-, eso es simplemente estúpido.- se burló.- ¿Almas gemelas? ¿Destino? Esas cosas no existen, -chan. No hay tal cosa como “el príncipe de tu sueños”. Es sencillamente absurdo.-
-Decí lo que quieras, Natsumi, pero, algún día, mi príncipe va a llegar.- le respondí, segura de mi misma, a mi hermana mayor.
Habían pasado años, alrededor de unos nueve, pero esa convicción de mis tiernos y adorables ocho años seguía siendo igual. Algún día el príncipe de mis sueños iba a llegar, en algún momento quizás cuando menos me lo esperara, pero que iba a llegar, iba a llegar, y mi corazón se saltaría un latido, el mundo giraría, no existiríamos nadie más que nosotros dos y susurraría que me ama y me robaría un beso o dos, y todo sería perfecto. O más le valía, porque si llegaba a enterarme que el muy desgraciado estaba comiendo tortas fritas mientras yo lo esperaba a dos velas, iba a arrepentirse cada momento de su vida. Y le quedaba poco tiempo, porque ya estaba comenzando a hartarme y a creer que la poco romántica de Natsumi tenía razón.
Pero a todo esto, ¡no me presenté! Que cabeza la mía. Soy , tengo 17 años y estoy en mi último año de secundaria alta. Y, es necesario que lo admita, soy una romántica indiscutida, como ya se habrán dado cuenta. Además, tengo una hermana que es todo lo contrario y una amiga dispuesta a ahogarme con una almohada la próxima vez que me quede a dormir en su casa si vuelvo a mencionar lo del príncipe.
Aunque después de algunas relaciones fallidas y un par de citas inútiles, hasta yo estaba comenzando a hartarme…
THE PRINCE OF MY DREAMS
O al menos eso era hasta que lo encontré. Sí, sí, lo encontré. Sentado tranquilamente bajo un árbol en el patio de la escuela a la que acababan de transferirme. Y lo supe al instante de verlo, porque mi corazón se salteó un latido, el mundo giró y por un momento no hubo nadie más que nosotros dos… Bueno, más bien él y yo, y no tan perfecto porque se olvidó del “te amo” y de los besos… Pero era él, seguro que era él.
Una semana después, lo conocí personalmente. Yanagi Renji, un chico que se sentaba conmigo en clases de química, física y biología, y que era titular del equipo de tenis, decidió invitarme a comer con ellos porque, y cito, “es más que obvio que Niou Masaharu te atrae. Por lo tanto, he decidido interferir en esto y presentártelo”. Ni bien lo escuché, lo primero que pasó por mi cabeza era que Yanagi era un alien venido de Plutón que leí mentes para estudiar lo mejor de la raza humana, y que me había elegido a mí como espécimen de laboratorio (¡si hasta era bueno en biología! ¡Había hecho una perfecta disección de una pobre rana!), porque no se me ocurría ninguna otra razón para que supiera que Niou Masaharu (¡finalmente sabía su nombre!) me atraía.
El tiempo que tardé en racionalizar la teoría del alien, tratar de tranquilizar el repentino terror que se había apoderado de mí y darme cuenta de que era imposible que esa teoría fuera cierta, Yanagi ya me había arrastrado hasta el patio trasero del colegio y me había dejado frente a los titulares, que estaban comiendo ya sentados en el pasto. Estoy conciente de que debo haber parecido una tonta, parada ahí y delirando con aliens telépatas.
-Entonces ella es -chan?- le había preguntado a Yanagi un chico pelirrojo, que devoraba una torta tras otra a velocidad increíble... Que sospechoso…
-Yo soy Niou.- La voz de mi príncipe me trajo de vuelta al mundo real, y yo lo miré sonriente. Sólo que el chico al que miraba no era Niou, estaba segura. Tenía la misma apariencia, pero no era Niou, no era mi príncipe. Fruncí el ceño y paseé mi mirada por los ocho chicos hasta detenerla en uno de ellos, de cabello azulado y anteojos.
-No.- negué.- Él es Niou-san.- señalé al chico de anteojos, convencida. Obvio que era él. Si habría hecho cirugía, teñido el pelo, transplantado la cara como en la película Scarface (¡¿Cómo que no la vieron?! ¡Vayan a verla, ahora!........................ ¿Listo? Ok, sigo), o algo por el estilo, pero el de anteojos era el que me hacía saltear un latido, el que hacía el mundo girar, el que…. Ya se saben el resto.
Lo importante es que, en seguida después de hablar, todos me miraron como si fuera un mono vestido con uniforme de Rikkai Dai y el chico de anteojos que era mi príncipe estalló en carcajadas.
