Antes de que me “durmiese” por completo, mis otros sentidos –aunque a medias– seguían respondiéndome. Mis ojos ya no veían, pero sí me sentí a mí misma tambalearme, sin control, y dar contra algo duro en frente mío. Gracias a la fuerza con la que caí, este algo no me sirvió de soporte, sino que simplemente reboté contra eso y caí a lo que se sintió como arena. Escuché movimiento y voces desesperadas, pero mi oído se apagó antes de que pudiera descifrar qué me decían.
Acto seguido, se hizo un agujero en el piso y la tierra me tragó, hundiéndome en un profundo desmayo. Creo que volví en mí misma un ratito después, pero reviví los gritos y el ajetreo general, y mi cerebro me dio una trompada. “Dormite”, me aconsejó. Yo, sin haber pegado un ojo en un buen tiempo, le hice plácidamente caso.
Ootori’s Side, capítulo uno. Noche y día por igual.
Me desperté y recuerdo haber sentido comodidad y algo de seguridad, como una contención que se olía en el aire, una suposición de que ya todo había pasado. Recuperé mi sentido de la vista de a poco, primero viendo manchones de luces tras mis párpados y luego pudiendo abrirlos, aunque sin distinguir bien las figuras que se dibujaban en el techo. Me dolía el cuerpo de la cabeza a los pies, y tuve ese presentimiento de que debía haber varios moretones esperando formarse en toda mi anatomía. Así como intenté ponerme de pie o por lo menos moverme y romper las ataduras imaginarias, así me caí de frente al suelo, aunque por suerte de a no mucha distancia.
–… itai…
Mis ojos volvieron a revertirse a negro, insultándome por quererme levantar tan rápidamente con mi presión en semejante nivel. Creí haber sentido un par de “”s, y sentí como alguien o algo me tomaba del brazo, daba vuelta, y acercaba a su cuerpo.
–. -chan, ¿estás bien?
Fruncí el ceño. No entendía un demonio de lo que pasaba.
–¿Yu… Yuzuki?
–¡Sí ––
–¿Kamui Yuzuki?
–¡¡Sí, esa misma!! –respondió su voz. Sentí otras más que se ensimismaban, hablando todas al mismo tiempo, ayudando a mi actual estado de no-entender-un-jopo–. -chan, ¿¡cómo te sentís!? Ay, por favor, pensé que te había pasado algo ––
Y el resto de su oración se perdió en un mar de voces. Voces felices, excitadas, pero voces en fin, y no me dejaban escuchar.
–… así que no estaba muerta… –murmuré, pero, sin darme cuenta, eso salió para afuera. Lo peor es que por un momento en serio consideré haberme despertado en el cielo… aunque, en ese caso, probablemente hubiese despertado en los brazos de Choutarou… hm, sí, eso me hubiera encantado… bah, no, ¿Choutarou, en el cielo? Aguarden, ¿me gusta o estoy enamorada?
–¡COSITA LINDA! –no-sé-quién (pero cuando lo pensé dos veces, lo supe), me abrazó y me empezó a ahogar. Comencé a toser una tos nerviosa y esporádica mientras pataleaba:
–¡ANA, ME AHOGO!
–Senpai, ¿¡no le pasó nada!? Todo este tiempo… usted estuvo desmayada por horas, pensábamos que era algo peor… ¿qué le duele? ¿Siente algo? ¿Puede ver? ¿Cuántos dedos tengo acá?
–Treinta y ocho –le respondí a Ayumi-chan, sin mucho control sobre lo que decía, en un estado total y completamente drogado. Sentí la voz de Miyo frenando a la de la kouhai y, consecuentemente, una mano tocándome la frente.
–-chan, sé que estás en Babia, pero, ¿te puedo abrazar?
Todavía no podía abrir los ojos –… claro, Miyo.
Mis amigas me zarandearon como si fuera una gran muñeca de trapo y terminé en lo que supongo eran los brazos de Miyo. Pero, entonces, recordé mi gran preocupación y abrí los ojos de golpe. Estábamos en…
… ¿un hotel?
–¿A dónde estamos? … y, ¿a dónde está buchou?
–La capitana se había dado la cabeza contra el lavamanos. Tiene una herida horrible, y Shishido-senpai está por ahí intentando que se mantenga despierta –explicó Ayumi, temblorosa, apareciendo en mi campo visual–. Y… no sabemos muy bien. Es una isla algo pequeña con un hotel abandonado…
–Mierda, Dios existe –exclamé, y sé que Ayumi se sorprendió ante mi lenguaje, pero mucho no me importo. Es que, realmente: de todos los lugares, todas las millones de islas con animales salvajes a las que podríamos haber ido a parar, nos tocó una con asilo.
