El incidente con Atobe le había traído recuerdos agridulces a la joven. Recuerdos sobre cómo lo había visto por primera vez, de su primer año en Hyoutei, de las lágrimas, las risas y aquella fiesta en la que ella no bailó.

            –¿¡Cómo que no hay más vacantes!? ¿A esta altura del año nos avisan?

            alzó la vista, escuchando a su padre gritarle al teléfono mientras intentaba conducirlos hasta casa. Había pasado un mes desde que las clases habían comenzado, y seguía sin secundaria, aguardando por la vacancia en aquella prestigiosa escuela… Rikkai Dai Fuzoku.

            “¿Cómo sería mi vida ahora si hubiera ido a Rikkai? No lo sé, pero…”

            Con una sonrisa triste y un vistazo hacia su ventana, la joven largó un suspiro.

            “No me arrepiento de nada de lo que viví.”

– Un pequeño malentendido

Capítulo once –        

            dio una sonrisita incómoda, acompañada con una reverencia.

            –Yoroshiku.

            “Por favor, cuida de mí en el futuro” – este era el significado literal de esa frase. Y por la bienvenida, no estaba segura de que podrían cuidar de ella. No cuando todos la miraban así, como irritados de tener a otra persona con la cual socializarse. Cerrados en sus grupitos inaccesibles. Y los nuevos de este año… le llevaban un mes de ventaja a . Un mes que ella tendría que recuperar como fuere.

           

            La frialdad se notó desde el timbre del recreo.

            , oye, … tú, sí, la chica nueva… ¿qué promedio tenías en tu escuela anterior?

            forzó una sonrisa amable. No podía ser… –¿Dis… cul… pa…?

            –Yo tengo un promedio de diez –repuso el muchacho con una expresión soberbia–. Por favor, te pediré que no me pases. Igual no pareces ser la bombita de luz más brillante, así que supongo que no habrá problemas…

            Ante esto, varios chicos largaron una carcajada. estaba insegura de si contestar y hacer que todos le tengan miedo, o si callarse y quedar un poco mejor. ¿Tímida, quizá? Sí, quizás…

            –Oye, Yutaka, no la molestes.

            –¿Eh? No jodas, Napporo –contestó el “promedio diez” enfadadamente–. Kuso. Qué tiene de malo molestar a la nueva un poco…

            –Te dije que no la molestes, mocoso –una joven de cabello negro y corto, las divertidas capas de éste cayendo por su frente, se acercó a la escena–. Estás en primer año. Si vas a empezar así, un senpai se enojará contigo y no será agradable.

            Yutaka mofó y se alejó. , por su parte, quedó en silencio, mirando el suelo.

            La morocha alzó el rostro de , forzándola a mirar directamente en sus negros, brillantes ojos. Nuestra heroína se quedó en silencio, preguntándose si este era otro tipo de abuso que tendría que soportar.

            –Kawaii yo –sonrió Napporo, desmotrándole a que no tenía nada de qué temer–. Eres una víctima fácil, pero de todas formas, muy kawaii.

            quedó inexpresiva.

            –Soy Napporo Nanako, pero no me encanta ese nombre, así que dime Nana, como la protagonista del manga de Yazawa Ai –se introdujo la morocha; una introducción que jamás se olvidaría.

            –Yo soy … –replicó la susodicha, algo incómoda– pero… puedes decirme , aunque no estoy segura de que ese sea el nombre de la protagonista de un manga…

            –¿? Bueno, no es difícil de recordar –“Nana” se encogió de hombros, y pellizcó las mejillas de –. ¿Ne, ne, cómo haces? Tienes senos tan grandes como para ser de primer año…

            dio un chillidito, se sonrojó y se alejó rápidamente de la dudosa chica.

            Las dos se estaban destartalando. Una de vergüenza, otra de risa.

            –¡Kawaii, kawaii! –admiró Nanako, riéndose–. No sé cuánto dudarás en Hyoutei, pero intentaré que puedas, por lo menos, terminar la secundaria. Tan sólo quédate conmigo, y no te preocupes… todos fuimos nuevos alguna vez. No dejes que los creiditos de ahora te hagan pensar que no fueron como tú en algún momento de sus vidas.

            frunció el ceño. ¿Podría confiar en ella…?

            –De todas formas, te introduciré a mi mejor amigo. Ven acá, sin miedo, no voy a morderte, -chan –Nanako le tomó la mano–. Soy una de las únicas personas aquí que no lo hará.

            pronto aprendió que eso era verdad, y que, su amigo, Mitsukoshi Sakai, era muy agradable, y muy lindo, también. Aún así, el castaño de cabellos desprolijos pertenecía estrictamente a Nanako; no se veía a simple vista, realmente, pero , como chica, sabía bien qué tipo de miradas dedicaba Napporo a Mitsukoshi. Qué lindo.

