Era pleno verano.

            Era pleno verano, y venían de plena primavera. Una primavera que había traído polen, y por tanto también alergias, narices rojas y ojos llorosos a los ¿santos? alumnos de Saint Rudolph Gakuin.

            –¡ACHÚ!           

            –Salud, Yuuta –dijo Akazawa Youshirou, echándole una miradita de costado.

            –Gra-gracias –el joven de cicatrices aspiró con dificultad, y se limpió la nariz con el dorso de la mano–. Buchou… ¿y mis pañuelos?

            –Acá… –replicó Akazawa, pero cuando tanteó el lugar en el que tan seguramente confiaba que estaban los pañuelos, se encontró con que habían desaparecido. El capitán escaneó con la vista el cuarto, y después de unos segundos llegó a una tétrica conclusión: –No tengo idea. ¿Los habrán movido de lugar? Porque…

            En eso, entró Mizuki Hajime a la cocina de los dormitorios, con aire triunfal y una remera que había estrenado en el día. De un blanco ido, pequeño escote en “v”… de todas las cosas que se había puesto Mizuki, era sin duda una de las más pasables, aunque el pantalón que llevaba puesto… okay, eso era discutible. –Buenas noches.

            –¿Mizuki-san? –exclamó Yuuta, al ver notar las cajas y cajas que no dejaban ver el rostro del manager–. ¿Qué es todo eso?

            –Pañuelos –dijo Mizuki con obviedad.

            –¿Pañuelos? –repitieron Yuuta y Akazawa, atónitos.

            –Exacto –devolvió Mizuki, confiado–. Yuuta-kun, me vas a tener que disculpar, tiré tus cajas de pañuelos sin permiso. Es que, somos una elite, ¿no? Entonces, se me ocurrió…

            Los ojos de los otros dos se dirigieron a las cajas. “ELITE”, proclamaban éstas orgullosamente.

            –Desde hoy –sentenció Mizuki con una sonrisa de propaganda–, sólo usaremos pañuelos marca Elite.

            –¡Pero, mis Kleenex ––

            –Ya, ya, Yuuta-kun –Mizuki le dedicó un tono de burla–, ya los vas a superar.

            Yuuta podía soportar muchas cosas. ¿Quieres babearte por aneki? Está bien, babéate por aneki. ¿Espiar a otros equipos y ser sometido a situaciones humillantes dieciocho de las veinticuatro horas del día? Manejable. Pero, ¿¡tirar los Kleenex aroma terapia de vainilla que Yumiko-ane había comprado ESPECIALMENTE  para Yuuta!?

            –Mi… zuki… san…

            –¿Sí, Yuut ––

            Mizuki se atragantó con lo que iba a decir. El sólo ver el rostro de Yuuta de esa forma hizo que por poco se hiciera encima, y los cinco tés que había tomado durante toda la mañana de trabajo duro definitivamente no ayudaban.

            –Con ese criterio –dijo Yuuta entre dientes–, tenemos que tirar todo lo que no sea “Elite”. Comencemos por sus juegos de porcelana…

            –Yu… Yuuta-kun –comenzó Mizuki, tragándose el miedo–, por favor, no seas irracional. No hay tal marca de objetos de porcelana, ¡no vamos a ––

            –¡Entonces devuélvame mis pañuelos!

            Akazawa suspiró. “Chimpacés. Trabajo con chimpancés.

            –No se puede. Ya los tiré.

            –¡No entiendo nada! ¿¡Qué le da el derecho de tirar mis pañuelos sólo porque no eran “Elite”!? –exclamó Yuuta, en un oportuno ataque de OOC-ness. Mizuki estaba igual de impresionado que los lectores–. Si vamos a pensar así, ¿¡por qué no nos presentamos a la Agencia de Modelaje Elite de Tokyo!?

            A Mizuki le brillaron los ojos.

            Yuuta desmayó.

            Akazawa lo miró con algo de pena, para luego volverse al manager. –No tengas ideas raras. Hasta donde yo sé, la Agencia nada más contrata mujeres.

            Pero eso no borró el sospechoso tintineo tras las pestañas de Mizuki.

            –Olvidate de la idea. Ya. O haré que te la olvides a patadas, ¿está bien?

            –Nfu…

            –Mizuki, ¿¡me estás escuchando!?

¿?¿?

            El manager lanzó su cofia por ahí.

            –Está bien, supongamos que no fue tan buena idea. De todas formas, y como dice Yuuta, debemos buscar más actividades que nos representen como la elite que somos.

            Akazawa dio un respingo –Te pegaría, pero van a pensar que me puse violento con una mujer –pero cuando el capitán observó a Mizuki intentar moverse con sus cinco capas de bolados y enaguas, dudó que el pegarle podría llegar a molestarlo. Parecía del tipo de los que dicen, “Golpeame y decime ‘Marta’”.

Aori
Esto fue “Cuando el Crack Ataca”.