sonrió increíblemente feliz cuando el muchacho pelirrojo le hizo la pregunta tímidamente, algo poco usual en él. La respuesta no tuvo que ni pensarla.
-“¡Obvio! ¡Si fuera por mí ya te…!”- Gracias a los dioses del Olimpo, se contuvo de decir eso en el mismo momento en que lo pensó, y al verla titubear y trabarse con sus pensamientos, el chico la miró dudoso; parecía inesperadamente vulnerable.- Me encantaría, Eiji-chan.-
Él suspiró aliviado y recién ahí esbozó su sonrisa característica, todavía sonrojado.
-¿… Vamos… a comer algo?- preguntó, y cuando ella asintió, le tendió la mano. sonrió aún más al verlo en ese estado, entrelazando sus dedos entre los de él.
-Vamos.- Eiji se acercó más a ella y la guió hacia el negocio de comida rápida al que siempre iba con sus amigos.
-Humph.- Eso fue lo primero que dijo al levantarse un día cualquiera por la mañana. Se había caído de la cama dormida, y no, lo peor no era el dolor punzante que tenía ahora a la altura de la cadera, sino que el sueño que soñaba (valga la redundancia) involucraba activa pero no pervertidamente a cierto pelirrojo que la traía de la cabeza desde hacía un par de meses. Kikumaru Eiji, el “happy-go-lucky boy” de la Seigaku y su actual novio.
Luego del elocuente comentario de la hija pródiga de los , siguieron otros, no tan locuaces como el primero, transcriptos para poder ser leídos en familia[1]:- Malditos todos!! Hijos de *beeep*, retrasados *beeeeeeep* y asquerosos *beeeeeeeep*. *beeeeep* *beeeeep* *beeeeeeeeeeeeeeeeeeeep*.- O algo por el estilo. Y todo por qué? Porque alguien, alguno de los malvados y sádicos moradores de la casa que ella solía llamar familia se había terminado deliberada, maquiavélica, premeditada, malvada y sádicamente su… No, no las provisiones que guardaba debajo de la cama para cuando su príncipe en brillante armadura y cabello pelirrojo la recordase de una vez y para siempre y la fuera a buscar con la propuesta de fugarse para ayudarlo a convertirse en Jinete del Dragón[2]. No, eso no, para nada. Lo que se habían acabado era su pasta de dientes favorita, la de menta y frutos rojos que era dulce y picante a la vez, pero que no le ardía la boca cuando se lavaba los dientes como con las otras.
-¡¡¡MAMAAA!!!- chilló la muchacha de cabello rojo intenso, abriendo la puerta del baño y bajando precipitadamente las escaleras enarbolando el envase vacío.
Irrumpió en la cocina donde sus padres y su hermano menor estaban sentados desayunando apaciblemente, y los fulminó a los tres con una de esas miradas que matan. El problema fue que ninguno se dio por aludido y siguieron comiendo tranquilamente. Su madre le dedicó una sonrisa y le ofreció hot-cakes recién salidos de la sartén con una sonrisa.
-¡Mamá, uno de ustedes se terminó MI dentífrico favorito! ¡¿Con qué derecho?! Lo compré con MI plata para que ustedes no me lo robaran y me terminaron igual.- refunfuñó mientras se sentaba y empezaba a comer sus hot-cakes; continuó con la boca llena:- Exijo que me lo devuelvan. No me dan una mesada, no me pagan por cuidar al bebé ni por sacar la basura todos los jueves a las ocho de la noche, y encima se terminan mi pasta.-
--chan, tranquilizate. Nadie se terminó tu pasta de dientes, pero, querida hija mía, temo advertirte que es algo que sí, eventualmente se acaba y hay que aprender a dejarlo ir.- comentó el padre burlón. lo miró arqueando una ceja, y luego siguió quejándose con su madre.
-Es injusto, abuso, secuestro de intelecto, llevan el fetiche de Marx al máximo. Quiero mi dentífrico.- chilló enfadada.
-Decí dentífrico tres veces rápido.- se burló su hermano.
-Dentífrico, dentrífrico… Dentrifico… Den… ¡¡Ah!! Me voy.- exclamó frustrada. Se levantó de la mesa, agarró las llaves y su billetera y salió de la casa dando un portazo de pura rabia.
Ni bien llegó a la calle, se lamentó instantáneamente de no haber agarrado también su campera de jean junto con las llaves, porque una brisa helada la hizo tiritar de frío. Pero bajo ninguna circunstancia iba a volver a entrar sin su dentífrico, de modo que se irguió con seguridad, fingiendo que el frío no era digno de llegarle, y se dirigió caminando rápidamente hacia el almacén más cercano
-Abusivos…. *Beep*…- iba mascullando mientras entraba al local y buscaba los anaqueles de dentífrico.
