Como toalla húmeda de sudor y lágrimas, la piel de la joven era resbaladiza al tacto. Su nombre hizo que sus labios se movieran por última vez antes de caer en un profundo ensueño, con la cabeza escondida en el pecho de Mizuki Hajime y las mejillas aún agridulces, por tantas lágrimas y tantos besos.

              Su novio, aún con un tozudo problema no resuelto que tiraba en su garganta, quedose dormido con una sola tranquilidad: por lo menos, esta vez, él no era quien la había hecho llorar.

Excéntrico.

           Capítulo Anexo 1.
(sus. m.) Llanto.
( efusión de lágrimas acompañada frecuentemente de lamentos y sollozos. )

              Desde el piso de arriba, las voces entusiasmadas y amables daban la impresión de pertenecer a otro mundo. Un universo alterno donde las personas siempre se quedaban en el mismo lugar y no cambiaban, donde el dialecto de Yamagata espesaba y entorpecía las palabras. “Oban desu, ¿podríamos…?” “Sí, sí, claro, adelante” “Esta es Tsurara-chan, ella es Hoshiko-chan…” “¡Gusto en conocerlos!”… puras chácharas, pura cosa predecible, demasiado ensayada.

              –Ah, sí, este nuestro Hajime-chan. Él es el que está enlistado en Saint Rudolph.

              agudizó el oído, abriendo los ojos de golpe y calzándose las pantuflas al salir de la cama. Recordó que debía mínimamente colocarse una bata antes de mostrarse frente a extraños recién a mitad de pasillo, así que regresó a su habitación, enervada consigo misma, y la buscó. Una vez bajada la mayor parte de la escalera, sin embargo, pudo ver claramente que la figura que se dibujaba en la puerta de la cocina era aquella de un joven de más o menos su edad. Enfurecida con sus padres por no avisarle que hoy conocería al supuesto chico junto con el que iría a la escuela, pero aún más consigo misma por no haber razonado el comentario que había escuchado antes, volvió a su habitación rezongando porque no sabía con qué vestirse. Y claro, típico, siempre estaba el “ , bajá”  por parte de su papá que le hacía lo que tanto odiaba que le hicieran: la apresuraba. De modo que se vistió como pudo e hizo lo pedido, sintiendo como las entrañas le burbujeaban.

              –Konbanwa –dijo , tratando de llamar la atención de los presentes, aunque realmente le hubiese gustado no decir nada y pasar desapercibida, permitiéndole volver a su cuarto y estar en paz.

              –Oban desu –clamó todo el comedor, a excepción de un muchacho con apariencia frágil y mucha cara de no saber qué hacía ahí. Éste saludó como se debía. “Konbanwa”.

              –¿Ah, esa es -chan?

              –Sí, esa es. , no seas tímida, preséntate, vamos.

              La garganta de la chica largó un quejido sin que esta se diera cuenta –Soy , estudiante de primer año. Es mi placer conocerlos a todos –aunque a ciertas personas ubicaba; como el socio de trabajo de su papá y a su esposa, por ejemplo. Los tres jóvenes eran caras nuevas: dos muchachas, quizá en su adolescencia tardía o comenzando los veinte, ambas; y aquél enigmático moreno de unos trece años que había hablado en Tokyo-ben.

              –Soy Mizuki Tsurara, estudiante de primer año en SakuDai. [1]

              –Mizuki Hoshiko, pero, e-to~… ¡La verdad es que no estudio!

              La sala estalló en carcajadas. De nuevo, todos menos y el hijo varón de los Mizuki, quién, dicho sea de paso, se presentó, para sorpresa de la hija única de los , con una reverencia cuasi-principesca, con una mano guardada tras la espalda y otra cruzada frente al estómago.

              –Mizuki Hajime, estudiante de primer año en Sei Rudorufu Gakuin. Yoroshiku.

              tampoco entendió bien por qué, pero para cuando se dio cuenta ya estaba tomándose del extremo de la pollera y doblando las rodillas –Yoroshiku.

              En el momento, las dos familias los miraron como lo que eran: salidos de otro planeta. enrojeció al darse cuenta de esto y volvió a pararse derecha, hizo una reverencia breve con la cabeza, y fue a distraerse con otras cosas, tales como ayudar a preparar las cosas para la cena. La noche pasó entre risas y más Yamagata-ben; sobre el clima allá, cuál era la forma más cómoda de dormir en el avión, las cosechas, el enka…

···

              jamás había entendido a los padres que mandaban a sus hijos a colegios pupilos hasta que los suyos en convirtieron en unos. Caminar por las afueras del campus escolar, sin embargo, y como muchas otras cosas tales como dormir con chicas que no paran de hablar en toda la noche, se le había hecho tan metódico y diario a que ya era casi como algo que simplemente sucedía y se dejaba que sucediera. Que algo, del susto, le haya hecho lanzar su elección de lectura de la tarde por los aires rompía con la costumbre, y no le cayó bien.

