La primera vez que la vio, deseó no haberle prestado su cámara fotográfica a su hermana Yumiko.
La segunda vez, deseó poder hablarle.
La tercera vez…
A SERIES OF UNFORTUNATE EVENTS
1ST MEETING
La principal razón por la que Syusuke Fuji había decidido dar una vuelta por la plaza cercana a esas horas de la tarde era porque entonces no había mucha gente y el silencio reinaba. Le gustaba esa plaza especialmente a esas horas, cuando el sol desaparecía entre las ramas del cerezo más alto y la luz difuminaba el contorno de los escasos paseantes. Esbozó una sonrisa alegre al acercarse a la zona de los juegos infantiles, desde donde el sol se veía mejor, pensando en las fotos que podría estar tomando si su querida hermana no le hubiera pedido su mini cámara para llevársela a su viaje a Kyoto ofreciéndole una porción de su pastel de frambuesas a cambio.
Todo se veía atractivo para su ojo crítico. El rojo reflejándose en los cristales de algún auto, la sombra de los árboles proyectándose sobre la grama, la silueta de una chica de largos cabellos castaños sentada en una de las hamacas, recortándose contra la puesta de sol…
Fuji abrió los ojos y la observó desde la distancia. La muchacha tenía un perfil griego, y sus ojos brillantes y su cabello cayendo como una cascada de rizos sobre sus hombros le otorgaban personalidad a la apariencia frágil de la chica. El tensai se lamentó nuevamente de no tener la cámara consigo, pero al sentir la belleza de la imagen, se resignó a utilizar la camarita de su celular pese a la mala calidad, porque, sencillamente, tenía que tener esa foto.
Pero en el instante en el que dejó de mirarla para sacar el celular de su mochila, la chica había desaparecido como si fuera una ilusión.
INTERLUDE
había salido a recorrer la plaza porque necesitaba organizar sus pensamientos. Su hermana menor, Mimi, estaba ahora sola en la casa y a no le gustaba tanto la idea. Se había sentado en una de las hamacas, en la misma en la que estaba sentada cuando se enteró que sólo le quedaba Mimi; no era un momento que le gustara recordar, pero esa hamaca era también la misma en la que un niño de cabello desordenado y sonrisa radiante le había tendido un collarcito dorado de un corazón roto, el mismo collar que siempre llevaba puesto, y por eso siempre le iba a gustar. Era una hamaca con mucha historia, sí.
Comenzó a balancearse suavemente mientras sus ojos celestes absorbían los cambios de luces que se efectuaban a medida que el sol se iba ocultando. Claridad, luego, tonos rosas, rojos y naranjas, y finalmente, una luminosidad que matizaba todo en violáceo. Pero en alguno momento entre el rojo y el naranja, decidió desviar su mirada del suelo, hasta fijarla en un chico sonriente, de cabello castaño, que en el preciso instante en que ella lo miró, bajó la vista y llevó sus manos a su mochila como si buscara algo.
se levantó de su hamaca y se deslizó en silencio fuera del área de juegos por entre los árboles. El muchacho castaño parecía ser fotógrafo, aunque no podía entender cómo lo sabía, y ella supuso que lo que quería era tomar una fotografía del paisaje desde el punto más bonito de la plaza, y que no se había percatado de ella. No le hubiera gustado estropear la foto de un chico que irradiaba tanta tranquilidad.
2ND MEETING
Un sábado cualquiera, Syusuke Fuji, tras terminar el entrenamiento habitual con los titulares del equipo de tenis, se había dirigido al estudio fotográfico al que iba siempre los sábados. Su hermana había vuelto de Kyoto y le había traído una nueva mini cámara con mayor definición y mayor capacidad, y Fuji se disponía a probarla en el estudio.
Sonreía, como siempre. Esta vez, porque no sólo iba a probar su cámara, sino que además había podido disfrutar de las reacciones de sus compañeros de equipo cuando se vieron obligados a tomar, cada uno, una jarra entera del nuevo y ultra-mejorado jugo de Inui. Sí, era un día encantador, y desde ahí sólo podía ponerse mejor, había una regla que lo aseguraba. O algo por el estilo.
Cuando llegó al estudio, percibió algo extraño, algo que no estaba como debía, algo como…
Aquel lugar no era muy conocido, por lo que siempre había poca gente. Pero ese día, una muchacha de cabello castaños brillantes estaba limpiando las pantallas como si lo hiciera siempre, y Fuji podía asegurar que esa chica no estaba “siempre” por ahí.
