Aquél día, en el que el ferviente clima te tomaba de los talones y te arrastraba hacia el suelo, una brisa de esperanza perfumada de comida preparada con cariño soplaba de vez en vez, moviendo apenas las copas de los árboles. Esbozando una sonrisa que hablaba de muchos días de entrenamiento, espera y caminos a casa juntos y de vistazos disimulados tras las rejas en las que minuto por medio golpeaba una pelota, aguardó con ojos suplicantes la respuesta del joven, pero ésta sería algo que la dejaría pasmada por un buen tiempo. Jamás se hubiera imaginado que…
–¿Eh?
… no sería la manager del equipo de tenis de Saint Rudolph.
–Verás, -san… la verdad es que…
el manager soy yo
–dijo Mizuki Hajime, frunciendo el delicado ceño, y empujando un nigiri en su boca. Como caballero que era, le ofreció un pañuelo lila a la chica cuando ésta atinaba a limpiarse los dedos chupándoselos–. ¿No lo sabías?
La bolita de arroz que hacía segundos había tomado del obento cayó sobre la pollera de , pero por suerte no llegó a mancharla. Se le formó una arruga de preocupación en la frente al hablar: –N-no… –y, acto seguido, el nigiri que ya había fallado una vez en llegar a sus labios se cayó al suelo. Mizuki observó esto con un ademán divertido y le alcanzó otro.
–¿Así que nunca te lo había mencionado? Qué raro. Sí, yo cumplo las funciones de entrenador y manager en mi equipo –comentó el moreno con el más ligerísimo rastro de soberbia mientras disfrutaba de la sombra temporal que les proporcionó una nube–. De cualquier forma, -san, sería un poco raro el tener a una chica en nuestro equipo. ¿Por qué no te unes al club femenino?
–Es que las mujeres son demasiado complicadas –se excusó , por lo cual Mizuki rió una risa breve y casi efímera.
–No me extraña, viniendo de una persona que mezcla eau de parfum para hombre con eau de parfum de mujer.
, sorprendida, dejó caer la bola de arroz de nuevo, pero esta vez Mizuki atinó a salvarla. No lo logró, puesto que reaccionó muy lento y realmente no tenía pensado mancharse el pantalón por una cosa tan estúpida –¿Cómo…?
–Buen olfato, supongo. Nfu~…. Shinario doori jya arimasen [1] –Mizuki pensó en voz alta, entreteniendo sus dedos con un mechón de cabello–. Estaba convencido de que tenías otros motivos conmigo. Dewa[2], si no es conmigo, ¿con quién es?
–Co… con nadie, senpai. ¿De qué me está hablando?
–Ara, ara, -san –el aludido suspiró y meneó la cabeza, como indicándole que le tenía lástima. Con los codos en las rodillas, sostuvo su mentón con las manos al observar el paisaje–. Soy una persona difícil de engañar, y tu súbito interés en mí no se me pasó de largo.
–Sasuga Mizuki-senpai [3] – se reclinó hacia atrás, concentrada en cómo chocaban y crujían las hojas del árbol sobre sus cabezas–. Sin embargo, no es usted, y no tengo pensado decirle quién.
–¿Aún así, puedo atreverme a querer averiguarlo?
sonrió –Bueno…
.-.
–Y le dije que sí –finalizó, seria, asintiendo con la cabeza para reforzar la idea–. El punto final es que con eso terminé de cavar mi propia tumba, y necesito inventarme un nuevo interés amoroso antes de que se dé cuenta de que es nada más y nada menos que él mismo –contempló a sus amigos (de tanto verlos cuando seguía a Mizuki de aquí para allá, ya hasta tenía un poco de confianza con ellos) –. ¿Ayuda?
–Anou… … ¿cómo decirlo? Si es de Mizuki-san que estamos hablando, él ya se debe haber dado cuenta –Fuji Yuuta opinó con la voz temblorosa. El resto del equipo, en cambio, tan sólo se preguntó si debía abrir la boca o no, haciendo obvio que no sentía que tenía el mismo nivel de familiaridad que la joven que los había invocado a esta reunión súper-secreta tenía con ellos.
–Mira, , creo que esto es tema tuyo y de Mizuki, ¿o no? No me sería cómodo que me metas en esto –el capitán del club de tenis había estado pensando esta oración desde que había empezado a relatar su historia, pero hasta el momento no había encontrado forma de decirlo suavemente.
