La puerta no ofreció resistencia alguna, dejando descubierta la inmensa oscuridad y, en ella, permitiendo divisar una figura esbelta con una toalla recubriendo su cabeza, absorbiendo el agua de los enredados cabellos. La respiración de Mizuki era semi-agitada, inconstante, probablemente gracias al calor del vapor de la ducha que acababa de tomar. Estaba tan ensimismado en sus pensamientos que el sentir dos brazos que lo rodeaban, desesperados, por detrás, lo tomó por sorpresa.
–Hajime –pronunció , sin casi aire y la voz congestionada. Mizuki se giró y correspondió el abrazo, pero con un gesto confundido adornándole el rostro.
–-san, ¿q-qué…?
Tenía miedo. Tanto, que se adhirió a él tal como lo hacía la camisa a su pecho gracias a la humedad, como si hubiera algo en él que pudiera, posiblemente, calmarla. Mizuki decidió enredarle los dedos en el cabello y no preguntar.
Muy de vez en cuando, Fuji Yuuta se ponía a pensar. No en cosas muy importantes en términos mundiales, claro, pero como había escuchado una vez a Mizuki-san decir, “todo tiene la importancia que uno le dé”. Y si bien nunca había sido un chico que dejaba que los asuntos mundanos lo pusieran sentimental, debía admitir que las canchas habían estado incómodamente calladas desde ya hace un tiempo. Meditó, mientras se vaciaba una botella de agua mineral prácticamente entera en la cabeza, que ya no era lo mismo desde que el capitán se había ido, desde que Atsushi había decidido hacer lo que restaba de la secundaria con su gemelo y desde que Shinya había dejado el tenis. Kaneda ya no era el de antes si no le pegaba un par de gritos a Akazawa de vez en cuando (causando que éste lo persiguiera por horas, raqueta en mano – ah, qué recuerdos), y Nomura ya no era más un titular, lo que dejaba a Yuuta con Mizuki y… no mucho más que eso. De hecho, lo único novedoso que había sucedido en St. Rudolph desde el fin de la secundaria baja había sido el noviazgo que había surgido entre Mizuki-san y -san, lo cual no involucraba a Yuuta y, por tanto, lo dejaba aún más solo y aburrido que antes.
Para empeorar los asuntos, Yuuta ya tenía resuelto, en su vida, que mientras aniki existiera, estaba imposibilitado de conseguirse una novia él mismo y dejar de aburrirse. ¿Por qué? Porque era pura, premeditadamente suicida querer tener una si Shuusuke estaba cerca. Aniki –más allá de ser una ¿persona? sumamente complicada– era uno de los seres (y lo dejamos en “seres”, porque sería ridículo agregar “humanos”) más exitosamente irritantes que habían errado por la Tierra jamás. Y si por el trauma de aquella vez, cuando la chica que le gustaba a Yuuta había comenzado –pese a su posición de kouhai ante su hermano– a llamar a Shuusuke por el nombre antes que al pobre y despreciado otouto-kun no era suficiente, estaba el de la otra, esa vez que Shuusuke que había tomado la libertad desmerecida de invitar a otra joven interesante a casa para sorprender a Yuuta cuando volviese por las vacaciones. O si no, cómo olvidar aquél día en el que… Yuuta se sacudió violentamente por el recuerdo. Y no ayudaba que Mizuki-san aprovechara cada oportunidad posible para llamar a casa de los Fujis y encajarle, sin aviso previo, el teléfono a Yuuta al oído (quién, casi siempre tomado desprevenido, siempre caía; aunque por suerte desde que -san se había atrevido a mirar mal al moreno de cabello enrulado por sus constantes e insistentes torturas, éste había cesado de llevarlas a cabo).
Fin de la cuestión: Yuuta tendría una vida larga, triste y solitaria por delante. Aún así, mientras que el tenis no perdiera su encanto, todo estaría bien (o por lo menos medianamente soportable).
–Yuuta~
O quizás no.
···
–¿Los horarios de -san?
–Eso mismo.
El más joven se mordió el labio inferior, achicando las cejas –No sé si Mizuki-san estaría muy feliz conmigo si te digo eso, aniki…
El rostro del mayor adoptó una inocencia que no se la hubiera creído ni él mismo si se hubiera visto a un espejo –¿Y qué tiene que ver Mizuko?
