-Está bien. Hagamos algo.- dijo la capitana del equipo de tenis del colegio Fudomine, mirando al equipo masculino con expresión aparentemente derrotada.

-¿Qué proponés?- quiso saber el capitán del masculino pacientemente; a la chica le brillaron los ojos de tal forma que hasta Ibu detuvo su constante murmullo sólo para mirarla con aprensión.

-Una competencia. De velocidad.- sonrió Nika, la capitana, maquiavélicamente. Los varones la miraron con incredulidad.

-¿Estás segura de eso?- cuchicheó otra de las chicas, algo nerviosa, porque, al fin de cuentas, los varones tenían al Speed Ace. Nika asintió con la cabeza con superioridad.

-No… no me parece justo. Para ustedes.- dijo Kippei Tachibana.

-Vos preocupate porque Kamio corra bien.- le espetó ella molesta.- El que gana se queda con los martes y viernes para entrenar. Y con las canchas públicas los sábados y domingos.- Aseguró cruzándose de brazos. No era que en verdad le gustaran las canchas públicas, ni que el martes o el viernes le fueran especialmente importantes. Sólo le disgustaba la tranquilidad constante del capitán de masculinos. Tachibana suspiró.

-Está bien. Si te parece…- se dio por vencido, y le estrechó la mano.- ¿Akira?-

-Estoy listo. Cuando la señorita quiera.- dijo Kamio con cierto resentimiento.

-Oh, yo no voy a correr. Va a correr .- sonrió Nika.

-Como prefieras.- sonrió la aludida, acercándose desde los asientos en donde habían dejado las mochilas.- Hola, chicos.-

-Hola .- sonrieron los aludidos.

--chan, ya sabés.- dijo escuetamente Nika. le sonrió con comprensión, la conocía lo suficiente para entender que era cuestión de orgullo. De todas. Si perdían con ellos al mes de haber logrado crear el equipo, iba a ser la humillación del siglo.- Te dejo elegir lo que corran.-

-Eh… ¿Cinco vueltas al edificio?- dudó Tachibana algo inseguro de hacer correr a la chica contra su más veloz jugador, le caía bien. Las chicas asintieron seguras, y los dos grupos se acercaron a la puerta trasera.

-No es nada personal.- aseguró la muchacha, mirando con una sonrisa a Akira. Él la miró con el ceño fruncido, pero lo distendió para dirigirle una sonrisa.

-Tampoco de mi parte. Ya sabés, hay que seguir el ritmo en el que se desencadene la situación.- replicó el chico, preparándose para empezar a correr cuando dieran la señal.

LOST IN TRANSLATION

-Esto…es… surreal…- boqueó Akira Kamio, apoyando las manos en sus rodillas para recupera el aire. A su lado, Echizen estaba en un estado similar. Habían hecho las cinco vueltas acordadas, pero dado que ambos iban exactamente iguales, agregaron más. Terminaron corriendo cincuenta y ocho vueltas, y había ganado por media vuelta.

-¡Yatta!- exclamó Nika, acercándose a ambos.

-… Muy bueno, Kamio-kun.- sonrió , levantándose y dirigiéndole una reverencia, rozándole el hombro al hacerlo.-Arigatou.-

-… Sí…- Kamio la miró extrañado mientras la muchacha de cabello negro se alejaba con sus amigas hacia el edificio. Era una chica demasiado extraña, había corrido casi sin ningún problema a la misma velocidad que él, y ni siquiera parecía verdaderamente cansada… Una palmada en el hombro lo obligó a voltearse para ver a su capitán junto a él.

-No te preocupes. Fue muy reñido.- sonrió mientras lo ayudaba a levantarse. Kamio apenas los escuchó, atento como estaba a intentar recordar a la chica.

-Es Echizen.- exclamó Uchimura Kyosuke. Kamio lo miró entre sorprendido y molesto por la inmediata suposición, y se cruzó de brazos.

-No estaba pensando en ella.- sentenció con petulancia.

-Está bien.- convino Uchimura, sonriendo como si le hablara a un niño (o a un loco, depende de cómo se lo vea). Kamio frunció el ceño, pero decidió ignorarlos y continuar su camino al interior del edificio.