            En el medio del recreo, obviamente aún de la mano de su nueva amiga Nanako, escuchó a unas chicas chillar sobre un tal “Atoke” que había “entrado a la secundaria este año”. se figuró que debería saber, y preguntó.

            –Nana-chan…

            –¿Sí, -hime? [1]

            –¿Hime? – se olvidó de su pregunta ante este término.

            –Ajá. Kawaii no hime, -chan [2] –repuso Nanako con un cantito.

            –Um… no.

            –¿No?

            –No me gusta que me digas… “kawaii no hime” –al paladar de , este título era bastante agrio–. Si es posible, sólo dime

            –Bueno. Hm. Aguafiestas –Napporo le sacó la lengua–. Ahora sí, ¿qué sucede?

            –Me preguntaba… hum… –esta duda iba a sonar estúpida no importa como fuera dicha– ¿… quién es “Atoke”…? ¿O algo así?

            La morocha se rió abiertamente –¡Kawaii! Bueno, te perdonaré la pregunta sólo porque eres nueva. Atobe, Atobe Keigo, es el heredero de la fortuna Atobe y el chico más popular de todo Hyoutei Gakuen, pese a que es sólo un estudiante de primer año, como nosotras.

            –Ah – estaba bendiciendo a los dioses por haber hecho esta pregunta en voz baja. Hubiera sido patético que se den cuenta que era la única persona en Hyoutei que no sabía quién era Atobe.

            –Ven, -chan, te lo mostraré –Nanako la arrastró–. Pero ten cuidado, eh. Es difícil no babearse.

            Y así, Nana se lo señaló, y comprobó que hablaba en serio. Rostro de porcelana, lunar estratégicamente manchando su mejilla derecha, belleza sobrehumana, cabello corto que brillaba de un gris metal al sol.

            se sonrojó visiblemente, sufriendo un evidente caso de amor a primera vista.

            –¿-chan? –Napporo la sacudió–. ¿Ves? ¡Te dije! Es tan, tan lindo… ¿quieres que vayamos a hablarle?

            –¿¡Qué!? ¡¡NO, NO!! –gritó , horrorizada–. ¡No, bajo ningún punto de vista!

            –Pero podría hacerte un favor, -chan… te presento a él, tan sólo tardará unos segundos –Napporo tiró de la mano de la joven–. ¡Vamos! ¡Además, no me lo niegues, él te gustó!

            –Sí, es lindo, y todo, pero… – no dejaba de hacer fuerza para el otro lado–. ¡No me gusta sonar como una interesada! ¡Sé que me gusta por apariencia, y por eso, no quiero conocerlo!

            Napporo desistió y la soltó, por poco haciendo que se vaya de bruces al suelo –Heh… realmente eres muy poco Hyoutei-ana…

            no estaba segura de si tomar esto como un insulto o no.

            –Habrá que trabajar en tu soberbia. Primero que nada, deberías caminar con el mentón más en alto –Nanako le elevó la cabeza a con un dedo, y con otra mano, le endereció la espalda–. Eres de Hyoutei. Eres la mejor. Grábate eso en la cabeza.

            –¡Pero no quiero ser una creída! –medio-gritó , pero frenó cuando vio que estaba cautivando de más la atención del resto–. No me interesa hacerme mala fama de esta forma. Lo prefiero así.

            Nanako se sonrió de oreja a oreja.

            –¿¡Qué!? –devolvió , como exigiendo una respuesta, aunque en realidad estaba algo sonrosada.

            –Por lo menos tienes algo de carácter… y sabes qué quieres ser y qué no. Retiro lo dicho, entonces. Quizá te vaya de lo más bien en esta escuela –Napporo volvió a curvar sus labios en una sonrisita, y tomó la mano de por enésima vez en el día–. Ven. Mi reloj interno me dice que ya está por terminar el recreo.

            Y sonó el timbre.

 

            Segundo recreo, y fue inevitablemente arrastrada por Nanako a… ningún lugar. Parece que no la pasearía por la escuela durante esta vuelta.

            -chan –llamó Napporo seriamente, Sakai mirándola con cuidado mientras decía esto, como fijándose que la morocha no intentara nada extraño–. Insúltame.

            –… ¿qué?

            –Insúltame. ¿No fui clara?

            frunció el ceño –¿Pero por qué?

            ¿Qué acaso estaban todos locos en esta escuela?

            –Quiero ver que tan lejos puedes llegar. Ver si tienes agallas. Es por tu bien.

            no era de indagar mucho en las razones ocultas de la gente, porque a ella no le gustaba que indagaran en las suyas, y prefería mantenerlo así. “No hagas a los otros lo que no te gusta que te hagan”.

            –Eres… algo molesta.

