Nota: no es realmente necesario leer las referencias. Son solo comentarios que no hacen a la comprensión del texto: si realmente tuviera algo importante que aclarar… o sea, en el muy hipotético, cuasi onírico caso en el que yo tuviera o tuviese alguna aclaración, explicación o esclarecimiento que se mostrase necesario e indispensable, no recurriría o utilizaría molestas notas al pie de página que propician e impulsan perder el punto desde el cual debe ser reanudada (restablecida) la lectura. Fin de la Dimensión del Redundante Pleonasmo.
Ahora sí, a lo práctico:
1) los Decretos de Necesidad y Urgencia son, justamente, decretos que puede decretar (^_^) el presidente argentino con algunas restricciones en casos de necesidad y urgencia. Pero se abusa de ellos. ¿Qué esperaban?
2) Por cierto, con h me refiero a la h castellana, no al sonido japonés.
3) "Usu" significa mortero.
Hace mucho, mucho tiempo… no. Así no era.
A una gran distancia de… ¡tampoco!
Once upon a time… Hm… idioma incorrecto.
(Taki levanta un cartel desde detrás de cámara.)
¡Ah! ¡Gracias!
Había una vez…
en un reino muy, muy lejano; una princesa. Su belleza era como la de las aves, su voz rivalizaba con la de las estrellas (XXX.- ¡Al revés!) … Eh.... Prosigamos.
El nombre de esa princesa era… (acabás de escribirlo en las ventanitas, ¿tengo que aclararlo? Bueno, está bien. Pero solo porque es un lindo nombre) .
Pero -hime tenía un problema. Un horrible, espantoso problema…
FLASHBACK
La enorme puerta se abrió repentinamente con un fuerte estruendo.
– ¿¡Cómo es que no he sido invitada, yo, oh bruja del nornoroeste!? – hizo eco en las paredes el grito de la Bruja del Nornoroeste (Tezuka). Todos los presentes se quedaron (en mayor o menor medida) quietos, a excepción de Niou, quien volteó tranquilamente y del bufón Gakuto, que se apuró a llenarse la boca con comida. Tezuka le dirigió una mirada despectiva y susurró algo.
– Verás, Bruja del Nornoroeste – explicó alegremente Niou, el mago de la corte, ignorando al ahora hámster de pelo imposiblemente rojo-purpúreo que se escondía detrás de él- la razón es muy simple. Nos caés mal.
– …¿Eh? – articuló Tezuka sorprendido, esperando una respuesta tan directa.
– Ajá, ajá –asintió Kirihara, un espíritu maligno que el sacerdote Ootori había apresado y “purificado” (aunque nadie estaba demasiado seguro de lo último)-. Sos un aguafiestas, irritante y tenés un complejo de superioridad y de héroe insoportables. Y cuando parece que por fin vas a hacer algo… zap, trágicamente… -Sanada, jefe de la guardia real, lo calló con la mirada.
– … -tras los anteojos, pequeñas lágrimas empezaron a mojar sus pestañas- … pero… pero… – Bueno, perdonanos, la próxima te mandamos invitación – dijo en un tono sarcástico el Rey Oshitari[1].
– Itte yoshi! – cortó la Reina Sakaki[2] el balbuceo de La Bruja del Nornoroeste Tezuka, quien aún esperaba una excusa más cuento-de-hádica. Finalmente, recobrando la compostura, se secó las lágrimas con un pañuelo de puntillas y se puso en posición de ataque. Ready… GO!
– En ese caso, – determinó la bruja, agitando su Varita© - ¡7300 lunas morirán y, con la 7301ª, también lo hará la princesa!
– ¿Lunas como? ¿Fases? ¿Cantidad de satélites? ¿Días?
– Esa.
– ¿Cantidad?
– No, la última.
Todos se miraron entre sí. No importa cuán imposible sea mirar a más de cien personas a la vez, ni cuánto tiempo llevaría. El punto es que lo hicieron. Apenas terminaron, de la misma forma unísona, todos voltearon hacia Niou. Incluso Gakuto hámster. Bueno, todos incluso Gakuto hámster excepto Niou, quien de todos modos se hallaba jugando Minna no Oujisama en la GBA[3].
