Suspiré, esto no iba a funcionar. No. Yo no nací para estar en un crucero común. Yo nací para ser la reina del Queen Mary II y tener un parque de atracciones con mi nombre.
Hasta podría tolerar un cuarto compartido. Pero esto era el no va más, el punto culminante, la gota que rebalsó la copa de Dom Perignon: UN-BAÑO-SIN-YACUZZI. En un crucero cualquiera, rodeada de gente que en su vida usó siquiera un accesorio by Stella McCartney.
Y todo es culpa de Keigo. Sí, exacto. Si él no hubiera insistido en que mi inteligencia y diplomacia eran necesarias para hacerme cargo del equipo, ahora podría estar en St. Barts, relajándome con un margarita en el resort de Isla de la Paix. Eso mismo.
Yo, que nunca en mi vida tuve que siquiera hacer mi cama, ¡me vi obligada a cargar con mis valijas (bueno, sí, Chouta-kun me ayudó) y a esperar a que los pueblerinos de una escuela PÚBLICA subieran al barco antes que yo! Esto era una tortura, un castigo planeado por papá por haber salido con el crupier el mes pasado. Sí, eso era. Y Keigo estaba involucrado porque siempre encuentra placer sádico en molestarme a mí. Y si él lo comenzó (porque siempre es él el cerebro maligno)…he might as well finish it.
Salí a toda velocidad del cuartucho que nos habían asignado, sin preocuparme de ponerme el vestido rojo de Chloé que iba a usar para la cena (ni pienso usar el uniforme para una cena ‘formal’, no way), así que salí sólo con mi bikini negra de corazoncitos multicolores y ribetes turquesas, un pareo con el mismo motivo y mis Manolos celestes que resonaban en el suelo de parqué del bote.
No iba a poder bajar del barco porque ya debíamos estar cerca de aguas con potenciabilidad de ser hundidoras, pero podía lograr una promesa de compensación por parte de Atobe Keigo. Y ya que estamos, de todos el equipo de tenis. Faltaba poco menos de una hora para la cena, y lo más probable era que apenas tuviera tiempo de ocuparme de una cosa (rostro o cabello), pero esto tenía que encontrar una solución YA.
Además, soy una . A las no se las hace esperar, se las espera.
Estaba conciente de que a cada paso que daba, las miradas me seguían, pero no hice caso. Estoy acostumbrada: yo nací para brillar. Pero los silbidos barriobajeros eran demasiado.
Así que me deslicé por uno de los pocos pasillos pequeños del barco que llevaban al corredor principal que desembocaba en el salón comedor, uno de esos que había memorizado en el gigantesco mapa del hall para huidas nocturnas, y que no muchas personas deberían conocer.
El corredor estaba aparentemente vacío, lo cual era un alivio. Digo, a las miradas estoy acostumbrada, obvio. Pero hay veces, como cuando estoy molesta, en las que no quiero que me miren, que me toquen o que me admiren. Y-
…
Well… Estaba acostumbrada a la atención, y hasta podría tolerar los silbidos barriobajeros si me apuraban, pero las manos aferrándose a mi muñeca como si tal cosa eran algo completamente nuevo.
Me detuve al instante al sentir la presión fría y demandante en mi piel, y me volteé furiosa. ¿Quién DEMONIOS osaba tocarme?
-Bonitas piernas, -tan.- comentó una voz grave y aterciopelada demasiado conocida. Demonios.
Casi había esperado que se hubiera caído por las escaleras al subir, o lo hubieran tirado por la borda por molesto o le hubieran cortado las manos por… órdenes mías.
-Niou Masaharu.- mascullé enfadada.
El corredor seguí desierto y comenzaba a tomar en cuenta la idea que había cruzado mi cabeza de que quizás se debiera a que alguien había muerto allí y el fantasma todavía rondaba el lugar y por eso ni los operarios ni los camareros ni nadie del personal se aventuraban por ahí.
-¿Hoy no tenés tu guardia perso-?- comenzó él, deslizando su mano más arriba de mi muñeca hasta el codo, acercándome más a él. Yo intenté sacudírmelo de encima, de verdad lo intenté, pero su anatomía era por lo menos el doble de grande que la mía.
-¿Qué querés, Niou?- le espeté interrumpiéndolo, frunciendo el ceño.
-Hacerte mía contra esa pared.- dijo el tarado como al pasar, indicando con un gesto de su cabeza la pared opuesta.- Y molestarte, desde luego. No hay nada que me divierta más que ver tu bonito rostro distorsionado por la ira.-
-Me soltás o te olvidás de tener descendencia.- Me contuve de finalizar con un chikushōme, porque eso, sencillamente, no es de señorita. Pero al ver la smirk que se formó en sus labios mientras se inclinaba sobre mí agarrándome por los hombros se me ocurrió reconsiderarlo.
-¿De verdad?- preguntó fingiendo inocencia, al tiempo que se las ingeniaba para apoyarme contra la pared sin que yo pudiera oponer resistencia. Yo asentí. Y que Merlín me condene, había perdido momentáneamente el sentido del habla.
