El alba era clara, pura, celeste. Una ventisca soplaba y caía como en tirabuzón hacia el patio abierto de Seishun Gakuen, volando las cortas polleras de los marineritos de varias chicas. sostuvo el suyo en su lugar, pero la brisa helada pasó por sus brazos al hacerlo, congelándole hasta el hueso.

            Decididamente, hoy iba a rec!@#$%&rse de frío.

  ~Temperaturas Extremas~

            Luego de la formación, se apresuró a llegar al aula para colocarse, tiritando, el abrigo que había llevado ese día. No, no se lo había olvidado ahí, peor: no era el reglamentario de la escuela, por lo que no podía ser visto con él. El primer profesor que tuvieron a la mañana, casi tan dormido como muchos de los alumnos, pareció no notar este detalle, pero si lo notó la vicepresidenta del consejo estudiantil cuando volteó para hablarle. Hmpf. Amargada. Con razón no tenía amigos.

            Primer recreo, y estaba con los brazos cruzados alrededor de su pecho, meciéndose de atrás hacia delante, efectivamente rec!@#$%&ndose de frío. Escaneó el aula y vio que, unos bancos más atrás suyo, en la fila del medio, había un saco de hombre sin aparente dueño. Y, como dicen en los aeropuertos: “Cualquier equipaje que se deja abandonado podría ser revisado por el personal”. Bueno, este era el mismo caso. Si está ahí, obvio que es para que alguien más lo use.

            Sin pensarlo, se lo colocó; aunque tuvo la cortesía de preguntarle a una amiga de quién creía que era. “Ah… creo que es de Fuji-kun”, creyó ella. “Muy bien”, se dijo , y cerró los botones del pecho para evitar que le entrara más frío del que tenía.

            Abajo, Kikumaru Eiji le inquirió a su amigo si no se estaba congelando, nya. Fuji Shuusuke medio frunció el ceño y se extrañó, explicándole a Eiji que tenía la sensación de haberse olvidado el abrigo en su casa, pese a que sabe que Yumiko-neesan jamás lo dejaría olvidárselo. El pelirrojo rió apenas y le sugirió que saltara de abajo hacia arriba para calentarse, como él. Fuji tan sólo le sonrió impasiblemente, y decidió que no iba a hacerlo porque pensaba que quedaría ridículo, aunque jamás se lo dijo a Eiji. Fuji entonces le insistió a su amigo para que fueran arriba a ver qué había sido del abrigo. Al llegar, notaron que no estaba, y Fuji decidió entonces que su neesan no había estado durmiendo bien y que por eso se había olvidado de decirle que no se olvide el saco (no encontró otra explicación).

            Volvamos a : estaba tan ensimismada en su “Me estoy rec!@#$%&ndo” de frío” que ni siquiera notó que llegó a su casa con el abrigo de alguien puesto (cosa que causó miradas de extrañeza entre sus familiares). Se mordió el labio inferior, pero esa fue toda la culpa que demostró tener, porque no pensó más en el asunto por el resto del día.

-_-

            El clima templado de Japón era decente la mayor parte del año, pero solían tener esos inviernos que todos odiamos en los que por una semana no paran ni las lluvias, ni las polleras voladoras, ni las quejas por la interminable ventisca. , sin embargo, no tenía problema, porque ella tenía un saco, y nadie podía decirle nada porque aunque era parte del uniforme de chicos, era parte del uniforme escolar en fin.

            Fuji Shuusuke, por su parte, se sentía mucho más afectado. Los chistes de “¿Está fresco para chombas, no, Fujiko-chan?” de su amigo y compañero de clase Kikumaru no le hacían más gracia, porque él se había venido, efectivamente, con una chomba. Y sí que estaba fresco. Se pasó todo el recreo en el aula volteando abrigos ajenos y analizándole las etiquetas, pero no tuvo éxito. Kikumaru sostiene que jamás lo vio tan preocupado; y es que, con su mente de tensai, era una vergüenza que haya perdido su saco. Podía mantener sus debilidades ocultas a cualquiera, tenía potencial ilimitado, odiaba a Mizuki (N/A: ¿y eso que tiene que ver?) pero no podía encontrar algo tan insignificante como el saco negro de cuello alto reglamentario.

