–¿Entonces, por qué decimos que Inglaterra necesitaba esas rutas? ¿Qué tipo de
comercio tenía ella? –Niwa-sensei le dio una ojeada a toda la clase, como
buscando quién prestaba menos atención. Para su sorpresa (porque siempre había
sido una buena alumna), era la más distraída. La profesora alzó
una ceja. En fin–. , ¿quisieras contarnos? Al grano, por favor.
prácticamente dio un saltito en el lugar –Hum…
Hubo una mano levantada.
–¿Katsuki? ¿Quisieras contestar esto por ?
–A diferencia de ella, yo sí estaba prestando atención –Katsuki Matsuri
se puso elegantemente de pie–. Y es más, explicaré eso frente a la clase, si no
le molesta, señorita. Inglaterra…
alzó una ceja.
“Katsuki Matsuri-san… parece tener algo en contra mío. Me pregunto…”
Le llegó una cartita de Nanako.
“Ten cuidado con esa loca, -chan. Creo que hace poco se unió al club de
ToriShishi”.
dio un suspiro. Era oficial. Tenía al club entero en su contra.
– Un pequeño malentendido
Capítulo diez –
Ohtori Choutarou azotó su cabeza contra el piano, provocando un poderoso
estruendo en la normalmente silenciosa aula de música. Verán, esa casi nunca la
usaban. Volviendo a lo nuestro…
–Esto está mal. Salí de clases para terminar la canción, no para trabarme
así…
El peliplateado cerró sus ojos forzadamente. La música… estaba allí, en
su oído… ¿por qué no podía traspasarla al papel? ¿Por qué no podía hacer que
todos la escucharan? Era difícil de traducir, aquella música del corazón. Los
coros angelicales que sólo nosotros escuchamos cuando estamos enamorados.
“Senpai… no podré… no… no llegaré a hacerlo antes de lo que Sakaki-sensei
nos indicó. Lo siento. Si tan sólo…”
Choutarou tuvo una idea brillante.
“Si la escuchas y sientes lo mismo que yo al hacerlo… entonces, quizá… la
pieza que escribí no esté tan errada…”, Ohtori juntó todas las desprolijas hojas
y se levantó de su asiento, corriendo a buscarla.
Al llegar a su aula, recordó que aún no era recreo. No importa. De seguro
habría excusas qué inventar…
“Ah, listo.”
Ohtori tocó la puerta de tercer año C, y Niwa Yuuko (mejor dicho,
Niwa-sensei, para no faltarle el respeto), lo dejó pasar.
–¿Qué se te ofrece, Ohtori-kun?
–Kunouku-sensei desea hablar un segundo con -senpai –estableció
el peliplateado, dándole una sonrisita cómplice a antes de continuar–. Me
pidió que viniese a buscarla.
–Está bien –esto, a Niwa, le resultó coherente–. , puedes irte.
quedó un poco confundida, pero se levantó y salió del aula de todas
maneras. Después de que estaban lejos, miró a Choutarou con curiosidad.
–¿Qué quiere Kunouku-sensei, Ohtori-kun?
El de ojos almendrados frenó su marcha, por lo que la muchacha hizo lo
mismo.
–Shh –Ohtori pidió silencio con un dedo sobre sus labios–. ¿Puedes venir
un segundo, senpai? Me gustaría mostrarte algo.
Le tomó de la mano y la arrastró consigo.
–Pero, Ohtori-kun, ¿y Kunou––
–Kunouku-sensei no quiere nada. De hecho, anda convencido que estoy en
preceptoría, así que mejor hagámosla rápido – no entendió absolutamente
nada. Su corazón comenzó a correr carreras con su mente, y parecía que el
primero daba cinco vueltas en lo que su cerebro tardaba en dar media–. Ven,
apresúrate, senpai.
–Ohtori-kun… –notó que se dirigían al aula de música que este año había
quedado sin uso–. ¿Qué…?
Llegaron al aula, y Choutarou le pidió que ella se acomodara en una
silla, él recuperando el estuche de su violín de por ahí y colocándose el
instrumento en el hombro.
–La escribí en piano, así que… probablemente suene un poco más diferente
de lo que quisiera que suene… me… me disculpo por eso –explicó Choutarou, aún
cuando nadie le había pedido explicaciones, con el fantasma de un sonrojo sobre
sus mejillas–. Senpai, necesito que me digas qué sientes al escuchar eso. La
verdad. Aunque ésta sea, “Siento ganas de vomitar”. ¿E-entendido?
parpadeó varias veces, pero decidió no abrumarlo con preguntas sobre
qué rayos le pasaba ahora. Su mente se había nublado con el hecho de que el
chico estaba a punto de tocar el violín para ella, cosa con la que había soñado
por noches enteras –De-de acuerdo. Adelante.