– ¿Eh? ¿Yo qué?
“Cof cof” generalizado.
– …¿Es muy necesario? –hizo tiempo mientras luchaba contra uno de esos malditos puzzles deslizantes de Mizuki. Malditos puzzles. Malditos. 400% malditos.
Asentimiento universal.
– Bueno – se resignó, guardando la GBA, y acercándose a la recién nacida.- La princesa no morirá. –Los bordes de sus labios se curvaron ligeramente en una sonrisa contenida- Simplemente desarrollará una total e irreversible incapacidad que la marcará de por vida… para pronunciar la letra hache.
…
– Eso no era realmente necesario, ¿no? – preguntó, más bien retóricamente, Oshitari.
– No, en lo más mínimo, ¿por qué? – respondió de modo irónico Niou, de no muy buen humor.
– ¿¡No hay alguna forma de revertir esa espantosa enfermedad, maestro!? –gritó Jirou, despertando de su “trance” (sueño disimulado[4])
– No –contestó cortantemente intentando pasar el último nivel.
– Pero…
– ¡Que no!
Jirou miró el suelo con ojos brillantes y puños cerrados por algo así como un (aburrido y silencioso) minuto antes de decidir rebelarse contra su maestro.
– ¡La ortografía y el amor son demasiado hermosos! –gritó innecesariamente, y todos se taparon los oídos tomados por sorpresa- Pero no puedo deshacer los hechizos de mi maestro… aún así… -y, usando la técnica secreta de Decreto de Necesidad y Urgencia, agitó su Varita©- ¡La princesa podrá curarse de tan horrible mal con el beso de un príncipe!
– ¿No se supone que es “del verdadero amor”? –preguntó Oshitari, bastante docto en el tema, pero Jirou ya había vuelto a su… ejem… “trance”.
7301 lunas más tarde…
El reloj dio su doceavo suspiro, acabando la estructurada agonía del día precedente. La princesa no podía dormir. Un extraño, molesto zumbido no le permitía apaciguar su mente y dedicar su cuerpo al descanso; la inquietud y la ansiedad sobrecogían su espíritu. Extendió sus manos como en un rezo, juntándolas repentinamente en fervor, pero el zumbido siguió impregnándose en sus oídos.
– ¿Por qué no pude aber nacido en una época con tabletas matamosquitos? – se preguntó con suave, dulce, ronca y aháchica voz.
Extendió la mano en busca de fósforos, pero ante su ausencia recordó que todavía no se habían inventado. Tomó, en cambio, las piedras que descansaban al pie de su cama y, luego de unas horas de trabajo, consiguió generar la chispa que prendió una vela.
– Kirihara-san… -llamó, bastante más despierta, luego de trazar un círculo mágico alrededor de la susodicha barra de parafina, pabilo, colorante y aromatizante vainilla- Kirihara… matá el mosquito…
El espíritu apareció, su aspecto exactamente idéntico al de hacía veinte años. Es un espíritu, después de todo, y a la autora le gusta Kirihara con su lindo aspecto de 16 años (porque nadie de todo el elenco parece realmente de su edad, excepto los de primer año, que no cuentan por escasos. Aunque el protagonista sea uno.).
– Hai, -sa… -Kirihara se cortó en la mitad de la oración, sacó una calculadora espiritual del bolsillo espiritual de sus jeans espirituales e hizo un par de cuentas.- ¡AJÁ!
– ¿…Kirihara-san? ¿…Qué? – murmuró, aún ligeramente dormida.
– ¡Ya entiendo! ¡Hoy es el 7001er día! ¡No podés pronunciar las hache, tal como lo predijo el Mago Niou!
– … E… Kirihara-san… ¿cómo podés asegurar algo así si todavía no dije ninguna palabra que tuviera esa letra? Además, Niou no lo predijo. O sea, uno se entera de esas cosas. Él me echi… - se llevó las manos a la boca- ¡es cierto! ¡no puedo ablar con aches! –exclamó, ensordeciendo al pobre mosquito del que todos ya se deben de haber olvidado.
Kirihara se “sentó” a los pies de la cama de la princesa.
