Cuando el viento zarandea las copas de los árboles con bronca y la sal del mar se huele en cada partícula de aire, hay algo extraño esperando para suceder, acechando en cada esquina de las plazas desiertas y en cada rincón de los ojos llorosos. Aunque haya sabido bien esto, aunque lo haya sentido y aguardado y previsto, aún así, un ardor en su pecho la llenó de inseguridad.

Púm.

              –Aa, discul ––

              Las dos figuras voltean y se vislumbran al unísono.             

              –A, kimi ka. Hisashiburi. [1]

              Ya era hora.

化成の風 ~vientos de cambio~

              –Pe-pero, si es Fuji-san. ¿Cómo le va?

              –Bien, muy bien –Shuusuke sonrió, y casi dio la sensación de que todo se frenaba con esa sonrisa. Que los pájaros dejaban de cantar, que los corazones dejaban de latir, que el tiempo hacía una pausa y se reclinaba en su reposera, recostado en la playa de la Eternidad, cerrando los ojos. Los dos jóvenes se dieron tiempo a aceptar las palabras que habían intercambiado, y cuando Shuusuke dejó de sonreír con el pretexto de hablar, todo volvió a la normalidad–. Vos también te ves saludable.

              –Sí, he estado bien – asintió con la cabeza, acomodándose un mechón de cabello que estorbaba en su rostro tras la oreja. Quiso mirarlo, más no pudo, teniendo que contentarse con la tímida vista clavada en los pies del muchacho.

              –¿Qué tal Hyoutei?

              –Bastante… e-es estricto, pero no es gran cosa. ¿Y Seigaku?

              –Tranquilo, como siempre –Shuusuke tenía claras intenciones de seguir platicando un rato, pero las mismas no se reflejaron en el rostro incómodo de la chica, que pedía a gritos irse. Irse y seguir. Irse y hacer un salto en el tiempo, y obviar su súbito reencuentro y seguir.

              –J-jya, me voy yendo. Me dieron muchos deberes, sabe… – intentó acelerar el trámite, pero no se dio cuenta que, en eso, admitió algo que quizá no quería admitir–. Bueno, no tantos deberes, es que juntándolos con mis otras actividades se hace mucho… fue bueno verlo de nuevo, Fuji-san. Mis saludos a Yuuta-san.

              –Ne, -san. ¿Estás segura de que estás bien?

              –Sí –pero por alguna razón, al decir esto, los ojos de la joven quisieron llorar–. Fuji-san, esa pregunta…

              –No, ignorame –despreocupó Shuusuke con una risa musical–. Te creo. Tan sólo me aseguraba. Yuuta siempre anda pensando en qué fue de ti, y quiero poder decirle que estás bien.

              –Dígale eso –incitó con una sonrisa–. Jya, sa… saraba.

              Los ojos de Shuusuke, tras sus párpados, mostraron preocupación.

              –Fufu… ojalá no sea un “saraba” sino un “mata ne” –deseó Shuusuke, caminando, siguiendo hacia donde iba. Él, ahora con el recuerdo de haberse vuelto a encontrar con los ojos de la chica. Ella, intentando borrar lo que en marcador indeleble ocupaba su memoria inmediata.

i'm at your back door
with the earth of a hundred nations in my skin
you won't recognize me,
for the light in my eyes is strange

              Volvió en sí un cierto día de escuela, sorprendida por un estudiante que rebotó contra su pupitre cuando una alumna falló en alzarlo por mucho tiempo. Cuando cayó al piso, , aún entintada de ayer, se arrodilló a su lado.

              –Akutagawa-san… ¿se encuentra bien?

              El anaranjado abrió los ojos, y lo primero que se cuestionó fue qué hacía una chica tan bonita mirándolo con tanta angustia en el rostro. Lo segundo, fue por qué y bajo qué circunstancias había llegado a un aula que no era la suya.

              –¿”Akutagawa-san”? ¿Dónde quedó -chan? –una de sus compañeras de clase le palmeó la cabeza y, tomándola de los hombros, la hizo volver a ponerse de pie, extrañada por su súbita formalidad–. ¿Tenés fiebre?

