Tres palabras recorrieron la mente de por un largo rato. No pensó que tendría estos problemas – no ella. Es decir, no era… hum… directa como Nanako, pero no era una estúpida, podía manejar fácilmente una situación así…

            “Baile de navidad”.

            Nah, pero ese no era el punto…

            “Las chicas invitan.”

– Un pequeño malentendido

Capítulo doce –        

            Similarmente, Choutarou también estaba bastante ocupado en sus propios dramas. Especialmente en lo que había anunciado –y era tan previsible que el peliplateado no podía dejar de regañarse como es que no lo había considerado– Sakaki-sensei: como las fiestas de navidad eran todas lindas y fifís y súper-alta categoría, la orquesta escolar tocaría en ellas.

            O sea que básicamente, él no podría bailar. Bueno – sí lo había considerado, en realidad, ya lo sabía, pero uno de los dones de Ohtori, además de tocar el violín, era ignorar lo obviamente OBVIO.

            Como el hecho de que su senpai gustara de él. Lo cual era… blah. Bbdsfjbdsfsd. No podía ser descripto con palabras.

            –¿Choutarou?

            El aludido volvió a la realidad.

            –Shishido-san.

            Aquel tono tan profundo y serio asustó al morocho –¿Choutarou? –volvió a inquirir, como asegurándose que era su amigo y no el Demonio metido dentro de su cuerpo.

            –Quiero que invites a -senpai al baile.

            Ryou sonrió incómodamente –Pero, Choutarou, son las chicas las que ––

            –No importa. ¿Quién se va a enterar? Es que… necesito que me la “reserves”. No puedo arriesgarme a que invite a alguien por su cuenta.

            –¡Choutarou, hazme el favor de escucharte! –pidió Shishido, pero sonó más como que le estaba suplicando a algún tipo de Dios–. Sabes lo que ella siente por ti. ¿Qué… qué miedo tienes, ahora?

            El peliplateado mantuvo la cabeza gacha por un largo rato.

            –Por favor, Shishido-san.

            Su senpai intentó no mirar, porque mirarlo era ponerse de rodillas ante la irresistible ternura de un muchacho de un metro ochenta y cinco con la fuerza para darte las trompadas que sean necesarias para hacerte cambiar de opinión y que, aún así, decidía pedirte las cosas con un “por favor”.

            –Choutarou, no. No quiero ponerte celoso sin querer, o algo por el estilo… no me ––

            –Será por poco tiempo. Mira: escucha mi plan.

            Shishido suspiró y desistió –A ver.

            –En algún momento, no sé si en la apertura o qué, tocaremos la canción que yo compuse. Si es que mi pieza gana el concurso, y me tengo confianza –comenzó Choutarou–. Ahí, tu trabajo será mantenerla ocupada hasta que termine el baile. Cuando finalice, yo iré, le diré que me inspiré en ella para hacer la pieza, y le diré todo lo que siento.

            Ryou frunció su ceño –No me parece.

            El kouhai se desesperó –¿Por qué? –inquirió en una vocecita muy vulnerable y muy pequeñita.

            –Porque no puedes mentirle diciendo que te inspiraste en ella. Dile la verdad. Decirle eso… más si no sabes si es ese tipo de chiquilinas románticas…

            –… pero Shishido-san, no estaría diciendo ninguna mentira…

            Ryou parpadeó. Miró a su amigo. Parpadeó un poco más.

            –… me superas por completo. –Por no decir “¡¡QUÉ DULCE, HIJO DE…!!”

            Choutarou forzó una sonrisita incómoda pero agradecida.

 

            Después de un “tengan felices vacaciones, pásenla bien” deseado –muchas veces hipócritamente– por todos los profesores, los alumnos de Hyoutei Gakuen dieron un último suspiro antes de sumergirse en las hermosas vacaciones de invierno.

