Entreabrió los ojos, pesados a causa de lo mucho que le ardía la frente. Su novio estaba sentado en una aparentemente incómoda silla que había acercado él mismo a la cama, sumido en sus pensamientos hasta que la vio parpadear.

            –¿Estás mejor? –inquirió Mizuki, su voz un tanto extraña e incómoda, pero sin dejar de ser pausada y melódica.

            gimió incoherentemente, incapaz de articular una respuesta lógica a la pregunta, y volviendo a cerrar los ojos, porque por alguna razón le dolía mirarlo (y era un dolor más allá de la presión que sentía en la sien).

            –Seguí descansando, entonces –resolvió el moreno, cruzándose de hombros, la expresión aún severa.

            La duda quedó en la cabeza de la chica, sin ser dicha, por unos segundos, hasta que por fin fue exteriorizada con miedo –¿Estás enojado?

            –Eso depende de si Fuji-kun te obligó a quedarte o, por algúna razón, decidiste quedarte por tu cuenta.

            –Perdón –soltó al instante–. Me olvidé de que te había prometido que tendría tiempo, cuando en realidad…

            –Bueno, he ahí la respuesta a tu interrogación –dijo Mizuki. Su novia le arrugó el ceño.

            –No entiendo. ¿Sí o no?

            –Sí, bastante.

            Siempre tan caballeroso: no importaba cuán afiebrada y angustiada estuviese la joven – Mizuki ni siquiera vacilaba en largarle palabras envenenadas, el muy bastardo…

            –¿Te sentís muy mal, o puedo irme?

            tensionó la mandíbula.

            –Hacé lo que te parezca correcto.

            Mizuki se puso de pie agraciadamente, y caminó con lentitud (y hasta como queriendo gozárselo a la chica en la cara) hacia la salida. le inquirió, con ojos lastimados, si eso era lo que realmente consideraba que estaba bien. Él le replicó cerrando la puerta detrás suyo con suavidad

Excéntrico.

Capítulo tres.
(s.) Sadismo.

( crueldad refinada, con placer de quien la ejecuta. )

            El campamento eventualmente llegó a su fin, dejándole, a muchos, una variedad de nuevas amistades, y a otros, un par de conflictos inconclusos. El autobús de Saint Rudolph estaba callado como usualmente solía estarlo, con la única excepción del suave murmullo de la radio, la cual el chofer escuchaba discretamente.

            –¿-san? ¿Le pasa algo? –preguntó Yuuta con un hilo de voz. La aludida lo miró de reojo, intentando suavizar su expresión nada más porque este Fuji le caía bien, pero sin poder lograrlo. El ceño fruncido había quedado fosilizado en medio de su frente.

            –No dormí bien –bah, qué excusa patética.

            –Ah… –se tensó Yuuta en el lugar, preguntándose por qué había hablado. Obviamente, su cabeza no tardó mucho en relacionar lo que antes le había replicado Mizuki-san sobre su respectivo mal humor (que había sido exactamente eso – “Mala noche”, en palabras del moreno), y sintió que su rostro actuaba en consecuencia y comenzaba a enrojecer, a la vez que se insultaba fuertemente a sí mismo por su estúpida e inmadura reacción.

             –N-no tuvo nada que ver con Hajime, eh – acompañó a Yuuta en parecer un semáforo con ojos y nariz, devolviéndole un ladrido rebajado a susurro–. Si-simplemente dormí mal.

            De hecho, ojalá hubiera sido eso…

            –Claro, sí. Perdón, n-no sé por qué pensé mal.

            –No, no te disculpes, está bien –despreocupó la chica, y luego volvió a desviar la vista hacia la ventana. Una vez que por fin había conseguido un poco de distracción sumida en su mundo de música y postes de luz que pasaban y se iban al son de la rapidez del vehículo, le vienen a hablar de lo que estaba intentando olvidar. Genial, simplemente genial.

            Yuuta suspiró, incómodo –Pero… mire, -san, yo sé que no es de mi incumbencia ––

            –Si lo sabés entonces no te metas –la joven ladró, pronto arrepintiéndose y volviéndose para mirarlo–. Por favor, Yuuta-kun.