              –Me… –le había parecido la forma correcta de tratar a un senpai, pero se mordió la lengua, porque se había prometido hace un tiempo que no volvería a ponerle excusas a nadie–. ¡Es verdad! –soltó una risita–. Se me pasó, se me pasó…

              Realmente se le había pasado, pero eso sirvió para recordarle: a los veteranos ya se había acostumbrado a inventarles nombres seguidos por “-senpai”. ¿Por qué algo tan natural para ella había sonado tan anti-natural entonces?

              –Kabaji-kun, llevalo de vuelta a su aula. Me da un poco de miedo tirado ahí en el piso, parece muerto –una de las alumnas de tercer año división cuatro expresó, preocupada. Kabaji cumplió con lo pedido, sin objeciones.

              Ese día, volví a encontrarme conmigo misma.

              –-chan, ¿se te murió algún familiar o algo? –dijo un muchacho, con aquél tacto hecho-en-Hyoutei tan característico de gran parte del alumnado–. Bajá de la luna.

              –Es que estoy pensando –respondió , con una sonrisa divertida.

              Es un tanto complicado de explicar, pero…

              –¡No! ¡Hey, filmen, esto es un acontecimiento!

              –¡Tonto! – se le colgó al chico, riéndose y dándole inofensivas bofetadas en los cachetes–. ¡Mirá quién habla, la persona más inteligente de todo Hyoutei!

              … hacía mucho que no me veía.

              Siempre reía, siempre llamaba la atención. Siempre se reían con sus bromas, siempre les llamaba la atención. Sin embargo, había algo, algo que había traído el maldito viento, que seguía mordiendo el corazón de , cual lombriz dentro de una manzana. Algo que la llevaba lejos, en algún tiempo que había tirado en el cesto de la basura de los recuerdos, apilado junto con llantos, confesiones rechazadas, enojos y golpes.

              Pero así, “atashi” estoy mejor. “Watashi” no tengo por qué existir.

              Cuando pudo, se excusó del baño (durante la clase, para que nadie la siguiera). Y ahí, se enfrentaron su yo y su reflejo. le devolvía la mirada, expectante; los almendrados ojos delineados, la nariz empolvada, los pómulos de un pálido rosa.

              Si lo extraño, canto una canción que inventé. Habla sobre personas distintas que tomaron caminos distintos. ¿Sabe, Fuji-san? Eso me calma un poco.

it was years ago, god knows
when you strained to tell me your whole truth
that you were not mine to save
that you could not change

              El viento no tiene piedad, y vuelve a soplar. La calle ya había sido caminada demasiadas veces, y nada, excepto un par de marcas en el pavimento, la había hecho cambiar. comenzó a arrastrar los pies, despegándose poco a poco de su agraciado andar, que mantenía cuando alguien la estaba viendo.

–Dicen que nuestras barreras nos limitan y condenan.
Oh, amor, si te vuelvo a ver, volvería a correr
Correr lejos, esconderme en mi pena.

              Aprovechando que no había nadie a su alrededor, alzó la voz.

              –Pero si aparece ante mí un papel fotográfico con tu sonrisa
              ¿Qué puedo hacer yo sino ahogar una ri… sa…?

              rompió en un sollozo húmedo. Se tapó el rostro, sintiéndose asquerosa. Si tanto miedo tenía, si tantas ganas tenía de volver a Seigaku y ser aceptada por quien es por todos, ¿por qué no lo hacía? Maldita cobarde. Valiéndose de lo que todos esperaban, valiéndose de su yo extrovertida y valiente, valiéndose de cosas que no existían.

              Frenó ante un pequeño charco de rocío que dibujaba su rostro.

              –¡TE DETESTO! –lo pateó, y las gotas de agua, como cristales, flotaron por el aire, reflejaron el sol y volvieron a caer, reducidas a casi nada, separadas de sus compañeras. reflexionó. Ella era una gota de agua que ella misma había separado del resto, y Fuji Shuusuke era el barrizal.

