atendió el teléfono rápidamente –Residencia .
Una voz masculina, algo conocida, sonó del otro lado del tono –Quisiera hablar con -san, por favor.
–Estás hablando con ella.
–Bien– se lo escuchó tomar aire –¿¡QUÉ DIABLOS TIENES EN EL CEREBRO!?
El primer instinto de fue apartar el teléfono de su oído. El segundo, llorar.
– Un pequeño malentendido
Capítulo dos –
–¿Q-quien habla?
–Shishido Ryo, ¿¡quién piensas que habla!?
tragó saliva –A-ah, Shishido-kun…
–No me vengas con "Shishido-kun", . Bien sabes que te salvé el pellejo de una grande– replicó el morocho, evidentemente muy enfadado –Ahora quiero que me expliques, fuerte y claro, qué se supone que tienes en el cerebro, aparte de mucho espacio desaprovechado.
–Y-yo…
–– Ryo volvió a interrumpirla, pero ahora un poco más tranquilizado –¿Sábes el efecto que has tenido en Choutarou? Está desde hace días traumado.
no sabía que decir ante esto –S-Shishido-kun, por favor, déjame hablar…
El morocho mofó audiblemente –Te escucho.
–Q-quería - escuché - no sabía si––
–¡Conciso y claro, !
–¡Ya, perdón!– devolvió la aludida, casi gritando –Es que escuché rumores raros y decidí - digo - mis amigas quisieron ir a averiguar.
–Tomaré como válido tu acto fallido –declaró Shishido con amargura en la voz –¿Y vas a creer todo lo que te dicen?
–¡Que podía hacer!
Ah, si tan sólo Shishido supiera…
Un momento. Él – él era el que debía saber. Quizá podría ayudarla, es decir, no era tan mal chico después de todo…
–Podrías-- bueno, no importa, supongo que no estuvo mal sacarte una duda– contestó Shishido –Pero…
–¿Pero?
–Pero deberías tener cuidado. Ni Choutarou ni yo nos tomamos bien ese tipo de comentarios.
frunció su ceño –Pero fue sólo una pregunta…
–Sí, es que- no, no importa– el morocho se arrepintió –¿Me decías?
–Fue una duda… es que una amiga gusta de él, te darás una idea de la vergüenza que le daba ir a preguntarle––
–No– fue la negación más profunda que había recibido en toda su vida su vida –Ninguna de tus amigas gusta de él. Espera - esto significa… ¿te gusta Choutarou, ?– sonó más burlón que sorprendido.
Bueno, eso le facilitaba tener que decírselo.
–¿Qué tiene?
–Es tu kou- bueno, no me prestes atención, quién soy para decirte eso– suspiró Ryo, sabiendo que la excusa del kouhai era ridícula: uno tenía el derecho de amar a quien quisiera. Se suponía que el amor no tenía edad –¿Por qué no empezaste desde ahí? Tiene mucho más sentido ahora.
Ella quedó en silencio por unos segundos.
–Necesito tu ayuda, Shishido-kun. Quedé como una––
–Estúpida– asistió Ryo.
–Sí, y un par de cosas más– agregó –, cuando le hice esa pregunta. Pero es que las del Club de Shounen Ai me llenaron la cabeza, y ya no sabía que pensar…
Si debías temerle a algo en esta vida, era a ese club. Más si eras un joven titular de Hyoutei, o una pobre muchacha enamorada de uno.
–A ver, sí, voy a ayudarte, – desistió Shishido. Sí, él era más bueno de lo que parecía - era tan sólo un incomprendido… eh- en fin, volviendo al tema–. Sólo si dejas de pensar… lo que fuere que estabas pensando sobre Choutarou y yo.
–No volveré a pensarlo. Fue estúpido pensarlo en primer lugar– admitió la muchacha, abochornada –Lo siento mucho, Shishido-kun––
–¿Quieres que te ayude o no?
–…sí…
–Entonces no te disculpes y escucha.
pegó su oreja al tubo del teléfono –Dime.
