Ah, l'amour  (sí, la autora debía mencionarlo en francés porque sonaba más poético, ¿¡y qué!?). Le pasa, admitidamente, a todos los jóvenes. Sea por hormonas (un 90% de los casos) o por un fuerte vínculo emocional (el restante porcentaje de casos), todos hemos estado enamorados o bien, vamos a enamorarnos alguna vez.

            Era el caso de Ohtori Choutarou. Por días no hacía más que, en clase, analizar el reflejo de la luz del aula sobre su cruz, mirar hacia la ventana para admirar los pajaritos y, ocasionalmente, observarse las uñas. Sus compañeros te lo admitirían, también: algo raro anda con Chouta.

            "Algo raro" poseía cuerpo de mujer, cabello largo e iba por ahí llamándose . " -chan", había escuchado él mencionar. Era de estatura normal, pero eso no importaba. También tenía un rico perfume siempre puesto, una bonita sonrisa, y––

            –Ohtori-kun, ¿podrías decirnos las causas económicas de la independencia de las colonias inglesas? –llamó Niwa-sensei. Esperó, y el muchacho aún seguía en stand-by (o modo de espera para los no nerds)–. ¿Ohtori-kun?

            –¿A-ah? —él se sobresaltó. No conocía esta faceta de sí mismo: ¿tan enamorado estaba?–. Disculpe, sensei. ¿Podría repetir la pregunta?

            –Independencia de las colonias inglesas –reiteró la señorita Niwa con paciencia saca de Dios-sabe-dónde–. Quiero causas. No divagues, por favor, Ohtori-kun.

            Entonces, él se dispuso a contestar. No presentó ningún tipo de problemas para ello, pero seguía con su mente en la tal "-chan".

            Volviendo a la descripción de antes:

            Una bonita sonrisa, y––

            ––era una senpai.

            Como si esto importara. Con la altura del joven, todo se hacía más fácil. Shishido-san había estado de acuerdo: él no tenía por qué preocuparse.

– Un pequeño malentendido

Capítulo uno –

            … o quizás sí. Habiendo escuchado a sus senpai hablar todo el tiempo sobre chicas, se figuró que sería muy fácil tratar con una. De hecho, para él, lo era: no tanto así como enamorarse, pero, ¿tratar con chicas? Un juego de niños.

            Ahora, cuando él notó a su amada senpai mirándolo y  cuchicheando con sus amigas, realmente se desesperó (y entendió por qué debía preocuparse en primer lugar). No en el sentido en el que uno se desespera cuando su scud serve da a la red, no en el sentido en el que uno se desespera cuando uno se lleva historia a Marzo: en un nuevo y raro sentido.

            En el sentido de que estaba desesperado porque… porque… ¡porque estaba hablando y mirándolo, diablos! ¡Qué más razón que esa!

            Entonces, la vio acercarse. A él se le secó la garganta y paralizaron las piernas, todo junto. El metro sesenta y algo de la chica se veía ahora como dos metros treinta, y esto no era chiste: se sentía pequeño. Pequeñísimo. ¿Cuál era la gracia del metro ochenta y cinco si se sentía pequeño?

            Sus amigas comenzaron a empujarla, intentando hacer que vaya hacia Choutarou. Éste último intentó prepararse para lo que sea que fuera a venir, inevitablemente comenzando a soñar despierto de nuevo: ¿y si ella tenía que decirle algo? ¿Algo importantísimo?

            …¿cómo una confesión?

            Nahh. No, Choutarou, no dejes que tu enamoramiento obtenga lo mejor de ti. Tampoco la estupidez.

            Allí fue cuando ella se dirigió hacia Ohtori, intentando lucir perfectamente casual. Lo que él no sabía era que no tenía en mente ningún tipo de confesión. Era algo un tanto más complicado.

            Choutarou volteó rápidamente (no quedaba bien mirarla hasta que llegara a donde estaba él) e intentó entretenerse y lucir normal haciendo algo: en este caso, abriendo el locker para guardar… nada, porque había guardado las cosas hace cinco minutos, pero eso no importaba.

            Sintió unos finos dedos posarse sobre su brazo, y fue como si lo hubieran prendido fuego. Ella estaba ahí, intentando hablar con Ohtori –no con Shishido-san ni con Oshitari-senpai ni con Atobe-buchou– CON OHTORI.

            –¿Ohtori-kun?

            Al escuchar su apellido, el chico giró la cabeza y forzó una sonrisa (a entender: "forzó" porque realmente no podía sonreír: lo único que quería era gritar de felicidad).

            –¿Hai?– repuso Choutarou amablemente.