            –¿Y si se lo llevó alguien por equivocación?

            A Fuji se le iluminaron aquellos ojazos azules que mucho disimulaba ante la propuesta de su amigo pelirrojo y gatuno. Claro, claro, esa era la única salida que quedaba – nee-san era siempre tan atenta, ella no podría haberse olvidado de hacerle acordar. Ahora, sólo quedaba averiguar quién… por lo que Fuji pasó el resto de lo que pronto se enteraría iban a ser horas libres de literatura (¡su materia favorita! Pero a la vez era oportuno, Fuji meditó, debía encontrar ese abrigo cuando antes…) obcecadamente preguntando quién había tomado un saco prestado.

-_-

            , semi-dormida sobre una fila de bancos que con mucho trabajo había juntado para que actúen de cama, deliberó para sus adentros si el saco del que ella denominaba “Fuji-kun” tenía fragancia floral o más bien cítrica. Parecía algún tipo de aromatizante para ropa, mezclado con perfume de ambiente, quizá, y también tenía rastros de pequeñas lluvias de au de parfum que Fuji debió de haber rociado sobre su cuello alguna que otra vez.

            “Un día de estos… cuando esté solo… le voy a hablar. No tengo nada que perder” pensó mientras se reacomodaba sobre su lugar. “Esperen un segundo… ¿y si este saco no es de Fuji-kun? Realmente me arruinaría la fantasía. Huele rico…

            “¿Qué pierdo si le digo…?

            “Bueno, supongo que tan sólo somos compañeros… no habría una amistad de por medio… y si se fuera a desarrollar una, ya estaríamos pensando en prever una oportunidad para que seamos más que eso…

            “Me pregunto…

            “Hm… de verdad, huele riquísimo…”

            Y en eso se había quedado pensando cuando un compañero la sacudió avisándole que estaba a punto de subir una profesora.

            Shuusuke, por su parte, ya había terminado de preguntarle a la media escuela quién había tomado un saco prestado (obteniendo reacciones varias, que iban desde una mirada de puro susto [“¿¡Fu-Fu-Fu-Fuji me está ha-ha-hablando!?”] a una de puro éxtasis [“¡FUJI-KUN ME ESTÁ HABLANDO!”] a una con el ceño muy fruncido [“Fushuu… Fuji-senpai está cada vez más raro…”]), pero, como el tiempo pasa y tuvo que esperar a distintas oportunidades para lograr encuestar a medio Seishun Gakuen, finalizó su tarea al final del día. Y aún le quedaba un buen manojo de estudiantes a los cuales asustar cuestionar mañana…

            Hasta que vio a una estudiante de tercer año clase seis (es decir, de su misma división) que por alguna razón del mundo (sea distracción, a propósito, o porque justo le mandó un SMS Yuuta) no había llegado a ser cuestionada por Fuji. Se le acercó, y le hizo la pregunta clave.

            –Hm… no, no lo tengo, pero… creo que ayer -chan tomó un abrigo que no era suyo y hoy vino con el mismo. Le dije que me parecía que era el tuyo, pero no le importó mucho.

            … ¿, así como en, -chan, alumna de tercer año clase seis, que ocupaba el anteúltimo banco del lado de la ventana, delante del de Fuji Shuusuke?

            –Ya… veo. Gracias, Mirume-chan.

            La fría puesta del sol anunciaba que ya era hora de ir a casa, trayecto en el que Fuji le comentó a Eiji que ya sabía quién tenía su abrigo, y que mañana hablaría con ella. Kikumaru no pudo evitar sino ponerse molesto hasta que le sacó el nombre de la chica (que de todas formas nada más le costó preguntar una vez, después de todo, ¿qué problema había en que el pelirrojo sepa quién poseía su saco?), pero lo que Fuji no sabía al decírselo es que su compañero había ignorado por primero la primer parte de “tiene lo que estoy buscando” y tan sólo había escuchado el un tanto serio “voy a hablar con ella”. Dicho de otros modos, Eiji entendió todo bastante mal.