-…porque igual no era como si fuéramos todos los fines de semana a las canchas públicas, o prefiriéramos los martes por alguna razón en particular. Entonces no creo que sea realmente importante que Kamio-kun no haya ganado, o que -san le haya ganado, incluso si ella es la hermana de ese chico, o si…- Ibu continuó murmurando cosas sin aparente sucesión de continuidad (es decir, terminó hablando de Agassi y la reina de Inglaterra -.-) mientras seguía a su compañero de dobles dentro del edificio.

*-*-*

Echizen suspiró una vez que se encontró sola en los vestuarios femeninos. No porque la carrera la hubiera agotado, ni porque las chicas del equipo la hubiera abrumado de felicitaciones, sino por el pequeño, leve, ínfimo roce que con Akira Kamio. Sí, precisamente. Echizen estaba perdida e irremediablemente enamorada de Akira Kamio, aunque él ni la notara, aunque él a duras penas supiera quién era, aunque él sólo se interesara en el tenis y en nada más que el tenis. Y por eso era que no podía dejar de pensar en aquel roce que le ponía la piel de gallina. Terminó de vestirse y secarse el cabello, evitando pensar en Kamio, y luego salió trotando de los vestuarios.

Antes de ir a su casa, decidió pasarse por las canchas públicas de tenis, sólo para ver a los jugadores. Sonrió, a veces no entendía las locas ideas de Nika, pero podía entender por qué quería ocupar las canchas un equipo de Fudomine a la vez.

En una de las canchas se jugaba un partido de dobles, y se acercó interesada; jugaban muy bien y… se sonrojó violentamente al darse cuenta que llevaba observando a Shinji Ibu y Akira Kamio por más tiempo del considerado educado. Se quedó allí hasta que el partido terminó, tras lo cual tenía toda la intención de darse vuelta y marcharse. Tenía, pero alguien gritando su nombre la detuvo.

-¡Hey! ¡Echizen-san!- llamó Mori, y la aludida se detuvo y les sonrió. Antes de acercarse a ellos, intentó disminuir su sonrojo.

-Hola.- respondió finalmente.

-¿Pasás en nombre de la Reina Lagarto?- quiso saber Mori riendo, y estalló en carcajadas.

-¿De Nika? No ¿Por qué? Todavía no se considera fin de semana.- sonrió la chica.

-No, pero es la Reina Lagarto.- sentenció el chico cruzándose de brazos para dar énfasis.

-Mori, no hables así de Nika.- Tachibana, con el bolso al hombro, miró a Mori con el ceño fruncido y luego le dedicó una sonrisa leve a la muchacha.- Estábamos por irnos, -san, pero puedo acompañarte hasta tu casa.-

-Kippei, tu casa queda en el lado opuesto de la mía. No voy a hacerte caminar todo eso por nada, no te preocupes, puedo llegar sana y salva.- respondió negando con la cabeza.

-Yo vivo en el lado opuesto de Tachibana…- soltó Kamio de pronto, ganándose una mirada suspicaz de Uchimura. No estaba seguro de cómo era que había terminado deseando que Kippei desapareciera de allí, pero tampoco estaba dispuesto a inquirir más sobre eso, le bastaba con (intentar) convencerse de que no era cierto y de que Echizen no tenía nada que ver con eso.

-¿Entonces, podrías acompañarla vos? No me sentiría bien si la dejo caminando sola.- sonrió Tachibana. Kamio tuvo el súbito impulso de gritarle algo inadecuado, pero se contuvo porque era su buchou y porque seguramente armaría una escena y cuando le preguntaran por qué lo hacía, no iba a poder responder nada.

-Está arreglado.- exclamó Uchimura sonriendo, y empezó a empujar a los chicos hacia fuera del parque, no fuera a ser que a Kamio le agarrara uno de esos ataques de “estupidez” y terquedad que solía tener y desbaratara todo.- ¡Nos vemos mañana!- Y en menos de dos microsegundos, los demás habían desaparecido del campo visual de unos aturdidos Kamio y .

-Ehm… No tenés que acompañarme; no es necesario. Sé que estás cansado…- dudó , jugueteando con un mechón de su cabello.