-Hiroshi, estás perdiendo el don.- exclamó entre carcajadas, hasta que se atragantó con una y comenzó a toser, lo que provocó que lo demás se rieran como si fuera una película de Lucille Bell. El chico de anteojos, ahora más tranquilo, pero todavía sonriendo, se quitó los anteojos, se acomodó el cabello con una sacudida de su cabeza y enterrando la mano en él, y frente a mí estaba… tarán… ¡Niou Masaharu!
… Eran aliens, estaba decidido. ¿Cómo podrían cambiar de aspecto así sino lo fueran, eh? ¿Cómo podrían comer a tal velocidad? ¿Cómo podrían leer mente? ¿Cómo…. podrían parecer tan serios? Es que eran aliens, duh. Y unos aliens muy bonitos, aunque yo personalmente prefería a los “Predecotes”, que al final ayudan a la chica y no como los otros que la quieren comer…
En fin, a lo que iba. Esa era la primera vez que Niou se fijaba en mí, pero realmente fijarse. Había sido la primera en reconocerlo cuando él y Yagyuu Hiroshi intercambiaban lugares, y, según él, eso era algo que ameritaba un Oscar de la Academia y por lo que iba a almorzar todos los días. En su momento no me importó, porque era mi príncipe, pero luego me di cuenta que no era una invitación, ni siquiera una pregunta, era una orden, casi una exigencia.
A partir de ese día, almorcé con ellos todos los días, y llegué a conocerlos tan bien como ellos mismo. Cada uno tenía sus propias manías, pero me las ingeniaba para contrarrestarlas y volverlas a mi favor. Y llegué a conocerlos tanto, que Yukimura Seiichi, el capitán, me preguntó si quería ser la manager del equipo, y acepté al instante.
Y cada momento que pasaba, me sentía más enamorada de Niou. Sí, era engañoso. Sí, era un embustero. Sí, podía hacer lo que considerara necesario para conseguir lo que quisiera. Pero no podía evitar adorarlo.
La relación que tenía con “mi príncipe” era extraña. Hablábamos bastante, pero no éramos muy unidos. No era lo que se suponía tenía que ser. Era algo que no me gustaba, algo que me inquietaba más de lo que debería.
“Eso es porque vos lo mantenés así. Tenés que jugar su juego” me aconsejó Yukimura una tarde después del entrenamiento. ¿Jugar su juego? No era lo más sencillo para hacer. “¡Tenés que jugar con su mente!” había agregado Marui Bunta, emocionado con la idea de que alguien venciera a Niou en su propio juego. “Se merece una cucharada de su propia medicina” había asegurado Kirihara Akaya, con una sonrisa maliciosa, seguramente pensando lo mismo que Bunta-chan. “Hay un 98% de posibilidades de que él esté intrigado por vos, y un 94% de que le gustes” había asegurado Yanagi, anotando cosas en su “útil e inseparable… ¡libreta!”.
En ese momento, me hubiera gustado librarme de todos ellos. Decían cosas como si fuera lo más sencillo del mundo, y me hacían sentir una tonta. Quizás buscara una forma de vengarme de eso, algo como… traerles a esa chillona de dos colitas de Seigaku o encerrarlos a ver un maratón de Barney y los Teletubies por un fin de semana entero…. Pero en lugar de eso, siendo la magnánima persona que soy, decidí hacerles caso, y buscar la forma de jugar con la mente del con-artist (NA: algo así como embustero o embaucador, pero no exactamente, y en inglés suena mejor ^^).
No fue fácil, nada fácil. Pero al final hallé la forma sutil de hacerlo, sin que sospechara de mí, gracias al “siempre útil y que convenía tener de buen humor” Yanagi Renji. Niou Masaharu había aceptado que había alguien que podía llegar a superarlo en eso de los trucos.
***
Recuerdo perfectamente el momento del primer beso. Hacía como una semana que no hablábamos, por un motivo o por el otro. Era un lunes después de clases, cuando el entrenamiento ya había terminado; yo había quedado en encontrarme con Yanagi para confirmar la fecha del “campamento de entrenamiento”, como lo había bautizado Bunta-chan, de la semana siguiente, pero yo había llegado algo tarde por un castigo. Llegué corriendo a los vestuarios masculinos, y entré sin golpear, deseando que Yanagi se hubiera retrasado con algo, lo que fuera. Esperando encontrármelo ahí, pero en su lugar, lo encontré a él. Estaba cerca de los lockers, con una toalla amarrada a la cadera mientras se secaba el cabello plateado; al escuchar que alguien entraba, se volteó a mirarme.