-_-

            –-chan, ¡es urgente, urgentísimo!

            le arrugó la frente al pelirrojo, pero más preguntándose si era para tomarlo en serio que realmente preocupada por la cuestión. Kikumaru procedió a agarrarla de las manos, traerla muy cerca, y comenzar a susurrarle en el oído de forma que quedaba bastante seductora, pero que sólo Kikumaru Eiji hacía ver ridícula. Después de terminar de murmurar todo como quien murmura, apresurado, un plan ultra-secreto, se separaron, con la cara pálida.

            –¿Que Fuji-kun tiene asuntos para hablar conmigo, decís?

            A lo que Eiji respondió con un “¡shh!” prolongado y movimientos desesperados con los brazos, justo cuando Fuji Shuusuke entraba por la puerta, luciendo como zombi, para luego desplomarse sobre su banco como si no hubiera dormido en toda la noche. lo miró con cautela mientras se acercaba a su pupitre para sentarse, pero no vio ni un mínimo indicio sobre que el tensai estuviera a punto de decir “Hablemos después” o algo por el estilo.

            Acontecimiento que no se dio en ningún momento del día. En las primeras horas, Shuusuke se olvidó; en las segundas, tuvo que ir a leerle un cuento a los alumnos de primaria porque se había anotado hace mucho tiempo para darles lecturas a los chiquitos para perderse de matemáticas; en las terceras, Shuusuke fue el que tuvo que irse porque también se había anotado (y no es que no le gustara biología, pero desde aquel día en el que había tenido una fuerte discusión con la profesora sobre los cactus, ya no le entretenían más las clases); y finalmente en la última, se fue de literatura porque hoy le habían agarrado ganas de tener más tiempo para almorzar. Llegó el casi-final de la jornada escolar (porque para muchos, como los ilusos que se metían en clubes, la cosa seguía hasta tarde), y tuvo que esperar a una amiga que se había olvidado de darle devuelta el resumen de elementos de fisicoquímica, por lo que se quedó con cara de nada en la puerta de la escuela hasta que la vio llegar.

            –¡-chan…! –exclamó la otra joven al tenerla lo suficientemente cerca, y se detuvo para recuperar aire. estaba a punto de decir algo como, “No tenías que correr tampoco, ya te esperé cuarenta minutos, diez minutos más qué son…”, pero su compañera le ganó en rapidez al hablar–. ¡No sabés! Me contó… me contó Eiji-kun. ¡Fuji Shuusuke te está buscando para que hablen!

            A la vez que sentía que algo entre lindo y raro le revoloteaba en el pecho, intentó mantener su postura –Sí, ya ––

            –Estaba muy serio, creo que quiere algo importante –prosiguió la chica, zambullendo de mientras la mano en su maletín así iba entregándole el resumen que necesitaba para estudiar–. Así que, esperá que te de las hojas y me voy corriendo… así los dejo solos…

            –Pe… pero, Kimi-chan – sonrió, entre lo nerviosa y lo expectante–. ¿Qué quiere, exactamente? ¿Tenés idea?

            –No sé, pero según Eiji-kun, lo tenés loco, eso es lo que pasa. Ne, aunque no te guste, yo le daría una oportunidad… es un lindo chiquito, aunque sea raro, ¿ne? –y la joven le entregó un manojo de hojas A4–. Tomá, tomá. Me voy yendo. Gracias por esperar.

            “Gracias por hacerme esperar”, frunció el entrecejo al ver su figura alejarse, y fue sólo después que le sonrió un “Nos vemos” como saludo que cayó en la cuenta de lo que le acababan de decir. Y justo cuando estaba por tener una importante discusión con su conciencia, una cabeza pelirroja se vio en la distancia. Corría casi tan rápido como su amiga.

            –E… Eiji-kun –y no podía negarlo: ahora sí que había mandado al diablo la supuesta compostura que debía mantener y se mostraba real, honestamente nerviosa–. ¿Q-qué…? Bueno, empecemos por lo primero, ¿le estuviste diciendo a toda la escuela que Fuji-kun me quería hablar?

