Cuatro a cuatro. Ventaja para Mizuki-Kajimoto.

            estaba comenzando a agitarse. No sabía si matar a Wakashi y Gakuto si perdían o si dejarlos vivir. Tampoco sabía cómo habían llegado a semejante acuerdo.

            Era simple.

            –Si pierden, tomaremos a Hiyoshi-kun para nuestro equipo– , a este punto, hubiera pagado millones de dólares por poder desfigurar el precioso rostro de Mizuki Hajime –Si ganan, Kajimoto-kun estará feliz de unirse al suyo.

            Takahisa había simplemente asentido con la cabeza a esto. Esta actitud le daba ataques de histeria a : ¿¡cómo iban a asentir con tanta naturalidad, creyéndose mejores que Hyoutei!?

            Cinco a cuatro. Ahí estaba la respuesta a esa pregunta.

            –Ya nos recuperaremos, -chan– pero esta certeza para Ryo no lo era tanto para la manager del equipo de tenis de Hyoutei. Quien, por cierto, ¿¡por qué diablos había accedido a esto? Oh… cierto que había sido Atobe el tarado… –Gakuto y Wakashi son muy buenos.

            –Son una combinación hecha a último momento, completamente insensata y estúpida– miró a Keigo con furia –Te recuerdo que serás el que le explique a Sakaki-sensei todo esto.

            —Qué pesimista– devolvió Atobe, chasqueando los labios –Somos Hyoutei, . No vamos a dejarnos rebajar por ellos, ¿o sí?

            –Cuarenta - quince– Ohtori era quien llevaba los puntajes, y cada vez se veía más desesperanzado y desesperado a la vez –Match point.

            A Atobe se le fueron los colores del rostro.

           

Cita obligada

            Por fortuna, el partido siguió un poco más. Hyoutei logró recuperarse pero perdió contra la otra combinación en el tiebreak.

            se tapó la cara –Por Dios…

            Gakuto y Wakashi estaban exhaustos. Para la poca resistencia del pelirrojo, el partido había sido imposible.

            –Bien, Hiyoshi-kun– Mizuki se sonrió, complacido –Creo que vienes conmigo.

            –No– negó la manager. Fue más fuerte que ella.

            –¿Oh?– el joven de Saint Rudolph alzó las cejas –¿Qué sucede, -san? ¿No es esto lo que teníamos arreglado?

            –Mizuki-san, no seas incoherente– intentó hablar con la mayor diplomacia posible –Y-ya el arreglo es bastante ilógico. No puedes obligar a una persona a cambiarse de equipo…

            –Ah, retractarse ahora, me temo, es imposible– Mizuki se encogió de hombros –A menos que no te moleste que difunda la derrota de tus amigos… quizá también hable con el responsable de su equipo para discutir la posición en la que están…

            "Sucio asqueroso" tuvo un impulso de violencia de nuevo.

            – , déjalo– Atobe posó su mano sobre el hombro de la chica –No te hagas problema. Es mejor que andar admitiendo que perdimos contra ellos.

            –Debe de haber algo que pueda hacer– no se daba por vencida –Mizuki-san.

            A Hajime se le iluminó el rostro –De hecho, sí.

            –¿Mizuki-kun?– Takahisa le echó una miradita –¿Qué tienes pensado?

            –Una tarde tuya y me olvido de esto.

            no daba crédito a sus oídos –¿Qué? Creo que te confundiste de persona…

            –No, -san– el manager de Saint Rudolph medio se rió –Me refería a una cita.

            lo analizó por unos segundos.

            –¡ -senpai!– Hiyoshi ahogó un grito –¡No hagas cosas insensatas!

            –Eso, – concordó Gakuto –No le des el gusto a este idiota.

            –Lo haré– estas palabras salieron antes de que pudieran controlarlas. Después de todo, antes muerta que perdiendo a un miembro de *su* equipo –¿Sólo por hoy?

            La expresión en la cara de Mizuki cambió. Ahora sí se había puesto interesante la situación –No pensé que dirías que sí.

            La verdad que yo tampoco, estaba arrepintiéndose.

            –¿¡ -senpai!? D-de seguro no estás hablando en serio, ¿verdad?– Ohtori Choutarou no podía creer la decisión de su manager.

            –Senpai– Wakashi volvió a intentar frenarla –No hagas locuras. Nosotros nos metimos en esto…

            –No me interesa– devolvió la chica tercamente –Es mi decisión.

            Los titulares de Hyoutei se miraron entre sí.

            Hajime extendió su mano -¿Vamos?

            , con su mejor cara de pocos amigos, la tomó –Como quieras.

            –Ah, pero no sirve si vas a estar así todo el tiempo– negó Mizuki, meneando su cabeza suavemente –Sonríe.