Sentí pasos apresurados, y de repente noté que era Fuyube, quien había salido corriendo. El resto de la escena me la tapó Ayumi, quien bloqueaba mi vista al estar arrodillada en frente de mis ojos, pero cuando sentí a Fuyube volver y miré hacia arriba, me encontré con una cara familiar.
–Ah, gracias al cielo, , estás bien –exclamó Gakuto. Tenía los ojos enrojecidos y estaba como si le hubiese agarrado un espontáneo ataque de Parkinson–. Shishido sino iba a matarme…
–Gakuto, compañero de barco –le estiré la mano. No la tomó. Miyo dejó de abrazarme, pero yo seguía tirada, sin fuerzas, encima de ella–. ¿Estás bien?
–Se supone que sí –replicó, estremeciéndose, y se quedó callado, pensando seriamente en algo–. Ah, ya vuelvo… le voy a avisar a Ootori que estás bien, el tarado flasheó que te habías muerto…
Me invadió un sentimiento cálido. Por Dios y todos los santos, Choutarou veló por mi seguridad. Creo que me puedo morir feliz… creo que…
No, no creo, estoy llorando. Mierda. Debí suponer que estaría híper-sensible. No es que no sea común, ni no esperado de una persona normal en esta situación, pero por alguna razón no podía evitar sentirme avergonzada. Miyo me miró, una expresión enternecida transparentándose por su normalmente estoico rostro, y me ayudó a volver a sentarme en el sillón mientras murmuraba algo que no alcancé a oír. Lo próximo que supe es que no sabía dónde estaba Miyo y que una conocida rubia despampanante y un cierto joven de cabellos grises, ambos de la mano de Gakuto, aparecieron en mi campo visual.
–¡-chan! –exclamó Gallagher, sonriéndome, conmovida–. Gracias a Merlín…
Pero mi atención se centró en Choutarou, ahí, tan serio, sin saber cómo reaccionar, pero visiblemente agradecido. –Yokatta… –murmuró– yokatta…
No hablé, no me moví, no nada. Mis pensamientos se hicieron un menjunje y, entre quince consideraciones distintas por segundo, mi cerebro se bloqueó. Sí sabía que se me estaban cayendo las lágrimas, porque sentía el calor en mis frías mejillas.
–Creí que… creímos que… –tomó una gran bocanada de aire–. Gracias a Dios está bien, senpai.
–… gracias –no tuve ninguna coherencia, si lo pensamos de cierto modo, pero, pensándolo de otro, fui más coherente de lo que esperé. Y bastante concisa, también.
Me distraje, y, en eso, una cara familiar pasó por ahí, echándonos una mirada –Oi, . Quizá debas buscar a Yukimura, él tiene un par de remedios para la presión baja.
Y esa fue la primera vez en mi vida que estuve realmente feliz de escuchar la voz de Atobe Keigo, dando órdenes como siempre, pero temblorosa como nunca antes. Aún así, sentí ganas de tirármele encima y decir, ilógicamente, que lo había extrañado. Ahora que lo pienso, quería hacer eso con todo el equipo… aún no había visto ni a Jirou ni a Shishido… tampoco a Yuushi, ¿dónde estarían…?
–Voy yo a buscarlo –Choutarou alejó mientras mientras yo no miraba. Me puse de pie y quise seguirlo, pero hubo algo que me lo prohibió:
–Capitana –exclamé, quedándome sin aire, al verla allá, sentada a unos cuantos metros nuestro, platicando casualmente con Miyo. Luego vi que ésta se alejaba pero, sin impartirle mucha importancia a este hecho, me acerqué a nuestra buchou, tan sólo para asustarme un par de metros antes de llegar. Estaba empapada de sangre que aún no había terminado de secarse, e igual Shishido, sentado encima suyo. Me atrapó la sorpresa y me helé en el lugar, hasta que el moreno me vio y tuve que acercarme.
– –me saludó Ryou, y su mención de mi nombre hizo que Nemu me buscara con la vista. Tuve ganas de tirármeles encima, muy similar a lo que había sentido cuando vi a Atobe–. Te ves… bueno, no, no te ves bien.
–¡! ¡Parecés un fantasma! –dijo la enérgica voz de Nemu, y cuando la miré no pude evitar preguntarme si estaba hablando de mí o de ella–. ¿Cómo estás?