            –Es raro que hayan anunciado el baile tan pocos días antes –comentó mientras caminaba con sus dos amigos por los corredores del colegio–. Eso significa que la orquesta tendrá que quedarse a practicar durante vacaciones… y que nosotras tendremos menos oportunidades para invitar a los chicos…

            Nanako la miró de reojo –Por lo menos no es como en otras escuelas: las vacaciones empiezan recién después de navidad. Y eso no tiene gracia.

            –No, no tiene gracia para nada –coincidió Sakai, pero él estaba mirando a Nanako esperanzadamente. Cuando ésta le devolvió la mirada, el castaño apartó la suya con el fantasma de un sonrojo presente en sus mejillas.

           

            –Actúa normal.

            Choutarou ojeó a su senpai curiosamente –¿Qué pasa?

            –Viene ella. Actúa normal, hazme caso.

            Ese comentario no dejó demasiado tranquilo al peliplateado, cuyo corazón comenzó a acelerarse mientras veía como Shishido saludaba casualmente a y su grupito. ¿Actuar normal? Ah, ahora eso de seguro iba a ser facilísimo…

            Nanako le dedicó una brillante sonrisa a su amiga, quien se la devolvió. Sakai, por su parte, se quedó mirando la situación atentamente.

            –¿Qué tal, ?

            Esto llamó la atención de los dos amigos de la aludida. ¿””? Wow.

            –Bien, Ryou-kun. Ohtori-kun, ¿cómo estás? –preguntó como respuesta.

            –Bien –Choutarou iba a dejarlo ahí, pero decidió que sus habilidades de conversación daban para un poco más–. Feliz de que por fin son vacaciones. ¿No? Shishido-san siempre comenta de lo duro que es tercer año…

            –Algo así. Podría ser peor – se encogió de hombros, pero recibió un golpe de la cabeza por parte de una muy enojada morocha.

            –¡Dices eso porque no prestas atención en clase casi nunca! –medio chilló Nanako, poniéndose roja del enfado.

            –¡Mentira! –se defendió al instante.

            Napporo la ignoró –Por cierto, chicos, es un placer por fin conocerlos. -chan habló tanto de ustedes…

            –… eso también es mentira… – dejó caer sus hombros, murmurándole a Sakai.

            –Lo es, pero sabes que a Nana-chan le gusta inventar cosas –suspiró Mitsukoshi, pero sin realmente poder hacer algo al respecto.

            Shishido quitó su vista de sólo para fijarla en Nanako –… seguramente.

            –Tal vez no haya hablado tanto, pero igual, es bueno conocerlos –Nana sonrió una sonrisa pequeñita, pero convincente–. Soy Napporo Nanako.

            –Un placer. Y, no creo que realmente necesitimos introducción –Ryou se encogió de hombros– Si es que se la pasa chillando sobre nosotros… ¿viste lo que te decía, Choutarou? Lo único que hicimos fue ganarnos una fanática más.

            Fue realmente difícil para comprender que este comentario era gracioso – el sentido del humor de Shishido Ryou era algo complejo. Cuando finalmente entendió, largó una risita al unísono con Choutarou. Al ver que reían en tal sincronización se miraron por unos segundos antes de apartar la vista rápidamente.

            Sakai dio un paso hacia adelante –Yo soy Mitsukoshi Sakai. Honestamente, no escuché nada de ustedes por parte de , pero quién sabe qué hablan estas dos por teléfono…

            –Sí, quien sabe –Shishido admitió, secretamente pisándolo a Ohtori para que se animara a acotar aunque sea algo.

            Choutarou volvió a la realidad con este gesto –Es un placer conocerlos, a ambos. Yo soy ––

            –Ya te conocen –Shishido lo interrumpió algo maleducadamente.

            –B-bueno… supongo que nos veremos algún día – sonrió, decidiendo que ya era hora de frenar esta casual conversación–. Hasta luego. Pasen lindas vacaciones.