-Voy a acompañarte.- sentenció Kamio, “aunque me caiga de cansancio” añadió antes de darse cuenta.- No sería educado no hacerlo.- La chica se sonrojó al oír eso, y luego le sonrió mientras ambos empezaban a caminar.

mantuvo el silencio mientras caminaba a la par del pelirrojo, mirándolo de reojo cada cuatro pasos. Su casa no estaba muy lejos de las canchas, pero las primeas tres cuadras se le hicieron eternas, sintiendo la silente presencia de Akira Kamio a su lado, tan cerca que podría haberle agarrado de la mano si hubiera querido… No, si se hubiera atrevido, eso era. Pero luego, mientras esperaban que el semáforo les diera el paso en la avenida de la tercera cuadra, Kamio habló.

-Ehm…- Y luego se quedó callado. lo miró frustrada, y él sólo se encogió de hombros, compartiendo el sentimiento. Es que había veces que no se entendía en lo absoluto. Tenía al lado a la chica que tanto le intrigaba, y no podía preguntarle nada, como si estuviera… cohibido. Sí, cohibido, y eso era increíblemente extraño porque él NUNCA estaba cohibido, y menos con una chica cualquiera… Porque era una chica cualquiera, normal, común y corriente. Siguió repitiéndose eso por unos metros más para intentar convencerse a sí mismo de que lo que decía era cierto.

-Ehm… ¿Qué música te gusta?- soltó de golpe mientras sostenía su I-pod en la mano dentro del bolsillo de su buzo.

-…¿Linkin Park?- respondió dudosa, sin entender muy bien a qué venía esa pregunta. Kamio, al escuchar eso, sonrió, pero como mantuvo el silencio, ella continuó.- My Chemical Romance, Blink 182, Incubus, Nightwish… ¿Y a vos?-

-Rolling Stones y Sean Paul. También me gusta Linkin Park y Blink 182, por nombrar alguno.- le sonrió él. le devolvió la sonrisa, y consiente de que se estaba sonrojando, fijó su mirada en las paredes de las casas que pasaban. Lo cual fue una suerte, porque sino, hubiera pasado frente a su casa tranquilamente sin darse cuenta.

-Acá es.- anunció, deteniéndose repentinamente y obligando a Kamio a hacer lo mismo. La sorpresa de haber llegado tan pronto se reflejó en los ojos oscuros del chico, y cierta decepción se dibujó en ellos.

-Saa… Nos… vemos el lunes.- Kamio se obligó a esbozar una sonrisa mientras se quitaba la mochila de un hombro para guardar el I-pod dentro.

-Gracias por acompañarme, Kamio. Mm… ¿Querés pasar a…?- El sonido de un celular sonando la interrumpió. El pelirrojo atendió su celular con una mirada de disculpa dirigida a la muchacha.

suspiró imperceptiblemente, ese chico la frustraba. Se apartó un poco para dejarlo a hablar en paz, pero distinguió algo sobre su madre y algo que había pasado. Bien, seguro que ya no entraría. Cuando Kamio terminó la llamada, se acercó a ella apresurado.

-Tengo que irme. Mi madre…

-Está bien, suerte. Nos vemos el lunes.- sonrió ella. Kamio guardó apresuradamente el iPod y salió corriendo.

-¡Ja!- exclamó mientras se alejaba a increíble velocidad.

-… Así que por eso le dicen Speed Ace…- sonrió ella, mirando al suelo aleatoriamente (NA: odio que no haya traducción perfecta para randomly TT) sólo para encontrar un iPod verde flúor en el suelo.-… ¡¡Kamio!!- gritó cuando se percató de lo que era, pero el chico ya debía estar cerca de Hokkaido. levantó el iPod del suelo y entró a su casa preguntándose cómo iba a hacer para devolvérselo antes del lunes, sabiendo de antemano la escena que el “Rhythm Freak” armaría sin su música.

*-*-*

NOOOOOO!

El sábado a la mañana, antes de salir para el entrenamiento, Akira Kamio, vestido ya con su uniforme, estaba revolviendo todo su cuarto en un estado crisis histérica. El living y la cocina ya estaban en el mismo estado que el cuarto, como si un huracán hubiera pasado sobre ellas, pero en ningún lugar estaba lo que Kamio buscaba tan desesperadamente.

-Esto no puede estar pasando.- sentenció el chico vaciando su mochila completa sobre el desorden de sábanas, libros y CDs que solía ser su cama.

