Maybe he is my wicked and mean Sawyer

Puedo asegurar que, pese a que eso no era lo que esperaba de un crucero de tenis en absoluto (por más pobretón que fuese), estaba… bastante bien. No sabía dónde estaba, ni cómo había llegado, pero se estaba bien. Cálido, cómodo.

Y sin embargo, no podía pasar mucho tiempo más sin saber exactamente dónde estaba, así que, lentamente, abrí los ojos y me acurruqué en la superficie donde estaba acostada. No pensaba congelarme sólo para saber dónde demonios estaba, no. Soy una , y lo que fuere que fuese, me esperaría hasta que tuviera ganas de levantarme.

No pude ver mucho más que la punta de mi nariz (perfecta, si puedo decirlo yo), porque ese lugar estaba completamente a oscuras. Mucho más cuando acababa de abrir los ojos y no me acostumbraba.

Me desperecé antes de incorporarme para buscar una luz, estirando mis brazos hasta que mi mano tocó algo. Algo horrible. Algo peludo y cálido y vivo que me sacó de mi último ensoñamiento y me hizo abrir los ojos de par en par.

Merlín, cómo hubiera deseado no haberlo hecho…

El grito que pegué al ver la silueta de la rata negra mirándome con sus brillantes ojos rojos debió haber llegado hasta los confines del universo. Y al instante, una mano salió disparada desde detrás mío y me tapó la boca, mientras un brazo que estaba en mi cintura sin que yo lo hubiese notado, estrechó su agarre, apretándome aún más contra lo que ahora reconocí como un cuerpo situado detrás y medio abajo mío, acostado en el mismo sillón mugriento que yo.

-¡Sh! Hay gente tratando de dormir.- sentenció una voz…

Merlín…

Morí y fui al cielo.

No tengo por qué explicar mis declaraciones, pero como esto podría terminar en manos de paparazzis (nunca se sabe), voy a bajar al nivel de entendimiento de los vulgares mortales y explicarme.

No, no me refería al cielo común y corriente al que todos los creyentes creen ir, el paraíso y bla bla bla. No. Yo estoy segura de que, si soy lo suficientemente buena, me voy a ir al infierno. Mi castigo sería el cielo, dónde todos son puros y santos y castos y se regodean en su pobreza, y el seco prematrimonial está prohibido, no hay alcohol cuando uno quiera ni música rock ni ropa de diseñador. Eso no sería un premio por mis buenas acciones en este mundo, mucho menos si tengo que convivir por la eternidad con gente común y vulgar.

-Mmh, que extraño… Creí que ibas a ponerte a patalear y lloriquear si te tocaba así.- comentó la voz de mis tormentos en tono burlón, apretando más su brazo y deslizándolo sobre mis caderas sin quitar su otra mano de mi boca. Estoy segura de que esto era un castigo. Papá realmente se había enojado por lo del ceoupier, o había hecho algo realmente horrible que ni recordaba ni había registrado. I quizás era sencillamente el Destino, que o había tomado forma de hombre y yo había destruido su ego (soy especialista en eso), o bien directamente había decidido que sería divertido ponerme en Jaque y ganar el partido.
Cualquiera fuese la razón, ninguna era buena para mí.

-¿-tan?- preguntó la voz molesta. Yo no le respondí, ¿quizás si no lo registraba, desapareciera? Siempre pasaba con moscones y paparazzis en Europa: terminaban por hartarse. –Hey, ¿-tan?- insistió, esta vez sacudiéndome un poco.

Que molesto que sos.

Mis ojos terminaron por acostumbrarse a la semi-oscuridad, y pude inspeccionar el lugar. Era un cuarto grande, enorme, con varios sillones antiquísimos genuinos (lo sé por las costuras, estoy acostumbrada a eso), pero ninguno ocupado, y un gran espacio en el centro del salón, con un espejo que cubría todas las paredes y una gigantesca araña de cristales colgando del techo. Sino fuera porque esto era todo lo contrario a lo que yo recordaba de las horas anteriores, hubiera dicho que era un salón de baile que en su momento fue la envidia de todos los resorts exclusivos. Misteriosamente, sabía que era parte de un hotel, uno que yo conocía, porque toda la habitación y hasta el aire húmedo que se colaba por la puerta de roble macizo me daba una sensación de dejá-vù.