– Sé que es duro, mi princesa- dijo.- Pero hay un modo de remediarlo.
– ¿¡Cuál es el camino que e de seguir!? ¿Allar ormigas echizadas por un eraldo ermoso que aueca uesos edientes?
–… No –contestó luego de procesar lo que había dicho - Simplemente un príncipe tiene que besarte.
– A –parpadeó.- ¡OKAY!
– ¡¿”O-okay”?! Pri-princesa, eso no es tan sencillo… hay escasez de príncipes, ni siquiera estamos en temporada… -Kirihara ahuyentó al pobre mosquito que solo quería un poco de atención que le zumbándole en su fantasmagórico oído.
– ¡No importa! ¡Sé que si pongo mi corazón en ello podré lograrlo! Si uno pone su corazón… ¡todo es posible![5]
Akaya le dirigió una mirada escéptica/confundida.
– Bueno, de todas maneras, el rey ordenó a Hiyoshi que te acompañara. Ah, sí, y Choutarou te manda a Taki.
– ¿Taki?
– Un hada –explicó, y, justo en ese momento, por la ventana entró… otro mosquito.
– ¡Hola, princesa! –saludó Taki, quien entró por la puerta.
La princesa lo miró unos segundos, confundida.
– ¿No se supone que las adas son seres pequeños?
– ¿Algún problema con que tenga un tamaño normal? – atacó, herido en su orgullo, batiendo con furia las minúsculas alas de mariposa (que tenían el tamaño que tienen usualmente… en una mariposa)
– ¡N-no!
– Todos me odian –siguió Taki- primero me echan del equipo titular de hadas por culpa de ese maldito Shishido… después soy ignorado por todos… ¡apuesto que ni siquiera la autora se acuerda de mi nombre![6]... y ahora… y ahora… ¡esto! –Taki se echó a llorar. Otra hada entró por la puerta y lo golpeó en la cabeza.
– No sabía que las hadas usaran gorra –comentó Akaya.
– ¿¡Algún problema con eso!? –los ojos de Shishido se humedecieron- Primero me humillan… después me tengo que cortar el pelo… Y ahora… ahora…
– Quiero retruco –declaró Akaya mirando sus cartas e ignorando totalmente el llanto de Taki y Shishido.
– Quiero vale cuatro – respondió .
Finalmente, luego de unas cuantas manos de truco, un par de mates y muchos Tissue, la princesa escapó de su castillo bajo la guardia de la noche en busca de su príncipe. En realidad, para cuando terminó de convencer a sus padres de que no le iba a pasar nada y de que iba a estar bien protegida por Hiyoshi (caballero) y Kabaji (caballo, quiero decir, caballero también) y las hadas, el sol ya había salido hacía rato. Su travesía comenzó… con el pie izquierdo.
–Wa… hace calor –se quejó Taki, luego de rechazar al noveno vendedor ambulante de corbatas muy bruscamente. El desierto se extendía por kilómetros y kilómetros.
–Me pregunto dónde estamos… -murmuró . Hiyoshi llevaba las riendas del caballo en el que estaba montando.
– …Ah. –“dijo” Kabaji, deteniéndose de repente.
Todos voltearon, aterrorizados. De todas maneras, olvidaron ligeramente su horror cuando vieron qué estaba señalando Kabaji.
“OASIS A 300 METROS”
– ¡Un oasis! – gritaron todos entusiásticamente, no importa cuán fuera de personaje sea eso.
Sin embargo, cuando llegaron se encontraron con otro cartel en la puerta.
Ahora entendían la cantidad de vendedores de corbatas.
– “Entrada gratuita. Solo de corbata. Seguridad inquebrantable, ni lo intente, especialmente si no es conveniente para la trama” –leyó incrédulo Shishido.
– … No importa – intentó animarlos – por acá ay muchos vendedores… estoy segura de que nos… vamos a… -a su alrededor no se veía ni uno de los vendedores que hasta ese momento habían sido una plaga. De hecho, lo único que se veía, muy a lo lejos, era un cráneo, arena, y un pedazo de tela. Así que decidieron seguir caminando en la dirección opuesta al cráneo y el pedazo de tela semihundido en la arena.
– Cof cof – resonó desde el Cielo.
