–Akaya– Marui Bunta habló después de unos diez minutos de observar al joven de ojos verdes y cabello enmarañado mirar su comida con odio –¿No comes más?

            –No, Marui-senpai– negó el muchacho, sacudiendo su cabeza.

            Automáticamente, Bunta se apoderó de la bandeja de comida de Kirihara y empezó a devorarse todo lo que podía devorar.

            –Esh rarou que eshtesh ashi– el pelirrojo comprendió entonces que no podía hablar e intentar tragarse un cuadradito de brownie al mismo tiempo –Generalmente tienes más cara de malo.

            Akaya frunció su ceño, ofendido.

            –¿Qué? Es verdad– se justificó su senpai.

            –Es––

            –Probablemente sobre – se metió Yanagi Renji, anunciando lo obvio –Según lo que estuve observando––

            –¡No me interesan tus datos!– Kirihara se hartó y levantó de la mesa, dejando a sus senpai algo confundidos.

            No señor. Kirihara Akaya no estaba a punto de admitir que le tenía algo de miedo a una chica. Pero ni cerca.

 

Como aro a la botella

            mordía la punta de su lápiz, aburrida como nunca.

            Se puede ir al diablo el profesor si quiere. Como si tuviera ganas de escucharlo hablar a estas horas…

            Como frutilla de la torta, su mejor amigo, Kirihara Akaya, estaba mirándola raro, y ella no entendía por qué. Lo peor era que, cuando la chica lo ojeaba para ver qué quería, se hacía el idiota y miraba hacia otro lado (como si ella no se diera cuenta que la estaba mirando. Es decir, por favor).

            suspiró.

            Quizá, y ojala, no fuera nada significativo.

***

            –Tú puedes, Akaya– Marui lo alentó –Con tranquilidad.

            –Ve despacio, no la confundas– aconsejó Yagyuu.

            –Y––

            Antes de que Jackal pudiera agregar su parte, Kirihara se hartó (de nuevo) de la insistencia de sus senpai y se fue hacia ella, dando pisotones.

            – -chan--

            –Ah, Akaya-kun– la muchacha lo interrumpió, saludándolo –¿Qué sucede?

            –¿Quieresiralparquedelaalegríacon--

            –Espera, espera– lo frenó, haciendo gestos apresurados con las manos para que pare –¿Qué? No te entiendo nada– y por sobre todo, esta actitud no era demasiado común en él.

            –¿Viste el Parque de la Alegría? ¿Ese nuevo? ¿Que inaguraron hace poco?– con estas preguntas, se fue ubicando –¿Quieres ir el fin de semana ahí?

            –¡Me encantaría~!– sonrió la joven, entusiasmada –¿Quienes vamos?

            –Eh… tú  y yo– Kirihara se encogió de hombros.

            ¿Tú y yo? ¿Sólo nosotros dos? Ah… bueno… –¿Y los senpai? ¿No pueden venir?

            –No es eso– ¿que acaso no se daba cuenta de que esto era una cita? –Quiero ir contigo.

            –Ah– sonrió , aunque internamente estaba teniendo dilemas morales: ¿qué diablos pretendía su amigo ahora? ¿Era una cita seria? –Está bien~ ¿Vamos este sábado?

            –Sí, el sábado.

            –El sábado será. ¡Ja ne!

            Al verla alejarse (y susurrarle un "nos vemos"), Kirihara soltó un suspiro que mezclaba fatiga y bienestar, todo en uno.

            –¿Por qué hice eso?– se lamentaba el morocho para sí mismo.

            –Ah, no lo entiendes ahora, pero lo entederás– Niou apareció por detrás del chico, sobresaltándolo –El amor~

            –¡No me molestes!– ladró Akaya, completamente fastidiado de tener que ser siempre la víctima de ser el más joven del equipo.

            Y esto recién empezaba.

***

            –Ah, vamos para allá– arrastraba al joven consigo de lado a lado.

            Kirihara seguía preguntándose, enfadado con sí mismo, por qué era que había querido salir con ella. Idea loca de los senpai, se recordaba cada vez, ellos me metieron en esto.

            Efectivamente, habían sido los otros titulares del club de tenis los que habían tenido la estúpida, ilógica idea de que si Akaya hablaba mucho de su amiga, era que le gustaba.

            Ella. Nah, no podía ser, ella no le gustaba. No sonaba lógico. , era raro que hablara de una chica; , era la única muchacha que se atrevía a hablarle; pero no, no había forma de que él llegara a sentir algo por ella, claro que no, obviamente no…

            Diablos, Kirihara no podía ni convencerse a sí mismo, creo que sí me gusta.

            …

            ¡No, claro que no!, se regañó el muchacho internamente, ¡No digas sandeces!

            Repentinamente, dejó de llevarlo de aquí a allá y frenó en seco, Akaya casi llevándosela por delante cuando hizo esto.

