RESOLUCIONES PARA EL NUEVO AÑO
NO VOY A:
VOY A:
THE DIARY
ENERO
Viernes 1
Calorías: 3960 (repugnante, lo sé). Cosas de mi lista para Nuevo Año que no cumplí: 16. Instintos asesinos: 40 (10 frustrados por Yuuta, 9 por Shinya, 16 por Atsushi y 5 por Mizuki). Pelotas que acerté en la cabeza de Akazawa: 6. Pelotas que no: 198, aprox. Veces que conté hasta 10 para no asesinarlos: 9 (irónico).
Voy a matar a Akazawa, voy a matar a Akazawa, voy a matar a Akazawa… Y también a Mizuki. Voy a matar a Akazawa y a Mizuki, por tener pésimas, patéticas, repulsivas y torturadoras ideas (por mucho que Yuuta quiera hacerme creer que era una de esas invitaciones que llevan incluido tácitamente la obligación a asistir),y por obligarme a MÍ a acatarlas como si fueran leyes. Sí, voy a matarlos lentamente…
Humph… Todo empezó en la reunión que habíamos organizado con los titulares de tenis de masculinos y algunas chicas de femeninos el sábado a la medianoche para celebrar año nuevo “entre amigos”, o así había dicho Mizuki con su sonrisa made in Leatherface de lo más sospechosa. Pero como no tenía nada mejor que hacer que cenar nuevamente con mi familia, y no estaba de ánimos como para soportar una oleada de “Oh, , tu prima es taaan popular en su colegio”, “Deberían verla en sus representaciones” o “¿, encanto, no es hora de que tengas algún novio? Kaori tuvo su primer novio a los 9, todavía me acuerdo… Que inocentes eran” por parte de todos, acepté.
Decidí vestirme bien para mostrarle al tarado “con cariño” de Atsushi lo que se perdía, así que estuve tres horas arreglándome con el clásico “little red dress”, porque decidí cambiar el elegante y sobrio negro Coco Channel, por el apasionado y cálido rouge Dior. Mis sandalias bronce y la carterita marrón completaron el look, junto al maquillaje. ¿Y todo para qué? Para que al final todo resultase en un engaño de Mizuki y, misteriosamente, también Akazawa, para anunciarnos que íbamos a un campamento los mejores equipos de tenis en una semana. Y tuvieron el descaro de anunciarlo muy a lo Shirley Temple, poniendo su mejor carita de niños angelicales que en su vida rompieron un plato y que su merchandising incluye muñecas que salen fortunas y que hablan, y que hasta tienen un baby drink con su nombre.
-Felicidades, espero que se diviertan.- les sonreí siendo la bondadosa persona que soy. Obvio que era porque estaba feliz de librarme de los traumas de Yuuta, de las quejas de Nomura porque la profesora ni lo registra, de que Atsushi no me registre a mí, de los datos de Mizuki, de la sumisión de Kaneda y de… bueno, de Akazawa mandoneando. Pero eso no quita que fuera bondadoso y encantador de mi parte decirlo. La risita entre nerviosa y divertida del capitán me pinchó el globo.- ¿Qué pasa?-
-Bueno… Sería más bien un “vamos a divertirnos” que tu “espero que se diviertan”.- dijo Akazawa dedicándome su sonrisa más adorable, esa que cuando era chica hacía que me dieran mariposas en el estómago… ¡Que asquerosa analogía! ¡Imaginar a las pobres y repugnantes larvas engreídas con alas desintegrándose en los jugos gástricos! PUAAAAAAAJ. Mejor digo que me gustaba y listo.
- Oh… Bueno, entonces…- Sí, soy lenta. ¿Y qué?- ¿QUEE?-
-¡Vos venís, sos nuestra fan número uno!- exclamó Nomura. Genial, todos estaban metidos en este engaño. Y NO soy su fan.
-Te necesitamos como la manager oficial, porque Mizuki tiene que concentrarse en el entrenamiento.- me explicó Akazawa con la misma sonrisa de antes, supongo que para que no le tirara por la cabeza el vaso de gaseosa que tenía en la mano.