–Mizuki –corrigió Yuuta por millonésima vez, al mismo tiempo preguntándose si realmente era necesario corregirlo en lo que ya sabía–. Tiene que ver porque es el novio de -san, aniki.
–¿Ah, sí? No lo parecen.
–No digás taradeces, si nunca los viste juntos.
Shuusuke mostró los dientes con su sonrisa, lo que le daba un aspecto cuasi-maquiavélico. Aún pese al gesto, no contestó. Yuuta dio un suspiro mientras se secaba las gotas de sudor de la frente con el borde de su remera, dando lugar a la exhibición de los músculos que habían pulido tantos años de tanto tenis.
–¿Por qué suspirás?
–Porque pareciera que no madurás nunca, Shuusuke –y lo dijo con estas palabras porque sabía (o por lo menos quería creer que, ya que con el enigmático genio nunca se sabe) que el súbito cambio de “aniki” a su nombre tenía que llamarle la atención aunque sea un poco. Lo logró, porque pudo hacer que los ojos de su hermano se abrieran. Yuuta estaba saboreando su victoria cuando, de pronto, el mayor soltó una risita. Y luego una risa. Y luego una carcajada. Risoteó mientras doblaba la espalda, se sostenía el estómago y, con la otra mano, se apoyaba del hombro de su hermano menor para no caerse. Yuuta, más que fruncirle el ceño, lo miró como si de un alienígeno se tratara.
–¡Me conocés demasiado bien, Yuuta! No me podés pedir que madure, sabés que no va a pasar –“Por lo menos lo admite”, pensó el menor con algo de fascinación–. Cuando tengo algo acá –Shuusuke se reincorporó y golpeó la frente dos veces con su dedo índice– es difícil que me lo olvide fácilmente. Supongo que tenés razón, a eso se le puede llamar inmadurez…
–¡Más cuando hablamos de una chica que ya tiene novio! –Yuuta enfureció de golpe. Maldito aniki y maldita costumbre suya de hacer de cuenta que se toma todo a la ligera cuando en realidad hasta el Papa sabe que lo único que quiere es ver la cara del calculador manager cuando lo deje–. Olvidate sobre -san, en serio. No va a pasar. ¿No te das cuenta de que está con Mizuki-san por algo?
Shuusuke alzó las cejas en curiosidad –¿A qué vas con eso?
Yuuta hizo una mueca –A ver, cómo decirlo… ¿para estar con alguien complicado tenés que ser complicado? –y segundos después de sentenciar esto se arrepintió: no podía hacerle comentarios sobre Mizuki a su hermano, esa era otra de las cosas que entraba en la categoría de “suicidio premeditado”.
–Ya entiendo. Bueno, no creo conocer a -chan más que vos y Mizuko - ah, ¿me das un poco de –Yuuta le mostró la botella de agua vacía para evidenciar que no tenía más sin usar palabras, y le echó una mirada de “Continuá sin distraerte, aniki y la que te parió”. Shuusuke entendió, pronunció su típica e inseparable sonrisa, y siguió–. En fin, lo que estaba diciendo: me parece que se asusta si hay algo que se sale de su esquema… es que, mirémoslo así, Mizuko debe ser más predecible de lo que parece, ¿verdad? Yo creo que -chan es completamente lo contrario, pero aún así comparten la creencia de que saben todo lo que va a pasar, y les molesta cuando no es así. Por tanto, yo no podría estar con alguien como -chan. Soy demasiado impredecible.
Yuuta odiaba admitirlo, pero… –Sí, -san es exactamente como decís. Y por más lógicamente imposible que sea estar con ella, tené algo más importante en cuenta: no voy a dejarte robarle la novia a un amigo.
El castaño miel le largó otra risotada en el rostro (la parte de “amigo” le había resultado especialmente hilarante). Yuuta, por su parte, mofó audiblemente y, en cuanto estaba a punto de irse a los pisotones, Shuusuke lo tomó del brazo, con una seriedad de muerte –O estás de mi lado o no lo estás, Yuuta.