            –Soy , de tercer año –se introdujo ella, sin saber que Ohtori sabía bien todos estos datos (y no es que quisiera parecerse al loquito de los datos de Seigaku, no señor, nada de eso) –. N-no sé si alguna vez hablamos, por eso me presento –agregó en una voz bajita, tanto que a Ohtori le dio ternura– ¿Te puedo hacer una pequeña pregunta?

            Doki, doki. (1)

            –Adelante– animó Ohtori, intentando asimilar lo cerca que la tenía.

            –Mis amigas te querían preguntar, en realidad –corrigió con bochorno, señalándolas y mirando hacia abajo–. Y-yo no tuve la idea, pero como me suplicaron que te pregunte por ellas no me pude negar…

            O sea que nada de confesiones. Ohtori suspiró internamente, pero la dejó continuar, de todas formas interesado en lo que ella tenía que decir.

            –Yo- una amiga- no, como lo digo- eh- le gustas a una amiga –después de varios actos fallidos, se decidió–. Pero no sé que escuchamos por ahí, cosas horrib- eh, bueno, "rumores" –al parecer "cosas horribles" no era un calificativo digno. ¿Qué rumores? Ohtori estaba a punto de enterarse…–. Mi amiga se estaba preguntando si… si… –tragó saliva audiblemente– …si pasaba algo con Shishido-kun.

            La vida de Choutarou, en ese mismo momento, pasó a ser un cuadro de cubismo. Perdonen la expresión, pero eso era realmente: Ohtori se sentía un hombre hecho de cubos que era atravesado por una lanza, al mejor estilo Guernica.

            Pensó que quizá no habría escuchado bien, así que salió del cubismo por unos segundos –¿Qué cosa con Shishido-san?

            –S-si… ay, por Dios –soltó la muchacha casi sin querer, irritada por la inocencia/ignorancia del chico–, mi amiga se estaba preguntando si eran novios o… o algo– repuso ella, sonrosándose y con la vista aún fija en el suelo.

            No, disculpen – un cuadro de cubismo era incluso más comprensible que lo que le estaba planteado esta chica. Su senpai. ¡L'amour! ¿¡Dónde diablos había quedado el "l'amour"!?

            –A-ah– Ohtori podía sentir como iba enrojeciendo. Contra su voluntad, claro, y sin saber si era por la acusación sobre Shishido-san (¡Dios lo libre!) o por el hecho de que la muchacha estaba ahí –N-no sé que ha-habrás escuchado, pero…

            –¡Lo siento mucho!– se tapó la boca, ahogando un grito –¡No quise incomodarte, Ohtori-kun! E-es decir, yo también lo creía obvio, pero no quería echártelo en cara, sé que debe ser difícil admitirlo.

            –¡No, senpai!– casi gritó Choutarou, sabiendo que ahora su neesan lo despertaría y le diría que estaba teniendo una pesadilla horrible –Nosotros no– el sonrojo no le estaba favoreciendo en nada –Somos…

            –Me quedaré callada– ofreció ella.

            –¡SOMOS AMIGOS!– estalló Ohtori, resolviendo que la única forma de hacérselo entender era gritándolo –¡SOMOS SÓLO AMIGOS!

            Media Hyoutei se dio vuelta a verlo, impresionados por el griterío, y más viniendo del normalmente tranquilo muchacho.

            –Oh– se veía aún más avergonzada que antes, y el color en su rostro, por alguna razón, era muy similar al tono de rojo en las mejillas de Ohtori –L-lo siento. Es que, los rumores, Ohtori-kun… mi amiga hubiera estado devastada si hubieras sido gay- a-a-aunque, si quieres serlo alguna vez, se gay, no hay problema, yo consolaré a mi amiga––

            Frenó al ver que Choutarou había vuelto al modo stand-by.

            –¡En fin! Se lo que quieras ser, es un mundo libre, aunque sé que no eres gay, así que… sí, eso, no eres gay, pero aunque lo fueras––

            –¡NO SOY GAY!

            Shishido Ryo quedó un poco aturdido al ver la escena –Qué suerte, Choutarou.

            y Ohtori voltearon para verlo, éste último haciéndole gestos desesperados a su senpai morocho.

            –¿Q-qué…?––

            –¡Nada, nada, Shishido-kun! Los dejo, me voy, gracias Ohtori-kun, mi amiga estará contentísima– interrumpió a Ryo, haciendo reverencias apresuradas, y se dispuso a largarse con su grupo de amigas –¡E-entrenen mucho, los dos! ¡Ganbatte!

            Fue como si un torbellino hubiera pasado por su lado: salió corriendo a toda velocidad.

            –Esa– Shishido intentaba comprender la situación, pero si esto era cubismo para Ohtori, era surrealismo para el pobre y perdido morocho –¿Esa es la chica que te gusta, Choutarou?

            –…

            –¿Choutarou?