La observó trabajar desde el mostrador donde se había detenido, preguntándose quién sería y por qué no la había visto antes, por más que todo en ella le pareciera familiar.
De pronto, la chica se volteó y lo miró fijamente. Fuji, por un escaso milisegundo, no pudo reaccionar; era la misma chica de la plaza, y era igual de interesante sin el ocaso como escenario. Finalmente esbozó una de sus radiantes sonrisas, y la castaña se la devolvió, con cierta reticencia. “Listo”, pensó Fuji, “sóloquedahablarl…”
Syusuke abrió los ojos con cierta sorpresa, la muchacha había desaparecido. Dos microsegundos, y la chica desaparecía como si la tierra se la hubiera tragado (teoría que cotejó por un brevísimo instante, pero que desechó enseguida). La buscó con la mirada por el lugar sin encontrarla, sintiendo una especie de frustración que le resultaba ajena.
-Fuji-san.- le sonrió el dueño del lugar desde detrás del mostrador, llamando su atención.
-Hola.- sonrió el castaño, algo distraído. El hombre lo miró y sonrió con aires de entendido.
-Se llama . Es mi ayudante durante la semana, pero le pedí que viniera este fin de semana para ayudarme a limpiar las lentes.- sonrió el hombre.- Viene todas las semanas, y no tiene novio.-
-Gracias.- dijo Syusuke, mirándolo con los ojos abiertos y una sonrisa algo maquiavélica en sus labios delgados.
INTERLUDE
se las ingenió para salir lo más rápido que pudo de aquel lugar al reconocer al mismo castaño de la plaza, y luego corrió hasta su casa en su afán por alejarse de allí. No era que el castaño no le cayera bien, más bien todo lo contrario, y no podía permitirse sentirse atraída por alguien cuando tenía que cuidar de su hermana y de sí misma.
Entró como una exhalación, y se mantuvo ocupada todo lo que pudo, cocinando, limpiando, acomodando y volviendo a limpiar. Su hermana, Mimi, la miraba inquisitiva mientras la mayor iba y venía por la casa, pero ni siquiera la miraba más de lo suficiente para asegurar que aún estaba allí. necesitaba tener la cabeza ocupada para no pensar en aquel castaño
INNUENDO
La muchacha de cabellos largos llegó acompañada de su hermana menor al colegio, y en la puerta se separaron. se dirigió con paso lento hasta su aula, donde Nuriko Agassi, su mejor amiga, la esperaba jugueteando con un lápiz por puro aburrimiento.
-¡-chan!- exclamó Nuriko al verla, y la instó a que se apurase y se sentara a su lado. Tras mirarla un instante, pudo saber que algo le afectaba, y sino se equivocaba, era algo referido a ese castaño del que su amiga le había comentado que había conocido en la plaza.-¿Qué pasa? Y no me vengas con “nada”, eh.-
-¿Por qué preguntás?- quiso saber , sentándose al lado de su amiga y evitando mirarla. Esos eran los momentos en los que odiaba tener alguien que la conociera tan bien.
-Porque te conozco.
-… Encontré de nuevo a ese chico. Y me sonrió…
Nuriko esbozó una sonrisa divertida, dado que para ella estaba más que claro lo que pasaba. , por su parte, la miró inquisitivamente.
-Está claro, -chan. Te gusta el castañito.- sonrió Nuriko.- Y es entendible, -chan. Parece encantador.-
no contestó, pero continuó meditando esas palabras durante toda la tarde.
MINUETO
Momoshiro Takeshi frunció el ceño mientras observaba al tensai del equipo. No sabía por qué, pero lo encontraba extraño, como si estuviera distraído, cosa que, obviamente, no podía ser así. Y Momoshiro encontró sorprendente que el tensai pareciera estar pensando en otra cosa en lugar de estar disfrutando de la tortura a la que el morboso Inui los sometía con su nuevo “jugo”. Tan sorprendente que cuando Eiji se le acercó tras terminar su entrenamiento indicado, le comentó lo que pasaba por su cabecita. Eiji, asintiendo a todo lo que le decía, concordó sin ningún tipo de objeción.
-¿Entonces, sabés lo que hay que hacer, no?- inquirió con aire de entendido.
-…¿Nya?- soltó algo confundido, aunque se veía venir la respuesta. Echizen Ryoma, que se había detenido junto a ellos, les dedicó una miradita de suficiencia que no bastó para socavar el ánimo de los otros dos.