            –Ryou hizo que ella frenara su marcha–. ¿Qué tal te suena que vayamos a las canchas mañana? No creo que haya mucha gente; casi todas las escuelas siguen con clases. ¿Te va, un partido de dobles, tu amiga y yo contra Choutarou y tú?

            intentó no lucir demasiado impresionada ni nerviosa –Cla… claro… ¿Nana-chan…? –miró a su amiga con los ojitos iluminados.

            –Obvio –asintió Nanako.

            –¿Y yo?

            Ryou le echó una miradita a Sakai.

            –Ah, sí, necesitaremos un referí. Después podemos cambiar de puesto, claro, Mitsukoshi.

            El castaño frunció el ceño, aceptando la propuesta con un movimiento de su cabeza pero sin estar realmente satisfecho.

            –Nos vemos mañana, entonces –Shishido hizo un gesto de despedida con la mano–. Hasta luego.

            Ohtori gastó su tiempo en una reverencia antes de salir corriendo tras su senpai.

            –¿¡Cómo lo viste!? – le gritó-en-susurros a Nanako–. ¿Qué crees? ¿Cómo me mira?

            –No te mira todo el tiempo –Sakai comentó antes de que Nana pudiera mencionar palabra–. Sólo de vez en cuando. Es una mirada pequeñita y poco ostentosa; creo que podríamos decir que siente algo.

            –Gracias por el reporte a fondo, Kai –“¿Y el -kun?”, pensó , ojeando a sus amigos inquisitivamente–. Pero creo que una mujer sabe más de esto –Nana le sonrió cómplicemente a –. Síp. Creo que pasa algo.

            –… dijiste exactamente lo mismo que yo…

            –Mañana lo invitaré al baile, entonces –decidió , ahora confiada–. No hay nada que me frene ahora que el club de fans de ToriShishi fue frenado por Atobe-kun… –agregó, hablando sola.

            –… –Nanako frunció el ceño–. ¿Atobe? ¿Qué tiene que ver él en esto?

            –¿No te conté, no? – suspiró–. Es… largo. No importa. Digamos que él les frenó el carro.

            –Era hora –Sakai coincidó–. Si no lo hacía él, me iba a ir a quejar yo. Por cierto, diviértanse mañana –y el castaño se dio media vuelta con esto–. Entiendo indirectas. No necesitan realmente un referí, así que mejor ni ir…

            –¿Qué? ¿Qué no escuchaste, Kai? Shishido-kun dijo que cambiaría puestos contigo después. Además de todo, ¡un referí es aún más importante que los jugadores mismos! –Nanako pronto se olvidó de todo el asunto de Atobe y empezó, entonces, a dar razones por las cuales los referís eran los mejores y por las que Sakai debería, definitivamente, intentar no faltar a la salida de mañana. sonrió silenciosamente a esto, encontrándolo muy enternecedor.

 

            Lejos de ellos, Ryou le echó una mirada muy fría a su compañero de dobles.

            –Pensé que ibas a invitarla tú a algún lado hoy.

            Ohtori abrió la boca para hablar, encontró que no tenía palabras, suspiró, y cerró la boca.

            –No te preocupes; no vas mal, Choutarou. Supongo que hoy no encontraste las agallas necesarias –al escucharse, Ryou largó una risotada abochornada–. ¿Te diste cuenta? Estoy excusando tu cobardía como si fueras un niño de cinco años. Recuérdame no hacer eso cuando tenga una hija. No debo poner excusas por los demás…

            Ohtori alzó las cejas –¿Una hija?

            Shishido medio se sonrosó, mirando a su amigo y poniéndose a la defensiva –¿Qué tiene?

            –Dijiste “hija”, Shishido-san, como en “hija mujer”… ¿quieres tener una hija por alguna razón en particular?

            El morocho refunfuñó –Claro que no. ¡Gekidasa da ze! No cambies de tema.

            –No fue mi intención –admitió Choutarou, divertido.

            –Seguro que no –Shishido puso los ojos en blanco–. De todas formas, ¿le dirás mañana, verdad?