            –Pretencioso hijo de…– cuando el muchacho estaba a punto de recordarle a la joven manager lo que sucedería si no aceptaba, cambió de opinión –Bah, como quieras. Tú ganas.

            se vio forzada a dar su mejor sonrisa.

            –Ahí está– sonrió Mizuki, satisfecho –Cuánto más bonita.

            –Eres insufrible– se puso seria de nuevo –Quería aclarártelo antes de que pienses que hago esto porque me caíste bien.

            –No me interesa por qué haces esto– el muchacho reafirmó su apretón sobre la mano de la chica –Sino que lo estás haciendo.

            Kajimoto Takahisa suprimió una risita burlona.

            Y a le esperaba toda una tarde de impulsos homicidas, así que mejor era calmarse ahora.

***

            No podía negársele la "belleza" al manager de St. Rudolph (por más que doliera admitirlo), pero no podía dejar de pensar en lo asqueroso que era y en lo mucho que le gustaría sacarle todos los dientes, uno a uno. Ella tenía en mente que con un par de billetes se dejaría de molestar, pero no, vaya condición había impuesto: ¿¡una cita!?

            –Nfu~– Risita molesta del diablo, pensó , me lo hace a propósito. –¿A dónde quieres ir ahora?

            –Ya me figuraba que ibas a obligarme a hacer algo aburrido, así que hagamos lo que tú quieras– replicó la manager con una expresión aburrida en su rostro.

            –De hecho, tenía en mente algo bastante divertido– Hajime volvió a sonreírse –¿Qué tal si vamos a una casa de té?

            –¿Casa de té?– devolvió –Me estás haciendo un chiste, ¿no?

            –De hecho, no, -san– repuso el muchacho –Aunque será hasta imposible hacer uno con esa actitud poco cooperativa.

            –Pero, escúchate a ti mismo– le discutió la chica, aún sin poder creerlo –Casa de té.

            –No veo cual es el problema, si es que existe problema alguno– Mizuki entonces se sonrió maliciosamente –Lo cual realmente no creo porque… bueno, supongo que recuerdas tu posición.

            Si se refería a la posición de "inferior" por el hecho de que Hajime tenía el poder de esparcir el rumor que Hyoutei había perdido, el chico realmente buscaba problemas –Déjame aclararte algo, Mizuki-san.

            –Hajime– pidió el morocho suavemente.

            –No. Mizuki-san. No hay ninguna posibilidad de que te llame por tu asqueroso nombre– para el joven manager, la chica estaba haciéndose la difícil, y esto era precisamente lo que él quería –Y ni se te ocurra llamarme por el mío.

            –¿Oh~? Pero si es un nombre tan lindo…

            Esto hizo que cambiara de tema inconscientemente y que se olvidara de eso tan importante que debía decir: básicamente, recordarle lo perdedor que era.

            –¿Cómo diablos sabes mi nombre?– soltó la manager, para luego darse cuenta de lo obvio: la información fluye bastante rápido en este mundo que es la secundaria –En fin, me imagino como lo sabes, pero no quiero que ni te pase el pensamiento de decirme así por la cabeza.

            –La verdad es que no te veía tan… dominante– Mizuki no sabía como describirla –Pero bueno, si ese tipo de relaciones te interesan…

            se prohibió a sí misma sonrosarse, fallando en el intento –¡Q-qué... qué... argh!– al decir verdad, ella tampoco sabía encontrar palabras para describirlo –¡Eres un pervertido!

            –¿Yo?– el muchacho de St. Rudolph se señaló a sí mismo –Pero si yo no dije nada malo. No es mi culpa que interpretes lo que quieras,

            –¡ -san!– exigió la aludida –¡No somos amigos y por eso me llamarás -san!

            –De acuerdo, de acuerdo– cedió Mizuki –Entonces, -san. ¿A dónde quisieras ir?– cesó de caminar –Porque no me parece el seguir andando sin rumbo por la calle.

            La muchacha sintió que esta era una pregunta capciosa. Si ella decidía dónde ir, él se la haría pagar caro luego. En cambio, si ella soportaba toda esta tarde haciendo lo que él quisiera, quizá no habría trampas al final.

            Sí, todo eso pasó por la cabeza de en un segundo.

            –Pues… vamos a donde quieras– se sintió agradecida que Hajime hubiera decidido soltar su mano. Ya tanto contacto físico le estaba dando asco.

            –¿Noté un poco de flexibilidad ahí? No– Mizuki dio una sonrisa. Él no iba a ser engañado tan fácilmente –No me sonó sincero. ¿De veras quieres "ir a donde quiera", ?