            Los ojos de la muchacha tintinearon, y su mano se alzó, un dedo señalando uno de los puestos de juegos en el parque de diversiones.

            Kirihara miró hacia allí - estaba apuntando a un peluche de un gatito. Era más bien redondeado (Gato deforme, lo nombró Akaya), sus botones de ojos miraban al muchacho con una asquerosa ternura.

            –¡Es hermoso!– chilló , sonriéndose –Ah… pero mira lo que hay que hacer para ganarlo…

            El puesto era del juego de lanzar aros en un mar de botellas, teniendo que hacer que caiga en el cuello de alguna de las mismas. Parecía fácil, pero era en realidad bastante complicado.

            Las reglas: tres aciertos te daban un gatito más pequeño, cinco te daban el gatito redondo.

            Cinco –Akaya se dijo a sí mismo mentalmente, y luego miró a –. Cinco para hacerla sonreír así…

            Luego hizo que su mente abofeteara a su corazón por pensar cosas cursis.

            –¿Quieres que intente?– ofreció Kirihara, aún analizando las reglas del juego con cautela, viendo si se podía hacer algún tipo de trampa.

            –Sí, por favor inténtalo– asintió con la cabeza.

            Akaya debía estar realmente muerto por ella. O eso concluyó cuando habló con el tipo del puesto para tener una jugada, tomó un aro y se dispuso a intentar rodear el cuello de la botella con él.

            –¡Ah! ¡Lucky~! (1)– esta voz desconcentró por completo al morocho, y lo hizo errar en su primer intento –¡Mira quien está ahí! ¡Kirihara-kun!

            Kirihara miró hacia donde provenía la voz, reconociendo a Sengoku Kiyosumi, a quien había conocido en los invitacionales.

            le echó una miradita a Akaya, como inquiriendo de quién se trataba.

            –¿Cómo te va, tanto tiempo?– dijo Sengoku antes de que Kirihara pudiera hablar –¡Ah! ¿Estás con una novia? Gomen, gomen~ ya me retiro~

            –No es mi novia– Akaya no dejó a dar explicaciones –Es una amiga, – mencionó el nombre lo más rápido posible: no quería realmente que Kiyosumi supiera quien era –Yo he estado bien, Sengoku-san, ¿y tú?

            Se le notaban las pocas ganas de hablar en aquel tono amargo pero hipócritamente amable de voz; de todas formas, Sengoku siguió –Lo más bien~ Así que, tu amiga, ¿eh? Qué linda amiga~

            –Hola– lo saludó, algo tímidamente.

            Kirihara, casi insconscientemente, se colocó en medio de ellos, como para proteger a de él o… lo que fuera. Entonces, el morocho prosiguió a intentar embocar el aro del diablo en la botella del diablo.

            –Dejenme adivinar– se sonrió el pelirrojo –¿ -chan quería un premio y por eso Kirihara-kun está tratando de conseguírselo? Qué tiernos~

            –Así es– asintió , sonriéndole a Sengoku de una forma que no le gustó nada a Kirihara.

            –No somos tiernos– Akaya replicó con amargura –¡Deja de hablar como si estuvieramos saliendo juntos!

            –¡Mou~! (2) ¡Pero, técnicamente, sí están saliendo juntos!

            rió –Tiene razón, sabes.

            A Kirihara le temblaba la ceja –En fin…– siguió con su tarea del aro y la botella.

            –Señor, deme diez aros— Sengoku, segundos después, los recibió –¡Kirihara-kun! ¿Te parece si hacemos competencia para ver quien emboca cinco aros primero y le gana el peluche a -chan?

            El mundo del morocho se vino abajo. Kiyosumi Sengoku. Quería competir. Con él. ÉL.

            –Ya me estoy encargando de eso– pero mientras decía esto, Akaya erraba el tercer anillo –Además, yo le regalaré el peluche a .

            –Ah, pero, si participa Sengoku-san, tendremos más posibilidades– ella no parecía del todo disgustada por la idea.

            –¿Ves? -chan dice que está bien– demostró Kiyosumi –A menos que estes asustado por perder, Kirihara-kun…

            –Claro que no lo estoy– el pelirrojo sabía justo que hacer para irritar a Akaya.

            –Entonces vamos– Sengoku se dispuso a tirar un aro, arrugando los ojos para ver a qué lugar lanzar –¡Pero te advierto que soy un tipo de mucha suerte!

            rió. Akaya hizo un gesto sarcástico con los ojos.

            Kiyosumi y Kirihara, ambos, lanzaron un anillo al mismo tiempo.

            –¡LUCKY~!– festejó el pelirrojo, viendo como había entrado.

            El aro de Akaya rebotó por un par de botellas antes de desaparecer por ahí.

            –Oh, unlucky– Sengoku intentó hacerse el comprensivo con el morocho –No te preocupes, la próxima será, Kirihara-kun.

            –Eso, Akaya-kun– lo animó –La… eh… quinta es la vencida.