Es que, por mucho que lo odie y lo deteste y todo, sentir su aliento en el cuello y el aroma a aftershave mezclado con menta y sándalo era… bueno… Sí, lo admito, turn on. Y el suave tacto de sus manos en mi cintura (sí, habían llegado ahí vaya uno a saber como) me hicieron imaginar cómo se sentiría otra parte de su anatomía sobre mi piel.
-¿Sabés? No podría encontrar mayor diversión en hacerte perder el control en mi cama, pidiéndome más. Y mostrarle a Atobe que la princesita de Hyoutei no es tal cosa.- susurró Niou contra mi mejilla, y luego lamió suavemente el lóbulo de mi oreja derecha.
Oh, god…
Cerré los ojos, sabiendo que si a él se le ocurría intentar algo en ese momento, no iba a hacer absolutamente nada para detenerlo. No podría. Demasiado calor en el condenado pasillo. Era un desgraciado hijo de su madre, pero… Merlín, que bueno que estaba.
Y si alguien se enterase de eso, iba a morir incinerado en una hoguera.
-Quizás podríamos llamarlo ahora…- anunció, justo antes de morder mi cuello, dejando una marca que, sabía, tardaría al menos media hora de aplicación de maquillaje en desaparecer. Lentamente, deslizó sus labios por mi piel hasta llegar a centímetros de mis labios.
Bien, iba a besarme. Lógicamente, no estaba bien, pero no había mucho que pudiera hacer en mi estado y vestida con una bikini y zapatos de taco alto. Es prácticamente imposible correr con un par de Manolos al tiempo que una se preocupa de que no se le salgan las lolas de lugar.
Niou sonrió (no lo vi, pero estoy segura de que lo hizo, pude sentirlo), y se inclinó más todavía hacia mí. Y ahí se quedó. Pasados unos segundos sin reacción, yo abrí los ojos lentamente para encontrármelo sonriendo burlón frente a mí.
-¿Pensaste que iba a besarte? Que ilusa. ¿Acaso estás tan necesitada?- comentó soltándome y alejándose de mí.
Y ahí pasaron varias cosas a la vez.
Yo levanté el brazo para frenarlo y para pegarle una bofetada con mi mano abierta. Él se detuvo y se volteó para dedicarme una smirk triunfal. El barco hizo un movimiento brusco y violento que nos hizo perder el equilibrio a mí, que caí encima de él, y a él, que terminó estrolado contra la pared opuesta. Y, por último, mi cabecita empezó a pasar imágenes del naufragio del Titanic, con Jack y Rose, o de Poseidón, con correlaciones con la situación actual (mi cerebro tiene una imaginación por sí solo).
El movimiento se repitió antes de que pudiéramos recuperar el equilibrio.
-¿Qué demonios fue eso?- solté, mi voz unas notas más altas a causa del miedo que me había entrado. Lo único que me faltaba era que nos hundiéramos, y yo sola con Niou Masaharu. No way.
-No- No sé.- respondió Niou, y por la palidez de su rostro pude asegurar que él estaba tan asustado como yo. Ese movimiento no era normal, ni siquiera en un avión pasando por turbulencia, y mucho menos en una mole como el crucero pedorro este.
Inconcientemente, cerré mis manos con fuerza sobre la camisa del uniforme de él. Nunca en mi vida había sentido tanto… miedo. Era una novedad no saber QUE DEMONIOS ESTABA PASANDO, nunca antes en mi vida estuve tan… ‘sin control sobre las circunstancias’.
De repente, se empezaron a escuchar gritos desde abajo.
-Vamos, tenemos que salir de acá.- interrumpió Niou, poniendo su mano sobre una de las mías. Se debe haber dado cuenta del terror que me invadía porque al instante me pasó un brazo por la espalda tratando de tranquilizarme y me alzó bridal stile. Después, empezó a correr por el pasillo.
Yo no podía hablar, estaba aterrada. Si él no hubiera reaccionado así, estaría mucho más tranquila, lo puedo asegurar; podría todo ser producto de mi exagerado análisis de los hechos porque soy una Drama Queen, según Keigo. Pero con el comportamiento de Niou Masaharu así, ¿cómo podría estar tranquila? ¿Nos estábamos hundiendo? ¡Merlín, y media hora antes había querido asesinar a Keigo! ¿Qué pasaba si moría y no podía disculparme? ¡No podía morir! ¡Antes tenía que lograr que Chouta-tan le confiese lo que siente a Miyazaki-chan! ¡Y entrevistar a Cristiano Rolando!
-¡No seas estúpida!- soltó Niou de pronto, interrumpiendo mi catarsis, antes de darme cuenta de que había estado murmurando esas cosas.- No te vas a morir ahora.- sentenció con tanta seguridad que no me quedó otra que creerle. Él siguió corriendo, llevando como si tal cosa, pero cuando comprendí que se dirigía al salón comedor, tuve que detenerlo.
-No, doblá a la derecha.- exclamé una vez recuperé el control. Niou me miró entre extrañado y molesto, y yo tironeé de su camisa para que me hiciera caso.
-El salón comedor está para allá.- Niou señaló a su izquierda y yo negué.