-¡Está claro!- exclamó Momo encantado.- ¡Hay que ayudarlo!-
-Mada mada dane. ¿Cómo espiarlo va a ayudarlo?- interrumpió Ryoma, más interesado de lo que aparentaba.
Momo pensó unos instantes la respuesta, sin percatarse de que él nunca había dicho nada de “espiarlo”, pero no encontró nada que resultara lo suficientemente bueno, así que decidió ignorarlo.- ¿Vas a venir o no?-
-Claro, ¿por qué no?- respondió Ryoma encogiéndose de hombros.
Después del entrenamiento, cuando los tres se disponían a seguir a Fuji hacia donde sea que fuera, Inui los detuvo; si alguien iba a inmiscuirse en la vida de otro alguien, él no iba a ser el único excluido, no, señor.
-Si quieren seguirlo, deberían informarse primero acerca de la chica.- sentenció interponiéndose en su camino con su libreta abierta en el archivo de . Al ver las expresiones de desconcierto de los tres chicos, se abstuvo con gran esfuerzo de soltar un “Elemental, mi querido Watson”, que luego derivaría en una exhaustiva explicación sobre que, en realidad, Sherlock Holmes nunca había dicho esa frase en el libro, que a su vez llevaría a una comparación con el “Tócala de nuevo, Sam”, de Casablanca, y en lugar de (TODO) eso, pasó a dar cátedra de la materia “ I”.-Lo más importante, es que tiene una hermana más chica, Mimi, y sus padres murieron. Es bastante cerrada y muy introvertida…-
Momo decidió no prestarle atención, atento como estaba en seguir el camino de Fuji sin ser notado. Bien, la chica era difícil, ¿y qué? Syusuke era el tensai de Seigaku, y una mente malévola, era obvio que iba a poder con ella. Sólo necesitaba un pequeño empujón de su parte. En medio de todo el palabrerío de Inui y Eiji (que se había sumado a hacer preguntas de pura curiosidad infantil) sólo distinguió lo que le importaba, dónde trabajaba ella, y se detuvo en el acto.
-Ustedes síganlo a él. Yo voy a… ¡ver si llueve!- soltó, y en seguida se dio vuelta y salió corriendo.
-…¿Para qué nos hizo venir?- quiso saber Ryoma.
INTERLUDE
se permitió un suspiro agotado tras la constante hora de trabajo. Por alguna razón, a toda la gente de aledaños se le había ocurrido ir al mismo tiempo a buscar y pedir rebelado de fotos, con la buenísima suerte de que el señor Kaneda, el dueño del lugar, había aprovechado ese momento para ir a hacer un trámite porque no había mucha gente. Y justo había terminado, la tienda se había vaciado y ella se había sentado, cuando entró un chico de cabello oscuro y ojos púrpura. se levantó al instante, sonriendo como cada vez que entraba un cliente (y le costaba tanto como al GranDanton simular que no le dolía teletransportarse).
-Irasshaimase. ¿En qué puedo ayudarlo?- preguntó, inclinándose apenas sobre el mostrador para descansar sus pies agotados.
- , ¿verdad?- soltó el morocho, sin prestar mucha atención a su alrededor.
La chica se puso inmediatamente a la defensiva, y asintió suspicaz. Él sonrió abiertamente, y no pudo evitar devolverle la sonrisa.
-No te preocupes, vengo en son de paz. Resulta que soy amigo de Fuji Syusuke.- continuó el chico, pero al ver la expresión de desconcierto en el rostro de ella, agregó.- ¿No lo conocés por el nombre, verdad? Es… el sád- Digo, el castaño que vino acá la otra vez.-
-…Sí. ¿Y?- seguí muy bien sin entender a dónde quería llegar el moreno, pero el sólo hecho de nombrar al “castañito”, se sonrojó.
Momoshiro (NA: quién pensaron que era, ¿eh?) sonrió triunfante y se inclinó hacia ella.
-Te gusta.- aseguró.- Y es normal, supongo que debe ser más interesante que el chico promedio… De todos modos, a lo iba. A él también le gustás.-
Ella iba a preguntar que cómo podía estar tan seguro, y quién se creía que era para saber quién le gustaba o le dejaba de gustar a ella, pero él la interrumpió.
-Lo sé porque…- Momo supuso que no se tragaría lo de “porque tengo una bola de cristal”, así que decidió otro acercamiento.- soy su amigo. Lo conozco. Aparte, que cuando anda distraído es porque le pasó algo grosso. Y sé que te gusta porque se nota en tus ojos.-
-Supongamos que… sea cierto. ¿Qué papel cumplís vos?- quiso saber .
