• k i k o e t e •

e s c u c h a m e

[ 3 ] I m p u l s o

 –… ¿No? – preguntó como si se tratase de un niño a quien acaban de negarle ir al parque de diversiones.

 

-san, ¿no es un poco… repentino?

 

– ¡Pero me gustás! ¿Por qué debería esperar? No es como si te estuviera proponiendo casamiento, Yuuta.

 

Fuji se llevó la mano a la cara, vencido.

 

– Está bien, -san. ¿A dónde te gustaría ir?

 

La chica ni siquiera pensó.

 

– ¡Al cine! ¡Mañana, a la función de las cuatro!

 

– No sé podré ma… –la misma mirada triste–… está bien…

Para Yuuta, el día siguiente llegó con rapidez, tal vez con demasiada rapidez. Había estado a punto de contarle a Mizuki sobre su “cita” (aún se rehusaba a llamarla así), pero a último momento se abstuvo. Mizuki se le había quedado mirando extrañado, pero aparentemente decidió ignorar el asunto.

 

Y allí estaba, esperando a en la puerta del colegio, extremadamente nervioso. Aunque no fuera una cita. Porque no era realmente una cita, ¿no? Tal vez realmente debería volver y decirle que no se sentía bien o algo así. No, un segundo. No podía hacer eso. ¿Qué clase de persona sería? No. Tenía que quedarse y salir con ella. Pero… pero…

 

– ¡Yuu-chan! –Yuuta sintió un escalofrío mientras repetía mentalmente su nuevo apodo.

 

– Hola, -san. ¿Vamos?

 

Iori asintió y, en el mismo movimiento, se colgó de su brazo. Yuuta suspiró. Iba a ser un largo día.

 

El cine no estaba muy lejos, y durante el trayecto hablaron sobre la escuela, los profesores y la vida en general. Tal vez no era tan molesta. De hecho, viéndolo mejor, era bastante simpática. Demasiado enérgica, eso sí; demasiado impulsiva.

 

¿Realmente podría aceptarla como novia? Fuji miró a su lado a la chica mirando la película, el ceño fruncido, concentrada. No hacía más de un día la había conocido, y aquí estaban, en medio de una (¡aunque no quisiese decir esa palabra!) cita. No estaba prestando atención a la película.

No está… maldición… no está…

– Voy al baño –dijo ella, levantándose de repente.

¿¡Por qué no está!? ¿¡POR QUÉ!?

– Mierda… –murmuró, abriendo la puerta del baño con tanta fuerza que golpeó la pared con estruendo. Se acercó al lavabo, abrió la canilla al máximo y puso una mano en el desagüe. Miró como se llenaba de agua, sacó la mano un segundo para que no desbordara y dejó que el líquido volviese a llegar al tope. El agua helada adormeciendo su mano era tranquilizadora. Mirando su reloj se dio cuenta de que ya llevaba diez minutos allí. Se dio vuelta para volver, dejando caer su cartera al suelo accidentalmente.

Alguien la levantó del suelo y se la extendió.

– Todavía la tenés. Creí que la habrías quemado.

tardó un momento en reaccionar, tras lo cual le arrancó la cartera de las manos.

– ¿Quién te avisó?

Niou no hizo ningún gesto.

– ¿Qué cosa?

– Que iba a estar yo acá.

– Debería ser yo el que pregunte eso, ¿no te parece?

– Masaharu, te conozco. Más de lo que me gustaría. Si no te vi en la sala es porque te estabas escondiendo de mí. ¡Este el baño de mujeres! ¿Qué vas a hacer si alguien entra?

– Fingiré ser mujer –rió él.

– Me pregunto por qué de vez en cuando no fingís ser humano.

– Hasta donde yo sé, lo soy –dijo repentinamente serio, como si estuviera dando un sermón–. Escuchame, , que me hayas ayudado no te da derecho a…

– ¡Me engañaste!

– Nunca fuimos pareja en primer lugar. Es mi forma de ser. Vos lo sabías tan bien como yo.

…dejá de tratar de cambiar a la gente.

Ella retrocedió hasta quedarse contra la pared. “No trates de cambiarme.” Había sido por su bien. Había intentado, tratado, dado todo de ella por ellos. ¿Por qué terminaba siempre quedándose sola? Y Niou se lo había dicho. Y ahora se lo repetía con esa mirada que ella tanto quería. ¿Estaba tan mal? ¡Era por el bien de ellos! ¡Deberían estarle agradecidos!

Se fue deslizando hasta quedar sentada en el suelo, la cabeza escondida entre los brazos que a su vez abrazaban sus piernas.

– No te pongas así,

 

– Dejame sola.

 

 

– Dejame. Sola.

 

– No.

 

levantó la cara cubierta de lágrimas.

 

– ¿No te das cuenta de que me hac…?

 

Niou la besó inmediatamente, abrazándola. se quedó estática, pero no pudo evitar dejarse llevar cuando el primero comenzó a profundizar el beso. Luego de unos segundos, era también quien jugaba con los labios del otro, mordiéndolos suavemente, lamiéndolos;  ambos abrazados cayendo, poco a poco, al suelo frío del baño, la ropa arrugándose, los cabellos despeinados, la boca de Niou moviéndose ahora a lo largo del cuello sensible de , Yuuta parado del otro lado de la puerta sin saber qué hacer.

– Niou-kun, voy a decir esto de manera clara: sos un imbécil.

 

Hasta los pájaros del parque se callaron ante la actitud tan impropia de parte de Hajime. Masaharu se limitó a mirar a Mizuki, ambos con las mejillas algo rojas; el primero de vergüenza, el segundo de furia.

 

– Gracias. Ahora decime algo que no sepa –contestó sarcásticamente sentándose en el banco y apoyando los codos sobre sus piernas, su cabeza sobre sus manos.

 

– No se me ocurre. Creí que ya te había dejado bien en claro todo lo que tuvieras que saber, idiota.

 

– No esperaba que se pusiera a llorar, aunque no lo crea, Señor Manager, soy malo consolando chicas…

 

– ¿O sea que tu pensamiento va para el lado de “si no puedo consolarla, tengamos sexo con ella”?

 

– ¿Envidioso? – sonrió amargamente.

 

– Más de lo que te parece – contestó Mizuki por lo bajo, evitando que el otro lo oyera–. No es solo -san. Yuuta-kun también está en estado de shock. Se siente usado y…

 

–… Y es exactamente la verdad. Ambos sabemos que esa era la única utilidad de Fuji. Aunque debo admitir que me preocupa un poco su hermano. Bueno, no exactamente su hermano, sino lo que él pueda llegar a tramar contra .

 

– Lo cual en este momento es lo de menos, porque si el asunto sigue así no va a haber más mal que pueda hacérsele.

 

– Mirá que Fuji Syuusuke es capaz de volver sicótico a un neurótico…

 

Mizuki le dirigió una mirada seria.

 

– Estoy hablando en serio. Satán es el diablo y Fuji su jefe, al menos si de vengar a su hermano se trata. Espero sinceramente que no se entere.

Iori se pasó el siguiente trimestre mirando y ayudando a la gente. No mencionó ni una vez el incidente del cine, aunque era claro para Yuuta, que estaba muy lejos de haberlo olvidado. Pero cuando estaba ayudando a alguien, por más trabajoso que fuera, parecía olvidarse de sus propios problemas. Era otra persona. Era realmente la que había vivido hasta el momento en que conoció a cierto embaucador en un cierto partido de tenis hace unos dos o tres años…

~Miyod