-Pero no queremos ir al salón comedor, idiota. Queremos ir para arriba. Y la forma más rápida es la escalera del personal.
El salón comedor estaba un nivel más bajo que el pasillo en el que estábamos, y todo el mundo sabe que, si el barco se está hundiendo, lo que hay que hacer es ir para arriba. A menos claro que pase como en Poseidón y tengamos que ir para abajo.
-¿Y cómo sabés eso? Si te hago caso y terminamos en las calderas…- Niou dejó la amenaza a medio terminar, por lo que fue mucho más efectiva. Por lo que sabía, podía desde asesinarme con un radiador, hasta violarme.
-¡Bien, hacé como quieras! Soltame y yo me voy sola.- chillé enfadada. Él hizo como le pedí y me dejó en el suelo, pero no me soltó la mano.
-¿Estás segura?- Yo asentí.
-Como que nadie se ve bien en ropa de WallMart.
No creo que haya entendido mi analogía, pero de todos modos me hizo caso y corrimos hacia las escaleras del personal. Crucé los dedos mentalmente para que Poseidón no me mintiera y para que el mapa del hall fuera real.
*-*-*-*
Debo haber perdido la cordura en el momento que Niou me agarró de la mano, porque no era normal que yo quisiera subir por las escaleras del personal. Esto era un punto más que agregar a la lista de cosas por las que culpar a Atobe Keigo ni bien lo viera. Nunca se me hubiera ocurrido que las escaleras esas pudieran ser tan directas, porque en menos de quince minutos, llegamos a una de las cubiertas. No tengo idea de cuál era (babor, estribor, proa, popa), mis conocimientos con respecto a cruceros radican en qué tan rápido me puedo hacer traer un trago y a cuántos marineros puedo coquetearles.
El lugar era un verdadero desorden, con miembros de la tripulación corriendo de acá para allá y profesores sacando a los últimos alumnos del lugar, y llovía a cántaros. Yo estaba calada hasta los huesos (lógico, sólo tenía una microbikini y una faldita) y Niou seguí aferrando mi mano, así que inconcientemente me acerqué más a él en busca de algo de calor. Merlín, que frío hacía. Me acuerdo que lo que más me preocupó en ese momento fue mi pelo; lo tenía armado en una perfecta cascada de ondas y rizos, y ahora era una maza informe cayendo sobre mis hombros hasta debajo de mi cola. I’m shallow, I know it.
-¡Hey, ustedes dos!- Un hombre con pinta de jefe de marineros… o algo por el estilo, se dirigió a nosotros dos. Yo estaba a punto de hacerle notar la falta de respeto de su comentario, pero el hombre siguió gritando por sobre el ruido de las olas. -¡Ya deberían haber subido a un bote! ¡Éste no es momento de coquetear con tu novia!- le espetó a Niou.
-¡YO NO SOY SU NOVIA!- chillé enfadada, y por estar tan inmersa en mi desgracia, no pude distinguir el leve, levísimo, rubor que cubrió las mejillas de Niou. Mejor, porque si lo hubiese visto, me habría desmayado ahí mismo; significaba el comienzo del Apocalipsis.
-¡Suban de una vez!- gritó el hombre, empujándonos a los dos dentro del barco con muy malos modales. Humph.
El bote no estaba muy lleno, pero no distinguí a ningún conocido, y me mantuve erguida, tratando de mantener el equilibrio, hasta que llegó al agua. Ahora que lo pienso, lo de quedarme parada fue uno de mis movimientos más estúpidos. Terminé sentada en el regazo de Niou porque me tropecé con mis tacos, temblando de frío y maldiciendo en voz baja TODO lo que se me cruzaba por la cabeza.
De pronto, sentí algo cálido cubrirme los hombros, y me volteé para encontrarme con la campera impermeable de Niou y las manos de él sobre mis caderas cubiertas. Lo miré inquisitivamente, y él se encogió de hombros.
-Sos una idiota por salir así.- sentenció.
-Eso no te da derecho a tocarme.
-Vos sos la que se tiró encima mío, . No creo que quieras apoyar tu bonito trasero en el bote, así que te dejo quedarte donde estás. ¿Por qué no te dormís y dejás de molestar a todo el mundo?- dijo Niou algo molesto.
-No tengo sueño.- repliqué enfurruñada. Pero era mentira, el estrés y el hecho de que de verdad nos estábamos hundiendo y que de verdad iba a perder mis pares de zapatos cayó sobre mí de golpe, y estaba agotada.
Niou lo notó, seguramente, porque se acomodó de tal forma sobre los precarios asientos que yo terminé recostada contra su pecho. Si hubiera sido un hombre normal, uno cualquiera, hasta un marinero o uno de Fudomine, se lo hubiera agradecido. Pero era Niou Masaharu, un alien insoportable y maleducado que robó la piel de algún dios griego o algo así.
Lo último que recuerdo antes de dormirme profundamente, es el tacto cálido de algo acariciándome la piernas, y un brazo aferrado a mi cadera, sosteniéndome contra el cuerpo de Niou.
~ Izzy