-¿Qué no puede estar pasando?- preguntó su hermana mayor, asomando la cabeza por la puerta, algo preocupada de que a su hermanito se le hubieran saltado los tornillos.

-Mi iPod no está.- dijo furibundo.- No está por ningún lado. Desapareció. Se esfumó… ¡Me lo robaron!-

-Lo perdiste en algún lado, Akira. No se puede haber esfumado…- rió la chica.- Vino a buscarte Ibu, dijo que estabas llegando tarde y la casa le quedaba de camino. Te está esperando abajo, no tardes.-

Kamio, apenado, bajó las escaleras y saludó a su compañero de dobles. Largos minutos después, estaban llegando a la carrera a las canchas del colegio, alrededor de media hora más tarde que la acordada.

-…yo le aviso… No, es… Mirá, acaba de llegar. Te paso con él.- Tachibana estaba hablando por su celular, y cuando los vio llegar, cambió el tono y le tendió el teléfono a Kamio, con una sonrisa divertida.- Echizen quiere hablar con vos.-

Kamio lo miró extrañado, sin agarrar el celular que le tendía su buchou.

*-*-*

había hablado con Nika por la mañana, y le había pedido los teléfonos de Kamio y Tachibana. Nika había contestado con cierta aprensión, pero no había podido evitar preguntarle con tono burlón para qué los necesitaba. , sonrojándose violentamente y agradeciendo a los dioses del Olimpo que la capitana no estaba con ella, le contó lo que había pasado el día anterior, dispuesta a soportar los comentarios de su amiga pese a estar casi segura de haberla escuchado suspirar aliviada.

Nika no dijo mucho más, pero le aconsejó llamar directamente a Kamio, diciendo que no tendría mucho sentido llamar a otra persona para avisarle a él que tenía el bendito aparato. Y luego, tras reírse por el aspecto que se imaginaba tendría Kamio sin su música para entrar en el ritmo, se despidió de . Y quedó en medio de un gran dilema: llamaba a Kamio, bajo el riesgo de quedar en silencio como el día anterior, O llamaba a Tachibana, a quien conocía más y se llevaba bien.

Finalmente, se decidió por lo segundo, y sin pensar demasiado marcó el número de celular del chico.

-¿Moshimoshi?

-Hola, soy .- saludó ella.

-¿? ¿Ayer llegaste bien?

-Sí, sí. Gracias. Sobre eso quería hablarte.

-¿Pasó algo?

-No, no. Bueno, sí en realidad. Kamio-san dejó su… iPod acá. Y como sé que lo usa para entrenar, pensé en llamarte a vos para que le avises que lo tengo yo.

-No te preocupes, yo le aviso.

-Gracias. No sabía como hacérselo saber, disculpá las molestias.

-No, no es… Mirá, acaba de llegar, te paso con él.- sintió que el corazón se le salía del pecho cuando escuchó eso. Se quedó estática con el teléfono en la mano y esperó. Un segundo, dos… Hasta que se escuchó algo así como “¡atendé, baka!” y un ruido de interferencia o algo por el estilo.

-Ehm… ¿?- la voz de Kamio se escuchó algo ronca antes de que se aclarase la garganta. Ella sonrió.- ¿Qué pasa?-

-Ayer… te dejaste el iPod acá. Se te cayó cuando te estabas yendo.- dijo ella con voz pausada. Lo que no esperaba era la exclamación  de alivio que soltó el chico; sabía de antemano que él era demasiado dramático, pero nunca creyó que pudiera llegar a tanto por tan poco.

-Sabía que en algún lo tenía que haber dejado. ¡Voy a buscarlo ahora! ¡Ja!- exclamó Kamio desde el otro lado de la línea, tras lo cual cortó la comunicación.

se quedó mirando el celular por unos largos segundos intentando procesar lo que el muchacho acababa de decirle, y cuando finalmente lo hizo, entró en crisis. ¿Cómo, cómo, era posible que en menos de quince minutos Akira Kamio fuera a presentarse a su casa, y ella con joggings y remera del año amarillo? ¿Cómo se atrevía? ¿Acaso el maldito señor Destino se divertía viéndola salir de esas situaciones?