Sin embargo, siguieron caminando valientemente.
– ¡COF COF!
Con todas sus fuerzas incitaron sus ánimos sin darse por vencidos y siguieron alejándose del pedazo de tela casi totalmente enterrado bajo la arena.
– ¡, HIYOSHI, SHISHIDO, KABAJI!
– Somos ateos –gritaron todos hacia arriba (excepto Taki, quien se dedicó a llorar).
– No soy Dios. Soy… eh… su Consciencia.
Todos levantaron una ceja. Incluso Taki.
– Y… eh… les digo que ustedes se acaban de dar cuenta que ese pedazo de tela no es insignificante –todos negaron con la cabeza. “Sí lo es”- ¡NO! ¡Y AHORA, VUELVAN YA MISMO Y TIREN DE ÉL!
Reluctantes volvieron sobre sus pasos y, tirando del pedazo de tela (del cual tuvieron que suponer la ubicación, ya que ahora sí se hallaba totalmente tapado por la arena) encontraron que sí se trataba de de un pedazo de tela.
Solo que una persona estaba dentro del resto de la prenda.
Una vez lo desenterraron, siguieron caminando (al menos hasta que la “voz misteriosa” los obligó a volver y a despertar a quien les informo es un adorablemente vulnerable Atobe. Disfruten hasta que despierte.).
– … Je. Ore-sama sabía que alguien iba a rescatarme. Soy simplemente irresistible, ahn? –fueron las primeras palabras que dijo, sorprendiendo a todos (lo creían un cadáver).
– Bueno, sos estéticamente agradable… -consideró mirándolo con cuidado- pero tu personalidad no me gusta.
Eso era nuevo para Atobe. Pero no iba a dejarse vencer.
– ¿Así que no te gustan mis carácter, ahn? –Atobe se acercó a , pero Hiyoshi tiró de las riendas del caballo, alejándola. – ¿Hmmm? Parece tus guardias no quieren que me acerque a vos…
– No –contestaron todos a la vez, aunque por alguna razón se sentían incómodos, como si decir eso fuera a ganarles 30 vueltas al castillo o algo así. Pero decidieron ignorar la sensación y proseguir camino. Sin embargo, Atobe los siguió insistentemente por algo así como 10 metros antes de desmayarse a causa de un severo golpe de calor y deshidratación. Bueno, no realmente. Simplemente se tropezó con una piedrita y se cayó, pero eso solo lo sabemos él, Fuji y yo.
se bajó del caballo de un salto y se arrodilló al lado de Atobe.
– ¿Estás bien?
Resistiendo la tentación de gritar “¿¡qué te parece!?”
– Sí – contestó en cambio lo más cortésmente que pudo, aunque la arena en su boca lo hacía un poco complicado.
– ¿A dónde vas?
– Al Reino de los Morteros. ¿Y usted, madememoiselle?
– Eh… Bueno… -“si quiero encontrar un príncipe, mejor buscarlo en un reino… ¿no?”
Y así es como la Princesa y Atobe el viajero (y un par de extras) decidieron viajar juntos hasta el Reino de los Morteros.
Con el tiempo (algo así como cuatro días. El presupuesto no nos alcanza para más) Atobe fue acostumbrándose a (el exceso de) energía de . La noche había vuelto a caer y, con ella, el viento helado. Bajo la luz de la luna del desierto Atobe descubrió que tal vez no fuera tan poco interesante como le había parecido. Así meditó un par de horas hasta que el sueño lo sobrecogió. Besándola suavemente en los labios, el viajero se acomodó y durmió.
Dos horas.
– Ahhh, ¡qué bien dormí! – se estiró Taki. Hiyoshi cargó a , semidormida, sobre el caballo, y lideró la marcha. Kabaji los siguió.
– Oh, Atobe no se levanta. Qué lástima, parece que nos vamos a tener que ir sin él… - se “lamentó” Shishido en voz baja, muy baja, de modo que no hubiera posibilidad alguna de que su murmullo despertara al Bello Durmiente.
Aún así, Atobe los siguió. Sonámbulo.
– Oi… Esto es tétrico –murmuró a Shishido espiando por sobre su hombro cómo Atobe los seguía.
