–Entonces, Tarou, cuando un hombre y una mujer se aman mucho, mucho,
mucho…
El pequeñito escuchó cada palabra de su hermana como si fuera salida de
la sagrada Biblia, cosa que no podía terminar en nada bueno por una simple
razón: Chikaze estaba con una amiga, y esa amiga estaba destartalándose de risa
mientras la rubia le contaba toda la historia a su joven hermanito.
Ohtori Choutarou, edad siete, pelo aún no teñido y por lo tanto de un
castaño desprolijo, salió del cuarto con una enorme sonrisa en la cara, y no
durmió de la emoción que le provocaba contarle a la persona en la que él más
confiaba.
Entonces, ¿de dónde venían los bebés?
El joven corrió a todo lo que le daban sus flacuchas piernitas para
encontrar en su mejor amiga, la cual debía de estar en alguna parte, sólo era
cuestión de encontrarla. La cosa sobre era su naturaleza sedentaria, que
la hacía quedarse quieta intentando leer más, que jugando con sus amigos a la
mancha, y que también solía hacerla fácil de encontrar en el jardín, pero
evidentemente no hoy. Ohtori, en el proceso, tropezó con un Lego (™) extraviado
y se fue de mambo al suelo.
–Chouta-kun, deberías tener cuidado al caminar –remarcó una vocecita
aguda, y Choutarou levantó la vista, pensando que esto era exactamente lo que él
había esperado que sucediera. estaba abrazada a su libro y lo miraba por
sobre la tapa de éste, tímidamente, sin lucir como que iba a ayudar a
levantarlo: la gigantesca enciclopedia ocupaba sus dos manitas completamente, y
no podía.
–¡-chan! –el de ojos almendrados se reincorporó y sonrió, tomando a
su amiga por los hombros–. -chan, -chan, no tienes ni idea de lo que
me contó mi neesan…
Los ojitos de estaban grandes como platos al iluminársele la cara
–¿Te contó algo importante, Chouta-kun?
–Sí, pero, shh –Choutarou se puso un dedo sobre sus labios, y
asintió con la cabeza fervorosamente–. Ven, -chan. Tengo que decírtelo en
algún lugar secreto…
Y el más grande de los dos (aunque era mayor por sólo un año), los llevó
a su idea de “lugar secreto”: detrás del castillito de juguete que nadie usaba
porque todos decían que estaba “encantado”. Había sido idea de un chico con una
mente muy fantaseosa que iba por el nombre de Akutagawa Jirou, y ahora, todos
creían que estaba poblado de fantasmas, no importaba cuántas veces las maestras
les dijeran lo contrario.
Se sentaron allí, y Choutarou le echó una miradita que decía “esto es
súper-requete importante” antes de hablar –Sé de dónde vienen los bebés.
ahogó un grito. ¡Impensable! –¿E-en serio, Chouta-kun? ¿De dón ––
–Shh –volvió a callarla con una mano sobre los labios de la niña–. No
grites. Escucha.
El corazón de comenzó a latir con rapidez mientras miraba
profundamente en los castaños ojos de su amigo, interesadísima en lo que tenía
para decir, sin perderse de una sola palabra.
–Dijo Chikaze-nee que… cuando un hombre y una mujer se aman mucho, mucho,
mucho…
se aferró a su enciclopedia nerviosamente, sin poder creer que por
fin descubriría la verdad tras esa famosa frase. Siempre la había escuchado de
sus otros compañeros, pero el resto de sus historias eran locuras. Ella sólo
creía en las palabras de su Chouta-kun.
Pero esto no seguía con el cuento de la semillita. Choutarou había
escuchado una versión, bueno… ehm… más “creativa” por parte de su hermana.
–…van a un lugar que se llama “mercado negro” –completó Ohtori en un
susurro, y frunció el ceño, confundida, ya que el curso que estaba
tomando la historia no le estaba sonando muy creíble–, donde les compran bebés a
los alienígenas.
quedó en un modo “tres puntos suspensivos” por unos segundos, antes
de volver en sí –Hum… Chouta-kun, eso suena algo raro, ne…
–¡No es raro!, ¡La palabra de mi oneesan es oro! –Ohtori exclamó al
instante antes de que pudieran desacreditarlo–. ¿O prefieres creer esas locuras
sobre la cigüeña y el coliflor?
negó con la cabeza acaloradamente –No, no, jamás creería en esas
cosas, Chouta-kun.
–Por eso, debes creer en lo que dijo mi oneesan. Nos compran de los
alienígenas –concluyó Ohtori.