-¿Puedo ayudarte?- había preguntado, su voz profunda resonando en el vestuario vacío, mientras yo sentía mi rostro volverse mil colores diferentes. Ahí estaba él, sólo con una toalla, con el cabello mojado y gotitas de agua deslizándose por su piel que… Sacudí la cabeza ante esos pensamientos, y me obligué a cerrar la boca, porque sino corría el riesgo de babear todo el suelo.
-Yo… Ehm… Buscaba a Yanagi-kun.- balbuceé estúpidamente al darme cuenta de que se había acercado lo suficiente para tomar un mechón de mi cabello entre sus dedos, sonriendo como si estuviera viendo lo más divertido del universo… Maldito fuera…
-¿Buscabas a Yanagi? ¿No creés que te divertirías más conmigo?- Había sonreído aún más. Repito, maldito fuera. Tuve ganas de asesinarlo, o de empujarlo para que se le cayera la toalla, no podía decidirme en que sería lo… ¡¡¿SEGUÍA SÓLO CON LA TOALLA?!!
-¿Niou, te molestaría ponerte algo?- le espeté molesta, y él rió abiertamente.
-Señorita, yo puedo andar desnudo si quiero.- Ante el solo pensamiento de eso, me sonrojé aún más que antes, si era posible; el calor del vestuario se hizo repentinamente insoportable.- Es un vestuario de hombres, al fin y al cabo.-
Sea lo que fuera lo que pasase por su cabeza, accedió a mi pedido y se las arregló para ponerse un jean y una camisa sin mover ni un poco la toalla, sin abotonar su camisa. Luego volvió a acercarse a mí y me sonrió.
-¿Mejor?- inquirió sardónico. ¿Estaba mejor? Seguro que esperaba que le dijera que no, que lo prefería desnudo caminando en frente mío, pero no le iba a dar el gusto de admitirlo. No, nunca.- ¿Para qué buscabas a Yanagi, -chan?-
-Para… confirmar una fecha…- me había ingeniado para responder algo coherente mientras me deleitaba con la vista de su torso parcialmente desnudo mientras él se sentaba en el banco.- Creo que… mejor me voy.-
Yo estaba dispuesta a verdaderamente irme y perderme esa increíble vista, pero Niou se había interpuesto veloz en mi camino y me había agarrado de la cintura, sentándome sobre su regazo.
-¡¡Niou!!- me quejé, moviéndome para que me soltara.
-Vamos, -chan, no seas fría. Seguro que esto es mejor que hablar con Yanagi, ne?- Niou no había borrado su sonrisa afectada mientras deslizaba sus manos por debajo de la camisa de mi uniforme. Yo había intentado negarme, pero era Niou Masaharu, y yo no podía evitar adorarlo hiciera lo que hiciera, además del hecho de que era irresistible.- ¿Vas a dejarme solo en el estado en el que estoy?-
-¿Semidesnudo? Sí, Niou-kun.- Había pasado por alto el cambio de mi apellido por el uso de mi nombre pensando en la verdadera respuesta a su pregunta. Pero él río nuevamente antes de corregirme:
-No me refiero a eso, -chan. Estoy en una crisis emocional.- aseguró él. Yo estaba segura de que no hablaba en serio, y el brillo travieso en sus ojos me daba la razón a mí, pero como con él nunca se estaba seguro de nada, decidí escucharlo como si fuera algo serio.- Alguien está copiándome, -chan, seguro lo sabés. Necesito algo que me consuele…- Para agregar énfasis, había usado su cara de cachorrito, la más adorable que podía utilizar, esa que hacía que me saltara unos 5 latidos.
- ¿Ah, sí? ¿Algo como qué, Niou?- había preguntando, inclinándome hacia él atraída por el poder magnético de sus impresionantes ojos verdes.
-Algo como… esto…
Y me había besado como nadie antes. Un beso que había comenzado lento y suave, pero que al abrir mi boca para dejarle profundizarlo, se había tornado apasionado y hambriento. Y casi tan rápido como había empezado, el beso terminó, pese a que a mí me parecieron siglos. Me separó de él para mirarme a los ojos, todavía agarrándome de la cintura, y sonrió afectadamente.
-¿Acaso hay algo en lo que no seas mejor que yo, enana?- había preguntado, dejando su mano sobre mi cabeza en actitud paternal. Recuerdo lo indignada que me sentí ante eso, y que me había levantado de un salto, y que Niou no hacía más que sonreír. Me marché al ver que no iba a tener una actitud madura de él, pensando todavía en el sabor de sus labios, como lo haría toda la semana siguiente hasta volver a besarlo.