– Ya lo sé, Taki…
Esa noche (en la cual, luego de dormir todo el día [sonámbulo, pero eso es un detalle], no pudo pegar un ojo) Keigo se dio cuenta de (o, más bien, no le quedó otra que aceptar) un pequeño detalle: le caía bien. Bueno, no le “caía bien”. Le caía muy bien. Como en muy bien.
– …¿Atobe?
Keigo volteó hacia el origen de la voz ocultando su sorpresa.
– ¿Puedo ore-sama ayudarte en algo?
negó con la cabeza.
– La luna… Cuando yo era chica, mis papás siempre me contaban la misma historia. Me decían que la luna era la novia de la Tierra, pero que la Tierra la había dejado plantada en el altar. Por eso la luna siempre está de blanco, persiguiendo la Tierra… Desde esa noche, siempre que miro la luna pienso en cuan triste debe estar sola, ahí arriba, mirando desde lejos la persona que le gusta…
– Hm… Pero la Tierra no es realmente una persona, ¿ahn? –dijo Atobe con una sonrisa maliciosa. sonrió.
– Para la luna es lo mismo. Por eso, yo no quiero ser como ella. No me gustaría desperdiciar una oportunidad – y antes de que Keigo pudiera contestarle, le devolvió el beso de la noche anterior.
Dos semanas más tarde, frente a los reyes del Reino del Mortero… (o sea, 7315 lunas más tarde…)
– ¡Hijo nuestro! –gritaron al unísono el rey y la reina al ver llegar a la comitiva.
Taki, Shishido y Hiyoshi entraron en estado de shock.
–Entonces… Atobe… ¿¡es el príncipe de este reino!?
Los reyes se miraron y se echaron a reír.
– ¿¡Atobe Keigo!? Naaaah… -dijo el rey.
– Nuestro hijo perdido es el Príncipe Kabaji. ¿Ayudarías a la princesa con el terrible hechizo que pesa sobre ella, Kabaji?
– … Usu –contestó sin preguntas, sonrojándose ligeramente, si eso es posible.
empalideció. ¿Eso quería decir que tenía que… tenía que…? O sea, nada en contra de Kabaji, pero… hasta hacía tres segundos era un caballero… y… y…
– ¡Un segundo! –gritó Atobe, acercando a a sí mismo- ¡yo también soy un príncipe!
Taki, Shishido y Hiyoshi entraron en estado de shock. Por segunda vez en nueve líneas.
– Explicá eso.
– Soy uno de los Príncipes, por supuesto – dijo, como si fuera obvio.
– …¿Príncipes?
Atobe los miró, incrédulo.
– La banda de rock.
Shishido se llevó la mano al mentón mientras fumaba una pipa de burbujas salida de la nada.
– Entonces… puede elegir entre Atobe y Kabaji…
La elección de fue obvia: Kabaji. Había que cuidar las relaciones exteriores. Además, ya se encargaría de compensar a Atobe más tarde.
~Miyod
[02.11.06 - ZzZzZ]
[1] Oshitari.- Tal vez que la autora tenga una no muy sana obsesión con mi persona no sea tan malo… *smirk*
[2] Oshitari.- … *desenvaina la espada* ¡En garde, Miyod!
Miyod.- *saca espada estilo Star Wars* … *se apaga* ¿¡EH!? *lee el visor: “Low Battery”* WTF?! En ese caso… deberé usar mi arma especial… *saca de su mochila-agujero negro un…* DOUJINSHI YAOI ATOxOSHI!!
Oshitari.- NOOOOOO, MIS OJOS!
[3] Oshitari.- ¿No es un enorme anacronismo?
Niou.- No sos el único a quien la autora le tiene simpatía =P
[4]Del exacto mismo tipo que hace pensar a mis profesores que yo no estoy durmiendo mientras ellos explican por octava vez la teoría cinético-molecular.
[5] Por eso… ¡done órganos! ¡Su corazón puede salvar vidas! Aunque a esa altura a usted no le va a importar demasiado ya que va a estar muerto, pero bueno…
[6] Miyod.- Eh… ¿Querés sinceridad?
Taki.- BUÁAAAA