– 6-0, game, set y partido, Fuji Shuusuke.
– Boku ni katsu no wa mada hayai yo*…
apoyó el mentón en su mano, una sonrisa curvando ligeramente sus labios. A su lado, Inui sintió un escalofrío. ¿Tendría la repentina desaparición algo que ver con…?
– Fuji-kun es una persona muy... hum, interesante –sonrió aún más pronunciadamente.
存在意義~raison d'être~
– -chan, ¿no me explicarías esto? –casi suplicó Eiji, extendiendo su tarea de japonés e interrumpiendo su lectura.
– ¿Qué es exactamente esto? –preguntó ligeramente irritada frente a las ocho páginas oficio.
– Bueno… -Kikumaru sonrió avergonzado- todo. Y también lo que tengo en el locker… unas quince páginas más. , mirándolo, incrédula, negó con la cabeza.- ¡-chan, por favor!
hojeó la tarea. Sabía a ciencia cierta que Kikumaru había estado durmiendo durante esas clases, de hecho, incluso había intentado despertarlo. No, no iba a gastar toda la tarde en…
– Ah, Eiji. Ah… -san.
… en…
– ¡Fuji! ¿No me ayudarías con la tarea? –volvió a suplicar, pero sus palabras no hicieron más que eco en las paredes. La atmósfera era tensa, muy tensa, al igual que las sonrisas de y Shuusuke, quienes no apartaban la vista el uno del otro.
…
– ¿Esto cuenta?- preguntó repentinamente Fuji, la sonrisa aún ahí.
– ¿Por qué no? –respondió luego de un segundo de meditación .
Eiji decidió escapar antes de ser el objetivo de otra de esas ya molestas competencias, pero fue retenido por sendos pares de brazos.
– …Ayuda…
/Flashback/
– ¿Darle un desafío? –repitió suavemente, dejando que sus palabras se perdieran en la suave brisa que las rejas de la terraza no deseaban detener. Tezuka asintió a sus espaldas.- No puedo evitar pensar en lo extraño que es que vos me lo pidas… Kuni-chan.
Su primo frunció el entrecejo.
– Creo haberte pedido que no me llamaras así –dijo por lo bajo, el sol reflejándose en sus anteojos.- De cualquier manera, creo que sos la persona indicada. Pero prometeme que no vas a decirle nada sobre esto.
– … Está bien, pero me debés una grande.
Tezuka no respondió, pero hizo una nota mental: “huir de la ciudad apenas termine el día”.
Aún luego de que la hora del almuerzo había terminado, siguió pensando en la propuesta de Tezuka. No sabía casi nada de ese tal Fuji. Durante los próximos días, decidió tomando apuntes sin mirar su cuaderno, iba a averiguar todo lo que pudiera sobre ese tal Fuji Shuusuke. Comenzó ese mismo día, y pronto comprendió que no hacía más que caer en un laberinto.
No importó cuánto preguntara, cuántas veces leyera con cuidado lo (poco) que Inui tenía anotado sobre él. Incluso llegó al punto de seguirlo. Lo cierto, lo único que nadie podía negar, es que poco a poco fue olvidando que su objetivo era “juntar información”. A la salida del colegio, todos los días conseguía desaparecer sutilmente, con la misma sutilidad con la que seguiría aquella figura como una sombra con voluntad propia. Sabía que lo que estaba haciendo no era exactamente legal, pero… simplemente sentía que necesitaba ir tras de él y seguir sus pasos, uno a uno, ser la luz que se reflejaba en su cabello, la sombra con la que manchaba el suelo, el aire que se arremolinaba en sus pulmones. Deseaba entenderlo, primero tal vez por curiosidad (esa arrasadora, apasionada curiosidad irracional que provoca lo que está fuera de nuestro alcance), como intenta entender un científico a su sujeto de estudios la primera vez. Y como el científico con su teoría paulatinamente alejándose de la tormenta de la sed de sabiduría, querer conocerlo como aquel soñador borgiano conoció (cabello por cabello) a su ser soñado en aquellas ruinas circulares.
Un mes más tarde, decidió finalmente que su tarea estaba terminada. Tezuka tenía razón. Si era por el bien de Fuji o por el suyo propio fue algo en lo que (a pesar de que muchas veces se le apareció como un fantasma indeseado) decidió no pensar. Ese día, se dijo, ese día lo desafiaría…
– Por fin aparecés –comentó Fuji, sin siquiera apartar los ojos de su libro, al escuchar el ruido de la puerta de la biblioteca abriéndose. se congeló.- Creí que hoy no ibas a venir.
– ¿Cómo?... - el discurso que tenía planeado quedó en la nada, borrado por la sorpresa. ¿Él sabía?