            –Si mi hermano llega a molestarla, usted me lo diría, ¿no?

            no entendía cómo era que no se había esperado esa. Obviamente no tenía idea de cuánto amor fraternal existía de verdad en esa relación, pero era solamente esperado que Shuusuke le hubiese mencionado algo a Yuuta. Sin querer saber qué y aún replicándose por el comentario, logró soltar:

            –No es el lugar para hablar esto.

            Y le echó una mirada significativa a Mizuki, unas cinco filas de asientos más adelante.

            –Eso… sí, lo sé, pero estoy preocupado, -san.

            –Yuuta-kun, ¿sabías? Los colegios católicos tienen dos tipos de persona – cambió monumentalmente de tema, haciéndole preguntar al de las cicatrices si esto iba a tener algo que ver o no–. Están los puros de corazón, y los que deben ser corregidos. Tú eres del primero –explicó, y su expresión adoptó un tinte adolorido–, y Hajime y yo somos del segundo. Por favor, no te metas con los del segundo grupo. No te merecés preocuparte por… nosotros…

            –¿Po… por qué llora? -san…

            Ella agitó la cabeza para espantar las lágrimas y volvió a fijar la vista en la ventana. Él le puso la mano en el hombro para indicar que la compadecía. El otro él giró los ojos, pero lo descartó como un sentimiento de culpa tardío por parte de la chica y resolvió que, en todo caso, se lo había buscado ella sola.

···

            había tenido razón: Fuji Yuuta estaba equivocado en querer meterse en donde seguramente saldría lastimado. Hubiera preferido, aún así, salir físicamente lastimado que tener que por poco morirse de una violación a sus papilas gustativas cuando probó la tartaleta que supuestamente le había hecho Yumiko-neesan.

            –¿Yuuta-kun? –exclamó Mizuki Hajime cuando lo vio retorciéndose en el lugar–. ¿Qué sucede?

            –Ka… ka-karai… M-Mizu… [1]

            Mizuki frunció el ceño.

            –¿Qué, qué pasa?

            Yuuta seguía retorciéndose.

            –¡Mi-Mizu!

            –¿QUÉ te pasa? ¿Y quién te dio permiso para llamarme “Mizu”, ahora?

            comprendió la situación con más rapidez que su confundido novio y salió corriendo a la caja, tomando una botella de agua y prometiéndole a la cajera que en cuanto volviese se la iba a pagar. Volvió agitada a la mesa, y se la dio a Yuuta, quién se la bajó de un trago. Una vez saciado de sed, se desplomó a un lado de donde estaba colocada la “tartaleta de frambuesas”.

            –Ah, lo que quería era agua [2]–Mizuki lo miró con la expresión sin cambiarle, como si no le preocupara el estado en el que estaba Yuuta. , contrariamente al manager moreno bastante preocupada, se acercó al Fuji menor.

            –Yuuta-kun, ¿qué…?

            –La tartaleta… está… maldito aniki…

            miró al menjunje de frambuesas con desconfianza –¿Tiene algo? Pero, si se ve rica… –y justo cuando iba a tocarla, Mizuki le pegó en la mano.

            –No hagas cosas impulsivas, -san –(bueno, no había estado tan mal su respuesta, tomando en cuenta que éstas eran las primeras palabras que el chico le había pronunciado a su novia desde el incidente de la súbita fiebre de ) –. Miralo a Yuuta-kun y sacá tus propias conclusiones.

            –¿Querés más agua? –Yuuta a esto negó con la cabeza–. Está bien. Entonces, con permiso – se levantó–. Voy a pagarle a la cajera lo que le debo.

            –No, por favor, senpai –el Fuji volvió a la vida al escuchar las palabras de la joven–. No se moleste, yo debería pagar.

            Mizuki hizo sonar sus dedos contra la mesa.

            –Por favor, no es nada…

            –Pero yo… ah, acá no tengo ni un solo yen…

            –Por eso, no es nada. No te preocupés.

            –Sí, claro que me preocupo, ¡no puedo dejarla ––

            –Por el amor de Dios, llévense su drama de primaria a otro lado, ustedes –Mizuki perdió su paciencia, pero lo disimuló muy bien, firme en su casual jugueteo con el cabello. y Fuji lo miraron con susto visible en sus rostros (y en el último, quizá un poco de culpa) –. Yuuta-kun, después le pagás. -san, dejá de insistir lo contrario y andá a pagar.