            –¡Baka! ¡No asustas a nadie! –repuso Nanako, irritada–. Imagínate que soy una de las monstruosas líderes del club de fans. Te insulto. ¿Qué me dirías?

            –Me daría media vuelta y me iría –admitió .

            Recibió un golpe en la nuca por parte de la morocha.

            –¡ITAAI! [3]

            –Ahora tienes razones para insultarme. Vamos. Honestidad brutal, eso quiero.

            se concentró, arrugando los ojos y mirándola a Nanako –Por lo menos mi cara no es tan plana, y mis ojos están bien metidos. Los tuyos son demasiado saltones. Te hacen ver como un sapo. De hecho, tienes un ligero parecido a un sapo.

            A Nanako le tembló un poco la ceja. 10%... 20%...

            –Un sapo embarazado –agregó –. Porque se te hincha mucho el estómago cuando comes. Me molesta que seas tan cargosa, y al ser sincera, al principio pensé que eras lesbiana.

            30%...

            Ah, al diablo con eso.

            100% FULL. NANA-CHAN RAGE MODE ON.

            –¿¡QUÉÉÉ TE PASAAAAA!?

            se hizo hacia atrás, poniéndose pálida –¡Pero pero pero ––

            –¿¡Eso es lo que piensas de mí, bicho mal agradecido? ¡¡CORRE POR TU VIDA PORQUE VOY A HACER ESTOFADO DE PRINCESA!!

            Y salió corriendo.

            Nanako quedó en el lugar, sin siquiera molestarse a ir tras ella.

            –Si esa será su reacción cada vez que alguien se enoje –Napporo notó, como pensando en voz alta–, estamos en problemas…

            Sakai se encogió de hombros –Pero su honestidad fue brutal.

            –¿De verdad parezco un sapo, Kai-kun?

            Pero al voltear, Napporo observó como una hoja de papel cayendo ocupaba el lugar de Sakai, quien aparentemente se había desvanecido a la velocidad de la luz.

           

***

 

            , ahora estudiante de segundo año. Estado: con tan sólo dos amigos hechos en su primer año. Pareja para el baile de navidad: ninguna. Sakai había prometido ir con Nanako, y, pese a todo, se veía muy arrepentido de no poder ir con . Resultado: fue, retiró su diploma de “Felicitaciones, sobreviviste el infierno pasaste primer año” y volvió a casa. Derramó un par de lágrimas. Nada terrible, de todas formas.

            Pensó, entonces, que segundo año sería un poco mejor. Tenía razón: ahora, ella sería senpai, y, por lo consecuente, un poco más respetada. Y como agregado, conocería a alguien a quien no podría sacarse de la cabeza. Y no, no estamos hablando de Atobe.

 

***

 

            –Por favor, –Niwa, su nueva sensei de historia, le dio una sonrisa. Hoy estaba de buen humor. Eso era bueno–. Lleva esto a segundo año B, ¿quieres? Ahora están con Sakaki en la tercer aula de música.

            recibió la libreta de asistencias y, murmurando un “Sí, profesora”, se largó a segundo año, teniendo que subir interminables escaleras para –por fin– llegar al aula destinada. El suave cantar de las cuerdas de un violín sonaba del interior.

            Tocó la puerta, y Sakaki Tarou le permitió pasar, pero el violín no cesó, sino que, al abrir, se escuchó con mayor fuerza. El sonido era sublime, conmovedor… casi triste…

            –¿Qué sucede, ? –preguntó el profesor de música en esa voz que invocaba respeto.

            se enderezó, pero previamente saludándolo al hermano de Nanako, el cual la saludó fervorosamente con su mano como si tuviera cinco años y un severo caso de ADD [4] –Niwa-sensei le envía la libreta de asistencias de segundo B, señor –la joven se la entregó.

            Sakaki comenzó a hablarle sobre algo (y le dio algo para devolverle a Niwa-sensei, eso fue lo único que se molestó en entender), pero no pudo prestar atención. Sus ojos estaban fijos en el muchacho de cabellos blanco-plateados que estaba manipulando el violín. Estatura media, dedos largos y finos, un rostro de niño pequeño, facciones aún no desarrolladas, tiernas, dulces. Lástima que era un kouhai, porque…

            –Itte yoshi.

            volvió a la realidad y le dio una reverencia a Sakaki antes de girar sobre sus talones e irse.

 

***

 

            –Nana-chan…

            La morocha miró a su amiga –¿Sí, -chan?

            –… te parecerá rara la pregunta, pero… –cuando dijo eso, vio que Sakai también se concentraba en lo que ella tenía que decir–. ¿Conoces a un chico de cabello blanco, de segundo año? ¿Un compañero de tu hermano…?