            –¿Le diré? –a Ohtori se le borró la sonrisa–. Ja, ja, no. La invitaré a salir, y todo, pero… no voy a confesarme mañana.

            Ryou pensó que lo iba a engañar en esa, pero no le resultó. Cerró el celular que había escondido tras su espalda, esperando grabar a su amigo cuando dijera “Sí, le diré”. –Como quieras. Estás perdiendo tiempo, realmente.

            Ohtori sonrió torcido –Lo sé.

            –Y como de costumbre, no te importa. ¡Está bien! No te presiono –aclaró Ryou, como para dejar en claro que esas no eran sus intenciones–. Tú deberías presionarte a ti mismo.

            –Lo sé.

            –¿Sabes todo? Qué suerte.

            Choutarou dejó su cabeza caer por unos segundos.

            –Gracias por arreglar lo de mañana, Shishido-san. Espero no estar llegando al límite de tu paciencia –y con esto, Ohtori alzó la vista y dio una sonrisita alegre–, porque sé que probablemente estoy en eso.

            Shishido sonrió, complacido –Me conoces bien.

            Entonces, el morocho sintió los ojos de alguien en su nuca, y volteó para ver de quién se trataba. Fukumori Akina apartó su vista no muy disimuladamente, escondiéndose tras sus gruesos anteojos.

            –Ja –Ryou largó una carcajada–. Esas locas del club de fans, ¿todavía siguen con esto? Me impresionan.

            Choutarou no había estado realmente prestando atención –¿Disculpa?

            –No, nada –repuso el morocho, sin querer preocupar a su amigo, pero mentalmente diciéndose que tendría que hablar con la nueva presidenta algún día de estos.

 

***

 

            –Hola, Inui-san. ¿Qué tienes para decirme hoy?

            Sadaharu se apoyó de espaldas a la pared, intentando seguir las indicaciones de Yumeko con cautela –No sé si son buenas noticias, Fukumori.

            Akina se sonrió –¿Ah, no lo son? Bueno, adelante, comienza, Inui-san. En cuanto más rápido podamos pasar a las buenas noticias, mejor, ¿ne?

            Hasta el maestro de los datos tenía escalosfríos al estar al lado de esta chica.

            –Shishido está teniendo actitudes dudosas. Mi análisis llegó a la conclusión de que es él quien realmente desea que salga con ellos, y no misma –dijo Sadaharu con su mejor cara de póquer.

            –¿Ah? ¿Con que es así? –Akina escondió una sonrisa tras sus cabellos castaños–. Neee, Inui-san, deberías de decirle a Yume-senpai que su plan no está funcionando. Aunque tú no quieras decírmelo, sé exactamente a dónde irán mañana y sé, también, lo que siente -senpai por Ohtori-kun.

            Inui tragó saliva, inseguro de lo que le diría a su prima ahora.

            –No necesitaba confirmarlo contigo, sólo te llamé para ver si realmente estabas del lado de Yume-senpai. Veo que sí –Akina se encogió de hombros, y comenzó a caminar hacia su casa–. Gracias por confirmar mis sospechas.

            Inui Sadaharu se hizo una nota mental: tener extremo cuidado de esa chica. Era más inteligente que lo que cualquiera le daría crédito de ser.

           

***

 

            –Game and match, /Ohtori pair. Seven games to five –anunció Sakai aburridamente, saltando de su silla de referí al suelo.

            –¡Sííí! – dio saltitos de arriba hacia abajo, tomando las manos de Choutarou entre las suyas y prácticamente obligándolo a saltar con ella–. ¡Lo hicimos, lo hicimos!

            –… disculpa, Shishido-kun. Nunca pensé que sería tan mala –Nanako estaba visiblemente avergonzada y arrepentida.

            –No hay problema. Yo tampoco me concentré en ganar –Shishido replicó en un susurro, y le dedicó un guiño cómplice a la chica, quien fácilmente comprendió.

