Soñé sin color.
Ni blanco, ni negro, nada…
Entreabro los ojos suavemente. Eres un menjunje de pelos desprolijos; apenas veo tu rostro, pero me sonrío, mitad culpable, mitad Dios-sabe-qué. No tienes ni la más mínima idea de lo linda que te ves, , y no puedo recordártelo: ¿e interrumpir tu sueño así? Jamás. Vuelvo a cerrar mis ojos, sabiendo que aún así no podría dormir, pero esperando que esto alivie la tentación. Esperando que alivie el olor de tu piel, de tu cabello. No me resisto y te abrazo, con cuidado, más fuertemente; mi cabeza pegada a tu pecho, sintiéndote respirar con suavidad. Tu corazón late, pacífico, como si nada lo apurara. La luz se cuela por la ventana, y aún tras mis párpados siento su ardor, achico el ceño, me escondo por tu cabello. Sé lo peligroso que soy para ti, sé que parece no importarte: sé muchas cosas, pero con el tiempo obtuve la habilidad para negar lo obvio. Cuando se vive tantos años, créeme, - uno deja de tener los cargos de conciencia que tenía cuando estaba vivo.
Vamos a juntar las piezas del cristal del amor,
cerremos nuestros ojos y descubramos la razón por haber nacido.
Me aferro a tu cintura: no deberíamos haber hecho esto. Ya te lo expliqué. Como ser humano, eres fragil. Tu cuerpo es una pequeña porcelana esperando que yo la rompa. El destino aguarda ansiosamente a ese momento, sí: en el que yo deje caer la vasija de vidrio. ¿Nos cortaremos intentando levantar cada pedazo de ella, entonces? No, , tú te cortarás. Y sangrarás. Yo no derramaré una gota de sangre, no, y me alejaré, diciéndome a mí mismo que siendo lo que soy, no debería sentirme culpable. Culpable del error que cometeré cuando te vea sangrando. Culpable de todo. Culpable de romper y corromper a la muñeca de porcelana.
Si creer puede hacernos más fuertes,
de a poco quiero, entonces, pensar en ti con más frecuencia.
Requiere cada gota de mí no lastimarte, pero al depositar un beso cerca de su cuello, siento que estoy haciéndolo… o que estoy a punto de hacerlo, de cualquier forma. Siento como si fuera aquel monstruo al cual lo bañaron con agua bendita, y en vez de derretirse y desaparecer, se acostumbró a ella. De la misma forma que me acostumbré al intoxicante olor de tu piel, . A tus gemidos. A la forma en la que llamas mi nombre. Y aunque llegara a romperte, ¿cómo podría olvidarte después de eso? Tendría toda una eternidad para recordármelo, recordármelo todas las malditas noches que paso despierto. Recordandote. A ti y a tu pura inocencia.
Y si el día de separarnos llega,
Abrázate a los días que pasamos, rescatándolos entre los días que fluyen y jamás volverán.
Como fantasma, me deslizó por entre las sábanas y me pongo de pie. La luz sigue intentando entrometerse en lo nuestro, y tú arrugas los ojos, como a punto de despertar.
Con sentimientos de culpa y dolor, doy un paso hacia atrás. Quiero besar tus labios, pero no puedo. Quiero aferrarme a tu cintura, pero no puedo.
Desaparezco con la luz del día, y me prometo dos cosas, mi consciencia entonces riéndose de mí y llamándome un imitador de humanos, haciendo promesas, como si fuera uno de ellos. Uno: nos volveríamos a ver, porque yo te haría saber que estaría contigo siempre. Dos: no nos veríamos nunca jamás.
Pero no diré adiós, . Será “hasta luego”.
Alejándose más… acercándonos más.
Cierra los ojos y verás que el recuerdo quedará en tu corazón.
No diré adiós, porque nos veremos algún día, pronto.
Cierra los ojos, ves, siempre estaré a tu lado.
Siempre estaré a tu lado.
~ Aori
[sí, Oshitari es un vampiro. Sí, robé la trama de una novela que andaba leyendo. No, no me importa.]