–¡Akazawa-senpai! Yo… sí, entiendo que probablemente sea una cualquiera para ustedes y que la mayoría no sepa que mi primer nombre es “” –la susodicha se dio permiso a sí misma para tomar asiento en el gran sillón de estampado floreado que Mizuki había insistido en poner en el clubroom–. ¡Pero eso no importa! Necesito que me ayuden, por favor.
–Es verdad que no lo sabía, da-ne… pero, da-ne… ¡eres linda, así que quizá pueda hacer algo por ti, da-ne!
–Yanagisawa-senpai wa… ¡atashi no hiiroo desu yo! [4] –profesó , poniéndose de pie de nuevo, y con los puños cerca del pecho mientras saltaba de arriba hacia abajo–. ¿Me dejaría? ¿Me dejaría hacer de cuenta que estoy enamorada de––
En el medio de su emoción, se olvidó de mirar bien a la persona a la cual le estaba pidiendo este favor. Parecía haberse cortado él mismo el pelo… labios con colágeno… ¿patito da-ne? ¿A esa persona… le acaba de decir… “héroe”…?
–… Kisarazu-senpai?
–¿… yo? –preguntó el nombrado, confundido.
–¿Qué, da-ne? ¿Por qué me pides permiso a mí para hacer de cuenta que estás enamorada de Atsushi, da-ne?
–… no… lo… sé… – se mordió el labio inferior, pero pronto volvió a su normal, hiperactiva faceta de sí misma–. ¿Kisarazu-senpai, lo haría?
–¡Pe… pero! ¿Yo que tengo que ver? –inquirió Atsushi, sudando un poco.
se volvió a desplomar sobre el sillón, pero esta vez mucho más dramáticamente –Está bien… supongo que está bien. Pedirles a personas que apenas conozco que me ayuden es ridículo, lo sé. Aún así… aún así sea ridículo… si Mizuki-senpai llega a darse cuenta… ¿qué cara le pondré? ¿Cómo podré volver a mirarlo a esos ojos calculadores de hijo de perra que tiene?
Acto seguido, la muchacha se hizo bolita y no dijo más nada, por lo cual un poco cómodo silencio invadió el cuarto.
–A-anou… … ochitsuke… [5]
Yuuta ya de por sí era de vacilar en sus palabras frente a la joven (y no por infatuación, sino por inexplicablemente, lo contrario), pero vaciló aún más en cuanto los hambrientos ojos de la chica se le clavaron en el rostro. Le dio miedo. Mucho.
–Fu… ji… kun… tú, ¿tú me harías ese favor? No te voy a manosear ni a violar ni nada, tan sólo voy a aparecerme de vez en vez en tu camino –la hambruna en los ojos de pasó a ser súplica–. Tú serías perfecto, porque sería físicamente imposible que discuta contigo, entonces Mizuki-senpai se llevaría una buena impresión mía…
–¡! No… no lo voy a hacer, basta –Yuuta frunció el ceño mientras le echaba miradas a sus compañeros que claramente transmitían, “Ayúdenme”. se levantó de su asiento, caminando amenazadoramente hacia él –. ¡Pero! –exclamó el asesino zurdo de repente, a modo de frenarla–. Pero, si quieres, si envías una solicitud para ser co-manager, votaríamos por ti, y pasarías más tiempo con Mizuki-san, por lo que obtendrías el valor como para decirle cómo te sientes.
–No, es que no quiero decirle.
–¿…? –la miraron todos
–Que no quiero –reiteró seriamente, y se sentó una vez más en aquél sillón al cual ya le había empezado a tomar cariño–. ¿Tienen tiempo para esto? Si no quieren seguir escuchándome, por favor, váyanse ahora.
Para su sorpresa, nadie se movió de su lugar. Con esto, se dio permiso de continuar.
–La mayoría de chicos con los que he salido resultaron no ser lo que yo esperaba –dijo, y se escuchó a Akazawa cuchicheando con Kisarazu sobre con cuántos había salido exactamente teniendo tan sólo trece años. Con una mirada amenazante, sin embargo, esta pregunta fue rápidamente silenciada–, y no me gustaría que Mizuki-senpai sea uno de ellos. Por eso, para mantener viva la ilusión, lo único que quiero es estar cerca suyo, pero no ser su novia. Y… esa es la razón por la cual no quiero que se entere. Sé que me obligaría a tomar una resolución, y no me gustaría.