–Considerando todo, bien –repliqué con una sonrisa. En realidad me sentía un poco mareada, pero no era suficiente como para decir que estaba “mal” –. Eto… capitana…
–“Qué me pasó”, ¿no? –Nemu se lo tomaba con demasiada sonrisa y alegría. Para esta altura, si estuviéramos hablando de lo que normalmente es nuestra capitana, tendría que haberse ido a dormir o haberme gritado por preguntarle lo que probablemente le habían preguntado las quince personas que la vieron antes que yo–. Me caí y me golpeé la cabeza. No es tan grave…
–¡Realmente me pregunto qué considera usted grave! –devolví, preocupada. Estaba blanca como papel, ojerosa, toda manchada de sangre…
–La conocés, . No te va a admitir que casi se muere, aunque ––
–¡Yo no estuve ni cerca de morirme, Ryou, así que callate!
Suspiré, y miré a mi alrededor, sintiéndome que ahora invadía su pequeña conversación y queriendo irme a otro lado… pero… había tanta gente que no conocía… de la nada, me dio una extraña sensación de querer estar encerrada en mi cuarto con mis videojuegos, y no abandonada en una isla, a la buena de Dios.
–– eso, Dios. La perfecta excusa para no sentirme excluida del mundito Nemu-Ryou.
“Padre Nuestro que estás en los Cielos, santificado sea Tu nombre…”
–Ah, por cierto, , ¿a vos qué te pasó?
Me interrumpió en el medio del rezo, así que aterricé medio de improviso en la Tierra. –¿Eh? Ah, ¿yo? E~to… ataque de pánico y bajada de presión… nada terrible…
–O sea que te provoca lo mismo que se hunda el barco que jugar el primer partido de los Nacionales –repuso Nemu, divertida. Capitana, de verdad, dos cosas: primera, deje de sonreír (porque cuánto más sonría, peor estará luego. Créanme, esta chica no recibe bien los golpes al ego). Segunda, ¡no largue esa información vergonzosa en frente de Shishido!
–¿De verdad, ?
No había ni terminado de escuchar la última sílaba de mi nombre para cuando volteé y me fui, sintiendo el rostro caliente, pero obviamente no roja, porque hubiera sido un milagro si tuviera colores en la cara después de todo lo que me pasó. Pensé, realmente pensé todo lo que pude y analicé todas las opciones y… ¡no sabía con quién ir! Volví a sentir las ganas de hacerme bolita en un rincón y llorar, pero resistiéndome porque habría llamado mucho la atención, y eso es algo que nunca fue con mi imagen. Me pregunto qué debería ––
–¿Senpai?
Ñuuuuuuuuu…. ¡Puuuugh! (Si no se entiende, aclaremos que fue el ruido que hice al estrellarme contra el suelo.)
–¿Ah?
Choutarou frunció el ceño. Creo que no le cayó bien que yo estuviese tan colgada. –Los remedios que pidió.
–Yo no los pedí, fue Atobe… –repliqué rápidamente, para luego darme cuenta que había sonado como una maleducada y que eso, tratándose del chico que me gusta, era inaceptable–. Gracias. Ah… ¿tenemos bebida en este lu ––
Sonó un silbido que me hizo sangrar los tímpanos. Busqué al hijo de su madre para revolearle un zapato, pero cuando noté que el hijo de mala madre era Yukimura Seiichi, decidí no buscar más.
–¡Atención! –vociferó, con ni un rastro de debilidad en su grito, haciendo que nos silenciemos casi al instante–. Soy Yukimura Seiichi, alumno de tercer año del departamento de secundaria de la Universidad Rikkai. Soy también el capitán de mi equipo. Con la ayuda de todos conseguimos reunir ciertos datos que quiero que todos conozcan.
“En primer lugar, el hotel. El hotel tiene, aparte de este, tres pisos más. El cuarto está totalmente inundado, así como parte del tercero.
Mi atención se desvió hacia Ootori, parado silenciosa y estoicamente a mi lado. Recordé por qué estaba sintiendo esta inquietante sensación de incomodidad en primer lugar: unos días antes de esto…
–Serán felices de saber que hay hasta Raid… –
Sonreí. Intenté recordar lo que había dicho Yukimura antes de eso. ¿Algo sobre lácteos…? Mi sonrisa se volvió a borrar ante el recuerdo de Choutarou. Me mordí el labio inferior. Me cubrí la boca con una mano.
–No quiero mentirle…
–… Hyoutei equipo femenino… –mi cabeza se elevó con un “crack” de mi cuello. Auch. Me pasaba por desmayarme en cualquier lado– habitación tres, primer piso.
Habitación tres, primer piso. Ootori recibió sus instrucciones y se movió de mi lado, sin siquiera mirarme. Mi grupo comenzó a moverse. Mis ojos captaron un movimiento de un cabello rubio. Corrí tras Gallagher-san, aferrándome a mi pollera mientras la escalera se hacía cada vez más empinada.