            Esto no le servía de nada al joven as de Rikkai Dai.

           

***

            Sengoku recibió el peluche del señor del puesto, e inmediatamente se lo entregó a .

            –Gracias, Sengoku-san– se puso en puntas de pie para darle un agradecido besito en la mejilla al pelirrojo.

            –Lucky~– sonrió Kiyosumi –Y de nada, -chan~ Fue un placer conocerte~

            Antes de irse, el muchacho de Yamabuki le echó un vistazo a Kirihara Akaya.

            Él había pedido otra ronda de anillos.

            –¿Oh?– Sengoku alzó las cejas –Mira eso, -chan. No se da por vencido.

            se ruborizó suavemente al ver como el morocho acababa toda la ronda de una (pero metiendo tres, eso era una mejora), recibía el gatito pequeño y no deforme y pedía otros diez aros.

            –Por Dios, que idiota…– murmuró sin poder creerlo –Se va a gastar todo su dinero en algo que ya tengo…

            Sengoku se sonrió –Lo que es el amor.

            –¿Ah?– lo miró, frunciendo el ceño.

            –Nada, nada– despreocupó Kiyosumi –Mejor me voy, ¿eh? Mándale mis saludos a Kirihara-kun, no quiero desconcentrarlo ahora– se comenzó a alejar –¡Ja ne!

            Así, quedó sola con sus dilemas morales de nuevo. ¿Qué pretendía su amigo? Si era lo que ella pensaba… pero no, no podía ser – sería demasiada coincidencia que Akaya sienta lo mismo por ella. Mejor no ilusionarse en vano.

            Kirihara siguió, observándolo desde lejos –Akaya-kun, por favor, ya está, ya tengo el peluche…

            Fue ignorada.

            Y el morocho metió un aro. Metió dos. Erró cuatro. Metió otro… erró los restantes. Otro gatito no deforme, que la verdad no le interesaba para nada a Akaya.

            Metió dos… erró el resto. Diablos.

            Metió tres (sí, otro gatito), metió cuatro… y erró el quinto. Y los demás, tambien.

            "¡MALDITA SEA!", Kirihara pensó con bronca, "No importa, sigue, Akaya, tú puedes."

            Se convenció de este hecho, y, como habia predicho, agotó todo su dinero. Sus últimos yenes fueron destinados a una última ronda.

            Metió la primera chance con facilidad. La segunda costó, pero también entró. La tercera no fue la vencida para nada, pues ni se esforzó en entrar y cayó directo al suelo. La cuarta fue difícil, pero entró – y esta vez él no se conformaría con un gatito no deforme. La quinta entró, también. Por Dios, una más. La sexta, séptima, octava y novena fueron completos desastres.

            La décima y última fue como un parto para Kirihara.

            Le sudaban las manos. No tenía más dinero para seguir comprando rondas, y no iba a conformarse con que se quedara con el peluche que le había regalado el imbécil de Sengoku.

            Lanzó, intentando no dar muchos preámbulos, y el anillo rebotó varias veces en botellas diferentes. Si hacía eso, significaba que no entraba. Listo. Derrota total.

            Kirihara cerró los ojos, admitiendo que quizá no servía para esto. Quizá prefería el gatito de Sengoku-san. Quizá…

            ¿¡¡ENTRÓ!!??

           

            Akaya no creía lo que le mostraban sus ojos. EL MALDITO ANILLO HABÍA ENTRADO EN LA MALDITA BOTELLA.

            A se le iluminó el rostro, y corrió hacia él –¡Akayan, lo lograste!

            – …– ella le estaba sonriendo. Ella estaba feliz por él. Era todo demasiado perfecto –Aquí tienes– le entregó el "gatito deforme" que había recibido del hombre del puesto segundos antes –Para tí.

            –¡B-baka!– tuvo que sonreír –Con un gatito me bastaba…

            Kirihara no tuvo tiempo para razonar lo que le decía su cuerpo que hiciera. Impactó sus labios contra los de ella por unos segundos –A mí no.

            se asombró al principio, pero su rostro pronto se contorsionó en una sonrisa –¡Y ahora, vamos a la vuelta al mundo!

            Akaya se rió para sí –A dónde quieras…

            La situación era como anillo al dedo. O… como aro a la botella, pensó Kirihara, pero decidió no decir el chiste malo en voz alta.

~Aori
21-10-06

Soy la reina de los chistes malos xDD (ese juego de palabras del final fue digno de una patada de Kurobane). ESTA VA PARA HANNITA XD te banco nena~
(1): Lucky es "¡Suerte!" o "¡Qué afortunado!". La dejé en inglés porque en el anime en japonés Sengoku dice esa expresión en inglés, así que preferí no alterar eso xD
(2): No sé la traducción exacta de "Mou", pero sé que es un modismo del habla japones que se dice cuando uno está desilusionado, como diciendo, "Ohhh..."