              No, esa persona no puede ser el centro de mi vida. Me había olvidado de él, y debo seguir olvidándolo. Después de todo, soy demasiado tímida… soy demasiado normal, soy igual a todas las gotas de agua que existen, para Fuji-san no soy nada. Fuji-san no es ninguna gota de agua.

Él… él es un copo de nieve.

would it be enough to go by
if we could sail on the wind and the dark?
cut those chains in the middle of the night
that had you pulled apart?

              –¿?

              –¿Qué? ¿Quién es usted?

              –Vos.

              –¿Yo? ¿Usted… es yo?

              –Eso mismo, .

              –Ah, “yo”. Usted es “atashi”… ¿verdad?

              –Sí. Y vos sos “watashi”. Creo que nos hemos visto un par de veces.

              –Sou.

              –Decime, Watashi-chan, ¿quién te crees que sos? Estuviste saliendo muy seguido últimamente. Vos sabés que a mí no me gusta eso.

              –… Atashi-san… lo siento… lo siento mucho.

              –¿Vas a seguir exteriorizándote, mocosa? Porque si seguís con esto, voy a tener que ponerte un par de puntos en claro.

              –Lo sé… lo siento… Atashi-san, por favor, perdóneme…

              –No importa. Sos una nenita, no sabés lo que estás haciendo. Lo que yo te puedo dar no te lo va a dar nadie. Imaginate a dónde llegaríamos juntas dentro de un par de años. Si seguís así, siendo yo, siendo encantadora, inteligente y hueca, vas a llegar a alturas que no te podrías ni imaginar. Te casarías con un joven apuesto, de mucho dinero, vivirían en una mansión en Londres… claro, enviando a sus hijos, perfectos como ustedes, a la escuela hermana de Hyoutei allá. No tendrías que trabajar, no tendrías que ni mover un pelo.

              –Pero, Atashi-san…

              –¿Qué problema tenés ahora, mocosa?

              –Esa vida… ¿con quién me casaría?

              –Ya te lo dije. Un hombre adinerado.

              –¿Quién?

              –¿Importa?

              “Fuji-san, Fuji-san. Si sigo a Atashi-san, Fuji-san… no volveré a…”

              –¿Pero, entonces, no volvería a ver a Fuji-san?

              –¿Eh? ¿De quién me hablás? No guardo ningún recuerdo de un “Fuji-san”.

              –Sí, Fuji-san ––

              –Describímelo.

              –Es… es…

              Por más que hiciese fuerza, no podía evocar la imagen del muchacho. Era una gran sombra. ¿Habrían pasado tantos años que ya ni se lo acordaba? Fuji-san… ¿cómo lucía? Era… ¿no era muy alto, verdad?

              –Es una gran sombra – movió su boca sin querer hacerlo.

              –Claro que sí, es que lo estás inventando. No me vengas con amigos imaginarios, tontita, pensá en el futuro…

              –¡¡NO!!

              despertó de un salto, y lo primero que notó fue que estaba sentada en su cama. Lo segundo, que su remera poseía una pequeña aureola de humedad. Había estado… ¿llorando de nuevo? Se frotó los ojos, y comenzó a toser, atragantándose con una lágrima.

              Eso era. Estaba ahogándose en un dedal de agua. No era tan complicado… tan sólo… si “Atashi-san” quería seguir controlándola, podría hasta usarla para obtener el valor que la ayude a llamar a Fuji-san e invitarlo a dar una vuelta.

              Antes de volver a intentar dormirse, intentó pensar en Fuji Shuusuke. Su rostro le sonreía, con los ojos azules abiertos y amables, el cabello al viento. Saber que aún podía recordarlo la llenó de valor.

would it be enough to go by
if there's moonlight pulling the tide?
would it be enough to live on
if my love could keep you alive?

              –Fu –leyó , en un susurro inaudible– ji.