Y así, Shishido prosiguió a contarle todo sobre Choutarou: desde su comida favorita hasta su grupo sanguíneo. Así, penso , podré por fin conquistarlo de… um… alguna forma.
***
–¿Qué?
–Sí, no tengo idea de por qué me mandó a invitarte a la plaza, Choutarou– Shishido caminó en círculos por su cuarto como siempre solía hacerlo cuando hablaba por teléfono, poniéndolo un poco nervioso a su muy-entretenido-con-la-TV hermano –Pero quizá podrías ir a ver qué quiere.
–Shishido-san, ya está, la superé– aseguró el rubio, también sufriendo del mismo hábito que su senpai –Es que–-
–¡No, no debes superarla, Choutarou! Primero - no me mientas, "la superaste" mis polainas. Segundo - ¿por qué habrías de superarla?
–¡¡Fuiste tú quien me dijo que la supere, Shishido-san!!
–¿De veras?
–Sí.
–Oh… bueno, no la superes, entonces.
–…– Ohtori dio un suspiro –Nunca la superé, así que vamos bien.
–Ve a la plaza, encuentrate con ella allí. Es decir, ¿no te da ternura? Le da miedo hablar contigo porque piensa que la odias. ¿Por qué no le aclaras las cosas?– sugirió Shishido, poniéndose en modo "hermano mayor" –Piensa en las oportunidades, Choutarou.
–No puedo pensar cuando estoy con ella, Shishido-san; me bloqueo.
Ryo se mordió la lengua para prohibirse a sí mismo de soltar un "¡QUÉ CHUUUULO!". Iba a quedar demasiado gekidasa (2) y, sobre todo, bastante gay –Pues desbloquéate.
–¿Me estás tomando el pelo –y casi se olvida de ser respetuoso–, senpai?
–Te juro que no: es así de simple. Desbloquéate. Piensa que… que en vez de estar hablando con ella, estás hablando… que sé yo, conmigo.
Ohtori chasqueó sus labios –Después de lo que sucedió, realmente no querría confundirla a ella contigo, Shishido-san.
–Choutarou, déjate de sentimentalismos y hazte hombre. No te bloquees, ¡es una mera mujer!
–…hai.
–¿Irás a la plaza, entonces?
–Si eso quiere ella, sí.
Shishido se sonrió, complacido. Ahora, sólo restaba venderle la misma historia a ("quiere hablarte en la plaza…"), y era obvio que ella sería una víctima aún más fácil –Perfecto. Escucha, Choutarou, debo irme, tengo que preparar la mesa.
–Bien– contestó Ohtori –Nos vemos, Shishido-san.
–Nos vemos.
*Beep*.
–¿Charlando con tu novio, de nuevo?
Ryo se vio obligado a acribillar a su hermano a almohadonzazos.
Sin embargo, ahora que lo pensaba, el título de "Ryo el celestino" (3) no sonaba mal.
"Gekidasa" Shishido no podía creer sus propios pensamientos "Total y completamente gekidasa…"
***
Napporo Nanako quedó perplejizada.
–¿Qué?
se encogió de hombros.
–¿No es raro? –inquirió ella, igual de confundida que su amiga–. Uno pensaría que después de haberle preguntado lo que le pregunté, me ignoraría, pero no: quiere salir conmigo.
–Lo que más me llama la atención –comentó Mitsukoshi Sakai–, es el hecho que no te lo haya dicho él, sino Shishido.
–Sí, a mí también me pareció raro –admitió –, pero qué más da. Es un poco tímido.
–Tímido, quizá –aceptó Napporo–, pero no estúpido.
–Es gay, déjense de vueltas.
le lanzó una bala en forma de cartuchera a su amigo.
–¡Oye!– se quejó Mitsukoshi, agarrándose la cabeza, pero nuestra protagonista lo ignoró y se fue. No tenía por qué escuchar tanto sobre lo mismo: si hubiera querido esa opinión, era más fácil preguntarle al Club de Shounen Ai.
***
Cuando se vieron, caminaron uno con ímpetu hacia el otro, saludándose antes, cada uno pensando lo mismo: ¿por qué me habrá invitado? ¿qué querrá decirme?