            –Mizuki-san… –Yuuta se mordió el labio inferior. Mierda, sí que -san había tenido razón en decirle que no se meta…

            –Hajime… calmate – puso su mejor cara de novia comprensiva, y apartó la vista, intimidada–. Estás… bueno, ya sé que todavía no me perdonaste, pero ––

            –“Pero aún así voy a intentar darte todos los celos que pueda con el primero que me pase por adelante”, ¿o me vas a decir que eso no lo pensaste?

            –¡Hajime!

            –No quiero cortarte porque te quiero, pero mejorá tu actitud.

            Mizuki se puso de pie, y ya sentía las lágrimas que amenazaban en sus ojos. Se tapó un grito ahogado con la boca, queriendo decir tantas cosas que no salían… “No fue mi intención”, “No es así”, “Estás exagerando”, “Deja de tratarme mal”, “¿Cuántas veces debo disculparme?”, “Disculpame, Hajime, por favor, discúlpame, por favor… por favor…”

Por favor.

            La mano pasó de cubrir su boca a cubrirle el rostro por completo. Una dama como ella no iba a llorar en público.

            –¿-san?

            –Yuuta-kun, toda la mierda que está pasando… todo es mi culpa – le replicó, con una sonrisa forzada y aún tragando lágrimas–. Lo que dijiste… lo que me dijiste sobre tu hermano… él te hizo esto porque yo me le negué, ¿no?

            –Que usted… ¡-san! –Yuuta sabía que no debió haberle gritado, pero la testarudez de la joven lo había sacado de sus casillas–. ¡Mizuki-san debería saber eso! Si usted se negó explícitamente a engañarlo con mi hermano…

            –No debería, pero de alguna forma me tomó por desprevenida el que vos sepas exactamente de lo que estoy hablando – se tapó el rostro con ambas manos–. ¡Pero no debería! Tantos resultados que no pude calcular…

¿Por qué estoy viviendo tan impulsiva… no, compulsivamente? ¿Por qué ya no puedo saber lo que va a pasar y qué contestar? Se me sale todo de las manos…

Quizá tenías razón, Hajime. Quizá yo jamás pertenecí al segundo grupo…

Pero vos me convertiste. ¡Por lo menos hacete cargo, pedazo de mierda!

            –-san, tranquilícese…

            Cuando la muchacha sintió sus mejillas empapadas, y sintió que no podía frenar el llanto, comprendió.

            –Ya sé qué me pasa.

            Con simplemente este comentario, hizo su salida del comedor. Ya era hora de cambiarse para las prácticas de tenis, de todas formas.

···

            –Aa, -senpai, gokurousama [3]–le profesó Shouhei Sorami, la jugadora de dobles por excelencia del equipo, haciendo que se sobresaltara. Tomó asiento a su lado, en las gradas, y se estiró hacia atrás–. Qué día pesado, ne~

            –Parece que fuera a llover en cualquier momento –concordó , volviendo a concentrarse en su computadora portátil, intentando analizar los datos de su próximo oponente. Shouei espió por sobre el hombro de su senpai.

            –Usted está siempre haciendo cosas por el equipo… parece que no descansara, en eso la admiro muchísimo –dijo Shouhei, provocándole una sonrisa a la otra.

            –Es… no es gran cosa, Sorami-chan. Las admiro más a ti y a Mikae. Yo… sólo me quedo sentada la mayor parte del tiempo, me dejo fuera de los line-ups con tal de no avergonzar al equipo.

            –O~ya –exclamó Shouhei, sin querer haciéndole acordar a a alguien que seguía tratando de mantener alejado de sus pensamientos–, es raro que -senpai se tire abajo así. ¿Le pasa algo? ¿Está enamorada, quizá~?

            rió con amargura –Justamente eso…

            –¿Qué le hizo Mizuki-senpai ahora? –Shouhei la miró fijo, indicándole que iba a ser inútil mentirle–. Esa persona… ¿estás segura de lo que piensas sobre él?

            –Te digo que lo conozco, Sorami-chan. Lo conozco bien.

            –Aunque diga eso… no puedo evitar preocuparme -senpai. No la veo feliz –Shouhei señaló la pantalla de la laptop–, y ahí acaba de olvidarse un número.

            se volvió hacia la planilla de Excel, y se mordió el labio inferior –Verdad…

            –Perdón. Veo que -senpai no quiere hablar de eso.

