Me detuve frente a la puerta de madera, súbitamente aterrada; me sentía fuera de lugar. Como si fuera una extraña; no era agradable. No tenía mucho que ver con el edificio en sí, sino más bien con el hecho de trabajar.

Yo nunca trabajé, ni siquiera me hice la cama más de dos veces desde que nací, y ambas veces fueron en excursiones del colegio. Así que esto era la primera vez que salía de mi burbujita. Menudo fastidio.

Era un edificio de apariencia victoriana ubicado en la parte antigua de la ciudad, sobre la calle en la que los alquileres volaban, con gigantescas puertas de madera maciza y vitrales multicolores.

“Hushabye Village”, como le decía cuando era niña. La zona más rica y exclusiva de todo Tokio. El lugar donde iba a presentarme para una entrevista de trabajo. Y no sólo eso. El lugar donde mis padres vivían y el lugar donde pasé mi infancia y parte de mi adolescencia.

Hushabye Mountain

Inspiré una vez más para darme ánimos, y me deslicé lentamente dentro del hall de entrada del edificio, acercándome a la recepcionista que me había dejado entrar. Sinceramente, no entendía de dónde salía este repentino terror al inocente edificio.

Era como si sintiera que algo estaba por ocurrir, pero me negaba a creer eso porque, en primer lugar, me hacían acordar a la canción de Tony, ‘Something´s coming’, e inevitablemente, esa canción me hacía acordar al final de West Side Store. Y eso no es ningún incentivo para seguir.

Pero no era exactamente miedo, no. Era más bien… no sé exactamente qué.

-Bien, no queda otra.- suspiré en voz baja, pero la recepcionista me escuchó de todos modos, y me sonrió con confianza.

-¿Primer día, verdad?- preguntó con amabilidad. Yo asentí, sacudiendo la cabeza mentalmente para dejar de cantar.

Who knows?
It's only just out of reach,
Down the block, on a beach,
Under a tree.

………….No. No había caso.

-No te preocupes.- continuó. Era una chica joven que no tendría más de cuatro años más que yo.-No es tan malo, y va a pasar rápido.- sonrió.

Today
The minutes seem like hours,
The hours go so slowly,
And still the sky is light . . .

-Gracias.- contesté finalmente, cuando estuve segura de que no iba a ponerme a cantar ‘I feel pretty’ ahí mismo.

-Es el cuarto piso.- sonrió.

-Gracias.- repetí, más segura. Esta chica me caía bien, era simpática.

-Suerte!- exclamó desde su lugar cuando yo subí al ascensor.

Bien, ahora, a tranquilizarse. No puede ser peor  que cuando perdí el partido de football frente a la novia de mi ex novio. Nada puede ser peor que eso.

Inspiré y exhalé, y cuando el ascensor se detuvo, ya estaba perfecta, lista para demostrar a quién quisiera ver que no era ninguna niña consentida.

Bajé lentamente, con gracia. Eso es algo innato en mí, hice ballet desde que nací. Golpeé la puerta con firmeza, y esperé.

Esperé.

Esperé

Y… esperé.

Esperé hasta que, harta, decidí irme. Pero cuando me volteé, escuché dentro un ruido de cosas cayendo (presumiblemente de cristal caro, sé la diferencia que hace al romperse, créanme), y a los pocos segundos, una niña salió corriendo del departamento/oficina riendo a más no poder.

Ok…

Esto se suponía que era un estudio serio, tan serio que necesitaba una secretaria para hacer todo el horrible papeleo y atender a todos los horribles clientes. No una guardería de demonios de cabello rubio rizado, brillantes ojos verdes y traviesos a rabiar. De la sorpresa, no pude moverme, y ni me percaté del hombre que salió corriendo detrás de la niña.

Teniendo en cuenta como sucedieron las cosas, él tampoco, porque terminó chocando conmigo. Gracias a sus rápidos reflejos, no terminamos los dos en el suelo, porque me sostuvo del brazo derecho, apretada contra su pecho, mientras él se tambaleaba un instante contra la pared.

En ese momento la niña se detuvo y se acercó a nosotros con el ceño fruncido. Me miró analíticamente un largo rato, y luego sonrió de oreja a oreja.

-¡Encontré a mi nueva mamá!- anunció.

I want a mom that will last forever
I want a mom to make it all better
I want a mom that will last forever
I want a mom that will love me whatever, forever

…………….