–Qué… profundo –Akazawa admiró, preguntándose por qué los hombres no eran así de complicados (y a la vez agradeciéndolo).
–Sé que es como Fuji-kun dice, y sé que Mizuki-senpai ya sabe, entonces quiero que piense otra cosa – sonrió lastimosamente, sus dedos trazando una de las flores que portaba el sillón en su tapizado–. Que gusto de uno de sus amigos… sería lo ideal. Pero si no es eso, debería hacerle pensar que lo odio. Honestamente, no quiero que Mizuki-senpai me odie.
–… –exclamó Kisarazu, conmovido–. Sí, te comprendo.
–Y ya que estoy pidiendo favores… ¡necesito a alguien que vuelva a meter el abrigo tejido violeta de Mizuki-senpai de vuelta en su cuarto! ¡El otro día lo vi en el lavadero, y me lo robé, olía muy rico! – juntó sus manos en forma de súplica mientras todo el cuarto se caía de bruces al suelo por algún tipo de fuerza natural presente tan sólo en el mundo del animé cuando algo es muy desesperante–. ¡Eso y poder hacer de cuenta que me gusta uno de ustedes, es todo lo que les pido!
–… –Akazawa se levantó, llevando una gotita de sudor en el medio de la frente–. Bue… bueno… mi cuarto está al lado del de Mizuki. Yo podría llevar a cabo el primer favor. Y en cuanto al segundo… lo hará Kaneda.
–Bu… ¡Buchou! –Kisarazu le echó una mirada incrédula–. Él ni siquiera está presente aquí, ¿está bien involucrarlo?
–Claro que sí. Él haría cualquier cosa que le pidiera, de todas formas.
–Genial – se paró por última vez, y dio una reverencia–. ¡Muchisísimas gracias! Y si a alguno de ustedes se le ocurre retractarse o decir algo, créanme que tengo con qué chantajearlos –sonrió–. ¡Nfu~!
Iban a preguntar con qué diablos, pero ya había salido corriendo y estaba demasiado lejos. Pensándolo dos veces, meditó Akazawa, quizá no quería saber exactamente qué, y menos sabiendo que la joven había estado pasando demasiado tiempo con Mizuki.
.-.
–Dewa, Kaneda-kun – extendió su mano–. ¿Vamos?
–Ah… ja, ja… … sa, san… ¿estás segura de esto? ¿Conmigo está bien? –el tímido muchacho de segundo año titubeó, tomando la mano de la chica, pero sus palmas sudándole nerviosamente de todas formas. Buscó el consuelo de su capitán–. Bu… buchou, eh…
–Está bien, Kaneda. Conociendo a , no tendrás que hacer nada más que dejarte llevar –Akazawa sonrió como para convencerlo, mientras que en su interior estaba feliz de no ser él el que llevaba de la mano a la ciertamente extraña muchacha.
–Recuerda. Me acompañarás a entregarle la solicitud de co-manager a Mizuki-senpai, pero no actúes como mi novio todavía, eres mi amigovio, ¿sí? –Kaneda estaba preguntándose la diferencia exacta entre estos dos términos mientras no lo dejó ni acotar y siguió–. No es necesario que le digas algo, sencillamente échale una mirada que lo deje pensando y después votas a mi favor. Y si todo sale bien, estaré más cerca de Mizuki-senpai que antes.
Lo que realmente no se imaginaba (y aquí es cuando Mizuki acotaría, “Mi escenario no se desarrolló como lo esperaba…”) fue que la solicitud de un cargo prácticamente inventado no sería muy bien recibida. Más bien, mirada con asco y despecho.
–No entiendo, -san. ¿Estás diciendo que mi trabajo es insuficiente y que por eso necesito una sub-manager?
–Co-manager –se metió en la conversación Kaneda, aunque se supone que no debía, pero le ganó la piedad que sentía por la chica y por el pálido y asustado rostro que ahora portaba.
–¡N… no! Claro que no estoy diciendo eso. Usted sabe, senpai. Realmente, de verdad, muy de veras tengo ganas de participar en su club de tenis. No creí haber estado pidiendo tanto…
–No, está bien, supongo que tampoco debí habérmelo tomado así –despreocupó Mizuki con un brazo cruzado a través del torso, una mano enredándole el cabello y una expresión llena de conflicto en su rostro–. -san… te lo agradezco, pero no necesitamos un co-manager, tampoco. Y, por sobre todas las cosas… no pensé que Ichirou-kun era tu tipo.