–No lo estoy, aniki. Después de dos años, uno pensaría que crecerías aunque sea un poco. Lo que me hizo Mizuki-san - eso ya pasó, y en todo caso, me enseñó a empezar a valerme por mí mismo. Guardar rencores no te puede hacer bi -- ¡soltame de una vez, mierda!
Shuusuke hizo lo tan amablemente pedido, y sonrió, una idea comenzando a burbujear en su mente –¿Así que te podés hacer valer solo?
–Hablame cuando tengas ganas de ser una persona, no un vengador de los que vos solo crees pobres e indefensos –Yuuta le ladró, empezando a alejarse, pero aún sin poder creer que en la mente de su maquiavélico hermano seguía siendo un niño indefenso que había sido pervertido por el diablo en la Tierra (véase Mizuki Hajime, segundo año de secundaria avanzada, Saint Rudolph Gakuin).
–Pará, Yuuta, ¿y los horarios de -chan?
El susodicho le contestó que se los metiera en un lugar no muy cómodo, y se fue a paso pesado pero veloz. ¿No iba a cooperar? No importa, Shuusuke lo haría cooperar. Sería un trabajo arduo, pero, quizá, si corrompía a las suficientes personas dentro del círculo de amigos de , sería divertido también.
···
enredó sus propios dedos en su cabello, tratando de recrear cómo se habían sentido los de Mizuki, pero sin éxito: algo que aún no la dejaba cerrar los ojos en paz.
Mañana vení a ayudar a mi grupo en la práctica…
De alguna forma sé que no le agradaría saber que volviste a intentar hablarme, así que no podés no venir…
–Qué hijo de puta –exclamó , la palabra obscena rodando con sus labios antes de que pudiera frenarl - bah, a quién mierda le importaba ser una señorita ahora–. Qué reverendísimo hijo de…
Y para no terminar, la joven le dio un golpe enfadado a la cama sobre la cual estaba recostada, cerrando los ojos, queriendo no llorar pero terminando auto-induciéndose a hacerlo de todos modos. Corrió al baño, exasperada ante sí misma, se mojó la cara y, absteniéndose de pensar en las consecuencias qué podría traer y diciéndose que no ir sería peor, caminó con sus soquetes blancos hacia la puerta, donde se calzó y salió al exterior. El sol brillaba; un día perfecto para que te obliguen a hacer algo respaldado de chantaje. Hijo de… no, no podía seguir insultando a la madre de Yuuta por haber tenido al engendro de Satán, en todo caso era culpa del susodicho por embarazarla, no de la pobre Yoshiko-san.
Pero, ¿era justo? ¿Llamarlo “Satanás” cuando su propio novio era lo que ella sabía que era pero no había querido escuchar de Shuusuke? Un momento – ¿¡qué hacía dudando de Hajime, en primer lugar!? Sí, era un embustero manipulador, pero también tenía cosas buenas. Así no reconociera sus propios errores, siempre había sido un novio paciente y cumplidor… un poco obsesivo del trabajo, y sí, es verdad que no siempre cumplía – pero nunca le había molestado, ahora no debería por qué haber problemas con es––
–¿-san?
La aludida levantó la cabeza, su expresión suavizándose un poco –Hajime, hola.
–¿A dónde vas, tan absorta? –inquirió Mizuki, cruzándose de brazos y teniendo ese cuidado al escoger las palabras que tenía siempre. sonrió. Tan sólo él usaría una palabra tan áspera al paladar como “absorta”…
–Hoy debo ayudar a Seigaku –anunció, y no se dio cuenta que dejó transparentar un poco de culpa en sus palabras. Mizuki debió de haberlo notado, pero no reparó en ello.
–Haz lo que debas hacer, entonces –sentenció, caminando hasta llegar a su lado, donde frenó–. Pero haceme un poco de tiempo después.
¿Querría hablar? ¿Habría notado algo…? No, imposible. no era tan invisible (bueno, no después de haber pasado tanto tiempo con Mizuki)... La joven se mordió el labio inferior, mirando hacia otro lado –Intentaré…
–Considerá esto –Mizuki estiró su dedo índice para golpear dos veces el puente de la nariz de la chica–: me debes una. Ayer me tuve que bañar dos veces por tu culpa.