              –Mizuki-kun – recuperó su compostura, tomando el libro y volviendo a abrazarlo fuerte contra su pecho–. No deberías jugar a ser gato, te podés lastimar.

              Lo miró con frialdad, pero a la vez sintiendo que le empezaba a arder una franja de piel en medio de su rostro. Era una persona muy molesta para tener cerca: siempre tan analítico, tan sabiente, tan seguro (y con mucha razón) de que con una sola mirada le bastaba para ver lo que alguien pensaba. Y pensar que al principio había aparentado ser una persona extraña pero encantadora…

              –No me pasaría nada desde una distancia tan corta, -san –sentenció Hajime, tomándose el haber saltado de la cima de una pared hacia el suelo como algo completamente natural para hacer–. No te preocupes por mí. Nfu~

              –¿Qué hacías ahí arriba, de todas ––

              –¿Qué leías? –interrumpió (estratégicamente) Hajime. le frunció el ceño y le mostró la tapa del libro.

              –No lo estaba leyendo, lo estaba por leer –corrigió , intentando lograr, al bajar la cabeza, que el cabello le cubriera las inseguridades que dejaba ver su rostro. Se ponía nerviosa cuando hablaba con chicos, como cualquier adolescente de su edad, pero no fuera a ser que al tarado de Hajime se le ocurrieran ideas raras sólo porque se sonrojaba cuando lo tenía cerca. Porque era normal, diablos–. ¿Conocés al autor?

              –No –Hajime jugueteó con una de las mechas de su flequillo entre sus dedos–, no me suena.

              –Mizuki-kun, no quiero escucharte quejar después porque no encontrás ningún producto que mantenga tu cabello en forma. Estás todo el día engrasándotelo.

              Pero lo que no era normal era que quisiera con toda el alma salir corriendo de ahí lo antes posible y aún sí hiciera comentarios que incitaban que se quedara charlando un rato.

              –Es verdad –admitió el chico, bajando la mano–. Mi error. Es un mal hábito difícil de dejar.

              “Entonces dejalo”, pero no lo exteriorizó, sino que bajó aún más la cabeza y le pasó por al lado. Cinco finos dedos, sin aviso, se enredaron en su cabellera al pasar, y la recorrieron hasta llegar a las puntas y deshacer los nudos en ellas.

              –¿¡Qué te ––

              Hajime rió melódicamente. pensó lo que había estado meditando dos veces: no tenía por qué ser normal frente a alguien que claramente no lo era –Es sorprendente que tu cabello no se enrede mucho aun cuando no te lo cuidás, -san. ¿Tendrá que ver con ser bendecido desde nacimiento?

              lo miró. Sonrojada. Diablos. –Fetichista del pelo.

               ¿Por qué su risa sonaba tan estúpidamente musical? –Si vos lo decís…

              Sopló una brisa y, por unos breves instantes, se quedaron mirándose: Hajime aún con esa sonrisa de complacencia tatuada en los labios, firme en mantener gacha la cabeza.

              –Prestámelo un rato –pero para cuando ella pudo elevar la vista, él ya poseía el libro en sus manos y se alejaba con éste, tan apacible como cuando había saltado de la pared sin previo aviso. estiró la mano para recuperarlo, pero tan sólo logró aferrarse a un puñado de aire. Lo miró mientras su esbelta y aún no desarrollada silueta se hacía más y más pequeña, preguntándose, preguntándole, mediante una mirada inquisitiva clavada en su nuca, cómo quería que reaccionara. Si estaba bien correrlo y pegarle uno de esos golpes que no tienen intenciones de lastimar, o si estaba mejor callarse y mantener su estética de dama, aún cuando lo que tenía ganas de hacerle iba en contra de cualquier protocolo. ¿Era feliz si ella jugaba con él, o en su contra? ¿Había que complacerlo o sorprenderlo para caerle bien? En todo caso, ¿cuánta diferencia había entre “complacer” y “sorprender” en el diccionario de Mizuki Hajime?

              “¿Caerle bien?”, se cuestionó la muchacha, inconscientemente caminando rápido tras él, pero aún sin saber qué le diría cuando lo alcanzara, “Sí, claro, ‘caerle bien’. No gustarle, atraerle, sólo agradarle. Porque ése es el deber que siempre recayó sobre mí: ser agradable, educada, un orgullo.

              “Pero… nunca me importó a caerle bien a nadie. Es una tarea a cumplir impuesta por mis padres, no algo que yo piense; el acostumbramiento me llevó a actuar en consecuencia sin tener que racionalizar mis pensamientos…

              “Pero ahora pienso. Tengo que pensarte, Mizuki-kun.”