-¡¡Nyaa!! ¡¡Se acabaron!!- escuchó exclamar cerca del lugar al que se acercaba, e incluso antes de verlo ya sabía quien era. Nadie más en todo Tokio podía hacer un “nya” tan expresivo como Kikumaru Eiji. dio vuelta por uno de los pasillos y lo vio allí, parado frente a las pastas de dientes con expresión tan compungida que no pudo evitar soltar una risita divertida; Eiji se dio vuelta y sonrió al verla.- -chan, -chan. ¡Ohayo! ¿Qué hacés tan temprano?-
-Ohayo, Eiji-chan.- sonrió.- Se acabaron mi pasta de dientes favorita y vine a comprar una… ¿Se acabaron?- preguntó al ver el hueco que se formaba donde usualmente tenían el stock. Eiji asintió con la cabeza, comprendiendo el ultraje de que se acabaran las pastas en ambos sentidos.
-Lo mismo me pasó a mí. Oneesan se la gastó…- lloriqueó apenas, pero sonrió enseguida recordando los concejos de Momo: “a ninguna chica le gustan los llorones, y menos a una como -chan”. Y si eso era cierto, no quería arriesgarse a perder a SU novia por nada del mundo, ni siquiera por su Daigoro.-Supongo que no queda otra.-
-Bakas…- masculló ella mirando con odio los anaqueles como si tuvieran la culpa. Luego el silencio reinó entre ellos, porque , que quería decirle algo, no sabía cómo decírselo para que no la hiciera parecer tona. Hacía dos semanas aproximadamente que estaban de novios, y habían sido las mejores semanas de su vida, pero… Algo faltaba, y ese algo era algo muy sencillo, un algo que no le costaría nada y ella estaba segura de que ambos lo disfrutarían, un algo tierno y dulce: un beso. Eiji se había vuelto repentinamente tímido como para besarla, y era lo suficientemente cabezota (y, para qué negarlo, lo suficientemente romántica) como para dar ella el primer paso. No es que no lo hubiera propiciado, hacía todo lo posible darle el momento justo al chico, pero él no se daba por enterado, o no quería hacerlo. Y eso la frustraba. Y más la frustraba el no poder decírselo, porque no quería forzarlo. Así que junto todo el coraje que poseía, inspiró profundamente y se dispuso a decirlo como primero se le apareciera en su cabeza.- Eiji-chan, yo…-
No pudo ni empezar, y tuvo que reprimir el impulso de ponerse a patalear allí mismo. Toda la f*king semana intentando decirle algo, y justo cuando lo iba a hacer, aparecen los *beep* *beep* *Beep* titulares para arruinarle la vida.
*-*-*
Hace
muchos eones, muy lejos de allí, en una galaxia muy muy lejana… (es decir, a un
par de cuadras, un rato antes)
Momoshiro Takeshi se había levantado inusualmente temprano porque su hermana menor había decidido hacer un pijama party, y él, por su parte, había decidido asustarlas alquilándoles una película de terror y poniéndose el disfraz de Halloween para pasearse por su puerta. Los chillidos agudos lo habían divertido en grande. La primera vez. Una de las amiguitas de su hermana había dicho que con la música fuerte los monstruos asesinos no entraban porque, ¿a quién en su sano juicio le gustaban los Backstreet Boys a todo volumen? Así que, casi a la madrugada, una hora tan indecente, a eso de las nueve de la mañana, decidió abandonar su cómoda pero incapaz de cumplir su propósito, cama, se vistió con lo primero que vio, y se fue de su casa en rumbo a lo desconocido (en otras palabras: al restaurante de comida rápida que servía desayunos hasta las cinco de la tarde porque esa era la hora en la que Momo “desayunaba”).
Pero antes de llegar al restaurante, al pasar por la entrada de un almacén 24/7, divisó a una parejita que conocía demasiado bien y que, además, necesitaba un empujoncito, estaba seguro. De modo que antes de cruzarse con ellos, hizo un par de llamadas a los Cotillas, mejor conocidos como Titulares del equipo de tenis masculino de Seigaku, y acordaron el modo de acción.
Minutos después, Momoshiro, Oishi (que fue obligado a ir contra su voluntad diciéndole que como Mamá Oishi que era tenía que cuidar del gatito), Inui, Ryoma y Kawamura estaban frente al almacén, interrumpiendo la conversación de y Eiji sin ningún tipo de consideración
-¡Hey! -chan, Eiji-chan.- llamó Momoshiro, sacudiendo su mano sobre su cabeza para llamar su atención.
-Ohayo, nyaa.- sonrió Eiji, agarrándola a de la mano y arrastrándola hacia sus compañeros mientras la chica mascullaba improperios rabiosa. Oishi, Ryoma y Kawamura los saludaron sonriendo, e Inui les dedicó un movimiento de la cabeza en forma de saludo.