            –Hm… –Nanako frunció el ceño–. Tengo su rostro en mi mente, pero no me acuerdo el nombre, aunque mi hermanito lo mencionó alguna que otra vez. Ootoro… Oto… Oto algo…

            –Ohtori Choutarou –informó Sakai de pronto, causando que ambas lo miraran con curiosidad–. En primaria fue mi compañero en la orquesta. Pero después de que dejé de estudiar cello y la abandoné, no escuché más de él.

            “Ohtori Choutarou…”

            –¿Por qué preguntas, -chan? –Nanako sonrió divertidamente, y, entonces, reconoció la expresión en el rostro de su amiga–. ¡No me digas que te gusta!

            se sonrojó sin proponérselo –… Na… ¡Nana-chan!

            –¡Te gusta un kouhai, te gusta un kouhaaaaii! –comenzó a cantar Napporo, dando saltitos.

            –Nanako, basta.

            Sakai jamás la llamaba por su primer nombre así, lo cual captó la atención de la morocha.

            –¿Kai-kun?

            –… Nana-chan, mira a -chan –el castaño la señaló, y la susodicha parecía una frutilla con boca y ojos–. Realmente le gusta –susurró entonces–. ¿Podrías ser un poco más… buena con tu amiga y dejar de cargosearla?

            Napporo bajó la vista –… lo siento…

            –¿Realmente te gusta, ? –preguntó Sakai dulcemente.

            –No es eso… es que… me llamó la atención –intentó explicarse –. Toca muy bien el violín.

            Nana y Kai intercambiaron miradas y sonrisitas cómplices.

            –Está bien. Te gusta alguien menor que tú. No te preocupes, no lo consideramos pecado –Sakai siempre daba esas sonrisas que te levantaban la autoestima.

            –¡Pero no me gusta! –chilló –. Tan sólo me llamo la atención. ¡Diablos! ¡Odio que no puedan entender eso!

            –Está bien, dejémoslo ahí –decidió Sakai–. Creo que sería poco saludable que -chan se siga poniendo roja.

            Con un pucherito, anotó para sí que comenzaría a practicar piano más que antes y que, algún día, tocaría un dueto con él. De alguna forma.

 

***

 

            Ohtori Choutarou suspiró y siguió a su grupito de primer año. La secundaria no era fácil, pero esto era de esperar. Con tanto dando vueltas por su cabeza, con el ingreso al club de tenis, Ohtori ya tenía todos sus días ocupados hasta eso de las cuatro, cinco de la tarde. ¡Y tenía tan sólo doce años!

            De pronto, vio algo que lo impresionó y lo hizo frenarse y dejar que su grupo se vaya sin él. Era una chica… una senpai, probablemente. Debía de llegarle por la nariz a Choutarou (quien siempre se recordaba que le hubiera encantado ser tan alto como su padre. Bah. Ya pegaría el estirón). Poseía una amable sonrisa, y estaba dándole indicaciones a otro grupito de primer año. Una senpai… y tan bondadosa, tan considerada…

            Ohtori la miró pasar, embobado por completo.

            “Tonto. Eres un kouhai. Recuerda tu lugar en el mundo”, el peliplateado se regañó firmemente, “No puedes quedártela mirando así. Si un senpai te ve…”

            Choutarou se sacudió violentamente del frío que le provocaban sus pensamientos. Sólo después de unirse al club de tenis aprendería a tenerse confianza. Por ahora, no era nada especial. Era tímido, callado y… más que nada, muy inseguro. De lo que no tenía idea era que aquel ser que él miraba en tal admiración, aquel con el que comenzó a soñar a partir del momento en que la vio, era muy similar a él. Quizás demasiado.

 

***

 

            –Vamos, -chan… –insistió una de sus amigas.

            –¡Eso! ¡Ve, -chan, te está mirando! –Nanako la animó–. Además, siempre hay una excusa. Dile que nosotras te mandamos a preguntar.

            –Chicas… cuando dije que me preguntaba si los rumores eran ciertos, no tenía pensando realmente preguntarle. Me odiará. Quedaré como una ––

            –¡Pero por lo menos le hablarás por primera vez en tu vida! –Nana replicó–. -chan, ¿¡no estás harta de verlo pasar y suspirar? ¿Tanto miedo te puede provocar un kouhai? ¡Además! Si los rumores son ciertos, y tú intentas algo sin saberlo, imagínate cómo te sentirás entonces…

            –¡Está bien! –chilló , más harta que convencida–. Está bien. Iré. Le preguntaré.

            Y se acercó casualmente a Ohtori Choutarou. Sería el comienzo de… ¿algo hermoso? Pfft. Sí, claro.

~ Aori

19/12/06

[1] – “Princesa ”.

[2] – “, la princesa de la lindura”. O “la adorable princesa”. O algo así.

[3] – “¡Ouuuuch!”

[4] – “Attention deficit disorder”, mejor conocido como “hiperactividad”.

<<Volver al capítulo diez | Seguir al capítulo doce >>