Ese comentario completamente anti-católico le logró un sonrojo a –N-no digás bolu ––
–Las señoritas no deben ser lenguaraces en su discurso, -san. Tsk, tsk, tsk –Hajime chasqueó los labios varias veces mientras meneaba la cabeza, y le revoleó los ojos en un gesto sarcástico, dejando en claro que no estaba de humor para recibir reprimendas. Su novio, obviamente, la ignoró–. Y no digo patrañas –Mizuki enfatizó la palabra, como si le estuviera mostrando a la muchacha la forma correcta de decirlo–, digo la verdad.
–Es muy poco señorito de tu parte que lo menciones, igual – presionó un efímero besito sobre los labios del manager, esperando con esto de alguna forma calmarlo–. Me tengo que ir.
–El deber te llama, sí –Hajime asintió–. De hecho, a mí también. Pero de verdad –le tomó la mano–, diez minutos de tu tarde no me molestarían.
–Serán treinta – le dedicó una sonrisa y se fue separando lentamente de su mano, preguntándose si querría volver a tomarla una vez que Shuusuke le revelara lo que debía revelarle sobre su novio. La joven tenista le consagró una carcajeada amarga a este pensamiento una vez que estuvo sola, haciendo su camino hacia las canchas.
···
Pesadilló [1] por unos instantes sobre Mizuki descubriéndolos, gritando, entrando a las canchas, ella llorando y devastada, pidiendo perdón, no quise, no sabía, no pensé que…
Fue luego de que se trajo a sí misma a la realidad que volvió a repetirse que no había nada de objetable en estar con Fuji Shuusuke y los chicos de Seigaku en las canchas, inocentemente practicando. Y lo más triste de todo era que Mizuki Hajime había sido muchas cosas para ella, pero jamás en su vida celoso. Pese a eso, lo veía como uno y estaba más que seguro que lo era – el problema era que, al serle tan fiel y tan apegada, jamás lo había demostra ––
Itai. [2]
–Mi hombro… –se quejó en un susurro, tomándose el susodicho. Lo miró a Shuusuke–. Bueno, te reconozco que la repetición del movimiento no le puede haber hecho bien, pero no entiendo a dónde estás yendo con esto.
–Estoy tratando que te des cuenta de lo embustero que es tu novio.
le dedicó una mirada obvia –Sí, ya sé.
–… ¿Qué ya sabés?
–Que Hajime es un hijo de su madre. Ya lo sé.
Shuusuke casi suelta la raqueta de la sorpresa –Entonces ––
–¿Por qué no se puede querer a una persona odiosa? Decime, ¿qué hay de malo? – caminó hacia donde estaba la mochila del castaño, como preparándose para guardar la raqueta que le había prestado e irse–. ¿Estoy tan equivocada?
Al genio le dio la extraña sensación de que debería estar sonriendo, pero en vez de eso tenía el ceño fruncido –No entiendo. ¿Nunca fue malo con vos? ¿No te importa?
–Quizá yo realmente tenga un problema… –la chica se soltó el cabello, y ajustó el cierre del raquetero para cerrarlo– pero no es algo que me importe. Si estoy con Hajime, siento que no importa el por qué.
Shuusuke lo decidió en ese preciso momento: era inútil seguir intentando corromperla. No la iba a hacer oscilar, porque, de alguna forma u otra, el maldito bastardo le había hecho el mismo lavado de cerebro que a Yuuta. Ambos concordaban en que era una persona objetable, pero uno decía “Mizuki-san es mi salvador”, y la otra, “Hajime me gusta aunque sea la cosa más retorcida que exista sobre la Tierra”. Era ciertamente irónico, y tremendamente frustrante.
–No comprendo.
meneó suavemente la cabeza –Jamás podrías.
Esto a Shuusuke le enfadó un poco, quien se lo tomó como un insulto a su capacidad de entendimiento de situaciones generales (la que, por cierto, consideraba más alta que el promedio) –No importa. Tendrás toda la tarde para explicarme, -chan.
–¿Toda? No, yo a las tres debo irme a ––
Una mirada ojiazul severa –Irá alguien más.
mofó en un intento de tapar que en realidad quería echarse a llorar, ahí mismo. ¿Cuánto sabía el chico sobre ella? ¿Con qué la chantajearía? Aún así no tuviera nada de qué avergonzarse, nada que Hajime no pudiera saber, si llegara a inventar cosas inciertas, ¿cómo podría probar que así lo eran?