-¿, seguís viva?...¡¿?!- exclamó la voz, sacudiéndome más fuerte que antes. Yo me removí incómoda contra él, y él quitó finalmente (Aleluya!) la mano que cubría mi boca.- … , respondé.- ordenó.

Lógicamente, yo no le hice caso. Yo no sigo órdenes de NADIE, mucho menos de un chico de Rikkai Dai. Además, no quería hablarle; ya tenía demasiado con tener su cuerpo pegado al mío y su aroma a sándalo intoxicándome, como para agregar a eso su voz distrayéndome de mi intento de recordar DONDE, o más bien CUANDO, había visto yo este lugar.

Maldito hijo de su madre, ¿qué derecho tenía a oler tan condenadamente bien?

Por lo visto, Destino seguía emperrado conmigo, así que necesitaba del dueño de la voz para saber qué demonios había pasado (que era mi pregunta número dos, en realidad, pero él no podía leer mi mente ni tener mis recuerdos… al menos eso creo). Mi memoria llegaba hasta el hundimiento del barco y nuestra subida al botecito salvavidas.

Me aclaré la garganta antes de hablar, odiándome por mi incapacidad de valerme por mi misma en esta situación.

-… ¿Niou?- comencé. Él se silenció al instante y dejó de tratar de llamar mi atención.- ¿Qué carajo pasó?-

-Bueno, el barco se hundió.

-Sí, eso ya lo sé.- suspiré, decidida a no matarlo ahí mismo. Podía tener testigos.- ¿Cómo llegamos acá? Y te juro que si decís “en bote” o cualquier cosa similar, me voy a encargar de que no puedas tener descendencia ni disfrutar del sexo como se debe.-

-Tranquila, cariño, no tenés que ponerte así, tan “fogosa”, si no voy a poder disfrutarlo íntimamente. Los barcos salvavidas llegaron acá. Es una isla, y por suerte tenía un hotel, vacío, abandonado y roñoso; por tu encuentro, ya te diste cuenta de cuánto. Pero al menos es un techo, ¿no?-

-Techo o no, no me importa. Quiero irme. Ya.

-No sos la única. Pero acá no van a servir tus curvas ni tus contactos para sacarte. Aunque si querés intentarlo conmigo, no me voy a negar.

Decidí a favor de hacer un esfuerzo enorme y no ahorcarlo allí mismo.

-¿Dónde están los demás?- pregunté, intentando moverme lentamente para salir del agarre de Niou.

-En las habitaciones, supongo. No tuve tiempo de fijarme, pesás mucho.

-¡¡¿ME ESTÁS LLAMANDO GORDA?!!- chillé; pude gritar todo antes de que Niou reaccionara y me tapara de nuevo la boca.

-S… No dije eso. Estaba cansado y vos ni te despertabas ni me soltabas. No iba a dejarte tirada en la playa, así que te traje acá. Más te vale que lo agradezcas.- sentenció.

-Bueno, esperá sentado.- repliqué antes de pensarlo. Y de última, si fuera cierto y le debiera mi vida (cosa que no creo), no pensaba agradecerlo en voz alta.

Niou se rió.

-Lo supuse. Me conformo con que te quedes quieta y vuelvas a dormir.

Era una idea tan buena como cualquier otra. Pero yo no pensaba tomarla en consideración.

-No tengo sueño.- anuncié, y lo escuché suspirar; su aliento chocando contra la piel desnuda de mi cuello me causó escalofríos que me esforcé en suprimir.

-¿Y no me vas a dejar dormir a mí?- Yo negué con la cabeza sonriendo. Si yo no duermo, nadie más duerme. Niou me soltó y se desperezó.- Está bien. ¿Qué querés hacer?-

Pensé en mandarlo a freír baggels porque quería ir sola y lejos de él, pero la verdad era otra. No quería estar sola ahí por nada del mundo. Y siempre podía adjudicar mi conducta a la situación extrema en la que estábamos.