Ohtori tocó un Mi errado por culpa de su nerviosismo, por lo que se
sonrió incómodamente y se disculpó. tan sólo le devolvió una sonrisa
entretenida.
… la cual se borró y se reemplazó por una boca abierta en adulación en
cuanto comenzó a tocar. Choutarou ató, con su música, un horrible, o bien, quizá
maravilloso nudo en el estómago de , el cual sólo acrecentó con cada nota.
Aún así, no podía decir que se sentía mal, triste o incómoda: la
sensación era… sí, las inequivocables mariposas estomacales. Pero si le decía
eso a Ohtori, él sabría…
Choutarou frenó de pronto, como dándole un final inconcluso –Y ahí fue
cuando me comenzó a carcomer la culpa de haberme escapado de clases por esto
–dio una sonrisa, quitándose el violín del hombro–. ¿Qué… qué sentiste?
–Um… –“¿Cómo lo explico? Diablos… Ah. Ya sé. Te parto en mil pedacitos.
Pero… pero eso no quedaría bien, ne…”–. Yo…
–N-no, si te incomoda decírmelo, está bien, no digas nada –despreocupó
Ohtori con un sonrojo–. Qué desconsiderado de mi parte, pedirte algo que te pone
así. Perdón.
–¡No! Te equivocas, no es que me ponga incómoda, es que no sé cómo me
sentí –repuso –. Creo que… creo que sentí un mariposeo en el estómago.
Choutarou abrió sus ojos de par en par –¿De… de veras?
sonrió y asintió con la cabeza.
A Ohtori le contagiaron la sonrisa, pero no el evidente sonrojo que ahora
portaba –Qué… qué bueno.
Al unísono con esta frase, Kunouku y Niwa entraron al aula.
…ups…
***
Normalmente, limpiar todas las aulas de segundo y tercer año de toda la
escuela hubiera sido una tarea bastante tediosa. Pero, en esta ocasión, no podía
ser demasiado tedioso: no si se tenía a aquel alguien especial a tu lado.
–¿Ya te fijaste debajo de los bancos? –preguntó , echándole una
miradita al chico por sobre el palo de su escoba.
–Sí, no hay nada más –asintió Choutarou, terminando de tirar el último
papel a la basura–. Creo que ya está todo. Ahora, vamos para segundo “B”…
escurrió el trapo mojado en una cubeta y se dispuso a irse,
aunque en el camino, Ohtori insistió fervorosamente en llevar las escobas y
demás utensillos por ella. De más está decir que ella se negó, alegando que
Ohtori estaba convencido de que porque era mujer no tenía fuerza, y que eso no
era agradable de su parte.
“¿Mañana ya es… viernes, verdad? Bueno… por ninguna razón en particular…
mañana la invitaré a salir. Sí, le diré lo que siento”, decidió Ohtori, “¿O
debería decírselo en el baile? ¿O junto con la presentación de la canción? O…”
–Ohtori-kun, no está bueno que te quedes mirando mientras yo limpio –
se cruzó de brazos–. ¡Vuelve a la Tierra, tonto!
–Ha-hai… lo siento… –se disculpó el muchacho.
–¿En qué pensabas?
Choutarou largó una de sus mentirillas-blancas-express –En que encima que
nos amonestan, nos hacen limpiar. ¿No debería ser una cosa o la otra? No es
justo… se aprovechan de nosotros…
–Siempre pensé eso. Es bueno escuchar que alguien adhiera –confesó ,
comenzando a juntar papeles del suelo–. ¿Qué son los de esta aula… caníbales…?
–Oye, este es mi curso –devolvió Choutarou, falsamente ofendido.
–Ah, perdón –se disculpó , un poco avergonzada–. Yo y mi bocota…
–No hay problema. De cualquier forma, concuerdo contigo –Ohtori admitió–.
Ah, por cierto, senpai. ¿Para cuándo la campaña?
alzó las cejas –¿Hablábamos en serio aquella vez?
–Difícilmente –Chouta se rió y encogió de hombros–. Aunque quisieras,
Atobe-buchou no te dejaría postularte. Ahora que lo pienso, hace tres años que
no se hacen elecciones…
–¡Es verdad! –exclamó la joven– ¿A quién debemos recursar para quejarnos
de eso?