-Claaaaro.- dije en un tono sarcásticamente melodioso.- Porque me llaman cuando me necesitan solamente, no? Sino, el manager es Mizuki. ¬¬-
--san, sos parte del equipo, y la invitación era claramente para TODO el equipo.- aclaró Mizuki “futuro cadáver”.
-Por favor, -chan.- suplicó Atsushi, como si fuera el Gato con Botas de Shrek…
Fue injusto, él sabe que no puedo negarme a esa cara.
Sábado 2
6.00 PM: Recién vuelvo de ir de compras con Karo y Sae. TENGO QUE ADELGAZAR, el maldito campamento incluye pileta y yo estoy gorda como heladera como para usar mi bikini. Me quedan dos semanas de puros abdominales para encajar en los dos jeans, la pollera, el halter y el vestido que compré hoy… Como odio a los titulares…
9.00 PM: Demasiado cansada para hacer abdominales, no hice nada. Me comí una porción gigante de lasagna que hizo mamá hoy. Gorda. Ahora es obvio por qué Atsushi y yo terminamos. Me voy a acostar porque leí que durmiendo se queman calorías.
11.00 PM: Acabo de pesarme, ¿y adivina qué? Todavía no quemé ni una caloría…
11.32 PM: Nope, todavía nada. Quizás me ponga a hacer abdominales.
11.58 PM: Mejor no, y me quedo mirando el techo… Creo que entre la madera hay un nuevo par de ojos gigantes…
Domingo 3
6.00 AM: ¡NADA! ¡Ni una libra de morondanga…! Quizás es porque no tuve ningún sueño hot. Es posible: los experimentos los hacen sólo con hombres y eso les quita la lucidez y como el cerebro lo tienen a un metro, más o menos, de la cabeza (la mayoría) es obvio que van a quemar calorías con su perversión.
11.39 AM: Al final, caí dormida con el diario en la mano.
12:45 AM: Bueno, ya. Es hora de que me levante y deje de mirar el techo estúpidamente. Que es una resolución de las de año nuevo, ¡por amor a Merlín!
9:58 PM: Al final, me levanté de la cama después de renegar un poquititito. Eso demuestra mi presencia de carácter, porque… Ya, ¿a quién quiero engañar? Me levanté porque mi adorada madre, tan victoriana en lo común, chilló desde las escaleras: “E, TELÉFONO”. Y enseguida, para terminar de rematarla: “Y YA SABES QUE NO PODÉS TRAER NOVIOS A CASA”.
Con el primer dulce y agradable llamado, me caí de la cama, y como el ruido de la heladera en la que estoy convertida al caer debe haberse escuchado hasta en el sótano del vecino, no podía acostarme de nuevo y hacerme la desentendida. Bajé las escaleras con la poca ropa con la que duermo, es decir, una camiseta de hockey yanqui que me llega hasta un poco más debajo de mi bonito trasero y un culotte negro con calaveritas rojizas, confiada en que no había NADIE más que mi hermanito molesto, mamá y papá. A lo mejor alguna tía o la abuela, pero nadie más…
¡Ja! El señor que maneja el destino se burló de mí abiertamente en mi cara, maldito fuera. Ahí, al pie de la escalera, mirando para arriba (lo que lleva implícito el hecho de que tenían un perfecto panorama de mis piernas casi hasta el comienzo…-.-), estaban Akazawa y Mizuki. Me quedé como estúpida mirándolos unos segundos, hasta que me cayó la ficha de lo que había dicho mamá, eso de que no podía traer novioS a casa… Lo más probable es que hubiera dicho que tenía “visitas”, y no “teléfono”… Cuando volví a mirarlos atentamente, chillé como vaca en el matadero y subí corriendo a mi cuarto.
Tratando de controlar mi hiperventilación, me puse un jean gastado, me acomodé el cabello sin mucho cuidado en una cola de caballo y bajé de nuevo, roja como frutilla con crema. Si las miradas matasen puedo asegurar que Mizuki y su estúpida risita “Nfu” estarían muertos enterrados y comidos por los gusanos… Sí, y ya que estamos, Akazawa también. Quién los manda a caer en mi casa de la nada, ¿¡eh?! ¿¡Eh?!