Ni bien terminó de hacer su sarta de preguntas inútiles, saltó sobre su placard y agarró un jean de apariencia desgastada pero que en realidad había sido comprado la semana anterior por cantidades obscenas de dinero para su cumpleaños, y un remera roja que sabía le sentaba bien. En pocas palabras, una apariencia cuidadamente descuidada; era obvio que no se pasearía por su casa con una falda tableada a cuadros y un strapless negro, así que tenía que usar algo que pareciera poder usarse de entrecasa.

Cuando terminó de vestirse en tiempo récord, bajó corriendo a la cocina, bendiciendo a su profesora de Economía Doméstica por haberles dado como proyecto en clase la confección de un lemon pie (el mejor de la clase, si se le permitía alardear), y lo sacó de heladera para colocarlo en alguno de los platos especiales que siempre tenía su madre (NA: esos típicos de confitería para exponer las tortas). Y antes de que pudiera darse una cepillada fugaz del cabello, el timbre sonó. se detuvo allí donde estaba, súbitamente aterrorizada, como si detrás de la puerta estuviera parada una extraña quimera de Reagan, Sadako y Leatherface esperando a desollarla; recién reaccionó la segunda vez que sonó el timbre, esta vez un tanto más prolongado.

-Hola.- exclamó ella, tras apresurarse a abrir la puerta (NA: imagínense que en lugar de Kamio estaba el repartidor de pizzas…). El pelirrojo la miró algo sorprendido de que hubiera abierto la puerta sin preocuparse en saber quién era, y se dio cuenta de que, sin quererlo, expresaba ese pensamiento en voz alta.

-Es peligroso que abras así.- sentenció Akira con el ceño fruncido, y se sonrojó, sin saber qué responder a eso.

-Ehm… ¿Querés pasar? Tuviste que hacer toda esta carrera por mi culpa…- sonrió tímidamente.

-No fue tu culpa, yo me dejé el iPod.- aseguró él mientras la seguía. La chica lo llevó hasta la salita y se ofreció a traer algo para comer para disculparse. Kamio no tenía idea de porqué sentía tal necesidad de disculparse, pero al ver que no podría convencerla de lo contrario, aceptó. Aprovechó la ausencia de la chica para admirar el cuarto en el que estaba, un living sencillo y a la vez muy acogedor, podía imaginársela a la chica allí sin problemas, era un lugar que parecía inherente a ella. Podía verla sentada en el sillón, leyendo un libro, o hablando con sus amigas, o incluso a Tachibana y a Ann sentados allí con ella… Nuevamente ese impulso sicótico de hacer desaparecer a Kippei Tachibana de la faz de la Tierra, sintiéndose perplejo por la intensidad de ese sentimiento. No entendía por qué, ni quería hacerlo, la idea de pensar, sólo pensar, a sonriéndole cómplice a su buchou le hacía hervir la sangre de… ¿odio? ¿deseos de venganza? ¿hambre?

-Ejem…¿Azúcar o edulcorante?- preguntó la chica interrumpiendo los pensamientos de Kamio tras aclararse la garganta con toda la intención de que él la notara de una bendita vez. Estaba ahí sentada desde hacía unos segundo y el chico estaba inmerso en sus pensamientos; pensamientos extraños, si de ella dependía la evaluación, dado la expresiones faciales que ponía. Tanto así que hasta tuvo que contener las risas varias veces al verlo cambiar de expresión con la misma velocidad con la que corría.

-¡Azúcar!- exclamó él sobresaltado. La chica sonrió tranquilizadoramente mientras se disponía a servirle un taza a Kamio, pero el sonido de su celular llamando la interrumpió.

-Disculpame.- dijo ella antes de contestar, sin mirar el ID. Kamio la observó hacerlo, pensando en lo ingenua que podía llegar a ser, abría la puerta sin preguntar quién era, atendía su celular sin fijarse quién llamaba…- ¡Kippei! ¿Cómo estás?-

Kamio se congeló al instante de escuchar ese nombre. Maldito Tachibana, cómo le gustaría que estuviera seis metros bajo tierra (NA: ojo, no necesariamente enterrado, eh), o en el fondo del Mar Negro. Dónde daba igual, mientras fuera cualquier lugar bajo el nivel del mar.