–Pero… – inquirió, tanto escéptica como tímida–. ¿De dónde vienen
los bebés, entonces?, ¿de los alienígenas?
–Somos el resulte ––
–Resultado –corrigió sabiamente.
–Resultado de cosas feas que
hacen los alienígenas –Choutarou afirmó entonces con una sonrisa–. Lo que hacen
es darse besos en la boca. Con lengua.
Y volvió a ahogar un grito, asqueada.
–¡Así es!... Es por eso que ahora nosotros los terrícolas siempre nos
damos besos cuando queremos a alguien. Para los aliens, esto hace que les crezca
un bebé… –pausó para aumentar el ambiente dramático–… en los pies.
–¿¡Los bebés les crecen en los pies!? – chilló, escondiéndose tras
su libro.
–¡Ssssshhhh! –Choutarou volvió a taparle la boca–. ¡Muy pocos saben esta
verdad, así que nadie tiene que enterarse!
–¡No se enterarán, Chouta-kun, no te “treocupes”! –, por alguna
razón, siempre había tenido problemas con ese “preocupes”, pese a que el resto
de las palabras las pronunciaba medianamente bien–. No te treocupes.
–-chan, esto me dejó pensando… ¿Qué tal si algunos papás son alienígenas? ¿Y si se dan besos por eso? ¿Y si nosotros nos damos un beso y te empieza a crecer el pie...?
–¡Dios me libre!
–Por eso –Ohtori dio un último suspiro–, ¡Lo que hay que hacer es nunca
besarse, por si las dudas!
–¡Hn! –largó para concordar, y lo dejaron en eso. Choutarou,
entonces, los condujo lejos de allí. Obvio que el castillo no estaba embrujado,
pero… para qué tentar la suerte, ¿no?
Al
salir de su primer clase de educación sexual, miró a su mejor amigo
acusadoramente.
–Me mentiste.
Choutarou miró hacia abajo, avergonzado.
–Pero oneesan…
–¡Era demasiado raro, ves! –demostró , algo acalorada–. Aunque
tampoco imaginé que sería… así.
Ohtori asintió con la cabeza –¿Es medio feo, viste?
–¡Pero Chouta-kun tuvo la clase antes que yo y no me dijo que la cosa de
los alienígenas era mentira! –chilló su joven amiga, sonrosándose–. ¡Y yo ya se
la dije a toda mi familia!
A Ohtori lo recorrió una sensación de culpa, y lo único que pudo hacer
fue dar una reverencia.
–Lo siento. -chan, sonabas tan entusiasmada con lo que había dicho
mi neesan que no quise decirte que me habían dado la clase y que me dijeron otra
cosa –se disculpó el joven, su vista sin querer mirar a la chica–. ¿Me perdonas?
–Te perdono –despreocupó y se alejó de su amigo. Aún estaba algo
ofendida porque, cuando toda su familia se le rió en la cara y la llamó
inocente, ella defendió a muerte la historia de Choutarou. Lo perdonaría algún
día.
Algún día…
***
Pero al pasar los años, era hasta el día de hoy que Choutarou no paraba
de reírse al recordar cómo se había tragado
esa patética excusa, y no
había podido superar el haber sido el hazme-reír de su familia por unos dos o
tres meses.
Claro que muchas veces olvidaban este tipo de cosas. La mayor parte del
tiempo ignoraban el recuerdo – aunque siempre estaría allí.
– –susurró Ohtori contra su oído, haciéndola estremecer apenas
mientras la presionaba contra su pecho desnudo–. ¿Qué es eso? Creo que tu pie se
está inflando…
–Idiota –insultó su novia
abruptamente, pero se abrazó a él de todas formas–. Vaya manera de arruinar el
ambiente.
Lo único que sonó en la quietud de la noche fue la suave risa de Ohtori
al disculparse, aunque no muy arrepentido, por su broma. Presionó un último beso
contra los labios de la joven antes de quedar plácidamente dormido,
sosteniéndola entre sus brazos.
~
Aori
Ehm... ¿Vieron que existe ese programita, página de internet, etcétera
que apretás “refresh” y te sale el nombre de un personaje más una consigna para
escribir? Me salió “Ohtori Choutarou – Educación sexual”. Y… no sé. No me pude
resistir. Me iba a ir al infierno de todas formas, así que lo único que puede
haber logrado esto fue ahorrarme un par de trámites =3.
FELIZ CUMPLEAÑOS OHTORI CHOUTAROU ♥ ♥