahora, -chan, si tanto querías espiarlos, nos hubieras dicho –sonrió la chica. Llamémosle “Yumeko”, porque, honestamente, la autora está harta de buscar sinónimos para nombrarla–. Aunque yo sé que te puede dar un poco de vergüenza al principio, admitir que quieres ser parte del club…

            –¿Eh? N-no, espera, entendiste mal…

            –¡Pero no te preocupes! Queda olvidado todo lo que hiciste. Después de todo, fue por una buena causa, siempre hay que supervisarlos, para ver que no se lastimen, por si las dudas –¿¡qué tenía en el cerebro esta tipa!? Ah, cierto que ya lo habíamos discutido antes: aire–. Por fortuna, quedan muchos espacios libres en el club, así que…

            –¡CHOTTO MATTE KUDASAI!

            –No te pongas así de roja, -chan, está bien, es duro admitirlo –Yumeko dio una sonrisa, y le entregó a la chica una remera del club, gorra y cruz: el set completo–. Pero no te preocupes. Serás bienvenida.

            –¡PERO NO QUIERO SER PARTE DE TU MALDITO CLUB!

            Uno pensaría que la tal “Yumeko” era… por decirlo así… la perra de las perras. No, no señores, esto no era así. Al contrario de la creencia popular, ella era bastante…

            –¿N-no te gusta mi club? –a la morocha se le llenaron los ojos de lágrimas.

            …sensible.

            –No dije eso –repuso rápidamente–. Es decir, debe de ser un honor estar ahí, pero la verdad es que yo no quiero…

            –¿Por qué no quieres? ¿¡Es que acaso no adoras la hermosa, prohibida relación entre estos dos jóvenes!?

            –¡De nuevo, metes palabras en mi boca!

            –¡Tienes que admitirlo, -chan! ¡Únete a nosotras!

            –¡Sí, únete, únete! –coreó el resto de fanáticas.

            –¡No, lo siento, yo, me, voy! – dio una reverencia como para no parecer tan maleducada y salió corriendo de allí a toda velocidad.

***

            sentía pánico de visitar su locker de nuevo. Por lo menos, hoy había más gente y generalmente el “Club de Shounen-Ai División 82: ToriShishi” no iban a donde los demás frecuentaban.

            Nuestra protagonista se acercó a su casillero mirando hacia todos lados, y se encontró con que, el día de hoy, no corría peligro.

            –Hola, -senpai, ¿cómo estás?

            giró la cabeza y sonrió ampliamente. Le hablaba: él todavía le hablaba –Hola, Ohtori-kun. Bien, ¿y tú––

            Al abrir su locker, se encontró con una catarata de … gorras, y cruces, y remeras de “I ♥ Shounen Ai” y “I ♥ ToriShishi”.

            El cerebro de Choutarou dejó de funcionar, y algo muy parecido le pasó al de al ver todo este despliegue.

            –Senpai

            –… – había quedado boquiabierta, incapaz de contestar: y lo peor de todo es que ni siquiera estaba lo suficientemente enojada con el maldito club como para ir a prenderlas a todas fuego. Nop: estaba completamente choqueada.

            –A-ah… senpai, bueno, me alegro que estés bien, así que, te… ¿te veo luego?

            levantó las gorras, cruces, remeras de “I ♥ Shounen Ai” y remeras de “I ♥ ToriShishi” y pasó por el lado de Choutarou, rápida como una saeta. Habría fogata esta noche en la casa de la chica… pero ella todavía no sabía si quemar los objetos del kit de bienvenida al club o si quemarse a ella misma.

***

            –Atobe-buchou, quiero abandonar el equipo.

            Keigo alzó sus cejas –¿Por qué, Ohtori?

            –Porque me voy a suicidar.

            Esto provocó miradas raras por parte de todos los titulares.

            –¿Y se puede saber qué te hizo tomar esta decisión, Choutarou? –Shishido frunció el entrecejo.

            –-senpai, ella… Shishido-san, cuando la vi esta mañana, el club de Shounen-Ai había dejado el kit de bienvenida en su locker.

            Al morocho le tembló una ceja. ¿¡Para esto la había ayudado!? Si no había una buena explicación… cómo iba a disfrutar retorcerle el cuello a la estúpida por lastimar a su Choutarou…

            Un momento. “¿Mi Choutarou?”

            Gekidasa daze. Cada día aumentaba cada vez más el auto-nivel de “gekidasa”.

            –¿Shishido, se puede saber por qué este asunto te hace sonrojar? –Oshitari curioseó, mirándolo inquisitivamente.

            –¿Sonrojar? Estás delirando –repuso Shishido–. Es del calor.

            –Pfft. Diecisiete grados: qué calor –se rió Gakuto.

            –Es que, pensé algo patético, no importa –contestó Ryo, cambiando de tema volátilmente–. Choutarou, ¿no te pusiste a pensar en la naturaleza general del club? Son de llenar lockers sin permiso…
            –Shishido-san, lo siento, pero el optimismo no mejorará mi situación.

            –Entonces yo la mejoraré a la fuerza –el morocho se levantó, lanzando la toalla que había estado usando por allí y guardando su raqueta de vuelta en el estuche–. ¿Dónde está esa ? Quiero hablar con ella.

            –¡Shishido-san, ni se te ocurra!