ドキ
ドキ
Dormir era lo que había estado esperando desde el momento en el que puse un pie en aquél endemoniado bote de emergencia, y no me esperaba una habitación para mí sola, pero tampoco me imaginaba esto. Apenas sí teníamos suficiente espacio como para cambiar de lado mientras estábamos acostadas, y Fuyube había hablado hasta el cansancio con Yuzuki, en un desesperado intento para calmarse a sí misma, comentando cosas que no tenían nada que ver con nuestra situación actual y que mucho menos iba a mejorarla.
Necesitaba pensar en algo para dormir. Siempre pensaba en algo. Nunca dormía soñando en eso, pero ocasionalmente me levantaba al día siguiente diciendo, “Tengo una idea perfecta para una novela”, o, “Ya sé cómo seguir”. Mi sinfín de personajes dio muchas, muchas vueltas en la pantalla negra de mi mente, pero al fin y al cabo no hacían nada. Hacían mucho, pero no hacían nada.
Me duele el pecho…
–La verdad es que no me siento cómodo con que nos miren.
Los oídos zumbaban, aturdidos. Aun en la silenciosa noche, en la calma después de la tormenta, percibían hasta el más mínimo rechinar de las maderas del suelo. Y si no sonaban, simplemente lo imaginaban. Me sentía muy débil. Quería hacer lo que siempre, quería retomar fuerzas para gritar y decirle a mamá que me trajera un sobre de azúcar.
–Lo siento.
–No importa, no importa. Después me contás cómo es esto del saque, ¿está bien?
“¿Te da miedo, no? Estar conmigo a solas.”
Y un personaje vivió esa situación con otro. En el cine de mi cabeza, no se veía mal. Se veía cómico. Era digno de una comedia romántica, o quizá del próximo hit shoujo. Sus amigos los espiaban, y en cuanto él supo, se le sonrojaron los cachetes. Lo habían descubierto con la chica que le gustaba…
… o no.
“Pero ahora estoy en una isla desierta. Es decir… tenemos comida… tenemos techo… pero… bah, no seamos irrealistas…”
Siempre le temí a la muerte. Aún ahora, cuando pienso en eso, me convenzo a mi misma que ese día nunca vendrá, que volveré a renacer y que seguiré siendo yo. Que ni lo sentiré. Pero si esta vida no se acuerda de la anterior, ¿por qué habría de acordarse la próxima de esta?
“Y, viví el momento, entonces.”
Estoy hecha una bolita en el medio de dos chicas y debajo de otras dos. No es un buen momento.
“No vivas, imaginá.”
¿Qué? ¿Mi cine shoujo barato? No vale la pena. Aunque quisiera escribir algo, no tengo ni cuadernos ni lapiceras. Y aunque quisiera imaginar algo más, sólo se muestra lo mismo, lo mismo una y otra vez.
¿Por qué? Me habías sonreído. No habías estado incómodo. El aire era seco y fresco, no como ahora, y las canchas eran nuestras. Los árboles se movían al son del viento.
“¿Desde cuándo me convertí en una escritora tan barata y cliché?”
En realidad no era el mejor día, ni la mejor época del año, ni la mejor ocasión para usar la pollera del club de tenis. No importaba, porque estaba con vos y me sentía bien. Me sentía suelta y espontánea, y pura e inocente.
Apreté los ojos. No quería volver a repasar esto. Quería dormirme sin pensar en nada, poner mi mente en blanco. Intentar respirar el aire que pudiese y despedirme del ahora. Un poco de sueño no me vendría nada mal…
–Claro, si usted le pone demasiada rotación con la muñeca…
Me había encogido de hombros, puchereando. –No se supone que le tengas que decir esto a una titular. Qué vergüenza.
Había largado una carcajada. El viento le había puesto las mejillas rosadas.
Como estarían las mías ahora, si mi cuerpo adolorido no distrajera a mi sistema nervioso central de enviarle a mis cachetes la simple instrucción de sonrojarse…
“Estás divagando.”
¿Bueno, no lo hago siempre…?
Me picó el bichito del sueño. Me cansé más que antes. De repente muy agitada, y de repente bien. Intenté voltearme y me choqué con alguien. Volví a mi lugar. Abracé mi almohada compartida. Se me durmieron los brazos, así que los cambié de posición. Bostecé, volví a bostezar, y finalmente, en algún punto, me dormí cantando “The Only Difference between Martyrdom and Suicide is Press Coverage”.
No pregunten.