            – -san– recalcó la mencionada, ya harta –No te mentiré: no, no quiero ir a una casa de té contigo. Pero si no me queda más remedio…

            –Hasta el momento, has demostrado ser bastante… ¿cómo decirlo?… insatisfactoria– Hajime sí que sabía medir sus palabras para que dolieran la cantidad justa de dolor –¿Así eres con todos los hombres?

            –No, contigo hice una excepción– refunfuñó –Cállate y vamos a… la casa esa de té– ante el intento de Hajime de volver a tomar la mano de la chica, esta se apartó con un impulso violento –Pero no me toques. Te puedo seguir sin que me tengas que guiar.

            Mizuki Hajime largó una carcajada para sus adentros. Qué chica interesante, si las hay.

***

            El muchacho sostuvo cuidadosamente la tapa de la tetera y sirvió un poco de té en la taza de la chica.

            Hubiera sido una imagen perfecta si no fuera por la tremenda cara de nada de .

            –Usas muchos más músculos para fruncir el ceño que para sonreír– Mizuki comentó de pronto –E igual te niegas a hacerlo.

            –No se me da la gana darte el privilegio de sonreír– argumentó la manager –Y me sigues dando asco.

            –Sí, lo sé, de lo que sí tuve el privilegio es de escucharte repetir esa frase todo el tiempo– Hajime torció la boca –Pero bueno– le dedicó una sonrisa a la joven –Con el té te sentirás mejor.

            lo probó, haciendo una mueca –Le falta azúcar.

            –Sí, acostumbra tomarse sin azúcar, sabes– devolvió el morocho con obviedad, jugueteando con un mechón de su cabello.

            –Tú tienes un problema, ¿no?– arguyó , mirándolo torcido –Estás más pendiente de tu pelo que yo.

            Mizuki se dejó el cabello al instante –Es un mal hábito.

            , sin darse cuenta, posó una guedeja de cabello entre sus labios y comenzó a morderla.

            –Y por lo visto tú no puedes hablar– señaló Hajime, haciendo que la chica se sobresaltara y dejara su hábito nervioso de lado.

            –Yo lo hago para calmarme– replicó, sin querer profundizar.

            –¿Oh? ¿Soy una persona que te inspira estar intranquila?– provocó Mizuki, entretenido.

            –Sí– contestó , sin perder su sonrisa –Porque me dan unas tremendas ganas de desfigurarte. Nada personal, eh. No eres feo.

            –Gracias– agradeció Hajime con una sonrisita.

            –Lindo pero asqueroso– aclaró entonces, forzándose a sí misma a beber un sorbo del amargo té –Como el té– puso un ejemplo idiota –Bien presentado, pero bastante amargo.

            –Primera vez que me comparan con un té– Mizuki apoyó su codo en la mesa, sosteniendo el mentón con los dedos –No me arrepiento ni un poquito de haber tomado esta decisión. Imagínate lo aburrido que sería ahora tener que estar paseando a tu compañero por Saint Rudolph.

            –Quizá les hubiera hecho un bien– se hartó y le colocó cantidades monstruosas de azúcar al té, revolviéndolo con suavidad –Por lo menos taparía un par de agujeros en ese desastre de equipo.

            Mizuki frunció el ceño. ¿Quería una pelea de managers? La tendría. –¿Agujeros? Es raro que pienses que estás en posición de hablar.

            –Discúlpame, pero no existen los "agujeros" en Hyoutei– se puso más seria que nunca –Sakaki-sensei se encarga de dejarlos fuera. Yo, en todo caso, tan sólo tapo algunas imperfecciones.

            –¿Entonces argumentas que tu equipo es perfecto?– Hajime estaba realmente interesado por lo que ella tenía que decir. Era, después de todo, una buena oportunidad para tomar notas mentales de Hyoutei; por qué no.

            –Pregúntale eso a Atobe-kun– replicó la muchacha –Él con gusto responderá por ti.

            –Dudo que sea bueno preguntarle a un narciso si es perfecto– Mizuki se encogió de hombros, revoleando los ojos.

            –Mientras él se crea perfecto, creo que lo será.

            –¿Y por eso mismo perdió contra Echizen?

            –Tú cómo…– "No, es mejor no preguntar", decidió –No perdió, empató– y ahí terminaban las explicaciones. No era necesario que el morocho supiera los detalles que faltaban.

            –¿Y exactamente por qué tienen a un perdedor en su equipo?– si en algo Mizuki no perdía, era en comentarios envenenados –Pensé que Sakaki-san no permitía ese tipo de situaciones.

            –Es una situación especial, y ya no tenemos esas reglas tan espartanas.

            –¿Oh, ya no más? No sabía ese detalle– Mizuki se sonrió –Gracias por aclarármelo.