Al voltear, volver a sacar la raqueta, y caminar hacia el otro extremo de la cancha, los ojos le ardían. Un poco más, se dijo la chica, sólo había que aguantar un poco más.
“Un poco más” duró hasta unas dos horas después, cuando Mizuki ya comenzaba a desesperarse porque no encontraba a su novia en ningún lado. Al encontrarla, recuerda haber estado genuinamente feliz – quizá había cambiado esa forma tan blanco-o-negro que tenía de ver a su rival, quizá la había cambiado para bien… al ver que la mano de Shuusuke tocaba la mejilla de la joven, sin embargo, se transformó.
–¡-san! ¡Con que ahí estabas! –exclamó Mizuki, verdaderamente exhausto a causa de tanto correr, pero falsamente casual–. ¡Ah, y Fuji-kun tam ––
Shuusuke había visto venir al moreno desde que su figura se había hecho medianamente distinguible en la distancia. , que estaba de espaldas, no se percató de su presencia, y por lo consecuente, chilló:
–¡SAWANAZU! [3]
El genio, en ese entonces, comprendió dos cosas: que la muchacha era originaria de Yamagata, y que se le había acabado el juego. Mizuki frunció el ceño, casi tan confundido como su rival respecto a la reacción de .
–¿Qué le hiciste?
Al escuchar aquella voz, la manager giró la cabeza con rapidez. Mizuki musitó sobre lo inexplicablemente culpable que se veía, y cómo esto podía ser si ella no había hecho nada malo.
–Se veía algo afiebrada –inventó Shuusuke rápidamente, y se prometió luego recordarse a sí mismo de felicitarse por la brillante excusa: con el fugaz sonrojo que portaba en sus pómulos, podría hasta haber sido posible–. Tan sólo iba a tomarle la temperatura.
Mizuki no consideró a esto pretexto para ponerle la mano encima, pero se controló, como el caballero que era. Se volvió a su novia –¿Te sentís mal?
asintió, bajando la cabeza como tal. Sabía que con esto también estaba encubriendo a Fuji, pero prefería encubrirlo y salir de ahí lo antes posible que desmentirlo y quedarse.
–Comprendo. Volvamos al edificio principal, entonces –Mizuki le sonrió dulcemente, tomándole la mano, y, acto seguido, le echó una mirada furtiva al ojiazul–. Fuji-kun, lo siento, Seigaku deberá conseguirse a otro manager que los supervise. Si querés, ¿podría decirle a alguien que venga?
–Muchas gracias, Mizuko.
–Mizuki –refutó en un murmullo antes de que Hajime mismo pudiera–. Se llama Mizuki.
Shuusuke se rió brevemente, con un tinte de burla –Pobre, ya delira de la fiebre.
–No delira. Sí me llamo Mizuki.
–¡Oh, es verdad! –el castaño volvió a largar una risa. El moreno se hizo una promesa: antes de que terminara el campamento, iba a hacerle mover el polvo en una cancha de tenis–. Perdón, perdón, y yo que esta vez pensé que tenía el dato correcto…
Mizuko –eh, digo, Mizuki– murmuró algo que sonó parecido a “Insolente” y se alejó con su novia de la mano. , de tanto haber practicado la técnica de chica cuando no quería asistir a las pruebas de catequesis, pudo auto-inducirse una fiebre de treinta y ocho grados para cuando llegaron al edificio.
···
–¿Yuuta?
–Qué te pasa ahora, aniki.
Shuusuke se acercó peligrosamente al oído de su hermano menor, susurrándole cosas no muy buenas (y no estamos hablando exactamente del sentido pervertido), haciéndolo tiritar. Lo que le devolvió Yuuta, sin embargo, fue todo menos un susurro:
–¿¿¡¡QUÉEEEEEEE!!??
[1] – Sé bien que este verbo no existe, pero observen cuánto me importa ^^; [me gustó y lo quiero inventar]
[2] – “Ouch”
[3] –“¡NO ME TOQUES!” (en dialecto de Yamagata. Sí, esto tiene algo que ver.
Pobre Yuuta…