            –…

            Estaba boquiabierto, traumado, sumido en una especie de catatonía.

            –Shishido-san– Ohtori rompió su coma –Ella ---senpai-- ella… piensa que… piensa que somos homosexuales.

            Los ojos de Shishido se abrieron de par en par. Por lo menos, pensó él, no hizo preguntas ni menciones sobre semes y ukes –¿Ah, sí?

            Ohtori asintió con la cabeza, desesperado –¿Q-qué diablos hago ahora, Shishido-san?

            –…– era la primera vez que su confiado amigo no tenía consejos para darle –Te suicidas.

            –No me tientes, porque lo estoy considerando, senpai.

            La expresión en el rostro de Ohtori evidenciaba sus palabras.

            –Tranquilízate, Choutarou– Ryo le palmeó el hombro (por poco teniendo que ponerse en puntas de pie para llegar, maldito kouhai y su maldita altura) –No era para ti.

            –Shishido-san…– Ohtori frunció el ceño, murmurando –Sí, tienes razón.

            Atrás de ellos, un grupito de fanáticas se puso a cuchichear ante el sutil (y completamente innecesario) contacto físico.

***

            –-chan– Napporo Nanako, la mejor amiga de nuestra querida protagonista, intentó de alguna manera consolarla, pero sin éxito.

            –¡ES GAY!– lloriqueaba ella, provocando que todos en el aula la miraran con atención. –Nana-chan, gay.

            –No es tan terrible– animó Nanako, sonriente –Es decir––

            –¡Es decir un pepino! ¡Es gay! ¡LE GUSTAN LOS CHICOS!– chilló , en un completo ataque de histeria.

            Los gritos de la chica despeinaron *literalmente* a Nanako.

            –-chan…– suspiró Napporo, sintiendo que nada podría ahora levantar el ánimo de su amiga –Vamos, valió la pena el intento. Imagina si te le hubieras declarado––

            –Esto es ridículo– gruñó , ignorando por completo a su mejor amiga, y comenzando a dar vueltas por el aula, hablando sola como loca –¡Este tipo de cosas sólo pasan en el animé! ¡¡No sólo me gusta un kouhai, sino que el kouhai es gay!!– parecía poner un énfasis especial cada vez que decía la palabra –No me lo tomes a mal, no soy homofóbica, pienso que todos debemos ser libres, pero… ¡pero no el chico que me gusta!

            –Te lo dije– Mitsukoshi Sakai, un buen compañero de , recordó –Su actitud siempre fue demasiado sospechosa.

            –Pero, -chan– Napporo continuó, intentando que su amiga la escuchara a ella y no a Sakai  –¿No habías dicho que negó ser homosexual?

            –Lo negó, sí,– admitió , reconsiderándolo, pero luego volvió a su posición de necedad –¡¡Lo negó por vergüenza!! Él es gay. E-es… ¡ES GAY!

            se había aislado a sí misma en un rincón, abrazada a sus piernas, lloriqueando. Al mejor estilo animé, todo en un radio de 3 metros de la chica estaba en blanco y negro para enfatizar el clima triste.

            Nanako y Sakai intercambiaron miradas y suspiraron.

***

            –¿Qué…– Oshitari señaló a Ohtori, quien estaba auto-aislado en un rincón (¿les sueña familiar?) aún convertido en el protagonista de un cuadro de cubismo –…le pasa?

            Shishido se encogió de hombros –Una ridiculez sobre la chica que le gusta.

            –¿Ridiculez seria?– inquirió Gakuto.

            –Le preguntó si era gay.

            Yuushi y Mukahi ahogaron un grito. Para que ellos no se rieran, debía ser realmente desastroso.

***

            Se escuchaban los suaves tac de las pelotas de tenis golpeando contra la raqueta una, y otra, y otra vez.

            dio un incómodo suspiro, temblando de pies a cabeza. Ella tenía razón: Ohtori le estaba mintiendo. Y por eso, proponía averigüar exactamente qué hacían juntos, si es que hacían algo.

            "¡Baka!", se dijo a sí misma decididamente, "¡Claro que hacen algo! ¿¡Qué viniste a comprobar, sino!?"

 

            –¡Lo comprobaré!– rompió su trance depresivo, una lamparita de idea mágicamente apareciendo sobre su cabeza –Puedo averigüar dónde van a practicar, y comprobarlo con mis propios ojos.

            Sakai miró primero a Nanako, después a ; así sucesivamente varias veces antes de intentar sacar a de su temporal psicosis –-chan––

            Napporo dio un sonoro suspiro –Él te lo negó, -chan– aportó ella –No crees que––

            –No– negó , sacudiendo fervorosamente su cabeza de lado a lado –Iré a verlos.