            –Perdón, Choutarou… pensé que podías solo, pero veo que la muchachita será bastante difícil.

            –¡Shishido-san! ¡TE DIJE QUE NO HABLES CON ELLA!

            –¡Hablaré con quien quiera! Y créeme, te ayudaré, ¡no te pongas terco!

           

            Mukahi se le acercó a Oshitari, murmurándole: –¿Desde cuando tienen estas peleas dignas de telenovela, Yuushi?

            –No sé, Gakuto. Pero creo que vi algo parecido en “El color de la pasión”, la semana pasada…

***

            –Hasta luego, Kai-kun, Nana-chan –saludó la inocente, ingenua , sin sospechar lo que estaba por pasarle. Observó a sus amigos irse, esperando tranquilamente el colectivo, musitando con suavidad una canción que se le había quedado dando vueltas en la cabeza desde hace días.

            Sakai emprendió marcha junto con Nanako, pero cuando de repente vieron a un muy-enfadado Shishido Ryo seguido por un igual-de-irritado-pero-más-concentrado-en-frenar-a-su-senpai-que-en-otra-cosa Ohtori Choutarou, ambos se preocuparon…

            –Nana-chan, creo que -chan está en problemas –murmuró Sakai a su amiga–. ¿Pero, qué habrá hecho ahora?

            –No lo sé. Vamos a ver.

            …y los siguieron, sólo por si acaso.

            –.

            A juzgar por el tono y timbre de voz, reconoció que estaba en un serio aprieto.

            –Hola, Shishido-ku––

            –Dame tu mochila. Ya.

            Ohtori se desesperó –Shishido-san, te lo imploro, no seas así…

            –Cállate, Choutarou. Y tú: te pedí algo, vamos.

            , aterrorizada, le entregó su bolso al morocho.

            –Interesante –murmuró Shishido para sí, al encontrar una gorra azul–. ¿Kit de bienvenida? ¿Qué tal te recibieron?

            –E-es un malentendido, de veras, puedo explicarlo.

            –Eso estoy esperando –Ryo miró de reojo a su compañero–. Y ni se te ocurra mencionar palabra, Choutarou. Esto es asunto entre ella y yo.

            –V-verás, Shishido-kun… ellas - Fuyumi Yumeko-san… ella supo sobre lo de… lo de… lo que tú ya sabes…

            “Cierto que Choutarou no tiene ni la más mínima idea de que ella nos estaba espiando aquella vez”, se dijo a sí mismo Shishido. –Bien. Continúa.

            –Entonces me atacó ayer a la salida del colegio, queriendo que yo me una a su club, pero le dije que no - que no me interesaba su club –relató la muchacha, aún temblando–. Y de repente hoy… cuando abro mi locker, encuentro… encuentro esto…

            –¿Y no tuvieron que romper el candado para abrir tu casillero? Me suena muy sospechoso, –declaró Ryo, desconfiado.

            –Shishido-san, ya la escuchaste. ¿Ves? Te dije que era un simple malentendido –Choutarou intentó calmar a su respetado senpai–. Vayámonos ya, ¿sí?

            –Escucha. No quiero haberte ayudado en vano. Ten eso en cuenta: y aprende a mantenerte firme en lo que predicas por aunque sea una vez en tu vida –Ohtori no entendió mucho, pero sabía bien a qué se refería Shishido con esto–. Me dijiste algo el otro día. ¿Dónde quedó ese pedido de ayuda? ¿En tu ingreso al club de Shounen-Ai?

            –Te dije que ellas malinterpretaron mis acciones, yo nunca me uniría a ese club del diablo, te lo juro, Shishido-kun…

            –¿Le crees, Choutarou?

            El peliplateado quedó medio mal parado al ser incluido en la discusión tan súbitamente –¿Eh?

            –Que si le crees. Después de todo, tú eres el que todavía piensa que todas las patrañas de son “simples malentendidos”.

            Ohtori frunció el ceño, decidido –Sí, le creo, Shishido –casi se olvida, y Dios lo libre si cometía este pecado– …-san.

            –Listo. Si Choutarou te cree, yo te creo –decidió el morocho, dedicándole una última mirada fulminante a –. Pero estate alerta, . No quieres tenerme como enemigo, créeme. Vamos, Choutarou.

            –H-hai, senpai… –replicó éste, con muy poca convicción en su voz.

            “Shishido-kun es realmente sobreprotector cuando de Ohtori-kun se trata, ne…”, pensó , suspirando y observándolos alejarse, “Maldita Fuyumi-san. Sin Shishido-kun que me apoye, no sé como haré con Ohtori-kun…”

            El colectivo que debía tomarse soltó los frenos en ese preciso momento, y se dispuso a seguir con su marcha.

            –¿Eh? – volvió a la realidad–. ¡Oiga! ¡ESPEREME! ¡ESPERE UN SEGUNDO!

            ¿Algo más podía salir mal el día de hoy? rezó que no.

~ Aori

29/11/06
[1]: "Chotto matte kudasai" y "chotto matte yo" ambos quieren decir lo mismo: "Espera un segundo". Sólo que el primero es mucho más respetuoso, y el segundo es más como "demandante"...o algo así >> Que se yo. Debo estar inventando como la mejor...

<<Volver al capítulo dos | Seguir al capítulo cuatro >>