–Hum, bueno… –el peliplateado ahogó una risita– Al consejo estudiantil.
–Qué chistoso.
–Fue en serio. ¿Conoces a alguien más con quien nos podamos quejar?
dudó.
–Habrá que dejar las cosas como están –suspiró Ohtori, algo cansado–. Me
tiene harto esto de agacharme y volverme a parar. ¿No tenemos una forma más
práctica de limpiar?
–Nop. El abuso no deja de crecer… ah… no me digas que en eso nos tenemos
que quejar con el consejo estudiantil también.
Choutarou largó una risotada –Sí, probablemente tengamos que…
–De todas formas – apretó el tarrito de limpiador lo más que pudo, pero
no logró hacer salir nada–. Esto está vacío. ¿Dónde podemos conseguir más?
***
Mientras que buscaba por toooodo el cuarto de servicio
(incluyendo rincones, clósets, interminables cajones en escritorios, etcétera)
por un maldito frasco de limpiador, Ohtori Choutarou tuvo que atender el
teléfono.
–¿Moshi mosh––
–¿Choutarou? Hace veinte minutos, fácil, que te estoy esperando. ¿Dónde
diablos estás?
Ohtori no pudo evitar largar una risita –Gomen, gomen, Shishido-san.
Verás, para hacerla corta, quedé castigado y no sé a qué hora saldré hoy…
todavía nos falta limpiar tres aulas…
–Ah –replicó Ryou, aunque algo molesto–. Aguarda. ¿”Nos”? ¿Con quién
estás?
Ohtori ni escuchó la pregunta. Se había quedado mirando entretenidamente
como , con su no-exactamente-baja-pero-tampoco-prodigiosamente-alta
estatura, no podía llegar al estante más alto, donde, rodeado de una luz
celestial, yacía el tarrito de limpiador. La vio complicarse la situación sola
por unos segundos, hasta que, con una divertida sonrisa, se acercó a ella y le
alcanzó sin problemas el objeto deseado.
–Ya era hora, señor metro ochenta y cinco –en este punto Choutarou se
preguntó como se suponía que sabía exactamente cuánto medía, pero, bueno…
teniendo tantas acosadoras por toda la escuela, no le extrañaba que de alguna
forma se llegara a saber su altura públicamente.
Shishido, del otro lado del tono, quedó confundido –¿Está ahí?
–Después te hablo, senpai. Tengo que terminar de limpiar; en cuanto
antes, mejor –y con esto, Choutarou cortó, dejando al morocho con las palabras
en la boca.
alzó una ceja –¿Ryou-kun?
Ohtori hizo una mueca ante esta forma de llamarlo. Todavía no se
acostumbraba –Así es. Debía de estar esperando a que salga de clases. Pobre
senpai…
se abrazó al frasco de limpiador –Síp. En fin, tenemos lo que
necesitamos. Apresúremono––
Suerte que Ohtori tuvo los reflejos necesarios como para ver que, a causa
de la falta del tarro de “Cif” (o “Mr. Clean”, o “Magistral”, o lo que tengan en
sus casas), una caja completa llena de quién-sabe-qué se les venía encima, y
pudo detenerla con una mano.
Aia. Pesaba. Pesaba como si estuviese llena de lingotes de hierro.
–Bien. Otra cosa qué reclamar: falta de seguridad en el cuarto de
servicio –Ohtori reacomodó la caja en su lugar–. Mejor dicho, en toda la
escuela.
–Ah, sí, sobre eso… – se dispuso a salir del cuarto con Choutarou
detrás–. ¿Con quién debería quejarme si… si estoy teniendo problemas con otros
alumnos?
–… no lo sé –Ohtori frunció el ceño–. Pero suena como algo que podrías
consultar con Atobe-buchou. Senpai ––
–Aah, olvídate de lo que dije. Ten – le dio uno de sus trapos
húmedos al peliplateado–. Separémonos. Así hacemos más rápido. Tú ve a tercero
A, yo al B, y nos juntamos en el C, ¿okay?
Y así como así, se fue.
“Se le nota a la legua que le gusto. Cómo
diablos no me di cuenta antes…”
***
Por lo menos, los padres de habían tenido consideración con ella y
habían decidido echarle la culpa al tal “Higaki” por la amonestación que ahora
decoraba la libreta de la joven. Claro que no había querido decir que en
realidad había sido Choutarou quien le había causado tantos problemas. Decidió
que era mejor así, por si las dudas,
para que sus padres no tengan una primera impresión errada de él.