Un fugaz sonrojo pintó las mejillas de .
–E… to… … sono… –apretó los puños, sintiendo que el corazón se le salía del cuerpo. Mizuki le dedicó lo que era demasiado retorcido para ser una sonrisa, pero que no hubiera podido ser otra cosa sino eso – un gesto de complacencia al ver la verdad que él sospechaba tan poco arduamente desplegada frente a sus ojos.
–Nfu~
Y se alejó caminando, tranquilo, implacable; como si el rosa en los pómulos de la chica no hubiera sido culpa, o como si no hubiera habido nadie en el lugar de la ahora muda .
–Kuso. ¡Kuso! [6] –enfureció la susodicha una vez Hajime estaba demasiado lejos, sobresaltando a Kaneda, quien aún estaba parado, aunque temerosamente, a su lado–. De verdad, como era esperado de senpai… él ya sabía…
–Pe…pero, -san, no te dijo expresamente que él sabía. Entonces… bueno, digamos que no tienes que tomar una decisión al respecto, pueden dejarlo ahí…
–¡No, claro que no, Kaneda-kun! –se vieron unas lágrimas ardiendo tras los ojos de , pero ésta se negaba a dejarlas caer–. No lo voy a permitir. No puedo patearlo más. Si… si Mizuki-senpai ya se dio cuenta… … tengo que pedirte un favor – tomó por los hombros a Ichirou, lo cual lo sorprendió y sonrojó bastante. No era todos los días que se veía a una chica a punto de llorar–. Tú duermes con Akazawa-senpai, ¿verdad? ¿Y sabes quién duerme en la habitación de al lado, ¿verdad?
–Sí… se llama… eh… Keitarou-kun, creo…
–Necesito que vayan los tres -tú, Akazawa-senpai, y este tal Keitarou- a la cafetería hoy, a las seis. ¿Pueden hacer eso? ¿Puedes avisarles por mí?
Kaneda iba a dudarlo más, pero… era bonita, y… oh, el buchou lo mataría por esto…
–Sí, claro que sí.
–Eres un ángel, Kaneda-kun, de verdad – se alejó de él, dando una reverencia, para luego comenzar a correr hacia Dios-sabía-dónde–. ¡Nos vemos!
–Nos… ve… ¿mos? –su figura se alejaba, y el ninensei [7] no pudo evitar morderse el labio inferior, y preguntarse qué se traía entre manos la muchacha ahora–. -san… –suspiró–. Ojalá buchou me tenga piedad…
.-.
–¿Entonces, ?
Cinco dedos golpeaban contra la mesa uno tras otro, sin cesar, mientras que un par de ojos miraban la hora en el reloj de Akazawa para ver como pasaban los segundos.
–Está bien, Kaneda-kun se echó hacia atrás. Lo comprendo – miró a Niraku Keitarou y a Akazawa Youshirou con el ceño frunciéndosele tanto que de seguro le iba a dejar arrugas en la frente–. Empezaré. Niraku-kun, ya sé que no nos conocemos, pero, ¿eres el compañero de cuarto de Mizuki-senpai, no es así?
–S… sí.
–Necesito que me hagas de campana. O bien, no sé, de alguna forma, entre los dos, deben conseguirme la laptop de Mizuki-senpai.
Akazawa se paró, y refunfuñó mentalmente, porque ya sabía que el capitán iba a exagerarlo y malinterpretarlo todo. Shinario doori… no, esperen, ¡no podía pensar eso en un momento así! –¡, no te voy a per ––
–… no quiero modificar sus escenarios. Quiero mejorarlos. Creo que tengo una buena habilidad de comprensión, y quiero ayudarlo para que algún día sepa que fui yo y se dé cuenta de lo que se perdía…
–¿Eso no pasaba en un libro? –preguntó el compañero de cuarto del verdadero manager, sorprendentemente no impresionado ni asustado por todo esto. Y sí, prácticamente viviendo con Mizuki, uno deja de impresionarse de las cosas, supuso …
–, no voy a hacerte de campana para que robes la computadora de Mizuki. No vas a mejorar sus escenarios, y no te pienses que no se va a dar cuenta…
–Yo lo haré, -san.