-¿Yo?- Momo sonrió travieso antes de continuar.- Yo soy el celestino.-
PRELUDE
-Eiji, Inui, sé que me están siguiendo desde que salimos del colegio.- soltó Fuji al doblar una esquina, aparentemente hablando con la parada de colectivos que apareció en frente suyo.
Sin embargo, al oír el comentario salieron de detrás de un árbol dos chicos que le sonrieron inocentemente.
-Que casualid… ¡Es culpa de Momo!- chilló Eiji tras darse cuenta de que no tenía sentido fingir sorpresa de encontrárselo allí.
-¿Y cómo es eso, si él ni siquiera está acá?- insistió Fuji sonriendo.
-Anou… Es que él…- dudó (más bien paniqueó) el pelirrojo.
-¿Qué te pasa con ?- interrumpió Inui bruscamente, ya se estaba aburriendo de la conversación de los otros dos.
Fuji se detuvo un instante, y su sonrisa flaqueó un milisegundo, y luego volvió a la normalidad.
-Nada.- aseguró.
-Entonces no te molesta que Momo la invite a salir.
Esta vez, Fuji no se detuvo, pero abrió los ojos para enfocar a Inui en su mirada asesina made in padre de Leatherface.
-¿Qué están buscando?- inquirió suspicaz al tiempo que se cruzaba de brazos.
-¡Que la invites a una cita!- saltó Eiji interrumpiendo. Los otros dos lo miraron entre asombrados y preocupados.
-¿Una cita?-dudó el castañito, y por primera vez en la historia del mundo mundial y el universo universal, Syusuke Fuji se sintió desconcertado.- ¿Creen que aceptaría?-
3RD MEETING
suspiró.
Todavía no esta segura de por cual extraña y demoníaca razón ella había aceptado la sugerencia (que en realidad fue una orden, pero si admitía eso iba a terminar por levantarse sólo por orgullo) del moreno y se había dispuesto a esperar sentada en un café pequeño situado en una de las callejas de Tokio.
No tenía sentido. El tal Momo le había dicho que se sentara en la mesa de la ventana y esperara, además de aclararle que se soltase el pelo y no ordenara nada hasta que alguien llegase. Cuándo había preguntado quién era ese alguien, el chico sólo se había reído y le había palmeado la cabeza, diciéndole que ella lo sabría cuando pasara. Y antes de irse, la había obligado a prometerle que cuando “ese alguien” llegara y le preguntara “algo”, ella diría que sí, sin importar qué. Después se marchó, murmurando algo sobre la confiabilidad de un tal “Inui”.
Para entonces, llevaba esperando cerca de media hora sin que nadie que ella pudiera reconocer entrara al café. El mozo ya la miraba con pena, pensado que la habían dejado plantada, y ella se sentía así en parte; la otra parte estaba destinada a observar la calle para ver quién podría ser el alguien (NO el alien).
Y de pronto…
Tres cosas pasaron al mismo tiempo. Primero, la puerta se abrió con fuerza y dejó entrar un viento violento que mandó a volar las servilletas de las mesas más cercanas a la ventana. Segundo, se agachó a levantar su cartera que también se había caído. Y tercero, alguien entró.
, sin conocer el tercer hecho, se incorporó lentamente, mascullando improperios contra el viento, sólo para encontrarse frente a frente con un castaño un poco más alto que ella de increíbles ojos azules.
--san.- sonrió el alguien, acomodándole una guedeja de cabello detrás de la oreja.
-F-Fuji-kun.- dudó ella, conciente de que estaba sonrojándose más que una granada.
-¿Aceptarías una cita conmigo?- continuó Fuji.
Ella no le respondió. No. En lugar de eso, estalló en carcajadas musicales, que le sonaron ajenas antes de notar que realmente era ella quien se reía.
Él sonrió cálidamente al verla reír, le parecía hermosa.
-Sí.- respondió finalmente, permitiéndose un acto impulsivo provocado por la inhalación de café Bonafide (NA: No sé cómo llegó a Japón, pero créanme que su inhalación tiene graves efectos secundarios en algunas personas). Lo abrazó.
Se acercó a él de un solo paso y pasó sus brazos por el cuello de él. Fuji, sorprendido, aprovechó el momento y se inclinó sobre ella, uniendo sus labios a los de en un tierno beso.
IZZY
NOTAS MIAS DE MI
He vuelto de la Tierra de Muertos, sí. Espero que te guste la DN, cariña.