            –¿Hiciste eso para sacarme información?– sintió como la ira iba en aumento –Sí, seguro lo hiciste. Es más, me invitaste aquí porque querías saber más sobre mi equipo…

            —No, no te confundas– negó Hajime, lo más tranquilo –Lo de recién si fue un poco por lo que bien descifraste que fue. Pero el invitarte aquí fue porque me pareciste linda. ¿O acaso necesito otras razones?

            –Supongo que no– se calmó un poco –Y de cualquier forma no puedo culparte. Fue mi descuido.

            –Un agujero en el equipo.

            parpadeó –¿Acabas de insinuar que soy una falla?

            Mizuki volvió a encogerse sobre sí mismo –Lo dejo a libre interpretación tuya.

            apretó los dientes –Mizuki-san, si sigues con esos insultos, me veré obligada a averiguar la composición de tu equipo y hacer que les pateen el trasero como nunca antes.

            –Dos cosas– Hajime levantó un dedo, aún sin perder la calma –Primero: ¿qué, piensas que tú puedes insultarme lo que quieras y yo debo quedarme callado? Y segundo– levantó otro dedo –¿Cuándo vas a patearme el trasero? Te recuerdo que no llegamos a los nacionales, y el año que viene no tendrás a casi nadie en el equipo, así que quiero verte.

            ¿A casi nadie?

            Oh, claro. Todos menos Ohtori y Hiyoshi se recibían…

            –Pues nos veremos en tenis de secundaria avanzada– devolvió –Como quieras. Si tienes ganas, salimos ahora y jugamos un partido.

            –No, no creo.

            –¿Tienes miedo?– por fin le estaba ganando.

            –No– Hajime tomó la mano de la muchacha y la colocó palma hacia arriba –Tienes unas horribles ampollas que seguramente te hiciste hoy o ayer.

            La manager de Hyoutei retiró su mano –Pero no me duelen.

            –Pero te dolerán.

            –De cualquier forma no te incumbe ni te importa, no te hagas– murmuró –Si tienes miedo sólo debes admitirlo.

            –Ah…– el morocho se frotó la sien –Antes eras entretenida, ahora me estás haciendo doler la cabeza…

            –¿Eh?

            –Eres demasiado orgullosa– señaló Hajime con obviedad.

            –Perdí todo mi orgullo en el momento que acepté salir contigo– le ladró la chica como respuesta.

            –Bueno, basta– había un límite entre "hacerse la difícil" y "ser imposible" –¿Por qué me odias tanto? ¿Te hice algo, te miré mal…?

            –Porque eres un sinvergüenza que me chantajeó para que saliera con él– explicó , resoplando –Y eso se debe en parte porque nadie saldría contigo en su sano juicio, entonces ya no sabes que hacer.

            Mizuki se sirvió un poco más de té –Suponiendo que eso fuera verdad, ¿te justifica el ser tan agresiva?

            lo copió. Lo peor era que ni siquiera le gustaba el té –…

            –¿Y bien?

            –He escuchado cosas sobre ti– contestó la chica entonces, comprendiendo que no podía demorar más la respuesta –Cosas sobre como has manipulado a jugadores de otras escuelas para que entren a tu equipo. Eso me parece cobarde y horrible– declaró –Y por eso no te soporto.

            –Sí, ese es el Hajime como manager– por primera vez se lo veía al morocho un tanto afligido por la situación –Pero a lo que me refiero es que ni te interesa el Hajime como persona.

            –¿Dices que eres diferente?

            –¿Qué acaso no te lo estoy demostrando?

            –¡No!– golpeó la mesa, pero se encogió sobre sí misma al ver que la gente ya comenzaba a mirarla raro –No porque me manipulaste para que viniera aquí.

            –Yo tan sólo acordé algo lógico con tu capitán, no me lo quisieron dar, propuse otra cosa– respondió con diplomacia –Podrías haber dicho que no.

            –Sabías que no podía, no en la situación en la que estaba ni tampoco tomando en cuenta cuánto valoro a mis jugadores– decidió también mantenerse lo más madura y distante posible.

            –Había otras condiciones que hubiera aceptado– el manager se encogió de hombros –Sólo bastaba probarme.

            –¿Pero entonces para qué propusiste salir conmigo?

            –Porque…– Mizuki pensó la respuesta –Porque yo tengo una opinión de tí completamente opuesta a la que tú tienes de mí. Llego a admirarte por tu trabajo duro y por el hecho de que más que manager, eres como amiga para los jugadores. No hubiera habido forma de poder decirte esto en un contexto normal, porque también me habrías rechazado, así que se me ocurrió esto.

            –O sea que no sólo te parecí linda– no podía creerlo –Ahora dices también conocerme por lo que escuchaste.