            –Es difícil saber si quiero hablarlo o no – decidió que no podía pensar más, y dobló a la mitad la computadora con cuidado–. Tengo miedo de que, si lo hablo, me van a hacer la cabeza para que actúe de una forma que no quiero actuar.

            –¿Pero, cómo quiere actuar, senpai?

            –Estoy entre tirarme a sus pies a llorar o trompearlo.

            Shouhei lanzó una risotada no intencional (sabía que no eran asuntos de los cuales reírse, pero no pudo evitarlo) –¡Un amplio rango de opciones, ne, senpai!

            –Verdad que sí… – sostuvo el rostro con ambas manos, los codos apoyados en sus rodillas. Se distrajo con el vuelo de un pájaro hasta que éste se esfumó en la distancia–. Es que… aunque no quiera, tenemos que reportarnos al consejo estudiantil después de las prácticas. No es algo que podamos evitar.

            –¿¡-senpai no estará pensando en retirarse como manager, o sí…!?

            –¡Sorami-chan! Claro que no – dio una confianzuda sonrisa–. Retirarme sería admitirle a Hajime que tengo la culpa de todo lo que él me atribuye. No voy a dejarlo. Esta vez, quiero pelearla.

            Shouhei sonrió, entre lo aliviada y lo honestamente feliz –Está siendo muy optimista, senpai, pero, es bueno que lo sea en estas situaciones.

            –Es que, sé que, si llega a darme la razón – se puso de pie–, la mejor parte es su arrepentimiento.

            –¡Lo sabía! –Shouhei la imitó, y le golpeó la nuca con la toalla que antes llevaba rodeando su cuello–. Era obvio que -senpai no estaba con Mizuki-senpai por su personalidad.

            Hacía rato que no se reía –¡Te equivocás! ¡También me gusta como es él!

            Shouhei era la que ahora no reía. Miró hacia otro lado, como si tuviera algo que le costaba decir –Eso… todavía…           

            –¿Hm?

            –Todavía no puedo creérselo. Perdone, senpai –Shouhei dedicó una sonrisa como disculpa, y quitó de su rostro el cabello castaño que desordenaba el viento–. Es sólo que… la he visto tantas veces llorar…

            –Es que soy demasiado sensible – intentó convencerla–. Pero… bueno, no viene al caso. Creo que debería ir yendo. Es un poco temprano, pero quizá necesite los minutos como preparación psicológica.

            –¿Lo ve?

            ahogó un pequeño grito. Volvieron el malestar y las ganas de llorar, pero volvió a presionar las puntas de su boca hacia arriba, sonriendo una vez más: esta vez por Hajime y no por ella misma.

¿Cuántas cosas hago por vos, Hajime…?

Decime, ¿realmente tengo que mejorar mi comportamiento?

Como si necesitaras algún tipo de comprobante de que soy simple y puramente tuya…

            –Te equivocás –insistió , volteando y saludando con el dorso de la mano–. Te lo digo desde ya, te equivocás, Sorami-chan.

···

            Pero, ¿cuánto se equivocaba realmente?

            No mucho, decidió cuando volvió a vislumbrar los ojos de su novio, con miedo. Él se quedó callado, observándola mientras llegaba, impasible como siempre. Ella, de más estaba decirlo, firme en su postura igualmente estoica, pero con un puchero que se asomaba por sus labios de vez en vez. Las planillas que ocupaban ambas manos de Mizuki Hajime pasaron a ocupar una sola, y la otra quedó estirada en dirección hacia la chica.

            Era una advertencia. “Me tenés, pero hasta acá”. Porque no estaba ni abriéndole los brazos ni tirando las cosas al suelo para correr y abrazarla y llenarla de besos, tan sólo estaba estirando una mano. De alguna forma, sin embargo, sabía que jamás había apreciado sus regateos, y que no sabía entenderlos. “Te puedo vender sólo dos unidades, por el momento”, le decías. “Quiero quince”, te contestaba. Mizuki frunció el entrecejo, y no rechazó su abrazo tan sólo porque le pareció poco educado.

            Eso, y… sí, bueno, quizá se sentía un poco, una milésima, apenas, una pizquita de culpa.

            –¿Viste cuando te hacés la cabeza con cosas sin sentido, -san? Bueno, creo que pasó algo de eso. No sé qué relación extraña hice en mi mente, pero por un momento creí que Fuji-kun había querido lastimarte en el campamento por meterte con Yuuta-kun. Decime, por favor, que estoy equivocado.