giró la cabeza, y se sonrió una sonrisa muy aliviada cuando vio a Kaneda parado allí. Keitarou, por su parte, suspiró y agregó:
–Y yo no tendría problema en tomarla, pero me tienes que dejar hacerte quedar muy mal si me descubre. Por cierto, ¿tanto te gusta?
asintió, incómoda, ya que esto le hacía recordar lo que había pasado el otro día, y… ah, no importa cuántas veces lo pensara, sabía que de alguna forma era la chica menos indicada para enamorarse de Mizuki-senpai, y aún así… se interrumpió a sí misma en sus pensamientos, y levantó la vista hacia Akazawa –Senpai… se lo pido de rodillas, si quiere, pero, por favor… no participe, pero no diga nada.
–¡Buchou! –Kaneda se paró bien derecho, manos a cada lado del cuerpo–. Tendrá métodos dudosos para lograrlo, pero realmente se merece ser novia de Mizuki-senpai, -san está intentando mucho.
Keitarou se miró las uñas –¿Me puedo ir, ya…?
–Sí, claro, gracias, Niraku-kun – le sonrió y asintió mientras éste se alejaba, y los dejaba con el murmullo de los alumnos que estaban comenzando a llegar, hambrientos. Akazawa meneó la cabeza mientras la chica le explicaba con energía el plan a su compañero de dobles y más respetuoso kouhai. Esto no podía salir bien…
.-.
–¿Y? ¿Cómo les fue? –preguntó , agradeciendo internamente el aún poder pasar sus mediodías con Mizuki, quien ésta vez parecía estar comiendo un plato de fideos con una salsa complicada y difícil de explicar con cara de complicación acorde a esto–. Ah, ¿quieres un poco de mi obento, también? Es una mezcla rara, pero…
–Sí, quiero un poco –dijo Mizuki antes de actualmente probar lo suyo, y tomó uno de los pares de palitos de madera que la joven tenía sin abrir en su mano y los separó, pero hubo algo raro en su expresión y en la fuerza utilizadas al realizar esta acción. A le pareció más bien como que tenía cara de haberle podido clavar un cuchillo a alguien que odiaba mucho–. No nos fue muy bien, eso sí.
–¿No? –“Pero, mi escenario…”–. ¿Qué pasó?
–… no lo sé todavía, -san. Pensé que íbamos a perder siete a cinco en el segundo partido, bah… eso anoté, pero terminamos perdiendo seis a cero. ¡Seis a cero! Y así como escribí cualquier cosa en eso, lo mismo hice con la mayoría de escenarios previstos. Quizá no he estado durmiendo bien, no lo sé…
La anagnórisis le cayó sobre la cabeza a cual bloque de cemento sobre una pobre y frágil flor, y le impidió seguir escuchando la explicación del joven. Le había, sin querer, arruinado absolutamente todos los escenarios a su… su preciado, admirado, su todo, Mizuki-senpai. Eso, y Akazawa iba a matarla, si es que no agarraba a Kaneda primero. En cualquier caso de los mencionados, iban a rodar cabezas.
Mizuki zambulló el tenedor en busca de más fideos, pero le dio al fondo del plato y casi lo rompe –En fin, bastante mal.
“No lo puedo creer…
“Soy… soy un desastre.”
–¿Oya? [8] ¿-san, qué sucede?
–Es que… no, no importa –despreocupó , sintiendo rosadas las mejillas de nuevo. Ahora le quedaba, cuánto antes, cambiar todos esos análisis que había “mejorado un poquito” –. Cosa de chicas.
Mizuki decidió no preguntar más, su día habiendo sido mejorado un poco por el efímero sonrojo que le decoraba los cachetes a la joven. Cuándo se había propuesto ella intentar no ser obvia, él no sabía, pero sí estaba claro que no lo lograba en lo más mínimo –¿Fiebre, quizá?
Y una pálida mano ya estaba tocándole la frente para cuando quiso matarse aún más que antes. Si era por esto, quizá valía la pena vivir, aunque fuera por un hijo de su madre que sabe que le interesas y quiere hacerte sufrir lo más posible…
Pero, con esa cara de preocupación, ¿realmente podía creer sus pensamientos, y verlo así?