            –No, no digo conocerte, pero te recuerdo que tú sí– señaló el muchacho –Dijiste que habías escuchado cosas de mí que te hacían no soportarme.

            Sí: en audacia, lamentablemente, ganaba Mizuki Hajime.

            se quedó sin saber qué decir –E-es que… no sé– suspiró –Me harté de discutir.

            –Yo también– admitió Mizuki –¿Amigos?

            –Definitivamente eso no.

            –¿Conocidos? ¿Personas que pueden verse sin ladrarse?– atinó a decir el morocho.

            –Eso va mejor– pese a que el manager le tendió su mano, se prohibió a sí misma tocarlo –Cerremos el trato con un apretón de manos imaginario.

            —Me contaron que te excedías en madurez– refunfuñó Hajime irónicamente, pero se decidió a no seguir diciendo este tipo de comentarios en voz alta –En fin, ¿quieres que te cuente sobre cómo seleccionan las hojas de té?

            La joven no se dignó a mirarlo –A ver, entretenme.

            Sabía que no tenía el interés de , pero el muchacho siguió –Las hojas más finas, contrario a lo lógico, no son las que deben ser seleccionadas. Esto es porque a éstas les falta sabor. Similarmente, se debe evitar utilizar las más verdes para realizar una infusión…– se sirvió un poco más de té –¿Quieres?

            –No, estoy bien con esto– seguía agregándole azúcar a su bebida.

            –Veo que tu paladar no tolera bien las cosas amargas.

            Mizuki ya se veía venir aquel "por eso no te tolero a tí", pero el insulto nunca llegó a oírse. Oh. ¿Era esto una mejora de actitud lo que notaban los ojos del joven?

            –Si, ves bien– asintió –Prefiero lo dulce.

            –¿En todo sentido?– Hajime aplicó un poco de presión.

            –Ah, no sé– se sonrió –Lo dejo para que lo interpretes tú solo.

            Se había puesto interesante de nuevo. Igual, por lo menos por el resto de la estadía en la casa de té, la cosa se mantuvo bastante tranquila (en cuanto a insultos y ladridos, claro).

***

            se echó a llorar de risa, Mizuki Hajime mirándola raro.

            –¿Qué dije?– el morocho frunció el ceño.

            –¡FUJI SYUSUKE! ¡TU RIVAL!– la chica quería secarse las lágrimas y calmarse, pero no podía –Tu rival. Es decir, tuyo.

            –Sigo sin entender qué tiene lo que dije de gracioso.

            –Mizuki-san, honestamente, no le llegas ni a los pies a Fuji Syusuke– la manager carcajeó –¿Cómo puedes considerarte su rival máximo?

            –Es mutuo.

            –Él ni te registra.

            A Hajime le tembló una ceja –¿Y cómo es que sabes eso?

            –No eres el único que toma datos, Mizuki-san– aclaró la muchacha, arreglándose el cabello con una mano.

            –Claramente– sonrió el muchacho, el suave viento de la temprana primavera chocando contra su rostro. Ya hacía unos veinte minutos que daban vueltas por el parque frente a la casa de té –Veo que no puedo descuidarme ni un segundo de tí, -san.

            –Por suerte no creo que presente una amenaza– devolvió vorazmente la manager –Yo sólo tomo datos, no acoso; no como otros.

            –No sé de quiénes me hablas– Hajime se rió ligeramente. La bomba había sido clara y apenas escondida en la sonrisita dulce de la chica, pero Mizuki sentía que ya tenía los escudos como para defenderse

            Una ráfaga de viento azotó contra ellos nuevamente.

            –Ah, qué lindo día– Mizuki se tomó unos segundos para aspirar el aire puro.

            –Odio este clima– repuso al instante , mirándolo de reojo –Prefiero mucho más cuando hace frío y llueve.

            –¿Sabes? Eso, en psicoanálisis, dice cosas muy interesantes de ti– comentó el manager, intentando mantenerse casual y no ofensivo.

            –No me interesa el psicoanálisis– descartó ella la idea con amargura –Y para tu información, no es porque soy tormentosa y negativa. Es porque no me gusta lo ambiguo– pausó para quitarse el cabello de la cara, algo harta de que éste insistiera en tapársela –No me gusta que no haga ni frío ni calor. Me pone nervio– frenó súbitamente –Oh, por Dios, que bajo he caído. No puedo creer que te estoy dando explicaciones.

            –Nfu~– Mizuki no podía ocultar que estaba complacido –Mejor dando explicaciones que insultando.

            –Definitivamente– tuvo que concordar –Pero igual, no tomes esto como un gesto de amabilidad. No existirá tal cosa; por lo menos no de mí a tí, ¿entendido?– la joven miró al morocho directo a los ojos.