De hecho, llegué a la conclusión de que, quizás, y sólo quizás, podía honrarlo con un ofrecimiento de tregua. No podía preocuparme de cómo hacer para mantener mi cabello hermoso si además tenía que ocuparme de pensar contestaciones ingeniosas a sus estupideces.

-Tengo hambre…- contesté. Niou bufó y se desenredó de mí, sentándose a mi lado en el sillón.

-¿Vamos a buscar comida?

-No, hacemos sonar la campanilla y llamamos a la mucama.- me burlé.

So dense!

-Lógico que vamos a buscar comida. Seriously.- dije cruzándome de brazos. Niou bufó y se incorporó. Luego se detuvo frente a mí, mirándome con fijeza.

-Vamos.- me espetó enfadado. Yo me levanté dispuesta a seguirlo, pero la verdad es que mi vista en la oscuridad no es tan buena como quisiera. A veces me pregunto si no será por no escuchar a mi madre y comer más zanahoria…

-Sí, sí. Ya voy. Que insoportable que estás.

Niou salió adelante mío, y en el medio del pasillo se detuvo, sin saber muy bien hacia dónde caminar. Yo sonreí con suficiencia y le puse una mano en el brazo para llamar su atención y guiarlo hacia la derecha (no sé cómo, pero sabía que ése era el camino). Y Merlín, que brazo. Tenía los músculos, desarrollados por tanto tenis (aunque, claro, también podía haberlo ejercitado de un forma mucho menos ortodoxa y mucho más desagradable) en tensión, marcándose con firmeza incluso bajo la gruesa tela del buzo de Rikkai Dai. No pude mover mi mano de donde estaba, y lo único que me hizo volver a la realidad fue la mano de Niou posándose sobre la mía, y deslizándola a lo largo de todo su brazo hasta llegar a su cuello.

Luego volteó a mirarme en un segundo, y se las ingenió para tenerme contra la pared. Pese a que la situación era horrible y estaba apunto de matarlo ni bien recuperase el habla, no pude dejar de admirar su velocidad y su gracia en los movimientos, casi felinos.

-¿Te gusta lo que ves?- susurró con su rostro a milímetros del mío, sin soltar mi mano.

-No veo nada, idiota.- le espeté. Finalmente, la diosa había vuelto. Él soltó una carcajada y se inclinó aún más sobre mí.

-Es cierto.- me aseguró él riendo.- Esto se está convirtiendo en costumbre.- comentó luego, hablando contra mi cuello, ya que había apoyado su cabeza en mi clavícula.

-Una horrible costumbre.- sentencié yo, deseando que apareciera mi guardaespaldas por una vez en mi vida.- Horrible, y desagradable y espantosa y… y… completamente estúpida.-

Asentí cuando finalmente encontré la palabra adecuada para describir eso, pero Niou no se sintió para nada tocado por mi gran intelecto. Al contrario, soltó una carcajada insultante, y deslizó su mano derecha con la mía debajo lentamente de su cuello hasta su pecho y luego hasta sus increíbles abdominales.

What a six pack, debería ser ilegal

Me golpeé la frente mentalmente ni bien ese pensamiento se materializó en mi cabeza.

Niou siguió bajando aún más mi mano, y la detuvo cuando llegó al borde de sus jeans. Si no fuera porque, GRACIAS A MERLÍN, era de noche y no había ninguna luz, me hubiera muerto de la vergüenza al sonrojarme del modo que lo hice.

-Si querés, podés seguir bajando, .- susurró intentado sonar seductor, supongo, pero no funcionó. No, en absoluto.

Creo que algo en el aroma de Niou-baka es intoxicante y me hace mal a las funciones físico-motrices. Sí, eso. Sino, denme otra explicación razonable (obviamente, “porque te gusta” no cuenta, porque no es racional ni es cierta) para que cada vez que lo tengo cerca no pueda moverme ni concretar un pensamiento coherente. Es porque es tóxico, eso mismo.