–La fiebre no es una cosa de chicas – achicó el cejo.
–Tengo dos hermanas, y una se afiebra una vez por mes, así que yo más que nadie debería saber… ¿no crees? –Mizuki apartó su mano, por lo que largó todo el aire que había mantenido dentro para calmarse–. Pero no, estás bien.
“¿Por qué siento que eso sólo fue una excusa para acercarse y ponerme nerviosa…?
“Mizuki-senpai… está jugando a un juego muy sucio.”
Algo en los ojos que la ignoraban y seguían mirando la comida como imaginándose que los fideos eran el cerebro de los oponentes contra los cuales habían perdido le decía que aún valía la pena redimirse. Esta noche, haría algo diferente.
.-.
El pasillo hubiera estado oscuro si no hubiera sido por la brillante luz de la pantalla de una laptop, la cual atacaba las retinas de la joven cada vez que la miraba.
“Me faltan un par más de escenarios…”
se frotó los ojos, pero no dejó ni por un segundo que el saber que debía levantarse temprano mañana la hiciera distraerse… aunque había prueba de religión… ¿quién era Jesús…? ¿Cuál evangelio tomaba, de nuevo? Había pasado el día poniéndose tan nerviosa, que ya ni sabía que había estudiado… si había estudiado… sí, qué lindo dormir…
–¿¡-san!? –Kaneda la sacudió, su tono de voz alarmante. Aún así, no obtuvo respuesta–. -san, despierta… creo que escuché algo en la habitación de al lado… ¡-san! –siguió intentando, con esos típicos gritos en susurro que le exclamas al oído del que quieres despertar, pero sin querer que se despierte nadie más.
–Eh… ¿eh?
volvió en sí lo que al principio pareció ser justo a tiempo: sí, MIzuki estaba despierto y se escuchó vagamente como tiró la cadena del baño dentro de su habitación, pero para ese entonces, ya había tomado la computadora entre sus brazos y había salido corriendo, con la mayor rapidez que pudo administrar, estando lo cansada que estaba.
Acto seguido, una puerta se abrió con un crujido en el silencio pasillo, y Kaneda volteó, luciendo nervioso.
–Ara… eras tú, Ichirou-kun –Mizuki ahogó un bostezo con un puño recubierto de la suave tela de la camisa de su pijama, el cual, rompiendo el estereotipo, no era violeta sino blanco con las costuras y otros detallitos en celeste–. ¿Qué tanto ––
Un segundo. Mizuki reconocía ese efímero perfume del cual había rastros flotando en el aire. Le llevó bastante poco tiempo conectar la desaparición de su computadora portátil (no podía evitar fijarse si estaba en buenas condiciones cada vez que iba al baño de noche; era un mal hábito) con la extraña esencia con la que se había topado su nariz –Podría ser que…
–Mi-Mizuki-senpai –Kaneda intentó que no le temblara la voz como le temblaban las piernas–. Buenas noches. Siento haber…
–No te disculpes por algo que no hiciste, Ichirou-kun –Mizuki giró con el dedo un mechón de su cabello–. Dime, si fueras una chica en apuros, ¿en dónde te encerrarías?
–E… ¿En el lugar más cercano?
–No exactamente… buscarías un baño –replicó Mizuki, pasándole por al lado con ligereza en su andar–. Obviamente, Ichirou-kun, te falta estudiar más a las mujeres.
Y dicho esto, el manager del equipo de Saint Rudolph se largó en búsqueda de un baño de chicas dentro del edificio. Recordó de pronto que en los dormitorios de hombres obviamente no había, así que directamente ingresó en el primer baño que vio.
–¿-san?
No había estado esperando verla echa una bolita en un rincón del lugar, pero fue con eso con lo que se encontró. Temblando y abrazada a una computadora portátil… Mizuki había esperado más de ella que simplemente esto; esta asustada e indefensa jovencita.
–Me intrigas, -san. ¿Por qué estás tan empeñada en hacer que te odie, cuando actúas como si te gustara?
Después de recuperarse de la patada que jura haber sentido que un ente invisible le dio a su estómago, asomó los ojos por encima de los brazos que envolvían sus piernas –¿No está enojado?
–Lo estoy, pero me caes bien, así que me gustaría escuchar una explicación, si es que tienes algo para explicarme.