“Ahora que lo conozco bien… o, bah, que comencé a hablarle… es como si no
pudiera parar de pensar en él”, pensó , tirada boca arriba en su cama, “Mi
concentración está en su nivel más bajo. Dios, hasta estoy comenzando a mirar el
cielo y pensar qué forma tienen las nubes…”
Largó un suspiro mientras una oscura angustia comenzó a invadirla.
“No puedo. No estando amenazada de muerte. Supongo que una vez que esté
con él será otra cosa, pero… tengo miedo.”
“Miedo…”
Miedo…
Miedo…
Miedo….
Sueño…
Sueño…
Sueño…
Sueño…
Y soñó algo borroso con Choutarou. Ella se forzó a sí misma de no
acordarse de qué se trataba el sueño exactamente.
***
“Kai-kun y Nana-chan…”, pensó al darle un portazo a la pequeña
puertita metálica, “Ambos faltan el mismo día… siempre en sincronización, esos
dos, aunque me gustaría que admitan lo que sienten. En fin, si ni yo puedo
admitir lo que siento por Ohtori-kun, sería hipócrita pedir lo mismo de ellos,
ne…”
Como ayer había sido un día tranquilo, sin apariciones de las fanáticas
exceptuando Katsuki Matsuri que, de todas formas, siempre había sido de corregir
gente, supuso, deseó que este día fuera igual.
Pero esto no sería “Un pequeño malentendido” si todo es lindo y bonito y
los pájaros cantan y el cielo es azul y vivimos felices para––
Ejem. Perdonen. Me fui por las ramas.
“Día aburrido. ¿Qué tengo que hacer hoy? Nada. Mi mochila parece una
pluma. Y encima de todo, llueve”, pensó con amargura, “Pero está bien… me
gusta no hacer nada. Así que hoy dormiré todo el día…”
La despertó de su ensueño con largas horas acostada en la cama el ruido
de lóquers siendo golpeados. Volteó, y pese a que no reconoció a las dos figuras
que se acercaban, intuyó que esto no era nada bueno. Su intuición nunca le había
fallado (excepto, claro, cuando le repitió testarudamente que Ohtori era
irreversiblemente homosexual), así que decidió creerle y comenzar a alejarse
casualmente, como si no estuviera ni un poquito asustada.
–Oye, .
“Las últimas veces que me llamaron , me fue mal. Ryou-kun me
decía cuando no confiaba en mí. Fuyumi-san siempre me dijo
-chan. Y ahora, esto…”
Pero había un solo “” que no sonaba tan mal, y este era un
“” al que una voz anestésica y agridulce le agregaba “senpai”. No, no
vamos a entrar en eso, no se preocupen, ya todos sabemos de quién estamos
hablando. Y si no se sabe aún, ¿¡qué haces leyendo esto!?
–, frena en este mismo instante. ¡!
“Eso fue el indicador de – CORRE, , CORRE POR TU VIDA.”
–¡¡!! –Sayu y Misa (sí, sé que se la veían venir) corearon,
corriendo tras ella. Era su fin – si la agarraban, claro, y no estaba a
punto de dejar que eso pase.
–¡SI ME HACEN ALGO, LE ROBARÉ A OHTORI-KUN SU PRIMER BESO!
–¡TODOS SABEMOS QUE SHISHIDO-SAN YA SE LO DIO! ¡DE TODAS FORMAS, QUEREMOS
VERTE INTENTAR!
Diablos, esas dos eran atléticas… y rápidas. Esto no se veía bien.
“¿¡Dónde está Choutarou!? ¿Tiene clase de algo ahora? Ah… Nana-chan… ella
me había dicho los horarios de segundo año, pero, pero… no tengo ni la más
mínima idea de qué hora es…”
“, usa la lógica”, dijo su conciencia, “Si ya te estás yendo para tu
casa, segundo año también debe de estar en su última hora. O, bien, saliendo.”
no pudo escuchar, mejor dicho, no tuvo tiempo de razonar este
comentario. Sólo pensaba en correr. Correr por las escaleras, dar un salto y
casi volar el tacho de basura, por poco llevarse puesto a un grupito de primer
año, correr, correr, correr…
Algo la detuvo, y pensó que era su fin. Sintió como sus pulmones se
vaciaban de oxígeno cuando una mano la frenó y la elevó por los aires. Lo único
curioso fue que, una vez arriba, no fue revoleada por doquier. Se mantuvo ahí.
Casi como si estuviera… a salvo.
Detrás de ella, escuchó dos talones clavarse contra el suelo y frenarse.