            –¡-chan! ¡Yokatta nya! [1] Pensé que no llegaría antes que Fuji –Kikumaru le apoyó ambas manos en los hombros, tanto como para no irse de mambo por la falta de aire como para agregarle drama a la situación–. Lo siento si abrí la boca, es que, ¡es un acontecimiento importante!

            –¡Pero vos nunca me dijiste que Fuji Shuusuke también gustaba de mí!

            Eiji ese dato no lo sabía. A la clara exasperación de la joven, le dedicó una sonrisa –¡Esto es genia~al! Serán la pareja del año. Bueno, estoy casi, pero cien por ciento seguro que sí, le gustas. Él nunca me lo habrá dicho, ¡pero no tienes por qué frenarte por eso! Si sos lo suficientemente directa, lo conseguirás ––

            –Yo soy directa –corrigió –. La única razón por la cual no le dije lo que sentía todavía es porque iba a ser un poco estúpido que una chica con la que apenas se habla le venga con ––

            –¡Entonces decile, ya! Tendría que estar viniendo, así que me voy, me voy, no quiero interrumpir.

            Kikumaru retiró sus manos y comenzó a alejarse. A le vino un déjà vu, y pudo permitir que el curso de las cosas transcurriera como antes de que se acercara Eiji a decirle más de lo que ya sabía y discutir con su conciencia.

            “¿Debería creérmelo…? No, esperá, ¿qué tipo de tarada soy? ¿Por qué dudo? Si alguna vez hubo un momento para decirle…”

            “No seas apurada”, le dijo su conciencia. “Callate la boca”, le contestó , quien no estaba a punto de permitir que nadie le pinchara el globo, ni siquiera su propia voz interna.

            Habiendo tenido mucho, mucho menos tiempo que el necesario para digerirlo, lo próximo que vieron los ojos de la joven fue un caminar tranquilo, unos cabellos de castaño miel, y un par de ojos azules semi-cerrados. Se preparó, pero mientras pensaba si estaba bien el estarlo esperando así, como si ya supiera (cosa que obviamente Shuusuke no debía saber), o si debería adelantarse y hacerse la que todo esto era completamente inesperado. Pero… ¿y si Fuji ya la había visto? ¿Podía ver con los ojos cerrados así? ¿Los abriría al hablarle? (esto último era importante: requería de mucha preparación psicológica, aún más de la que de por sí no había tenido) ¿Se lo diría suave, o directo, de una?

            –Ah, ahí estás, -chan –Shuusuke le sonrió su sonrisa marca registrada, y le pareció a que había más dulzura en este llamado que antes, así que se libró de todo escrúpulo y soltó, usando su inteligencia al cien por cien:

            –¡VOS TAMBIÉN ME GUSTÁS!

            Acompañado por una reverencia por parte suya y una abierta de ojos por parte de Shuusuke.

            –…

            –…

            –… anou, -chan, creo que ese es mi saco, ¿puede ser?

            se enderezó, intentando deformar las palabras en su mente lo más que pudo, pero no hubo caso… el chico había dicho, irremediablemente, “creo que ese es mi saco, ¿puede ser?” y no “ya es hora de que salgamos, ¿desu ne?”. Y no había vuelta atrás. Y… ¿¡QUÉ!?           

            La joven registró lo que el castaño había dicho del todo y se observó, viendo que aún estaba abrigada con el saco de un hombre. Las piezas no encajaban – ¿era esto de lo que hablaba Eiji…? Seguramente, imposiblemente, no podía ser. ¿No?

            –Qui… quizá lo sea – se lo quitó (hoy ni siquiera hacía tanto frío, pero la sola idea de que hubiera podido pertenecer [en pasado porque ya lo había adoptado como suyo] a Fuji Shuusuke hacía que no pueda dejar de usarlo) y se lo tendió al muchacho en la mano, sintiendo que estaba roja como nunca creyó haber estado en su vida–. Fi-fijate.