              Por fin lo alcanzó en su paso ligero. Hajime observó, desde el rabillo de su ojo, como una mano le arrebataba el libro y un hombro chocaba intencionalmente fuerte contra el suyo. Al vislumbrar por medio segundo el sonrojo de , soltó una risita. La joven la escuchó, pero se obligó a sí misma a mantener la vista fija en el frente y no voltear.

···

              Utilizó, quizá, demasiada fuerza al azotar el teléfono, y rezó que su madre no se haya percatado de esto. «Feliz navidad» jamás había estado tan vacío de significado, efímero y etéreo al punto de poder ser comparado con un suspiro en medio de un sueño. El campus escolar estaba mortalmente silencioso durante esta época del año, a excepción del metálico murmullo de los muchos parlantes colocados aquí y allá, que desde principio de mes cantaban villancicos interpretados por vaya-a-saber-qué coro de niños. Pasó por su dormitorio para buscar un abrigo (lógicamente, pese a la cantidad de estufas, el colegio era demasiado grande como para que la calefacción diese abasto) y después hizo una escala de tiempo indeterminado en la cafetería. Era el único lugar en el que un par de voces hacían eco en el techo, y en el que no hacía tanto frío (por lo menos no figurativamente hablando – que la noche estaba helada, no se podía negar).

              Mizuki Hajime la analizó por unos segundos, riéndose calladamente ante la forma en la que estaba con los brazos lanzados sobre la mesa, la cabeza escondida en ellos. Aguardó que la maquina dispensadora preparara dos chocolates calientes y, una vez terminados, los transportó con cuidado hasta donde estaba la semi-dormida , apoyándole uno a la mejilla (lo que la hizo elevar la cabeza del susto, pero como Hajime ya había estado esperando esta reacción, alcanzó a retirar el vasito a tiempo).

              –¡Mizuki-kun! –exclamó en un tono sorprendido, traumado y enojado a la vez. Le tembló la ceja al ver como Hajime se sentaba a su lado, tan sosegado como siempre solía estarlo cuando la torturaba–. ¿Qué…? Eh… ¿pensé que tu mamá estaba en Tokyo?

              –¿Me escuchás cuando te hablo? –a lo que estaba a punto de contestar que sí, con especial atención, pero que no era su culpa que a veces hablara tan raro que era imposible entenderle–, maa, ii desu yo. Te había dicho que okaasan tenía que dar un pequeño espectáculo hoy a la noche [2], así que por eso iba a salir sólo de día con ella. Además, viene a cantar por un día solo, y luego vuelve a Yamagata y pasa año nuevo con mi familia.

              –Ah –soltó la muchacha, sosteniendo entre sus manos el tibio vaso de telgopor, sintiendo que el vaporcito con perfume a chocolate le azotaba el rostro placenteramente–. Sí, perdón, había entendido cualquier cosa.

              –Quedás disculpada –Hajime replicó, a lo que frunció el ceño, porque sintió como si estuviera insinuando que su perdón era algo difícil de conseguir. También, ella, ¿a qué le pedía perdón? ¡Perdón sólo se le pide a la Iglesia! –. ¿Y tus padres? ¿Te iban a llamar?

              –Tenían una reserva en un restaurante a las once de la noche… ahora, no me preguntés cómo van a hacer para aguantar sin comer hasta esa hora – volvió a esconder la cabeza entre los brazos, convirtiéndose en un nido de cabellos despeinados sobre la mesa–. A veces pienso que lo hacen para no tener que poner una excusa de por qué no me llamaron a las doce.

              Hajime hizo una mueca preocupada con la boca –Pero, ¿te llamaron?

              –Sí, recién.

              Sólo ahora pudo el joven tomar el primer sorbo del vaso de chocolate –¿Y entonces?

              –Y entonces me dan igual. Me da igual que me llamen, porque me llaman tres veces al año, como mucho – observó su propia bebida, preguntándose de mientras si ésta también estaría a una temperatura mínimamente tolerable–. Por ahí tu situación es diferente.

              Por respeto, Hajime no contestó. No quería hacerla sentir mal, pero quizá se recordaría a sí mismo invitarla a salir con su familia si esta situación se hacía posible las próximas navidades. Un segundo después de pensar esto, un poco característico sonrojo pintó los pómulos del muchacho con sutilidad. ¿Por qué se le pasaba por la cabeza el hacer tal buena acción por esta chica? Si tan sólo se conocían este año… además, navidad no tiene significado para la mayoría de japoneses. Es tan sólo una fecha donde se juntan parejas, y Hajime tenía más que claro que, por ahora, no necesitaba distracciones tales.