            –A la perfección– sus rostros estaban peligrosamente cerca – --

            – -san. No pienses que puedes agarrarme desprevenida– al percatarse del hecho previamente mencionado, la estudiante de Hyoutei se echó hacia atrás, alejándose del muchacho –¿Qué quieres?

            –Te veo tiritando de frío– comenzó Mizuki –¿Quie--

            no lo dejó terminar, demasiado sumida en sí misma –Sí; por la misma razón que te dije antes -que no me gusta no saber si hace frío o calor-, hoy pensé que haría calor y no traje abrigo– y era cierto: se había venido con la chomba y pollera del uniforme escolar, nada más.

            Hajime volvió a intentar –¿Quieres mi saco?

            frunció la nariz, asqueada y perpleja –¿Qué diablos es ese repentino gesto de caballero? Mejor dicho, ¿de dónde salió?

            – -san, me considero un caballero– Mizuki no pudo ocultar su indignación –Y por más vil que me creas, no dejaré a una dama temblando.

            –Pues te equivocaste de doncella, príncipe— la manager centró su vista en los árboles pasajeros, fingiendo desinterés. Bueno, "fingiendo", eso creía Mizuki. No había ninguna forma segura de saber si fingía o lo sentía.

            –Lo malo es que, si me dejaras –Hajime comenzó–, podría tratarte bastante bien.

            –No quiero dejarte– replicó, de una forma no muy madura –Pero sí debo felicitarte por el esfuerzo– admitió entonces –No entiendo como todavía no saliste corriendo.

            –Es que me la veía venir— el manager de St. Rudolph se encogió de hombros –Eres de Hyoutei, no podía esperar a una mosquita muerta.

            –¿Hubieras preferido una?– la chica alzó sus cejas.

            Hajime no tuvo que ni pensarlo –No.

            –Te gustan los desafíos, ¿eh?– rió para sí –Se te nota. Ya cuando me dijiste que Fuji Syusuke era tu rival…

            –¡Lo es!– protestó Mizuki, indignado.

            –Seguro que sí– asintió irónicamente, como cuando se le da la razón a los locos –Él te mira, y piensa lo mismo que tí. ¡Pfft, sí! Es más, lo escuché diciendo una vez, "Mizuki es mi más odiado pero respetado rival--"

            Un pie de la chica chocó contra el otro, haciendo que se tambaleara hacia adelante. Si nunca había sido demasiado torpe, ¿¡por qué debía serlo ahora!?

            Un cierto morocho la atajó, haciendo que golpeara su cabeza contra un pecho masculino.

            Esto… esto era ridículo.

            Era ridícula la sensación de seguridad al estar presionada contra él. Era ridículo el rico perfume que llevaba puesto. Era ridículo que él la hubiera atajado. Era ridícula la situación, el entorno, las circunstancias, todo.

            Pero sin embargo no se sentía nada mal.

            –¿Estás bien?– preguntó Hajime, exageradamente preocupado.

            –Estoy perfecta– lo empujó para alejarse de él –No fue nada– a los ojos de Mizuki, parecía, por primera vez, realmente avergonzada y… ¿vulnerable?

            –Qué bueno– había en la voz del chico un aire de alivio.

            –No le digas a nadie– pidió ella de la nada –Lo que acaba de pasar.

            Mizuki estaba un poco confundido ante esto, pero decidió tomarlo como broma –Ah, ¿qué? ¿Sakaki-san te echará del equipo si se entera de que eres torpe?

            –No, es que… no… ah, no importa– decidió firmemente no volver a explicarle nada –Tan sólo… tan sólo no lo divulgues.

            –Por supuesto que no lo divulgaré– repuso Hajime naturalmente –¿Qué clase de persona crees que soy?

            –No es sobre tí– devolvió , su cara condimentada de un poco de angustia –Es sobre . Es que no me gusta pasar vergüenza pública y… bueno, no importa.

            Mizuki suspiró, imaginándose que le podría estar pasando –Sabía que tanto odio no podía ser todo destinado hacia mí solamente.

            se dignó a mirarlo –Esto es patético– frenó por unos segundos, meditando lo que acababa de decir –Soy patética– corrigió entonces –Mostrando debilidad contigo. Quién lo creería…

            –Era de esperar– Hajime le palmeó la espalda comprensivamente –Debes contarle este tipo de cosas alguien; es feo guardárselas dentro.

            –No me toques– se sacudió para enfatizar esta orden –No necesito tu piedad.

            –¿No la necesitas…– Mizuki no iba a ceder ante una simple advertencia: apartó un mechón de cabello del rostro de la chica –…o no la quieres…?