            –Si sabías que estabas equivocado, mierda, ¿por qué no me dijiste nada entre el almuerzo y las prácticas? N-no me pu-pude concentrar ni un poco…

            Mizuki dejó, ahora sí, caer sus cosas. Esta era una oferta que se veía, en su lugar de adolescente de diecisiete años cargado de hormonas, imposibilitado de negar.

            –-san, que yo no te pida perdón por nada de lo que hago… estuve pensando, quizá no sea justo para vos –le abrazó la cintura, y la trajo más cerca, casi sintiendo como algunas lágrimas se escurrían y caían dentro de su chomba–. Vos sabés que esto no es nuevo. No puedo sentir culpa. No me siento equivocado, pero, si te veo llorar…

            Mizuki suspiró, incómodo.

            –Soy un inútil. Por tener problemas de autoestima y pensar que me van a robar a mí novia, te echo la culpa a vos. Claro que no tenés la culpa de ser tan linda.

            Y sólo esa frase actuaba como pretexto universal para todas las cosas que le había hecho, hacía, y eventualmente le haría. Sólo esa frase lanzaba a como una nave espacial hacia la estratósfera, hacia aquél planeta de felicidad que existía en algún rincón del vasto universo que era su mente. Cree haberle clavado las uñas en la espalda, o algo así debe de haber hecho en ese momento, porque Mizuki le sonrió, la apartó y le dijo un juguetón “Después, después”.

            –Gracias.

            le tomó confianzudamente la mano. Mizuki la siguió.

            “Hay una duda que nunca me atreví a preguntarte, -san.

            “Si te trato tan mal, ¿por qué siempre me agradecés?”

···

            No muy lejos de ellos, Fuji Yuuta tenía pesadillas despierto.

            –Aniki –sentenció, serio–. Vos… vos sabías que hoy salía con Hiroko-san. Te lo dije. Y en frente de aneki. [4]

            –Se lo habrás dicho a neesan, no a mí –Shuusuke replicó, como si realmente pensara que eso sólo le serviría de pretexto. En realidad, sabía bien que a lo único que iba era a la exasperación segura de su hermanito menor.

            Y eso le encantaba.

            –No me pongas como excusa el “haber estado distraído” –ladró Yuuta, y le echó una mirada furtiva a la joven que esperaba pacientemente metros lejos–. Y no me interesa. Venís otro día.

            –¡Desde Seigaku me vine para visitarte! –exclamó Shuusuke con exagerado dramatismo, frunciendo un triste ceño.

            –Aniki, lo decís como si quedase en la otra punta del mundo…

            –No importa. ¿No me podés hacer un poco de tiempo?

            –Si hablar es lo que querés, creeme que ya vamos a tener el maldito tiempo –Yuuta recordó de pronto el incidente con el pastel de frambuesas picantes, y sintió que la sangre le ardía y hacía burbujas–. Pero si lo que querés es nada más disculparte por lo de hoy, entonces olvidate. No te voy a perdonar.

            Shuusuke estaba a punto de soltar un muy inocente “¿Y qué hice yo hoy?”, pero la figura de una joven acercándose le dio la excusa perfecta para ignorar el comentario de su hermanito y levantar una mano en el aire, saludando. A metros de él, perdió los colores de su rostro.

            –Ah, pero si es Fuji-kun –dijo Mizuki, tirando de su mano. En ese momento, su novia no estuvo segura de si esto significaba “Salgamos corriendo lo antes posible” o “Vayamos a ver qué tal anda”. Cuando comenzó a arrastrarla hacia donde estaban los hermanos Fuji, sin embargo, comprendió que era la segunda.

            –-chan, Mizu… ki. Tanto tiempo.

            –... hola –dijo la joven, quizá demasiado bajito.           

            –Fuji-kun, ¿cómo estás? –preguntó cordialmente Mizuki, ignorando que éste último no lo miraba al hablar, sino que tenía la vista fija en la mano que tomaba la de la muchacha. Recién ahora le creía a que realmente era la novia del complicado manager (complicado no porque lo fuera de verdad, sino porque seguramente había tenido complicaciones durante el parto, pensó Shuusuke).

            –He estado bien. Ne, Mizuki, ¿sabés? El otro día estaba pensando en la nada, y hasta me dieron ganas de tener otro partido con vos. Creo que es algo que nos quedó pendiente a ambos.