              –¿Escuché que vos fuiste la encargada de poner el pesebre? Hiciste un buen trabajo –cumplimentó el chico de cabellos enrulados, utilizando lo primero que había entrado en su campo de vista para cambiar de tema. sonrió con un sutil tinte de orgullo.

              –Gracias –correspondió, tanto como por el halago como por hacerle el favor de llevar la conversación hacia otro lado–. La verdad que me tardó un tiempo; al principio no me habían dicho de qué color iban las luces, así que supuse que plateadas iban bien. Casi muero de vergüenza cuando me di cuenta de que todos los adornos de la escuela eran rojos y dorados.

              Hajime rió –Debe haber sido feo, deshou?

              Por una fracción de segundo, lo acompañó en su risa, pero luego se evaporó todo rastro de felicidad en sus facciones y volvió a dirigirle una mirada apesadumbrada al chocolate caliente que le había conseguido su compañero antes.

              –¿Debería irme?

              negó suavemente con la cabeza –No, a menos que quieras.

              –Bueno, entre esto y pasar las navidades solo… –Hajime apoyó su pera en la mesa, imitándola a la chica– prefiero esto.

              –¿Solo?

              –Solo.

              –Ah… ya veo. ¿Todos tus amigos están con sus familias, no, Mizuki-kun?

              La sonrisa que había forzado para agudizar el ambiente murió en el aire mientras Hajime tomaba el último sorbo de su chocolate y la joven recién tomaba el primero.

              –No, no tengo amigos.

              comenzó a ahogarse con un trago de chocolate algo frío, concentrándose tanto en hacer que no le saliera por la nariz que terminó atragantándose aún más. Hajime le palmeó la espalda dos veces.

              –¿Estás bien, -san?

              Le bastó comprobar con sus propios ojos que la estaba mirando para ella apartar la mirada con rapidez y quizás un sonrojo. Le dieron muchas ganas de preguntar por qué, pero a la vez se inquirió si esa duda no lo pondría algo incómodo. Tal vez este era su turno de cambiar de tema, pero… –S-sí, fue… lo siento.

              “Diablos, no puedo pensar cuando me está ojeando así…”

              –¿Por qué la sorpresa?

              Por aquí es donde Hajime ubica el haber sido pura y castamente curioso por última vez. A partir de ese punto, lo único que recuerda es haber desmejorado su actitud y haberse convertido en un embustero mentiroso.

              –Es que… vos…

              –Es simple, realmente –Hajime lo explicó tal y cómo se lo había planteado al mismo después de tantas noches de pensar para sí–: las escuelas católicas son para dos tipos de persona - para los virtuosos, y para aquellos que no lo son pero que se espera modificar –el muchacho la sorprendió por millonésima vez en el año al arrebatarle el vasito de las manos–. Y esto está frío, dejame que te consiga otro.

              –No, gracias, ¡lo prefiero así! –exclamó quizá demasiado fuerte , causando que algunos presentes la miraran–. Eh… –aprovechó los segundos en los que Hajime se sentaba para pensar en lo que iba a decir–. ¿Debería irme…?

              –No, a menos que quieras.

              Sólo después de apoyar ambos codos sobre la mesa, entrelazar sus dedos, y colocar su mentón en la unión de los susodichos, Mizuki habló de nuevo.

              – -san.

              Ante el tono serio, tensionó los músculos de la quijada –¿Q-qué?

              –¿Me dejarías convertirme en una mala influencia? –Hajime la miró de reojo, pretendiendo dejar su frase matadora ahí, pero ante la mirada de “Por-favor-explicar” de la joven, se dignó a hacer lo que esos ojos le suplicaban–. Dicho de otra forma, ¿serías mi primera amiga, formalmente hablando?

              –E-esa es una… –a los hombres que debes buscar les gustan las mujeres de carácter fuerte, escuchó la voz de su madre resonar en su cabeza. Con sólo este incentivo, hizo tanta fuerza para no sonrojarse que logró evitarlo–… bueno, si bien no es normal que así empiecen las amistades, claro.

              Hajime le sonrió torcido. No podía pretender tener una amistad normal con alguien que no lo era…

 (s. m.) Final.

 [1] – Sakura Daigaku… universidad Sakura… lo que quieran. Obviamente, lo inventé, y con muy poca originalidad.
[2] – La madre de Mizuki, según un 20.5, es cantante de enka. Y para los que dijeron, “WTF? ¿Qué inventó ésta ahora?”: http://es.wikipedia.org/wiki/Enka

Las diferencias que hago al principio (entre "konbanwa" y "oban desu"), son para marcar las distincciones entre el dialecto de Tokyo y el dialecto de Yamagata. Tengo entendido que el último es más bien de "campesino" y por eso tanto Mizuki como la protagonista lo evitan.
Nótese que todo este capítulo (excepto la introducción) es un flashback.

 

Aori.