-¿Qué hacen acá?- preguntó ella molesta.
-Bueno…- Momoshiro dudó al inventar una excusa y miró a los demás Cotillas en busca de alguna idea.
-Habíamos quedado en comer algo y no pudimos comunicarnos con ninguno de ustedes.- dijo Ryoma lentamente, sonriéndole a . La chica le sonrió de vuelta, al tiempo que su enojo se diluía de a poco; no podía seguir enojada mucho tiempo si Ryoma Echizen, su hermano menor elegido, le sonreía.
-Está bien… ¿A dónde pensaban ir?- suspiró derrotada, dando por perdida la ocasión de hablar con su novio.
-Al Billy Lomito de acá a la vuelta (NA: Según una amiga, es una imitación trucha de McDonald´s que queda en Rosario, y no, no se me ocurría ningún otro nombre -.-)- respondió Momoshiro, codeando a Kawamura, que a su vez codea a Oishi, quien miró a Ryoma significativamente. El menor los miró algo alarmado, negando lentamente con la cabeza con el comienzo de un sonrojo en sus mejillas, pero al ver la feroz mirada de Momoshiro de “hacé lo que te digo o te mato para que parezca un accidente”, enrojeció aún más y se acercó a .
- -chan…- comenzó Ryoma mirando el suelo, y la pelirroja lo miró al instante.- ¿Podrías… Podríamos hablar un momento?-
-¿Qué pasa, Ryoma-chan?- sonrió la chica.
-Es…- Ryoma tomó aire y soltó de una sola vez:- Essobreunachica… Digo, que es sobre… una chica.- Momoshiro sonrió divertido ante la expresión mortificada de Ryoma.
-Claro, claro.- exclamó emocionada. Eiji le sonrió mientras desenredaba su mano de la de la chica.- Ustedes vayan yendo, y nos encontramos allá.- besó la mejilla de su novio con suavidad, percatándose del sonrojo del chico. Luego, los demás se marcharon, llevándose a Eiji casi a la rastra.- Bueno, Ryoma-chan, ¿quién es la afortunada?-
-Humph…- El chico no pretendía bajo ningún concepto decirle la mentira que había pensado los aprovechado-morboso-sádico-número-1s (a.k.a. Momoshiro e Inui) sobre que se sentía “levemente atraído” hacia Tomoka. En primer lugar, porque sabía la reacción que tendría su amiga. Y en segundo, ¡porque tenía orgullo!- No hay afortunada, no me gusta ninguna chica. Es que Inui quería hablar algo con Eiji… Urgente.-
-Es por… lo del beso, verdad?- preguntó cruzándose de brazos, y Ryoma asintió levemente. Lo siguiente que escuchó, fue una sarta de improperios y maldiciones contra toda la institución Seishun Gakuen, incluido Tezuka Kunimitsu.
Mientras, los Cotillas habían acorralado a Kikumaru Eiji contra una pared y se alternaban para mirarlo con reproche. Hasta que Inui, libreta en mano, se adelantó y empezó a hablar.
-La probabilidad de que termine cansándose de esta situación ascendió a un 79%.- afirmó. Eiji lo miró sin entender, al igual que los demás, pero Momoshiro se dispuso a explicarle.
-¡Eiji-kun, éste no es momento de volverte tímido!- exclamó, zarandeándolo para hacerle entender la complejidad del tema. -Sería una lástima que la pierdas sólo por no besarla.-
- Pero yo…- El pelirrojo se sonrojó violentamente ni bien el más alto comenzó a hablar, y no pudo encontrar ninguna otra palabra en su vocabulario.
-La querés, y está claro que sí querés besarla. Es un 95%. Y la probabilidad de que ella también es de un 97%.- sentenció Inui haciendo cálculos mentales.
-Hay sólo una forma de saberlo…- comenzó Oishi, pero fue cortado por Momoshiro.
-¡Eso mismo! ¡Y no te toma ni una sola palabra! Be-sa-la.- exclamó el morocho.
-Es que… Es mi primer beso de verdad.- se explicó Eiji haciendo un mohín apenado que provocó que una señora mayor que pasaba por ahí se enterneciera del pelirrojo y mirara mal a los chicos que lo rodeaban, pensando que estaban maltratando a la “pobre criatura”.-Y quiero que sea especial. Claro que quiero besarla, pero tiene que ser… el momento. Nyaa.-
-Eiji, si estabas buscando El Momento, estoy seguro de que hubo muchos que se le parecieron.- dijo Kawamura.- Aunque está bien que quieras esperar, me parece justo.-
- NO lo escuches. Tenés que besarla.- aseguró Momo.- Mejor que lo hagas pronto; ningún otro momento va a ser mejor. El momento lo creas vos, no es necesario nada más que la chica que adoras, y vos mismo.-
-Humph…-se quejó Eiji, pero sabía que tenían razón. No era que no quisiera besarla, más se moría de ganas de hacerlo. Era que nunca antes había besado a una chica, y, por más vergüenza que le diera, tenía miedo de hacerlo mal. Y eso nunca lo iba a reconocer en frente de sus compañeros. Además, quería hacerlo en el momento indicado, ése de cuento de hadas que su hermana le dijo que era con el que soñaban todas las chicas.