            –¡Ara, ara! Leés mis pensamientos. Nfu, como era esperado de mi rival. Sí, claro, ¿cuándo te permiten tus horarios…?

            aprovechó la pequeña conversación para mirar a Yuuta, que tenía una expresión de conflicto en su rostro. “Corré mientras podés”, le dijo con la vista.

            “Pero…”

            “No te preocupés por mí, tarado, corré.”

            –Ah, bueno… hey, Yuuta, ¿a dónde te vas?

            El de las cicatrices se sonrojó fugazmente –…tengo una cita a la cual atender, ¿te acordás?

            –¿Con esa segundo año de allá? –se metió –. Qué bonita es. Felicitaciones, Yuuta-kun.

            –Pero, Yuuta ––

            –Bueno, bueno, Fuji… san –nunca lo había llamado por su nombre, así que la joven vaciló un poco sobre qué sufijo ponerle. “Kun” era demasiado… pero “san”… –, no podemos hacer esperar a la chica, ¿o sí? Dejalo ir, pobre.

            se felicitó a sí misma por actuar como una perfecta señorita y mantener la calma. Lo que sí, se sintió muy frustrada cuando su “calma” duró hasta el momento en el que Shuusuke le sonrió.

            –Claro. Entonces, Yuuta, hacé un poco de tiempo para mí algún día.

            –…ya veremos eso, aniki. Hasta luego, senpai-tachi –Yuuta intentó hacer bien claro que su reverencia y saludo fueron dirigidos hacia la pareja y no hacia su hermano. Lo cual, a un sádico, no le dolía, sino que lo potenciaba más.

            –Chau –exclamaron los tres al mismo tiempo, y Shuusuke fue el primero en volver a hablar–. Entonces, si no es demasiado repentino, ¿qué tal ahora?

            –¿Ahora? –Mizuki lo pensó–. Mm… sí, supongo que no hay problema.

            –Genial. Ne, -chan, ¿quieres acompañarnos y hacernos de referí?

            “Sos una mierda, Fuji Shuusuke”, decía la primera mirada que le dedicó al enigmático genio. Era obvio que había unos quinientos mil sentidos ocultos detrás de aquella simuladamente ingenua propuesta, y a ella no se le pasaron. Mizuki, sin embargo, notó , no mostró cambios en su rostro. ¿Realmente, estaba tan ciego…? Cuando Mizuki le apretó con una fuerza casi-dolorosa la mano, la muchacha lo dudó –Ah, me encantaría, pero tengo un montón de cosas que hacer.

            –¿Sí? –Mizuki arrugó el delicado ceño–. Tsk, una pena. Ves, por eso no tenés que dejar las cosas para el último momento, -san.

            –No las de… –aguarden un minuto. Mizuki… ¿Mizuki estaba apoyando la idea de que su novia se fuera? –… sí, tenés razón.

            –Taihen desu ne [5] –compadeció Shuusuke con una semi-sonrisa en los labios–. Entonces, Mizuki, ¿vamos?

            –Nfufu. Vamos.

            supo que iba a quedar como una maleducada, pero nada más miró a su novio al desear “Suerte”. Mizuki le respondió con un pequeño beso en la frente, y se la quedó mirando antes de decidir voltear.

            La manager emprendió su retirada, pero incómoda y confundida por dos razones: la primera, porque la mirada penetrante y azul de Fuji Shuusuke no dejaba de clavársele en la nuca, y la segunda, porque entremedio de los dedos de su mano izquierda habían otros marcados. Las uñas de su novio seguían hundidas en sus nudillos.

 

(s. m.) Final.

[1] – “Karai” (辛い) significa “picante”.
[2] – “Mizu” (水) significa “agua”. Mizuki lo confundió con una abreviatura de su apellido.
[3] – “Gokurousama” (ご苦労さま) significa “Gracias por sus esfuerzos”.
[4] – “Aneki” (姉貴) significa “hermana mayor”. Ni idea de si Yuuta le dice “aneki” o “neesan”, pero como a Shuusuke le dice “aniki”, me sonó más probable la primera XD
[5] – “Taihen desu ne” es algo del estilo, “Debe ser un peso para vos, no…”. Una forma de compadecer a alguien más, bah XD

 

Aori.