La suave risa de Niou me volvió a la realidad. Eso, y el hecho de que el degeneradito se las arregló para introducir mis deditos por el borde del pantalón, tocando con las yemas de los dedos el elástico de sus boxers (sí, puedo saber si son boxers o no son con sólo tocar el elástico, es un don). Cómo se las ingenió para hacer eso y seguir manteniendo una sonrisita insoportable es un enigma para mí.

-Soltame.- demandé, tratando de mirarlo a la cara con firmeza y autoridad. Él ni se inmutó. Intenté sacudir mi mano de su agarre, pero lo único que logre fue terminar bajándola más sin poder volver a subirla porque resultó que la fuerza de él era mayor a la que yo creía y no había caso en intentar moverla.

-Te quiero…- anunció Niou contra mi mejilla, lamiendo lentamente la línea de mi mandíbula. Creo que empecé a hiperventilar en ese momento. –…ahora, ya, y contra esa pared.- terminó.

No sé cuál de las dos frases que yo había dividido en mi cabeza era la peor, si que me “quisiera” o que me “quisiera ahora”. Las dos eran perturbantes, más aún cuando podía sentir a escasa distancia de mi manita la reacción que la situación tenía sobre el cuerpo de él.  Niou redujo la distancia entre nosotros, de modo que sólo las puntas de mis dedos allí abajo nos separaban.

-Yo no. Dejame ir o grito.-le espeté, quedándome tan quieta como podía para no tocarlo más de lo extremamente necesario.

-Grita. ¿Crees que alguien va a venir? Bien podría haberte mentido, y tendríamos el lugar para nosotros solos.- sonrió sádicamente. Si no fuera porque soy yo, creo que me hubiera puesto a llorar de rabia y odio. Niou tenía razón, +cómo podía saber si todo lo que había visto era a él y un salón de baile desierto? Desesperada como estaba, recurrí a lo único que me faltaba.

Que maldita humillación.

-Por favor.- pedí, a lo que él sonrió suavemente y bajó su rostro a mi cuello para besármelo tranquilamente. Me voy a odiar hasta que me muera por eso, pero no pude evitar ladear mi cabeza para que tuviera mejor acceso; lo peor fue sentirlo sonreírse contra mi piel.

Lenta y enloquecedoramente, Niou trazó las líneas de mi cuello, mi mandíbula, mis mejillas y se detuvo sobre mi nariz. Deslizó su mano libre desde mi muslo, suavemente, hasta llegar a mi cintura; el solo tacto de su mano cálida sobre mi piel helada me dio escalofríos. Era intolerable, me estaba obligando a desearlo. Apretó más su cuerpo contra el mío, podía sentirlo respirando agitadamente, y sabía que yo estaba igual.

-Ahora, ya, ya.- repitió lentamente, moviéndose contra mí. Él estaba a mil, puedo asegurarlo, y yo estaba acelerada también. La carne es débil, no es mi culpa en lo absoluto.

Recuerdo claramente el momento en el que los reparos y el odio y las ganas de asesinarlo y ahorcarlo y ahogarlo en un charco se fueron desvaneciendo en el aire. Lo único que quería en ese momento era besarlo hasta que me hartara.

Estoy segura de que Niou sintió que finalmente me rendí, porque la urgencia con que se abocaba a mi cuello aumentó y en un abrir y cerrar de ojos su boca estaba a milímetros de la mía, dispuesto a besarme.

Hasta que alguien se aclaró la garganta al otro lado del pasillo.

Niou y yo prácticamente saltamos del susto que nos había dado, pero él no se movió de su lugar. Había supuesto que lo haría, pero sus manos seguían una sobra la mía y la otra en mi baja espalda, apretándome contra él. Yo me removí molesta, y recién entonces él reaccionó y me soltó.

Estaba furiosa, aunque no sé si tanto con él como conmigo o, lo que fue peor, con quien fuera que había interrumpido. Me dediqué unos largos segundos a acomodar mi ropa (si a la bikini y a la microfaldita se les puede llamar ropa), y luego, cuando me sentí completamente en control de TODO, como siempre, me di vuelta para encararlos.