–Senpai––
–Ohtori-kun––
Ambos se miraron, sonrojándose levemente. Eran bastante parecidos para ser tan diferentes (no, lo que dije no tuvo nada de sentido, pero quedaba poético, ¿problemas?).
–Adelante, dime– insistió Ohtori, por lo cual la muchacha se preparó.
–Ohtori-kun, ¿por qué quisiste venir aquí? S-sé que suena frontal, que te lo diga de esta forma, pero…
Algo en la cabeza del chico no cerraba del todo.
–Senpai –comenzó él, con su habitual e inhumana paciencia–, tú fuiste la que dijo de venir aquí.
Se escucharon los grillos de fondo.
Mentira, no se escucharon porque era de día. Pero si hubiera sido de noche, se habrían escuchado, puesto que el silencio era perfecto para que se escuchasen grillos, cosa que sabrán pasa en las telenovelas de comedia cuando…
…creo que captaron mi punto. A otra cosa.
–No, Ohtori-kun –negó –. Shishido-kun me dijo que tú me esperarías aquí.
Una luz se encendió en los ojos del joven –Curioso. Eso mismo me dijo a mí.
No tenían dos dedos de frente, y no habían nacido ayer, así que comprendieron.
–Reformulo mi pregunta –comenzó entonces – ¿Tienes idea de por qué Shishido-kun nos metió en esto?
–… –Ohtori abrió la boca para hablar, pero no pudo llegar a ninguna conclusión inteligente –Ni idea.
Más silencio.
–Ya que estamos aquí –resolvió inteligentemente– ¿Y si caminamos? Esta plaza no queda muy cerca de donde vivo, así que mejor aprovecho que estoy aquí.
–Curioso –reiteró Ohtori–. Queda lejos de donde yo vivo también.
Volvieron a intercambiar miradas.
–Tengo la leve sospecha de que Shishido-kun estuvo planeando esto por mucho tiempo– frunció el ceño –Si tuviste algo que ver…
–No, -senpai– negó el muchacho, sin nada que esconder –No tenía ni idea de que se tramaba esto.
Al mirarla a los ojos así, le dieron muchas ganas de besarla, pero se resistió. O sea, no era el momento, ¿¡qué clase de desubicación (A/N: sí, inventé una palabra, pero es mi novel y hago lo que quiero xDD) era querer besarla!? Esto no era una cita – era una mera casualidad (aunque se sabe que nunca una casualidad puede ser arreglada, pero bueno…).
–Ohtori-kun –llamó –. Dejemos de dar vueltas sobre lo mismo y caminemos, entonces.
El aludido meneó su cabeza de arriba a abajo tranquilamente –Hai.
Allí estaban, en circunstancias que jamás pudo entender. ¿Por qué? Es decir – podría haberse vuelto a su casa con gusto, y ya. No tenía por qué caminar con el joven, pero tampoco tenía idea de por qué había sugerido esto de todas formas. Quizás era la idea de salir con él lo que la convenció: así le diría a Sakai y Nanako: “terminé saliendo con él.” Eh… sí, eso iba a hacer, era buena idea, ¿por qué no?
–Senpai –esta vez, él la llamó–. ¿No te molesta esto? E-es decir… Shishido-san prácticamente nos obligó a venir aquí, hasta eligió la plaza más lejos de nuestras casas para que no queramos volvernos…
–Sí, es verdad –rió brevemente–. Pero no, no me molesta. Eres una persona con la cual es cómodo estar.
Por fin el cuadro de cubismo se convertía en bello, bello arte renacentista clásico. Ohtori atinó a una sonrisa, pero fue más un sonrojo lo que exteriorizó.
Ella limitó a reírse un poco más –Lo siento. ¿Fui muy sincera? A veces me salen esas cosas, y no me doy cuenta de las consecuencias que tienen mis palabras en la gente.
“No”, reconoció Ohtori, sonriente, “Realmente no se da cuenta”.
–Lo único que considero incómodo de ti –repuso –, es tu altura.