-Maa…Sí, está acá. Siento haber retenido a tu jugador, Kippei.- sonrió ella, tan dulcemente que Kamio deseó sacudirla hasta borrar esa sonrisa tonta a menos que estuviera dirigida expresamente a él, sin importarle que para ella fuera sólo “el jugador de Tachibana”, como acababa de llamarlo.

Maldito Tachibana.

-… ¿Kamio?- repitió ella, mirándolo a los ojos hasta que reaccionara a su llamado.- Kippei quiere hablar con vos.- le sonrió y le pasó el celular.

Maldito Tachibana y la familiaridad con la que ella lo nombraba.

-Humph…¿Qué?- espetó el pelirrojo, sin ningún ánimo de mantener una conversación con ese tipo. Si hubiera sabido la sonrisa de suficiencia y diversión que había puesto del otro lado el aludido, menos todavía.

-Kamio. ¿Encontraste el dichoso iPod?- Kamio podía asegurar que, allá en la cancha, Tachibana estaba sonriendo, y más bronca sitió.

Maldito Tachibana, maldita familiaridad y maldita sonrisita estúpida.

-Mh, seh.- masculló Kamio.

-Saa, cuando vengas para acá, traé a -chan con vos. Necesito decirle algo. Pero no tenés porqué apurarte.- sonrió Kippei, sabiendo de antemano la reacción que tendría el pelirrojo y dándole tiempo para que reaccionara.

Kamio, enfurruñado como estaba, tardó unos instantes en procesar que el maldito Tachibana le estaba pidiendo, no, exigiendo, que llevase a la chica porque “quería decirle algo”. Algo que seguramente no podía decirle algo por teléfono, algo que, de seguro, Kamio no quería que le dijera. ¡¿Qué le importaba no saber QUÉ era lo que le quería decir?! ¡Sencillamente, no quería que se lo dijese!

-¡No voy a llevarla!- exclamó antes de darse cuenta de que lo había gritado en lugar de sólo pensarlo. , que llevaba tiempo escuchando la conversación (mejor dicho, el intercambio de monosílabos) interesada, lo miró sorprendida, al tiempo que él se sumía en un repentino silencio al caer en la cuenta de que le había gritado a su buchou.

-¿No? ¿Alguna razón en particular?- quiso saber Kippei, como si fuera lo más normal del mundo. El repentino mutismo del aludido respondió por sí solo, y Tachibana continuó.- Traela. Tiene que ver el saque de Mori. Y decile que traiga un poco de ese exquisito lemon pie que hizo ayer.- Y luego cortó, seguro de que había conseguido su propósito.

esperó en silencio para saber qué era lo que había sucedido, pero el pelirrojo estaba enfurruñado, absorto en sus pensamientos de tortura medieval infligida a Tachibana Kippei, y se levantó del sillón con el ceño fruncido antes de finalmente mirar a .

-Tachibana quiere que vayas a ver el entrenamiento.- masculló.- Y que lleves algo del “exquisito lemon pie”- agregó, en tono burlón.

*-*-*

Mori y Uchimura, los últimos que habían quedado en las canchas esperando a Kamio y a , al igual que Tachibana, se habían apartado previsoramente mientras hacían elongamiento, con el único fin de poder observar la telenovela que sucedería en escasos segundos. Había veces en las que podían asegurar que Tachibana era un genio diabólico, pero nunca lo dirían en voz alta.

Como el buchou de Fudomine había asegurado, Kamio y llegaron unos veinte minutos después de la llamada, el primero con el ceño fruncido, y la segunda algo confundida. Seguramente, semejante tardanza se debía principalmente a la chica y al bendito lemon pie, razonó Uchimura mientras continuaba con su elongamiento fingiendo mirar hacia otro lado.

-, hola.- sonrió Tachibana, acercándose a la chica con naturalidad, mientras mantenía a Kamio vigilado por el rabillo del ojo; en determinados momentos, Kippei estaba seguro de que su querida hermana Ann era una mala influencia.

-… Hola…- le devolvió la sonrisa dudosa, y luego extendió delante de sí el tupper(ware) en el que había llevado la torta.- Toma, traje casi toda. Mamá dijo que era una tentación para romper su dieta (-.-) –

-Gracias, … Quería discutir algo con vos.- continuó Kippei, ubicándose al lado de ella demasiado cerca para el gusto (y la paciencia) de Kamio.