-Te morís por besarla, no trates de ocultarlo.- lo pinchó Momo.
-No te asustes, vas a estar bien.- lo tranquilizó Oishi.
-A ella le importás vos, cree que no la querés lo suficiente…- agregó Ryoma, parado detrás de Kawamura con las manos en los bolsillos delanteros del jean. Todos lo miraron asombrados, excepto Inui que sonrió divertido.
-Exactamente 5 minutos y 3 segundos. Después de no decirle lo de la chica, aguantaste exactamente 5 minutos y 3 segundos. Justo como estaba planeado.- dijo más para sí que para el resto, pero de todos modos lo miraron raro. Luego levantó la vista de su libreta y miró a Eiji.- -san te está esperando.-
-¡Pero…! ¡¿Ahora?! ¡¿Ya?!- chilló repentinamente alarmado.
-Sí, ahora. Andá a besarla.- Ryoma y Momo lo empujaron hacia el lugar donde estaba y le sonrieron para infundirle ánimo.
- Por cierto… ¿Momo, desde cuando tan profundo?- quiso saber Kawamura.
-Lo leí en un sobrecito de azúcar.- replicó con orgullo.
*-*-*
se había cruzado de brazos cuando Ryoma se había marchado, y se había apoyado en la pared, maldiciendo mentalmente a todo el cuerpo estudiantil de la Seishun Gakuen. Y hubiera seguido si no fuera porque vio acercarse medio corriendo a la bonita, encantadora y adorable razón de conflicto.
-¿Eiji-chan, pasa algo?- preguntó algo preocupada por la expresión del chico hasta que él le sonrió abiertamente y se acercó más a ella. le devolvió la sonrisa alegre, mirándolo sorprendida cuando Eiji la rodeó con sus brazos por la cintura enterrando su cabeza en su cuello.- ¿Estás bien, Eiji-chan?-
- Siempre que esté con vos voy a estar bien…- murmuró el chico, su voz sonando apagada al rebotar contra la suave piel de ella. se sonrojó al oírlo, y lo abrazó encantada.
-Yo también, Eiji. Te quiero.- sonrió la pelirroja.
Eiji levantó el rostro del cuello de ella y la miró a los ojos; estaban tan cerca que sus narices se rozaban. Se veía tan bonita mientras le decía lo que sentía, que eso fue todo el incentivo que necesitó, y la besó. Se inclinó un poco sobre ella, y unió sus labios a los de ella tímidamente, esperando que no lo rechazara pese a estar (95% ) seguro de que no lo haría. pasó sus brazos por el cuello de él, profundizando el beso cuando entreabrió los labios.
La pelirroja hubiera deseado estar así junto a él para siempre, pero un instinto tan burdo como resulta el tener que respirar la obligó a romper el beso. Ambos se miraron con una sonrisa dibujada en sus labios.
-Quiero que sepas que te quiero, . Te quiero y siempre te voy a querer. Y que no te besé antes porque… Bueno, éste fue mi primer beso, y quería que fuera especial.- explicó Eiji con suavidad, acariciando el cabello de la chica.
-¿Y lo fue?- preguntó en tono juguetón.
-Claro que lo fue. Te lo di a vos.- Eiji la besó en la frente con dulzura y la abrazó más hacia él.- ¡Ahora vamos a comer, nyaa!-
~ Izzy
ACLARACIONES
Primero que nada, dedicado a Lady (quizás te ascienda a Reina, Soberana y Emperatriz por esperar pacientemente -.-) Alexiel. PERDON por tardar tres siglos y dos milenios… Espero que te guste, porque me costó; de hecho, estoy en mi momento “odio a Eiji por no comportarse como quería con la DN”, pero ya la superaré. No creo que haya quedado tan bien como hubiera querido, pero es que, sinceramente, Seigaku no se me da muy bien que digamos… Bueno, de todos modos, espero que te guste.
By the way, la DN está basada muy libremente en la canción “Kiss the girl”, de The Little Mermaid. Y bue, cuando la musa de una se fue al Musas Resort del Caribe, no queda otra que buscar sustitutas baratas.
Ahora las aclaraciones de
verdad útiles:
[1]: Incluido el extraterrestre de TNT.
[2]: Completamente obsesionada con Eragon, libro y película!