Ohtori estuvo entre reír y llorar, pero a juzgar por su tono, eligió reír. O tenía esa falta de tacto por naturaleza, o lo decía para sacar un tema, quien sabe… ¿pero, cuántos temas puedes sacar sobre la altura de una persona? “Oh, has crecido en estos dos meses”. “¿Cómo hiciste para ser tan alto? ¿Es de genética, consumes drogas, o algo? ¡Sí, te debo en la cara que debes de drogarte, no mientas, nadie puede medir un metro ochenta y cinco a los trece años de edad!”. A lo que él respondería, “¡No, senpai, claro que no es verdad!” “¡Dime la verdad! Será nuestro secreto”. Y entonces ella guiñaría un ojo. Y… y…
Y Ohtori tenía que controlar su volátil imaginación.
–¿Mi altura es incómoda, senpai?
–Te tengo que ver desde muy abajo. ¿Te imaginas si tienes a una chica que quiere besarte? ¡Pobrecita! Tiene que ser contorsionista para- no, más bien, tú deberías ser contorsionista para doblarte tanto…
Ohtori la miró, interesado en lo que ella tenía para decir. En cierta forma, no era común (nadie en su sano juicio diría esos comentarios en voz alta), y además de bonita, parecía ser muy dulce – en su propia forma de serlo, claro. Y Shishido-san le había dicho que era prudente pero enojona, graciosa e inteligente… ah, si tan sólo ella supiera lo que él sentía. Sí, era un sentimiento irracional hacia una casi extraña: pero no importaba.
–… ¡ya sé! Si uso - disculpa - si tu novia usa plataformas, llegará lo más bien…
Choutarou volvió a reírse, arrancándole un sonrojo a la chica.
–Por Kami-sama, mis perdones –suspiró esta–. ¿Realmente me doy manija a mí misma cuando empiezo a hablar así, no? Es que…
–¿No te gustan los silencios? –adivinó Ohtori, y ella meneó la cabeza–. A mi tampoco. Por eso no me molesta que hables, senpai.
Ella no pudo ocultar una sonrisa llena de esperanza: Ohtori, alias, kouhai que me gusta, se interesaba en lo que tenía que decir.
–A mí no me molestaría estar con un chico mucho más alto que yo, volviendo al tema –no pensaba quedarse callada: esto era ella, y quizá, sólo quizá, Ohtori decidiría aceptarla–. Porque, cuando me abrace, me sentiré mucho más protegida que en los brazos de alguien de un metro veinte…
–¿Cómo Mukahi senpai? –Choutarou se tapó la boca–. Lo siento, no debí decir eso– se sonrió.
–Pero fue un buen ejemplo –replicó –. Y no seas tan respetuoso. Te deben de atrofiar el cerebro todo el tiempo; ¡descárgate con esos senpai que hacen tu vida imposible!
Ohtori sonrió apenas.
¿Sería muy inoportuno? ¿Confesarse, aquí?
Inoportuno, no, pero… ¿quizá demasiado inesperado? ¿Demasiado “cualquiera” (porque no existe otro modismo que pueda describirlo a la perfección, perdonen)? Bueno… ¿para qué volver al cubismo si el arte renacentista, completo con la luz del sol colándose por los árboles y haciendo nido en el cabello de la chica (como dice el tango) era tan maravilloso?
De veras – esa evaluación de historia del arte había atrofiado el cerebro de Ohtori de formas que él no hubiera podido imaginar. ¿Desde cuándo comparaba el estar confundido con arte cubista? ¿Acaso eran los efectos colaterales de estar enamorado?
La tarde transcurrió con normalidad. Nada de besos, nada de tomadas de mano ni cosas parecidas (y mucho menos confesiones) – pero a la vez, nada de momentos incómodos, casi todas sonrisas. Sonrisas, y, claro, sentimientos que ninguno de los dos se iba a poner a admitir.
~Aori
1) Gekidasa daze es una frase típica de Shishido que en japonés significa algo como “Qué patético”. Gekidasa es una forma de acortarlo.
2)
Robándole la frase a Miyu-chan – ESTO AMERITA OTRA DN >D