-Claro, no hay problema.- sonrió radiante, completamente ajena a las miradas homicidas de Kamio.

-Es sobre el saque de Mori, quiero saber tu opinión. Ya sabés que la valoro mucho.- insistió Kippei, esta vez mirando al pelirrojo directamente. ¿Cuánto le iba a costar hacerlo explotar? Hubiera jurado que era algo muchísimo más sencillo.

Ante un llamado del buchou, Mori dejó su façade y se acercó al trío sumamente interesado en el desenvolvimiento del drama digno de una soap opera. Uchimura, por su parte, decidió que no tenía sentido continuar con eso cuando podía disfrutar de una mejor vista, por lo que se acercó junto con Mori.

Durante los siguientes minutos, la paciencia y el autocontrol de Akira Kamio fueron puestos a prueba intermitentemente, no sólo por el genio diabólico del capitán, sino también por Pena y Pánico que habían terminado por captar el modus operandi de Kippei y estaban más que dispuestos a ayudarlo. , completamente inconciente, continuó comportándose como siempre, sólo para acentuar la desazón que sentía Kamio.

Hasta que finalmente, el pelirrojo estalló.

Sí, estalló. Había estaba aguantándose porque, principalmente, Tachibana Kippei era el capitán y porque, la última vez que se había fijado, no tenía ningún tipo de derecho sobre Echizen . Pero la decimonovena vez que tuvo que ver como Tachibana pasaba su brazo por los hombros de la chica y le comentaba algo sólo a ella, al oído, con el sólo fin de provocarle, fue la última que pudo soportar.

-¡Basta!- soltó, para el asombro de únicamente, porque los otros tres habían observado el enfado crecer gradualmente en los ojos del chico. Kamio la agarró a ella de la muñeca y la ubicó detrás de él, protectivamente.- ¡Déjenla en paz!- chilló.

-¿Kamio…?- comenzó , pero fue olímpicamente ignorada. Tachibana había replicado algo con aire angelical y Kamio se había enfadado aún más.

-¡Sí, que la dejes en paz! ¡¿No sabés qué…?!- El pelirrojo se silenció abruptamente.¿No sabía que qué, eh? ¿Qué?

Tachibana, tan buen buchou como era, sonrió mientras resolvía su duda.

-Deberías admitirlo de una buena vez y dejar de importunar a todos.- sentenció.

Bueno, no la resolvió del todo.

y Kamio lo miraron sin entender, aunque la razón del “desentendimiento” era diferente en ambos casos. Pena y Pánico (a.k.a. Mori y Uchimura) lamentaron en el fondo de sus corazones no tener un tupper lleno de pochoclos para la ocasión.

-Está claro que te gusta.- explicó Kippei como si le hablara a un niño.

-¡Claro que sí!- chilló Kamio antes de darse cuenta de lo que había hecho. Kippei sonrió victorioso, parecía aún más confundida aún, Mori intentaba encontrar la mejor manera de contarle la nueva a la Reina Lagarto, y Uchimura, el único al que le quedaba un poco de sentido común, se las ingenió para arrastrar consigo a Mori y a Tachibana.

-Necesitan tiempo a solas.- dijo cuando ya no tenían posibilidades de volver a importunar. Mori y Kippei asintieron, comprendiendo a lo que se refería su amigo.

-Al menos, todo salió como debía.- sonrió Kippei, con cierto grado de sadismo que provocó estremecimientos involuntarios en Mori.

-No quiero imaginarme lo que hubiera pasado de no terminar así.- La expresión en los ojos de Tachibana y la media sonrisa que le dedicó le dieron la razón, y se apresuró a hacer una nota mental de nunca, NUNCA, tropezar con su buchou cuando estuviera de mal humor.

Tachibana, satisfecho con el éxito de su empresa, decidió abandonar el lugar, seguido por Pena y Pánico. Sin embargo, cuando estaban a cierta distancia, y dado que la curiosidad era insoportable, Mori corrió sigilosamente hasta donde tendría una buena panorámica de la cancha que acababa de dejar. Allí, Akira y , sostenidos por los brazos del otro, se fundían en un beso.

~ Izzy