Y ahí se percató que ni Sayu ni Misa la habían agarrado: estaba recostada sobre
el hombro de un… ¿monstruo? No, es decir, sí, era muy alto, pero era un ser
humano, o, bueno… en realidad era de especies dudosas, asi que dejémoslo ahí.
Especie dudosa. ¿Eslabón perdido?
–¿Qué se supone que estaban haciendo, persiguiendo a esta chica así,
ah~n? –esa voz… nah. Mentira. No podía ser…– Ore-sama ignorará esto… por esta
vez. Pero no quiero que esto se repita, ¿Ore-sama se expresó bien?
Sayu y Misa dieron una reverencia y salieron corriendo. Bueno… por lo
menos no molestarían más.
–Kabaji, bájala.
–Usu.
Y así, fue lenta y suavemente apoyada en el suelo. Se le quedó
mirando a Atobe, algo agitada, intentando recobrar su aire y su alma, la cual
prácticamente ya estaba encaminándose hacia el cielo.
– , ¿verdad? –inquirió Atobe mientras acomodaba un mechón de
cabello de la joven del lado de la raya del que originalmente pertenecía.
La joven se quedó helada, pero sin saber qué la había impresionado más:
si el gesto o si el hecho de que supiera su nombre –Sí, así es. ¿Pero cómo…?
–Esas chicas estaban gritando tu nombre. De cualquier forma, Ore-sama lo
hubiera supuesto, escuché hablar de ti... Estás causando que el club de
ToriShishi se violente, lo cual no es raro, en realidad –Keigo la miró con el
mentón alto, con su soberbia característica–. Voy a asumir que sabes mi nombre,
pese a que no nos hayamos encontrado antes.
–Claro que lo sé, Atobe-san –dijo . En Hyoutei, eras nada si no
sabìas quien era el narciso bishounen del lunar.
–Jya, … supongo que no debes volver a preocuparte por esas
psicópatas. No ahora que Ore-sama les puso los puntos en claro. Aún así,
deberías tener cuidado –y analizándola por unos segundos, agregó: –Y deberías
comprarte un paraguas. Te empararás en días como estos.
quedó en un estado de “…”
–Kabaji, acompáñala hasta su casa, sólo por las dudas. Como
presidente del consejo estudiantil –le puso un énfasis especial pero
esperado a esta frase– no puedo dejar que le suceda algo a una alumna de esta
escuela. Además, Kabaji, comparte tu paraguas con ella.
–Usu.
–…Atobe-san, no es…
–Ni lo menciones. Mejor me voy yendo, no quiero que mi chofer espere
demasiado –Atobe se dio media vuelta y comenzó a caminar–. Hasta luego.
miró al eslabón perdido/especie dudosa/monstruo incómodamente.
–El clima está feo… desu.
La joven primero se impresionó ante la súbita chispa de lenguaje humano
que había surgido del muchacho, pero terminó tranquilizándose cuando vio que no
era para nada amenazante: lo único que había hecho, hasta ahora, era abrir su
paraguas y ponerlo de forma que los tapaba a ambos. Ahora, ¿¡qué acaso acataba
todas las órdenes de Atobe? Qué chico
extraño…
***
–Sadaharu…
–Yumeko. Tu sonrisa es un 98% menos falsa que otras veces. ¿Te sucede
algo?
Fuyumi observó cómo sus cabellos volaban con el viento, entreteniéndose
con cómo las puntas ondulaban, hacían formas.
–He cambiado mi opinión sobre lo de Shishido-kun.
–Los datos demostraban que pronto lo harías –repuso Inui Sadaharu,
ajustando sus anteojos–. Pero me alegro, Yumeko.
La muchacha se rió suavemente –Sí, yo también. Ahora, tengo un pedido
para hacerte…
–¿Hmm…?
–Quiero que sigas ayudando al club de ToriShishi. Pero… quiero que
reviertas todo lo que anotes. Es decir, necesito que les hagas creer que
-chan no quiere tener nada que ver con Shishido-kun y Ohtori-kun.
Cualquier forma en la que puedas lograr esto me parece válida –Fuyumi dio una
sonrisa–. Sadaharu, confío en ti.
La expresidenta comenzó a alejarse, pero antes escuchando a su primo
murmurarse para sí, mientras volteaba páginas de su verde libreta:
–Una máscara considerada y bondadosa ha surgido de ti, Yumeko… me la
esperaba, pero no tengo mucha información sobre ella… ii data…
~ Aori
18/12/06