            Shuusuke, callado y al parecer sin haberla escuchado bien (aunque sus ojos, abiertos como si tuvieran cinta scotch en los párpados, decían otra cosa), lo recibió e inspeccionó –Sí, sí, definitivamente es este. Qué alegría, pensé que jamás lo encontraría –y le echó una miradita vergonzosa a –. Gracias. Pero, sobre lo que dijiste antes…

            se rió como si en realidad estuviera llorando mediante la risa y se pasó una mano por el pelo –Eh… es que… me dijeron que… ¿no es verdad que te gusto, entonces?

            El rostro de Fuji adoptó una expresión culpable –Sos una buena chica, pero… no te conozco bien… aguarda, ¿quién te dijo eso?

            –Eiji-kun –replicó , y recibió una mirada de “Por favor, explicá”, así que explicó–. Me vino a decir que me querías decir algo muy… importante… –y le cayó la ficha de las palabras hirientes que sin querer había soltado el joven–. Bueno, aunque te hayas enterado por una situación un poco rara… es verdad, esos son mis sentimientos por vos.

            –Comprendo –Shuusuke cerró los ojos en una sonrisa, pero su rostro seguía lleno de culpa–. Lo siento, -chan –un viento helado se levantó de nuevo–. Ah, hace un poco de frío, así que… si tenés frío, no me molestaría que te quedes con mi abrigo un poco más. Si querés, te acompaño hasta tu casa y me lo das en la puerta…

            –No, por favor, no te podría pedir eso – negó, sacudiendo sus palmas abiertas para reforzar lo dicho–. Está bien, Fuji-kun. Pensé que… Eiji-kun decía la verdad, por eso reaccioné así.

            –-chan, probablemente Eiji sí estaba diciendo la verdad… –y Shuusuke continuó antes de que pudiera malinterpretarse–. Su verdad, porque él entendió eso. No hay problema. Por favor, que no te ponga incómoda que yo sepa cómo te sentís.

            sacudió la cabeza –Gracias por comprender, Fuji-kun. ¡Pe… perdón por haber dicho las cosas así! –se rascó tras la nuca, riendo–. Jya, supongo que iré volviendo a mi casa.

            –Claro. Nos vemos.

            –Nos vemos.

           

            “¿Qué… qué acaba de pasar?”

            se alejó de la escena a paso rápido, como haciendo demasiada obvia su desilusión, cosa que realmente no deseaba para no hacerlo sentir mal, pero que le fue imposible fingir. Si todo hubiera sido de otra forma… quizá se habría hecho primero amiga de Shuusuke, tan amiga que hubiera sido imposible no considerar el pasaje hacia algo más… hubieran compartido tantas cosas… ¿así cerraba lo suyo? ¿Con una mirada incómoda y un trato desconfiado de por vida? No podía ser…

            Fuji la siguió con los ojos hasta que sólo era un punto perdiéndose en la distancia, meditando lo que había dicho y por qué. Aunque eso fuera lo que él realmente sentía, ¿por qué decirle que no? Era buena. E inteligente. Y madura para su edad, y… quizá en otras circunstancias…

            El joven genio pasó reviviendo la situación durante un buen tiempo, pensando cada vez más profundo sobre lo que podría y no haber hecho. Llegó un momento en el que Shuusuke no podía soportar más el pensar que podría haberse prohibido conocer a alguien solo porque, irónicamente, “no la conocía bien”, y esto le enervaba un poco. Bueno, es probable que el asunto por sí solo no le pusiera los nervios de punta, pero las insistencias de su compañero de clase pelirrojo sí.

            No pensaba negárselo más. Si algo dentro suyo le pedía saber más sobre la directa pero amable joven, entonces… quizá sí, quizá sí debía conocerla más. Después del tiempo que había pasado habían podido pasarse tareas de nuevo, y todo se veía prometedor, sin embargo…

            ¿Qué se le dice a esa persona que te cae demasiado bien, pero que ni siquiera es tu amiga? ¿Qué opuesto ocupa en tu vida?

            –¡Hoy hace mucho frío!