            Ohtori mismo sabía que su senpai morocho no había atacado con toda su fuerza, y le agradeció por esto. De alguna forma, la actuación de Shishido se compensaba: más cuando lucía tan contenta y orgullosa de sí misma por haber conseguido hacer entrar un par de pelotas.

            Ryou se sonrió suavemente para sí, y Nanako notó esto, pensando internamente que Ohtori era afortunado de tener tal amigo.

            –Se está haciendo algo tarde –dijo Sakai de repente, aunque se le notó que fue tan sólo para acotar algo y llamar la atención de Napporo–. Nana-chan, -chan, ¿nos vamos?

            –¡-chan, hoy podemos quedarnos a dormir en lo de Kai-kun! –sugirió Nanako de repente, auto-invitándose en lo de su amigo como la mejor. Al castaño le tembló la ceja, pero no dijo nada.

            –Nana-chan, no te auto-invites así –murmuró , avergonzada por el compartimiento de su amiga.

            –Yo no puedo hoy, Nanako –repuso Sakai seriamente–. Si quieres te acompaño hasta tu casa, pero no puedo realmente invitarlas. Reunión familiar del sábado –recordó él.

            –¿No era los dom ––

            –Vamos –Sakai jaló de la mano de la morocha–. -chan, si vienes para este lado, de seguro también pueda acompañarte a ti después de dejarla a Nana-chan.

            –Está bien, no te molestes. Yo la acompaño –decidió Ohtori valientemente, causando que el rostro de Shishido se ilumine en esperanza.

            –Yo me tengo que ir para otro lado, pero a diferencia de ustedes, puedo llegar solo –Ryou pensó que realmente se tendría que dedicar a esto de celestino. Después de todo, Napporo y Mitsukoshi estaban de la mano, y esa pareja no había sido siquiera intencional en la agenda del morocho–. Los veo otro día.

            –Hasta luego, senpai –saludó Ohtori amablemente.

            –¡Matta ne, Ryou-kun! – seguía con su euforia de hace cinco minutos.

            –¡Bye bye, Shishido-kun! Gracias por invitarnos –dijo Nanako con un gestito de su mano, el cual Sakai imitó, sin ganas de realmente tener que volver a hablarle a Shishido.

            Pronto quedaron las dos parejas, algo alejadas la una de la otra. Sakai le sonrió ampliamente a , sonrisa la cual ésta no sólo devolvió, sino que agregó un guiño de ojo que hizo que el castaño medio se sonrojara, sus ojos fijos en el suelo.

            -chan, ¿pijama party, mañana? –preguntó Nanako esperanzadamente.

            –En mi casa a la seis –respondió con alegría–. Ven tú también, Kai-kun.

            –Nah… sé que es noche de chicas. Realmente, prefiero no ir –Mitsukoshi despreocupó.

            –¡Qué comprensivo, Kai! –se rió Nanako, dándole un besito en la mejilla.

            “Ahí van mis amigos”, pensó , con nostalgia y amargura, pero a la vez algo enternecida, “Bueno… mientras que sigan siendo mis amigos, tan sólo quiero lo mejor para ellos…”

            –¿Vamos? –inquirió Ohtori, a punto de tocar el hombro de para llamarle la atención, pero retractándose en cuanto la muchacha volteó con una brillante sonrisa, asegurándole:

            –Claro~

 

***

 

            Shishido alzó su ceja cuando vio como una muchacha pasaba casualmente por su lado. La siguió con la vista, y comenzó a ver hacia donde se dirigía, pronto siguiéndola con el cuerpo, también.

            Fukumori volteó ante el inconfundible sentimiento de ser perseguido, y se encontró con la mirada de Ryou sobre ella.

            –¡Shishido-senpai! –esa sonrisa mandó olas de electrizante frío por la columna vertebral del morocho, aunque se forzó a no hacerlas visibles–. Qué coincidencia.

~ Aori

22/12/06

<<Volver al capítulo once | Seguir al capítulo trece >>