            –¡Te dije que no me tocaras!– explotó ella, apartando la mano de Hajime –¡Y no, no necesito ni quiero--

            El morocho, sin casi pensarlo, la tomó de ambos brazos y presionó contra un árbol. Así no tendría más remedio que dignarse a mirarlo.

            Había terror en el rostro de la muchacha, el cual fue reemplazado de inmediato por ira –¿Qué haces? ¡Suéltame! ¿¡No sabes que esto es acoso sex--

            No iba a haber forma de hacerla callar con simples palabras. Menos cuando pensaba que Mizuki era culpable de "acoso sexual" por intentar hacerla calmar y mirarlo a los ojos, sí, ¡no más intenciones que esas!

            Así que Hajime resolvió algo bastante simple: besarla.

            ¿Por qué no? Seguían en una cita, después de todo.

            Pero protestó - y con protestó me refiero a pegó, intento morder, sacudió y retorció.

            Ella odiaba y amaba aquel perfume. Le recordaba que estaba cerca a él, por eso lo odiaba; le recordaba que por fin estaba en los brazos de alguien, por eso lo amaba.

            –Caballero logró librarse de los labios de Mizuki, pero no de su abrazo –Sí, claro.

            –¿Vas a dejar de gritar así esto no luce como si te estuviera violando?– Hajime inquirió.

            –Sí, dejaré de gritar– accedió la joven –Pero me estás violando, sabes.

            Él ignoró este comentario –¿Qué te preocupa exactamente?

            –Las astillas que voy a tener en la espalda cuando me dejes de apretar contra este árbol.

            Mizuki los separó a ambos del aludido, pero aún la sostenía fuerte.

            –Déjame en paz.

            –No.

            –Veo que no puedo intimidarte– seguía enojada y sorprendida a la vez –Felicidades. Eres el primero.

            –¿Qué sucede, -san?– Hajime no iba a dejar que ella cambiara de tema tan fácilmente –¿Qué es lo que te preocupa?

            –No te interesa.

            –Pues– Mizuki se encogió de hombros ante la terquedad de la chica –No nos moveremos de esta posición hasta que no me digas.

            –Sabes lo que puede llegar a pasarte si le cuento a mi equipo sobre esto, ¿no?

            –Sí– el estudiante de Saint Rudolph torció la boca –Digamos que no me molesta tomar el riesgo.

            –Odio la reputación que tengo en la escuela– explicó , con ligereza en su voz –Listo, fin de la discusión. Suéltame, Mizuki-san.

            –¿Por qué odias tu reputación?– para lucir tan delicado, Hajime tenía bastante fuerza en sus brazos, y no iba a soltarla por nada en el mundo.

            –P-por favor suéltame— la manager flaqueaba más de lo común –No quiero decirte. Déjame ir.

            –No– la postura del chico era firme.

           

            se retorció un poco más, abofeteando a Hajime con todas sus fuerzas para disponerse a salir corriendo a toda velocidad. Mizuki salió tras ella al instante.

            – -san– jadeó el morocho, harto de correr. Ya hacían un par de cuadras que la veía persiguiendo –Por favor, basta, ven--

            Por fin alcanzó su mano, después de tanto correr. Y cuando Mizuki pudo tomarla, decidió no soltarla hasta que recibiera una respuesta directa y clara.

            –Basta– las pocas fuerzas que le quedaban al muchacho eran gastadas en lograr que se quedara quieta –Ya nos están empezando a mirar mal.

            –¡Por supuesto que sí! ¡Me estás persiguiendo desde hace diez cuadras!– devolvió la chica, aún más enfadada que antes –¿¡Qué te importo!? ¿Por qué diablos haces esto? ¡No me conoces!

            –Pensé que no te ofendería que quisiera conocerte, lo siento– el joven se disculpó forzadamente –Es que quieres creer que no me importas, pero evidentemente sí.

            –Te parezco linda, por eso te gusto, nada más– ladró –No me conoces. No podría importarte.

            –Corrí diez cuadras al sol con camisa de manga corta cuando soy muy sensible a la luz solar– devolvió Mizuki, ofendido –¿Aún así dices que no me importas?

            –¡Ah, chico de piel fina! ¡Ay, por favor!– ella no hubiera sabido admitirlo en el momento: en realidad, alguien que se preocupara por ella así era justo lo que necesitaba –No me vengas con ridiculeces.

            –¡Eres aquí la única ridícula!– Hajime perdió su paciencia un poco –¿No te das cuenta? ¡No te permites un error, dices que no te gusta tu reputación en Hyoutei es pésima, y luego sales corriendo! ¿Se supone que debo irme a casa tranquilo después de presenciar todo eso?

            Él la soltó, pero ella no siguió corriendo.