              Sus labios se fruncieron, disgustados. La casa seguía donde la recordaba, el timbre, también. Como todas las silenciosas calles, ésta poseía esa omnipotencia en el tiempo, como si pudiera quedarse igual cuantos años luz quisiera. la envidiaba. ¿Por qué no podía ella poseer el mismo poder? Y no tener los minutos corriendo tras ella, amenazando con quitarle todo lo que hoy le era cotidiano y natural…

              Los dedos de uñas prolijamente embadurnadas de rosa se apoyaron en el portero eléctrico, cerca del botón. Se estaba, realmente, ahogando en un dedal de agua. ¿Qué había de difícil en hacer un poquito de presión con el dedo índice y hacer que suene el timbre?

              Racionalmente, nada. Emocionalmente, mucho.

              se calmó a sí misma con esas palabras, y retiró su mano, apoyándola en su corazón. Éste se retorció dentro de su pecho, latiendo desesperado. La chica se rió con suavidad.

              Quizá hoy no.

              Entonces… ¿cuándo?

              La mala costumbre que tenía de dejarse llevar y comenzar a imaginarse cosas la llevó a planear. Si tocaba ese timbre, probablemente se encontaría con Yumiko-san, o tal vez Yoshiko-san. Cualquiera de las dos comentaría lo distinta que está, lo linda que se ve, y la dejaría pasar. Shuusuke bajaría las escaleras con su tranquilidad de siempre, y abriría los ojos al verla. Con una sonrisa gratamente sorprendida, puede que la lleve a dar una vuelta, o puede, también, que se sienten en la mesa del comedor, Shuusuke arrodillado sobre su silla y bien sentada, como siempre.

              … como puede que se vaya a casa, y siga su vida como debe seguirla. Huyendo de todo, como siempre, ella, la eterna cobarde. No sonaba tan malo después de que uno se acostumbraba.

              Justo cuando iba a escapar, el Destino se interpuso, y la puerta de entrada a la casa se abrió de golpe. Shuusuke no se percató de la presencia de la joven hasta que alzó la vista y, como lo había predicho , dio su mejor sonrisa.

              –¡-san! Bueno verte –exclamó, e hizo una pequeña carrera hasta la puerta de calle, abriéndola segundos después–. ¿Qué hacías por acá?

              –… acabo de llegar, iba a… Fuji-san, no pretendo molestarlo. ¿Usted a dónde estaba yéndose? –preguntó estratégicamente, dándose más tiempo para que se le ocurran motivos por los cuales iría a visitarlo.

              –Estaba aburrido, así que pensé en visitar una pista de patín sobre hielo. Ne, ¿estás muy ocupada con Hyoutei y eso? Me encantaría que me acompañes.

              abrió la boca para hablar, pero tan sólo emitió un ruidito sorprendido. Fuji se arrepintió rápidamente.

              –Comprendo, era de esperar. Bueno, no te sientas presionada. Primero está la escuela.

              –N-no, es que, no tengo nada que hacer hoy. De modo que… sí, estaría agradecida de poder acompañarlo.

              Quizá su forma de aceptar había sido rara, pero eso era, ni una palabra más, ni una menos, lo que la verdadera había querido decir. Parece que Atashi-san estaba de humor para cederle un espacio.

              –¡Siempre hablando tan extraño, -san! No tenés por qué estar agradecida. No es un privilegio que te estoy dando. De hecho, es mi placer el que hayas aceptado.

              Fuji tenía muchos tipos de sonrisas. Estaban las rebuscadas, las significativas, las inocentes, las traicioneras; hasta, de vez en cuando, se le escapaba de control algún músculo, apretaba más la mandíbula, fruncía las cejas. No siempre, pero sucedía. La perfección de su sonrisa cedía, y mostraba su tan oculto “lado humano”. Esta había sido una de esas veces. Pero, en el segundo en el que sonrió con un dejo de timidez y un cúmulo de alegría, se olvidó como respirar. No estaba estrechando su mano, pero Fuji le pedía a gritos que se la tomara. Y en el instante que duró la vacilación de la chica, una parte de ella fue con Fuji, sonriéndole un “¿Y a dónde queda esta pista?”; la otra, quedose en el lugar, observando, impotente e inmóvil, como Atashi-san se iba con el amor de su vida, el único amor de su vida.