-No quise interrumpir, estaba buscando velas.- se explicó Yanagi Renji, con un artefacto tecnológico en la mano que a todas luces no funcionaba. Seguramente era su palm, y él no puede vivir sin su palm. Niou estaba sonriendo triunfante, lo que me pareció odioso.

-Por acá no hay.- aseguró el peliplateado. Estaba segura de que entre ellos dos había algo transcurriendo que yo me perdía, y yo no estaba acostumbrada a eso. Ni mis mucamas hacían algo tan… grosero.

-Humph. Voy a la cocina.- anuncié, dándome vuelta sin mirarlos y empezando a caminar hacia donde mi cerebro me indicaba.

-¿Sabe dónde está la cocina?- preguntó Yanagi es voz baja, claramente sorprendido.

-No cambies de tema. Yo gané la apuesta.- dijo Niou en el mismo nivel de voz, pero sonaba victorioso. Maldito idiota.

-Sí, lo sé. ¿Pero sabe?

-Es lo de menos, siempre que se vaya dándome la espalda.

Con eso me detuve bruscamente y me di vuelta para encararlos.

-¿Qué carajo apostaron?- demandé. No fue una pregunta, fue una orden; yo tengo el derecho y la obligación de saber qué pasa. Así es.

-Eso, encanto, no es de tu incumbencia.- rió Niou, caminando detrás de mí. Eso me enervó, y si no fuera porque soy toda una lady, lo hubiera defenestrado con insultos barriobajeros.

-Pervert- mascullé enfadada, él sólo sonrió. Yanagi nos siguió en silencio, supongo que tomando notas mentales de todo; creí que ya había tenido el suficiente tiempo como para tomar control de sus acciones, porque no me lo imaginaba tan tranquilo ante una crisis. No porque yo fuera así, no. Pero el hecho de tener alguien con quien pelear y a quien intentar asesinar me distraía de la lisa y llana verdad: que estábamos perdidos en el medio de la nada en una isla que tranquilamente podía albergar Otros (NA: referencia a Lost, claro).

Si no fuera porque soy yo, y porque él es él, creo que agradecería a los cielos que él estuviera ahí para distraerme. La nuestra es una relación extraña y complicada, ¿verdad?

-Tengo que interrumpir, por mucho me guste ver tu trasero contoneándose en tu faldita. ¿Por qué nos estás llevando hacia abajo? Se supone que las cocinas en estos lugares están junto al salón comedor.- interrumpió Niou.

-Sí, seguramente vos tenés una vastísima experiencia en esto de los resorts súper exclusivos.- me mofé enfadada, y no me detuve.

-Eso no viene al caso. ¿Es que pensás deshacerte para siempre de mí?- rió.

Eso no se me había ocurrido… Podía aprovechar la oscuridad para asesinarlo con una lata de conserva… No era tan mala idea. ¿Quién sospecharía de mí?

Está bien, está bien. Todo el mundo. Entiendo. Mala idea.

-No. No vamos a las cocinas. A menos que te sacrifiques para alimentar a tu amiguito, pero no te creo tan altruista.- sentencié.

-Pero podría sacrificarme y ser tu juguete sexual, si es lo que querés.

-Eso no sería algo altruista ya que sólo ayudaría a saciar tu malsano apetito sexual. (Eso quiere decir que sos un pajero). Y no, no es lo que quiero, a menos que eso incluya la posibilidad de ahogarte en un charco.

-¿Y entonces a dónde vamos?- preguntó Yanagi, caminando a la par de Niou. Yo sonreí y me encogí de hombros.

De pronto, recordé por qué me resultaba tan familiar el lugar. Yo había estado aquí cuando era pequeña, en el Exclusive Resort and Spa al que sólo se entraba por invitación o portación de apellido, con mis padres. En esa época, yo era un demonio rebelde, y me había escapado de mi cuarto a comer chocolate Charlotte en las despensas. Todo encajaba ahora, con razón. Podía saber dónde estaba todo y quedarme con lo mejor.

No me miren así. Esto es “El Señor de las Moscas”, y no pienso convertirme en caníbal.