            –No– admitió .

            –Eso pensé.

            , dando un suspiro, se sentó en el cordón de la vereda, cabizbaja. Mizuki la copió, mirándola con atención.

            –Si te gustaría que empiece con lo de no permitirme errores, te aclararé que fui así siempre– se abrazó a sus piernas –No es algo anormal ni preocupante. Es mi forma de ser.

            –Sí, se te nota– añadió Hajime, pero queriendo más que nada dejarla hablar a ella.

            –Y sobre la reputación– chasqueó sus labios –No sé. Soy muy gritona y- y fría quizás– se encogió de hombros.

            –Noté eso.

            –Los titulares de Hyoutei son mis únicos amigos, de hecho– la muchacha dio otro audible suspiro –El resto de las personas o me ignora o directamente se ríe de mí. No sé, no les caigo bien. Es que me ven tan estricta con mi equipo, será eso…– pero ese "será eso" sonó bastante inseguro –Lo siento si te trate mal. Me sonaba irreal de que alguien se interese en mí.

            Los ojos de Mizuki seguían en ella –¿Alguna vez le dijiste esto a alguien?

            –¿Psicólogos cuentan?

            –No.

            –Entonces…– se rió levemente –No.

            –Con más razón– ahora Hajime comprendía un poco más –Debías desquitarte con algo… o, bueno, alguien, en este caso.

            –Discúlpame. Parte de mi agresividad fue culpa de mi deseo de que pensaras que yo era insufrible y te fueras– se secó sus ojos, apenas llorosos, con el dorso de su mano –Pero diablos, eres insistente.

            –Lo soy– reconoció el chico –Especialmente en las cosas por las que vale la pena luchar.

            –Ese fue un piropo barato que no funcionará conmigo, Mizuki-san– se levantó, eliminando toda la tierra que podría haberse adherido a ella al estar sentada en la vereda –No todas somos conquistables con actos principescos.

            –Mentira– negó Hajime, también poniéndose de pie –Lo admitas o no, sí disfrutas de mis halagos.

            –Claro que sí, porque una chica siempre necesita que le alimenten el ego– señaló obviamente –Pero no te llevarán a ningún lugar conmigo.

            –Pero, ¿te harán sentir un poco mejor?

            –… quizá.

            –Entonces es razón suficiente para seguir diciéndolos.

            –Eres tierno– reconoció con una sonrisita –Pero tengo dos hipótesis: o sigues en esta cita por obcecado, o simplemente eres estúpido.

            –Un poco de las dos– Mizuki admitió, tendiéndole su mano –¿Vamos?

            –¿A dónde ahora?– inquirió , molesta.

            –A tu casa, obvio– declaró el morocho –No te molestaré más por el día de hoy.

            no sabía si estar feliz o triste.

           

            En el camino, Mizuki había insistido en comprarle un ramo de rosas (gesto que luego ella debería explicarle a sus padres, y realmente no tenía muchas ganas de ello). Y al llegar, la insistencia del joven había logrado también que la muchacha accediera a un beso a la mejilla. Era solo un beso, después de todo.

            Había comenzado odiándolo, pero ahora había algo raro sucediendo en la cabeza de la chica. Aún no comprendía su respuesta a aquel, "¿Me pasas el número de tu celular?", y jamás la comprendería.

***

            Atobe Keigo no debía husmear en asuntos ajenos. No era una conducta de caballero, digamos.

            Pero cuando se había olvidado el celular en el vestidor de hombres (no pregunten cómo), era imposible no echarle una miradita interesada al ver que sonaba el tono de mensaje de texto.

            Gakuto abrió la tapita, con toda confianza. Al leerlo, sus pupilas se hicieron cada vez más pequeñas.

            –¿Qué, qué dice?– Oshitari se abalanzó sobre el celular, y tuvo la misma reacción que el pelirrojo.

            Atobe decidió revisarlo con sus propios y superiores ojos.

            Leía:

            "Ao -digo-… -san, ¿quedamos el sábado?

            Espero tu mensaje~"

            Era de un tal "Hajime".

            –¿Hajime?– reiteró Keigo en voz alta –¿De dónde me suena?

            –Ay, no sé– se lamentó Shishido –Pero me suena conocidísimo.

            –Bueno…– Ohtori frunció el ceño –Senpai-tachi, ¿el manager de Saint Rudolph no se llama Mizuki Hajime-san?

            Los vestidores quedaron en un tenso silencio por unos segundos.

            Todos los titulares se echaron miradas entre ellos.

            Sí - estaba dicho. Iban a tener una larga charla con sobre esto.

~Aori
20-10-06

*se deja de escribir y se dispone a meterse de palomita en la cama xDD*