–Mizuki-senpai… – se paró, y, controlando las lágrimas que del miedo todavía no había dejado salir, le tendió la laptop–. Me acordaba perfectamente todos sus escenarios, así que pude… re-establecerlos a tiempo. Siento haber… … eto… ¿me escuchará, entonces?
Hajime recibió la computadora y luego se cruzó de brazos, pero su expresión no era severa –Adelante.
–No pensé jamás que mis habilidades para resolver cosas lógicas fueran tan malas… e-entonces… quise ayudar a Mizuki-senpai con su trabajo, para que se diera cuenta que quizá si necesitaba una co-manager – mantuvo la vista fija en el suelo, masajeándose el cuello para expresar su incomodidad–. Usted no necesita nada. Yo ya sabía esto, pero…
–Dudo que todo esto haya sido por Ichirou-kun –Mizuki le dedicó una miradita significativa–. ¿Me equivoco?
–No, tiene usted toda la razón. Kaneda-kun… él tan sólo cumplió con mis caprichos. No se enoje con él, por favor ––
–No tienes que ser alguien que no eres –comenzó Mizuki–, ni tratarme con tanta formalidad para gustarme, -san. Es terrible que no seas realmente mi tipo de - ah, ¿-san?
Antes que largarse a llorar en frente de él y terminar siendo exactamente todo menos lo que Mizuki quería en su pareja, decidió que era mucho más fácil largar un “Discúlpeme” y salir del baño con paso acelerado. Fue casi como una total fantasía el sentir que algo la seguía, y sabía que si Mizuki llegaba a tomarla del brazo y besarla, pronto se despertaría de lo que bien podría ser o sueño o pesadilla.
Pero eso fue lo que él hizo. Sans el beso, o podría haberse muerto ahí mismo.
–Yo te escuché hasta el final, y espero lo mismo. Todavía no terminé de hablar.
Con esto, la joven se silenció, pero no cesó de jalar hacia el otro lado de vez en cuando, a ver si en algún momento la dejarían escapar.
–Te decía, que es terrible que no seas mi tipo de chica, pero aún así no me molestó pensar en darte una oportunidad. Al principio, cuando meditaba esto, sentía culpa, porque pensé que sería decirte que sí por lástima. Cuando me comprobaste ser tan cabeza dura con tal de tan sólo hacer que te preste atención, sin embargo…
–¡No quería eso, no sigas hablando! – chilló, olvidándose de formalismos por un segundo–. Senpai… se lo ruego, no siga. O por lo menos, miéntame y dígame que usted será, por mí, todo lo que yo esperaba que fuera. Mírelo de esta forma… es como cuando alguien no quiere ir a un funeral. No es que no sepa que la persona murió, simplemente quiere recordarlo vivo.
–¿Por qué habría yo de defraudarte?
–¡Porque es imposible que alguien cumpla con las expectativas de todos, y menos las de una chica que lo idealiza completamente!
–Eso sí es una pena, porque tú sí cumples las mías.
cesó de forcejear y abrió mucho los ojos.
–¿Eh?
–¿Ves, justamente, cuál es la desventaja de no escuchar de una lo que alguien tiene para decir?
quiso distraerse, o bien, calmarse, mirando algún punto en el infinito, pero tan sólo logró concentrarse en los primeros tres botones de la camisa de Mizuki, que estaban desabrochados… y hasta ahí llegó su intento por mantenerse en sus cabales –No… no entiendo.
–Aunque mezcles perfume de hombre con perfume de mujer… –la vista de Hajime la recorrió–, aunque prefieras una remera suelta y un par de shorts a un camisón… aunque no sepas fingir nada y te hayas ganado el puesto de “persona a la cual temerle” entre los miembros del club de tenis, aún así, aunque inconscientemente te esfuerces para ser todo menos lo que me gusta, me gustas.
La primer reacción que le arrancó fue una risa llena de esperanza, y la segunda, un lloriqueo y un golpe en el brazo –¿¡Y entonces por qué me haces esto!? –y la joven siguió hipeando entre la carcajada y el llanto desconsolado mientras lo seguía golpeando; no lo suficientemente fuerte como para lastimarlo, aunque le hubiera gustado.
–Nfu. ¿Qué otra forma de saber si realmente estabas dispuesta?
–¡No sé! Llamadas por teléfono, charlas a solas bajo el árbol de cerezos… ¡algo que hagan las personas normales!