Lo único que se me ocurrió cuando la niña dijo eso como si nada, fue esa canción. Después… vacío total.

El hombre me soltó delicadamente, enfocando mi atención nuevamente en él, de modo que pude ver su sonrojo.

Kawaii!

-Kimi, basta. Entrá.- ordenó el hombre, dirigiéndome una mirada de disculpa mientras la niña se deslizaba bajo su brazo riendo.

Era alto, muy alto, de cabello castaño y ojos chocolate. Tenía una sonrisa encantadora, y un six pack de infarto, además de brazos fuertes.

But a deltoid and a bicep, a hot groin and a tricep
Makes me shake, makes me wanna take Charles Atlas by the... hand.

In just seven days I can make you a man

-Disculpe a mi hija, por favor.- sonrió, dirigiéndome una leve reverencia. Luego, volteó para irse, antes de acordarse de algo que lo hizo detenerse.-¿Usted había golpeado la puerta?-

-Sí. Vine por la entrevista de trabajo. Soy .- sonreí. Era el primer nombre que se me había ocurrido cuando llenaba mi CV, . No podía presentarme con mi verdadero nombre y apellido, y no sólo porque mis padres no podían enterarse que iba a trabajar de secretaria, sino porque mi familia era una de las más ricas y conocidas de todo Japón. De hecho, toda mi familia conformaba el Jet Set, con mayúscula porque eran los más ricos de los ricos.

Asqueroso, lo sé.

Volviendo al tema… Cuando era pequeña y soñaba con ser princesa, había decidido que mi nombre iba a ser . No sé dónde había sacado que para ser princesa había que cambiarse el nombre, pero así era.

La sonrisa se le desdibujó al instante y me miró apenado.

-Lo siento mucho, pero… el puesto ya fue tomado.- suspiró. Yo me encogí de hombros.

Eso me da la excusa perfecta, Kei no va a poder decir nada contra esto.

Inmediatamente después de pensar eso, me sentí culpable. No por mucho tiempo, sin embargo, porque Kimi volvió a aparecer con un Tigger de peluche aferrado a su bracito. Se paró al lado mío y me aferró la mano. Yo le sonreí.

-¿Y?- preguntó la rubiecita. Ni su padre ni yo entendimos a qué se refería con ese ‘y?’, así que la niña, con expresión exasperada, explicó.- ¿Ya le pediste que sea la nueva mamá de Kimi?-

-Kimi, no…- Él parecía sin palabras, y no pude evitar reírme.

-Saa, Kimi-chan, soy muy joven para ser mamá.- sonreí, agachándome a la altura de la pequeña. Kimi me miró compungida, y me apretó más la mano. Era tan adorable que podría haberla agarrado y besado en sus mejillas infladas.

-Pero Kimi necesita una mamá…- insistió.

-Pero Kimi tiene un papá genial. Y un Tigger hermoso.- le aseguré, acomodándole un mechón que se le había soltado de su colita.

Mientras se sucedía ese intercambio, el castaño nos observó en silencio, con una sonrisa en sus labios al mirar a su hija con ternura.

-¿Qué te parece si hacemos esto, Kimi?- inquirió, y la niña lo miró fijamente, expectante.- Me dejás hablar con la señorita, y vemos qué podemos arreglar.-

Kimi parecía reacia a dejarme a solas con su padre, pero finalmente asintió y se alejó hacia el interior del departamento arrastrando a su Tigger.

-Estaba pensando… ¿Estás buscando trabajo todavía? ¿O ya tenés otra opción? No quiero que parezca que me impongo…- dijo él dubitativo. Qué encanto.

-Estoy abierta a opciones.- le aseguré, asintiendo con la cabeza para agregar énfasis.

-Kimi necesita una niñera, porque no puede estar acá todo el tiempo. Pero se las arregla para espantar a todas.- suspiró.- Parece llevarse bien con vos… Si aceptaras, te pagaría lo mismo. Sólo sería de lunes a viernes, desde las once de la mañana. Y sólo hasta las seis.-

El pobre hombre parecía tan desesperado para que yo aceptase, que me costó negarme.

No. En realidad, era un trabajo tan perfecto que podría haberme colgado de su cuello sino fuera porque sabía que se vería mal.

-Me encantaría, Kimi es un encanto.- le aseguré. Detrás de él, se escuchó un chillido de puro deleite que nos hizo sonreír a los dos.

-Minami Kentarou.- se presentó.- Kentarou está bien.-

Izzy.