-A las despensas, ¿dónde más? Si ustedes quieren comer pan podrido o huevos con cucarachas adentro, la cocina está para allá.- Señalé el pasillo que se abría desde donde nosotros estábamos para la derecha.

-Me gusta como pensás, encanto.- aseguró Niou.

-Decile encanto a tu abuela, idiota.- mascullé yo enfadada. Malditos idiotas, no podía perderme con Sawyer. Nooooooo. Yo tenía que caer en la isla con un par de idiotas inútiles de Rikkai Dai. Hasta hubiera preferido a los tres de Fudomine.

-Lo hago, y está convencida que los rumores son maldades de los envidiosos.- sonrió infantilmente.

-Bless her. Pobre, si eso la ayuda a soportarte…- suspiré encogiéndome de hombros.

-Puedo llegar a ser un verdadero encanto cuando quiero.

-Y eso demuestra lo egoísta y poco amable que sos: nunca sos un encanto.

-¿Sabés, ? Realmente me estás hiriendo con todo este trato de Reina del Jodido Hielo.

Eso me hizo detenerme, y voltearme para observarlo. Lógico, no podía ver nada más allá de sus hombros y la expresión permanecía completamente a oscuras, así que no tenía forma de saber si era sincero o no. No porque si pudiera verlo podría saberlo, no. Con él nunca se sabe.

-Yo te salvo, y vos me tratás así…

Niou suspiró patéticamente, y lo odié. Lo odié porque tenía razón, y lo odié porque me estaba haciendo sentir culpable. Creo que de muy buen gusto hubiera aceptado una sierra eléctrica para asesinarlo.

No podía hablar, tenía la boca seca, y tampoco podía moverme. Niou siguió caminando y se detuvo frente a mí. Mentalmente maldije la posición, otra vez estaba acorralada entre la pared y él (se me ocurre un dicho que todo el mundo conoce con respecto a eso, menos literal, pero que si se tienen en cuentas las posiciones y reacciones físicas son bastante literales).

-Yo también tengo sentimientos, …- susurró a centímetros de mi frente. Sin que me diera cuenta, deslizó la mano derecha, que quedaba oculta a la vista de Yanagi, hacia mi cintura desnuda, y la subió lentamente hasta llegar al borde del corpiño de la bikini. Cada nuevo lugar que tocaba se caldeaba como nunca, y el sentir el aliento cálido de él en mi rostro me erizó todos los pelitos de la nuca.

God, how toxic. Olía demasiado condenadamente bien.

-Sólo hay un límite de desplantes que puedo tolerar, preciosa.- susurró, moviendo la mano sobre el borde del corpiño hasta llegar al broche en la espalda. Y yo no podía hacer nada. Era una sensación horrible.

Bueno, quizás no horrible… Digamos, lo horrible era la sensación que me daba lo que él estaba logrando, el placer que sentía en ese momento. Lo que odiaba era sentirme impotente, frágil y… como si fuera una niña. Era su muñeca, y no podía, o no quería, juntar la fuerza para separarme y golpearlo ahí dónde duele.

El stres me había superado.

Sus dedos mágicos eran un alivio para los escalofríos que habían comenzado a recorrer mi espalda constantemente.

-Sólo un límite, princesa.- repitió en mi oído, mientras deslizaba sus labios por la línea de mi mandíbula hasta mi pera.

Y lo perdí.

Sí, lo perdí. No sé qué, pero puedo asegurar que lo perdí. Me rendí y cerré los ojos, dándole permiso tácitamente para hacer lo que le placiera. Lo sentí sonreír contra mi piel al tiempo que se apretaba más contra mí.

Lentamente, volvió a subir mis labios hasta mi rostro, y, rozando los míos por unos segundos, finalmente me besó.

God, ¡cómo lo odié! Lo odié por la situación, lo odié por su mano en mi espalda y por la otra en mi trasero empujándome más hacia él. Lo odié por la forma que movía sus labios sensual y expertamente sobre los míos, por la forma que su lengua se deslizaba por mi boca, rogando que le diera permiso. Lo odié por lo acelerado que estaba, y por la reacción idéntica que estaba causando en mí. Y lo odié por hacer todo eso con Yanagi como testigo.