-¿Qué demonios hacen en mi casa?- pregunté sin ningún tipo de reparo, jugueteando con el borde de mi camiseta.
-Pues… En realidad, vinimos para…- De verlo titubear, casi me estallo ahí mismo. ¡Es que, por Merlín, Akazawa estaba titubeando! ¡Eso es como decir que Nomura deja a la de inglés y va por la monja que da catequesis en primero!
-Para traerte el permiso para el campamento.- completó Mizuki, siempre con su sonrisa impertérrita y taaaaaaaaaan molesta.- Pero como nos abrió la señora , se lo dimos a ella. No sabía nada. ¿Acaso pretendías no ir?- ¡OBVIO!
- ¿Qué te importa?- quise terminar ahí, y ser la cool Reina del Hielo que me propuse en año nuevo, pero la curiosidad me pudo.- ¿Qué dijo mamá?-
El maldito Mizuki no contestó en seguida, seguramente disfrutando de eso, pero finalmente deslizó su frasecita:- Dijo que seguramente te divertirías, y que no tenía problema en que fueras siempre y cuando estuvieras bajo el cuidado de “jovencitos tan encantadores”.-
- Humph… Eso es porque no los conoce.- mascullé, sintiendo cómo subía la sangre a mi rostro de la vergüenza. Suspiré mientras me dirigía al living y me sentaba en un sillón con las piernas cruzadas sobre él.- Entonces… Qué es? Qué hay que llevar?-
La sonrisa que dibujó Akazawa me resultó extraña, pero no le dí mucha importancia; Akazawa siempre me resultó extraño. Al fin de cuentas, le caía bien Mizuki y sus artimañas… En fin, Mizuki respondió a mi pregunta como si la hubiera ensayado, o como si la estuviera leyendo mentalmente: llevar el uniforme, ropa común, zapatillas, un vestido de gala (en mi caso, supongo, pero no lo aclaró), y lo que considerara necesario.
-Y no te olvides de tu ropa interior de hace un rato. Algunos te lo agradecerán.- Dijo eso antes de que yo pudiera racionalizar que lo había dicho y lo miré con los ojos abiertos, asesinándolo mentalmente. Maldito descarado de escuela religiosa.
-Fuck off, Mizuki. Fuck off.- repliqué enfadada, pero él sólo sonrió aún más. Molesta como estaba, me giré hacia Akazawa.- ¿Y vos viniste acá para molestarme, también?-
-No… Yo vine… como capitán del equipo. Estoy encargado de llevar el formulario a cada casa. Sí, eso.- respondió, sonriendo. ¿Vaya, entonces no era para ver mi trasero desde las escaleras? Ja, que decepción. Y nótese la ironía, que hasta casi empecé a reír a carcajadas cuando pensé eso.
-Bien, supongo. ¿Necesitan algo más? Porque sino es así, no entiendo por qué siguen acá…-quise saber, y ni bien terminé de formular la pregunta, ideas descabelladas comenzaron a formarse en mi cabeza. ¿Qué si lo del campamento era una excusa para venderme en la trata de blancas para conseguir más presupuesto para el club de tenis y cambiar los uniformes (porque, de verdad, no son de lo mejor)? De Mizuki no me extrañaría, en absoluto, y Akazawa estaba muy extraño últimamente, así que quizás es porque Mizuki lo amenazó o lo obligó a ver las cosas como él. Maldito géminis, siempre terminaba saliéndose con la suya; debería haber algún tipo de regla o alguna ley física que estableciera que NO podía siempre conseguir lo que se proponía, resultaba malo para la salud. La mía, por supuesto.
-No, en realidad. Esperaba que aceptases ir.- respondió Mizuki, sonriendo. Akazawa, por su parte, frunció el ceño. Y yo, como tarada, asentí con la cabeza. Claaaro, como todo eso era de lo más normal.
No, en absoluto.
-Mizuki, ya acepté. De todos modos, lo ponés como si hubiera otra opción… ¿Acaso la hay? ¿Quizás con algo drástico?- insistí yo. El endemoniado ése negó con la cabeza, con un “nfu” por el que casi salto y lo ahorco ahí mismo de no ser por la entrada de mi mamá con una bandeja con una jarra de té frío y tres vasos de vidrio.