              –No me dejes –sollozó , quieta como una película puesta en pausa en el lugar, pero con lágrimas que rebotaban contra sus ojeras–. No te vayas con ella. Ella no es… ella no soy…

              –Aceptalo –sonrió la otra–, vos ya no existís.

              No.

              No, no, no.

              Yo sí existo; yo Soy; yo Amo. Soy y amo a Fuji Shuusuke. No es tan difícil de entender, no es tan extraño.

              La sombra los siguió hasta la pista de patinaje, arrastrándose por detrás de ellos.

i've built a lot of castles


i've built a lot of blazing speed-of-light machines
but it doesn't matter, you know
they all crumble in the winds of change

              “Soy muy bonita, realmente”, pensó, ahora que había dejado su cuerpo y podía verlo desde algo que no fuera un espejo, “Mi uniforme de Hyoutei me va como hecho a la medida… pero no es lo mismo, no es Seigaku. Con ese uniforme, parezco inteligente, misteriosa y altanera. Con el otro… parecía yo.

              “Me he cambiado, sí que sí.”

              Su yo corpórea estaba ayudándolo a Fuji reincorporarse de pie, partida entre un ataque de risa histérica y mantener su compostura. La sombra suspiró.

              “Pero yo no soy esa. No me gustaba ser tímida, pero no me gusto ahora. Pero si lo que fui y lo que soy no es yo, ¿qué es yo?”

              –Quizá me hubiese dado demasiado vergüenza aceptar a la propuesta de Fuji-san –habló en voz alta el fantasma, sabiendo que nadie podía escucharlo–, pero esto… esto es demasiado extraño, demasiado irreal. Aunque yo sea lo único que no real acá –meditó mientras un niño pequeño, sin control de sus patines, chocaba contra ella y la atravesaba–, ella es aún menos real. Tendrá cuerpo, pero es lo más falso que existe.

              Le tembló el puño. Hizo fuerza con su mente, pero no pudo materializarse. Lloró de nuevo.

              “Aunque quiera…”

              –Aunque quiera…

so I turned back to breathing
i learned a few good reasons to cry
and I finally called home
praying you weren't out of range

              Y de pronto, volvió a abrir los ojos, retornando con la fuerza y forma de un bumerán a su cuerpo, y se inclinó hacia adelante, se cruzaron los dos filos del patín y comenzó a caer. Caer, caía, cayendo, viendo el hielo cada vez más cerca… pero ya no se caía en un abismo negro.

              Algo la sostuvo.

              Pero algo la alejó.

              La voz de la mala conciencia. “Soltalo”.

              ¿Soltarlo? pensó, con los ojos bien abiertos, contemplando el rostro preocupado de Shuusuke como un niño contempla su nuevo mundo al nacer. ¿Es posible hacer eso, soltarlo?

              –Hola –saludó Fuji con una casi-avergonzada sonrisa. Las mejillas y la nariz frías, apenas sosteniéndose él y apenas sosteniéndola a ella, pero firme con los pies en el hielo–. Hacía mucho que no nos veíamos.

              se abstuvo de parpadear, pero tuvo que fruncir el ceño. –¿Cómo sabías…?

              Fuji sonrió, le plantó un beso en los labios, y volvió a sonreír con aún más brillo.

              –Simplemente sé.

¿Sería suficiente para vivir, si mi amor pudiese mantenerte con vida?

解説 ~explicaciones~

[1] “Ah, pero si sos vos. Tiempo sin verte.”

La razón por la cual Shuusuke pide que sea un “mata ne” y no un “saraba” es porque el primero es más bien un “hasta luego”, mientras que el segundo es un “adiós” pero con connotaciones del estilo “hasta nunca”.
“Watashi” y “atashi” ambos significan “yo” en japonés, pero el primero es formal y neutro, mientras que el segundo es más bien femenino.

あおり