            Shuusuke fue sacado de su ensueño por una voz femenina quejándose. La portadora de esta voz era nada más y nada menos que , quien, dicho sea de paso, tenía puesto un saco que le llegaba hasta las rodillas.

            Lo reconoció como parte del uniforme de Okiayu Chihiro, y una ola de algo parecido a los celos le recorrió el cuerpo.

            Podría bien ser el suyo…

            No, aguarden, sería el suyo. Fuji pronunció más la sonrisa (cosa que, como siempre estaba tan pronunciada, fue invisible al ojo humano normal) y se dio una palmada imaginaria de espalda a sí mismo.

            –Ne, -chan –le dijo un día como todos, sólo que un poco más frío, mientras la joven le devolvía el saco que se había puesto ese día (todo para llamar la atención de Fuji, pero eso no se los dije yo) al chico cuyo saco había usado ese día (valga la redundancia) –. Chotto, hanashi ga… [2]

            volteó, la brisa fría frenando en el momento en el que sus ojos se encontraron con los de Shuusuke (en un sentido romántico, no; no es que quiera atribuirle a Fuji poderes psíquicos aunque todos sepamos que los tiene) y asintió distraídamente con la cabeza, al mismo tiempo en el que el castaño le colocaba su propio saco por los hombros y se iba caminando con ella, ignorando deliberadamente a Okiayu Chihiro[3], quién hasta el momento realmente se había creído que tenía una oportunidad con , pero… sí de Fuji Shuusuke se trata, mejor olvidarse del asunto.

Owari.

Epílogo [porque sino sé que me cortan un ovario…] [4]

            El alba era clara, pura, celeste. Una ventisca soplaba y caía como en tirabuzón por la calle semi-vacía, volando la corta pollera del marinerito de cierta chica. no logró sostenerlo en su lugar, pero no era algo que particularmente le importase. Aún cuando la brisa helada pasó por sus brazos, congelándole hasta el hueso, tenía calor, mucho calor. El calor que le proporcionaban ciertos brazos que se hallaban trabados alrededor de su cintura, siempre tan sutilmente positivos; el calor que le proporcionaban ciertos ojos del color de zafiro que no dejaban de mirarle los labios con hambruna, hasta que ya, por la cercanía, no podían verlos más; el calor que sólo podía proporcionar un solo joven, una sola lengua deslizándose dentro de su boca, una sola mano profundizando el beso.

            Pero para romper el clima serio, volvemos a acotar: quizá era ESP, quizá era porque era… él. sólo sabía que, aunque también le había gustado Shuusuke cuando decidió charlar con ella aquél fresco pero agradable día, le gustaba mucho más cuando la besaba así.

~ Aocchi

Sobre el título: “kandan” (o sea, lo que está escrito en el kanji que ven ahí) significa “conversación tranquila/disfrutable”, pero la misma lectura tiene el kanji que designa temperaturas extremas (寒暖) que es lo que yo imagino que sentiría si Fuji Shuusuke se me acercara así – mucho calor en un día de mucho frío. Dicho esto, me voy a mi realm de fangirl a fantasear… o quizá no. Tan sólo me voy a inglés. Bueno, más o menos…

[1] – “¡Qué alegría, nya!” (sonaba más lindo en ponja xD)

[2] – “Hablemos un segundo…” (puesto en japonés por ídem razón anterior)

[3] – Apellido del seiyuu de Tezuka y nombre del de Kamio. No tengo mucha creatividad a veces, no sé si se me nota…

[4] – Shishido: Qué fina.
Ao: *blush* ._. bueno… es que… sería una pena que no haya un beso, deshou?
Shishi: Tenés razón; después de todo, es por lo único que leen esta novela en primer lugar.

[5] – Megan-kun: *saca una enciclopedia* “Extra-sensory powers” o “Habilidades extra-sensoriales” desu.
Ao: *pat pat* Bien dicho, Megan-kun~

Ya sé que esto no vale por ese fic de Ki que te debo, pero, ¿me querés igual, Zukkin? xD

[16 de Octubre, 9:32 PM, pedido para Zukki – terminado]