***
Tras el primer beso, fue cuando verdaderamente me di cuenta de lo que podía llegar a ser Niou Masaharu cuando se enojaba. Actuó como si nada hubiera pasado. Y cuando digo nada me refiero a NADA en absoluto, ni siquiera el momento en que nos conocimos; sencillamente pasó a ignorarme. Le hablaba y no me contestaba, apenas si me miraba y por breves instantes.
Al cuarto día, ya le había contado todo a Natsumi, tratando de contener las lágrimas inútilmente, y ella me había contestado lo mismo que cuando era niña y había creído que Jack, de “The Nightmare befote Christmas” era mi príncipe: “, eso es simplemente estúpido. ¿Almas gemelas? ¿Destino? Esas cosas no existen, -chan. No hay tal cosa como “el príncipe de tu sueños”. Es sencillamente absurdo.” Vaya consuelo había sido; sólo había servido para hacerme sentir peor todavía, sin saber qué hacer para que dejara de ignorarme.
Al quinto día acudí a mi última medida, la que demostraba toda la desesperación que sentía: acudí al alien Yanagi Renji y le conté todo a él como le había contado a mi hermana, incluido lo del príncipe y lo del beso. “Con Niou-kun nunca se sabe, -kun. No te sulfures, hay un 98% de que las cosas se solucionen mañana y un 69% de que lo hagan el lunes”. A la noche del día siguiente, no pude dormir porque estaba más que segura de que Yanagi era un alien telépata.
***
El sábado por la tarde me llevé la sorpresa de mi vida. Estaba por salir a comprar unas cosas, y cuando abrí la puerta me encontré con Niou allí, a punto de tocar el timbre de mi casa. Mi primera reacción fue cerrarle la puerta en la casa, era imposible que Niou, Niou Masaharu, por Merlín, estuviera parado en la puerta de mi casa y menos con lo que parecían… ¿rosas? Volví a abrir la puerta y la cerré al instante. Sí, eran rosas.
--chan, necesito hablar con vos…- dijo suavemente desde el otro lado. Yo me recosté en la puerta, sin encontrar las fuerzas para abrirla y encararlo.- Sé que seguro me estás odiando por lo de esta semana, pero quiero que sepas que no es porque te odio.- agregó atropelladamente, como si quisiera terminarlo lo antes posible.
-Yo no te odio!- exclamé incorporándome y abriendo la puerta.
-¿De… De verdad?- Niou dudó al hablar, y yo le sonreí.
-De verdad. Pero no sé porqué estás enojado conmigo, Niou-kun. Y no me gusta que lo estés. ¡¿Qué puedo hacer para que me perdones?!- imploré repentinamente.
-… , no estoy enojado. Era… una broma. Vos estuviste jugando conmigo con esos trucos mentales, y yo quería demostrarte que…- Su voz iba bajando de tono con cada palabra que articulaba, hasta que al final sonrió inocentemente.- ¿Exageré?-
¿Acababa de decirme que todo era porque le había herido el orgullo? ¡¿Qué todo eso, que lo mal que me había sentido en esos cinco días, eran sólo por su orgullo?!
-Niou Masaharu, sos un baka.- suspiré, corriéndome de la puerta para dejarlo pasar.
-Lo sé, pero no soy el único. Yanagi me dijo que me odiabas porque creías que te odiaba y yo no podía soportar eso. Así que decidí venir.- soltó, sonriendo traviesamente, recorriendo con sus ojos toda la sala de estar.- ¿Estamos solos?- quiso saber.
-Hentai… Sí, estamos solos.- dije yo, sin poder evitar el devolverle la sonrisa. Él me tendió las flores, algo desconcertado.
-Yukimura-buchou las sugirió. Yo hubiera elegido otra cosa más…”personal”. Pero no quise arriesgarme. No con esto, .
Dejé las flores sobre la mesa y le pasé los brazos por el cuello. Ya, ¿que más daba si me había ignorado? Le importaba, y era obvio que me quería, así que estaba dispuesta a arriesgarme y tomar la iniciativa.
Agradecí a Merlín porque no me hubiera rechazado, y en lugar de eso, me hubiera devuelto el beso, pasando sus brazos por mi cintura, deslizándose por mi espalda… Ahí fue cuando comprendí.
Niou Masaharu no era el príncipe perfecto, ni un perfecto caballero. Era, sencillamente, el príncipe de mis sueños.
~Izzy