Mizuki le tendió forzosamente la computadora a la joven, quien la recibió con casi la misma confusión con la que apretó los párpados para que se le cerraran (hazaña no muy difícil, teniendo en cuenta que después de todo seguía muriéndose de sueño) al sentir unos labios ajenos a los suyos presionándose contra su frente.
–Eso tampoco es normal –masculló , no desmayándose tan sólo porque la estaban abrazando y la mantenían en pie de dicha forma–, pero no puedo decir que no me lo estaba esperando…
–Si quieres un beso de verdad, tendrás que esforzarte un poco más –le susurró Mizuki al oído, tensionándole los músculos de la frente a la joven–. Mientras tanto, aunque no pueda confiar en ti cuando de lógica se trata… si no está mal, me encantaría que me ayudes un poco en mis tareas como manager. Y quizá así, te tendría más cerca que nunca, -san.
Owari.
Epílogo.
–Hay una duda que me ha estado dando vueltas en la cabeza durante ya un tiempo. Cuando Hajime-senpai se reciba, ¿quién ocupará el puesto de manager?
Mizuki, antes de continuar, le tomó de la mano –No tú, si eso responde tu pregunta.
desinfló el pecho, presionando los labios para intentar lucir indignada –Ah… sabía que senpai contestaría eso.
El de cabello enrulado le sonrió con cariño –Ahora sí, hablando en serio: supongo que aún cuando me gradúe, en cierta forma, el manager seguiré siendo yo. Porque aunque alguien más esté en mi puesto, le estaría todo el tiempo encima, diciéndole qué hacer… –el moreno largó una risita breve, como burlándose a sí mismo–. Creo que soy un tanto obsesivo con esas cosas.
–Entonces, ¿yo sería la asistente del nuevo manager, sea quien sea éste?
El muchacho apretó más la mano de la joven, y le dedicó una mirada dulce, pero con un rastro de posesividad –No podría permitir eso, -san.
–Después de todo lo que me tortura usted diariamente… –la aludida suspiró, pero sin poder evitar regocijarse internamente por los celos que detectó en su senpai–, yo diría que me merezco un descanso.
La brisa les sopló pacíficamente en la cara, y los cerezos se agitaron un poco. Se dedicaron miradas que seguían hablando de muchos días de entrenamiento, espera, caminos a casa juntos y de vistazos disimulados tras las rejas, pero que ahora sentían que el libro aún no estaba terminado, y que había suficiente tinta en la pluma como para terminar el libro.
–Si te quedas un segundo quieta… creo que haré algo que hacen las “personas normales”, como me reprochaste tú esa vez.
–¿Hm?
Los dedos del chico se enredaron por primera vez en otro cabello mientras aprovechaban su posición actual (véase: debajo de un cerezo) para presionar sus labios donde debía: sobre los de su confundida y por-poco-casi-muerta compañera.
–Y por eso mismo –finalizó Mizuki cuando se separó de ella–. No deberías ser “asistente” de nadie más.
A se le escapó una sonrisa llena de la alegría que no recordaba jamás haber sentido en su vida –Co… comprendido. Ya era hora, de todas formas. Si después de tanto tiempo esforzándome, senpai no me besaba…
–-san –Hajime no pudo evitar sentirse en la cima de alguna montaña muy alta, y esta sensación se transcribió en su sutil soberbia: –Yo creo que… por las cosas buenas hay que esperar. Nfu~
~Aocchi
.-.
[1] – “No fue de acuerdo con el escenario [previsto].”
[2] – “Entonces”
[3] – “Como es esperado de”
[4] – “Yanagisawa senpai… ¡es mi héroe!”
[5] – “Cálmate...”
[6] – “M@#$%!”
[7] – “Estudiante de segundo año”
[8] – Una especie de “¿oh?” utilizado recurrentemente por Mizuki.
Wow… demasiadas anotaciones esta vuelta… y eso que no incluí todas las frases en japonés que quería. No sé por qué las quería incluir en primer lugar; sencillamente suenan más naturales en japonés, ¿quizá?
Por cierto, perdón… creo que escribí demasiado… *sweatdrop*
*pose dramática* ¡Esto prueba que una simple gastritis no me va a hacer dejar de escribir…! Aunque haga tres días que no duermo del todo bien… shiku, shiku, shiku…
[Sábado 13 de Octubre del 2007]