Cuando me dejé ir completamente, Niou intensificó el beso, deslizando su lengua dentro de mi boca y luchando con la mía. Niou es genial en eso de los besos, eso debía aceptarlo, pero no cambiaba para nada el odio que sentía por él, porque era mucho más fácil que odiarme a mí misma.

Juro que no quise, no intenté, no era lo que en realidad quería hacer. Pero mis brazos terminaron en su cuello, y mis manos enterradas en su cabello, empujando su rostro contra el mío. Estaba segura de que mis labios iban a estar rojos hasta el día siguiente por lo menos, porque Niou no se conformó con eso, y empezó a besarme con más fuerza que antes, más posesivamente, más violentamente y más… animalmente eso lo único que se me ocurre.

Las manos de él comenzaron a recorrer mi cuerpo con más avidez que antes, y, tengo que admitirlo, me dio cierto miedo. Parecía fuera de control, casi violento, y yo estaba acostumbrada a que me adorasen en la calle y en la cama. Era como una de esas estúpidas historias románticas de Harlequin que leía mi mucama, en las que el guapo alto y moreno objeto de deseo secreto de la protagonista prácticamente la violaba y terminaban felices para siempre.

Siempre odié esas novelas.

-Niou…- intenté hablar, pero su boca capturó hábilmente la mía nuevamente. God… Niou recorrió el borde de la bikini lentamente, mientras se las ingeniaba para abrir el ganchito de mi bra con la otra mano. No pude evitar pensar en cuánta experiencia tendría en eso, porque lo logró con el primer intento.

De pronto, Niou se detuvo. Cuando yo reaccioné y abrí los ojos, Niou estaba clavando su mirada en mí. Tenía unos ojos… profundos. Cuando los miraba de cerca (tan cerca como para contar las invisibles pequitas de sus mejillas), me daban la misma sensación que mirar el océano desde alguno de los yates de papá, o la misma que me daba pararme en el borde de algún risco en Papúa o Nueva Zelanda; esa sensación de vértigo, de inmensidad que podría absorberme, de impotencia casi, de que podía ahogarme allí. Sus ojos tenían un brillo demasiado cautivador, me sentía una niña mirando el tocador de mamá, el mismo tocador que guardaba secretos magníficos para mis pocos años, oro y joyas de princesas. Era lo mismo que cuando me regalaron mi primera gargantilla de diamantes. Era lo mismo que cuando me escapaba a la cocina e intentaba sacar galletitas.

Mientras mi cerebro divagaba, Niou seguí con sus ojos clavados en los míos.

-¿…¿Qué…?- Genial! Ni siquiera sabía qué decir.

-Te q.- Él empezó a hablar, pero se detuvo el mismo segundo en que yo captaba un movimiento lento por mi visión periférica. Yanagi volvía caminando por el mismo pasillo que antes, y por lo que podía ver, estaba dispuesto a llevarse a Niou a la rastra si no nos separábamos.

Y mientras Yanagi le espetaba al peliplateado que ya se había hartado y que de todas formas tenía que pasar por ese corredor, y mientras Niou refunfuñaba y me soltaba, lo único que podía pensar era en lo que él no había dicho. “Te q…” ¿Te q-qué?

-¡Hey, princesa!- Niou chilló en mi oído, causando que del susto me golpeara la mejilla contra su hombro con demasiada fuerza. ¡¡OUCH!! Esto va a dejar marcas mañana, lo sé. El día (la noche) estaba simplemente pasando de bien a genial… Nótese el sarcasmo, por favor, que cuando escribo no es algo que se pueda apreciar.- ¿Estás bien?-

-Sí, sí. ¿Qué quieren?- espeté enfadada, agarrándome la mejilla con ambas manos.

-Saber dónde está la despensa. Isla desierta, barco hundido, cena cancelada, mucha hambre…- Niou dijo en broma, pasándome su brazo por los hombros.

Y yo no lo quité gritando y golpeándolo. No, eso hubiera sido lo correcto, lo normal. Pero en lugar de eso, recosté mi cabeza sobre su pecho y cerré los ojos.

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~Izzy