– ¿Por qué me estás persiguiendo? –fue directo, y aunque sus ojos parecían concentrados en el libro, era fácil adivinar que realmente no había sido más que para disimular. Tal vez nunca había sido más que eso. ¿El depredador había sido atrapado por la presa?
– … No puedo decírtelo –contestó, frunciendo el entrecejo.
– ¿No podés o no querés? –inquirió, su mirada azul siendo agregando una fuerza indescriptible a sus palabras mientras casi atravesaba el cráneo de su compañera de clase.
– … Te desafío –consiguió decir finalmente, huyendo de esos ojos que parecían verla por dentro, cada pensamiento. Fuji no cambió su expresión- venceme una vez en algo que yo acepte…
– ¿Qué gano? – sintió el alivio como un baldazo de agua al escuchar cómo en el tono de voz de Shuusuke se reflejaba menos agresividad y más interés.
– Mi respuesta –Fuji la miró, ligeramente decepcionado.
– ¿Prometés no volver a seguirme? – asintió, un brillo alegre en sus ojos- Entonces, acepto.
/Fin del Flashback/
¿Era una excusa? Tal vez. Pero era el escudo perfecta para y una fuente de incentivo para Fuji. Siempre había oportunidad para nuevos desafíos, y se ocupaba de no aceptar ninguno que no supiera que iba a ganar. Fuji, con el tiempo, también dejó de siquiera intentar…
¿Cuánto podía mantenerse la situación?... La respuesta es “tres años”.
Los exámenes de ingreso de la secundaria eran el nuevo desafío, uno que ninguno estaba seguro de ganar. Con doble motivación ambos adolescentes estudiaron aquel día (el día anterior al Gran Día, ese para el cual se habían estado preparando por mucho, mucho tiempo).
–Japonés… -murmuró , marcando un tic al lado del nombre de la materia. Acababa de terminar de repasarla. Los ojos le pesaban aunque no eran más que las tres de la tarde y decidió tirarse un rato en la cama. En su mente saltó la imagen de Eiji pidiéndole ayuda con la tarea… siempre lo hacía…
“Aquellos tiempos… ¿qué me queda de ellos? Las únicas personas que aún veo son Tezuka (es mi primo, después de todo), Kamio (salí un par de veces con él, pero ahora no puedo verlo como más que un amigo)”, rió interiormente, ”… Fuji… Fuji… “. El sueño la sobrecogió.
Una hora después, se levantó de repente, el corazón casi doliéndole por sus rápidos latidos.
– No puedo estudiar en este estado –se lamentó, su mente hecha un desastre.
El aula era enorme, enorme y escalofriante, como la boca de un enorme monstruo cerniéndose sobre uno, esperando apaciblemente a la más mínima distracción. El ambiente era aún más estresante, si eso era posible, sabía que muchos de los que estaban frente a sus ojos dejarían llorando el edificio. Pero sus pensamientos no podían concentrarse en la hoja que tenía enfrente. Sus ojos se desenfocaban y su mente recordaba, enredaba y desenreda teorías, ideas, giraba en torno a sí misma, se deslizaba por las paredes como una cámara aérea sin que pudiera controlarlo. No era posible. Todo parecía tan irreal… Y a la vez, tan obvio. Obligándose a concentrarse contestó las preguntas lo mejor que pudo y se rindió frente a una extraña mezcla de alegría, furia y autocompasión.
Los resultados llegaron poco después. Había pasado (casi milagrosamente) el examen. Simplemente no podía creerlo. Pero la alegría le duró poco al ser rápidamente reemplazada por el nerviosismo. Antes de que pudiera decidir ocultarse y escapar un rato, el teléfono sonó.
Era Fuji, y lo sabía. Luego de un rápido saluda, no pudo evitar la pregunta de rigor. “¿Cuál es tu puntaje?”.
– Gané –fue la sentencia de Shuusuke antes de aclarar el suyo propio.- Gané la apuesta.
– Está bien. Lo hice porque sí –contestó rápidamente. ¿Todo había terminado?
No pudo colgar el teléfono y, en cambio, lo apoyó en su hombro. En una ráfaga de decisión volvió a tomar el tubo, dispuesta a decir la verdad, pero Fuji había cortado.
Una carta sin remitente apareció misteriosamente un día después. Lugar (un parque), fecha (dos días a partir de ese momento), hora (seis PM). Espera interminable. Un ramo de rosas blancas. Una oración concisa (“¿No te parece que tres años es mucho tiempo para refugiarte tras una máscara?”), un beso y una cita que solo comenzaba entre dos jóvenes cuyos ojos siempre habían estado persiguiendo un incentivo y que, al encontrarlo, simplemente no pudieron aceptar que la búsqueda había acabado.
氷影(Miyod)
[05.12.06]
* = Algo así como "Aún es muy temprano para que me ganes". Es una frase típica de Syusuke.