Nee, tengoku no kami-sama. Atashi, doushite minna ni kirawarete inakya naranai no? Ii ko da no ni doushite aisaretecha dame no? Nee, kami-sama mo tasukenai no? Atashi no kotoba dake, kikoenai? Kaasan ga itsumo “Kami-sama ga zettai miteru kara ne!” tte itteru no ni.  Ara, hontou da na. “Kami-sama ga warui ko no negai o kikoneai” tte. Jya, atashi, warui ko? Nee, kami-sama yo![1]

 

· k i k o e t e ·

e s c u c h a m e

 

[ 1 ] S a k u r a

 

¿Realmente había un dios escuchándome? ¿O lo que me decían no era más que una simple mentira para rectificar mi comportamiento? Nee, Dios de los Cielos. ¿Por qué es necesario sufrir? ¿Para ganarse el Cielo o para escapar del Infierno? ¿Por qué es necesario ponernos a prueba, si en tu infinita sabiduría ya sabés quién es bueno y quién no?

 

Es cierto, tengo lo que la gente llama una vida feliz. Si tengo mucho más que otros, ¿por qué me quejo?

¿Por qué debo no quejarme?

 

Llegué a esa escuela una mañana como cualquier otra. Era una escuela católica, como su nombre, Sei Rudolph Gakuin[2], lo indicaba. Era un enorme campus, pero lo que más me llamó la atención fue la Iglesia que se erigía a lo lejos, cerca de donde el terreno dejaba de pertenecer a la escuela. Era alta, imponente, hermosa, santa y helada, helada como la piedra de la que estaba hecha, y parecía mucho más lejos de lo que debería. Recuerdo que lo segundo que hice, justo después de echar una rápida mirada al lugar, fue decidir que la odiaba por ser alta, fría, imponente, santa e Iglesia.

 

Sin embargo, por mucho odio que le tuviese, todas las mañanas debía ir a ella para la misa obligatoria. Muchas veces tuve ganas de ponerme de pie, subirme al altar de un salto y gritarles que todo lo que hacían, todo lo que sacrificaban era en vano. Nunca lo hice, por pudor o tal vez, realmente, por fuerza divina.

 

Por supuesto, había otras cosas aparte de ese edificio tétrico. Aunque, al llegar, creí que iba a encontrarme con un grupo de ¿adolescentes? de cabeza gacha, cabello atado y mochilas rosas; y unos equivalentes ¿adolescentes? de pelo corto, modales encandilantes de tan pulidos y fervientes seguidores de las palabras de sus padres, lo cierto es que distaban mucho de ser santos. Aparentemente el aire rígido del colegio no había hecho demasiada mella en aquellos jóvenes estudiantes, o al menos no lo suficiente como para que me sintiera incómoda. Por el momento no tenía ninguna “mejor amiga”, pero ese no es mi estilo realmente. Las personas terminan hartándose unas de otras si pasan demasiado tiempo juntas, o terminan despreciándose si se cuentan demasiado, así que suelo cuidarme de no mantener relaciones estrechas por demasiado tiempo…

 

Mi primer día de clase fue religioso, tranquilo y normal, o tan normal como puede ser un primer día de clase. Aterricé en 2-3 [segundo año tercera división] [3] cuando el aire aún llevaba las sakura que habían empezado a caer con la ceremonia de fin de año. Tal vez nadie lo haya notado, pero un pétalo entró por la ventana en un susurro de que cayó frente a mí. Lo ojeé rápidamente, temiendo que a alguien le cayera mal que me distrajera, pero lo cierto es que quería levantarlo del suelo. El pétalo había quedado atrapado en esta habitación hasta marchitarse y desaparecer, yo  deseaba levantarlo y volverlo a impulsar hacia la brisa.

 

Pero no lo hice.

 

Simplemente me senté en el lugar asignado. Todos parecieron pisar el pétalo de cerezo… excepto alguien, un hombre de pelo corto y una cicatriz en la frente, que no solo no lo ignoró, si no que se detuvo y lo levantó del suelo.

 

Capítulo 2

 

 

Nee, Dios de los Cielos. ¿Por qué tengo que ser odiada? A pesar de portarme bien, ¿por qué no puedo ser amada? Nee, ¿tampoco vos vas a ayudarme? ¿Soy la única a la que no podés escuchar? Aún a pesar de que mamá siempre dice que de seguro estás mirando. Cierto. “Dios no escucha los pedidos de los chicos malos.” Entonces, ¿soy mala? ¡Nee, Dios!

 

[2] “Insituto educativo San Rudolph”, “Rodolfo”, o “el reno de Santa Claus”, como prefieran llamarlo.

 

[3]“Ni (2) no (-) san (3)”, división tres del curso de segundo año, literalmente “tres del dos”.