-Gracias, -san.- sonrió Akazawa a mi madre, con una inclinación en señal de respeto. Yo lo miré fijamente por un largo instante, intentando analizar el por qué de dedicarle a mi madre su sonrisa más adorable. Mamá, como siempre la voz de la razón, tras devolverle la sonrisa y decir algo como que no era problema, algo más de cuidar de su hija y que no tenía que ser tan formal… ¿Por dónde iba?... ¡Ah, sí! Después de eso, mamá, que se dio cuenta de que estaba portándome como una maleducada, me dio un empujón leve pero que me hizo tambalearme porque estaba por las nubes. Siempre tan delicadamente francesa ¬¬
-No es educado quedarse mirando a la gente, .- me reprochó con el ceño fruncido. Esos dos no son gente, me abstuve de corregir, y en su lugar, sonreí.
-Gomen. Mamá, ellos ya se iban.- sonreí, y por la mirada burlona de Mizuki, era más que obvio que él era el único que se había dado cuenta del sarcasmo.
Y los eché. Sí, literalmente los eché. A mamá la convencí de que volviera a hacer lo que fuera que estaba haciendo para la “Parisnuit”, tradición familiar para conmemorar, o algo por el estilo, los orígenes franceses de parte de mamá. ¡Bah! En realidad era una excusa perfecta para que papá nos llevara a comer afuera a algún restaurante francés con la excusa de que mamá extrañaba su querida Francia. Y a Mizuki y Akazawa los eché con mucha menos delicadeza.
-Ya, váyanse. Estorban, y en la antigüedad se mataba al mensajero de malas noticias. Es un consejo.- espeté, cruzándome de brazos junto a la puerta de entrada.
-Eso es interesante… Nfu.- rió Mizuki, anotando algo en su libreta, mientras él y Akazawa se incorporaban.
-¡FUERA!- estallé, arrastrándolos a ambos hacia la puerta.- Hasta mañana.- exclamé, y cerré la puerta.
… Me hubiera encantado tener una cámara, porque la expresión en el rostro de los dos eran impagables.
Lunes 4
3:00 AM: ¿Por qué Akazawa se quedó tan tranquilo, eh? ¿Por qué, por qué, por qué? No lo entiendo. ¿No debería haber contestado con algún exabrupto como con cualquiera que lo trate con condescendencia? Voy a llamar a Sae, ella probablemente sepa
3:34 AM:Nota: nunca, jamás, bajo ninguna circunstancia, volver a llamar a Sae a estas horas, se vuelve histérica. ¡Ni que fuera tan tarde, che!
No puedo dormir así. Voy a hacer abdominales para bajar los que subí con la cena de hoy… ayer… Bueno, con la cena… Mientras intento averiguar QUE demonios pasa con el equipo de condenados (y eso me convertiría en la reina de los condenados, una Akasha moderna, en otras palabras… No, mala elección de personajes, acabo de acordarme el final de la pobre Akasha. Mejor otra, mm….) y POR QUE yo estoy en el medio. Es que, por amor a Kami, están cada día más… “raros”. Y es obvio que yo tengo que encontrar la respuesta, claro, porque soy géminis y todos los “data-freaks” que conozco son de géminis, así que tengo la potencialidad para convertirme en una… data-freak. Eso no sonó tan bien como debería, no quiero ser una data freak. Lol.
3:59 AM: Hice mis abdominales y sólo saqué una cosa en claro. No quiero ser ni Akasha, ni Scarlett, ni Cathy, ni Ariel, ni Julieta, ni la Dalia Negra. Si no fuera porque estoy pretendiendo estar enojada con Mizuki, le preguntaría por alguna otra heroína trágica.
~ Izzy
Notas mías de mí
Akasha es del libro “The queen of the Damned”, de las Crónicas Vampíricas de Anne Rice. Scarlett es de “Gone with the wind”, de…una mina que se llama Margareth, creo. Cathy, de “Wuthering Heights” de Emily Brontë. Ariel de “The little mermaid”, pero la versión original. Julieta, de “Romeo y Julieta”, obvio. Y la Dalia Negra la saqué tanto de la película y el libro de Elroy, como de la verdadera actriz.