            Decir cualquier cosa era completamente inútil. Sus amigos sabían que no iban a lograr nada, por lo menos no hacerle cambiar de opinión.

 

            –¡…Choutarou!

            –¡Estoy bien, continúa!

            se ruborizó, sus ojos más abiertos que antes, comenzando a imaginarse cosas completamente indebidas e ilógicas. Estar escondida así era… era una cosa de acosadora. Y se sentía aún más acosadora sabiendo que podía interrumpir un momento íntimo…

            "¡A-aguarden! ¿¡Qué momento íntimo!?" chilló la muchacha desesperada, dándose cuenta de lo que la estaba haciendo pensar su quemado cerebro.

            –Deberíamos terminar con esto– se escuchó la voz del morocho. No tenía nada que ver, pero no podía dejar de preguntarse que pensaban que hacían practicando en un edificio abandonado –Ya controlas la dirección de su saque.

            –Sí, Shishido-san, pero yo quiero seguir– le discutió el rubio –Necesitamos prepararnos para los nacionales.

            El corazón de latía tan rápido, que en cierto momento, la muchacha comenzó a preocuparse por tener un ataque de taquicardia y caer ahí, sequita.

            ¿Y si la descubrían? ¿Qué sucedería con su pobre alma? ¿Sería masacrada por las sociópatas del Club de Shounen-Ai por interrumpirlos? ¿Podrían ellos (Ohtori y Shishido, claro) perdonarla? ¿Podría volver a su vida normal sin hacer terapia? Más importantemente, ¿se recuperaría de la terapia?

            Debía buscar una excusa para interrumpirlos. O, por lo menos, para darse vuelta y ver qué diablos estaban haciendo ahora. Sabía que estaban practicando, pero necesitaba verlos entrenando su tenis: de otra forma, escucharlos hablar era demasiado sugestivo.

            Así que volteó sobre si misma varias veces (al mejor estilo Misión Imposible), girando sobre el piso y transladándose hacia una pared rota con un tremendo agujero, donde se veía el lugar donde practicaban.

            Shishido y Ohtori voltearon, pensando que habían visto algo, pero decidieron que era imaginación de sus cabezas.

            Ambos seguían vestidos y con raquetas: o sea que no estaban haciendo nada raro. Si hubieran querido, ya hubieran intentado algo, así que era en vano seguir espiando, resolvió . Pero… ¿y si nada más eran tímidos? ¿Y si justo cuando decidía irse comenzaban a besarse?

            Si tenía que vivir con ello, viviría con ello. Sí, el chico que le gustaba (aparte de ser menor que ella, cosa por la cual la martirizaban constantemente) era gay, pero por lo menos con Shishido Ryo, y- y- hacían una linda pareja si uno se lo ponía a pensar desde ese punto de vista…

            Para cuando se apoyó contra la pared (dejando momentáneamente de espiar por el agujero), comenzó a sentir alarmantes pasos. Su primer instinto fue escapar, y eso hizo: sólo para encontrarse con la mirada fulminante de Shishido Ryo.

            –¿Shishido-san?– Choutarou parecía estar ocupado secándose el sudor con una toalla, en otro extremo de lo que hubiera sido un cuarto si lo hubieran terminado de construir. Por ahora, era un buen escondite para pobres jovenes de secundaria reprimidos –¿Qué sucede?

            El morocho le echó una miradita a la joven, percatándose de que se la había quedado mirando, y tomó la decisión más bondadosa que tomaría en toda su vida: –No, nada. Creí haber visto una rata, pero fue una ilusión óptica.

            –Oh– repuso Ohtori, tomando un poco de agua que había sacado de su mochila antes de continuar –Bueno, eh––

            –No seguiremos– negó Shishido rotundamente –Necesitas descansar. Tu saque mejoró bastante hoy– intentó no mirar a demasiado como para quedar obvio –Vamos.

            –Sí, vamos– accedió por fin Ohtori, caminando hacia su senpai, pero éste lo frenó.

            –Vamos hacia el otro lado - por si las dudas– lo hizo caminar hacia el lado contrario con tal de que no viera a . Ella juró hacerle un monumento a Shishido por este gesto –Es que no soy fanático de las ratas.

            Ohtori largó una risita –Comprendo, Shishido-san.

            Al escucharlos irse, se desplomó en el suelo, su respiración agitada.

            Oh, como pagaría por esto luego.

~Aori

1) Doki doki es la onomatopeya japonesa para nuestro “tuc tuc, tuc tuc” – el ruido que hace un corazón al latir fuerte xDD
Aori desea declarar que no es homofóbica ni nada por el estilo. Tan sólo le dio muchísima gracia que hasta en el juego de Tenipuri la protagonista esté confundida sobre la relación de Shishido yOhtori, y se basó en eso ^^;

Seguir al capítulo dos>>