[ [ Simplemente me senté en el lugar asignado. Todos parecieron pisar el pétalo de cerezo… excepto alguien, un hombre de pelo corto y una cicatriz en la frente, que no solo no lo ignoró, si no que se detuvo y lo levantó del suelo. ] ]
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[ 2 ] T o m o t o t e k i
Supongo que todo el mundo tuvo alguna vez esa sensación de estar siendo seguido u observado. Muchas veces, al darnos vuelta, encontramos solo aire. Esa es la opción más tranquilizadora, ya que, cuando al voltear realmente nos encontramos con una persona mirándonos, aquella molestia por la invasión de la privacidad se potencia. ¿Por qué me mira? ¿Quiere juzgarme? Probablemente en el fondo de su mente esté comparando mi habilidad para vestirme, mi aspecto o mi modo de caminar con el de alguien más. A veces realmente pienso que la gente no puede aceptar que uno es uno y punto final, sin importar quiénes sean los demás.
Por eso, cuando mis ojos se encontraron con la mirada fija de aquella estudiante, no pude evitar sentir irritación. ¿Con quién me estaba comparando? ¿Acaso no tengo derecho de levantar un pétalo? No es que sea especialmente lindo ni nada. Simplemente llamó mi atención, ¿está mal eso?
– Gracias –fue lo único que dijo, y tal vez fue lo único que pudo haberme sorprendido tanto.
Extrañamente, a la hora del almuerzo se acercó a mí con la propuesta de compartir la mesa. Asentí, más por automaticidad que por real convicción, pero asentí al fin.
Lo observé disimuladamente durante el almuerzo. Era cuidadoso, pero lanzaba miradas furtivas e inconscientes hacia mí, que no llegaban más allá de mis manos. Probablemente mi presencia lo cohibiera (eso, o tenía un fetiche…). Probablemente deseara preguntar algo o averiguar algo sobre mí. Y, a juzgar por su actitud, no iba a hacerlo en este siglo.
– Qué rudeza de mi parte. Todavía no me presenté –sonrió, cordial, amable–. Me llamo . Es un placer conocerlo.
– Soy Fuji Yuuta – contestó él, confundido por su cambio de actitud y nivel de formalidad [1].
Por el rostro de pasó una ráfaga de una emoción que Yuuta no descifró.
– Jugás tenis – afirmó , su vista fija en el plato.
Luego de una respuesta afirmativa, la conversación, algo forzosamente, se fue por rumbos más superficiales, menos personales y suficientemente nimios como para que ni Fuji Yuuta ni los recordaran siquiera esa misma noche.
·
El equipo de tenis de Sei Rudolph había estado, muchas veces, en peligro de desaparecer; o al menos así había sido cada año hasta la llegada de su manager Mizuki Hajime. Fuera en secundaria alta o baja, de alguna manera siempre se las ingeniaba para mantener el cupo de estudiantes mínimo para que el club no muriera, e, incluso, hacía años que siquiera agonizaba. Tal vez no fueran el mejor equipo de la región (ciertamente, luego de la abrupta caída de Seishun Gakuen, muchos excelentes equipos habían aparecido), pero de alguna manera se mantenían en pie con el orgullo en alto.
Aún así, el equipo no era un club realmente popular dentro de la escuela, por lo que no fue difícil notar que, aparte de una o dos espectadoras habituales, alguien más se había agregado del otro lado de la reja.
No era su aspecto lo que destacaba sino esa especie de aura de poder que lo rodeaba. No sé cuán bueno sea ahora ese club, pero, sin duda, Mizuki-kun tiene la intención de exprimir cada gota de talento que haya en sus jugadores… Es un tirano, pero sabe lo que hace. Me hace acordar a ese maldito hijo de p···...
– -san, alumna de segunda año de secundaria alta, tercera división, primer año en la escuela –resumió rápidamente leyendo la pantalla de su laptop.
– Mizuki Hajime-san, alumno de tercer año de secundaria alta, primera división, sexto año en la escuela –respondió ella sin titubear, un pequeño brillo de regocijo develándose en sus ojos–, manager del club de tenis.
– Veo que tiene alguna idea de mi persona.
– No es usted lo que se dice un Don Nadie, Mizuki-senpai. Sin embargo, sí lo soy yo, o al menos eso creía.
– Me sorprende, , que haya terminado en mi misma escuela –sonrió Mizuki, el mismo brillo malicioso en su mirada que el que había resplandecido en la de –. Pero por favor recuerde que aunque la memoria es frágil, ¿especialmente la de cierta persona tal vez?, los discos rígidos no.
–… No sabía que aún guardaba esas cosas en una laptop, senpai.
– Así es, y bajo varias contraseñas –aclaró casi rencorosamente.
– Ya veo. En ese caso, supongo que están seguras… –aunque parecía estar intentando sonar decepcionada, lo cierto es que más bien tenía la energía ciega del rencor.
Tengo a mi alcance una verdad y, si conozco a Mizuki, la respuesta a mi pregunta. Sé que puedo entrar a ese sistema y conseguir la verdad.
Lo único que no sé, es si quiero saberlo.
– Por supuesto, -san. Ese tema finalizado, ¿hay algo en lo que pueda ayudarla?
dudó un segundo.
– No. Solo espero a Yuuta –aclaró y comenzó a alejarse.
– No va a funcionar – comentó casi alegremente, sin mirarla.
se detuvo en seco un segundo y luego siguió su marcha hacia el extremo del campus más lejano desde el que aún se pudieran ver las chanchas:
– No te metas en lo que no te importa, homosexual reprimido.
Mizuki enrojeció atacado por la furia, y amagó ponerse de pie, pero se contuvo a último segundo. Dejarle un ojo morado a una chica de segundo no iba a verse bien en su historial. La soportaría un tiempo más, aunque fuese solo en pos de la data.
·
– ¡Yuuta! – gritó corriendo a encontrarse con él apenas la clase terminó. Fuji la miró sorprendido por el nivel de familiaridad, ¡acababa de conocerla!
– N-no… no te había visto… –tartamudeó, colgándose de su brazo con una enorme sonrisa. “Sin embargo…”
– Ne, Yuuta, ¿saldrías conmigo? [“atashi to deeto shinai?][2]
Los grillos del campo hicieron una mini-serenata diurna.
– ¿¡EEEEEEEEH!?
Notas:
[1] Con el “usted” de intenté traducir el lenguaje formal (keigo), mucho más distinguible del informal que la diferencia entre vos (tú) y usted en el castellano/español.
[2] “¿Tendrías una cita conmigo?”